Introducción

El timbre hacía rato que había sonado, todos los estudiantes estaban sentados en sus asientos, tomando notas de la explicación que estaba dando la señorita Mendelelev sobre las partículas. Marinette asomó la cabeza lentamente por la puerta, intentando que nadie se percatara de su presencia, al ver que su profesora estaba escribiendo en la pizarra, se apresuró en adentrarse sigilosamente hacia su sitio, junto a Alya.

Estaba apunto de conseguir sentarse sin ser vista, cuando su pie se enganchó con la mochila de Adrian, haciendo que ella cayera al suelo irremediablemente, haciendo un gran estruendo.

-Marinette Dupain-Cheng, otra vez llegas tarde.

-Lo lamento, señorita Mendelelev, no me he dado cuenta de la hora que era- Aseguró la joven avergonzada.

-Está bien, toma asiento, pero para compensar tu retraso, te quedarás un rato al finalizar las clases.

-Si, señorita- Respondió cabizbaja ocupando su asiento.

Marinette se sentó, sacando sus libros con bastante desgana. Esa mañana, nada más salir de casa, había tenido que transformarse en Ladybug porque una joven había sido akumatizada. Entre ella y Cat Noir habían conseguido acabar con el peligro y liberar el akuma, pero irremediablemente había hecho que ella llegara tarde.

-Que suerte tienes tío- Señaló Nino a su amigo y compañero Adrian- Tú has llegado cinco minutos antes que ella, y no te han pillado.

-Si, y a ella la han pillado por mi culpa- Suspiró con tristeza- No tenía que haber dejado la mochila en el suelo- Se giró hacia la joven- Lo lamento Marinette, no te habrían castigado si no hubiera sido por mí.

-¿Qué…?- Preguntó desconcertada- Yo… Tú… Bueno… No pasa nada… Me habría tropezado de todos modos… Soy muy patosa...- Rio con nerviosismo- No como tú… Tú eres estupendo… No… Bueno si… Quiero decir… Que tú no eres patoso como yo…

-Qué divertida eres Marinette- Le sonrió al escucharla tartamudear de esa forma tan encantadora.

-¿Divertida? ¡Por favor!- Se escuchó la voz de Chloé- Patética es lo que es.

-¡Retira eso ahora mismo!- Gritó Adrian, molesto por como se metía con Marinette sin motivo.

-Señor Agreste, señorita Bourgeois, parece que tienen mejores cosas que hacer que tomar notas y escuchar mis explicaciones, así que los espero después de clases para que me hagan un resumen sobre la clase de hoy.

-¿Qué?- Se quejó inmediatamente Chloé ante el castigo impuesto por la profesora- ¡No puede castigarme! ¡Tengo sesión de manicura!

-Pues me temo que tendrá que retrasarla, ahora silencio y continuemos con la clase.

Alya le daba codazos a su amiga, sonriendo, haciendo que Marinette se sonrojara notablemente. Adrian la había defendido delante de toda la clase, pero luego cayó en la cuenta de que también había sido castigado por el mismo motivo.

-No tenías que haber hecho eso, estoy acostumbrada a las tonterías de Chloé.

-Claro que tenía que hacerlo- Le aseguró- Eres mi amiga, y no dejaré que nadie se meta contigo si yo estoy delante.

Adrian le dedicó una sonrisa radiante que encandiló a Marinette y la hizo sonrojar más todavía. La joven le devolvió la sonrisa y centró su vista en su libro de física, esperando poder concentrarse un poco.

Poco antes de acabar la clase, el señor Haprèle, el asistente educador, entró al aula algo nervioso.

-Disculpe, señorita Mandelelev- Se acercó a ella y le dijo algo al oído, la mujer se sobresaltó, llevándose la mano a la boca y miró en dirección a Marinette- Señorita Dupain-Cheng, tiene que venir conmigo, es urgente, coja sus cosas y acompáñeme.

-Cla… Claro…

Marinette obedeció, asustada del comportamiento de sus dos profesores. Miró preocupada a Alya antes de coger su mochila y salir rápidamente del aula tras el señor Haprèle. Ambos caminaron presurosos hasta el despacho del director Damocles, quien la esperaba en pie ante su escritorio.

-Señorita Dupein-Cheng, me temo que tengo malas noticias para usted.

-¿Para mí?- Preguntó asustada, creyendo que podrían expulsarla por el reiterado número de retrasos- ¿Qué sucede? ¿He hecho algo malo?

-No, señorita Dupein-Cheng, nada de eso, pero ha ocurrido algo- El director tomó aire y lo soltó sin más- Acaban de llamarnos del hospital, su madre ha sido ingresada de gravedad- Mientras escuchaba cada palabra, Marinette palidecía y temblaba.

