Disclaimer o Descarga de responsabilidad: Harry Potter y sus personajes no me pertenecen. En serio, sino Sirius y Dobby seguirían vivos y Harry hubiera ido a terapia.

Nota de Autor: Probablemente tarde en actualizar nuevamente, se viene la semana de exámenes en mi universidad, y voy a estar muy inmersa en el estudio y llorando aleatoriamente por el estrés, como para escribir, pero espero no retrasarme mucho. Gracias por los reviews! Es muy agradable saber que el fic guste.

A javi30, Ron es un personaje muy humano, tanto como el mismo Harry (impulsivo, tiende a la ira, despistado), pero ambos tienen sus características redentoras y a pesar de que amo a Harry, me resulta más divertido escribir desde el lugar de alguien con más fallas, más egoísta. Es interesante trabajar desde su perspectiva, imaginar que es lo que está sintiendo, como va a reaccionar y saber que esas reacciones no siempre van a ser buenas.

A GabiLime14, ¡Gracias! Me gusta el entusiasmo. Sí, Cedrella es un personaje bastante desconocido, lo único que se sabe de ella es su nombre y el hecho de que fue repudiada por los Black al casarse con Septimus Weasley, por eso fue tan fascinante trabajar con su personalidad, pensar que tipo de mujer sería. El esbozo de persona que vino a mi mente es la que intenté plasmar en los capítulos.

A moriel8, gracias, voy a intentar lo más rápido posible, aunque no se con precisión si será antes o después de los exámenes.


Hello, hello - nice to meet you, voice inside my head

Hello, hello - I believe you, how can I forget

Is this a place that I call home

To find what I've become?

Walk along the path unknown

We live, we love, we lie

Deep in the dark I don't need the light

There's a ghost inside me

It all belongs to the other side

Alan Walker, The Spectre


A pesar de haber hecho un tentativo aliado, no podía pasar mucho tiempo con Cedric y los gemelos, para alegría impía de Fred. Los días pasaban más rápido de lo que esperaba, y con eso aumentaban las lecciones con su abuela, quien parecía cada vez más cansada mientras se recostaba en el acomodado solar de "La telaraña" como sus hermanos habían odiosamente apodado a la casa. Ella le había pedido a su padre más tiempo para sus lecciones, y Arthur había aceptado, sonriendo tristemente mientras acariciaba la mejilla de su madre.

Ron había visto el intercambio con sombría resignación. Lo que antes parecían ser unos pocos años antes de que Cedrella partiera al otro lado del velo, ahora se habían reducido a, con suerte, dos.

La mujer que vigilaba atentamente distaba de la imagen sana y fuerte de lo que Cedrella había sido hace solos unos meses. Y dolía, desgarradoramente, desde el centro de su pecho, que no fuera algo que pudiera parar. No era una enfermedad, y tampoco era la edad.

Cedrella moría lentamente de un corazón roto, desde la partida de Septimus.

Ron había tenido la esperanza de que sus recuerdos se equivocaran, y que su abuela permanecería con ellos un poco más. Esa esperanza había crecido desde que se había enterado del contacto permanente que ella tenía con los Black restantes, tuvo la ilusión de que todos ellos serían suficientes como para anclarla de este lado.

Pero no era tan simple como eso.

Cedrella pareció sentir sus pensamientos y antes de que siquiera se percatara de que se había levantado de su lugar, recibió un suave golpe en la parte posterior de la cabeza. Miró fulminante a su abuela, que sostenía el dorso de su mano con demasiada elegancia para recién haberlo golpeado por distraerse.

- Ron, cariño, atento- Lo reprendió con suavidad, mientras señalaba a la pluma que había generado una pequeña mancha de tinta en el pergamino, al no moverse.

Él suspiró antes de concentrarse nuevamente en su tarea. No pudo evitar la mueca que se formó en su rostro.

Ron odiaba las matemáticas. Con fervor. Miró fulminantemente su hoja de ecuaciones del día. Él era… ¡iba a ser un mago!, las matemáticas no sirven para hacer magia, excepto para quienes estudiaran aritmancia, que viendo su capacidad actual, él probablemente no iba a tomar. No, no señor.

