Disclaimer: Banana Fish pertenece a Akimi Yoshida.

Pairing: AshEi (Ash Lynx x Eiji Okumura).

Advertencias: AU ǀ Yaoi (Boy's Love) ǀ OoC ǀ Crack ǀ Drama ǀ Fluff ǀ Lenguaje vulgar ǀ Lime ǀ ShortFic.

N/A: Este par es tragedia pura así que quise hacer algo un poco más light con respecto a ellos.

¡Necesitan amor y paz!


ǀ Because I'm Stupidǀ


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Capítulo 1: Dumby

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Comenzó a sentirse mareado luego del quinto trago. Hizo una mueca al terminar su copa y creyó escuchar a Yut-Lung reír a su izquierda. Lo ignoró por completo. Hablar tan solo delataría su estado y le daría a su amigo más motivos para burlarse.

—La fiesta apenas comienza, Eiji —mencionó otro de sus acompañantes, el amigo de su amigo del cual desconocía el nombre.

Mientras el leve mareo se dispersaba se preguntó el motivo por el que aceptó asistir a esa improvisada reunión. Él no era de ese tipo de ambientes, jamás bebía más de dos vasos de alcohol ni le era entretenido restregar su cuerpo con el de otra persona mientras simulaban bailar. Aunque el mismo Yut a veces lo catalogara como aburrido, Eiji era más bien el tipo de chico que pasaba la noche del viernes devorando series de Netflix o en veladas en casa de sus amigos más íntimos.

Y entonces lo recordó. Todas sus metidas de pata siempre llevaban a su amigo de la infancia de por medio y esta vez no fue la excepción. Justo ahora rememoraba el momento en que Yut lo retó, replicándole que no era tan buen amigo si no accedía a acompañarlo a aquella cita que agendó con un desconocido por Internet. No importó cuántas veces Eiji objetara lo peligroso que era acceder a asistir a ese tipo de encuentros, al final Yut fue mucho más convincente con sus argumentos de ser hermanos de distinta madre y conocerse desde preescolar.

Y así fue cómo terminó su noche de fin de semana al lado de su mejor amigo, la cita de este y el desconocido con el que habían finiquitado esa especie de salida doble.

Peor suerte no podía tener.

Con el transcurrir de la noche, Yut lo dejó de lado a causa de lo bien que las cosas estaban resultándole con su ligue. Y el tipo desconocido, sin querer perder tiempo y ya con un muy evidente estado de ebriedad, no paraba de coquetearle como el que no quiere la cosa.

Al final Eiji se aburrió de sus manoseos para nada discretos y se alejó de la mesa con la excusa de ir al baño. Dentro del cubículo volvió a maldecirse por dejar que lo envolvieran tan fácilmente. También pensó en irse; llamar a un taxi y volver a casa sonaba tentador, pero entonces recordó la mentira que le había inventado a su madre acerca de solo ir a ver películas a casa de su amigo, además su progenitora entraría en estado de pánico al verlo llegar de la nada y con un evidente olor a alcohol. Otro recordatorio de que necesitaba independizarse ya.

Se dirigió al grifo y mojó un poco su cara. Lo mejor era dejar de pensar un rato. Vamos, tenía diecinueve años, no podía dárselas de aguafiestas toda su vida. Estaba en un antro bastante concurrido, tenía pase VIP, su última relación había terminado hace un buen tiempo y ese momento nunca volvería a presentársele en la vida.

Salió renovado, quizá el alcohol dándole el golpe de euforia a destiempo. Se acercó a un mesero y le pidió otra copa para tomársela de un solo trago. Esta vez no fue un mareo lo que sintió sino más bien una corriente eléctrica recorrerle todo el cuerpo. Quiso tomarse eso como una buena señal e intercedió a otro camarero para volver a robarse otra copa.

Al final no supo cuánto tomó, tampoco dónde habían ido a parar sus acompañantes. Tan solo era consciente de lo feliz que de pronto se sentía, que debía aprender a disfrutar más cada minuto y que restregarse con ese tipo rubio mientras simulaban bailar era magnífico.

Su nuevo amigo le pidió en un susurro ir a un lugar más privado y Eiji, sintiéndose más valiente que de costumbre, aceptó. Salieron del antro y caminaron hasta el bonito coche rojo de su supuesto ligue y ambos se montaron hacia un rumbo desconocido, al menos para él.

El camino transcurrió entre las luces neón de la ciudad hasta llegar a un complejo de departamentos que le pareció precioso. Bajaron, atravesaron una recepción, ingresaron a un elevador y pasaron por una puerta. El departamento al que arribaron era todavía más bonito que la fachada del lugar y por un momento se preguntó si no se había metido con la persona equivocada. No obstante cualquier cuestión dejó de importar cuando aquel chico lo apresó entre sus brazos y lo llevó entre besos a su habitación.

Eiji sintió su espalda caer en un colchón suave. Su amigo se colocó encima suyo y fue hasta ese momento en que pudo analizarlo con detenimiento. No cabía duda de que esa noche estuvo de suerte, ¡su conquista era ridículamente guapo! Le causaba cierto regocijo saber que el siguiente tipo con el que jugaría bajo las sábanas era poseedor de tan bonitos ojos.

