Aclaración: Naruto no me pertenece, es de su creador "Masashi Kishimoto". Solo me encargo de crear la historia de mi fanfic sin lucros de su magistral obra.

"Renacer"

Una fuerte explosión se oyó dentro del estadio producto de una inmensa bola negra, pero antes de impactar en toda el área junto con los habitantes que estaba ahí. Apareció repentinamente una extraña capa amarilla que destello con intensidad y lo envolvió en su totalidad, provocando así, que el impactó no fuera tan grave.

No obstante, el fuerte sonido de la explosión junto con el choque del viento, hirieron a algunas personas que salieron volando o resultaron lesionados por los objetos que cayeron.

Cuando toda esta tragedia finalizó, el estadio había desaparecido casi por completo.

El equipo 15 fue testigo de toda esta aterradora escena, siendo protegidas por un clon de Naruto, que apareció sorpresivamente ante ellas.

Sumire aún impactada por lo ocurrido, alzó un poco su vista y pudo ver a lo lejos cómo unos extraños sujetos se llevaban el cuerpo inconsciente del Séptimo Hokage para luego desaparecer en un misterioso portal que se abrió en el cielo.

Namida seguía llorando por el miedo y Wasabi intentó tranquilizarla como pudo.

En eso el clon desapareció junto con los otros que estaban en las afueras del estadio. Repentinamente, un ninja apareció ante ellas.

—Equipo 15. Necesitamos de su ayuda para resguardar a los civiles que fueron afectados en este atentado. ¡De inmediato! —les ordeno y desapareció de un salto para avisar a otros.

Hanabi Hyuga fue la primera en comprender la situación, ahora mismo la mayor prioridad fue en salvar a los aldeanos que protegió su cuñado.

—Namida, ya deja de llorar. Tenemos una orden sumamente importante que hacer —su voz fue directa y seria, tomándole de sus hombros—. Recuerda que ahora eres una ninja de Konoha, y el miedo sólo te hará fallar en situaciones parecidas a esta o hasta poner en peligro a tus propios camaradas.

La muchacha de coletas empezó a secarse sus propias lágrimas y asintió con la cabeza. Eso alegró a su maestra junto a sus dos compañeras. En eso Hanabi hizo una posición de manos y activó su Byakugan, podía ver a todas las victimas dentro del destruido estadio.

De repente hubo algo que la alarmó.

—¡Síganme!

Las tres kunoichis siguieron los pasos de su maestra, que se dirigía a toda velocidad al lugar del incidente. Sumire por un momento recordó que Boruto y Sarada estaban en frente de aquellos dos sujetos de apariencia blanca, y un temor grande sintió dentro de sí misma.

"Espero que estén bien", se dijo mientras aumentaba sus propios pasos.

Al llegar, el panorama fue peor de lo que imaginaban. En las gradas se pudo encontrar a personas inconscientes y sangrando en algunas partes de sus cuerpos, incluso había mujeres y niños implicados en la tragedia.

—¡Sumire, Wasabi-chan! ¡Miren! —fue el grito de Namida.

Ambas pudieron a alguien atrapado entre los asombros, pero lo que llamó su atención fue la vestimenta formal que llevaba junto con una cabellera blanca.

—¡No puede ser! —Sumire corrió hasta ese lugar, mordió su dedo pulgar para colocar su sangre en la palma de su mano izquierda y activar el sello—. ¡Kuchiyose! ¡Nue, quita esas paredes!

La pequeña bestia hizo aparición y liberando sus seis colas oscuras, logró mover partes de los escombros, reconociéndose así, a la persona que yacía en el suelo.

—¡Mitsuki-kun, resiste! —dijo en vano, el chico no respondía a su voz—. Debemos llevarlo enseguida con unos médicos ninjas.

Sin perder tiempo Namida fue en busca de ayuda, mientras ambas se quedaron con el moribundo albino.

—Sumire —llamó Wasabi, quien empezó a curarlo con ninjutsu médico—. Será mejor que vayas con Hanabi-sensei. Ella fue a la dirección donde se encontraban Boruto y Sarada.

—Pero...

—No te preocupes. Yo lo cuidaré —le dio una sonrisa tranquilizante—. ¡Ahora vete!

—Gracias.

La joven Kakei partió con rumbo hacia la desaparecida arena de combate. Ahí pudo divisar a su maestra, que se encontró viendo el estado de... ¡¿la madre de Boruto?!

—¡Hanabi-sensei! —se acercó con prisa.

—¿Sumire? Llegaste en buen momento, necesito que vayas a ayudar a Sarada. Ella se encuentra ahora con Boruto —le informó—. Yo me encargaré de mi hermana. ¡Ve!

Obedeciendo a su orden. Sumire caminó a unos pocos metros en dónde se encontró a la joven Uchiha junto con el inconsciente Uzumaki.

