Hola amigos! En respuesta a una duda (o más bien un pensamiento) de un reviewer anónimo, pues os digo que sí, que Zelda también tendrá algún que otro pretendiente, jajaja, y por supuesto eso lo complicará todo. Y llegados a cierto punto (no diré cuál), veremos cuál es el POV de Link, no todos los capítulos están escritos con el POV de Zelda. Dicho esto, os dejo otro capítulo más que acabo de retocar ;)


Capítulo 3 - Las máscaras del sol y la luna

La biblioteca que había en el casco antiguo de la ciudad tenía secciones secretas, cerradas al público. Zelda había insistido en visitarlas cientos de veces, ya no sabía qué recursos podía seguir para conseguirlo. "Ponga usted una reclamación en el ayuntamiento de Central Hyrule, tal vez se animen a intentar restaurarlas". Zelda sabía que "animarse a intentar algo" era lo mismo que no hacer nada. Por eso presionaba al viejo Mort, el bibliotecario, para conseguir aquel manojo brillante de llaves que colgaban de su cinturón.

—Lo siento, preciosa, sabes que no puedo abrir esa puerta. Si la abriese me buscaría un problema y tú también. ¿Qué hay ahí que pueda ser interesante para una chica joven como tú? Tienes todo un mundo por descubrir fuera de esas paredes.

—Mantienen esos documentos ocultos por algo, Mort —insistía ella, con el ceño fruncido —en fin, supongo que un día más me marcharé sin poder ver nada…

—Vamos, vamos. Pasado mañana viene el supervisor, volveré a hablarle de tus solicitudes y-

—Gracias, Mort —se rindió ella, dibujando una sonrisa triste.

—¿Puedo preguntar si te pasa algo?

—Me temo que lo acabas de hacer —sonrió ella, esta vez de forma genuina. —¿Por qué lo preguntas?

—Hace un par de semanas que te veo un poco alicaída. No sé si es que tienes demasiado trabajo o qué ocurre, pero no veo esa sonrisa tuya iluminando esta vieja biblioteca.

—Tengo dos alumnos nuevos en la academia —dijo ella, encogiéndose de hombros —y por las tardes sigo trabajando en la cafetería, es más trabajo, pero no me va mal. Aún puedo pagar las facturas y las clases en la universidad.

—Entiendo —Mort se rascó los pelos blancos que poblaban su barbilla —eres guapa, inteligente, y demasiado joven para trabajar tanto. Y yo sólo te veo hablar de estudiar, pagar facturas y pasar largas horas aquí encerrada. ¿Qué pasa con aquel chico, aquel con el que salías?

Zelda sintió calor en las mejillas y un vacío en el estómago. Mort siempre se empeñaba en emparejarla con alguien, así que tuvo que inventarse un novio imaginario y como no tenía a nadie a mano… empezó a hablarle de Link. Sus excursiones con Link, las películas que veían juntos, sus riñas, sus manías… No fue hasta la llegada de como-se-llame cuando se dio cuenta que todas las experiencias vividas junto a Link que había contado a Mort eran reales. Ante Mort solo omitía el hecho de que nunca se habían besado, apenas se tocaban y jamás habían compartido la cama para algo que no fuese dormir o jugar a las cartas sobre el colchón… por lo demás, Link y ella habían sido como una pareja. Y ahora podía verlo. Ahora sabía que estaba profundamente enamorada de él, ahora que la ceguera había desaparecido y podía ser consciente de ello. Sus sentimientos por él se habían vuelto sólidos, visibles, tan reales que casi parecían algo material. Y le dolían.

—Él está muy bien —dijo. No era mentira, y no había necesidad de dar más detalles.

—Entonces quiero que te animes. Tal vez la próxima vez que nos veamos pueda dejarte las llaves —sonrió Mort, mostrando las arrugas de su cara.

El día en el exterior de la biblioteca era soleado y caluroso. La primavera daba paso a los primeros compases del verano.

Ese año tampoco iría a ver a padre en vacaciones. Él vivía a un par de horas de coche de Central Hyrule, rodeado de todo el lujo, guardaespaldas, seguridad y ostentación del que ella había huido con solo diecisiete años. Padre, además de la palabra, le retiró su protección económica y por eso tenía que trabajar el doble que el resto de sus amigos estudiantes. No le importaba. Adoraba su libertad y la independencia de elegir qué quería estudiar, cómo manejar los hilos de su vida. Padre consideraba su elección profesional como algo poco práctico, para él las disciplinas de Ciencias no eran más que "una ilusión romántica", algo complejo y demasiado intelectual que no llenaría su cuenta corriente y que desde luego no necesitaba para heredar los bienes de la familia Bosphoramus. "Si tanto te gustan los números, estudia Economía. Eso sí tiene futuro." le había dicho él miles de veces. Con el paso del tiempo, tras su separación, padre comenzó a ablandarse con ella, y le mandaba una invitación para la fiesta de verano anual en la mansión Bosphoramus, aunque ella nunca la aceptó.

