Holdrum era una de las pocas ciudades portuarias en el sur de Valoran aún no anexionadas por Noxus. Eso era gracias a sus murallas, su pequeña pero potente flota comercial, pesquera y militar, y el tributo que le pagaba al imperio cada año religiosamente.

La ciudad no era tan rica y progresista como Piltover, ni tan libre y llena de oportunidades como Bilgewater. Pero aún así su riqueza, gracias a la recolección y comercio de perlas, era considerable. Edificios de mármol coronaban lo alto de la ciudad, mientras los muelles de madera que en tiempos antiguos eran simples puertos, ahora se extendían casi medio kilómetro en el mar, con casas y comercios construidos sobre ellos. Cuanto uno más subía la pendiente hasta el templo y el palacio de mármol en la cúspide, mayor era la prosperidad de sus habitantes.

En el muelle más alejado de la ciudad, en aquel donde solían parar los barcos de pasajeros para inversores y visitantes, una joven y hermosa pelirroja descendía por la pasarela sin apenas equipaje alguno.

Llevaba el ombligo al aire, unos pantalones tan ajustados que los botones de los laterales parecían apunto de reventar, y un top tan estrecho que él sujetador de tela blanca bajo este podía verse claramente. El único motivo por el que nadie se la había insinuado hasta el momento, eran las dos enormes pistolas que cargaba en las cartucheras a la espalda.

La muchacha se apartó el pelo del rostro, haciendo tintinear uno de los aros de oro en sus orejas, y le echó un vistazo a la extensa metrópolis que la aguardaba. Desde el barco ya le había quedado claro que era más grande de lo que esperaba. Le llevaría más tiempo de lo pensado encontrar a su presa. Así que ahora lo primordial era buscar un lugar donde hospedarse hasta encontrarle. Si era en una posada con una buena taberna, mejor, porque si esta ciudad se parecía en algo a Bilgewater, no existiría mejor pasante de información que un tabernero tras una generosa propina.

O puede que no le llevara tanto tiempo como ella esperaba.

Fue una casualidad que viera de reojo el cartel de se busca en el poste. Aunque no aparecía el nombre, estaba bastante segura del rostro en el retrato. Sacó de la bolsa que llevaba al hombro el cartel de se busca que había traído de Bilgewater, y se aseguró de ello. Si. Era el tipo al que andaba buscando. Darren Blackwater, la Pesadilla de Aguasférreas.

Eso significaba dos cosas: primero, que si jugaba bien sus cartas, podría llevarse dos recompensas por el precio de una, y segundo, que si también era buscado aquí, es que estaba bajo la pista correcta, y que o bien se había escondido, o había huido a algún otro lugar. Así que ahora mismo lo mejor que podía hacer era encontrar a quien quiera que hubiera puesto la recompensa, y averiguar todo lo que pudiera decirle.


Las tabernas en general no eran lugares difíciles de encontrar. Solo sigue el olor del alcohol, y los carteles colgantes coloridos y obscenos, y habrás encontrado una. Aquella en la había decidido entrar se llamaba la Sirena Negra, y estaba ocupada por un grupo de mercenarios. Armaduras de hierro y bronce gastadas y relucientes se reflejaban en la mesa de la esquina, junto a sus armas apoyadas contra la pared. El resto eran marineros, y algún que otro comerciante piltoverano bien vestido.

Tal como estaba acostumbrada ella, todas las miradas se giraron en su dirección al entrar. Era algo a lo que había llegado a disfrutar, así que lo ignoró antes de apoyarse en la barra.

-¿Tienes algo de ron negro de Myron?

-¿Tienes algo de suelto, muchacha?-le preguntó la rechoncha y experimentada tabernera.

Miss Fortune dejó caer una serpiente de plata sobre la barra.

-Eres de Bilgewater.-dijo sirviéndola una copa de la espesa bebida.-No solemos ver a muchos de tu ciudad por aquí. No al menos que vengan aquí solo para colgar del patíbulo.

-No me sorprende.-contestó observando su copa mientras la removía.-Estoy bastante segura de que a alguno de ellos lo envié yo aquí.

