Nota: ¡Claro que no regresé a escribir fanfiction! Pero hace unos días recibí unos reviews de una de las pocas personitas que me apoyan incondicionalmente y que se quedó con las ganas de leer más de este trabajo. Ella se merece totalmente esto y yo tenía listo este tercer capítulo justo por los días que dejé todo. Y como ella no puede leer desde su celular, por falta de app ¡Aquí está, Shadow! Disfruta mil esto.

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Bamf. Y apareció en la habitación.

—¿¡Qué mierda!? —vociferó John, asustando a Kurt. El chico azul dio un pequeño salto, para girarse sobre su eje y ver a Pyro de pie en el umbral de la puerta del baño; su postura tensa, su expresión molesta y una lengua de fuego bailando en la palma de su mano.

Hallo —trató de saludar con una sonrisa nerviosa. La expresión de su compañero no parecía nada amigable.

—¡Al diablo con el alemán! ¿Por qué rayos apareces así, tarado? —le cuestionó, apagando la llama con un solo movimiento de su mano—. Casi te quemo el trasero.

—Lo siento —se disculpó, a pesar de creer que John estaba sobre reaccionando. Después de todo ¿qué podría salir mal en una escuela? No es como si esa mansión pareciera peligrosa, a excepción de la cosa de tener a mutantes hormonales paseando por allí—. Salí antes de clase del señor Logan y quería saber cómo te sentías —explicaba, mientras John se disponía recostarse en su cama. Al parecer eso era lo que había estado haciendo.

—¿Wolverine te dejó salir antes? Vaya, debe estar ablandándose con la edad —comentó con cierto desinterés. Kurt no fue capaz de identificar si había burla en su voz.

—¿Y bien? —repitió, tratando de que el otro recordara que le había hecho una pregunta. Se estaba sentando en medio de su propia cama, con las piernas cruzadas, cuando notó que John no estaba entendiendo—. ¿Cómo te sientes?

—Oh, genial... Malditamente genial —gruñó sarcástico, cerrando los ojos. No se durmió, Kurt lo supo por el interminable Click, Clock del mechero al abrir y cerrarse.

Se mantuvieron en silencio por un momento. El chasquido seguía resonando, mientras Kurt pensaba en la advertencia de Bobby y la eterna actitud molesta de John.

Kurt se preguntaba por qué debería de tener cuidado con Pyro si él fue el único que no actuó todo raro por su aspecto y más importante aún, fue el único que lo incentivó a dejar su reloj.

¿Qué podía haber de malo en un tipo así, además de su mal humor constante?

Ni siquiera sabía si podía culpar a Pyro por su actitud. Él también andaría de malas si cargara con dolor todo el día, todos los días.

Kurt tenía un montón de dudas, pero él siempre las tenía de cualquier forma y nadie parecía estar ayudando mucho.

¿Por qué debería tener cuidado con John?

Tal vez solo necesitaba aclarar las cosas con Bobby. No parecía justo que le dijera esas cosas.

—¿Puedo hacerte una pregunta? —soltó. Solo entonces se dio cuenta de que no sabía cómo preguntarle aquello a John ¿Cómo le preguntabas a alguien el motivo de que lo consideraran peligroso? Eso no sonaba amable.

—¿Qué quieres saber? —murmuró John con los ojos cerrados.

Ay, hubiera sido mejor que en ese momento su compañero lo ignorara como era habitual.

Dios, dios, dios ¿cómo se salía de eso?

—¿A dónde fuiste anoche? —fue lo único que se le ocurrió. Al oirse a sí mismo notó que no era tan mala pregunta, después de todo sí quería saber eso. La noche anterior se había preocupado.

El click clock se detuvo por un imperceptible segundo, antes de regresar.

—A beber agua —dijo John al cabo de un momento.

Kurt arrugó el entrecejo a pesar de que su interlocutor no lo estuviera mirando.

—¿Tardaste toda la noche en eso? —repreguntó.

Entonces, Pyro optó por abrir los ojos para mirarlo.

—¿Acaso importa? —dijo en cambio.

—Pues... ¿sí? —dudó un poco. Claro que importaba. Eran compañeros de cuarto y si algo le ocurría a John, en donde sea que andaba de noche, Kurt se sentiría responsable—. Si algo te ocurre... —trató de explicarse.

John soltó una risa burlona que sonó más bien a un resoplido.

—Nada va a ocurrirme —aseguró arrogante.

—Bien... Entonces dime ¿en dónde estabas? —repitió.