-¿Qué le ha ocurrido?- Estaba histérica y al borde de las lágrimas- ¿Ha tenido un accidente?

-No, por lo que me ha comentado su padre, estaban en la pastelería trabajando, cuando cayó al suelo y empezó a tener convulsiones- Marinette sintió como si sus piernas le fallaran, por suerte, tanto el director como el asistente lo percibieron y la sujetaron de inmediato- Parece ser que en urgencias descubrieron un tumor en el cerebro- Dijo por fin- Lo lamento mucho señorita Dupein-Cheng.

-Yo… Yo...- No era capaz de pronunciar ninguna palabra.

-Si le parece bien, la señorita Bustier la llevará de inmediato al hospital, ya ha ido a por su coche- Le aseguró el director- La acompaño hasta allí.

-Gra… Gracias- El director Damocles salió del despacho cogiéndola del brazo con cariño, y ambos caminaron por los pasillos en silencio.

Marinette apenas era consciente de nada de lo que ocurría a su alrededor, ni tan siquiera de como sus compañeros y la señorita Mendelelev se asomaban para verla partir. Solo fue consciente de que llovía cuando el director tiró de ella fuera del instituto y la llevó hasta el coche, donde su profesora de literatura la esperaba apenada para conducirla junto a sus padres. Sus compañeros la vieron deprimida y demacrada, angustiada, y todos se preocuparon al instante.

-¿Qué sucede con Marinette?- Preguntó Alya, al verla subir al coche de su profesora- ¿Por qué estaba tan pálida?

-¿Por qué se la ha llevado la señorita Bustier?- Preguntó Nino.

-Seguro que se ha inventado algo para no cumplir el castigo- Se quejó Chloé- ¿Qué excusa tiene para saltarse su castigo?

-¡Su madre está en el hospital!- Gritó la profesora, incapaz de aguantar la burla de la joven rubia. Suspiró cansada, sabiendo que había metido la pata al decirlo de aquella manera. Todos se habían quedado en silencio mirándola- Sentaos, por favor, hablaremos de esto- De inmediato, todos ocuparon sus asientos- El director ha recibido una llamada desde el hospital, la madre de Marinette está ingresada allí y parece que es grave- Los rostros de todos estaban desencajados, pues todos conocían a Sabine Cheng y no podían creerlo- Sé que esto es un golpe a para muchos de vosotros, os conocéis desde preescolar y conocéis a Marinette y a sus padres, así que por favor, tomaos esto con calma- Intentó apaciguar a sus alumnos- Vamos a acabar la clase y después os podréis marchar a casa- Miró a Adrian y a Chloé- El castigo queda pospuesto para más adelante.

Lo que quedaba de clase transcurrió en silencio, nadie tenía ganas de comentar nada, ni tan siquiera Chloé, que parecía algo afectada por la noticia. El más afectado de todos era Adrian, perder a su madre había sido terrible, y podía imaginarse como se sentiría Marinette en esos momentos, así que decidió que lo mejor que podía hacer después de clase era ir a verla y darle todo el apoyo que necesitara.

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El trayecto en el coche de la señorita Bustier fue bastante tenso, Marinette observaba el suelo del coche completamente abatida, y su profesora no sabía que decirle para animarla. Al llegar al hospital las dos caminaron hacia el mostrador de información, donde les dijeron la habitación en la que habían metido a la señora Cheng, y de inmediato se dirigieron hacia allí.

Cuando ingresaron en la habitación, Marinette pudo ver a su padre sentado junto a la cama de su madre, tomándole la mano mientras unas amargas lágrimas caían por sus mejillas. Su madre estaba inconsciente, con algunos tubos y cables conectados, y un gotero directo a su brazo. Verlos a los dos de aquella manera causó que un gran lamento saliera de su garganta, llamando la atención de su padre.

-Marinette- Se levantó y fue hasta ella, limpiando rápidamente sus lágrimas- Por fin estás aquí.

-Papá- Dijo con una voz apenas audible antes de correr a sus brazos y llorar con desesperación- Se va a poner bien, ¿verdad?

-Esperemos que si, cariño- Le devolvió el abrazo y besó sus cabellos- ¿Por qué no te sientas a su lado y le hablas? Yo voy a hablar con tu profesora para darle las gracias por traerte- Marinette asintió y ocupó el lugar de su padre antes de que ella llegara.

Los dos adultos salieron de la habitación y dejaron la puerta entornada, intentando que ella escuchara lo menos posible de aquella conversación.

-¿Como está su esposa? ¿Le han dado ya un diagnóstico definitivo?

