¡Aquí vengo, con un nuevo capítulo!

¡Wow! La historia fue muy bien recibida, les agradezco mucho el apoyo. Bueno, realmente no tengo mucho que contar, así que responderé reviews uwu:

*BryanElChido: Muchas gracias por tu review. Tranquilo, todas son bienvenidas xD. Espero la historia te siga gustando, muchas gracias por la oportunidad.

*Marlon: Yo debería estar durmiendo igual... Pero aquí me ves xD. Bueno por ahora solo tengo programadas a Dia, Riko, Chika, You, Kanan y Mari, pero es posible que aparezcan algunas más, depende de cómo vaya la historia uwu. Gracias por tu apoyo!

*SmileFace: ¡Tú me entiendes! La verdad me duele mucho cuando my mikan es usada como villana, pero ni modo, qué se le hace, hasta el papel le queda sensual a my best girl uwu. No fue mi decisión hacer sufrir a Chika TwT, pero hice papelitos y ella salió, hehe xD. Pero al final todo estará bien, de una forma u otra... Esperemos que sea de la buena forma. ¡Muchas gracias por la oportunidad de brindarte una historia!

*Tenshi Everdeen: Tenshi-onee chan! -cuando tu onee chan te noticea- Ahhh Qué lindo y doloroso review, puedo sentir tus sentimientos plasmados en todas y cada una de las palabras. Claro que la vida tiene muchas vueltas y la de Chika tendrá la suya, pero por ahora, veremos qué tan fuerte es. hehe yo amo ya sea el amor a primera vista o el que se cosecha con el tiempo, en este caso, este será como los tomates, se dará en tierra árida y sin agua, hay que ver si sobrevive el calor y las tormentas. ¡Muchas gracias por tu apoyo onee chan! Ojalá el capítulo te guste uwu. Muchas gracias por los cumplidos o / / w / / o , a mi también me encanta cómo escribes y transmites las cosas uwu.

Ah! Algo importante. La historia de repente envolverá los diferentes puntos de vista, ya sean de Kanan o de Chika, así que cuando empiece un punto de vista y otro, estará el nombre de una de ellas dos al comienzo marcado en negritas, y mientras no aparezca otro nombre remarcado de esta manera, el punto de vista sigue siendo el mismo, no sé si me expliqué xD, en fin... ¡Muchas gracias por leer!Les deseo un genial inicio de semana.


Avanza un paso... Y retrocede dos

Capítulo 2:

"Expiación"


Kanan.

— Me llamo Chika Takami, tengo diecisiete años y… Es un gusto— inmediatamente dirigí mi vista a la chica que había hablado. Era ella, Chika Takami.

Tres largos años habían pasado desde la última vez que la había visto, no podía creer que ahora estuviéramos en el mismo salón de clase. Tal parecía que no se había percatado de mi presencia, así que solo sonreí y esperé a que fuera mi turno, entonces ella me escucharía y sabría que estoy aquí.

Conozco a esa tonta desde que tenía quince años, en ese entonces ella estaba pasando una situación difícil, al igual que yo, y por azares del destino, la encontré en el borde del mar, tomando pastillas con el agua salada.


— ¡Oye tú! — corrí hacia ella y metí la mano en su boca, para llegar a su garganta — ¡¿Qué carajo estás haciendo?! — ella vomitó.

No me contestó, solo abrazó sus rodillas y se quedó así un momento. Me senté a su lado y tomé el bote de pastillas, eran para dormir.

— Soy una cobarde— la escuché susurrar.

— ¿Te ha pasado algo? — me aventuré a preguntar.

— No importa.

— Me importa.

— ¿Por qué?

— No me gusta que la gente acabe con su vida.

— Tú no lo entenderías.

— No— dije con molestia —… Pero veo que vistes ropa, tienes dos piernas y dos brazos, al parecer estás saludable y tienes a personas esperando por ti— ella sacó su rostro de entre sus brazos y miró el mar, parecía que tenía razón, así que hice hincapié en eso—. Seguro son personas importantes.