—No te interesa.

—Claro que sí me interesa —insistió. Kurt podía ser tímido y podía ser tan amable que actuar invasivamente le parecía horrible, pero John había hecho algo grande por él y en esas circunstancias, no le importaba lo mal humorado o las advertencias sobre estar cerca de él, Kurt Wagner quería estar seguro de que hizo lo que pudo por el tal Allerdyce—. Si estás haciendo algo malo, puedo guardar el secreto —agregó, inclinándose un poco hacia adelante, al tiempo que bajaba el tono de voz, para asegurarse de que nadie lo oiría.

—¡No estoy haciendo nada malo! —respondió John en un tono que sonaba a protesta.

—¿Entonces...?

—¡En el tejado! —lo cortó harto—. Pasé la noche en el tejado ¿de acuerdo?

—¿El tejado? —repitió extrañado. No se esperaba eso.

—Sí.

—¿Y por qué no querías decirme?

—Porque voy ahí a veces y nadie me fastidia —explicó con molestia—. Quería mantenerlo en secreto, pero ya lo sabes.

Kurt parpadeó algunas veces, tratando de identificar la actitud de St. John ¿Molesto? Seguro. ¿Enfurruñado? Nunca se atrevería a decirlo en voz alta, pero creía ver un berrinche en toda regla allí.

—No te preocupes, mein freund —le dijo con una enorme sonrisa que dejaba ver todos sus dientes afilados. Él nunca pensó en su temible aspecto al hacer eso—. ¡El Maravilloso Nightcrawler es un hombre de palabra! Guardaré tu secreto —le aseguró, irguiendose para sacar pecho, palmeandose a la altura del corazón con su mano derecha de tres dedos.

El castaño estaba arqueando una ceja ante el anuncio.

—¿Hablas en tercera persona para referirte a ti mismo?

—Solo cuando uso mi nombre artístico —le explicó, volviendo a encorbarse. Se estaba sintiendo tonto entonces. Creía que no había sido buena idea, pero... John soltó una risa, haciéndolo dar un respingo.

—Eso es asombroso —sostuvo, sin dejar de reír, hasta que una punzada de dolor lo recorrió, obligándolo a parar, para quejarse bajito. Kurt seguía creyendo que había actuado de manera vergonzosa, incluso cuando la preocupación lo embargó por un segundo—. Mi secreto está a salvo con el Maravilloso Nightcrawler —dijo John, volviendo a sonreír—. Gracias, Kurt

Apenas fue que Kurt comprendió que John no se había querido burlar. Por supuesto, no entendía que había sido gracioso, sin embargo.

—Gracias a ti, John —le respondió. El otro chico arrugó el entrecejo con la duda impresa en el gesto—. Por no hacer una gran cosa por mi aspecto.

—Te lo dije: lo único sorprendente sobre tu aspecto es que lo hayas ocultado —le recordó sonriendo—. Así que ¿de verdad saliste antes de clases? —curioseó entonces, volviendo a chasquear su mechero en aquel juego nervioso que Kurt acababa de identificar como un sonido familiar.

—¡Sí! Logré ser el primero en hacer una llave con las piernas —le comentó orgulloso.

—¡Oye eso! El chico católico puede patear traseros —exclamó John con un tono bromista, haciendo reír a Kurt.

Ahora, más que nunca, no entendía por qué debería tener cuidado con Pyro.

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John no quiso ir a almorzar ese mismo día.

—¿Es porque nadie te habla? —se atrevió a pedir Kurt, tan tímidamente que sonaba lastimero.

—Kurt, me duele cuando respiro ¿a ti te agradaría pasearte por todos lados así? —cuestionó John, en cambio, haciendo sonar aquello como un insulto a su inteligencia. Pero Kurt no se lo tomó personal; el siempre empático Kurt, entendió a qué se refería. Por eso se limitó a ofrecerse a traer algo para comer.

—No es necesario... —trató de decir el pirómano, cuando Bamf, una nube de humo fue todo lo que quedó, junto a algunas blasfemias.

Bamf. En el comedor una chica chilló cuando el demonio azul apareció frente a ella.

Es tut mir leid —se disculpó el chico, avergonzado de sí mismo, solo para avergonzarse aún más al oír el suave regaño de la maestra Munroe, sobre el no uso de poderes dentro de la casa—. No se repetirá —prometió cabizbajo, antes de dar los pasos que lo separaban de la comida.

