Astrid metió un pie en el agua con tiento antes de atreverse a entrar en la sima. Satisfecha, asintió. La temperatura que recordaba. No abrasadora, pero sí lo bastante caliente para relajar sus músculos de amazona aventajada de dragones. Tormenta, como siempre, se había quedado por los alrededores. No es que Astrid tuviese pudor con su dragona; simplemente, aquel era un ritual que le gustaba llevar a cabo ella sola.
Con un suspiro, extendió las piernas, sacándolas apenas unos centímetros del agua para observar las gotas caer por su pálida piel. Las suaves burbujas que emergían del fondo poco profundo de la poza le hacían ligeras cosquillas, pero se había acostumbrado a esa sensación desde el primer día.
Mientras se acomodaba sobre un saliente que hacía las veces de asiento natural, al cerebro de la joven retornaron las dudas que llevaban acosando su mente desde hacía un par de días, desde que derrotaran a Drago y Hiccup fuese nombrado jefe. Suspiró. Cuando se comprometió con él, sabía de sobra que aquel día podría llegar. Pero, ¿por qué sentía escalofríos cada vez que se visualizaba en esa posición? ¿Como... esposa del jefe?
Astrid meneó la cabeza, tratando de alejar aquel malestar sin conseguirlo del todo. Mentiría si dijese que nunca había sido ambiciosa: ya de niña quería superar a los demás críos de la isla; quería demostrar lo que valía para que su madre dejase de decir eso de "cuando seas una mujer vikinga y encuentres un buen marido...". "Mujer u hombre, qué más dará", pensaba Astrid, encabezonada. Nadie le arrebataría sus sueños, ni mucho menos su independencia.
Pero, ¿y si era así?
"No, Hiccup jamás me haría algo asÍ", determinó mentalmente, antes de sonreír para sus adentros. "Y sabe lo que le pasaría si lo intentase".
Como si lo hubiese invocado, sin embargo, Astrid escuchó enseguida un ruido metálico que conocía bien y abrió los ojos, girándose a medias.
-Hola, milady -saludó su prometido desde la entrada de la cueva, semioculto por las sombras-. Buenos días.
Astrid se acodó sobre el borde, sin dejar ver nada de su anatomía más que los hombros, el cuello y el rostro despejado por haberse echado el pelo mojado hacia atrás.
-Buenos días -saludó, como si tal cosa-. ¿Qué haces aquí?
-Me he despertado y ya no estabas -Astrid torció ligeramente el morro, pero no lo contradijo. En los últimos dos días la muchacha había optado, dijera lo que dijese su familia, por mudarse a pasar las noches con Hiccup. Pero justo algo así era lo que había temido. Sin embargo, debía saber que su novio la conocería tan bien como para agregar con media sonrisa triunfal, al tiempo que se aproximaba-. Aunque no ha sido difícil dar contigo.
-Necesitaba pensar -replicó Astrid, algo molesta por resultar tan predecible.
Hiccup, para su sorpresa, alzó las manos en señal de rendición.
-Eh, está bien -claudicó-. Sabes que jamás he criticado tu independencia. No podría, dado que yo hago lo mismo -apuntó, haciendo que Astrid se relajase ligeramente. El joven jefe se acercó algo más y miró hacia arriba, inspeccionando la cueva apenas iluminada por cuatro antorchas dispuestas de forma estratégica-. ¿Qué... lugar es este?
-Lo encontré hace ya un tiempo -confesó ella con naturalidad- y opté por hacerlo... -bajó la voz- mi refugio. Ya sabes... -mostró media sonrisa irónica-. Todos tenemos secretos.
Él la imitó.
-Y yo que creía que ya te conocía -bromeó-. Lo cierto es que... jamás hubiese imaginado un sitio así para ti.
Astrid enarcó una ceja.
-¿Qué quieres decir?
Hiccup le dirigió una mirada intensa.
-¿Una terma? -apuntó-. Yo pensaba más en una zona de prácticas con hacha, un terreno para hacer acrobacias con Tormenta... No sé -de repente se sentía estúpido y bajó la mirada.
Pero fue el siguiente comentario de Astrid lo que lo hizo levantar la cabeza de golpe.
-Soy una mujer, Hiccup -le recordó con suavidad no exenta de sarcasmo-, aunque a veces os sorprendáis de ello.
Hiccup, tras reponerse, rio con ganas.
-Curioso que me lo digas a mi -comentó-. Hace tiempo que sé lo que escondes debajo de la armadura, milady.
-¡Oh! ¿En serio? -fingió sorprenderse su prometida.
A lo que él torció los labios con mordacidad.
-¿Quieres que te recuerde la primera vez en mi casa? -ronroneó, inclinándose a su lado.
