Los personajes de esta historia no me pertenecen si en cambio la trama.
Disfruten de la historia; gracias.

Capitulo Primero.
He vuelto después de tanto tiempo y parece estar todo donde lo recordaba. Las mismas placas en las calles, ahora amarillentas, los zócalos dibujados donde caí más de una vez corriendo, perseguida por alguna amiga, jugando al escondite. La misma calle estrecha y corta donde iba a parvulario y el aroma a leña quemada, filtrándose por las ranuras de las casas bajas hacia el exterior.
Ensanché las aletas de mi nariz e inhalé. Todo eran recuerdos que me sacudían el alma.
El cielo encapotado, parecía compadecerse de mi tristeza, volver de nuevo a Meyers no era algo que contemplara en ese estadio de tiempo, pero las manos del destino me habían vuelto a enterrar allí, aunque fuese por el plazo de pocos días.
Subí las calles mirando las grandes ranuras entre los adoquines de tierra y miré el castillo con horror, había envejecido con tanta crueldad que un escalofrío recorrió mi espina dorsal llegando hasta mis pies, embutidos en unas botas de tacón medio de ante negras.
No se veía un alma, toda los habitantes de Meyers permanecían en sus casas, resguardándose del frío, del viento y del pueblo, cada vez más vacío y lúgubre.
Los tiestos llenos de geranios que daban la bienvenida al paseo principal a la entrada del castillo, seguían allí, pero de ellos sólo quedaba los tallos secos y marchitos de lo que alguna vez fueron flores.
Mis botas era lo único que se oía, el tintineante repicar de las tapas del tacón de la bota, insegura a cada paso.
Apreté el cuello de la trenka hacia mi piel y cerré los ojos, alzando la vista de nuevo.
Había llegado.
Allí estaba mi destino, un destino forzoso, que iba a tratar que fuera lo más breve posible, pero destino al fin y al cabo.
Agarré la herradura puesta del revés que hacia de llamador de la gran puerta y toqué un par de veces con seguridad, aunque la mano me temblaba, ya no sabia diferenciar si era del frío o a causa del nerviosismo del que era presa.
Una brisa movió mis cabellos castaños y los aparté de mi rostro.
-¡Eh, a quién buscas!.- La voz hizo que volviese mi cabeza hacia el destinatario, achicando los ojos a causa del viento que cada vez atizaba con más crueldad, viendo como un hombre de unos 60 años caminaba hacia dónde yo estaba, vestido de campesino junto con un perro labrador, sucio y desnutrido.
Señalé el portón del castillo e intenté sonreír, creo que no pude.
-Busco al señor Cullen.- grité, con decisión mientras el hombre y el perro avanzaban a mi encuentro.
- ¿Quién eres y que se te ha perdido aquí, niña? .- El hombre arrugado por el sol y la crudeza del campo, me miró de arriba abajo y se rascó la cabeza.- Si vienes a trabajar, te recomiendo que vuelvas de donde has venido. Este lugar no es para una niña como tú…aunque…- volvió a mirar mi rostro como si quisiera reconocer algún rasgo. Su semblante cambió al deparar en la cicatriz que partía mi ceja izquierda y subía hasta la sien.- Eres la hija de Charles…- el hombre se atragantó .- ¿ No me recuerdas?
Negué, no había nada en aquel hombre que me recordara a mi niñez o mi prematura adolescencia.
-Lo siento, no lo recuerdo.- Abrí la boca para justificarme, pero volví a cerrarla, no tenia caso que lo hiciera.
El hombre hizo un ademán con su mano grande y callosa y sonrió con ternura.
- Nadie recuerda a los viejos, Isabella. Soy Pitt, el amigo de tu padre,¿ me recuerdas ahora?
Busqué entre mis recuerdos y a mi mente vino la imagen de un hombre menudo, moreno y sonriente, que bromeaba sin parar con papá, hablando de cosas que yo ignoraba y que con el tiempo aprendí a comprender y a reírme con ellos.
Debí de sonreír, porque el hombre dio un paso hacia delante y abrazó mi cuerpo tembloroso.
