Notas/Disclaimer:

Legend of Zelda y sus personajes son propiedad de Nintendo, no me pertenecen, blablablá y todas esas cosas que siempre se dicen para que no te enchironen xD

En fin, la idea de esta historia surgió casi por casualidad durante mis vacaciones, mientras escribía dos one-shots independientes: uno centrado en mis teorías sobre Majora's Mask y el otro en un potencial universo alterno moderno con elevadas dosis de Zelink xD En un instante de iluminación (o llámalo x, jajaja) vi que había algo en común, se me ocurrió mezclar ambas cosas, y… empecé a crear muchos más paralelismos que conectan las dos historias ¡No sé cómo terminará este experimento!

Eso sí, por todo lo que llevo ya escrito (que es bastante) puedo afirmar que habrá sorpresas y muchas aventuras inesperadas, aunque al principio del fic todo parece calmado y centrado en la relación entre Link y Zelda, sólo es la calma que precede a la tempestad xD

Doy gracias por adelantado a aquellos que decidan darle una oportunidad a este desvarío de historia. No tiene nada que ver con lo que he escrito hasta ahora… 😉 Let's go!


"El flujo del tiempo siempre es cruel… Su velocidad parece ser diferente para cada persona, pero nadie puede cambiarlo…" -Sheik.


PARTE I

Prólogo

La explosión retumbó en todo el edificio.

Zelda miró a un lado y a otro, y de milagro pudo ponerse a salvo justo cuando la enorme cicatriz se abrió en el suelo. Había una luz cegadora, como la del sol, era imposible que hubiera nada dentro del museo que pudiera emitir una energía así.

Estaba sola.

Las máscaras se habían desintegrado, o se las había tragado la tierra. Lo último que vio antes de perder el conocimiento fue un ojo sin párpado, con una lágrima pendida del borde inferior, como el péndulo de una campana. Necesitaba ayuda. Estaba aterrorizada. Pronto un dolor intenso creció desde el cuello hasta la parte trasera de su cabeza. Fue lo último que sintió antes de que todo se apagase.


1 – La ira de los dioses

—A veces, los dioses pueden llenarse de la más temible y profunda oscuridad. Pueden destruir lo que un día crearon, y odiar aquello que más amaron. Pueden ser crueles, Link.

—¿Qué puede llevar a un dios a hacer esto? —preguntó él, perdiendo la paciencia.

El viejo Shikashi caminó despacio bajo la bóveda del observatorio astronómico. Limpió algunas de sus lentes más valiosas del telescopio y observó sus mapas celestes, sin prestarles atención real. Se tomaba su tiempo para meditar las respuestas del mismo modo que se tomaba su tiempo para buscar nuevas estrellas en espacio que los rodeaba.

—Un deseo interrumpido.

—¿Quién interrumpe el deseo? —Link temblaba de impaciencia, Shikashi hablaba con una parsimonia insufrible.

—El destino.

Link resopló. El tiempo se agotaba y aquel viejo no iba a responder a ninguna de sus preguntas. Enigmas dentro de más enigmas dentro de aún más enigmas. Era todo lo que había encontrado desde que puso el pie en Términa.

—¿Te marchas ya, Héroe del Tiempo?

Él se detuvo justo al pie de la escalera.

—¿Por qué no iba a hacerlo? Usted no me ha solucionado el problema. Tengo que averiguar cómo acabar esto de una vez, o Skull Kid estrellará la Luna contra nosotros. Y será el fin.

Shikashi miró con disimulo por el ventanal del observatorio. No hacía falta ningún telescopio para ver que la Luna se acercaba terriblemente a la tierra, como un siniestro meteorito de dimensiones descomunales.

—Diablos, Skull Kid no es más que una triste marioneta de los espíritus corruptos de las deidades. Pensé que a estas alturas ya lo sabrías. Dime, ¿cuál es tu mayor deseo, Link?

—¿Qué tiene eso que ver?

—No lo sabes. O tal vez lo sabías, pero han pasado demasiadas cosas, jugar con el tiempo no es siempre lo mejor. Lo has olvidado —murmuró Shikashi —estás olvidando. Aquí atrapado, en esta dimensión, en este diabólico bucle infinito, te vuelves transparente con cada día gastado, como todos los demás.

—Sí sé cuál es mi deseo. Deseo que esto acabe y salir de aquí. —dijo él de repente, apretando los puños —me ahogo aquí dentro. Siento que vivo una pesadilla.

—¿A dónde quieres huir? —Shikashi parecía indagar, cualquiera diría que era aquel anciano el que estaba sacando información y no al revés.