Astrid se avergonzó al recordarlo con una risita. Hacía ya un tiempo de aquello, pero jamás se le borraría de la mente.
-¿El qué? -quiso saber, disimulando en la penumbra que se había puesto algo colorada y no precisamente por el agua cálida-. ¿Lo de que tu padre volvió un día antes de lo esperado y casi tengo que saltar por tu ventana medio desnuda?
-No te preocupes por eso -le recomendó Hiccup, conteniendo la risa a su vez-, para él, fue suficiente ver a Tormenta como para hacerse una idea de lo que podía haber pasado.
-¡Oh, Thor!
Astrid no pudo reprimirlo más y se echó a reír con ganas al unísono con él, antes de que el doloroso recuerdo de Estoico, caído tan recientemente, les hiciera ponerse serios de nuevo.
-Lo echas de menos, ¿verdad? -preguntó Astrid con suavidad.
Hiccup se humedeció los labios antes de contestar con voz ronca:
-Sí. Aunque me gruñera, al menos tenía a su figura como referencia -se encogió sobre sí mismo, sentándose junto al borde de la piscina-. Pero, ahora... Todo depende de mí.
Astrid esbozó una sonrisa triste.
-No quiero imaginarme cómo está Mema ahora mismo... -bromeó sin quererlo-. ¿Seguro que seguirá en pie cuando volvamos?
Hiccup sonrió a medias, contagiado sin querer de su negro humor. Había dejado a su consejo al mando del pueblo: Bocón, Mocoso, Patapez, Chusco y Brusca; pero solo esperaba que no arrasaran la villa por media hora escasa de ausencia. Echaba tanto de menos estar a solas con Astrid a la luz del día... No es que las noches no fueran maravillosas, pero... Parecían dos amantes fugados en vez de dos prometidos a poco de casarse.
No obstante, todos sus recelos se disiparon como la niebla ante el sol cuando vio cómo lo observaba Astrid. Conocía esa mirada, esa postura. Sin quererlo, se mordió un poco el labio en señal de anticipación.
-¿Qué? -preguntó, tanteando.
Astrid, por otro lado, se apartó el pelo de la cara como si el asunto no fuese con ella.
-Nada -murmuró por la comisura de los labios-. ¿Por qué lo preguntas?
-Hm... No sé -Hiccup se encogió de hombros-. Estamos solos, en una cueva apartada de la civilización. Y tú estás... en fin -Astrid ladeó la cabeza con media sonrisa interesada y Hiccup sintió cómo todo su cuerpo reaccionaba. Tragó saliva y agregó en voz más baja, mirándola de arriba a abajo-. Ya sabes...
Astrid por su parte parecía encantada con la situación, puesto que continuó mirándolo de forma elocuente sin pudor alguno.
-¿Necesitas ayuda? Pareces tenso -le guiñó un ojo-. ¿Un baño relajante para un jefe estresado, quizá?
Hiccup empezó a sentir que el traje de piel lo agobiaba en exceso. Estaba deseando arrancárselo y lanzarse al agua... Salvo por un pequeño detalle que debía solventar antes de nada.
-Está bien -aceptó, tomando a la joven por la barbilla y ronroneando de de manera muy poco inocente-. Puede que no me venga mal un baño...
Astrid sonrió más ampliamente y se impulsó hacia fuera con las manos, atrapando los labios de su prometido antes de que este pudiese evitarlo. Tras la sorpresa inicial, Hiccup se dejó llevar y bajó la mano hasta la cintura de la joven, casi rozando el agua caliente. Inspiró hondo y gimió cuando ella sacó todo su cuerpo del agua y se situó a su lado, arrodillada sobre la piedra. El vapor que surgía de la pequeña sima y el calor del momento hacía que apenas pudiese aguantar.
Astrid lo percibió enseguida; por ello, con mano experta desató despacio y una a una las cintas y las hebillas que ceñían el traje de vuelo al cuerpo de Hiccup, al tiempo que aprovechaba a recorrer su suave piel y el escaso vello que tenía con la yema de los dedos. Él aferró su nuca, besándola con ternura y pasión a la vez; mordisqueó su labio inferior, lo que hizo que Astrid casi se derritiera. Con mimo, tras desnudarlo completamente ella terminó de quitarle la prótesis del pie para que el agua no la oxidase. Llevaba tantos años acostumbrada a ver aquel muñón que ya ni le sorprendió. Al contrario, le parecía que su novio era aún más único por aquel defecto sutil de su anatomía. Sutil... Porque por lo demás era tan perfecto que quitaba la respiración.