-¿Cazarrecompensas? Vaya, eso explica porque una niña tan bonita como tú va por ahí con dos cañones de mano tan gigantescos. Pero deberías tener cuidado con esas cosas. Serán muy caras, pero a la mayoría acaban explotándole en las manos.

-Estas niñas no.-le contestó con una sonrisa.-Pero ahora que nos hemos introducido, quizás puedas hacerme un favor.

Miss Fortune le pasó discretamente el cartel de se busca envuelto en un rollo para que la tabernera le echara un vistazo bajo la barra sin que nadie lo notara.

-... La verdad es que mi memoria se está volviendo cada vez más borrosa con los años, niña.

Un kraken de oro rebotó sobre la mesa.

-Ah, ya me acuerdo. No tengo idea de cual es su nombre, pero fue el mismísimo Lord Brannin quien puso la recompensa.

-¿Lord Brannin?

-El señor de la ciudad. Él y su familia la gobiernan desde hace décadas, después de que echaran al último príncipe mercante. Ahora Holdrum la gobierna una sola dinastía.

-Hmf. Entonces supongo que no será difícil encontrar su casa.-dijo pensando en el palacio en lo alto de la colina que dominaba la ciudad.

-Encontrarlo no. Pero entrar al palacio es otra cosa.

-Ya se me ocurrirá algo.

Tal como ella esperaba, su conversación no tardó en ser interrumpida por uno de los mercenarios novatos de brillante armadura. Parecía del tipo que se metía en el oficio más por sed de aventuras que por dinero.

-Hola, preciosa.-la saludó el joven de piel bronceada, melena corta y ojos claros apoyándose de espaldas en la barra a su lado.-Te veo muy sola para ser una chica tan bonita en una ciudad como esta.

-No te preocupes. Voy bien acompañada.-señaló sus armas.

-Vaya. Es la primera vez que veo unos trastos de esos. ¿Cómo los has conseguido?

-Herencia familiar.

-Entonces supongo que la tuya ha de ser una familia muy rica.

-No realmente.-vació lo que quedaba de su copa de un trago, antes de apoyarse de lado en la barra para verle de frente.-Aunque supongo que un chico tan guapo como tú también habrá tenido que pagar mucho por una armadura tan cara y lustrosa.

-No realmente.-le hizo una señal a la tabernera para que les pusiera dos copas.-Esto fue parte del pago que nos ofreció Lord Brannin cuando nos contrató.

-¿Lord Brannin? Vaya, eso es impresionante.-comenzó a hacerse rulos con el pelo, como si coqueteara con él.

-Y tanto. Él solo compra lo mejor de lo mejor, y contrata a los mejores de los mejores.

Cuando la tabernera le sirvió sus copas, brindaron juntos antes de continuar hablando.

-Por cierto, aún no conozco tu nombre, preciosa.

-Sarah. Sarah Fortune. ¿Y tú, guapetón?-preguntó antes de darle un sorbo a su bebida.

-Izem de Kalamanda. Un placer conocerla, señorita.

-Vaya. Eres todo un caballero para ser de una tierra tan salvaje como Shurima.

-Oh, no creas todo lo que se dice por ahí, ojos lindos.-le dijo acariciándole la mejilla, con ella apartando la mirada y sonriendo, haciéndose la tímida.-¿Y qué hace una chica tan guapa como tú por aquí, por cierto?

-Trabajar. Y es un trabajo en el que quizás tú puedas ayudarme.

-Lo que sea por una chica bonita.

-He oído que Lord Brannin está de muy mal humor últimamente.

-¡Ja! Como para no estarlo. Hace dos noches unos ladrones secuestraron a su hija del palacio, y además se llevaron algo de inmenso valor para él.

-¿Qué me dices? ¿Es que una chica no puede sentirse segura en esta ciudad ni en palacio?

Cuando se puso a fingir tener miedo, Izem actuó como ella esperaba. Cogió la mano que tenía apoyada sobre la barra en un intento de reconfortarla, y ella hizo parecer que le había funcionado.

Conocía a su tipo. Tan jóvenes y ambiciosos como ella, pero con una visión mucho más romántica del mundo. No hay nada que les motive más que reconfortar a una dama en apuros.