Claro, podrían ser útiles. Ayudaban en la creación de hechizos y descomposición de los mismos, eran necesarias para ser un rompedor de maldiciones como Bill. Ron admitiría que en teoría, sonaban geniales. Pero la práctica lo iba a matar más rápido que esas acromántulas que aparentemente se esconden en el Bosque Prohibido de Hogwarts.

Su abuela se percató de su distracción y exhaló cansadamente, antes de volver a la extraña silla de mimbre colocada al lado de los asfódelos. Con ayuda de Callidora, había creado un pequeño cultivo de variados ingredientes para pociones. Cedrella no había dejado de murmurar lo agradecida que estaba del matrimonio de Callidora con Harfang Longbottom, quien había fallecido recientemente.

El difunto marido de su tía había sido conocido ampliamente por su amor a la herbología y por ser uno de los mayores distribuidores de boticarios con respecto a ingredientes de pociones de origen vegetal. Le había enseñado a su esposa su mayor pasión, y aunque Callidora no era exactamente una amante del tema, había estado gustosa de poder compartir algo de tiempo extra con su marido. Ahora, la herbología se había vuelto algo terapéutico para ella, aliviaba un poco su dolor.

Ayudar a Cedrella le había dado una distracción bienvenida, sin olvidar, poder hablar con alguien que comprendía perfectamente su duelo. Callidora jamás se había llevado bien con su nuera, por lo que incluso en su aflicción compartida, no podía soportar visitarla. El conocido disgusto de Augusta Longbottom por lo que ella consideraba "familias oscuras", no facilitaba la relación.

Cedrella la había instado a acercarse a su bisnieto, pero su tía abuela se veía dudosa de ser bienvenida en el hogar de Augusta. Desde el ataque a Frank y Alice, la mujer adusta se había vuelto más hostil hacia ella y no quería que su bisnieto sufriera más de lo necesario.

Su abuela carraspeó con fuerza, sus ojos plata desaprobadoramente mirando desde él a su hoja casi en blanco. Ron frunció el ceño, no era su culpa que su mente vagara tan fácilmente. Abrió la boca para expresar verbalmente su descontento cuando escuchó con claridad el sonido de las llamas chispeantes de la chimenea flu. Los pasos consiguientes eran demasiado pesados para pertenecer a ninguno de sus padres, y Ron miró alarmado a Cedrella, cuyos ojos parecían casi presumidos.

¿Acaso ella había…

Un hombre de aspecto jovial entró al solar. Su sonrisa era extensa y tenía líneas de risa alrededor de los ojos, había algunos mechones grises intercalados en el negro de su pelo, cuidadosamente arreglado en una coleta baja. Si él no conociera lo desconcertante que era adivinar la edad de los magos, diría que parecía de la edad de sus padres pero… No, sus ojos eran del mismo color que Cedrella. Un Black, Pollux Black si no había adivinado mal.

Cerró los ojos con fuerza. Su abuela lo había hecho, había llamado a una reunión Black con él todavía presente. A pesar de lo mucho que lo había estado evitando. A través de su respiración cada vez más agitada, centró su vista en Cedrella, quien se había levantado de su silla y recibía a cada vez más personas.

Él no estaba listo, por Merlín, todavía no estaba preparado para eso. Era demasiado pronto. Las maños de Ron temblaban y su corazón latía dolorosamente en sus oídos. Tal vez debería haberse quedado en su casa por el día. Histéricamente se dio cuenta que sería imposible escapar en una habitación llena de magos y brujas experimentados, oh por Nimué, ¿por qué Cedrella había hecho eso?

- Ronald, cielo, respira.

Pero él no podía, por Morrigan y todos los dioses antiguos, no podía. Su visión borrosa distinguió al amable rostro de Callidora frente a él, sus manos ajadas por el trabajo tocaron sus mejillas.

- Ronald.

"Ronald, por el amor de Dios, compórtate"

Ron respiró. La voz de la chica era mandona, exigente de una manera casi afectuosa, y él dejó que sus palabras lo envolvieran. Era muy extraño escucharla fuera de un contexto desagradable. Atesoraba cada trozo de buenas memorias que podía obtener, incluso si eran retazos sueltos y sin conexión. No era sangre pura, eso era seguro, nadie juraba al Dios judeocristiano, no si tienen al menos cuatro generaciones de magos era… era irrespetuoso, por decirlo de alguna manera. La sociedad mágica no era ajena a los conceptos religiosos, pero si había algún tipo de creencia instaurada pertenecía al dominio de los viejos druidas, las tradiciones más antiguas y los viejos dioses, celtas, nórdicos, o al panteón a quien el clan le rinda honor. Uno de los principales argumentos en contra de la integración de los hijos de muggles, era su poco respeto a las tradiciones. Cedrella le había contado entre susurros lo furioso que había estado su padre cuando eliminaron Yule, e instauraron navidad. Ni siquiera se hable del casi levantamiento que se produjo cuando comenzó a llamarse Halloween al Samhain.

