1º Caprichos del destino

Cuando Adrian llegó al hospital, el resto de sus amigos estaban saliendo, con caras algo apesadumbradas. Nino, al verlo aparecer, lo llamó de inmediato.

-¡Lo has conseguido!- Le dijo, contento de que estuviera allí, aunque nos has pillado cuando ya nos marchábamos.

-No importa, subiré a verla de todas formas.

-A ver si tú consigues animarla un poco- Comentó Alya, mostrando su decepción- Apenas ha dicho nada desde que hemos llegado, ha estado mirando el suelo todo el tiempo.

-Y su padre, aunque ha intentado tener una actitud animada, se le notaba lo mal que lo está pasando- Añadió Rose.

-Y la señora Sabine estaba tan pálida- Dijo Milen- Pobrecita, conectada a todas esas máquinas y goteros.

Adrian imaginó en su cabeza toda la escena y sintió muchísima ansiedad, necesitaba ver a Marinette cuanto antes, necesitaba intentar ayudarla. Convencido de que era el único modo de que esa ansiedad desapareciera, se despidió de sus amigos y se dirigió hacia la habitación que ocupaba la señora Cheng. Al llegar a la puerta pudo escuchar la voz del padre de Marinette, hablándole a su hija.

-Qué amables han sido tus compañeros al venir a verte.

-Si, son buenos amigos- Respondió en un murmullo la peliazul.

-Cuando vayas mañana a clase dales las gracias de mi parte.

-No voy a ir mañana a clase- Le indicó Marinette- Quiero quedarme aquí, con mamá.

-Marinette, por favor, debes asistir a clase.

-¿Para qué?- Adrian notó como la voz de la joven se quebraba- ¿Qué sentido tiene estudiar en una situación así?- Esas palabras le recordaron a él cuando su madre desapareció, y de no haber sido por Chloé, que lo mantuvo distraído y lo animaba a estudiar, seguramente habría perdido el norte y habría sido un rebelde sin causa, que solo provocaba problemas.

-Marinette, sé que es difícil, pero debemos pensar que mamá saldrá de esta- Intentó animarla su padre- Además, mañana cuando despierte, ¿crees que va a aceptar que estés aquí, en lugar de en casa?

-Supongo que no le parecerá muy bien, pero aun así, no tengo ganas de ir.

Se hizo un silencio en la habitación, y Adrian supo que era su momento de intervenir. Así que llamó a la puerta y se asomó con cautela. El señor Dupein, al verlo, sonrió inmensamente, estaba convencido de que si alguien podía hacerla sonreír aunque solo fuera un poco, ese era Adrian.

-Buenas tardes, me he enterado de lo sucedido y he venido para ver como estaba la señora Cheng y para ver a Marinette.

-Eres muy amable- Respondió Marinette, levantando la mirada del suelo para mirarlo, sorprendida de encontrarlo allí- No esperaba verte aquí.

-He hablado con mi padre y me ha dado permiso- Le aseguró.

-Eso es maravilloso- Concretó Tom, mirando a los dos jóvenes con ternura- ¿Serías tan amable de acompañar a Marinette a casa? No querría que fuera sola.

-¿No puedo quedarme?- Preguntó preocupada- Creí que estaríamos los dos.

-Solo permiten un acompañante por la noche- Le tomó la mano y acarició su mejilla- Por favor, hazlo por mí, ve a casa, descansa y mañana ve a clase, te prometo que estarás toda la tarde a su lado.

-¿De verdad me lo prometes?- Tom asintió, así que Marinette solo pudo suspirar derrotada- Está bien, me marcharé a casa- Antes de salir, se encaminó a la cama de su madre, le tomó la mano con fuerza y se acercó a su oído- Mamá, me marcho, pero mañana volveré y me quedaré a tu lado, se fuerte y lucha por recuperarte, no sé que sería de mí sin ti, no olvides que te quiero- Y acto seguido besó su mejilla.

Adrian y Tom miraban a Marinette con preocupación, aquel desánimo era tan poco habitual en ella, que siempre sabía verle el lado positivo a todo. Queriendo distraerla, Adrian fue hasta ella y colocó la mano sobre su hombro.

-Seguro que se recupera- Le sonrió- Con vosotros tan pendiente de ella, hará lo que haga falta por reponerse.

