Lamento haber tardado tanto en escribir algo nuevo. Esto es demasiado corto, más tengo un bloqueo y tengo que terminar otro fic ;-;

A mi mami, yo sé que debes ir por cuestiones de trabajo. Eso no evita que te extrañe.


El sonido del timbre sacó a Simon de sus pensamientos. Ellos no solían tener muchas visitas y nadie esperaba al cartero ese día. Su hija siempre llevaba las llaves. (Ya que él y Baz la obligaban) y de todos modos a esa hora aún estaría en la escuela. ¿Acaso su esposo había olvidado las suyas? Intrigado, Simon se levantó de la cama y fue a abrir la puerta.

Sacó la cabeza y preguntó:

— ¿Baz?

Por respuesta, obtuvo un golpe en la cara. Tenía la nariz enterrada en una bella rosa roja. El aroma era bastante agradable, más la cercanía con el polen lo hizo estornudar violentamente.

—Te lo mereces. No debes abrir simplemente la puerta y ya. ¿Sabes? Podría haber sido un asesino y ahora serías un cadáver.

Intentó evitarlo, pero el rubio se rio. Baz era tan ocurrente. Sin embargo eso no fue lo único que le provocó risa.

—Cariño, un asesino no tocaría el timbre...

Tomó la mano del hombre, cerró la puerta y lo hizo pasar al comedor. Allí ya se respiraba el aroma de la cena. Mientras el moreno se ponía cómodo, Simon se dirigió a tomar algo de la cocina. Volvió con las manos tras la espalda.

—Para ti. —Dijo.

Él también le había comprado una rosa a su marido.

Sin hablarse, se hicieron cargo de las flores poniéndolas en un reciente con agua. Lo colocaron primorosamente sobre el centro de la mesa.

Entonces, estallaron en unas risas, tan cristalinas y juveniles, que volvieron a sentirse adolecentes. Y como adolecentes, se dieron un apasionado beso en los labios. Joder, sí que se amaban

Simon Y Baz llevaban ya veinte años de casados y hasta tenían una hija; pero, en muchas maneras, seguían siendo como una pareja de bobos noviecitos, de esos que siempre se la pasan coqueteado frente a sus amigos.


Gracias por leer UvU