Ron abrió los ojos casi perezosamente. Su mente era un revoltijo de pensamientos, y cuando se adentraba en uno, era difícil estar presente en la realidad. Sin embargo, se sintió analíticamente observado por ojos que no pertenecían a Cedrella y Callidora, personas que no tomarían una descompensación de buena manera. No necesariamente un peligro, pero tampoco una mano amiga. Se enderezó con brusquedad ante la repentina claridad de sus pensamientos.

La voz de su madre le susurró desde los recovecos de su memoria.

" - Frente en alto, cariño, porque si somos traidores, lo somos con orgullo."

Y Ron enfrentó por primera vez, desafiante, los rostros de los remanentes de la familia Black.

Cedrella sonrió.


Arcturus no esperaba con ansias la reunión de esa tarde en casa de Cedrella. Asistiría para no agraviar su delicado estado de salud, que parecía empeorar con el pasar de los meses. Él frunció el ceño al pensar en eso.

Si bien, había comenzado a acercarse al resto de su familia por pedido de su amada Melania, no podría negar que había extrañado a los Black restantes, incluidos los traidores a la sangre. Cedrella, junto a Charis, habían sido sus primas favoritas, y había tomado su casamiento con Septimus como una ofensa personal. Los había abandonado por un hombre con nada más que una sonrisa y una promesa, sin siquiera un nombre respetable sobre su espalda. Y ella aceptó, cortó todo lazo con personas que la amaban mucho más de lo que ese idiota pelirrojo podría jamás pensar.

Si había alguien a quien Arcturus había llegado a odiar con pasión, a lo largo de los años, era a Septimus Weasley, quien se mantenía imperturbable en su felicidad. Apenas se enteró del casamiento, Arcturus había querido destrozar con un reducto la maldita sonrisa del Weasley, quién había tenido la osadía de estar desconcertado cuando recibió una negativa a su petición de estar en la ceremonia.

Arcturus había pensado que el maldito traidor a la sangre se estaba burlando de todos, de lo que les había quitado. La mayoría de ellos todavía obedecían al anterior Señor Black, y tenían prohibido mantener contacto alguno con Cedrella, o ser asociados con su más reciente deshonra. No es que quisieran, ella había elegido al Weasley en lugar de su familia, siendo plenamente consciente de lo que eso significaba para sus hermanas y sus primos. Charis había llorado durante días y Callidora hechizaba a cualquiera que se atreviera a traer el tema a colación.

A pesar de su claro rechazo, Cedrella le había mandado cartas por cada nacimiento de sus niños, y había enviado un furioso vociferador cuando no le había informado sobre el nacimiento de Lucretia y Orión. Admitía sentirse algo avergonzado por esto último, pero que no se dijera que los Black no sabían guardar rencores.

Pero los años pesaban en su cuerpo, sus articulaciones dolían con cada movimiento y desde la muerte de Melania, parecía que haber perdido toda la fuerza para mantener su odio. Durante el último acercamiento de Cedrella luego de la muerte de Orión, Arcturus no pudo evitar refugiarse en la calidez que ofrecían los brazos de su prima y llorar. Callidora, vigilante desde la puerta, había tomado la pequeña debilidad que se permitió con ellas y se aferró con fuerza de esa soga. Ninguna de las dos le permitió volver a alejarse, y él tampoco lo deseaba, por mucho que le gustara aparentar.

Lo que lo hizo odiar mucho más a Septimus Weasley, quien incluso después de la muerte, no podía evitar arruinarle la poca comodidad que había logrado obtener en sus últimos años. Arcturus entendía el dolor de Cedrella, al igual que muchos de sus familiares, incluyendo a la pobre Callidora, pero no podía evitar resentirse con el difunto Weasley por causarle tal aflicción a su prima. Por quitársela nuevamente.