-Adrian...- Marinette lo miró conmovida- Muchas gracias- Se separó de su madre y abrazó con fuerza a su padre- Intenta descansar, ¿vale?

-Lo haré- Le devolvió el abrazo- Hasta mañana, pequeña.

Adrian y Marinette salieron de la habitación en silencio, y después del hospital. Gorila estaba junto al coche, esperándolo, y abrió la puerta para que subieran.

-¿Podrías esperarnos en la panadería de los padres de Marinette? Iremos dando un paseo- Pidió el joven a su guardaespaldas. Este solo asintió y se metió en el coche.

-Gracias, la verdad es que necesito que me de un poco el aire.

-Me lo imaginaba- Adrian le dedicó una tierna sonrisa que hizo que Marinette se sonrojara- Espero ser una buena compañía.

-No podría tener una mejor- Y diciendo eso, apoyó su cabeza en el hombro del joven. Lo hizo de manera inconsciente, estando a su lado se sentía más tranquila, y su cuerpo actuó sin más. Adrian la observó, pero en lugar de apartarla, lo que hizo fue tomar la mano que estaba rozando con la suya. En ese momento fue Marinette consciente de la situación y de inmediato se apartó- Yo… Lo siento… No me he dado cuenta…

-No te preocupes, princesa, no me molesta tenerte de esa manera.

-Eres muy amable, Adrian, gracias- Le respondió, pensando que lo estaba diciendo para no hacerla sentir mal- ¿Entonces te han dejado faltar hoy a tus clases?

-No solo hoy- Respondió dedicándole una cálida sonrisa- Mi padre me ha permitido faltar durante un tiempo.

-¿En serio? No creí que eso fuera posible.

-Le he dicho que la madre de alguien que me importa estaba en el hospital y que necesitaba estar para apoyar a esa persona- Continuó explicando sin perder la sonrisa, y haciendo que el corazón de Marinette se acelerara- Eso parece que ha conmovido a mi padre que, contra todas mis expectativas, me ha dado permiso.

Marinette dejó de caminar, sorprendiendo a su acompañante, que la imitó unos pasos después, girándose hacia ella, preocupado de que algo de lo que había dicho la hubiera incomodado. Marinette miró a su joven acompañante con los ojos vidriosos y los pómulos sonrojados.

-¿Vas a faltar a tus clases por mí?- Adrian asintió, mirándola fijamente con seriedad- ¿Yo… Yo… Yo soy alguien importante para ti?

-Marinette- Adrian acortó la distancia con ella, y se colocó frente a la azabache, tomándole las manos- Eres alguien muy importante para mí- Le dijo sin apartar su mirada de ella, con tal seriedad y serenidad que Marinette supo que no podía estar engañándola.

-Adrian...- Suspiró Marinette, incapaz de controlar sus lágrimas.

-Sé que ahora no es el momento para decirte todo esto- Se apartó de ella y le dio la espalda, temeroso de que ella lo rechazara- Tú estás pasando un mal momento, y lo último que quiero es agobiarte con mis sentimientos, pero necesitaba que supieras que estoy aquí para ti, para lo que necesites, y que cuando esto pase, si tú quieres, podríamos conocernos mejor y salir juntos, como una pareja.

Marinette no era capaz de procesar toda esa situación, Adrian, el chico del que estaba completamente enamorada, estaba allí, diciendo las palabras que tanto había ansiado escuchar. Estuvieron así unos segundos, que a Adrian se le hicieron eternos, y cuando por fin se decidió a volver a mirarla, giró sobre sus talones y fue interceptado por los labios de la joven, que se juntaron con los suyos, fundiéndolos a ambos en un tierno beso.

Adrian reaccionó por inercia, cogió la cintura de Marinette y la acercó a él, aprisionándola en un abrazo, al tiempo que Marinette enroscaba sus brazos alrededor del cuello de Adrian. Cuando los dos notaron que empezaba a faltarles el aire, se separaron levemente, mirándose a los ojos, con unas amplias sonrisas llenando sus rostros y con las mejillas ligeramente coloradas.

-Es el momento perfecto Adrian- Le confesó, apoyando la cabeza en el pecho del rubio- Hace unos minutos me sentía devastada, y ahora, aunque sigo triste, solo puedo sonreír de felicidad- Una lágrimas resbaló por su mejilla.

