Toda la historia peretenece a la increíble Jennifer L. Armentrout. Nombres de los personajes a la maravillosa Sthepenie Meyer.

[Onyx - Version Edward]

¡Hola a todos! Si es la primera vez que entras a este fic déjame explicarte un poco. Dos de mis sagas favoritas son Twilight y Lux. Y en una idea loca que tuve he decidido unirlas a ambas, adaptando los personajes creados por Stephenie Meyer a la historia completamente escrita por Jennifer L. Armentrout. Si no la conoces (Saga Lux) puedes hacerlo desde ahora con esta adaptación o leyendo los libros originales. En mi perfil se encuentran las adaptaciones completas de Obsidian, Onyx, Opal, Origin y Opposition. Ahora quiero empezar con la trilogía Oblivion que son los tres primeros libros de la saga desde el punto de vista de Edward. Nuevamente en mi perfil ya se encuentra el primero que fue Obsidian, ahora empezamos con Onyx. :) Y para los que ya leyeron los anteriores y continúan siguiendo los libros ¡Gracias y Bienvenidos otra vez!

Capítulo 1

Bella me ignoraba.

No era una gran sorpresa. Hizo lo mismo en la escuela. Como si fingiera que la noche del baile de bienvenida no hubiera terminado con ella casi muriendo y yo salvándola. Como si intentándolo lo suficiente, pudiera fingir que todo era normal y todo desaparecería.

Que yo desaparecería.

Eso no sucedería en un tiempo cercano, y no tenía nada que ver con el hecho de que Bella brillaba como una farola del tamaño de un auto.

Sino con el hecho de que me volvía loco luchando contra lo que quería.

Con toda la mierda del "fruto prohibido". Pasando de la mentalidad de que no podía ir detrás de lo que quería debido a lo que era; y lo que era Bella. Maldita sea, sabía que lo que quería no iba a ser fácil. Nada en la vida lo era, pero eso no cambiaba lo que sentía.

La quería.

Y sabía que bajo toda la frustración y todas las luchas, Bella también me quería. Sólo tenía que probarlo, pero en ese momento quería lanzarla sobre mi hombro, llevarla a casa, y encerrarla una habitación.

Bella aparcó su Camry en un estacionamiento fuera de la oficina de correos, y me estacioné junto a ella, pero en dirección opuesta. Bajando el vidrio, la inmovilicé con una mirada.

—¿Qué parte de ir directamente a casa no entendiste? Siento que hemos tenido esta conversación antes.

Sus labios se fruncieron mientras me devolvía la mirada.

—Es posible que haya libros allí esperándome.

Suspiré.

—Puede haber Arum rondando por aquí listos para comerte.

Bella no creía en mi lógica, sobre todo después de que regresara de explorar prácticamente todo el estado y no encontrar ninguno.

—Estás aquí, así que está bien.

—Sí, pero estoy tratando de ser preventivo y no reactivo. —Cuando puso los ojos en blanco, abrí la puerta del conductor—. Eres un dolor en el trasero —dije.

Levantando el dedo medio, se lo pasó por la mejilla.

Arqueé una ceja mientras mis labios se torcían en una sonrisa.

—Bien, gatita.

Me sonrió y luego se dio la vuelta, balanceando las caderas a través del estacionamiento. Con esos vaqueros desteñidos abrazando sus curvas, era una vista bonita, así que no me quejaba.

No hasta que saltó en un charco del tamaño de un lago.

Agua fangosa roció el aire, tocando mis piernas. Gruñí por lo bajo.

—Eres como una niña de dos años.

Saltó sobre la acera y me lanzó una mirada por encima del hombro antes de ingresar en el edificio. La esperé al final del pasillo mientras iba hacia su apartado de correo.

—¡Sí! —chilló, su rostro brillando tanto como el rastro a su alrededor mientras metía la mano en su casilla, recogiendo un puñado de paquetes de color amarillo. Los abrazó cerca de su pecho, como si fueran un bebé envuelto en sus brazos.

Lindo. Ñoñamente lindo.

