Disclaimer: Ni Hetalia ni sus personajes me pertenecer. Ambos pertenecen a su respectivo autor.

Advertencias: temas de guerra, violaciones, etc.

La historia estará contada en primera persona por mi OC. Esta historia está inspirada en la película alemana Ein Frau in Berlin (Una mujer en Berlin), si no has visto la película te la recomiendo.


PRELUDIO

El polvo en la calles, como niebla en la una fría mañana, impedía que cualquiera pudiera ver más allá de cualquier cosa, y aunque lo hiciera, todo estaba difuso e irreconocible. Los ruidos y los disparos eran comunes oírlos, y la angustia era un sentimiento que a muchos se le había incrustado en el pecho, como a mí.

Desde enero que el ejército ruso no para de avanzar y se decía, que la caída sería inminente. Y aún así, resistiríamos. ¿Rendirnos? ¿Perder? Hasta hacía unos años esto parecía imposible, irrisorio. A pesar de que todo parecía estar perdido, en el fondo yo no podía creerlo. Para mí, Alemania seguía en pie y luchando y no perderíamos hasta que ni un solo alemán cayera. Todavía no estaba realmente consiente de la gravedad de nuestra situación.

Todavía, para muchos, la Gran Alemania no perdería ni aunque toda Rusia se viniera hacia nosotros.

Con la Sra. Schneider vivíamos en un viejo y enorme apartamento no muy lejos del Reichstag, pero tampoco cerca de él. Si los rusos llegaban-lo que todos con vana ilusión queríamos que no sucediera- al menos no sería la primera en caer. Me gustaba la idea de seguir de pie, de ser de los último en caer. Ahora sé que estaba confundida, desesperada, porque en el fondo todos lo sabían, los rusos llegarían, y cuando lo hicieran, todo habría acabado.

Los rusos nos acechaban por la zona oriental, los franceses, ingleses y estadounidenses por occidente. Y yo siempre me preguntaba ¿A quién odiaba más? Pues, el odio hacia un enemigo es proporcional a cuanto lo tienes de cerca, y ahora, los rusos eran los más cercanos.

Debido a que todavía no caía en la idea de que todo terminaría pronto, no estaba tan preocupada por mi familia, quienes vivían en Düsseldorf, y otros en Baviera. Lo que realmente me angustiaba y preocupaba era Alemania.

Pero yo estaba en Berlín, en Berlín y en los últimos días de todo eso. Me había marchado a Berlín con él en el 40, y no había sido capaz de irme nunca. Y no lo haría ahora.

En esos días, había visto la muerte en persona muchas veces, y muchas veces me había arrancado el alma de la impresión, pero algo siempre me hacía sentir ligeramente optimista. Era como si, Alemania, mi amado Alemania me tomara de la cara y me obligara a mirar arriba todavía, a levantar la vista y seguir luchando.

Me atrevería a decir que recuerdo como todo empezó, y que me acurdo todo antes de todo esto pero sería mentir. Tenía solo 12 años cuando el Führer* había llegado y el nazismo envolvió a Alemania. Cualquier cosa antes de eso era irrelevante para todos porque ¿Qué importaba? El mundo era gris para Alemania antes de eso, y todo mejoró cuando ellos llegaron, eso es todo lo que importaba, todo lo que nos dijeron que importaba. Y para mí, que crecí con ellos, realmente era extraño que de un día para el otro, todo eso, todo en lo que creía y en lo que había hecho mi mundo, todas las imágenes que "glorificaban" a Alemania, fueran a caer. Realmente nadie se lo espera. Y si eso terminaba, pues el mundo moriría para todos. Y pronto todo terminaría, evidentemente. La realidad no esperaría para golpearnos, y la realidad venía vestida de rojo.

Cuando los rusos llegaron a nuestra zona, fue el día 26 de abril del 45, y fue un día que…bueno…

Muchas veces quise catalogar ese día. ¿El peor día de mi vida? Tal vez. ¿El día de la verdad? ¿El antes y el después? Fuera lo que fuera, para bien o para mal, fue horrible.

Al principio, al anochecer, escuché disparos y gritos, los soldados se agitaban como abejas en la colmena. Entre los escombros y el polvo, y la muerte, todos se preparaban para resistir. Cuando oí lo que sucedía, oí los tanques, los disparos y los gritos de guerra, mi corazón casi se para. Corrí hacia nuestro departamento con la Sra. Schneider, y nos encerramos allí, como todo el mundo hizo. Y por la ventana, entre las cortinas, mientras caía la noche, vimos como los soldados y oficiales, y los niños resistían. La Sra. Schneider no gustaba de que los niños participaran, pero éramos una colmena, una que trataba de cuidar su hogar, Alemania.

Esa noche, me abracé a la vieja Sra. Schneider y rogué, a quién fuera, rogué, aunque sabía que era inútil.

No fue hasta las tres de la madrugada cuando todo llegó a su destino. Pronto, por simple deducción los soviéticos avanzaron por sobre las fuerzas alemanas, por lo que las fuerzas alemanas tuvieron que retroceder, dejándonos a todos solos, con los soviéticos en nuestras calles. Los ruidos, los disparos y los gritos nos alertaron.

Rápidamente me vestí y junto a la Sra. Schneider escuchamos crujir la vieja madera del edificio y los ruidos procedentes de las calles. Incluso con los rusos en las calles todavía yo no caía en la idea de lo que estaba pasando. Pero lo haría. Oh sí que lo haría.

De repente, procedente de las escaleras y los pasillos oímos unos gritos y gente hablando, por lo que la Sra. Schneider, temiendo que algo sucediera entre los vecinos, como un amotinamiento o levantamiento contra los soviéticos-lo cual terminaría en un fusilamiento en donde todos moriríamos- fue a ver qué sucedía, dejándome sola en la espera.

La espera se hizo larga y tras pasar unos 20 minutos me impacienté y asuste. Los ruidos, las voces y las puertas abiertas abruptamente se hicieron más intensos, por lo que no pude calmarme fácilmente y pronto, quise salir a buscar a la Sra. Schneider, y ver con mis propios ojos que pasaba afuera. Pero eso no pudo ser, algo me lo impidió.

Cuando iba a salir de la habitación, abruptamente aparecieron en la sala cinco solados rusos, impidiéndome el paso. Fue allí, tal vez, cuando supe todo había terminado mucho antes de lo que yo había pensado.

Uno de ellos, alto, imponente, de platinados cabellos y ojos penetrantes que parecía un oficial me impedía el paso, estando parado frente a la puerta de la habitación. No sé cuál fue mi cara, mi expresión, pero me sentí como un ratón ante él, quién tenía una tétrica sonrisa. Frente a mí estaban ellos. Los rusos habían llegado.


* Führer, forma en que se llamó a Hitler, significa literalmente en alemán, Líder.

¡Aquí el primer capítulo! No será una historia larga, aviso. Espero que la lectura les haya parecido amena.

Me parecía que no había mucho sobre estos temas asique quise hacerlo, aunque siempre con respeto a todas aquellas personas que sufrieron en esas épocas y aquellas que lo sufren hoy en día.

Además, tengo familiares cuyos padres fueron niños en Berlín durante la ocupación, asique tengo información jugosa para el asunto.

Hasta el próximo capítulo.