-¿Eso quiere decir que saldrás conmigo?- Marinette asintió- ¿Serás mi novia?- Un nuevo asentimiento- ¡Oh, Marinette, te quiero tanto!- Y dicho eso la besó de nuevo.

Cuando Gorila los vio aparecer, aparcado delante de la panadería, pudo comprobar que ambos iban cogidos de la mano, ella apoyaba su cabeza en el hombro de Adrian, y este no dejaba de mirarla. Era una bella imagen que sacó una pequeña sonrisa del guardaespaldas del rubio. La joven pareja llegó hasta allí, Adrian la abrazó de nuevo y besó su mejilla.

-¿Estarás bien aquí sola?

-Si, estaré bien- Le aseguró, bajando un poco la mirada, pues aunque estaba feliz por lo que a Adrian se refería, todo lo de su madre la tenía muy atormentada.

-¿Seguro?

-Si, seguro- Volvió a decir, notando como sus ojos empezaban a cargarse de lágrimas nuevamente- Cenaré algo ligero y me acostaré pronto.

-No me gusta dejarte sola en estas circunstancias- Dijo con disgusto- Quisiera poder estar a tu lado para consolarte.

-Estoy bien, Adrian.

-No lo estás- La corrigió mientras le levantaba la barbilla con un dedo y la obligaba a mirarlo- Yo sé lo que es perder a alguien, sé lo mal que se siente uno ante la incertidumbre de que puede pasar, y por eso sé que esta noche va a ser una mala noche- Le confesó, haciendo que Marinette viera una parte de Adrian que no conocía- Pero también sé que necesitas tiempo para pensar, que esto no es fácil y necesitas asimilarlo.

-Muchas gracias- Marinette lo abrazó con fuerza, dejando que algunas de sus lágrimas se escaparan.

-Intenta descansar- Besó sus cabellos mientras le devolvía el abrazo- Mañana vendré a buscarte para ir a clase, ¿de acuerdo?

-¿Estás seguro?- Le preguntó aun sin soltarlo- ¿No te arrepentirás de haberme dicho que me quieres cuando tengas que ir a mi lado?

-¡Por supuesto que no!- La apartó bruscamente, cogiéndola de los brazos y mirándola a los ojos- No se te ocurra pensarlo si quiera, tú eres lo que más quiero en el mundo, y no te cambiaría por nada ni nadie. ¿Te ha quedado claro?- Marinette solo pudo asentir al tiempo que se ruborizaba. Adrian la soltó y le acarició la mejilla- Lo siento, no tenía que haberme puesto así, pero no me gusta que te menosprecies, eres maravillosa- Marinette le dedicó una leve sonrisa- Me marcho ya, pero si necesitas algo, lo que sea, no dudes en llamarme, ¿de acuerdo?

-De acuerdo.

Adrian se acercó a sus labios y los besó levemente para después mirarla a los ojos y limpiarle las lágrimas.

-Buenas noches, princesa.

-Buenas noches, Adrian- Le respondió en un susurro, y se internó en la casa.

Adrian no apartó la mirada hasta que ella hubo entrado y entonces, fue al coche y dejó que su guardaespaldas lo llevara a casa. Tenía que hablar con su padre de lo ocurrido esa tarde.

Marinette caminó en silencio hasta su habitación, no encendió las luces, simplemente caminó, al llegar, cerró la puerta, apoyándose en ella, lentamente dejó resbalar su espalda hasta que llegó a sentarse en el suelo, entonces se cogió de las rodillas y comenzó a llorar con desesperación.

Tikki salió de su bolso y abrazó la mejilla de su elegida y amiga, vio a una desconsolada Marinette que no podía dejar de llorar, y sintió como algo se le rompía en el interior.

-Lo lamento mucho Marinette- Le dijo sin soltar su mejilla.

-¿Por qué ha tenido que ser a ella, Tikki? Mamá es la persona más amable y cariñosa que he conocido nunca, no se merece esto.

-Por supuesto que no lo merece, y estoy segura de que conseguirá superarlo- Intentó animarla- Debes tener esperanza.

-Es difícil cuando todo se vuelve sombrío a tu alrededor.

-No todo es sombrío- Le dijo su Kwami de inmediato- Hoy has visto que tus amigos te quieren muchísimo, han ido todos al hospital a ver a tu madre y a daros ánimos a tu padre y a ti- Marinette hizo un leve asentimiento- Y luego está Adrian.