— Sí… Pero, de cualquier manera, no iba a ir más allá.

— ¿A qué te refieres?

— Solo había tomado algunas pastillas, al final me he echado para atrás, como siempre.

— Si tienes miedo entonces aun hay algo que tienes que hacer aquí.

— Supongo— me miró por fin, sus ojos estaban hinchados —, ¿tú qué haces aquí? Es un lugar apartado.

— Necesitaba un lugar para calmarme.

— Todos tienen problemas— susurró—. ¿Qué te ocurrió?

— Mi madre me ha corrido de la casa.

— ¿Eh?

— Peleé con ella, la descubrí engañando a mi padre, así que al final solo ha decidido sacarme a patadas— toqué mi barbilla, también me había golpeado en la cara.

— Curioso, yo igual lo descubrí de mi padre.

— Hoy es un buen día para ser descubiertos.

— Eso creo— se intentó levantar, pero inmediatamente volvió a sentarse.

— ¿Estás bien?

— Sí, solo duele un poco— estiró su pierna y noté marcas rojizas en su pierna.

— ¿Qué es eso?

— Mi precio por hablar demasiado ante el señor perfecto.

— Chócalas— le enseñé la cicatriz de mi brazo.

— ¿Eso por qué fue?

— Por hablar demasiado ante la señora perfecta.

Ella sonrió.

— Gracias— me dijo.

— No vuelvas a hacerlo.

No recibí una respuesta, solo un suspiro.


Esa noche me ayudó a encontrar un lugar dónde quedarme y volvió a su casa. Aquel lugar donde la encontré se volvió nuestro escondite, yo escuchaba sus problemas, y ella los míos.

Acerca de mi no hay mucho que decir, soy hija de un matrimonio que siempre pendió de un hilo, todo gracias a mi madre, pues mi padre siempre intentó arreglar las cosas, pero parecía que a la inmaculada señora Matsurra le importaba más lo que pudiera darle en dinero que las palabras de amor que mi papá quisiera predicarle. Incluso le importaba más sacarle el doble de lo que podía costar alguna cosa que yo necesitara, solo para quedarse la mayor parte del dinero.

Shiro Matsuura es el nombre de mi mayor modelo a seguir, un hombre trabajador y responsable que nunca dio su brazo a torcer ante nadie, ni siquiera ante la vida, y aunque la decepción marcó su cara el día que le confesé que era lesbiana, no me alejó nunca de su lado. No como mi progenitora, que me llevó con cuanto especialista pudo y casi deja que un imbécil se metiera en la cama conmigo con tal de "curarme". Su última carta fue enviarme a un colegio católico en cuanto supo que tenía una novia, ahí viví los dos peores años de mi vida. ¿Creen que todo es "alabado sea el señor"? No, ahí no existe ni respeto ni ley, al menos no al internado donde fui, donde las estúpidas monjas aprovechaban cada oportunidad para golpearnos y dejarnos tareas inhumanas: Sus favoritas eran levantarte a lavar el patio de la institución a altas horas de la madrugada (que no era precisamente chico) o encargarte todo un edificio de camas por tender. Si no lo lograbas antes del rezo, antes de las lecciones, o a veces, incluso, antes de la media hora, ahí sí tenías que agarrar tu crucifico, para rogarle a lo que sea que te escuchara, que las marcas que te harían con el fuete no sangraran, porque entonces los zacates viejos y duros que nos daban para lavarnos el cuerpo, solo nos lastimarían más.

¿Policía? Claro, ellas se refugiaban tras su hábito para justificarse, y los muy persignados, siempre les daban la razón, solo para que, una vez se cerraran las puertas detrás de ellos, esas perras fueran a buscar a la persona responsable de la visita, para agradecerle con creces.

