Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a Horikoshi-sensei, a excepción de los Oc's, que son míos. Yo sólo uso a sus bebés para emparejarlos y hacer historias cursis.

Nota: ¡Muchas gracias a todas esas personas que leen este fic, muchas gracias de verdad! ¡Los quiero mucho a todos! ❤❤❤

¿Y saben? En serio, no puedo evitar ver a Shōto como un hermano celoso xD


Alas de Hielo

VI


—Ustedes dos son... ¡Agh! —Exclama Fuyumi en tanto camina de un lado a otro por la destruida sala, estando a un lado suyo los culpables de su molestia, arrodillados y temiendo a que la joven los congelara de vuelta. De repente se detiene a mirar a los dos culpables del desastre cósmico que es actualmente su nuevo hogar, entrecerrando los ojos hacia uno en específico—. Shōto, no esperaba esto de ti.

El aludido baja la mirada, apenado. El chico a su lado se siente confundido.

—¿Y de mí? —pregunta Hawks, curioso al no ser reprendido.

—De ti sí, era indudable —afirma secamente, rompiendo su corazón—. Es más, ya ni me impresiona.

—Auch.

El Todoroki menor se ríe un poco de la situación. Claro que pronto vuelve a estar serio con la mirada inquisidora de su hermana.

Ésta misma suspira al final, rendida.

Bien... —murmura vagamente, mirando hacia una pared, viendo lo llena de agujeros que se encuentra. Horrorizada, prefiere mirarlos a ellos—. Supongo que el universo no quiere que viva sola. Creo que volveré a casa entonces.

Los ojos de Shōto se abren con sorpresa, y dirige su vista a ella.

—Entonces lo harás. Volverás.

—Sí, lo haré —acepta vagamente, y se acomoda los lentes con nerviosismo—. Creo que lo único molesto en todo esto, es que papá podría molestarse.

Hawks carraspea, llamando la atención entonces.

—¿Y qué te parecería quedarte conmigo, en ese caso?

—Me rehúso.

—Auch.

El joven medio pelirrojo ríe por lo bajo, y camina hasta su hermana, poniendo una mano en su hombro.

—Yo voy contigo —declara con monotonía. Ella le sonríe—. Tengo que explicarle que soy el culpable.

—Sí. Sigo enojada por eso también.

El aura de hermana dulce se desvanece, causándoles escalofríos a ambos varones. Shōto Todoroki lamenta haber dicho eso.

—Y como me siento también culpable —habla el héroe profesional, poniéndose de pie y dando un paso, y sacudiendo la escarcha de su abrigo—, yo pagaré las reparaciones del departamento.

. . .

—¿Fuyumi? ¿Qué haces aquí? —pregunta bastante confundido el hombre, viendo a su hija caminar por el pasillo, con una caja en brazos, en dirección a donde estaba su habitación.

Ella suspira pesadamente, deteniéndose, y le mira con una sonrisa falsa. Casi hasta se nota la vena de furia brotar en su frente.

—Que Shōto te lo explique.

El aludido pronto hace aparición, con su habitual cara de iceberg solitario asesino de barcos millonarios, detrás de la albina.

—Es que se destruyó su departamento. —Suelta el menor, sin delicadeza alguna. Y es que la delicadeza no forma parte de él gracias al mismo hombre que tiene entrante, pero ese es otro caso que prefiere no tocar.

Enji frunce el ceño, ligeramente confundido con esa explicación tan poco detallada y demasiado corta.

—¿Cómo pasó eso? —exige con severidad, cruzando los brazos en espera de más información. El chico parece pensar un momento en las palabras correctas para describir el horrible suceso del día.

—Accidentalmente... tuve una pelea con Hawks —explica todavía con ese tono de medio dormido y amargado—, y terminamos arruinando todo el departamento de Fuyumi.

—¡¿Hawks?! —Exclama entonces el héroe, escandalizado y ya furibundo sólo con escuchar el nombre—. ¡¿Qué hacía ese pájaro en el departamento de Fuyumi?!

Shōto vuelve a buscar las palabras, especialmente las que hicieran soltar la información de una forma más sutil. Claro que no le sale al final;

—Es que ella le dejó inconsciente con una sartén.

Cri.

Cri.

Cri.

—... Qué —articula Endeavor, sin creer lo que acaba de escuchar. Su cabeza no tarda en tratar de buscarle lógica al asunto, y no encuentra nada, porque jamás imaginaría a su niña haciendo tal barbarie—. ¿Por qué haría eso?

El adolescente se encoge de hombros.

—No sé. No quiso decirme.

Bien. Finalmente pareciera que un rayo acaba de caer encima suyo y dejarlo medio muerto. Y no es así pero de verdad que desearía que pasara, porque no se lo puede creer realmente. El hecho de que seguramente su tierna Fuyumi dejó inconsciente por razones dudosas a uno de los héroes más aclamados por las masas.