-Adrian- Marinette miró a su pequeña amiga- Aun no puedo creerlo.

-A veces, las peores situaciones sacan lo mejor de las personas, y parece que lo sucedido ha hecho que Adrian se decida a declararse- Intentó distraerla- ¿No estás feliz por eso?

-Si, claro que si- Marinette suspiró sonoramente y miró a Tikki- Ahora mismo tengo un torbellino de emociones, estoy triste y alegre a la vez, desolada y esperanzada… ¿Me estoy volviendo loca?

-No, claro que no, solo estás viviendo un momento difícil, y si te apoyas en todos los que te quieren, saldrás adelante.

-Gracias Tikki, no sé que sería de mí si no te tuviera a mi lado.

-La afortunada soy yo, por tener como portadora a una chica tan maravillosa como tú- La catarina abrazó de nuevo la mejilla de Marinette- ¿Por qué no intentas dormir? Quizá por la mañana todo se vea de otra manera.

-La verdad es que estoy muy cansada- Marinette se puso en pie y caminó hasta su cama, se tumbó y se acurrucó a un lado. Tikki se tumbó junto a ella y se dispuso a dormir.

En pocos minutos, la Kwami dormía tranquilamente, mientras Marinette lloraba en silencio, incapaz de serenar su alma ante la idea de perder a su madre. Desde una de las azoteas, un joven rubio vestido de gato negro la observaba en silencio, preocupado por ella, pero sin poder acercarse a consolarla sin descubrirse.

-No te preocupes Marinette, todo saldrá bien- Dijo Car Noir al aire, como una promesa a su princesa.

Después de varios minutos observándola, cuando por fin vio que cesaba el llanto y se quedaba dormida de agotamiento, el héroe felino de París retornó a su hogar, esperando poder hablar con su padre, que estaba reunido cuando había llegado a casa con Gorila.

-Plagg, garras fuera- Dijo al entrar por la ventana. De inmediato, el Kwami negro salió del anillo y fue en busca de su camembert, depositado por su portador en la mesa de estudio para cuando volvieran. Con el queso en las manos, Plagg volvió junto a Adrian.

-Pobre chica, con lo maja y mona que es- Se lamentó Plagg- Espero que su madre se ponga bien.

-Yo también lo espero- Adrian suspiró- Debo ir a hablar con mi padre.

Adrian salió de su habitación y caminó hacia el despacho de su padre, Nathalie, al verlo acercarse, lo interceptó de inmediato.

-No puedes pasar ahora, tu padre está ocupado.

-Necesito hablar con él- Le insistió- Es sobre Marinette- La mujer no se movió- Está bien, dile que me avise cuando esté disponible- Añadió decepcionado- Estaré en mi habitación.

Adrian estuvo esperándolo gran parte de la noche, pero su padre no apareció, como era habitual en él. Derrotado, se durmió finalmente, con la desilusión de haber creído que su padre por fin se interesaba por él. Pero lejos de lo que él creía, Gabriel Agreste tenía un buen motivo para no atenderlo, un motivo que compensaría su desilusión… Ayudar a Marinette y a su familia.

Desde que Adrian se había marchado, Gabriel se había dedicado a buscar información sobre la familia Dupain-Cheng, y sobretodo sobre la joven que le había robado el corazón a su hijo. Si bien no podía ayudarlos en la situación que estaban viviendo, si podía colaborar en que la joven aspirante a diseñadora cumpliera sus sueños, después de todo, tenía muy buena base para llegar a ser una de las mejores en el oficio.

Por la mañana, antes de irse al instituto, Adrian se encontró a su padre sentado en la mesa del desayuno, esperándolo.

-Lamento no haberte atendido ayer, hijo, tenía algo importante que hacer- Se disculpó ante la mirada sorprendida del joven- ¿Qué querías decirme?

-¿Qué?- Preguntó sentándose junto a él.

-Anoche, ¿qué querías decirme?

-Ah si, es verdad- Miró a su padre con mucha seriedad- Sé que no querías que me involucrara con nadie sentimentalmente, que debía centrarme en mi carrera, pero papá, tengo casi 18 años, y creo que he demostrado muchas veces que soy responsable, además se trata de mi vida y…

-Adrian- Le interrumpió su padre- Si lo que estás intentando decirme es que estás saliendo con la señorita Dupein-Cheng, me parece bien.