-No te preocupes. Para eso estamos nosotros aquí.-le respondió Izem.-Mi tío, yo y el resto de la banda hemos sido los únicos lo suficientemente valientes como para atrevernos a acudir en ayuda de Lord Brannin para buscar a su hija.

-¡No sabes como me alegra oírte decir eso! Tanto por tener un hombre valiente a mi lado, como por...

Miss Fortune se puso a fingir vergüenza.

-... ¿Qué?-preguntó el muchacho.

-Nada, es una tontería.

-Nada es una tontería.

-Es solo que... bueno, no quiero abusar de tu amabilidad. Pero mi padre me envió aquí sola porque nuestro negocio está en graves apuros económicos, y solo Lord Brannin tiene los medios para ayudarnos. Y como he oído que él no suele ver en persona a nadie salvo que esté en su lista, tomaba ya mi causa por pérdida.

Poder soltar lágrimas a voluntad fue algo que le costó dominar, pero que sin duda le ha resultado muy útil hasta el momento.

-Y he pensado... no sé, tú que trabajas para él, quizás...

-No te preocupes. Mi tío y yo tenemos habitaciones en palacio, y sé de buena tinta que le he causado muy buena impresión a Lord Brannin. No me será muy difícil lograr que hable contigo en persona.

-Eres un sol.-le respondió Miss Fortune con una sonrisa mientras se limpiaba las lágrimas.


-A ver si me ha quedado claro.-le decía su tío a Izem mientras se restregaba los ojos.-¿Has dejado a entrar a una chica a palacio que busca la misma recompensa que nosotros... solo porque querías llevártela a la cama.

-Pe-pero tío Sayyid...-le respondía Izem.-Ella no me dijo...

-¡Silencio! Ahora ya no hay nada que podamos hacer. Salvo aguardar y escuchar.

Y así lo hicieron. Junto a los guardias de palacio en la sala del trono, se enfilaron para atender a lo que estaba teniendo lugar.

Una bandera azul con una concha blanca, con una sirena de cola verde sosteniendo una perla encima de esta, colgaba sobre el trono de Lord Brannin, iluminado por los reflejos del sol sobre las vidrieras azules a su espalda. Soldados bien protegidos con hombreras, brazaletes y grebas de armaduras de reflejos plateados, que sin embargo dejaban al descubierto sus codos y rodillas debido al clima temperado de la zona, adornaban sus cascos con cortos penachos azules, del mismo tono que las túnicas que les sobresalían bajo sus faldajes, mientras rodeaban la sala, lanza en mano. Enfilados frente a los pilares de mármol con decoraciones de alabastro, observaban junto a unos pocos miembros de la corte y el gobierno de la ciudad, la conversación que estaba teniendo lugar.

Por ahora, Miss Fortune se había limitado a sujetar los dos carteles de se busca, el expedido por Brannin, y el expedido en Bilgewater, para mostrárselos al primero.

-Sí. Ambos son sin duda el retrato del hombre que se llevó a mi hija.-dejó caer con rabia su puño sobre el pétreo brazo del trono.

El barón de la ciudad se frotó su puño adolorido con las manos temblándole. Era un hombre delgado hasta la médula, y de piel pálida, pero manchada por la edad. Aún conservaba gran parte de su canoso pelo pese a las entradas, y la furia que ardía en sus ojos azules parecían indicar que en tiempos fue un líder temible, como aquella túnica morada parecía demostrar.

-Darren Blackwater. Así que ese es su nombre. ¿Desde hace cuanto que lo sigues?

-Dos semanas. Desde que maté a la mitad de su tripulación en Bilgewater.-dijo echando de menos sus pistolas, pero entendiendo porque no podía entrar a ver al Lord de la ciudad con ellas.-Hubiera preferido no hacerlo, pero no me dejaron opción.

-Yo me alegro de que lo hicieras. Pero es obvio que no mataste a los suficientes.

-Me temo que los canallas nunca escasean, milord.-le respondió con una sonrisa.-Es fácil encontrar repuestos.

-Estoy dispuesto a recompensarte generosamente por toda la información que puedas otorgarnos al respecto. Pero no entiendo porque debería considerar contratar tus servicios o revelarte nada sobre lo ocurrido, cuando otro grupo de mercenarios cazarrecompensas ya ha acudido a mi llamada.