Cassiopea refunfuñaba por lo bajo, diciendo que estaba siendo deliberadamente obtuso, pero Arcturus argumentaba que ella jamás entendería el dolor de perder a cónyuge, habiendo evadido exitosamente un matrimonio desde su juventud. Pollux lo había maldecido por el comentario, lo que era entendible por haber ofendido a su hermana, pero aun así lo molestaba. Además, si Cassiopea lo hubiera querido herir, lo hubiera hecho ella misma.

No es que ninguno de los dos pudieran reprocharle nada, ambos hermanos seguían odiando a Cygnus II, su padre, incluso si ya llevara más de cuarenta años muerto. No podían perdonarlo por haber repudiado a Marius, el menor de los cuatro hermanos, por ser un squib. Se resentian incluso a si mismos por no poder evitarlo, rebelarse hubiera significado también ser expulsados. Ellos y Dorea habían sido solo niños cuando eso sucedió.

Marius era un tema delicado para ambos hermanos, y generaba discusiones interminables.Y Dorea ya no estaba entre los vivos para pacificarlos, su pobre y dulce prima.

Uno de los mayores arrepentimientos de Arcturus había sido no haber vuelto a visitar a Dorea antes de su prematura muerte junto a su hijo. No eran un secreto los problemas que él había tenido con Charlus, causados principalmente por las diferencias de opinión. Las pocas visitas que había realizado Arcturus a Dorea, en Estados Unidos, habían terminado en duelos entre él y Charlus.

Pero luego de su muerte, era muy difícil mantener cualquier resentimiento hacia el devastado Charlus Potter. El pobre hombre se había aferrado a la túnica de Arcturus como si fuera un niño perdido, porque de entre el mar de caras reunidas alli en el recinto, era el único que había conocido a su esposa, que entendía a la maravillosa mujer que el mundo había perdido. Ni Pollux ni Cassiopea habían podido asistir al funeral, ambos ensimismados en su propio dolor como para aliviar el de alguien más.

Ambos se habían mantenido en contacto desde entonces, y había sido Arcturus quien le había informado de la muerte de Fleamont, y luego la de James y su esposa. Cuatro días después de la caída del Señor Oscuro, Charlus apareció borracho en su casa, llorando y gritando sobre la injusticia de todo. Había arremetido contra los muebles, a la manera muggle, porque Arcturus lo había desarmado de su varita. Golpeó la pared, pateó las mesas y sillas, discutió con su reflejo sobre si él estaba maldito a ser el único superviviente de su familia y luego se desmayó en su sillón.

A la mañana siguiente, Arcturus le había dado una poción para la resaca, lo había mandado a darse un baño y una vez presentable, le informó sobre Harry Potter.

A veces aparecía en las reuniones de Cedrella cuando se encontraba en el Reino Unido, tratando de abogar por la custodia del niño-que-vivió y siendo reiteradamente rechazado.

Charlus no era de la línea principal de la familia Potter, había sido el hermano de Henry Potter, el bisabuelo del actual vástago de los Potter, por lo que tenía el mismo nivel de parentesco que muchas otras familias del mundo mágico y aparentemente era algo de vital importancia a la hora de ser el guardián del venerado niño. Lo cual era ridículo, porque Charlus era el último Potter restante, un consumado ex – auror estadounidense, y aun así le estaban negando la custodia de lo único que quedaba de su familia. Arcturus respetaría al hombre por no darse por vencido, lo intentaba cada dos meses, todos los años, sin falta.

Pollux le había susurrado sus sospechas de que el menor de los Potter estaba siendo resguardado por magia de sangre. Arcturus podía apreciar las defensas de algo tan poderoso como la magia de sangre, pero no era fiable. Él había estudiado el tema, por muy ilegal que el ministerio lo declarase, y era un tipo de magia muy inestable si no había sido preparada con antelación. Lo divertido de la prohibición del Ministerio, era lo fácil que era realizar magia de sangre. Los requisitos mínimos eran intención y un sacrificio de sangre.

Por lo que había escuchado, ambos Potter se habían sacrificado para proteger a su hijo y era muy sencillo que eso se hubiera desembocado en una accidental invocación a una protección de sangre. Dudaba que el hijo de Fleamont supiera de tal tipo de magia, y aunque le habían informado de los talentos de Lily Evans, la niña no habría tenido acceso a esa clase de información tan celosamente resguardada por las familias antiguas y los recelosos libreros del Callejón Knockturn.