-¿En serio?

-En serio- Le respondió sonriéndole- Tienes razón al decir que eres responsable, y tienes edad para tomar tus propias decisiones.

-¡Gracias, papá!- Gritó eufórico, levantándose de golpe y abrazando a su padre.

Gabriel vio salir a su hijo feliz, y eso hizo que se dibujara en él una sonrisa amplia y sincera, como hacía tiempo que no mostraba.

Tal como habían acordado, Adrian fue a recoger a Marinette, que tenía unas pronunciadas ojeras, muestra de que había dormido poco y mal, pero al chico poco le importó, al verla, rápidamente la abrazó y la besó, haciendo que ella, además de sonrojarse, pudiera sonreír un poco.

Cuando el resto de sus compañeros los vieron llegar juntos y de la mano, no cesaron las habladurías, la gran mayoría eran de emoción y alegría al verlos juntos por fin, pero Chloé no podía disimular su enfado al verlos tan acaramelados.

Alya y Nino los bombardearon a preguntas, tanto sobre ellos como sobre la madre de Marinette, Alya se interesó sobretodo en saber como había pasado la noche su amiga. Marinette se sintió tan arropada que no pudo evitar llorar de emoción y cariño. Los profesores también se mostraron muy amables e interesados por ella y por su madre, y Marinette se dio cuenta de la suerte que tenía de poder contar con todos ellos.

Al finalizar las clases, Adrian tomó la mano de Marinette y ambos se encaminaron hacia el coche, donde Gorila los esperaba para llevarlos al hospital, cuando una voz muy enfadada los interceptó.

-¿Se puede saber que está pasando aquí?- Preguntó Chloé parando frente a ellos- ¿Por qué vais cogiditos de la mano?

-Chloé no estoy de humor- Intentó desviar el tema la azabache- Tengo prisa, quiero llegar al hospital y ver como está mi madre.

-La que no está de humor soy yo- Miró a Adrian y le habló con voz melosa- Adrianín, ¿por qué la tomas de la mano?

-Porque eso es lo que hacen las parejas.

-¿Parejas? ¿Vosotros?- Chloé parecía escandalizada, pero después miró a Marinette y empezó a reírse- Ya entiendo, estás fingiendo para que no se sienta tan mal por lo que le ocurre a su madre- Rio más fuerte- Eres demasiado bueno, Adrian.

-¡Ya basta Chloé!- Le reprochó Adrian muy serio y con la voz tenso- ¡No puedo creer que seas tan insensible!- La rubia lo miraba consternada- ¡Estoy saliendo con Marinette de verdad! ¡Porque la quiero! ¡Y no voy a permitir que vuelvas a decir algo tan vil y rastrero!

-Pero Adrianín, no puedes estar hablando en serio- Chloé empezaba a darse cuenta de la sinceridad en las palabras del rubio- ¿Cómo puedes querer a la panadera?

-Marinette es una chica maravillosa, simpática, cariñosa, bondadosa… Adoro cada cualidad suya, y por eso la quiero- Adrian miró a su pareja, que no podía evitar tener los ojos llorosos al escucharle hablar. Adrian le acarició la mejilla- Ahora, si nos disculpas, tenemos prisa, pero ya hablaremos sobre esto en otro momento, porque esto no va a quedar así- Y dicho eso, se marcharon, dejando a Chloé furibunda.

La joven pareja fue en el coche hasta el hospital, Marinette iba apoyada sobre el pecho de Adrian, mientras este la envolvía con su brazo por los hombros.

-¿Estás bien?

-Estoy nerviosa- Le confesó con pesar- Temo lo que hayan podido decir los médicos.

-Relájate, ¿vale?- Le pidió besando sus cabellos- Yo voy a estar contigo, y pase lo que pase, no estarás sola.

-Lo sé- Dijo acurrucándose más con él- Gracias.

En el hospital, la madre de Marinette había despertado y estaba bastante animada, Marinette pudo sonreír por fin al verla de aquella forma. Adrian y Tom sintieron una gran tranquilidad al ver la mejora en su estado de ánimo.