Y entonces recuerda lo del autógrafo.

Su semblante decae.

—Shōto, necesito un tiempo a solas, por favor. —Ordena pobremente, dándose vuelta y encerrándose en su estudio.

El chico no comprende lo que le sucede a su viejo, pero tampoco quiere romperse el coco pensando en ello, así que lo deja ahí y decide no tocar más el tema. Sigue el mismo trayecto que su hermana mayor.

. . .

Luego de pensarlo y pensarlo, y volver a repensarlo, Enji Todoroki sólo puede llegar a una conclusión de todo el asunto con su hija y el pajarraco con el que trabaja:

—¿Qué hacías en el departamento de Fuyumi?

Bien. Típico de los Todoroki, cero delicadeza y cien por ciento palabras directas y amenazadoras. O eso piensa Hawks, junto con las opciones más factibles para salir huyendo de la furia de Satanás una vez más. Aunque interiormente agradece que la pregunta trate de eso y no de la escapada de hace unos días que tuvo junto a la hija del héroe número uno y donde se atrevió, descaradamente, a proponerle noviazgo.

(Y se ganó el trasero congelado. Joder, pobre del tipo que se atraviese a pedirle una noche sin ser romántico.)

Niega con la cabeza, volviendo a la realidad antes de que su mente vuelva a divagar en el posible tamaño del busto de la chica. No es sano, ni para su mente ni su integridad física si por azares del destino el padre de fuego se enterara de eso.

—Le llevé un pastel. —Sincera directamente, volviendo a su sonrisa despreocupada. Endeavor hace cara de no entender un carajo a qué se refiere.

—¿Le llevaste qué?

—Un pastel —reitera calmado—. Era una ofrenda de paz. Lastimosamente murió en batalla... —lamenta en voz baja, recordando el desastre del lugar; culpa suya.

—Como sea. Ya me harté de tus tonterías, Hawks —declara seriamente, y lo agarra de la ropa antes de que pueda escaparse volando—. Vuelve a acercarte a ella y verdaderamente quemo tus alas. ¿Me entiendes? Y no te atrevas a usarme de estufa que te haré volar pero de un golpe.

El rubio rápidamente deja de lado la idea de volver a sacar las brochetas para cocinar. No piensa morir todavía.

Le mira directamente, sin mostrarse atemorizado. Más bien mira la cicatriz enorme con ligero interés. El hombre cree saber a dónde va a parar la situación.

—Mm... ¿No ha pensado en ponerse alguna crema para que sane?

Enji le suelta, y gruñendo decide alejarse antes de oír cualquier otra estupidez salida de la boca del joven héroe alado. Y éste solamente puede volver a hacer una mueca de victoria, por salir vivo de otra contienda contra el héroe número uno.

Si continúa así sabe que morirá. Debería parar un momento.

Efectivamente, no hará eso. El mundo no va a esperarle ni mucho menos la diversión.

Su teléfono vibra en su bolsillo, es una llamada de su asistente. Contesta de mala gana.

—¿Ahora qué sucede, Kurome?

—¿Olvidó que tiene una sesión de fotos en quince minutos?

Hace una mueca, pero esta vez de aburrimiento.

—Esto de ser modelo es agotador. ¿No puedo fingir enfermedad y no ir?

—Jefe, esto no es la secundaria.

Bufa, y entonces se escuchan gritos de personas cerca. Sonríe satisfecho.

—Tendremos que posponerlo, ¿no crees?

—Entendido. No muera.

. . .

Mira su alrededor, y se le hace conocido pero a la vez no. Es un lugar viejo y acogedor, aunque es la ventana lo que verdaderamente llama su atención. Se acerca a ésta dando pasos lentos y suaves sobre el piso de piedra lisa, quedando deslumbrada ante el paisaje tan precioso que tiene enfrente al otro lado de la misma ventana. Empero no sólo la admiración hace acto de presencia, sino también la sorpresa y confusión al darse cuenta de que se encuentra A MÁS DE CINCUENTA METROS DE ALTURA.

Suelta un chillido de espanto y retrocede. Y verdaderamente no puede creerlo. ¡Se encuentra en una torre!

«¿Qué hago en un lugar como este?»

Oye el sonido de algo golpear las paredes, y se horroriza. Mira a su alrededor en busca de cualquier cosa que le ayude a defenderse de algún ataque en ese lugar que no conoce. Lo único que divisa es una sartén, y sin dudarlo la agarra. Rápidamente va a esconderse detrás de las cortinas, teniendo que levantar un poco la falda del vestido azul que usa y que no tiene ni una sola idea de por qué rayos trae puesto.