Decidió cruzar la calle, al otro lado había una heladería que ella solía frecuentar. Mientras lo hacía, sintió el móvil vibrar en su bolsillo. Era un mensaje de Link.

Link: Ocupada?

Zelda sonrió y se maldijo a sí misma por emocionarse cada vez que tenía noticias de él. En el pasado habían intercambiado miles de mensajes sin pensar, pero ahora cada uno de los que recibía de él significaban un mundo. Tecleó con velocidad para responderle.

Zelda: Como siempre, ¿lo dudabas? ;)

Link: Te recuerdo que te dije que este fin de semana estaré en casa (ahora estás poniendo los ojos en blanco y pensando que soy un pesado).

Zelda soltó una carcajada.

Zelda: ¡Pesado!

Link: Me encargo de la compra, ¿vale? Cocinaré algo que te guste. ¿Pizza y pastel de fresas? :)

Escribió varios mensajes que luego borró. El corazón le latía con fuerza. Parecía que todo volvía a ser como siempre, pero no podía engañarse pensando que era así. Link debía cocinar para como-se-llame igual que lo hacía para ella y todo no era más que un espejismo. De repente, la naturalidad con la que se entendían volvió a ser dolorosa. No se encontraba con ánimo para responderle y guardó el móvil para seguir su camino.


La comida que servía Anju siempre era deliciosa. Se sentía reconfortado con cada cucharada que se llevaba a la boca. Mientras Link apuraba el fondo de su cuenco de puchero, ella miraba el medallón de compromiso, consternada.

—Me alegro de que mi carta haya llegado a Kafei, gracias, Link. Pensé que lo había perdido para siempre… que nunca volvería a saber de él. Ya no tengo miedo —sonrió —¿has podido ver dónde-

—Kafei vendrá a verte —dijo Link, limpiándose la boca con el dorso de la mano —lo prometió. Vendrá esta noche.

—Estoy deseando verle —dijo ella, ampliando aún más su sonrisa —él es lo único que me importa de verdad.

Link estuvo tentado de decirle que Kafei, su prometido, estaba "cambiado". Que, en realidad, él nunca se había alejado demasiado de ella, que la cuidaba desde las sombras de su escondite.

Ninguna de las otras veces en las que Link había echado el tiempo atrás, en ninguno de los anteriores reinicios había conseguido reunir a Anju y Kafei, una joven pareja que planeaba formalizar su compromiso de matrimonio el día del Carnaval del Tiempo. Se había centrado en otras cosas, pero siempre, siempre habría más tiempo para volver a empezar, por eso no le había dado importancia.

Kafei se ocultaba en una de las callejuelas de Ciudad Reloj, y él había conseguido darle una carta de parte de Anju, en la que ella mostraba su preocupación después de que él desapareciese sin dejar rastro. A cambio, Kafei había entregado a Link el medallón de compromiso que acababa de entregar a Anju, prueba de que cumpliría su promesa y volverían a encontrarse la noche del Carnaval del Tiempo. Esa misma noche. Tal vez la última noche.

La cuestión es que Kafei se escondía de Anju tras haber sido maldito por Skull Kid, es decir, por los poderes místicos de la máscara de Majora. Kafei había sido alcanzado por un encantamiento que lo había convertido en un niño de la misma edad que Link. Pero… ¿por qué? Link no se había detenido a pensarlo hasta ese momento. ¿Por qué pretendía la Máscara separar a Anju y Kafei a través de un encantamiento? ¿Qué interés particular podía tener esa pareja para un espíritu diabólico que pretendía arrasarlo todo? "Los dioses pueden ser crueles" esas fueron las palabras de Shikashi. Pero Majora había decidido ser cruel con Anju y Kafei, con ellos dos en concreto. Era como si estuviera furiosa porque ellos fuesen a consumar su amor y hubiera decidido truncar sus planes.

—Mira, Link —dijo Anju, sacándolo de sus pensamientos —esta es la máscara de la luna. La he hecho yo misma, para Kafei.

—La… máscara de la luna —dijo él, tomando el objeto en sus manos.