Sabine había sido sometida a diversas pruebas que tardarían unos días en mostrar los resultados, y hasta entonces solo se podía esperar, intentando estar lo más tranquilos posible. Durante esos días, el matrimonio Dupein-Cheng conoció más a Adrian, encontrando a un gran chico que no hacía más que preocuparse por su hija, y Adrian pudo ver en ellos un amor que hacía mucho que no veía, desde que su madre desapareció.

Pasaron cuatro días, esa tarde Adrian había tenido que asistir a una sesión de fotos que era de suma importancia para su padre, a pesar de haberle dado permiso para faltar a sus compromisos, le había pedido por favor que hiciera una excepción con esa, pues era para la pasarela de moda que se celebraría unas semanas después y necesitaban las fotos de forma urgente. Adrian, después de que su padre le diera permiso para haber faltado a todo lo demás, no pudo decirle que no, aunque eso significara no pasar la tarde con Marinette y sus padres. Ella lo había entendido y, lejos de enfadarse, le sonrió diciendo que él se dedicaba a eso, y tenía que cumplir con sus obligaciones.

Marinette fue al hospital, como hacía cada tarde, Alya la acompañó en esta ocasión, queriendo pasar algo de tiempo con ella, pues entre lo de su madre y su nueva relación con el rubio, apenas podían verse. Las dos fueron hasta la habitación, y Marinette se alarmó al encontrar a su padre en la puerta con los ojos llorosos y la mirada sombría.

-Papá- Le llamó, este levantó la mirada hacia ella- ¿Qué ha sucedido?

-Marinette….- El hombre le abrió los brazos, y en cuanto ella se abrazó a él, no pudo evitar ponerse a llorar con desesperación- Lo siento, no quería que me vieras así.

-¿Pero que ha ocurrido, papá?

-Nos han traído los resultados de las pruebas que le hicieron a tu madre- Intentó explicarle lo mejor que pudo sin ser presa del llanto- Los médicos dicen que el tumor que tiene tu madre es maligno, y aunque se puede operar, no están seguros de que ella saliera de la operación- Marinette empezó a notar como le faltaba el aire- Nos han dicho que existe un tratamiento alternativo, pero es carísimo, y no podemos pagarlo- El corpulento hombre empezó a llorar de nuevo, abrazando a su hija con desesperación- Me siento tan impotente.

-Papá, encontraremos la forma de pagar el tratamiento de mamá- Le dijo Marinette al borde de las lágrimas- No perdamos la esperanza.

-Es imposible, cariño, no tenemos forma de conseguirlo- Dijo separándose de ella y secando sus lágrimas- Mañana hablaremos los tres sobre esto, tenemos que hablar y decidir cosas, pero hoy no, hoy solo tenemos que intentar estar sonrientes para ella. ¿De acuerdo?

-Si, claro- Bajó la mirada- Ahora entramos Alya y yo, dame unos minutos- Tom acarició la mejilla de su hija y después ingresó en la estancia. Marinette miró a su amiga y la abrazó con fuerza, empezando a llorar con amargura- ¿Por qué Alya? ¿Por qué está sucediendo esto? ¡No es justo!

-No lo es, desde luego- Alya acarició la espalda de su amiga- Y estoy segura de que encontraremos una solución para poder pagar el tratamiento de tu madre, y sí, me he incluido en la situación, si puedo ayudar lo haré, aunque sea sacando mis ahorros para la universidad- Esas palabras encendieron una especie de interruptor en la cabeza de Marinette, y de inmediato dejó de llorar, quedando pensativa y silenciosa- Ahora que estás más calmada, entremos junto a tus padres.

-Espera, debo llamar a Adrian y contarle lo sucedido.

-Yo le mando ahora un mensaje- Le sonrió- No hagas esperar a tu madre.

-Gracias Alya, no sé que haría sin ti.

Alya mandó el mensaje a Adrian explicándole toda la situación y como había visto a la azabache tras la noticia. Después siguió a su amiga hasta el interior de la habitación de hospital y pasó junto a los Dupein-Cheng la tarde.

Cuando ya era tarde, las dos jóvenes se marcharon, Alya acompañó a Marinette la mitad del camino y luego se separaron. Cuando estaba apunto de llegar a casa pudo escuchar un montón de gritos cerca de allí, y de inmediato supo que algo malo sucedía. No tenía ningunas ganas de ser Ladybug esa tarde, pero sabía que era su deber así que sacó a su Kwami del bolso.