-Aun tienen que hacerle pruebas, pero no pinta bien- Le confesó con pesar- En el mejor de los casos, el tumor podría ser benigno y, o bien habría que operarla y extirparlo o bien podrían intentar disminuirlo con algún medicamento y controlarlo, aunque no son muy optimistas sobre eso.

-¿Y si no es benigno?

-Entonces dependería de que el tumor fuera operable o no- La profesora Bustier pudo notar el desazón mientras hablaba- Los médicos creen que es maligno por la forma en la que ha aparecido, pero no dirán nada seguro hasta que le hagan más pruebas.

-Lo lamento mucho, señor Dupein, si podemos hacer algo para ayudar, lo que sea, no dude en decírnoslo.

-La verdad es que me harían un gran favor si controlaran a Marinette en el horario de clases- Dijo levantando la mirada hacia la mujer- Mi hija es muy sensible, y adora a su madre, me preocupa que pueda perder el curso por todo esto.

-Bueno, dada la situación, los profesores tendrán en cuenta cualquier variación en sus clasificaciones- Le aseguró- Pero le prometo que haremos cuanto esté en nuestra mano para ayudarla.

-Se lo agradezco mucho.

-Supongo que mañana no irá a clase, me aseguraré de que le traigan los deberes- Le comunicó colocando una mano sobre su hombro.

-No sé si irá mañana, igual le ayuda a distraerse y pensar en otras cosas.

-No la fuerce si ella no quiere, ahora lo que usted y ella necesitan es apoyarse el uno al otro- Dijo intentando animarle- Marinette es una gran chica, y estoy segura de que puede con esto.

-Yo también lo creo, ahora falta ver si yo puedo también, por ellas- Empezó a llorar- No sé que haría si cualquiera de las dos me faltara.

La señorita Bustier intentó consolarlo, y mientras, ninguno de los dos se percató de que Marinette estaba tras la puerta, escuchando toda la conversación. Al escuchar hablar así a su padre supo que su madre tenía muy pocas posibilidades de sobrevivir.

Marinette se dirigió a la silla que había junto a la cama y ocupó el lugar de su padre antes de que ella llegara. Tomó la mano de su madre y, sujetándola con fuerza, comenzó a llorar. No era capaz de concebir un mundo donde su madre no estuviera, y solo de pensar en ello, sintió como su corazón se oprimía, dificultándole respirar. Tom entró unos minutos después, al ver a su pequeña tan frágil supo que no podía dejarse llevar por el dolor o la desesperación, debía ser optimista y darle esperanzas, aunque hubiera pocas posibilidades, aun era posible que su esposa se salvara.

Aguantando el temple, caminó hasta ellas, colocó una mano sobre el hombro de su hija, se agachó a su altura y besó su mejilla.

-Verás como se recupera pronto- Le dijo intentando darle tranquilidad- Tu madre es fuerte, y seguro que dentro de unos meses recordaremos esto como un reto superado en familia, como siempre hemos hecho.

-¡Oh, papá!- Marinette se abrazó a él, llorando con amargura, deseando que él tuviera razón y realmente eso fuera posible.

Al romper el abrazo, los dos se miraron y se dedicaron una sonrisa muy leve, después miraron a la mujer que tanto les preocupaba y así quedaron, esperando que el tiempo pasara pronto y los médicos les dieran buenas noticias.

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Al acabar las clases, Alya organizó un pequeño grupo con sus compañeros para ir a visitar a la madre de Marinette al hospital y darle ánimos a su amiga. Se habían apuntado Iván, Milen, Max, Quim, Alix, Rose, Yuleka y Nathaniel.

-¿Tú no vienes, Adrian?

-Voy a hacer todo lo posible por convencer a mi padre de que me deje ir- Respondió con desgana, sabiendo que tenía una ardua pelea por delante- Ir vosotros, si puedo después acudiré yo.

El grupo de compañeros salió de camino al hospital mientras Adrian iba hacia el coche, en cuanto se sentó y vio a Gorila le indicó que lo llevara directamente a casa, estaba dispuesto a todo por conseguir que su padre le dejara ir a ver a Marinette y a su madre al hospital.

-¿No tendrías que estar en clase de esgrima?- Preguntó Nathalie al verlo entrar en casa.

-Necesito hablar con mi padre, es importante.

-Ahora mismo está ocupado, no sé cuando acabará lo que está haciendo para poder…

-¡Me da igual!- Le cortó enfadado, siempre había excusas para no hablar con él- ¡Necesito hablar con él, y voy a hacerlo, quiera o no!- Nathalie lo miró sorprendida por esa actitud- Lo siento, no tenía que haberte hablado así, pero de verdad, necesito hablar con mi padre cuanto antes.

-¿Ha ocurrido algo?