Afortunadamente cumpliendo dieciocho años pude reclamar mi derecho a largarme de aquel lugar, pero avisaron a mi madre, así que ella tuvo que llegar por mí. Seguía siendo la misma persona arrogante y ambiciosa de siempre, pero yo había cambiado lo suficiente en esos años, por lo cual, esta vez sus lágrimas falsas no pudieron conmoverme en tomar la primera buena decisión de mi vida, y ni bien pude encontrar un trabajo para pagarme la vida, me mudé. Ella ahora estaba desesperada, pues no podía tenerme junto a ella para manipularme, y no solo eso, pude volver a contactar a mi padre y él me apoyaba ahora con una parte de los gastos.

Sin embargo, mi madre tiene el alma tan podrida que no soporta el hecho de que esté feliz por mi cuenta. Y es mi culpa que ella no salga de mi vida, pues al final, sé que un día me necesitará, y solo yo podré ayudarla, ya que soy la única persona que la conoce que no quiere que muera.

Quizá debería dejarla, pero soy idiota.


Hi! Me llamo Mari.

— Eh sí, yo soy Kanan— sonreí —, em, ¿sabes usar Prezi?

Of course!, ¿tú no?

— Realmente no… Ni siquiera sabía que existía— rasqué mi mejilla y bajé la mirada.

Oh my shiny! — esta chica gritaba mucho — ¡Te enseñaré a usarlo!

— B-Bien.

Toda la clase me estuvo explicando con total detalle para qué servía cada una de las funciones, junto a algunas pequeñas anécdotas de su vida. Sus padres dirigían una gran cadena hotelera, pero a ella no le gustaban los negocios, de hecho, era bastante mala en matemáticas, así que buscaba abrirse su camino como cantante y productora musical "para echárle todo lo contable a su manager" en sus palabras. Era una chica realmente divertida.

— ¿Y su presentación señoritas? — nos preguntó el profesor. La culpa me invadió, Mari por sí sola habría podido avanzar con el trabajo, pero en cambio, se tomó el tiempo de explicarme, y lo peor es que había mucho que aún no entendía.

— Creí más conveniente ayudarle a mi compañera a usar el programa, ella no tenía ni idea de lo que era profesor— explicó mi compañera.

— Bien, por ser el primer día lo entiendo, pero espero lo domine pronto señorita, pues lo usaremos constantemente— señaló el profesor.

— Lo siento— bajé la mirada—. La siguiente vez seré de más ayuda.

— Bien, faltan quince minutos aun, si me entregan al menos la mitad de una buena presentación, les marcaré la práctica.

Thank you— sonrió Mari y el profesor siguió con la siguiente pareja.

— No te pongas nerviosa Kanan— dijo mi compañera una vez el profesor se fue —. Lo terminaré en un momento, así que mira atentamente.

— Gracias— sonreí y volteé a ver a Chika, quien estaba saliendo del salón en ese momento. Esperaba que su compañera fuera buena con ella, pues no me hacía falta preguntar demasiado para saber que no estaba en el mejor momento ni en la mejor disposición de soportar otra bomba en su vida. Miré a la chica de cabello grisáceo, quien miraba a la puerta, preocupada.

Llegó el descanso, así que me uní a Chika para ir a la cafetería. Tal como lo había pensado, no llevaba ni comida ni dinero suficiente, así que la hice elegir algo de la barra y nos sentamos en una de las mesas de la cafetería.

— ¿Qué tal la clase? — le pregunté mientras le daba una mordida a mi sándwich.

— Sigo con mi problema para hablar con otras personas, ¿y el tuyo?

— Bien, la chica con la que me tocó es muy buena con las computadoras, así que me enseñó a usar casi todo lo que tiene prezi, aunque gracias a eso no pudimos terminar la presentación— y de hecho no había hecho nada, la gran mayoría del trabajo había sido por cortesía de Mari.

— Al menos la siguiente vez podrán avanzar más rápido— quitó con delicadeza la servilleta que envolvía el sándwich. Casi me dieron ganas de quitarle todo yo y dárselo, pero sabía que mi amiga era así de tranquila al actuar cuando se encontraba deprimida.