-Sé que no quieres hacerlo, pero estoy orgullosa de ti por hacerlo a pesar de todo.

-Es mi deber- Suspiró- Mamá querría que cumpliera con él- Miró en dirección a los gritos y dijo decidida- ¡Tikki, puntos fuera!- Convirtiéndose en Ladybug.

Mientras, en la otra punta de la ciudad, el joven rubio salía de su sesión de fotos, cansado después de estar toda la tarde. Encendió de inmediato el móvil, deseoso de llamar a su novia y que le contara que tal había pasado la tarde, y entonces fue cuando vio los mensajes de Alya, narrándole todo lo sucedido.

El rostro de Adrian cambió a uno de espanto al leer aquello, y se odió por haber accedido a esa sesión de fotos y no haber estado junto a su chica en ese momento tan malo. Preocupado por Marinette, se dispuso a salir corriendo en su busca cuando escuchó unos gritos lejanos.

-¡Maldición!- Gritó enfurecido al ver que tenía que aplazar su visita, al tiempo que corría en busca de un lugar donde guarecerse y transformarse. Llegó a un callejón vacío- ¡Plagg, garras fuera!

Una vez transformado, sacó su bastón y se dirigió al lugar de donde provenían los gritos. Estaba saltando por los tejados cuando vio salir por los aires a Ladybug. Sin pensarlo, corrió hacia ella, dio un gran salto y la cogió al vuelo, evitándole un fuerte y doloroso golpe contra un tejado cercano.

-¿Estás bien, My Lady?

-Si, estoy bien- Respondió con pesadez, bajando de sus brazos- Gracias por pillarme al vuelo, gatito.

-No hay de que, preciosa- Le dedicó una sonrisa- ¿A qué nos enfrentamos?

-Es una joven, La Vociferadora se ha hecho llamar, y está destrozando la ciudad dando gritos, buscando a un tal Bernard para mostrarle la "preciosa" voz que tiene.

-Parece una actriz o cantante frustrada- Indicó Cat Noir- ¿Alguna idea de donde está el akuma?

-Creo que está en el colgante que lleva al cuello, no deja de tocarlo.

-Bien, pues veamos que podemos hacer- Le tendió la mano y juntos saltaron dispuestos a enfrentarse a ella.

No tuvieron dificultades para dar con ella, los destrozos que iba dejando a su paso eran tantos que, les había servido como guía.

Durante un buen rato, mientras La Vociferadora seguía gritando, los dos intentaban acercarse a ella para detenerla, pero era imposible, cada vez que se acercaban un poco, las hondas de sus gritos los lanzaban a varios metros de distancia.

-Si no podemos acercarnos a ella estamos perdidos- Le indicó el Cat- Quizá sería buen momento para usar tus encantos My Lady.

-Tienes razón- Se puso en pie- ¡Lucky Charm!- De inmediato, en sus manos cayó una caja de polvorones navideños, dejándola totalmente desubicada.

-¿No es un poco pronto para los dulces navideños? Cada vez empieza más pronto la navidad- Bromeó el joven superheroe.

-Espera un momento- De inmediato, se puso a inspeccionar, y entonces fue cuando comprendió lo que tenía que hacer- Tenemos que hacer que se los meta en la boca, todos juntos.

-¿Qué? ¿Para qué?

-Los polvorones son muy secos, si se los metemos todos en la boca, apenas podrá pronunciar palabras durante unos minutos, lo que nos dará algo de tiempo para quitarle el colgante- Le explicó- Cat Noir, necesito tu cola y algo que me sirva para ponerla como un tirachinas.

-¿Qué te parecen esas dos sombrillas de allí?

-¡Perfecto!- Saltó hacia allí- ¿Como va tu puntería minino?

-Muy bien, hermosa, yo me encargo, tú ves pasándome polvorones sin parar.

Juntos, colaborando como siempre hacían, consiguieron que La Vociferadora tuviera la boca llena de polvorones y no pudiera gritar, rápidamente, Ladybug la ató con su yoyo para que no pudiera moverse, y Cat Noir, le arrancó el colgante y lo destrozó con su cataclism. El akuma salió volando de inmediato.