-La madre de una buena amiga de clase está ingresada muy grave en el hospital y me gustaría pasar algo de tiempo con ella, así que necesito que me de permiso, de lo contrario, ninguno de vosotros me va a dejar ir- Le confesó con pesar.

-¿Qué amiga es?- Preguntó la asistente mirándolo con preocupación.

-Marinette Dupein-Cheng.

Nathalie dudó si interrumpir a su jefe, normalmente le daría largas a Adrian intentando poner una excusa creíble y que, a duras penas, satisficiera al joven, pero sabía que en ese caso no iba a funcionar, aunque él no lo había dicho, se notaba que sentía algo por esa joven.

-Dame cinco minutos, veré que puedo hacer.

-¡Gracias!- Gritó emocionado de ver que al menos había conseguido sortear a Nathalie.

Rápidamente fue a su habitación a dejar sus cosas para después encaminarse hacia el despacho de su padre. Impaciente esperó a que Nathalie le diera paso, y entonces ingresó, nervioso pero decidido a salirse con la suya.

-¿Qué es lo que quieres Adrian?- Preguntó su padre al verlo entrar, sin levantar la vista de su ordenador- Nathalie me ha dicho que era importante.

-Así es- Le aseguró, acercándose al escritorio- Padre, necesito que me permitas faltar a algunas de mis actividades extraescolares durante unos días.

-¿Por qué habría de permitirlo?

-La madre de una amiga ha sido ingresada de gravedad, y quisiera poder pasar algo de tiempo con ella- Le explicó, y entonces empezó a ponerse nervioso- Yo sé lo que es perder a tu madre, y creo que puedo ayudarla a sentirse mejor.

El señor Agreste levantó la mirada y observó a su hijo fijamente, intentando adivinar si había algo más detrás de aquella petición. Nathalie le había avisado de que su hijo necesitaba pedirle algo que para el joven era muy importante, y se preguntaba porque era tan importante para él.

-¿Estás saliendo con esa joven?- Lo miró muy seriamente mientras lo interrogaba.

-¿Qué? ¿Con Marinette?- Dijo nervioso al tiempo que se sonrojaba- No, que va, solo somos buenos amigos.

-Pero, ¿te gusta esa chica?

Adrian no sabía que responder. Aunque sabía que estaba terriblemente enamorado de Ladybug, había un sentimiento creciente hacia Marinette. En ocasiones se preguntaba si se estaba volviendo loco, pues creía estar enamorándose de dos chicas a la vez. Después de meditarlo unos segundos, decidió que sería sincero con respecto a Marinette.

-Si, me gusta Marinette.

El diseñador lo miró fijamente durante unos minutos, analizando la conversación, estudiando las expresiones de su hijo, procesando lo que significaba la confesión que Adrian acababa de hacerle. Finalmente, queriendo lo mejor para él, suspiró y volvió a bajar la mirada al ordenador.

-Está bien, puedes saltarte tus horarios durante un tiempo- Le dijo- Pero espero que me informes de como evoluciona la madre de tu amiga.

-Está bien, gracias papá- Adrian aun no podía creerlo.

-Marinette...- Volvió a levantar la mirada- Me suena mucho su nombre.

-Es la que ganó el concurso escolar que hiciste con el bombín, y la que iba a salir conmigo en el videoclip haciendo de Ladybug.

-Ya la recuerdo- Dijo algo sorprendido- Adrian, ¿me informarás si las cosas con esta chica van bien? Me refiero a entre vosotros.

-Claro que si- Le sonrió- De nuevo gracias papá.

Adrian estaba realmente emocionado y no pudo evitar ir hasta su padre y abrazarlo con fuerza. Después se apresuró en salir de allí y pedirle a Gorila que lo llevara al hospital, estaba ansioso por ver a Marinette.

Gabriel Agreste observó la felicidad de su hijo al salir de allí, y sintió que después de mucho tiempo había conectado con él. Entonces se percató de que hacía mucho que no se interesaba por su vida privada, y también se dio cuenta que no sabía casi nada de como era su hijo.

Lentamente se giró a mirar el cuadro de su esposa, Adrian le recordaba tanto a ella, por eso se había vuelto distante con él, no podía mirarlo constantemente sin sufrir. Sabía que su hijo no tenía la culpa, y que seguramente lo había pasado mal por su decisión y cobardía, pero aun estaba a tiempo de rectificar en ese aspecto.

-No te preocupes amada mía, seguiré en mi empeño de conseguir los prodigios para traerte de nuevo a nuestro lado, pero arreglaré las cosas con nuestro hijo, si de verdad esta chica es tan importante para él, haré cuanto esté en mi mano para ayudarle.