—Quiero huir a… a… no es asunto suyo —gruñó Link. Un enorme vacío lo sacudió por dentro, recorriendo los recovecos de sus entrañas. ¿Qué diablos le estaba pasando?

—Lo has olvidado.

—No… —mintió. Sí, lo había olvidado todo, ¿cómo era posible?

Lo último que recordaba era un bosque, una sombra, la ocarina. Y aquel niño del bosque que estaba poseído por la máscara diabólica, Skull Kid. Ni siquiera recordaba cómo había terminado allí. Había algo, algo importante que tenía que recordar, pero por mucho que lo intentaba, el vacío era más profundo, asomarse a sus recuerdos era como ver el enorme e intrincado agujero que deja tras de sí un gusano que se hunde en la tierra.

—Es tarde para todos, Link. Te aconsejo que te sientes y esperes, por desgracia no hay mucho que puedas hacer. Yo me alegro de haber vivido una larga y feliz vida. Daré gracias a las diosas y tal vez así puedan sentir la redención de su pueblo, una vez todo termine.

—¿Cómo diablos puede ser tan cobarde? ¿Cómo puede quedarse usted ahí, como un monigote, sin hacer nada?

—No hago nada porque no podemos hacer nada contra la ira de los dioses, Link. Cualquier lucha no es más que otro de sus retorcidos designios, como la propia existencia de Términa. Respira y cierra los ojos. Deja que este bucle infinito termine por sí mismo. Si intentas cualquier otra cosa… Te están utilizando, lo mismo que ella utiliza a Skull Kid.

—Nadie me utiliza —gruñó él —Sé muy bien lo que hago. No puedo permitir que nada malo le pase a mis amigos, a Romani, Anju, Kafei. Les he prometido que arreglaría esto.

—Si no quieres ser un instrumento de esta guerra, entonces no te pondrás jamás la última máscara.

—¿Cuál es la última máscara?

—Cuando llegue el momento lo sabrás.

—No entiendo ni una palabra de lo que usted dice —protestó Link —y estoy cansado. Pensé que podría ayudarme a descifrar cómo he de parar esto, pero veo que pierdo el tiempo, un tiempo que no para de correr.

—Pero tú puedes frenarlo, ¿no? Siempre puedes volver a empezar.

—Adiós, señor Shikashi. Nos veremos cuando todo se haya arreglado —dijo Link, desafiándolo con la mirada.

—No. Nos veremos antes de eso. —dijo el viejo, con una sonrisa amarga.

Cuando salió del observatorio, todo había cambiado a su alrededor. El mal se precipitaba sobre su cabeza de forma irremediable. El cielo se había tornado con un tono entre el púrpura y el rojizo, próximo a los colores del ocaso, pero alejado de la paz que el mismo trae consigo. Los temblores eran más repetidos. Link sentía el suelo vibrar y temía que se quebrase en cualquier momento. Todo el mundo debía estar congregándose alrededor de la Torre del Reloj. El alcalde no cesaba en su empeño de "vivir a pesar de todo, así que el Carnaval del Tiempo se celebrará pase lo que pase". La Luna, sin embargo, estaba cada vez más próxima y en pocas horas se precipitaría sobre la tierra, arrasándolo todo.

Echó a correr con toda la fuerza que le daban sus diminutas piernas. Una ciega desesperación se apoderaba de él. "No puedo recordar nada, pero sí puedo ayudar a mis amigos. Shikashi se equivoca. Aún no es el fin."


Zelda despertó con el corazón tan acelerado que dolía, y el pulso descontrolado batiendo contra las sienes. Temblaba de arriba abajo. Se frotó los ojos y dejó que se acostumbrasen a la oscuridad del dormitorio. Los segmentos digitales de su reloj de la mesilla de noche marcaban las 3 AM.

—Otra vez no.

Tomó aire un par de veces, pero no conseguía calmarse. El escalofrío que recorría su cuerpo aún era muy real, tan real como todo lo que había visto en la pesadilla.

Se puso en pie y suspiró, resignándose. Agarró la almohada y arrastró su manta pasillo adelante, hasta la puerta que había frente a la suya.

—¿Link? —golpeó la puerta con los nudillos, suavemente.

No hubo respuesta.

—¿Link? —insistió, golpeando más fuerte y elevando un poco el tono de voz. No quería parecer asustada, aunque lo estuviese.

Al fin oyó revuelo de sábanas y pies caminando descalzos al otro lado. Sus nudillos fueron a golpear la puerta una vez más, pero esta vez sólo alcanzaron aire. Link había abierto la puerta y hacía verdaderos esfuerzos por abrir también los ojos.