-¡Yo te libero del mal!- Gritó Ladybug atrapándolo con su yoyo- Adios pequeña mariposa- Dijo al liberarla- ¡Prodigiosa Ladybug!- Exclamó lanzando la caja de polvorones al aire, haciendo que todo volviera a la normalidad.

-¡Bien hecho!- Dijeron los dos superheroes chocando sus puños, como siempre hacían.

-Sabes My Lady, me encanta ese poder que tienes, que lo devuelve todo a su sitio y lo arregla todo- La elogió Cat Noir- Es un poder maravilloso.

-Si, maravilloso- Suspiró abatida antes de salir por los tejados con su yoyo.

-¡Espera!- Cat noir notó que algo no iba bien, así que, a pesar de arriesgarse a descubrir sus identidades y que tanto la superheroina como el maestro Fu se enfadaran con él por ello, decidió seguirla. La atrapó a unos tejados de la casa de Marinette- ¿Se puede saber que te ocurre?

-Nada- Le respondió de espaldas a él- No deberías seguirme, en breve nos destransformaremos.

-No me importa, te pasa algo y quiero saber que es.

-¡Te he dicho que no es nada!- Gritó girándose hacia él, con el rostro bañado en lágrimas.

-My Lady, ¿qué sucede?- Se acercó a ella rápidamente y la abrazó- ¿A qué se debe que estés de esta forma?

-Tú has dicho que mi poder es maravilloso- El gato negro asintió, realmente preocupado por como estaba su compañera- ¿De que sirve tener un poder así, si lo único que quiero arreglar no puedo hacerlo?

-¿A qué te refieres?

-¡A mi madre!- Le gritó frustrada, sin ser consciente de lo que estaba revelando- ¿De que sirve poder arreglar todos los destrozos y devolver a la normalidad a la ciudad si no puedo curarla a ella? ¡No es justo!

-¿Marinette?- Preguntó el joven, totalmente sorprendido por lo que la confesión de la joven rebelaba- ¿Eres tú?

-¡Si, soy yo!- Le gritó enfadada con todo el mundo- ¡Tikki, puntos fuera!- La kwami apareció y se quedó flotando mirando a su portadora con preocupación a pesar del cansancio- ¿Decepcionado? Yo lo estoy de mi misma- Dijo antes de caer de rodillas sobre el tejado y llorar, soltando todo lo que llevaba dentro.

-Jamás podrías decepcionarme- Le respondió mirándola con ternura- Plagg, garras fuera- Y, al igual que había ocurrido con Tikki, Plagg pululó junto a su portador- Eres todo lo que siempre he deseado.

-¿Qué?- Preguntó Marinette, levantando levemente la mirada, y pudiendo ver a Adrian, su gran amor, frente a ella, en aquel mismo tejado, con los dos Kwamis flotando alrededor- ¿Adrian?

-Así es, mi amor, yo soy Cat Noir, y tú eres Ladybug- Se agachó a su altura y la miró con cariño- Así es como debía ser, estamos hechos el uno para el otro.

-¡Adrian!- Dijo lanzándose a sus brazos sin poder dejar de llorar.

-Espera, princesa, me transformaré y te llevaré hasta tu balcón, allí hablaremos tranquilamente.

La joven asintió, incapaz de hacer nada en aquellos momentos. Simplemente se dejó llevar, abrazada a su amor, deseando poder cambiar las cosas de alguna manera y que todo fuera más sencillo.

Hola,

espero que os guste el capítulo, sé que va un poco deprisa, pero todo esto es una pequeña introducción para lo que sucederá a continuación, todo esto es lo que los llevará a la verdadera aventura.

¿Qué os parece el Adrianette que he hecho? Sinceramente, es que veo la serie y me comen los demonios por no verlos juntos cuando se nota que se gustan, y he querido juntarlos pronto, lo que no quiere decir que sea definitivo, aun no sé que sucederá con ellos.

Siento si la parte de la pelea es un poco rara, nunca había narrado una pelea de este tipo y me ha costado, pero mejoraré.

¿Queréis algun lemon o preferís que sea suavecito? En el próximo es probable que suceda, aunque nunca se sabe.

Gracias a los que me habéis dejado mensajes, siempre son bienvenidos mientras sean constructivos. Y si queréis dejarme otro en este capitulo diciéndome lo que os gusta y lo que no, sería genial, eso me ayuda a reconducir la historia.

Nos leemos pronto.