¡Holis a todos! En estos días está cumpliendo un año un grupo llamado #LaHermandadRivamika en donde estoy. Así que las fundadoras del grupo organizaron un evento para ahogarnos en Rivamika: el Mes Rivamika :D

Acá les traigo mi aporte. Serán cuatro capítulos, uno por semana, de pequeñas historias de Levi y Mikasa.

Semana 1: Desamor. Sinopsis: Mikasa comete un error. Levi comete un error más grande, detrás de ella. Eren no se da cuenta (y capaz no le importa). Desamor para todos.

Porque ya saben cómo soy (y pa que me invitan si ya saben cómo soy (?)), les dejé una canción: Love is a laserquest, de The Arctic Monkeys.

¡Disfruten!

Arte de: Mukuo


Amor

Do you still feel younger than you thought you would by now?

Or, darling, have you started feeling old yet?

Don't worry, I'm sure that you're still breaking hearts

with the efficiency that only youth can harness.

El sobrecito de cartulina parece pesar una tonelada en las manos de Mikasa. Levi cruza los brazos y espera a que ella hable con toda la paciencia del mundo.

(O, al menos, simula tener toda la paciencia del mundo).

—Eren quiere que estés allí —murmura Mikasa débilmente, y Levi sabe que, atrapados como están en su oficina, nadie oirá jamás lo que la muchacha le está diciendo ahora—. Intenté convencerlo de que de seguro tendrías cosas más importantes para hacer, pero insistió… Dice que te debe el puesto de trabajo que lo ayudó a crecer.

Levi la mira, y Mikasa evita su mirada a toda costa a la par que deposita la invitación encima de su escritorio.

—¿Y consideraste decirle la razón por la que no quieres que esté ahí, Mikasa?

Ella levanta la vista con fiereza.

—Nunca dije que no quiero que estés ahí.

Levi se pone de pie y apoya las manos en su escritorio, inclinándose hacia delante.

—Bueno, en ciertos contextos sobran las palabras. Como, por ejemplo, ya sabes, el sábado de la semana pasada…

No sigas —sisea Mikasa.

Pero Levi la ignora:

—O tal vez esa noche, ¿recuerdas? En mi departamento, en mi cama; creo que entonces no hicieron falta muchas palabras, ¿no cre…?

Lo que acalla a Levi es la bofetada que Mikasa le propina. Su rostro arde, pero al menos ahora la tiene cerca y con la tumultuosa personalidad que la caracteriza.

No la mojigata empleada que había venido a entregarle la invitación a su boda hacía unos minutos.

—Eso —Mikasa escupe cada palabra— fue un error.

Es el despecho el que habla por Levi:

—Ah, y ahora te arrepientes…

No me arrepiento.

Esto lo deja sin palabras, y su mirada debe traicionarlo, porque todo lo que hace Mikasa es sonreír.

—Fue un error. Y lamento que hayas salido dañado —Esto, tal vez, duele más que nada; el que ella sepa que le duele—. Era lo que necesitaba en ese momento. Pero amo a Eren, y voy a casarme con él, y eso es final.

—Pero no lo amas —replica Levi, y sabe que miente, sabe que solo lo dice con la ínfima esperanza de que todos los indicios se equivoquen y Mikasa le conceda el punto, porque no hay manera de que Mikasa no ame al chico joven y perfecto y su maldito amigo de la infancia que es Eren.

No hay manera, no, no cuando recuerda con claridad a Mikasa luego de la duda de Eren, de su temor al compromiso, llorando y suplicándole que se acostara con ella («Así puedo olvidar, Levi, olvidar todo esto, no quiero pensar»), solo para después suspirar un nombre que no era el suyo contra su cuello.

Para Mikasa, él había sido un reemplazo, y ni siquiera un reemplazo muy efectivo.

Para él, ella era todo.

Es una maravilla de la naturaleza que haya sido lo suficientemente tonto para dejar de ser cínico por un momento, dada mi experiencia, piensa Levi. Es una maravilla que pueda seguir aquí, parado, como si esta chica de veinticinco años no me hubiese destrozado por completo.

Mikasa parece recordar esa parte de la noche —tal vez, se dice Levi, hasta lo recuerde como una noche con Eren, si es que dejó correr lo suficiente su imaginación— y solo sonríe con tristeza.

—Estás invitado, Levi. Y no tengo problema alguno en que estés allí: solo pensé que sería incómodo para ti.

Y, sin decir nada más, se retira de su oficina.


Levi no asiste, por supuesto.

Se queda en su casa, aun con sus pantalones de vestir y su camisa a rayas, tomando whiskey directamente de la botella, buscando consuelo en el sopor causado por el alcohol.

Mikasa se toma un mes de vacaciones, y retorna luego.

No le habla más allá de saludos cordiales, mas esto no lastima particularmente a Levi.

(Después de todo, es posible que haya mentido; que el momento en que Mikasa fuera más clara que nunca con él sin usar siquiera las palabras no se tratara de esa noche juntos, sino del silencio total con que respondió a sus mensajes, sus torpes intentos por crear alguna especie de relación entre ambos).

Mikasa presenta su renuncia poco después.

«Eren prefiere que me quede a ocuparme de la casa. Queremos tener hijos pronto, y pensamos que esto es lo mejor. Pero él seguirá trabajando contigo».

Levi no encuentra consuelo, ni siquiera en limpiar meticulosamente, de arriba abajo, todo su elegante departamento.

Levi desearía morirse, realmente.

Está demasiado viejo y cansado para este tipo de desamor adolescente.

Pero pasan los años, y no puede dejar de pensar en ella, esté o no vacía su cama.

Pasan los años, y Levi sabe, con certeza, que va a morirse sin dejar de amarla.


Y esto está bien, en realidad.

Le tomarían, quizás, una relación sin hijos volviéndose rutinaria, un persistente recuerdo de una noche con su jefe —y todas sus posibilidades— y un divorcio, para poder darse cuenta.

Lo cierto es esto: Mikasa volvería a él.

Pero eso es algo que Levi, tomando hasta la inconciencia todas las noches, no sabría hasta años luego.

Es algo que, finalmente, recordaría bailando con su esposa en su noche de bodas, ya solos en la sala de su departamento, colocando su mano en su cintura y guiándola hasta el cuarto, como años atrás, pero sin las dudas, sin la incertidumbre, con tan solo el amor.

Algo que comentaría a sus hijos en el patio de su nueva casa (una apta para una familia numerosa), sobre cómo el tío Eren y mamá habían estado casados, pero que no había funcionado, y cómo papá y mamá se habían (re)encontrado años después.

Algo que ambos contarían a sus nietos en largas tardes de invierno, reunidos frente a la chimenea, rememorando épocas pasadas de sueños y nostalgias, y amor infinito.

Algo que sería, en suma, igual de cruel y bello que enamorarse y sufrir por el desamor de Mikasa Ackerman.


¿Qué tal? No pude evitar darles un final feliz, al final (?) (el final del final).

Reviews?

Los amo, besos :D

-Pekea