—No te preocupes —le pidió la vocesilla femenina con un acento diferente, aunque definitivamente americano—. Todos hicimos desastres alguna vez con nuestros poderes. Aparecerte de repente, es lo menos grave que ha ocurrido por aquí —lo tranquilizaba la chica de la franja en el cabello. Rogue le estaba sonriendo justo al tiempo en que tomaba algo de ensalada de patatas para ponerlo en su plato.

—¿Lo es? —pidió, más que por curiosidad, por generar plática.

—Jubilee hizo volar el microondas hace tan solo una semana —le contó risueña, refiriendose a la muchacha que siempre andaba con una chaqueta amarilla. Kurt se unió a su risa, mientras trataba de asimilar la gracia que una explosión dentro de un hogar lleno de niños podría tener. La gracia estaba por ahí, si la buscaba con fuerza.

—Eso es tranquilizador —bromeó él por su lado. Tomó un emparedado de pavo y un jugo, algo indeciso sobre lo que debía llevar a John—. ¿Cómo te fue en la clase del señor Logan?

—Bastante bien, terminé apenas un poco luego de que te marchaste —le contó. Cada uno se enfocaba en el armado de sus platos.

—¡Eso es genial! De haberlo sabido, te hubiera invitado a la habitación —se lamentó un poco. Ni él, ni ella, le dio una interpretación diferente a lo expresado en palabras. Él porque era un buen chico y algo más raro de lo que le gustaría admitir. Ella porque era la dama intocable; nadie podría tener segundas intenciones con Rogue, sin estar planeando un suicidio.

—Quizás la próxima —dijo ella, cuando se detuvo a ver cómo él seguía llenando su plato de demasiada comida para uno solo. No se dio cuenta de que su cara expresó la pregunta.

—John no quiso bajar —le contó, haciendo que ella volviera a sonreír—. Le llevaré algo.

—Eres muy amable, dulzura —replicó ella—. Toma un poco de la ensalada de patatas, a John le agrada —le aconsejó, como si nada, para sorpresa de Kurt. Él asintió agradecido—. Te extrañaré por aquí —le confesó luego, echando una mirada fugaz a la mesa donde el grupo de amigos se estaba acomodando. Bobby saludó con un movimiento de su mano desde allí.

La primera impresión de Kurt fue que ella estaba triste realmente, a pesar de que no pareciera haber un buen motivo para ello. Los chicos eran amables y ella siempre estaba sonriendo. No parecía como si ella la pasara mal. Pero a pesar de eso, allí estaba Rogue con una mirada triste.

—Puedes acompañarme arriba, si quieres —le ofreció con una suave tono de voz. Tendiendo su mano en esas palabras.

—No, está bien —se apresuró ella a negar, al tiempo que meneaba la cabeza de lado a lado, regresando a su sonrisa habitual—. Nos veremos luego —se despidió, alejándose en dirección a la mesa.

Kurt la observó irse, con la horrible sensación de que no había hecho lo suficiente por ella.

Al final, regresó a la habitación.

A John sí le gustó la ensalada de patata y fingió no escuchar cuando Kurt le comentó que la elección fue gracias a Rogue.

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Kurt tuvo una clase más con John, antes de que la doctora Grey lo llamara para ir a la enfermería para su revisión. Esperaba que ella tuviera buenas noticias para John, porque el señor Logan no parecía muy paciente con él.

—El Lobo hace un gran esfuerzo para no empalarme —le había dicho John, cuando Kurt le contó sobre el comentario del señor Logan, durante la clase a la que su amigo había faltado.

No parecía de sorprender, el maestro Logan no parecía un hombre de mucha paciencia y John no parecía un gran alumno con ese comentario altanero.

Con algo de suerte, la doctora Grey le diría a John que ya podía asistir a todas sus clases con más regularidad. Después de todo, el hematoma de su ojo practicamente se había ido y sus costillas rotas ya habían cumplido casi cuatro semanas.

A Kurt le habría gustado compartir más clases con John, ahora que comenzaban a hacer buenas migas y los murmullos sobre su aspecto comenzaban a mermar, desde la mañana.

Se sentó en la clase del Profesor Xavier, no siendo consciente de que su cola se agitaba un poco, cuando Rogue tomó el lugar junto a él. Lo ayudó con lo que no comprendía y le prestó unas notas.

—Podemos reunirnos a estudiar, si sigues teniendo problemas —le ofreció ella.

