"Este compilado participa en el Reto Reggaetón Mágico Vol. 2 organizado por TanitBeNajash"

A partir de aquí serán publicados los fics para la segunda edición de este divertido reto que organiza Tanit.

Beteado por: Nea Poulain (mil gracias por ser la mejor, siempre)


Cuando te besé

Nott Pott / Harry!Auror/Theo!Auror


Y cuando te vi
Supe que no era' para mí
Seguro tenías a alguien que no lo ibas a dejar ir, ey
Pero cuando te vi te juro que me decidí
Acercarme y decirte que

Cuando te besé, viajé
Sentí que toqué el cielo, woh-oh-oh
Y no me equivoqué, no-no-no, no-no-no (ah, ah)
Porque lo haría de nuevo, y de nuevo, y de nuevo

Cuando te besé – Becky G, Paulo Londra


Theo no puede apartar la mirada; verde esmeralda se clava en azul zafiro y por varios minutos ninguno parpadea. Finalmente, Harry gira la cabeza hacia los papeles que sostiene en la mano, rompiendo el vínculo.

—¿Estás seguro de esto? —pregunta, arrugando el ceño.

Theo asiente, tragando saliva. Maldice mentalmente a su corazón que late desbocado y al estúpido anhelo que siente en el pecho.

—Segurísimo —su voz sale como un susurro, carraspea y continúa con buen volumen—, revisé la información tres veces yo mismo.

Harry suspira profundamente y se pasa la mano por la cara. Los lentes se levantan cuando lo hace, así que tiene que reacomodarlos.

—¿De verdad quieres trabajar en este caso?

—Me gustaría, sí es posible. Pero Robards no me va a autorizar sin compañero.

—¿No es demasiado personal?

—Justo por eso.

Harry lo mira con atención por unos segundos, se muerde el labio y luego asiente.

—De acuerdo, seré tu compañero.


—¿Vas a ser auror? ¡Estás loco! —le gritó Pansy cuando le dio la noticia de que se había anotado a la academia—. Te van a comer vivo ahí dentro, Theo. Y afuera también.

Theo se encogió de hombros.

—Me comen vivo en donde sea, una de las maravillosas ventajas de esto —se jaló la manga de la túnica para revelar el tatuaje en su antebrazo—, al menos así puedo demostrarles que estoy de su lado; además, puede ser divertido.

Pansy rodó los ojos y exhaló molesta.

—Como quieras.


Bien lo había dicho Pansy. Las cosas no fueron fáciles.

Lo odiaban —en realidad odiaban a su padre y la marca en su cuerpo—. Algunos le temían y otros pocos simplemente preferían mantenerse alejados «por si las dudas». Incluso los maestros dudaban de sus intenciones y en los simulacros «por coincidencia» siempre le tocaba ser el mago oscuro que debían capturar.

Pero también era divertido y emocionante. Aprender cosas y mejorar como duelista. Hacer algo sólo porque quería y no porque su padre se lo hubiera impuesto. ¿Qué importaba no tener amigos ahí? Además, sentía un enorme placer en el sacar mejores calificaciones y resultados que las mismas personas que lo rechazaban. Era una especie de venganza que le sabía deliciosa.

No sabría decir cuándo comenzó a notar que Potter lo trataba distinto al resto de sus compañeros. Pero sí podría señalar el momento exacto en el que empezó a desear acercarse a él. Malfoy se burlaría de él, maldita sea, todos sus amigos lo harían, si se enteraran de ese anhelo secreto que había aflorado a partir de esa vez que tuvieron que trabajar juntos.

Al principio le había molestado saber que tendría que convivir con «el chico que vivió dos veces» o alguno de otros estúpidos apodos que le habían dado. Nunca le había prestado atención en realidad y más bien trataba de mantenerse lejos de él y su grupito —Weasley, Finnigan y Smith—. Así que se sorprendió gratamente cuando Potter se acercó a él después de la clase en la que los habían asignado juntos.

Se preparó para la clásica lista de preguntas: ¿no eras un mortífago?, ¿tu papá no era amigo de Voldemort? ¿Qué haces aquí, chico serpiente? Esas eran las más comunes. Pero en vez de eso Potter sólo le dijo:

—¿Puedo llamarte Theodore?

Alzó la ceja.

—Como quieras, Potter.

Después se enteró que le incomodaba llamarlo Nott porque le recordaba que su padre había sido uno de los allegados a Voldemort. Fue un par de días de trabajar juntos en la investigación. Hacía calor así que Theo se arremangó la camisa dejando al descubierto la marca.

Potter arrugó la nariz cuando la vio y la siguió mirando por unos segundos que parecieron eternos. Theo quería ver su reacción, escuchar lo que decía.

—¿Por qué decidiste ser auror? —por fin dejó de mirar el tatuaje y lo miró a él.

—Porque se me dio la gana.

Harry sonrío, como si eso hubiera sido la respuesta correcta. El corazón le dio un salto y Theo prefirió no pensar en lo que significaba eso.


No es especialmente atractivo. Y esa horrible cicatriz. Pero irónicamente es justo la cicatriz lo que le agrega personalidad. La curva de su nariz y sus labios siempre resecos y mordisqueados. Piensa en morderlos. En besar a Potter.

Finalmente decide que no importa dejarse llevar por las ganas. No es como que tenga mucho que perder, así que el último día de la asignación lo besó. Contrario a su naturaleza de Slytherin se dejó guiar por el impulso y antes de que pensara en lo que estaba haciendo ya estaba encima de él. A pesar de que no era especialmente alto, le sacaba unos centímetros, pero en su costumbre de permanecer encorvado, como si quisiera pasar inadvertido, se encorvaba. Lo que sorprendió más a Theo no fue descubrirse besando a Potter, sino que él le respondiera, al menos por un par de segundos. Luego lo empujó.

