Día 14: Con ropa

Maldito animal. Estaba tan enfermo que no podía ser cierto… excepto porque estaba igual de jodida que él. ¿De qué otro modo… de qué otro modo hubiera aceptado algo semejante? Era denigrante. A cualquiera le daría asco. La humillación, y por sobre todo, la inhumanidad de la escena.

Le dolía lo brusco que estaba siendo. Pero el placer era casi tan grande como el dolor, y habían espacios, espasmos de segundos, en que incluso el placer se sobreponía, y era tan grande que no importaba. El dolor se mitigaba, porque no lograba desaparecer por completo, mientras las corrientes de placer adormecían su cerebro cada vez que James embestía sin ninguna consideración contra la mesa a la cual estaba amarrada.

Tenía la mejilla enterrada contra la madera, y sus manos estaban atadas por encima de su cabeza para sujetarlas a las patas delanteras. La blusa arrugada y la falda subida apenas lo suficiente. Sus bragas, rotas, yacían en algún lado.

La agarró del pelo, y empujó su cabeza contra la dura superficie para asegurarse que no se levantara mientras se preparaba para venirse. Era para no creer lo mucho que James se excitaba al tenerla tan sometida. En cualquier otra ocasión se hubiera sentido ofendida. Utilizada, como si fuera un juguete, como si solo fuera un agujero cálido y húmedo en donde meter la verga. Pero había descubierto lo mucho que se calentaba al estar así, sin escapatoria. Probablemente, si no estuviera tan mojada como lo estaba, no podría soportar ese ritmo por tanto tiempo.

Era extraño pensarlo, e incluso ella estaba consciente de ello, pero ese sometimiento explícito la hacía sentirse libre. Todavía no terminaba de hilar los argumentos –si es que existían– para fundamentar su postura. Sin embargo, esa sensación etérea que la embargaba, donde se olvidaba del todo y de la nada, donde por primera vez sólo estaba ella con su propia mente, sin las limitaciones del cuerpo ni mucho menos otras imposiciones morales, debían ser la definición más aproximada de la liberación.

Lo escuchó jadear sobre su oreja al venirse. Se recostó encima de ella, acariciándole las manos adormecidas, pero sin desatarlas. Acabada la acción, y con el calor corporal encima de su espalda, el despertar era inminente. Traerla a la tierra. Vuelve a este envoltorio, Lily.

James no había terminado de salir de su interior. Le apretó las caderas.

"Voy a comprarte un vestido elegante, y un conjunto de lencería a juego."

Se sintió tan vacía que no supo qué responder.


Comentarios:

Cuando empecé a escribir esta viñeta, hace más de 1 año, nunca pensé que tendría este final, pero me imagino que me ayuda para irme acercando de a poco a la tercera parte y final de este reto (recuerden que son 30 días), aunque aún no sé cómo. En fin, la viñeta del día siguiente es la del Día 15: En la ducha.