—¡Delegada! —gritó Sarada con desesperación.

Ella se acercó hasta ambos y se agachó para ver el estado del rubio.

—Boruto sólo esta desmayado —dijo, sin despegar sus ojos de él—. El Séptimo se sacrificó para mantenernos a salvo, y mi padre fue tras ellos. ¡Maldición! ¿Por qué esos malditos vinieron a hacer tal cosa? —apretó sus puños con resignación.

—Ellos... ¿Te refieres a los que provocaron esta destrucción?

—Sí.

Sumire pudo notar que algo le ocultaba su compañera, pero decidió pasarlo por alto, ahora lo principal era llevar a su amigo hasta el hospital.

—Sarada. Ayúdame a llevar a Boruto-kun.

—Está bien.


Había pasado seis horas desde lo ocurrido, y los diferentes grupos de ninjas lograron rescatar a todos los afectados. Pero no había mucho espacio en el edificio, por eso tuvieron que armar carpas para atender a los pacientes con menor lesión.

El grupo de Genin fue encargado de apoyar a los médicos y enfermeras en todo lo necesario.

Sumire ya había terminado de entregar los paños mojados a los pacientes del piso 7 y 8. Ahora mismo se encontró en su descanso, fue entonces que decidió visitar la sala donde se hallaba Boruto. Quería ver si había mejorado en algo su condición actual.

No tardó mucho en llegar hasta ahí, pero se detuvo a unos centímetros, escuchando los pequeños sollozos de alguien cerca a la cama del rubio.

—Por favor, Boruto. Despierta.

Sarada estuvo llorando desde hace dos horas, viendo a su compañero, que seguía sin responderle a sus suplicas. Ella recostó su cabeza en la manta blanca, agotada y cansada.

Sumire dio un pequeño suspiro y acto seguido abandonó la sala. Lo comprendía a la perfección. Tanto Boruto como Mitsuki seguía sin poder despertar, y eso quebró emocionalmente a la Uchiha. Pero, por algún motivo, eso le preocupo demasiado.

Se puso a pensar y no entendió para nada de qué era esa preocupación.

Salió al exterior para poder respirar un poco de aire fresco, el hospital resultó ser muy sofocante. Sin embargo, cuando observo a algunos médicos tener dificultades con algunos pacientes, decidió ofrecerse voluntariamente.

Sólo una hora le tomó atender en todas las necesidades a los heridos.

Ya cuando decidió irse ya a su hogar. En un solo parpadeo, vio con asombro y emoción, a un chico de cabellera rubia que corría desde la entrada del hospital.

—¡¿Boruto-kun?!

El chico no la escuchó y continuó corriendo, pero en algunos metros, éste tropezó con un maletín de primeros auxilios. Sumire intentó ir tras él. No obstante, el joven Uzumaki lanzó algo de su muñeca y de nuevo emprendió en su carrera.

La portadora del Nue miró el objeto que tiró y lo recogió, luego observo a su compañero que iba a la torre del Hokage. No tardó en saber el motivo de su reacción.

"Arrepentimiento y culpa"

Se quedó por un rato viendo la herramienta ninja, recordando todo lo sucedido de hace dos días, alzó su cabeza y con decisión firme fue hacia el mismo lugar que él. Tenía que aclarar algunas cosas con él, incluso si eso significada pensar con egoísmo.

Eso hubiera sido lo que Mitsuki le diría en primer lugar.


Le tomó diez minutos en llegar hasta la torre más importante de la aldea, aprovechando que no hubo ningún guardia que custodiara el lugar pudo entrar sin mayores complicaciones. Entonces cruzó por las escaleras hasta el piso donde se ubicaba el despacho del Séptimo, supuso por intuición que Boruto estaría ahí.

Ya faltaba poco para llegar a su destino, pero justo cuando había llegado a aquella puerta, esta se abrió, encontrándose a cinco adultos saliendo de la habitación. Sumire se quedó quieta al instante, aquellas personas eran los cuatro Kages y el padre de Sarada.

—¿Delegada? ¿Qué haces aquí?

La joven kunoichi vio con impresión a Boruto, quien salió último de la puerta, avanzar hasta ella con suma normalidad. De repente Sumire pudo notar que llevaba puesta una casaca distinta cuando lo encontró corriendo, incluso esta lucía muy gastada y vieja, algo impropio en él que siempre vestía todo nuevo y limpio.

—¡Qué sorpresa encontrarte en este lugar 'ttebasa! —habló con una voz llena de vida y energética—. ¿Acaso los demás también se encuentran por aquí?

Por un momento Sumire creyó ver a alguien distinto ante sus ojos.

—Yo...

—Boruto. Es hora de irnos —la voz de Sasuke interrumpió la charla de ambos.

—Oh, claro. Esto... Tío Sasuke, ¿puedes darme un poco de tiempo? —agachó un poco su mirada, sin verlo a los ojos—. Necesito hablar con mi compañera de algo.

