Por un momento creyó oír algo, un chirrido, cesó todo movimiento y se dedicó a escuchar. Silencio.

Se trataría de otra mala pasada por parte de su cerebro, al menos eso quería creer, así lo necesitaba para lograr mantenerse tranquilo.

Sujetó nuevamente entre sus delgados dedos el tubo de ensayo que dejó dentro de la gradilla, el cuál contenía un viscoso pero translucido líquido verdoso. De pronto recordó el proceso por el que había pasado al crear uno de sus más recientes parásitos femeninos, uno hecho a partir de la cuidadosa gesta en sustancias químicas perfectamente calibradas para evolucionar tanto sus capacidades psicológicas como motoras. La sustancias que intentaba lograr entremezclar en aquel momento era similar a uno de los subproductos accidentales que resultaron cuando el parásito rompió su cristal y huyó prematuramente de su estado vegetal.

Tal vez si revisaba el informe detallado junto con las formas químicas del experimento que le llevó a aquellos resultados seria capaz de hayar algo útil.

Siendo químicos tan similares, seguro que resultaba alguna coincidencia en su composición que fuera la clave para su recurrente trabajo...

Por lo que se dispuso a levantarse del escritorio y revisar sus documentos. A pesar de intentar mantenerse lo más tranquilo posible, aquella inquietud lo perseguía por la espalda, causando los tan conocidos escalofríos casuales. ¿Cuándo comenzó a sentirse así? Solía ser alguien tan confiado, tan sólido y valiente... Pero ahora no quedaban ni retazos de aquella época, sólo leves memorias y pequeñas obsesiones.

De repente se escuchó un fuerte estruendo proveniente de otra habitación, Black Hat Pensó en seguida el científico, su miedo incrementaba, y las manos le comenzaron a temblar mientras se obligaba a mentenerse buscando los documentos.

Entonces, la calma antes de la tormenta.

La puerta del laboratorio fue abierta repentinamente y entremezclado con un sonido sizeante de lagarto y un fuerte color verde brillante apareció una chica vivaz y salvaje. Reía a su paso, y otra criatura la acompañaba, el más reciente y obediente sirviente mutado del laboratorio. 5.0.5 y Demencia.

El de bata no volteó a verles, seguía buscando, luego de pelear y distraerse con ellos no sería capaz de continuar su trabajo, lo sabía bien. Por lo que necesitaba esos papeles ahora o nunca. De pronto su mano pasó de largo, al ver de reojo cómo los otros jugaban despreocupados con sus inventos, y retiró un papel que estaba bajo unos libros, causando que una taza junto a ellos cayera. El fuerte sonido hizo que se encogiera, y esperara unos segundos antes de abrir sus ojos y comprobar que no había amenaza alguna en el cuarto.

Un suspiro escapó entre sus dientes y dejó el papel sobre la mesa, cerró el archivador y fue en busca de pala y escoba, para así limpiar su más reciente desastre. Demencia reía a carcajadas por lo que había ocurrido, apuntando con el dedo al científico, mientras que 5.0.5 se limitaba a tratar de callarla y observar con preocupación a su amo.

Aquel papel, era sin embargo, un documento nacional de identidad. Y el nombre que reposaba dentro de aquella libreta ensuciada con café, era ya desconocido... Había sido olvidado, y nadie querría jamás recordarlo. Excepto tal vez... Su propietario.