—No puedo —dijo con la voz rota y se fue corriendo.

Potter lo buscó un par de días después. Lo miraba distinto. Theo podía ver que se arrepentía del beso y por alguna razón eso le hizo querer llorar.

—Sabes que tengo novia, ¿verdad?

La verdad es que se le había olvidado, pero cuando lo mencionó recordó haber visto a la chica Weasley por ahí en un par de ocasiones.

—No volverá a pasar.

No dejó que Potter dijera nada más, se fue sintiendo el estómago hecho nudos de coraje. Una maldita vez que se había dejado llevar.

Pero no pasaba nada, había sido un beso y ya. Fácil de olvidar.


Trabajar en el Ministerio era distinto a como se había imaginado. Diez veces más papeleo aburrido y casi ninguna oportunidad de acción. Pero en más de una forma era similar a la Academia: la renuencia del resto en trabajar con él, las miradas a su antebrazo —estuviera cubierto o descubierto por igual— y cuchicheos; lo evitaban incluso en los pasillos.

En otra cosa que se parecía era en que no podía dejar de pensar en ese maldito beso. Cada que se atravesaba con Potter en los pasillos o —peor aún— en el elevador venían a su mente la sensación de los labios del otro sobre los suyos. La relación era cordial, pero aquella camadería que habían logrado durante el mes que trabajaron juntos se había esfumado desde aquel incidente.

Y aunque Potter y la chica Weasley habían terminado, según El Profeta por lo menos, Theodore no se hacía falsas ilusiones. Por lo mismo también había tratado de alejarse de él, y tampoco era como que Potter lo buscara mucho. Estúpido compás moral de los Gryffindor.

Pero sabía que si quería que le asignaran la misión tendría que trabajar con él, pues nadie más aceptaría ser su compañero.


Robards aprobó la misión. Obviamente no le iba a negar nada a Potter, su chico auror estrella. Aunque la misión fuera peligrosa y la información falsa. No debían dejar nada de lado cuando se trataba de Voldemort. Aún tres años después de su derrota su sombra seguía pesando sobre toda la comunidad mágica.

La ironía de ir a buscar y apresar a antiguos amigos de su padre le retorcía el estómago a Theo. Pero era en parte para eso que se había enlistado como auror, porque quería vengarse de todos ellos y de las cosas que le obligaron a hacer. Quería vengarse de la muerte de su madre.

Encontraron a Avery, y los dos carroñeros de poca mota que habían logrado ocultarse con él. Theo disfrutó especialmente ver la cara de sorpresa cuando vio quién lo acompañaba.

—Siempre supe que eras una desgracia para tu padre, Nott.

Theo esquivó el ataque. Potter ya estaba enzarzado en combate con los carroñeros, podía con ellos dos y más, así que decidió concentrarse en defenderse y atacar al mortífago. Era un duelista experimentado, pero Theo también. Además se le había olvidado que por mucho que pregonaran la idea del honor, el sangre pura era un maldito tramposo. Theo se preparó para rechazar uno de los hechizos, pero éste no se dirigió a él, sino a Harry que había logrado inmovilizar a uno de los carroñeros pero seguía concentrado con el otro.

—¡No!

El grito sirvió para que Potter pudiera esquivarlo por los pelos, el encantamiento seccionador alcanzó a cortarle. Theo rezó que fuera superficial porque tuvo que volver a prestar atención a Avery, quien había vuelto a atacarle. Confiaba en que Potter estuviera bien. Renovó el ataque enfurecido, lanzando hechizos y maldiciones.

Finalmente logró derrotarlo, arrancarle la varita y petrificarlo. Agotado se apresuró a ayudar a Potter. Se sostenía el abdomen que sangraba profusamente, pero seguía defendiéndose del carroñero. Entre los dos fue fácil derrotarlo, dejándolo inconsciente.

Potter se dejó caer en el piso. Theo sintió la desesperación reptar por su garganta y corrió a ayudarle, se arrodilló a su lado.

—Estoy bien —dijo Harry jadeando, desabrochándose la túnica para ver mejor la herida.

—Ni madres que estás bien, Potter, estás sangrando mucho.

Afortunadamente la herida era superficial. Theo respiró aliviado. Como parte del entrenamiento de auror les enseñaban a curar heridas, así que comenzó a limpiar y curar mientras que era consciente de la mirada de Potter.

—Deberías ir con un sanador cuando volvamos, por si las dudas —dijo sólo para romper el silencio, mientras seguía curando.

Nah, ya les doy suficientes problemas.

Theo soltó una risilla. Era cierto.

—Además —siguió hablando Potter—, me gusta que me estés curando.

—¿Te gusta estar herido? —bromeó Theo sin mirarlo.

—Me gusta saber que puedo contar contigo —Harry tomó la muñeca de la mano de Theo, deteniéndolo de su labor—. Mírame, por favor.

Theo obedeció. Harry lo estaba mirando con intensidad, como siempre que se miraban a los ojos era como caer de un precipicio sin varita para detener la caída.

—¿Qué pasa, Potter?

—Pasa que no me he podido sacar el jodido beso de la mente. Y me siento como una mierda porque ya hace meses de eso, y además en ese entonces estaba con Ginny pero ya no lo estoy y —tomó aire—, ¿puedo besarte?

Theo sonrío. Él tampoco había olvidado el beso, pero nunca se esperó que Potter pensara en él de la misma manera. Aliviado de no ser él quien lo admitiera, asintió.