Guarda silencio, hasta que entra en cuenta de que lo que oye es algo clavarse entre los ladrillos que conforman la torre. Y también escucha pisadas, hasta que se detienen y el intruso ya está en la ventana.

Entra y sus botas suenan contra la madera. Silenciosamente ella sale y presurosa camina hasta él, propinándole enseguida un golpe en la nuca. Lo noquea totalmente.

Ya puede soltar el aire de sus pulmones, que recién se da cuenta que ha mantenido dentro.

Se acerca con cuidado al cuerpo del hombre inconsciente, apuntándole con ciertos temblores, llevándose una gran sorpresa.

¡Era Hawks!

Siente un horrible déjà-vù.

Suelta el arma homicida y se inclina a ver si sigue vivo. Lo da vuelta con esfuerzo y se acerca. Su corazón deja de latir desenfrenado en cuanto oye el suyo latir todavía.

Suspira, llena de alivio.

Extrañamente, siente que no debió haber hecho eso de revisar si sigue vivo. Sino que solamente debió atarlo a una silla y esperar a que despierte por su cuenta. Y ese pensamiento sonaba tan a sadomasoquismo que le causaba un escalofrío en la columna y ligero asco.

Y tiene el presentimiento de que ya ha visto algo como esto antes.

Pero, ¿dónde?

—¡FUYUMI! ¡BAJA LA ESCALERA!

Se espanta, soltando un chillido. Rápidamente alza con todas sus fuerzas al muchacho y, observando a su alrededor, decide meterlo en un clóset y ponerle una silla enfrente para que no se abriese. Todo en el récord de dos minutos.

Eso de trabajar bajo presión le funcionaba.

—¡FUYUMI!

La voz de su padre vuelve a despertarla de su celebración personal, y rápidamente vuelve a dirigirse a la ventana. Allí lo ve, Enji se encuentra abajo, esperándole.

Busca alguna escalera. La halla detrás de las cortinas y prefiere no buscarle lógica al asunto y obedecer lo antes posible. Y pronto su progenitor ya se encuentra dentro de la torre, examinando a su alrededor y también a ella, que sonríe algo nerviosa.

—¿Cómo estás?

«¿En serio me lo preguntas? ¡Estoy sola en una torre de más de cincuenta metros! ¡¿Cómo crees que estaría?!»

Su tierna sonrisa titubea por un segundo, pero el hombre no lo nota.

—Bien.

Instintivamente dirige una mirada fugaz al clóset, y pide a todo dios existente que el chico de adentro no despierte todavía.

—Bueno. Ten —enseguida le alcanza una canasta bastante grande, y la albina lo agarra—. Te servirá por una semana. También te traje libros nuevos.

Fuyumi no entiende qué sucede. Revisa el interior del canasto encontrando bastante variedad de frutas y verduras, además de carne y otras comidas ya hechas. Ante ello sólo una idea cruza por su cabeza al ver semejante hecho.

¿Pensaba dejarla allí, sola, de nuevo? ¡¿En una maldita torre de más de cincuenta metros?!

Bien, debería dejar de decir el tamaño de la torre. O torre en sí.

—¿No puedo salir de aquí, padre? —inquiere algo melancólica, y atemorizada.

—No puedes —declara seriamente, con rudeza—. Sabes que debes mantenerte aquí con Shōto. Ambos deben ocultarse.

«¿Shōto?»

Algo en su interior le dice que su querido hermanito no va a formar parte de la escena.

—Por cierto, ¿dónde está él? No lo he visto.

—¡S—se está dando un baño! —Exclama rápidamente como excusa, y quiere golpearse por haber sonado tan desesperada—. Sí, un baño.

Enji le mira seriamente, y asiente. Se da vuelta, dispuesto a retirarse.

—Volveré en unos días.

Y lo ve bajar de la torre. Suspira pesadamente.

¿Qué rayos estaba pasando de pronto?

Deja el canasto en una mesa y con rapidez se dirige al clóset, y lo abre. No toma en cuenta el hecho de que había metido con prisa a la persona y, por lo tanto, no estaba lo suficientemente bien acomodado como para no caerse apenas le quitaran el apoyo, o en todo caso, que abrieran la puerta. Terminando todo en que Hawks cayera justamente sobre ella, repitiendo lo mismo de su departamento.

Oh, ahora lo recuerda. ¡Su departamento!

—¡Fuyumi, despierta!

Se cae de la cama, golpeándose la frente contra el suelo. Suelta una exclamación de dolor y sólo puede pensar en dos cosas.

1) Odia los lunes.

2) No debe ver más películas de princesas, que luego sueña que es una de ellas.

Mira su reloj, y se levanta de un salto. Va a llegar tarde al trabajo.

Interiormente agradece a su padre por despertarle. Ahora la idea del departamento ya no le suena tan linda ni factible.


Continuará.