Arcturus podía fácilmente imaginarse como sería la reunión de ese día.

Charlus le había informado de su último e infructuoso intento, por lo que estaría el resto de la reunión de mal humor. Pollux probablemente discutiría con Cassiopea por quien podría animar al enfurruñado Potter, y Callidora no podría disuadirlos de discutir al estar distraída por el nuevo jardín de Cedrella, el cual había ayudado a construir. Cygnus miraría todo con disimulado desdén antes de informarle sobre el último berrinche de Druella, su odiada esposa, a quien habría nuevamente intentado mudar a la casa de su hermano Alastair, quien posiblemente se había negado. Cygnus estaba al tanto de las razones de su cuñado, pero mientras la mujer siguiera viva, no dejaría de intentar.

Alastair Rosier culpaba a Druella de la muerte de su hijo, Evan, algo que tanto Arcturus como Cygnus podrían admitir.

Tanto los Black como los Rosier eran creyentes sangre pura, pero no eran fanáticos ciegos y no se inclinaban ante nadie. Cygnus había intentado inculcarles esto a sus hijas, pero solo Narcissa parecía haberlo medianamente escuchado. Bellatrix había abrazado las ideas de su madre con devoción y Evan había pasado demasiado tiempo cerca de su tía como para que no tomara también sus ideales. Andrómeda los había ignorado a todos y se había casado con un hijo de muggles. Pollux había estado riéndose de su hijo por esto durante casi dos décadas, gesto que Cygnus no apreciaba.

Arcturus no tenía ganas de repetir ese circo siempre, pero todos habían estado de acuerdo en que a Cedrella no le quedaba mucho tiempo y era mejor aprovechar lo que quedaba.

Primero había sido por Melania, luego por Cedrella, pero en el fondo, a él le agradaba pasar tiempo con su familia. Por muy molestos e infantiles que fueran todos, a pesar de que la mayoría ya había sobrepasado los cincuenta años.

Pollux apareció en su hogar, sonriendo tan alegremente que a Arcturus le hubiera encantado cerrar estruendosamente la puerta en su cara, pero no tendría el mismo efecto puesto que su primo había entrado por la conexión flu. Dejó de lado el pergamino en blanco dónde había estado intentando escribir una respuesta a la última carta de Lucretia. Su hija estaba preocupada por la salud de Ignatius, quien se negaba obstinadamente a dejar su puesto en el Escuadrón de Reversión de Magia Accidental, a pesar de que su herida desde su último trabajo todavía no había terminado de curar.

Arcturus suspiró mientras refregó cansadamente sus ojos. Si Ignatius fuera un Black, podría hacer algo para evitar que fuera tercamente al trabajo sin recuperarse del todo, pero él era un Prewett y Arcturus no era su jefe de Casa. Esa familia ya no poseía un Jefe de Casa, desde la muerte de los gemelos Prewett y del padre de Molly Weasley, aunque alguno de los hijos que ella tuvo con Arthur podría tal vez tomar la silla vacante en el Wizengamot si adoptaban el apellido. Muriel se había negado a tomar tal papel, diciendo que no era propio de una dama hacer ese trabajo. Lancelot también había esquivado su deber junto con Ignatius, alegando que no eran de la rama principal, aunque lo único que quedara de esa rama era la misma Molly Weasley.

Pollux palmeó amigablemente su espalda, y Arcturus guardó su pluma y la tinta en el estante con resignación. Su primo casi físicamente lo arrastró a la chimenea, no entendía el porqué de su emoción. No iba a preguntar, pues a Pollux le gustaba demasiado el sonido de su voz y Arcturus no tenía deseos de escucharlo divagar.

El otro Black siempre vibraba de energía y Arcturus tenía la sensación de estar tratando continuamente con un niño, en lugar del mago de setenta y seis años que era su primo. Se agarró con fuerza al brazo de Pollux mientras la vista a su casa desaparecía en el confuso revoltijo de colores.

Odiaba el viaje flu, a su edad no debería usar tales métodos de viaje, pero la aparición le resultaba sumamente desagradable.