— Sí— la rubia apareció en mi campo de visión, me devolvió la mirada—, oh, mira, es ella—alcé la mano para llamarla, se acercó mientras sonreía, seguro a Chika le haría bien una compañía tan cálida.

— ¡Kanan!, ¿apenas están comiendo? — preguntó mientras se recargaba en mi hombro.

— La fila de la cafetería estaba horrible.

I know! En definitiva, consideraré venir en el primer descanso entre clase, ahorita es casi imposible comprar algo.

— Compré un sándwich extra en caso de que Chika comiera muy rápido, pero creo que apenas le dará tiempo de comerse el que ya tiene, ¿lo quieres? — miré a mi amiga. Sus ojos estaban perdidos en algún punto del suelo y su comida.

— ¿Chika? Oh my! Hi dear— se dirigió a ella, pero no contestó.

— ¿Chika?

— ¿Eh?

— Estás pálida honey— Mari puso ambas manos en las mejillas de mi amiga y ella se apartó con rapidez.

— Eh, sí, lo siento— el rostro de la rubia reflejaba su duda, pero quizá prefirió no preguntar el motivo.

Why?

— Yo… No lo sé— Chika sonrió con torpeza, algo que más bien era un gesto torcido.

— ¿Son parientes o algo así? — preguntó Mari mientras nos sonreía a ambas y ponía una mano en la cabeza de mi amiga con cuidado, cuando vio que Chika no la apartó, se aventuró a despeinarla un poco, pero ese gallito rebelde que siempre había tenido, se mantuvo erguido y en su lugar.

— No— respondimos al unísono.

— Reaccionan casi igual.

— Amigas de la infancia— contesté con una sonrisa, ahora que lo pensaba, algunos de nuestros gestos eran parecidos—. Chika, ella es Mari Ohara, Mari, ella es Chika Takami.

— Sí, la recuerdo de la presentación, te veías igual de mal que ahora— Chika respiró por la boca. Ahora que me fijaba bien en ella, más que triste, parecía fatigada.

— Creo que era porque no he comido— con razón.

How irresponsible!, ¿No has desayunado? Come, anda— dijo Mari mientras hacía una mueca de preocupación.

— B-Bien— y por fin, dio una mordida al sándwich.

— Ten Mari— le ofrecí el que nos restaba.

— No— negó —. Iré a formarme, así que asegúrate que la mandarina se lo coma.

— ¿Mandarina? — preguntamos al mismo tiempo.

— Tu cabello me recuerda a las mandarinas— sonrió.

— Oh…— dijo Chika.

See you girls! Ahora vuelvo.


— Kanan— Mari me llamó. Chika nos había pedido adelantarnos, pues ella iría al tocador.

— ¿Qué ocurre?

— Sé que quizá no deba meterme, pero… ¿Chika está bien?

Mordí mi labio, realmente no sabía si contarlo o no, así que simplemente desvié la mirada.

— Mari yo…

— Ya, no digas nada— puso su dedo en mis labios —. Le preguntaré directamente a ella en algún momento, me preocupa, si pudiéramos tener una escala de colores, seguro ella la tendría de grises.

— No lo ha pasado bien.

I see— hizo un puchero mientras miraba el pasillo—. Esperémosla en el salón, ya casi empieza la otra clase.

— Sí.

— No sé mucho de ti, ¿cuál es tu color favorito?

— ¿Eh? — pensé un momento — El verde, creo.

— ¿Tu cumpleaños?

— Diez de febrero.

— ¿Pasatiempos?

— Em… La natación.

— ¿Pareja?

Una incomodidad surgió en mí, esperaba que no preguntara eso, pero lo hizo. Y aunque yo me aceptaba, aun era algo incómodo decirle a las demás personas que era lesbiana.

— No— me limité a responder.

— Qué cara, ¿tu última relación terminó mal?

— Eh… Sí…— eso no era del todo mentira, mi madre hizo todo para alejarme de mi novia de aquel tiempo.

I'm sorry— puso su mano en mi hombro —. Es un idiota, seguro puedes encontrar alguien mejor.