—¿Pesadilla? —preguntó él, como en una mezcla entre ronquido y gruñido. Ella movió la cabeza afirmativamente.

—¿Puedo dormir contigo? —le suplicó con un hilo de voz.

Link bostezó y abrió la puerta del todo, invitándola a pasar. Él encendió la luz de su lámpara en la mesilla de noche, mientras ella estiraba las sábanas de la cama de Link y ponía su almohada y sus mantas encima.

—Esto empieza a ser raro, ¿sabes, Zel? No es normal lo que te pasa ni tampoco acabar durmiendo tan a menudo aquí.

—Tranquilo, no voy a moverme de mi mitad de la cama. Y no te voy a rozar ni un centímetro.

Sólo el hecho de estar allí había conseguido que se sintiese más animada, la sensación de pánico ya se había esfumado. La culpabilidad por molestar e interrumpir el sueño de Link era muy inferior al miedo que sobrecogía su corazón desde que empezaron las visiones y las pesadillas, así que prefería molestarle "un poco" antes que seguir aterrorizada en su cuarto.

—¿No crees que deberías ir a ver a un loquero?

—Esto es serio, ¿vale? Si no me tomas en serio me vuelvo a mi habitación. No vengo aquí por gusto.

—Está bien, no te enfades. Me refiero a ver a un terapeuta, alguien que te ayude a entender eso que te pasa —dijo él, mientras se envolvía en sus sábanas en la mitad de cama que ella le había dejado —¿apago la luz?

—Sí.

Cerró los ojos y trató de relajarse. Escuchar la respiración de Link era suficiente para eso, aunque sentía que él estaba inquieto, había logrado desvelarlo.

—¿Qué has soñado esta vez? ¿Lo de la tormenta oscura o era el tío de los ojos amarillos?

—Era otra cosa —dijo ella, acurrucándose contra su propia almohada —esta vez aparecías tú. Con unas ropas muy raras, en otra época.

—¿En serio?

—Y había una máscara diabólica que hechizaba la luna para que se estrellase contra la tierra, y tú sólo tenías diez años, pero querías impedirlo.

Link hacía esfuerzos por no reírse, ella podía oírle aguantándose. Frunció el ceño y si no fuese por ese odioso miedo que sentía, se habría vuelto a su habitación de inmediato.

—¿Era tan guapo con diez años como lo soy ahora?

—Muy gracioso, Link… —protestó, dándole la espalda por completo.

—Pero tú crees que soy guapo, ¿no?

—No voy a responder a eso —refunfuñó, hincando la cabeza en su almohada para no oírle. Él soltó una carcajada a su espalda.

—Así que una máscara diabólica. Uhm. Últimamente lees demasiado sobre tribus antiguas y yacimientos arqueológicos. Sabes que me gusta que tengas esas curiosidades, pero igual todo eso te está comiendo demasiado la cabeza, dispara tu imaginación. Deberías leer otras cosas antes de dormir.

—¿Cómo qué, a ver?

—No leas nada.

—…sabes que no puedo hacer eso.

—Empollona, repelente.

—Y tú eres un maldito… un hijo de… Creo que me voy al sofá ahora —gruñó ella.

—No, espera, espera… —dijo él, sin poder evitar reírse abiertamente —sólo bromeo para que te sientas mejor. ¿Te sientes mejor?

—Un poco —disimuló. Lo cierto es que se encontraba muy bien, se encontraba tan bien que no le importaría golpear a Link con la almohada para vengarse de sus tonterías.

—Sólo son sueños, fantasías. No va a pasarte nada malo. Así que duerme tranquila.

—Gracias, Link. Te prometo que hoy es la última vez que vengo a dormir a tu habitación. Tienes razón… es raro.

Sabía que era raro sentir ese bienestar y seguridad cada vez que estaba cerca de él. Pero prefería no pensar en ello. No estaba preparada para analizar "eso otro", era más fácil ignorarlo. Temía que él notase algo raro en ella y eso alterase su amistad. Conoció a Link cuando él buscaba apartamento para compartir tras mudarse a Central Hyrule. Él era Link, su compañero de piso y también su mejor amigo, y era cierto que a veces había sentido algo distinto, pero él nunca... Daba igual. Estaba perdiendo la cabeza. Tal vez sólo fuera un efecto más de sus pesadillas.

—No hagas promesas que sabes que vas a romper. Puedes dormir aquí siempre que lo necesites. Buenas noches, Zel.

—Buenas noches.