Cuando él tiró de sus manos para aproximarla, tendiendo la espalda desnuda sobre la piedra templada, Astrid se resistió un momento, dejando que Hiccup la contemplase unos instantes antes de pasar a la siguiente fase del cortejo. Él se mordió el labio, ardiente de deseo. Como ella había dejado caer, en aquellos años había pasado de ser la adolescente más macarra de la Academia de Dragones a toda una mujer guerrera que, quizá precisamente por eso, había desarrollado una sensualidad tan especial que volvía loco de remate al nuevo jefe de Isla Mema.
-Ven aquí... -suplicó él.
Ella, excitada, se tumbó encima de él sin darle del todo lo que quería, mientras dejaba que sus manos recorrieran sus curvas a placer y sus labios se unían de nuevo. Los dedos de la muchacha se enredaron entre las pequeñas trenzas junto a la nuca de él, mientras que las manos de Hiccup hacían otro tanto con su pelo húmedo. Las otras manos respectivas buscaban mientras tanto la parte sensible del oponente, como si aquello fuese una batalla en la que ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder. Cuando Astrid sintió los dedos de él, introduciéndose con suavidad, gimió sin poder evitarlo, encantada. Hiccup, ante el movimiento nada brusco de muñeca de su prometida, arqueó la espalda, abriendo mucho los ojos y la boca al tiempo que invocaba a Thor con la voz entrecortada. Era demasiado...
Pero el juego aún no había terminado. Cuando Hiccup creía que iba a llegar al cielo, Astrid se apartó, usó su lengua apenas unos minutos con precisión para asegurarse de que todo estaba como debía... y acto seguido lo montó sin miramientos.
-Astrid... -suplicó él, mientras ella se movía rítmicamente sobre sus caderas, sin prisa-. Astrid...
Ella echó la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados, conteniendo los gemidos a duras penas. Dioses, cómo lo amaba, cuánto lo necesitaba...
Él entonces se incorporó, la tomó de la cintura y, para su sorpresa, la metió al agua. Astrid pegó un pequeño grito antes de acostumbrarse al nuevo medio sin esfuerzo. Entonces, Hiccup se sentó sobre un saliente de la roca y la colocó a horcajadas de espaldas a él. Acelerando poco a poco, Hiccup continuó haciendo el amor a su prometida reprimiendo a duras penas el fuego que ardía en su interior. Quería que disfrutara al máximo, como siempre: alargando el placer hasta que no pudiese soportarlo más.
Astrid, por su parte, gemía tanto que creía que sus cuerdas vocales iban a estallar, con los dedos firmemente aferrados a la roca. Aquello era como estar en el paraíso. Las manos de él memorizando cada ruta sobre su piel, su ritmo al moverse dentro de ella, cada vez más frenético. Sus poros rezumando deseo de forma sincronizada...
Cuando todo terminó sin remedio, ambos gritaron al unísono y el eco de sus voces ascendió, haciendo vibrar hasta la última roca del techo de la caverna. Tras recobrar el resuello, se separaron y volvieron a mirarse a los ojos. Enseguida, los brazos de Hiccup acogieron a Astrid con amor infinito y la joven se refugió en ellos. Ambos se quedaron sentados en el saliente de la poza que hacía las veces de bancada natural, mirando al techo donde la tenue luz de las pocas antorchas repartidas por la estancia hacía caprichosos dibujos.
-Bueno... -Astrid alzó la cabeza y miró a Hiccup a los ojos-. Pues ya conoces mi pequeño secreto.
Él sonrió y besó su frente con cariño.
-¿Sabes? Creo que deberíamos hacer esto más a menudo... Ha estado... Bien -dudó un instante. Al fin y al cabo se trataba del refugio de Astrid y no quería sentirse un intruso-. Si... Quieres, claro.
Ella lo observó, sin atisbo de enfado, antes de sonreír y apoyar de nuevo la cabeza sobre su hombro.
-Siempre que quieras -sonrió a medias-. A partir de ahora, será "nuestro" pequeño secreto...

¡buenas, lectores!

Como sabéis, no soy una escritora muy dada a la erótica ni al "lemon".

Pero cuando me retaron a escribir un one shot Hiccstrid, lo cierto es que era mi idea desde hace años. Escribir este tipo de escena.

Gracias lo primero a la experta Lady Berserk en HTTYD por convencerme para embarcarme en este pequeño proyecto (aunque lo del lemon fue cosa mía ), además de aconsejarme ;) Siempre me ha dado mucho corte publicar este tipo de relatos, no seáis muy duros conmigo :)

Y a todos mis lectores, ya me conocéis, quedo a la espera de vuestros coments.

¡Os quiero!