— No lo es— ese comentario me molestó. Riko no era una idiota —. Simplemente nuestra relación no había podido ser en ese tiempo— y tampoco sabía si pudiera ser en ese momento.

— Oh, perdón, la mayoría de las veces escucho que los novios de mis amigas son quienes hacen una tontería y las lastiman— novio eh… —, así que pensé que era igual, pero si lo amas, lucha por él.

— No es él.

— ¿No? — Mari pensó un momento — ¡Ah! ¿Es ella?

La naturalidad con la que lo dijo me descolocó un poco, ya estaba esperando las mismas palabras de mi madre o el rostro de decepción y/o asco como el de mi padre.

— Sí…— respondí, titubeante.

— ¿Fue algo de que son chicas y por eso no pueden estar juntas?

— Algo así…

— ¡Con más razón debes luchar por ella! — parecía que sus ojos echaran llamas — Quien sea que se haya metido entre ustedes dos, ¡no lo dejes ganar!

— Eh… Sí…— no sabía cómo reaccionar, era un poco incómodo que de la nada alguien que no conocía me apoyara de esa forma.

— ¿Estás bien? — me miró con la duda dibujada en su rostro.

— Lo siento, es… algo extraño que una persona me apoye, así como así.

— Uno de mis primos es gay, y me ha tocado ver lo difícil que es para quienes aman a alguien de su mismo sexo, el tener que lidiar con personas idiotas— tomó mi mano mientras la apretaba con fuerza —. Por eso quiero que sepas que te apoyo, ¡ve por todo!

Mari Ohara era una chica extraña.

— L-Lo haré— aunque ahora que lo pensaba, no se me había pasado por la cabeza buscar a Riko. Seguro ya tendría a alguien más.

Well said!

Entramos en el salón por fin y tras unos minutos llegó Chika.


Chika.

Pasaron tres días desde que entré en Uranohoshi. Como era costumbre en mí, no había entablado una gran amistad con nadie aun; no, Mari no contaba, pues yo no le hablé primero, al contrario, parecía que entre más me empeñaba en estar sola, más quería estar cerca de mí. Kanan había vuelto a ser como mi hermana mayor, y eso era algo que me hacía sentir alegría y tranquilidad, pues si no tenía a nadie con quien tratar mis problemas, al menos podría compartirlos con ella, así como Kanan sabía que ella podía compartir su sentir conmigo.

Otro día más llegaba a su fin, pero esta vez no quería ir a casa.

Mi madre llegaba ese día.

No podía hacer nada para retrasar mi llegada, así que todo el camino no pude evitar ir pensando en todo lo que había hecho en casa, si algo se me había olvidado o no. Según recordaba, había hecho todo lo de la lista y la casa estaba limpia, pero ahora faltaba el visto bueno de mi madre.

Llegué y miré la luz prendida, suspiré y entré.

— Ya llegué— dije en voz baja. Shiitake corrió a recibirme y me quedé un rato en la puerta mientras lo acariciaba. Me dirigí a su cuarto —. Hola mamá, ya llegué.

— ¿Con eso te fuiste a la escuela? — me preguntó mientras dejaba su celular de lado. Estaba sentada en la cama. Yo solo bajé la vista y asentí — Contesta niña.

— Sí.

— ¿Y para qué se supone que tienes los demás pantalones?

— Los usé el otro día.

— ¡No me respondas! — cerré la boca y miré a otro lado — Ya empezaste con tus pinches caras.

— Perdón…

— ¿Y mi beso qué? — preguntó. Me acerqué con cierta reticencia, pero al final tenía que hacerlo, quisiera o no. Besé su frente y me levanté, esperando a que dijera cualquier cosa o me pidiera algo — Traje comida china, sírvela y trae los platos.

— Sí— salí de la habitación a cambiarme.

— ¡A qué hora, Chika!

No contesté. Terminé de ponerme la playera y salí a la cocina para servir la comida. Tomé dos platos y puse en ellos lo que había traído, le llevé un plato y los cubiertos para que comiera y yo me dispuse a salir del cuarto.