Olía a tierra mojada y tabaco , rememorando a papá, la alegría apenas incipiente se convirtió en dolor y sentí que empequeñecía, volviendo atrás en el tiempo.
Separó su cuerpo del mío, poco a poco y mirándome a los ojos, me preguntó.
-¿Qué haces aquí, pequeña? ¿ Te ha visto tu padre? ¿Qué buscas en el castillo?- Trague en seco y miré a Pitt a los ojos.
-Recibí una carta del Maestro hace días, no sé como sabe de mi dirección de mi vida, pidiéndome que volviese a Meyers. Dentro de la carta mandaba un pasaje para venir hasta aquí y otro para la vuelta, tan sólo para ayudarme decía en su carta. La verdad es que me sorprendió que me recordara, fueron centenas de niños los que pasaron por sus clases y nunca pensé que recordara ni tan siquiera mi nombre.
El rostro de Pitt se desencajó y llevó su gran mano hacia mi hombro.
- No deberías estar aquí, este no es tu lugar. Ve con Charles, eres su hija, y haya pasado lo que haya pasado entre ustedes no quita que vayas a donde es tu verdadero hogar.
El profesor no puede brindarte nada que no lo haga tu padre, Isabella y sin pedirte nada a cambio.
Negué, el Maestro tampoco me había pedido nada, sólo me tendía su mano, no podía ser injusta con él, me había buscado y sabía de mis desdichas…papá se había desvinculado por completo de mi vida y no sabia nada de mi, para bien o para mal.
-Pitt, quizá el profesor sea el único que pueda ayudarme en estos momentos.
El hombre apretó los dientes y farfulló algo.
-Acompáñame, quizá no te haya oído, este castillo es muy grande y tiene muchas entradas, giraremos por la parte de la plaza, allí entra el servicio. – lo seguí y escuché mientras bordeábamos toda la fachada del inmenso castillo.-Busca a Alice, ¿recuerdas a mi hija? – a mi mente viajó la imagen en movimiento de una niña menuda, mucho más que yo, con el pelo de puntas disparadas y rostro sonriente -Ella trabaja aquí desde hace unos años, después de buscar suerte en la capital y venir preñada de un individuo del que nada más se supo. El niño se malogró, y no quiso salir de Meyers, el profesor buscaba gente para trabajar dentro del castillo.
A veces el profesor tiene visitas ininterrumpidas durante todo el año.
Gracias a él, Meyers medio subsiste, da trabajo en el campo, en el castillo y ha pedido un permiso para instalar una fábrica de embotellar agua. Bien sabes que esta zona tiene un agua selecta…el pueblo está en deuda con él y si termina teniendo los permisos para la embotelladora, dará vida u trabajo a este pueblo medio muerto. La deuda seguirá siendo más grande y…
Pitt calló y se tensó ante los murmullos y las risas del patio exterior del castillo.
Como él había predicho, el maestro tenia invitados y muy posiblemente por eso no me habían oído tocar en la puerta principal.
-Entraremos por la puerta de servicio, si el profesor te espera, no le importará que te instales mientras él atiende a sus invitados. – Pitt guiñó un ojo- Busca a mi hija.
Caminamos hacia un pequeño túnel y allí el hombre abrió con seguridad, siguiéndolo.
Al entrar varias personas miraron a Pitt y lo saludaron acto seguido me miraron a mi.
-Es la hija de Charles- sentenció Pitt, mirándolos a todos-Tratadla como si fuera Alice.
Una mujer con cabellos color caramelo avanzó hacia mi y sonrió tiernamente.
-Soy Esme, te llevaré a la habitación que hay asignada para ti. El maestro me tiene puesta al corriente de todo. – la mujer me tomó la mano dulcemente y la,acarició- Estarás bien, tranquila.-
Esme miró a Pitt que la miraba reticente.- No temas Pitt. No lo hagas.
Pitt me abrazó antes de darse la vuelta y marcharse sin decir una sola palabra
Me quedé mirando la puerta hipnotizada, mientras que un murmullo incesante acontecía a mis espaldas.
-¡Callaos y seguid a lo vuestro! Sígueme
Isabella.