Lord Brannin señaló a Izem y a su tío Sayyid, un hombre de cabeza rapada y perilla prominente, que le hicieron una reverencia gentil a modo de respuesta, mientras aguardaban tras la fila de guardias.

-Oh. ¿Se refiere al mismo grupo que me dejó entrar aquí armada y sin saber realmente quien era?

Se escuchó el quejido de Izem tras la colleja.

-Veo su punto, joven.

Tras pensarlo brevemente, el gobernante suspiró antes de ponerse en pie.

-Que demonios. Al fin y al cabo, cuantos más cazadores haya tras la misma presa, más probabilidades habrá de encontrarla.

Lord Brannin bajó los escalones de piedra del trono, y le ofreció el brazo.

-Acompáñeme, joven. Me gustaría hablar con usted mientras paseamos. Los demás, quedaos aquí. Me gustaría hablar en privado con ella.

Todos obedecieron con una reverencia, excepto por los dos guardias asignados a escoltarlos hasta el jardín. Una vez allí, estos dos se quedaron aguardando en la entrada.

-Hace dos noches, ese canalla al que persigues se atrevió a entrar con nocturnidad en mi palacio.-dijo separándose de ella mientras caminaba entre los setos cortados de forma geométrica.-Trató de llevarse un artefacto de gran valor de mi cámara de tesoros, y cuando los guardias y mi hija lo sorprendieron a él y a sus compinches, la utilizó como rehén para huir. Desde entonces, no he sabido nada de ninguno de los tres, pese a que he ordenado a mi guardia que registren cada nave en el puerto antes de partir, y que no dejen cruzar a nadie las murallas sin identificarlo.

-Todo eso ya lo sabía, aunque se lo agradezco.-le contestó Miss Fortune.-Pero si voy a atraparlo, necesito más detalles sobre lo ocurrido.

-¿Cómo cuales?

-Por lo que he averiguado de él, Blackwater hasta ahora se ha dedicado a saquear rutas y galeras comerciales exclusivamente noxianas, e incluso se ha atrevido con buques de guerra en el Mar del Guardián. Por todo lo que sé, su único motivo para dedicarse a la piratería es un rencor personal hacia Noxus.

Miss Fortune percibió la contracción en el rostro del anciano tras mencionar al imperio.

-¿Y de que puede servirnos eso para atraparlo?-trató de desviar la conversación el regente de la ciudad.

-Que si ha decidido ir a por usted, es que cree que se lleva bien con Noxus. Lo que sí que no puedo explicar, es que si lo que pretendía era robarle, y tomar a su hija de rehén fue improvisado, porque él y sus hombres no la han liberado ya.

-¿Porque iban a hacerlo?

-Porque cuando uno roba algo, lo primero que quiere hacer es desaparecer. Mientras que en un secuestro, lo que se busca es un precio a cambio de devolver a la víctima, por lo que necesitará quedarse cerca para ejecutar la transacción.

-Hmf. Entonces quizás simplemente sea que no lo conoce tan bien como cree, joven.

Sarah no estaba segura de que ese tipo sea de fiar, o vaya a caerle bien.

-¿Y quiere decirme que usted lo hace, a pesar de que no sabía ni su nombre?

Sus miradas se retaron durante un momento. Para Miss Fortune, estaba claro que aquel "rey" se guardaba algo respeto a lo ocurrido. Pero no sabía el que, ni porque se lo ocultaba. Y también estaba claro que no le gustaba que ella estuviera haciendole preguntas, y que estaba aceptando su ayuda a regañadientes. Pero antes de que su discusión pudiera ir a más, fueron interrumpidos por las fuertes pisadas de otro soldado.

Este era diferente al resto. Su armadura plateada estaba mucho más ornamentada y era más gruesa que la de los otros. Una elegante capa de terciopelo azul cubría sus hombros, sujeta con un broche en forma de concha marina sobre su pectoral derecho. El penacho de su casco era mucho más largo, alto y estilizado, y la forma del yelmo solo dejaba al descubierto sus brillantes y hermosos ojos azules, con una línea formándose a partir de la aberturas de estos, hasta llegar a su barbilla. Y cuando finalmente se quitó el casco...