El Uchiha vio a su alumno y no necesitó una explicación en absoluto, ya había visto lo suficiente con su Sharingan para darse cuenta que quería arreglar los errores que cometió debido a su estupidez. Éste dio un corto suspiro.

—Sólo cinco minutos.

—¡Gracias, tío Sasuke! —sonrió agradecido por su compresión.

Luego Sasuke se quedó viendo a los Kages.

—Vámonos —dijo cortante.

Los cuatros lo siguieron, yéndose directo a la cima de la torre. Dejando a ambos jóvenes solos en aquel pasillo, produciendo un frío silencio a su alrededor.

—¿A dónde te vas? —preguntó la de ojos violetas.

—Iré a rescatar a mi padre 'ttebasa.

Sumire abrió los ojos por la forma en cómo lo llamó. ¿Qué le ocurrió al Boruto que despreció al Hokage ante de la invasión? Pero entonces se quedó muda al escuchar que lo rescataría, aun sabiendo lo peligroso que sería combatir con aquellos dos sujetos.

—¡Perdóname! —agachó la mitad de su cuerpo en forma de disculpa, asombrándola—. Sé que no me merezco tu perdón o el de los demás. Los engañe de la peor forma y sin medir el daño que causaría en mis actos egoístas. ¡Incluso me siento asqueado conmigo mismo 'ttebasa! Por eso yo...

—No tienes nada que perdonarme, Boruto-kun. El único que se engañó en todo esto fuiste tú nomás —dijo con una voz serena, el rubio levantó su cuerpo para verla—. Además, yo no tengo motivos para odiarte. Nunca lo he hecho. Porque el Boruto que conocí en la academia era distinto al que vi en los exámenes Chunin, pero ahora demuestras quien eres en verdad y eso es lo que importa. ¿Verdad?

Boruto tuvo un destello en sus ojos azules por lo dicho por Sumire, y puedo entender que las palabras de su maestro fueron ciertas. Él vivía de forma distinta a su padre, pero no quería decir que la sensación con las personas que conoció fueran tan distintas.

Sorpresivamente. El joven Uzumaki se asombró de ver cómo Sumire le mostró su dedo meñique, recordándole la promesa de aquel entonces.

—Hagamos una nueva promesa, ¿sí?

—¿Eh? No lo entiendo.

—Me refiero a que esta vez tengamos una promesa sincera y sin nada de engaños.

Boruto dibujo una pequeña sonrisa. Después de todo, Sumire siempre se preocupaba por el bienestar de todos. Y enseguida le enseñó su propio dedo meñique.

—Prométeme que regresarás a salvo, Boruto-kun.

—Lo prometo, delegada.

Y ambos entrelazaron sus dedos sellando su promesa.

Cuando los meñiques se separaron. Boruto pudo notar las lágrimas que escurrían por el rostro de su compañera, y enseguida le entregó un pañuelo.

—Ya es tiempo que me vaya —avisó, volteándose y caminando por el pasillo—. ¡No puedo permitir que esos sujetos se salgan con la suya 'ttebasa!

—Te deseo mucha suerte, Boruto-kun.

El rubio le mostró su pulgar arriba y partió con mucha rapidez hasta el tejado del edificio.

Una vez que Sumire estuvo sola, pudo contemplar a un nuevo Boruto, entonces sacó la herramienta ninja de su bolsillo y dio una cálida sonrisa.

—Boruto-kun ha vuelto a renacer en alguien que ahora aprecia a su padre.

Tal vez el destino puede ser algo cruel e injusto, pero la realidad es que si no lo tomamos en cuenta y no intentamos superarlo, nada de esto cambiará. Eso fue lo que aprendió Sumire cuando conoció al hiperactivo Uzumaki, que con una simple sonrisa pudo iluminar su vida.

No cabía duda que aunque los tiempos cambiaran en el mundo, la tradición de los shinobis perduraría por toda la eternidad y jamás se borraría en su sangre.

F I N

Notas del Autor:

¡Y aquí va la secuela de "Decepción"! No puedo creerme que esté haciendo una trilogía de un simple One-shot. ¡Muy loco en mi opinión! Pero en serio tenía muchas ganas de hacerlo, aun sabiendo que el capítulo fue puro flashbacks a cada rato.

La escena de Sarada llorando, digamos que lo saque de la novela de la película, pues se relata que ella estaba sollozando cuando Boruto estuvo desmayado. Pero, lamentablemente, el anime y la película jamás lo mostraron.

Todavía no estoy muy seguro si habrá una cuarta parte o el final. Sólo me queda esperar cómo finalizada la saga con la batalla de los Otsutsuki y la obtención del Karma de Boruto.

¡Comenten que les pareció este One-shot!

Emilion se despide de ustedes lectores, hasta la próxima.