Salió de la chimenea de su prima, soltándose del brazo de Pollux con rapidez. Sus labios se contorsionaron en una mueca al notar el hollín en sus túnicas, razón de más para odiar ese maldito transporte. Por indecoroso que fuese, preferiría subirse al Autobús Noctámbulo antes que entrar en las llamas verdes.

Callidora los saludó a ambos con un beso en la mejilla, y Cassiopea, quien salía de la chimenea tras ellos, golpeó a su hermano en el brazo antes de sonreír con suavidad a Arcturus. Cygnus todavía no había llegado y dudaba que Charlus apareciera, no sin antes asegurarse de ser el último. No sabía quien le había dicho a su amigo que llegar tarde era elegante, pero definitivamente lo iba a petrificar por al menos unas horas, si lo llegaba a encontrar, por darle tantos dolores de cabeza. Teniendo en cuenta el extraño humor de Dorea, probablemente había sido ella antes de morir.

Escucharon la voz de Cedrella proveniente del solar de la casa, una maravilla que había construido Septimus como regalo de cumpleaños a su prima. Una de las pocas cosas que ese idiota no arruinó, Arcturus pensó con amargura.

La sonrisa de Pollux se amplió. Los miró de reojo antes de caminar apresuradamente hacia el solar.

Arcturus miró a Cassiopea, buscando una respuesta ante el comportamiento de su hermano y ella lo enfrentó con igual confusión. Lo que sea que causara el comportamiento de Pollux, ella no estaba involucrada. Ambos siguieron a Callidora, que parecía tan aprehensiva como ellos.

Al llegar, todo en el lugar se encontraba exactamente igual que la última vez que fueron. Incluida Cedrella, quien se veía empequeñecida por la silla de mimbre sobredimensionada que le gustaba usar. Incluso su debilitado estado, se levantó con toda la gracia de una dama.

A pesar de ser siempre la primera en acercarse a su hermana, Callidora se quedó extrañamente quieta en su lugar, mientras miraba lejos de dónde se encontraba Cedrella. Arcturus siguió la dirección de sus ojos y se sorprendió al encontrar a alguien más con ellos. Involuntariamente retrocedió un paso, todo el aliento se escapó de sus pulmones, porque allí había un fantasma, sacado directamente de los recuerdos de Arcturus de Hogwarts. La extraña visión parecía estar tan sorprendido como ellos, sus pequeñas manos arrugando un pergamino con fuerza.

Tenía el mismo pelo rojo que en antaño, y tal vez fuera el tiempo empañando sus recuerdos, pero el color parecía más intenso. Las pecas en su rostro tan abundantes como las estrellas en el cielo, esparcidas sin orden alguno por su dolorosamente familiar rostro; los mismos brillantes ojos azules que se había cruzado innumerables veces por los pasillos del castillo, que lo veían con burla o enojo, que alguna vez le habían pedido silenciosas disculpas por haberle involuntariamente quitado a Cedrella, los mismos ojos a los que aprendió a responder con desdén y odio. No había una sonrisa descarada allí, no había reconocimiento en esa mirada, pero no había duda de que el niño era una réplica de quien alguna vez había sido Septimus Weasley.

Arcturus soltó un tembloroso suspiro, como si temiera que respirar haría que el fantasma desapareciera.

Callidora salió de su estupor, avanzando rápidamente hacia Septimus y el viejo Black tuvo que retenerse físicamente de no agarrar a su prima para hacerla retroceder. El rostro de la viuda estaba plasmado de preocupación, tocando con suavidad la mejilla del niño quien no estaba reaccionando. Cedrella veía toda la interacción plácidamente y Arcturus tuvo el histérico pensamiento de que tal vez estaba alucinando, sino nadie estaría tan tranquilo con un muerto de carne y hueso entre ellos.

- Ronald, cielo, respira.

Y con esas palabras la tensión abandono sus viejos huesos y el aire pareció volver a ser respirable. Ronald, como el hijo menor de Arthur. Arcturus soltó un tembloroso suspiro, porque por un momento, realmente creyó estar viendo a Septimus y había cosas que no podría soportar.