Miss Fortune entonces esperó poder llevarse bien con él. Muy, pero que muy bien. Preferiblemente por la noche, y durante varias horas.

Hacía semanas que no había tenido oportunidad de sudar bajo las sábanas, y este joven parecía satisfacer muchos de sus gustos. Pelo corto y oscuro, barba de bribón incipiente, barbilla prominente, pómulos alzados, y piel atezada por el sol. Y justo después de eso fue cuando notó la envergadura de sus bíceps, al flexionarlos para quitarse el casco.

Lo tenía claro. No tenía intención alguna de irse de aquella ciudad, sin al menos haber saboreado aquellos labios.

-Padre, lamento interrumpiros, pero os traigo noticias importantes.-dijo arrodillándose ante su soberano, llevándose una mano al pecho, y agachando la cabeza en señal de respeto.

Solo una vez este gesticuló para que volviera a ponerse en pie, continuó hablando. No parecía haber notado siquiera la presencia de Miss Fortune.

-Hemos estado siguiendo el rastro del que os hablé por la ciudad, pero solo nos ha llevado a esto.-le extendió un pergamino agujereado en el centro, y siguió hablando cuando lo tomó.-Estaba clavado a un poste en la plaza principal por una flecha. Es de los secuestradores. Exigen un pago a cambio de liberar a Melina.

-Vaya. Al fin una pista. Pero este no es en absoluto el estilo de Blackwater.-dijo Miss Fortune mirando por encima del hombro del barón para leer el pergamino.-Algo no cuadra.

Fue entonces cuando el príncipe de la ciudad notó la presencia de la cazarrecompensas.

-Padre, ¿quién es ella?

-Miss Fortune.-dijo extendiéndole la mano como esperando que se la besara.-Cazarrecompensas a tiempo completo, amante a tiempo parcial. Si necesitas... cualquier cosa de mi, no dudes en llamar a mi puerta.

-¿Otra cazarrecompensas?-respondió el príncipe a su padre, ignorando el gesto y el saludo de la ahora desanimada Miss Fortune.

-No me mires así, no ha sido idea mía.-respondió Brannin sin apartar la vista del texto, mientras lo examinaba con una calma impropia.-Ella misma se ha presentado ante mi en palacio con el nombre del secuestrador, y asegurando conocerle.

-¿En serio?-dijo dirigiéndose al fin a Miss Fortune.-¿Podrías atraparlo? ¿Podrías recuperar a mi hermana?

-Podría hacerlo, guapo.-dijo acariciándole el bíceps mientras se apoyaba en él.-Siempre y cuando puedas convencer a tu padre de que me cuente todo lo que necesito saber.

-Ahm... claro. Yo mismo puedo contarte todo lo que necesites saber.-dijo apartándola un poco de si, incómodo.-¿Qué necesitas saber?

-¿Tiene tu padre contactos o negocios con Noxus?

Antes de que pudiera contestarle, el padre los interrumpió violentamente.

-¡Silencio, muchacho! A ella no le interesa nada de lo que pudieras decir al respecto.

-Pero padre. Si ella puede ayudarnos a encontrar a Melina y a capturar a su secuestrador, ¿no deberíamos darle toda la información relevante posible?

-Vaya. Que te parece.-dijo Miss Fortune apoyando el codo en el hombro del príncipe.-Al final parece que tu hijo es el más razonable de la familia.

Normalmente, su política sería no cabrear al contratante. Pero ahora mismo, tenía la necesidad de molestar a aquel idiota. Un idiota que sin embargo parecía demasiado viejo para tener un hijo tan joven. O bien se había casado ya muy mayor, o se mantenía muy mal.

-¿Sabes que? Haz lo que te parezca más apropiado, hijo. Al fin y al cabo, tú serás pronto quien gobierne esta ciudad. No puedo ser yo el que te enseñe a aprender de tus errores, mientras no estropeen mis planes.

Tras la respuesta de Lord Brannin, el anciano se encaminó de nuevo al palacio, seguido de los dos guardias que los habían escoltado, dejando a Miss Fortune a solas con el heredero de la ciudad.

-Bueno.-dijo ella tomándolo del brazo, y apoyando la cabeza en su capa de terciopelo, mientras lo observaba con una sonrisa coqueta.-¿Hablamos?