Bella le dio un codazo a la puerta de la casilla y luego torció la llavecita, bloqueándola. Me miró, y nuestras miradas chocaron y quedaron fijas durante un momento. Un rubor rosa pálido coloreó sus mejillas.

Rápidamente desvió la mirada.

Pasó tranquilamente junto a mí mientras caminábamos afuera, y luego, porque no podía dejarlo de lado, saltó en el charco de nuevo.

Me hice a un lado, pero fue demasiado tarde. Desde mi rodilla hacia abajo, mi pierna izquierda se encontraba empapada.

—Jesús.

Sonrió mientras se apresuraba a su coche, abriendo la puerta trasera. La seguí en silencio, deteniéndome en mi camioneta para verla, bueno, inclinarse y meter sus libros. Se enderezó de repente y miró por encima de su hombro hacia mí. Algo acerca de la mirada que me envió, parte inocente, parte rebelde, fue excitante.

Por otra parte, prácticamente todo lo que hacía era excitante.

Gemí en voz baja mientras volvía a situar las cajas como si fueran frágiles herencias familiares. Cerré los ojos un instante, y me mordí el labio cuando una imagen de Bella se formó. Se hallaba en su sofá, debajo de mí, vestida con esos malditos pantalones de pijama de duende. Nada más. Mi estómago se movió. Tenía hambre, de ella y de comida.

—Necesito panqueques —anuncié, abriendo los ojos. Por supuesto, mi mirada se dirigió justo hacia una parte muy atractiva de ella.

Bella cerró la puerta y me miró.

—¿Estás mirando mi trasero?

Mis labios se curvaron en una sonrisa mientras poco a poco arrastraba mi mirada hacia la de ella, dejándola persistir en determinadas zonas. El rubor se encontraba de vuelta, extendiéndose por su garganta, bajo el suéter de color azul claro que llevaba, y sus ojos se habían profundizado.

Allí se encontraba. Lo que sentía brillaba en sus ojos. No lo ocultó.

—Nunca haría algo así —dije.

Resopló.

—Panqueques —repetí.

—¿Qué pasa contigo y los panqueques? ¿Por qué sigues diciendo eso?

—¿Tienes mezcla para panqueques en casa? —pregunté, ignorando su pregunta.

Bella frunció el ceño en confusión.

—Sí, eso creo.

—Bien. —Sonreí—. Me harás algunos panqueques.

Me miró boquiabierta.

—No te haré panqueques. Hay una casa de comida rápida por aquí cerca. Estás invitado a ir a buscar un poco de panqueques…

Avancé tan rápido que no pudo seguirlo. Me hallaba justo en frente de ella, nuestros cuerpos casi tocándose, y pude ver el momento en que sus pupilas se ampliaron ligeramente.

—Sé que hay una casa de comida rápida cerca, gatita. Pero eso no es lo que quiero. —Levantando la mano, le toqué la punta de la nariz con el dedo—. Quiero que me hagas panqueques.

Ella se echó hacia atrás, frunciendo el ceño hacia mí.

—No te haré panqueques.

—Lo harás. —Me giré y dirigí a mi coche. Una vez dentro, sonreí hacia donde ella seguía en pie—. Me harás tantos panqueques.

olololololololololololoololo

Bella se sentó frente a mí, con los labios apretados mientras me observaba levantar el tenedor hacia mi boca. Mi estómago se rebeló ante lo que hacía. Algo sobre estos panqueques no se veía bien. En primer lugar, eran del tamaño de una pequeña luna. En segundo lugar, cuando corté la pila torcida, la mitad lucían aguados, y eso simplemente no se encontraba bien. Y cuando levanté un trozo con el tenedor, una sustancia de polvo amarillento salió al aire.

Tal vez hacer que Bella me preparara panqueques fue una mala idea.

Miré al mostrador desordenado. La sartén se hallaba cubierta con mezcla, al igual que la mayor parte de la encimera y la parte delantera del suéter de Bella. Mi mirada se posó de nuevo en los panqueques. Si fuera humano, me daría miedo hacer lo que me encontraba a punto de hacer.