Kurt por supuesto que aceptó. No tanto porque se sintiera perdido en la clase (que sí lo estaba) sino porque Rogue realmente estaba hablando con él y le gustaba oírla. Ella era realmente graciosa e inteligente.

—¡Hey, Kurt! —Bobby los asaltó efusivamente, rodeando los hombros del tipo azul con un brazo, de manera amigable.

Hallo —respondió él.

—Rogue, disculpa, pero te robaré a Kurt un momento —le dijo a ella—. Nos vemos en la clase.

Ella les dedicó una sonrisa como toda respuesta, antes de seguir su camino hasta el salón. Ni una palabra. Ni una palabra, de repente.

—¿Qué necesita mein freund? —preguntó, haciendo un esfuerzo por quitar la mirada de Rogue. Bobby lo guió hasta el lateral del pasillo, asegurándose de que no estorbarían al paso.

—Solo quería asegurarme de que no te asusté hoy, en la clase de Defensa personal —le explicó, rascándose la cabeza. Lucía incómodo.

—¿Asustarme? —cuestionó confuso.

—Sí, por lo de Pyro —respondió—. Comparten habitación y eso.

Entonces fue que aquello resurgió en la mente de Kurt. Aquella advertencia confusa sobre su nuevo amigo.

—¡Oh, no te preocupes! —le pidió risueño—. No estoy asustado. John es bueno conmigo.

Aquello no pareció agradarle al chico Bobby. Su ceño se frunció y sus ojos parecieron brillar con molestia.

—Pyro no es... —murmuró, solo para ser interrumpido por la voz del señor Summers.

—¡No quiero verlos llegar tarde, solo por estar platicando! —dijo, sin detenerse en su caminata.

Ninguno de los dos niños dudó en apurar el paso, para llegar junto al maestro. Se sentaron al final, uno junto al otro. No había más lugares, exceptuando uno al frente.

El señor Summers comenzó a escribir en la pizarra, con un libro abierto en una sola mano. Y con él dando la espalda, Bobby aprovechó para escribir en un trozo de papel que posteriormente dejó caer en el pupitre de Kurt. Este último tardó unos segundos en entender que aquello era un mensaje. Tuvo que poner todo su esfuerzo para ocultar la sonrisa boba de pura emoción que un acto tan adolescente le generaba.

El papel, pequeño y doblado en tres partes, se rompió un poco al ser desdoblado por los grandes dedos de Kurt, pero no lo suficiente como para estropear el contenido.

"Pyro no es bueno. Él está con la Hermandad" se leía.

Kurt parpadeó varias veces. Leyó el mensaje. Lo releyó. Y volvió a leerlo una vez más, para estar seguro. No se dio cuenta que cualquier emoción en su semblante se había desmoronado, cuando volteó a mirar a Bobby quien devolvió la mirada, serio. Casi había rogado por encontrarse con cualquier atisbo de broma.

—Entregalo, Kurt —ordenó la voz que resultó estar demasiado cerca, asustándolo. El maestro estaba a solo unos pasos , extendiendo la mano en espera del papelito que aún permanecía entre los dedos del chico.

El alemán miró sus manos y luego al maestro. No había una manera de salirse de eso. Fue dócil al obedecer al pedido, resignado.

Y sintió su estómago caer al suelo.

Scott endureció el gesto. Tan frío, manteniendo la compostura, mientras leía.

Dios, Kurt ya estaba lamentando no guardar el mensaje apenas lo leyó.

—Bobby, te espero después de clases en mi oficina —dijo entonces el maestro.

—Pero yo... —trató de defenderse el rubio.

—Reconozco tu letra —le señaló Scott—. Kurt, sé que aún te estás adaptando, pero esto no es aceptable ni en mi clase ni en ninguna. Es tu primera y única advertencia ¿de acuerdo?

El aludido asintió rápida y repetidamente con la cabeza, aún asustado, pero agradecido de haberse salvado.

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Nota: Ah, sé que esto solo abre más dudas, pero... es el tercer capítulo. No prometo nada, aunque sería lindo terminar esto, al menos como obsequio para ti Shadow. Pero no puedo prometerlo, estoy enfrascada en la ficción propia y si logras descargar la app, a lo mejor termino envíandotela por inbox. No hay mucho lector por aquí de cualquier forma.

La única forma de saber que hay alguien es dejando review. Gracias si lo hacen, yo respondo todo. ¡Tengo página en Facebook Un trago de letras! Pueden ir y dar like, ahí publico mi ficción propia y ediciones.

Saludos. Be free, be happy.