Pero Ronald no parecía estar escuchando a Callidora, sus ojos fijos en las figuras reunidas en la habitación, pero sin ver a nadie realmente. Su respiración era rápida y Arcturus se percató de un leve temblor en las manos que seguían arruinando el pergamino de lo que ahora reconocía como ecuaciones. Hoy probablemente era un día de lecciones, al igual que la reunión Black, y teniendo en cuenta el rostro del niño, su prima no le había avisado de tal superposición de encuentros. Arcturus ya estaba mentalmente planeando que otra fecha podrían estar todos disponibles, y como sacar a los Black restantes de la habitación sin alterar más el estado del niño. Traidor a la sangre o no, seguía siendo un niño pequeño y no había razones para asustarlo.

Cedrella interrumpió sus pensamientos.

- Ronald - dijo repentinamente, como si de una regaño se tratase. Y a pesar de la falta de delicadeza de su prima, eso pareció hacer efecto en el niño quien tomó una profunda inhalación. Y levantó su mentón, enderezándose, para mirarlos con todo el desafío que su pequeño cuerpo podía generar.

Y allí, en esa mirada, estaba Cedrella. Desde la forma en la que sostenía su cuerpo, a como había cuadrado los hombros, ambos brazos tranquilamente colgados a los costados, evitando la usual postura defensiva que habría delatado su incomodidad, pergamino olvidado en el suelo. Incluso en la ligera inclinación de su rostro hacia atrás, incitándolos a decir algo su presencia allí, una clara invitación para desgarrarlos verbalmente con cualquier enredo venenoso que probablemente estaba resguardando celosamente en la punta de su lengua. El niño era una desconcertante mezcla entre el irritante Septimus y la rebelde Cedrella en su niñez, como si hubieran combinado ambos recuerdos directamente desde la cabeza de Arcturus simplemente para joder con su visión del mundo.

Por el rabillo del ojo, vio a Cedrella sonreír con algo similar al orgullo y tuvo que reprimir el deseo de resoplar. Por supuesto que estaría feliz con la actitud de su nieto, vieja narcisista. El niño pareció percatarse de los mismo, pues miró a la mujer con reprimenda, y Arcturus tuvo conscientemente que evitar hacer una mueca por lo desconcertante que era ver el rostro de Septimus formar esos gestos.

Luego de que pasaran los minutos y ninguno de los Black dijera nada, Ronald se relajó, sus mejillas sonrojándose por la vergüenza, en lugar del claro desafío anterior. Era casi adorable la forma en la que comenzó a moverse inquietamente en su lugar, como si no pudiera manejar toda la energía que tenía. Lucretia solía hacerlo seguido cuando era una niña, un hábito que Arcturus jamás pudo lograr que abandonara en su totalidad, y le hubiera resultado entrañable si el niño no caminara con el rostro de un fantasma, incomodando notablemente a los Black que no eran Pollux y Cedrella.

Callidora parecía tan incómoda como él, pero lo sabía ocultar mejor. Probablemente ya se había encontrado con el niño antes. Arcturus suspiró cansado, pasando una mano por su rostro. Había una razón por la que se había negado rotundamente a conocer a los hijos de Cedrella, tiempo atrás, y luego a sus nietos.

Su prima lo sabía perfectamente, y aun así lo había hecho. Lo que fuera que planeara, tenía una razón válida para incomodarlo, arriesgándose a que jamás volviera voluntariamente a su casa. Y estaba tan tentado a simplemente salir y volver a ignorarlos a todos, pero estaba cansado de repetir el mismo juego todo el tiempo y toda su paciencia había sido escurrida de él por sus hijos.

Miró al niño que llevaba el rostro de Septimus y esperó que quedarse no fuera un error.


Ron comenzaba a entender por qué su abuela había hecho hincapié en la mirada Gamp.

Entre todos los Black, era fácil distinguir quien era Arcturus, si no fuera por ser el único con el cabello completamente blanco por la edad, sería por sus ojos. Eran de un vibrante y casi sobrenatural violeta, y estaban completamente fijos en él, fríos y analíticos. Le ponían los pelos de punta.

Si no se equivocaba, la bisabuela materna de Arcturus era una Leanan Sidhe, a quien se le adjudica la suerte que tuvo Ulick Gamp en vida y razón de su muerte prematura. Pero no se la acusó públicamente porque Ulick estaba al tanto de las consecuencias de su relación, todos saben que vidas gloriosas y cortas le esperan a aquellos que se dejan enredar por la dulzura de las Leanan Sidhe. Y como dijo Cedrella años atrás, en una de sus primeras lecciones, le dio tres hijos, que es todo lo que su tipo puede otorgar luego de haber amado a un mortal.