Metí el pedazo en mi boca y casi lo escupí. Mi garganta se cerró mientras me obligaba a masticar. Ni el jarabe cubría el pedazo todavía seco y con sabor a harina. Obligué al desastre a bajar por mi garganta y permanecer allí mientras sonreía con fuerza a Bella. Pasó un momento.

Una risa brotó de ella.

—No puedo creer que en realidad hayas comido un pedazo.

Mi boca se sentía revestida. Nunca eliminaría el sabor.

—¿Por qué?

—Estoy bastante segura de que no saben bien. —Se echó hacia atrás en su silla, dejando caer las manos sobre su regazo—. No se ven como los que hace mi mamá.

Nop.

Estos panqueques eran de un amarillo blanquecino extraño que de alguna manera no era ni de lejos el color de los panqueques normales.

Acerqué mi vaso de leche y luego lo levanté, tomándome casi la mitad.

Bella se rió de nuevo.

—Bueno. Estos son terribles —admití, colocando la taza en la mesa—. ¿Cómo puedes arruinar unos panqueques?

—No lo sé. Nunca los había hecho. —Levantó un hombro—. Sólo vi una vez la parte de "añadir agua".

La miré fijamente, algo estupefacto.

—Todo lo que tienes que hacer es añadir agua. No es tan difícil.

Sus labios temblaban mientras agachaba la barbilla.

—Supongo que deberías haber ido a la casa de comidas rápidas.

Mis ojos se estrecharon mientras empujaba mi plato.

—Hay una gran parte de mí que espera que los hayas hecho mal a propósito.

—¿Y eso por qué?

—Porque si no puedes hacer panqueques entonces no estoy seguro de que podamos ser amigos.

—Oh. —Puso una mano sobre su pecho—. Estoy tan afligida.

—Deberías estarlo —dije, bajando las pestañas—. Soy un buen amigo.

Bella resopló, pero lo que ella no dijo flotaba en el aire entre nosotros.

Bella y yo no habíamos empezado con el pie derecho y pasamos todo el verano y la mayoría del otoño en guerra, sobre todo por mi culpa. Admitía completamente que, si pudiera volver atrás y cambiar la forma en que la traté, lo haría. Me di cuenta de eso cuando luchaba con Félix y estuve a punto de perder no sólo mi vida, sino también la de mi hermana y la de ella. La cosa era, que ni siquiera yo podía volver atrás en el tiempo. Sólo podía avanzar.

Ya era hora de cambiar de tema.

—¿Alguien te ha dicho algo sobre tu rastro? ¿Alice o Anthony? —pregunté, sabiendo que los Denali no querían hablar con ella. Bueno, Eathan hablaba con ella, pero él no era un problema.

—Alice dijo algo al principio, pero ha sido fácil de explicar. Todo el mundo sabe que estuve allí cuando… —Se humedeció el labio inferior, la acción robando mi atención—. Cuando luchaste contra Félix. Así que no creen que nada sea demasiado extraño.

—Bien —murmuré.

Bostezó ruidosamente mientras se paraba y recogía nuestros platos.

Sus pasos eran lentos mientras caminaba con los platos hacia la basura.

Miré el reloj de pared. Ni siquiera eran las seis de la tarde.

—¿Tu mamá trabaja esta noche?

—Por supuesto —respondió, tirando los panqueques a la basura. La línea de su columna vertebral se tensó mientras caminaba hacia el lavavajillas—. Siempre está trabajando.

Ladeé la cabeza, y un momento pasó.

—No te gusta eso, ¿verdad?

Me miró por encima del hombro mientras abría la puerta del lavavajillas.

—Mamá tiene que trabajar mucho. —Empujó los platos al lavavajillas y luego buscó el recipiente, colocándolo en el fregadero—. Las cuentas no se pagan solas.

—Lo entiendo.

Apartó la mirada de mí mientras jugueteaba con los grifos.

—No todos tenemos al gobierno dándonos dinero porque somos alienígenas.

Levanté una ceja ante eso.

Bella volvió a bostezar.

—Se pone un poco… solitario aquí.

—Me lo imagino —murmuré, no gustándome la idea de ella quedándose sola en casa y sin estar con alguna de sus amigas o conmigo.

No dijo nada durante un largo rato.