— ¿Y tú?

— Comeré en la cocina.

— ¿Por qué? — miles de razones cruzaron mi mente, pero no dije ninguna — ¿Qué pasa?

— Nada.

— Ven a comer aquí.

— Sí…— no podía decir que no. Así que llevé mi plato y me senté en una esquina de la cama para que mi madre pudiera ver la televisión.

— Come más despacio.

— Sí.

— Siéntate derecha.

— Sí.

El programa comenzó. Yo me levanté por servilletas y cuando volví, le dejé una a mi madre en la mesita de noche.

— ¿Qué número dice ahí?

Agudicé mi vista, no alcancé a ver los números en la esquina de la televisión, pues cuando los enfoqué, desaparecieron.

— No lo sé.

— ¡Carajo! Solo te pido una cosa y ni siquiera eso puedes hacer.

— Se quitaron cuando me fijé.

— No es excusa Chika, me tienes cansada con tus pendejadas, ¿sabes cómo encontré la casa? ¡Estaba hecha un pinche desastre! ¡¿Qué se supone que haces toda la chingada semana?!

— Limpio y recojo…

— ¿En serio? — su sonrisa burlona hizo que el coraje creciera dentro de mí, pero mordí mi labio y asentí — El mueble Chika, te pedí que acomodaras el mueble de la televisión y te valió madres.

— No recuerdo que me lo hayas pedido, y lo acomodé hace…— la mano de mi madre chocó con mi boca, haciendo que me callara, más por coraje que por miedo.

— ¡No me mientas, Chika!

— Lo acomodé apenas la semana pasada— otro golpe impactó mi boca.

— ¡Que no me respondas chingada madre! — respiré y aparté la mirada. Mi madre hundió sus dedos en mis mejillas y me hizo mirarla — Quiero ese mueble recogido mañana antes de que te vayas, a ver si eso sí puedes hacerlo.

— S-Sí— dije, el nudo en la garganta no me dejaba hablar.

— ¡Habla bien Chika, carajo!

— Sí— dije un poco más alto y ella finalmente me soltó.

— Termina de comer.

— Ya acabé— contesté, tomando mi plato a medio terminar y saliendo de ahí.

— ¡Mi plato no se recoge solo niña! — regresé por lo que había utilizado mi madre para comer y me dispuse a salir — Luego que estás en la casa sin hacer nada, te pones en tu pinche plan de digna— llegué a la cocina y me senté en el escalón que bajaba para entrar. Apreté mis puños lo más fuerte que pude, tenía que calmarme, tenía que estar bien — ¡Chika, ¿por qué no has metido la ropa?!

— ¡Porque acabo de llegar de la preparatoria! — grité mientras salía y subía a la azotea. Desde la ventana de mi madre se veían los tendederos, así que sabía si había recogido lo que tendía por las mañanas o no.

— ¡Ven acá Chika!

Subí las escaleras sin hacer caso a su llamado, si me había ganado otra bofetada, al menos esperaba ya no tener que salir. Los gritos de mi madre se escuchaban aun, y yo continué ignorándolos. Subí mordiendo mi lengua para evitar llorar, no quería que alguien me viera así. Miré el borde de la azotea, daba a una barranca inclinada… Sería cuestión de minutos que yo saltara y muriera de una buena vez.

Cuestión de minutos.

Suspiré y terminé de descolgar las sábanas. No era tiempo, no debía hacerlo.

Miré a Shiitake esperándome en el pie de los escalones. Lo llamé a entrar conmigo y dejé todo en mi habitación, me dirigí al cuarto de mi madre para preguntarle qué era lo que quería, pero estaba hablando con mi padre, pude escuchar sus voces.

— Ya no la aguanto, es una rebelde, no le importa nada.

— Te lo dije, pero no me hiciste caso, de cualquier manera, no la quiero cerca de Mito y Shima, las echará a perder.

— Pero son sus hermanas.

— ¿Quieres que sean igual a Chika?

