Prólogo

De pie en ese salón enorme me di cuenta de que no importa como necesito obtener el veredicto a mí favor, no hay fuerza en esta tierra que me separe de las cosas que más amo en el mundo, aunque siendo realista está es una posibilidad, remota pero posible.

No lo voy a negar, no tiene caso, tengo el corazón roto, arrugado y completamente lleno de nervios al saber que puedo perderlo todo con tan solo unas palabras del tipo frente a mí, este era el día definitivo, ya no tengo nada más que aportar que ayude a conseguir mis objetivos.

Con cada segundo que pasaba sentía que mi pecho se oprimía con más fuerza, casi no podía respirar, pero lo hacía solo para no entrar en pánico y que mis miedos se hicieran reales solo por mi estupidez, tengo miedo, como nunca antes, pero no como aquella vez, cuando otro evento catastrófico en una iglesia estaba sucediendo, esta vez mi miedo es mil veces peor.

Un sonido interrumpió mis pensamientos, miré hacia atrás y pude ver a todos con miradas de preocupación, claro reflejo de mirada, pero había una que de entre todos me miraba con tranquilidad, dándome la calma que necesitaba.

Un hombre entró solicitando que nos pusiéramos en pie, momento definitivo, aquí se define todo.