Entre besos y caricias furtivas la ropa fue desapareciendo de su piel, de igual manera no se quedó atrás e hizo lo mismo con la del otro chico. Lo dejó explorar rincones que luego de tantos meses ya estaban faltos de atención y se permitió tocar y chupar otro cuerpo después de tanto tiempo. Por un instante temió verse de nuevo como un primerizo pero su compañero siempre estuvo a la altura, guiándolo cuando era necesario. Su celibato autoimpuesto estaba a punto de ser mandado al diablo en la situación que menos se imaginó que le ocurriría.

Así fue cómo se abrió de piernas a un tipo del cual no conocía su nombre. Si es que se lo había dicho, era en lo que menos pensaba. Aun así, a pesar de ese insignificante detalle, en ese momento supo que mejor decisión jamás había tomado en la vida.

Disfrutó como nunca antes lo había hecho. Supuso que el ya no ser virgen le daba cierta confianza y experiencia para poder gozar más en la cama. Movía las caderas tratando de seguir el ritmo impuesto por el otro, dejando que de vez en cuando su compañero le mordiera los pezones y en respuesta le halara del cabello.

Al terminar, quedó exhausto. Ambos rieron luego del orgasmo. Habiendo calmado sus risas y respiraciones, aquel rubio le permitió abrazarlo y lo último que Eiji vio antes de caer rendido fueron los bonitos ojos verdes de su amante.

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El cuerpo le dolía a horrores y no recordaba que la luz le hubiese llegado a molestar tanto. Apenas despegó la cabeza de la almohada un fuerte mareo le invadió. Quiso incorporarse mas apenas se sentó en la cama deseó nunca volver a hacerlo en su vida.

El trasero le dolía, no podía con las náuseas y, para empeorar todavía más el escenario, desconocía por completo donde demonios se encontraba. Esa no era ni su habitación ni la de Yut; no era ni su cama, ni sus cortinas, ni sus pósters, ni sus muebles, ni nada que le resultara remotamente familiar.

A pesar de su estado, quizá fue gracias a la adrenalina que logró pararse para poder inspeccionar el lugar. La habitación era demasiado amplia, demasiado blanca, demasiado... todo. Eiji no podía soportarlo. Tomó su ropa esparcida por el suelo y se encaminó hacia la salida, puerta que en realidad resultó ser el baño.

No sé dio el tiempo de admirar la bonita decoración ya que su estómago no pudo más y terminó devolviendo todo en el lavabo. Cuando por fin pudo alzar el rostro, la imagen que el espejo le regaló no le gustó para nada. Tenía unas marcadas ojeras y en su cuello se vislumbraban marcas de mordidas, eso aunado al dolor en su parte baja solo le confirmaron lo evidente: había tenido relaciones; tuvo sexo bajo los efectos del alcohol; follócon una persona, y el no reconocer ni siquiera el lugar donde se encontraba, quería decir que lo había hecho con un desconocido.

—Mierda.

Enjuagó el lavabo para luego lavarse la boca, al menos el vómito había logrado aplacar su malestar.

Se vistió en tiempo récord para después salir del baño y buscar otra salida. Por suerte la siguiente puerta que tanteó lo llevó de un pasillo a una sala de estar. Bien, eso significaba que estaba más cerca de lograr su cometido de salir de ese departamento.

—Ya estás despierto.

Sintió como si un balde de agua fría le golpeara de pronto. No reconoció a quién pertenecía esa voz pero tomando en cuenta su condición actual debía tratarse de su nuevo amiguito.

No estaba preparado para enfrentarse a él o a la situación en sí, no obstante debía hacerlo. Si había tenido el valor para irse por cuenta propia con ese desconocido —y haberle permitido que se la metiera hasta el fondo— ahora debía ser lo suficientemente hombre como para encararlo.

Soltó un suspiro y dio media vuelta. Mas todo el coraje reunido fue mandado al caño en cuanto su mirada se cruzó con la de aquel hombre.

Era guapo, tan guapo que dolía verlo. Su cabello rubio enmarcaba de manera encantadora los costados de su cara; era alto, fornido, no exageraría al decir que sus facciones fueron talladas por el mismísimo Miguel Ángel. Y sus ojos, por Dios, sus ojos eran tan verdes como una piedra preciosa de esas que solo había visto en museos.

Por un momento pensó si todo eso no se trataría de algún sueño. Por más que de vez en vez tuviera buen tino con sus ligues, Eiji conocía sus límites y aquel adonis estaba por encima de sus posibilidades. Lo más seguro es que su conquista estuviera en alguna otra parte del lugar y el tipo frente a él fuese una especie de roommate o algo por el estilo.

—Ayer parecías muy conversador. —El chico frente a él alzó una ceja y a paso lento procedió a acercarse —. ¿O tienes resaca?

Eiji quedó congelado. No pudo moverse ni retirar la mano del muchacho el cual de manera gentil comenzó a acariciarle los cabellos. Pasó saliva de manera disimulada. Esa acción era una pista demasiado contundente: ese divino ser y su polvo de una noche eran la misma persona.