— No, pero yo también quiero que vengan.

— Ya te dije que no— mi padre resopló del otro lado de la línea — ¿Dónde está?

— Creo que sigue en la azotea haciéndose pendeja.

— Te he dicho miles de veces que la mandemos a una escuela militar, ahí le enseñarán lo que es bueno.

— ¿Para que salga igual que tú?

— Es mejor a que se haga igual de neurótica que tú.

Me alejé y me encerré en mi habitación.

¿Hasta cuándo iba a dejar de ser el motivo de una pelea entre mis padres?

¿Cuándo podría ser un buen ejemplo?

¿Por qué no podía ser lo que mi padre y madre esperaban de mí?

¿Por qué no podía recordar una simple orden?

Si tan solo se me hubiera pasado por la cabeza, recoger el mueble de nuevo, esto no habría pasado.

— Inútil— me repetí —. Eres una inútil— las lágrimas no se detuvieron más y comenzaron a bajar por mis mejillas.

Shiitake se sentó a un lado mío y frotó su cabeza contra mi pierna, pero yo me levanté y comencé a golpear la pared con toda mi fuerza.

— ¡¿Qué jodidos estás haciendo Chika?! — mi madre golpeó mi puerta, pero yo no hice caso, solo seguí golpeando la pared — ¡Eres una salvaje, abre de una vez!

— Déjame sola, déjame sola— susurraba entre cada golpe —. Solo déjenme sola.

Al escuchar que mi madre seguía gritándome que saliera, abrí la puerta y de nuevo recibí una bofetada de su parte.

— ¡Ni siquiera has sido capaz de recoger la cocina! ¡No sirves para nada!

— Lo sé— sonreí —. No sirvo para nada.

— Cállate— me empujó. La cabeza comenzó a dolerme—. Quiero esta cocina ¡Impecable!, ¿lo entiendes? ¿alcanzas a entender eso?

Asentí sin decir nada más. Ella regresó a su habitación murmurando alguna cosa que ya no me interesé en entender.

Devolví lo que sobraba de la comida de mi plato de vuelta en la lonchera de unicel y puse los trastes en el fregadero. Recargué ambas manos en la tarja.

— Solo tomaría unos minutos…— me repetí.

Suspiré y comencé a lavar el servicio.

Una vez terminé de recoger, hice a un lado la ropa que había recogido y me acosté en mi cama, quedándome dormida.


A la mañana siguiente, mi madre me despertó.

— Chika, levántate— mis ojos ardían y mis puños dolían —. Te hice el desayuno, párate.

— Sí— el tono suave en la voz de mi madre indicaba que ya no estaba enojada, y ahora entrábamos en el segundo acto de la obra que montábamos cada vez que se enojaba: La expiación.

Me levanté y miré el huevo con tortilla acompañado de jugo de naranja y una gelatina. Me senté a comer mientras miraba a mi madre ir de un lugar a otro, seguro alistándose para salir. Ya que el día anterior no había comido bien, acabé mi desayuno en un instante.

— Llegaré en la tarde, ¿todavía tienes dinero, hija? — me preguntó.

— Sí…

— Bien, compra lo que quieras— se acercó a mí, y yo retrocedí por impulso, pero su mano tomó mi nuca y me acercó a ella de nuevo para darme un beso en la frente—. Te quiero, que te vaya bien hoy.

— … Yo también te quiero.

Y sin decir más, se fue, y yo me alisté para un día más en mi vida. Un día en la vida que había decidido mantener encendida por algún tiempo más, aunque cuando ese tipo de cosas ocurrían, no quería más que salir corriendo a algún lugar donde nunca me encontraran. Pero no podía hacer eso, aun tenía algo que proteger.

Miré mi celular y vi dos mensajes de mis hermanas, diciendo que me extrañaban y contándome un poco de su día. Esta vez también encontré un mensaje de buenos días de Mari y una llamada perdida de Kanan. Contesté a todos por mensaje y entré a bañarme, esperando que el dolor en mis manos disminuyera con el agua fría.