—Creo que sientes la necesidad de hacer de niñera, pero no iré a ninguna parte. Tengo una prueba para la que estudiar y deberes de biología. No tienes que quedarte aquí.

Me puse de pie y me dirigí hacia donde se encontraba parada.

—Puedes...

Bella se quedó sin aliento cuando se dio la vuelta.

—¡Dios, Edward! ¿Tienes que hacer eso? Dios —dijo, recostándose contra el mostrador—. Eres como un ninja alienígena y sigiloso.

Un lado de mis labios se levantó.

—Ni siquiera fue tan silencioso.

—Sí, lo fue. Como un fantasma —dijo, levantando la barbilla para que nuestros ojos se encontraran—. Un fantasma espeluznante.

Me reí.

—¿Por qué soy un fantasma espeluznante?

—No lo sé —murmuró, su mirada cayendo sobre mi boca y luego más abajo: mi pecho—. Estás invadiendo mi espacio personal.

Me encontraba totalmente en su espacio personal. No había más de uno o dos centímetros entre nuestros cuerpos. Cuando obligué a mis pulmones a inhalar, respiré todo su olor a rosas.

—Lo siento.

—No lo sientes en lo absoluto.

—Cierto. —Ladeé la cabeza y vi una pequeña mota de panqueques junto a su oído. ¿Cómo pudo llegar eso ahí? Presioné mi pulgar contra su mejilla. Su pecho se levantó en una inhalación aguda, haciendo que mi mirada parpadeara de nuevo hacia ella—. Tienes panqueque.

Los labios de Bella se entreabrieron, y su mirada abierta de par en par se fijó en la mía mientras pasaba el pulgar por su mejilla, quitando la pequeña porción de masa. Mi mano se mantuvo allí a pesar de que la mancha había desaparecido, y mis dedos se extendieron por un lado de su cuello. La forma en que nos quedamos, tan cerca del otro, con su cabeza inclinada hacia atrás y mi mano sobre ella, hacía que pareciera como si fuéramos a besarnos. Todo lo que tendría que hacer era bajar la boca un par de centímetros. Me calmé de sólo pensar en ello.

Dios, quería saborear su boca de nuevo.

Sin embargo, dudaba que ella también lo quisiera. Probablemente quería golpearme. Aquellas gruesas pestañas bajaron, protegiéndose los ojos. Pensándolo bien, me permitiría hacerlo, pero cuando nos separáramos por aire, estaría enloqueciendo.

Bella me quería, pero no se encontraba dispuesta a admitirlo. En ningún tiempo cercano. Pensaba que lo que sentía por ella no era tan fuerte como lo que sus padres sintieron por el otro, y no quería conformarse. No podía culparla por ello. A decir verdad, no sabía a ciencia cierta qué era lo que sentía por ella. ¿Lujuria? Oh sí. Quería todo de ella y dentro de ella, pero era más que eso. Le tenía un afecto profundo.

La respetaba. Mi pecho hacía volteretas cuando me encontraba a su alrededor y pensaba en ella. Me preocupaba por ella. Un montón. Sólo que no sabía exactamente qué quería decir todo eso.

Pero quería saber, necesitaba averiguarlo. Aunque sí que sabía que todo lo que sentía no tenía nada que ver con el hecho de que nuestros corazones latieran en conjunto —lo que sea que eso significara— o lo que fuera que pudiera haberle hecho cuando la sané.

—¿Gatita? —Deslicé los dedos por su nuca.

—No me llames así —dijo con un escalofrío.

Bajé la barbilla, y nos encontrábamos tan cerca que cuando incliné la cabeza hacia un lado, mi nariz rozó la de ella. No me empujó hacia atrás o se alejó.

—Pero me gusta llamarte así.

—Pero a mí no —replicó.

Sonreí.

—¿Bella ?

—¿Qué? —susurró.

Sabía que aunque tenía mucho que quería decirle, todo la ahuyentaría. Hacer caso omiso de la necesidad casi primordial de meterme realmente en su espacio personal era más duro que enfrentar a un Arum hambriento. Me aparté lo suficiente como para ver su cara bonita, dejando que mi mano se apartara de su cuello.