-Uh... claro.-le contestó mientras ella lo arrastraba por el jardín, buscando una zona más aislada.

-A todo esto, aún no me has dicho tu nombre.

-Por supuesto. Perdona mi mala educación. Soy Damon Brannin, vice-barón de Holdrum, y próximo lord de los mares.

-Bien, Damon. ¿A qué se refería tu padre con eso de no estropear sus planes?

-Esa es la parte que decías que no quería revelarte, ¿cierto?-respondió él, sonriendo.

-Una de ellas.

-Verás, mi padre... mi padre ha establecido relaciones diplomáticas con Noxus para iniciar un proceso de negociación en el que nuestra ciudad se una pacíficamente al imperio. Tanto porque cree que eso nos traería más riqueza a la larga, como porque teme una futura invasión.

-El miedo y la avaricia me parecen motivadores muy baratos para dar a cambio vuestra libertad.-dijo hablando como solo una joven de Bilgewater lo haría.-Pero no es mi ciudad, al fin y al cabo. Así que no voy a ser yo quien juzgue.

-No eres la única que piensa eso. Muchos en Holdrum también lo hacen. Especialmente los ricos y poderosos. Es por eso por lo que creemos que los asaltantes tuvieron ayuda desde dentro de palacio para ejecutar el robo y el secuestro. Pero el plan se les complicó cuando llegó el cambio de guardia de medianoche.

-No. Es raro que se ejecuten un robo y un secuestro en la misma noche. Demasiados problemas añadidos a un plan que ya tiende a ser complicado de por si. Lo de tu hermana debió de ser una improvisación, por lo que me ha contado tu padre. Así que, ¿qué es exactamente lo que robaron?

Damon detuvo su paso, y apartó su brazo de Fortune para encararla.

-Te contaré todo lo que necesites saber para ayudarte a capturar al pirata que buscas, y salvar a mi hermana. Pero solamente eso. Las propiedades del objeto sustraído a mi familia son algo que solo incumben a la casa de Brannin.-se cruzó de brazos.-¿He sido lo suficientemente claro?

Miss Fortune dio un paso adelante para acercarse a su rostro aún más.

-Me gustan los hombre con carácter.

Cuando ella alzó la mano para acariciarle el rostro, él la tomo de la muñeca. Era fuerte. Sus fantasías sobre como le gustaría que la sujetara comenzaron a tomar forma.

-Por favor, limítate a decirme que es lo que necesitas saber exactamente para salvar a mi hermana. Y recuperar el objeto, si es posible.-dijo antes de soltarle la muñeca.

Miss Fortune le dio la espalda unos momentos, mientras daba vueltas frotándose la barbilla, meditando la respuesta.

-¿Blackwater ha señalado ya un lugar para el intercambio en la nota?

-Sí.

-¿Lo conoces?

-Conozco cada calle en esta ciudad.-respondió sonriendo, con seguridad en sus palabras.

-¿Dirías que es una zona más o menos abierta, o un lugar estrecho?

-No sé que relevancia tiene, pero lo segundo. Es un callejón bastante angosto.

-Hmm... Entonces está claro que no tienen intención de cumplir su parte del trato.

-¿Qué te hace pensar eso?

-Cuando se negocia un intercambio, lo primero en lo que piensan los que organizan el encuentro es en mantener la confianza de sus socios, si lo que pretenden es cumplir su parte del trato. Por eso normalmente se escogen lugares abiertos. Es más difícil encontrar lugares para que posibles emboscadores se agazapen, y menos probable que los socios que has invitado a allí puedan hacer lo mismo. Por eso es sospechoso que elijan un lugar con poco espacio, y menos opciones de huida.

-Si ese es el caso, entonces será mejor que nosotros preparemos nuestra propia trampa cuanto antes.-habló Damon con decisión, dispuesto a encaminarse a hablar con su guardia, hasta que Miss Fortune lo detuvo deslizándose en su camino.

-Mejor que no. Entonces sería más probable que ellos sospecharan que algo va mal, y decidan cancelar el trato antes de presentarse.

-Entonces, ¿qué?

-Tengo una idea. Y el principio de un plan. Pero para eso, cuantos menos seamos, mejor.