—Cuando era niña, cuando Kafei y yo sólo teníamos diez años, prometimos estar juntos. Nada podría separarnos. Decidimos que cuando fuésemos mayores nos comprometeríamos el día del Carnaval del Tiempo, e intercambiaríamos nuestras máscaras del festival. Hice esta para él, y él prometió hacer la máscara del sol para mí.

—Diez años. —dijo, para sí mismo.

Él tenía diez años y ahora Kafei también. ¿Era una casualidad? Sentía como si el universo entero intentase decirle algo, pero no era capaz de comprender, no conseguía encajar las piezas de aquel diabólico rompecabezas en el que estaba atrapado.

Sí sabía que Kafei había perdido la máscara del sol. Por ese motivo nunca había conseguido reunirse con Anju y dar así conclusión a su promesa de amor. En ninguno de los reinicios se unieron porque Kafei andaba perdido buscando su máscara robada.

"Ya sé lo que tengo que hacer" pensó Link, apretando los puños.

—Tengo que marcharme, Anju —dijo él, devolviéndole la máscara de la luna.

—¿Tan pronto?

—Volveremos a vernos, cuando falte sólo una hora para… para las doce de la noche. Aquí estaré —sonrió él, y se rascó el pelo tras la nuca con timidez.

—Link, ten mucho cuidado —advirtió ella —Y… si ves a Kafei dile que esperaré aquí, en mis aposentos. Que la máscara de la luna lo espera junto a mi promesa.

—Descuida —dijo él, guiñando un ojo.

Salió corriendo de los aposentos de Anju y bajó las escaleras de la Posada del Puchero tan rápido que temió tropezarse y caerse de boca. Al poner un pie en la calle, vio que el sol ya se había puesto. Un halo rojizo, como sangre derramada, envolvía la diabólica luna. Y Skull Kid debía estar allí, esperándole.

Pero Link había decidido hacer algo diferente esta vez. La historia de Anju y Kafei era importante para Majora y tenía que comprender por qué. Tal vez así hallase también las respuestas sobre sí mismo que ansiaba saber.

Se dirigía al callejón de la trastienda, el escondite de Kafei, cuando una sombra siniestra se cruzó en su camino. Un viento helado se levantó desde el suelo, se erizó la piel de sus brazos. Alguien lo seguía, Kafei tendría que esperar un poco más.


Una noche más, Zelda despertó envuelta en sueños, pesadillas. Pero con el paso del tiempo, su miedo se había ido tornando en curiosidad. Ahora necesitaba saber más.

Cada sueño se había vuelto más nítido, era como transportarse a una realidad tangible. Había empezado a fijarse en los detalles de Términa, en sus habitantes y en su cultura. Seguramente era un engaño de su mente, pero aquella tierra tenía un gran paralelismo con lo que había leído y visto en los libros de Historia Antigua de Hyrule. Y lo peor. Ahora se sentía implicada con el desarrollo de sus sueños, quería que el joven Link consiguiese romper la maldición de Majora… y también quería que Anju y Kafei lograsen consumar y sellar por siempre su amor.

Encendió la luz y se puso en pie. Ella no tenía muchos libros sobre Historia Antigua, todo lo que sabía lo había obtenido de su compañero de piso.

Link se preparaba para ser arqueólogo, y al igual que ella, se financiaba sus estudios trabajando, en su caso de pinche de cocina en un restaurante cerca del casco antiguo de la ciudad. Él amontonaba libros y ella se los robaba siempre que podía. A veces él se frustraba al ver cómo ella devoraba los tomos llenos de simbología y arquitectura antigua con más afán que él mismo. "Yo soy un explorador, lo que me interesa de verdad es el trabajo de campo. Y tú eres el ratón de biblioteca, serías una ayudante perfecta en mis aventuras" se justificaba él, bromeando con ella.

Entró al dormitorio de Link. Él no lo había pisado desde hacía al menos una semana, pero todo estaba envuelto en su esencia, como si él siguiese durmiendo allí cada noche. Encendió la lámpara y miró en sus estanterías. Recordaba haber regalado un libro a Link sobre máscaras antiguas y su misticismo, lo compró la vez que paseaban juntos por el muelle. Los vendedores de antigüedades montaban un mercadillo callejero en el muelle que rodeaba el lago Hylia y a veces solía ir allí con Link. Tragó saliva tratando sacarse de la cabeza el hecho de que tal vez eso no volvería a suceder y se centró en la búsqueda del libro.

Estaba en uno de los estantes superiores. Lo abrió y vio que Link había puesto un marcador amarillo en una de las páginas centrales. Decidió curiosear qué podría haber llamado su atención y al descubrirlo se quedó sin aliento: "Capítulo 17 – Las máscaras del sol y la luna".