—Voy a limpiar.

Bella parpadeó. —¿Eh?

Mi sonrisa creció.

—Voy a limpiar. Puedes ir a hacer tu tarea o lo que sea.

El destello de decepción fue tan rápido que pude haberlo imaginado.

—Bueno. Me parece bien. —Salió corriendo de entre el mostrador y yo—. ¡Que te diviertas!

Echando un vistazo hombro, la vi arrastrar los pies al salir de la cocina, los brincos y el balanceo de antes en su paso desaparecidos.

Suspirando, me volví hacia el desorden.

¿Por qué diablos me ofrecí a limpiar?

Me sentía medio tentado a quemar todo mientras agarraba la botella de detergente para lavar los platos y rociaba un poco del líquidoazul en el recipiente demasiado grande para ir en el lavavajillas. Mi mente vagaba mientras limpiaba. Teníamos que trabajar en conseguir que el rastro desapareciera por su seguridad. Cuando terminara, iba a tener que alejarla de su tarea y trabajar en su físico.

Mi mente se zambulló inmediatamente en determinadas actividades físicas.

Aparté esos pensamientos mientras movía la mano, llevando la sartén al fregadero. Bella y yo no habíamos hablado de lo que pasó en el baile de bienvenida desde el día que regresé. Sabía que lo manejaba bien, porque maldita sea, esa chica era fuerte, pero eso no significaba que no estuviera preocupado por la forma en que se ocupaba de todo.

Y eso no incluía el hecho de que algo ocurrió al tratar de curarla cuando Félix venía hacia nosotros. De alguna manera, se aprovechó de la Fuente, y ningún humano podía hacer algo así.

Ninguno que yo conociera.

Eso la cambió. ¿Cómo? Todavía no lo sabía. Todo lo que podía esperar era que una vez que el rastro se desvaneciera, lo que sea que pude haberle hecho también lo hiciera.

Limpiar la cocina tomó unos quince minutos. Cuando terminé, me puse en camino, apagando la luz del techo mientras me iba. El murmullo de la televisión me atrajo a la sala de estar. Bella me iba a odiar, pero iba a tener que dejar lo que hacía, levantarse, y hacer…

Me detuve a medio paso y me quedé mirándola.

Bella se encontraba metida en la esquina del sofá, el libro de biología abierto en su regazo. Los minúsculos dedos de sus pies asomaban por el dobladillo de sus pantalones vaqueros, rozando la brecha entre los cojines.

Tenía los brazos cruzados sobre el estómago, y un lado de su cabeza descansaba sobre el cojín. El collar de obsidiana se había deslizado por debajo de su suéter, quedando apoyado en su brazo.

Estaba fuera de combate.

Sabiendo que no existía manera de que pudiera despertarla, me acerqué a ella. Con cuidado, cogí el libro de texto y lo cerré, colocándolo en la mesa de café. Agarrando la colcha de la parte trasera del sofá, la puse sobre sus piernas.

Entonces, sin realmente pensar en ello, puse una mano en el brazo del sofá, me preparé, y luego me agaché. Presioné los labios contra su mejilla fría y luego retrocedí. Jugueteando con la colcha por unos momentos, me aseguré de que la cubría y luego me alejé.

Podría irme ahora. Bella no iba a ir ninguna parte.

Pero mientras la miraba, incluso aunque la tensión en mi rostro se suavizaba, me dejé ir. Por un segundo, dejé que todo el peso de lo que pasó, de lo que hice, se asentara sobre mis hombros.

Cerré los ojos.

Rompí tantas reglas. Expuse lo que realmente era. Le dije a Bella la verdad. La sané no una, sino incontables veces. Casi reí, pero nada de eso era divertido. Su vida se encontraba en peligro, y lo estaría continuamente, especialmente si se quedaba a nuestro alrededor —a mí alrededor— y en definitiva era un cretino egoísta, porque ahora…

Ahora no me quedaría lejos de ella.

Holaaa!! Por fin damos inicio a lo que sería el segundo libro de esta trilogía! Onyx. Ya me dirán que les pareció! Continuamos... :)