Había bebido de más la noche anterior, se alejó de Yut y en algún momento de la noche se cruzó con el tipo frente a él. El calor de las copas, la situación y su abstinencia debieron haberlo puesto caliente y fue así cómo terminó yéndose con un extraño a fornicar a quién sabe dónde.

Se desconocía por completo. Eiji era un chico de cosas serias el cual ni siquiera besaba en la primera cita —aunque no es como si fuera un casanova para salir con alguien diferente cada fin de semana—. Su corto historial incluía un primer amor que no llegó a concretarse y un novio con el que duró más de lo esperado pero que dejó cuando ya ninguno de los dos tenía un rumbo claro para su relación. En pocas palabras, Eiji no era un tipo de amoríos o sexo casual, era comprensible que sus recientes acciones lo superaran.

Con cuidado de no ser descortés apartó la mano del chico. Reunió todo su coraje para poder mirarlo a los ojos y explicarle algo que ni él mismo terminaba por entender.

—Escucha, es solo que yo... yo... bueno, en realidad no recuerdo mucho de lo que pasó ayer. —La sinceridad le salió natural; era algo tan arraigado a sí que incluso a veces lo usaba como recurso de defensa —. Quiero decir, recuerdo lo que hicimos —aclaró al notar la creciente expresión sombría en el otro —. A lo que me refiero es a que, bueno, esta es la primera vez que yo… en una situación como esta… Simplemente yo no soy así.

Esa debía ser la excusa más idiota que cualquiera en sus zapatos podía otorgar, ¡pero era la verdad! No tenía razones para mentir, menos a un adonis de ese calibre.

El chico adquirió una postura seria, no obstante pronto en su rostro se dibujó una sonrisa que a primera vista Eiji catalogó como arrogante. Esa postura iba mucho más con su imagen.

—¿Entonces está fue tu primera vez?

—La primera vez que duermo con un desconocido, sí —quiso remarcar, tampoco quería dar ideas equivocadas ni dar pie a que se regocijara con haber tomado su hipotética castidad —. No estoy muy acostumbrado a beber y ayer solo pasé mi límite.

—Me haces ver cómo un abusador —soltó una suave risa; joder, hasta su risa era encantadora.

—No, no, no —repitió cual tarabilla —. Sé que no te aprovechaste de mí. Si estoy aquí es porque debí quererlo.

—Y sí que lo querías. —Ante aquella declaración sintió como la sangre se le subía a las mejillas; al escuchar al otro reír supo que debía estar más rojo que nada. Su risa ya no era bonita —. Ya, descuida. No somos ningunos niños y esto era lo que necesitábamos. No vamos a armar una tormenta en un vaso de agua por algo de una noche.

El que minimizara el asunto lo alivió y enfadó al mismo tiempo, mas no podía darse el lujo de explicarle a su interlocutor las razones por las que hasta ayer jamás se acostaba con cualquiera. Era mejor zanjar el asunto de una vez por todas y volver a la cotidianeidad de su día a día.

—Justo eso —aseveró tratando de verse más seguro de sí —. Fue algo que es cosa de una vez y ya. —No tardó en agregar lo último.

—¿Tienes pareja o por qué luces tan nervioso?

—No es eso, solo que es la primera vez que algo me resulta así. Estoy nervioso por qué no sé cómo actuar y me estoy dando cuenta que en definitiva jamás lo haría de nuevo. Pero no es nada en tu contra. Lo de ayer, quiero decir, lo de ayer estuvo muy bien —dijo mientras se rascaba la mejilla. No cabía duda de que siempre que se sentía acorralado hablaba de más.

El chico no dijo nada más y Eiji se preguntó si sus palabras lo habían ofendido. Por suerte, luego de unos segundos, se dio cuenta que no era así. Aquel adonis volvió a sonreír de manera galante e hizo un gesto con la mano, restándole importancia.

—Si va a ser tu última vez espero al menos haberte dejado un buen recuerdo. —Sin previo aviso volvió a acercarse más de la cuenta tan solo para susurrarle al oído —: A mí me gustó mucho.

Eiji sintió su cuerpo estremecerse, aun así no se alejó sino hasta que el otro lo hizo. Trató de sonreírle y retrocedió un par de pasos.

El chico le ofreció llevarlo hasta su casa pero de inmediato declinó la oferta. No iba a alarmar a su madre llegando con un desconocido; además, en sus condiciones, no podría arribar a su hogar como si nada. Debía llegar primero con Yut y luego de los reclamos que este seguramente iba a darle le pediría que le ayudará a ocultar la evidencia de su encuentro de una noche.

Después el adonis le ofreció el desayuno pero volvió a negarse; se conformó con una escueta taza de café y acceso libre al baño para acomodarse la camisa y el resto de su ropa de manera decente. Lo que sí le aceptó fue una aspirina y que llamara a un taxi.

Cuando le avisaron de recepción que su taxi había llegado, le sonrió al joven rubio a modo de despedida. Este, desde la mesa, se despidió con un gesto de mano.

—Adiós, Eiji.

Y Eiji, sin tiempo que perder, salió del lugar.

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