Esos ojos que pertenecían a los Aos Sí, y resultaban fuera de lugar en el aristocrático rostro Black. Parecían venir de tiempos anteriores al Estatuto, eran una declaración y un desafío, todo a la vez. Especialmente, teniendo en cuenta la infinidad de encantos que existían para ocultar tal llamativa tonalidad. Casi podía imaginar la indignación del resto de las familias mágicas, el tener que obedecer e incluso pretender ser amable con alguien con rasgos tan claramente sidhe, como los debía volver locos que sea él quien tuviera el dominio sobre la Casa Black. Podría ver fácilmente como ese hombre frente a él se había vuelto despiadado, había que desarrollar un tipo especial de dureza si sangre tan fuerte como la suya mostraba características notables. Eran extraños, aterradores, especialmente porque jamás antes los había visto.

Ron no recordaba a ninguna de las personas en esa habitación, con excepción de Cedrella. No había memorias y no había ningún susurro, nada que le dijera que en otra vida podría haberlos conocido y esa incertidumbre era incluso peor que tener dos imágenes superpuestas. No había consejos, no había guía, eran solo ellos y él, y el ensordecedor espacio en su cabeza dónde el fantasma de sus memorias, quien le daba las respuestas que necesitaba, no estaba presente.

No había nada a lo que aferrarse más que él mismo. No sabía si estaba listo para eso, en especial en algo tan delicado como presentarse formalmente a la familia Black. Eso encaminó sus pensamientos nuevamente.

Teniendo en cuenta la reacción de Arcturus y el resto de los Black, esto no era planificado. Cedrella lo estaba poniendo a prueba. Miró al anciano y presionó fuertemente sus labios. No, los estaba poniendo a prueba.

No sabía a qué estaba jugando su abuela, pero no le estaba gustando.

Suspirando, se enderezó e inclinó la cabeza respetuosamente ante el Jefe de la familia Black. Cortesía ante todo, pero no falsedad; primera lección de etiqueta de su abuela. Tal vez fuera algo Black, o algo de todos los sangre pura, todavía no estaba lo suficientemente informado. Aun así, pareció tomar por sorpresa al anciano.

- Ronald Weasley, un placer. - Ignoró la reprimenda en los ojos de Cedrella ante la falta del nombre completo y afiliación, no era necesario con los Black. Con una mueca, admitió que tampoco le gustaba usar un saludo tan ostentoso con alguien que era familia, lejana o no. - Ya me estaba yendo.

- Arcturus Black - El anciano respondió. A diferencia de su abuela, no parecía importarle la informalidad del saludo, pero sus rasgos se agudizaron ante la despedida - Ya me parecía extraño que un Weasley fuera tan educado.

Ron se mordió la lengua para evitar responder, pero externamente se mantuvo estoico. Era difícil, especialmente con lo voluble que eran sus reacciones, pero años de lecciones habían suavizado un poco sus respuestas más instintivas.

- ¡Arcturus, se amable! - Cedrella espetó con fuerza. - ¡Ronald, te enseñé mejor que eso!

Ron se sorprendió cuando tanto él como Arcturus dejaron escapar una suave burla. Pollux dejó escapar una carcajada.

- Oh, 'Ella, este me gusta - Dijo encantado el hombre, quien sonreía como si Yule hubiera llegado temprano ese año. - Yo digo que lo mantengamos.

La mujer que no era Callidora, y quien Ron suponía era Cassiopea, lo codeó con dureza.

- ¿Por qué siempre tan violenta, bruja? - Se quejó audiblemente Pollux - Nunca hay amabilidad para tu hermano.

- Estamos hablando de un niño, idiota, no de una cría de Kneazle.

Pollux parecía listo para responder, pero la pelea había sido detenida por la abrupta llegada de alguien más. Un hombre mayor con una sonrisa amable y un rostro que dejó a Ron sin aliento.

- ¿Qué me perdí?


Sí, por fin llega Charlus a escena. Si quieren saber más sobre los Aos Sí, y el folclore Celta, les recomiendo "Mitos y leyendas celtas" de Eoin Neeson.

Bueno, no estoy muy contenta con este capítulo, pero después de mucha revisión, no puedo agregarle nada más.