Sumario: PWP? Sasuke y Sakura haciendo ensaladas.


Doggy


Uchiha Sasuke, 25 años, graduado universitario de leyes. Tenía que revisar los apuntes para terminar la tesis de su master, decidido a concentrarse de pleno, ignorando los comentarios estúpidos de su compañero de carrera, Uzumaki Naruto, que le insistía que se estaba coagulando la leche.

Estúpido dobe.

Escuchó a lo lejos el ladrido de Kimba, su supuesto perro, porque el canino traicionero estaba más apegado a Itachi (¿quién decía que los perros eran fieles?) por lo que cerró la ventana de su habitación y soltó las cortinas. Hacía calor, programó el aire acondicionado para una hora y se dispuso a revisar sus apuntes.

El celular sonó, notando que la temperatura se le subía al ver la imagen de quien llamaba. Ella nuevamente estuvo de traviesa y, al parecer, se tomó una selfie dando un beso al aire.

Haruno Sakura.

Su compañera de clases en el kinder y colegio hasta que se graduaron.

Cuando eligieron las carreras, tuvieron que separarse, debido a que él decidió ser abogado y ella médico. La fémina se graduó de medicina general y está realizando la residencia para obtener su especialidad. Decía que debía aprovechar su mente, ahora que está activa, y es un criterio que Sasuke comparte, por eso él también inició su master el cual está en su etapa de tesis.

Pasándose la mano por el rostro, Sasuke decidió contestar la llamada, activando el altavoz.

—¿Cómo estás, Sasuke-kun? — la voz de la muchacha, demasiado transparente para el chico, claramente delató el nerviosismo por la pequeña sorpresa. Todo quien conoce a Sasuke, sabe que odia que tomen sus cosas.

—Hn — replicó en respuesta, solo por hacerla sufrir un rato más. Le gustaba mucho Sakura, pero eso no significaba que desaprovechaba cualquier oportunidad para molestarla, así que cuando la escuchó contener un pequeño quejido de ansiedad, decidió dejarla oír la verdad — Sales muy bien.

—Ah, ah — regañó Sakura — Me tenías con el corazón en la boca. Quería darte una sorpresa, debido a que ya son más de dos meses que no nos vemos ni hablamos.

—Porque estás en tus prácticas, sin tiempo para respirar — replicó Sasuke — Podríamos demandar por exceso de trabajo.

Sakura rió, provocando una extraña sensación en la boca del estómago del Uchiha. Definitivamente le gustaba, mucho más de la cuenta, mucho más que vecinos, compañeros, amigos...

—La carrera de medicina es así, además de inteligencia, prueba de resistencia — respondió la chica. De pronto se escuchó su voz más profunda — Me puse los auriculares para manos libres, ¿me escuchas bien?

Sasuke pudo decir miles de cosas al respecto. Trató de leer la primera línea de su tesis para calmar el tono de su voz que seguro que saldría ronca. De por sí sentía la respiración pesada.

—Sí, perfectamente — rogó a algún ser supremo que su voz fuera igual de indiferente que toda su existencia.

—He adquirido un nuevo celular, se supone que es resistente al agua e incluía como accesorio el manos libres — agregó Sakura, para crear conversación — Y también acabo de adquirir un nuevo plan que incluye llamadas ilimitadas. Es preciso para revisar los apuntes médicos con mis compañeros.

Sasuke no sabía si sentirse halagado por ser, al parecer, la primera llamada en su nuevo celular y plan, o enojarse porque llamadas ilimitadas significaba precisamente hablar, sin límite de tiempo, con sus compañeros... hombres, mocosos, babosos...

—¿Y también planeas dar consultas médicas vía telefónica? — soltó abruptamente, sin poder evitar el tono de reclamo, por lo que trató de controlar el latir en su ceja derecha.

—Demonios, no — respondió ella con una risa, mientras de fondo se escuchaba cómo abría y cerraba cajones. Esa risa lo estaba volviendo a una dulce tortura que lo calmaba y alteraba en partes iguales — De por sí a veces es estresante cuando pido que me describa desde cuándo tienen los síntomas y empiezan a contar la historia de sus abuelos.

Sasuke verdaderamente trataba de concentrarse en las palabras de Sakura, pero esos sonidos de fondo que no lograba identificar, lo estaban desconcertando. Estaba tentado en preguntarle si se encontraba en el hospital o en la universidad, pero el repentino silencio de la muchacha le hizo ser consciente de la acelerada respiración.

¿Qué estaba sucediendo?

—¿Estás bien? — preguntó Sasuke, ante un extraño gemido que soltó la joven.

—Ummm... sí... es que... estoy tratando de arreglar... o sea... limpiar... ummmm... Laira...

Sasuke frunció el entrecejo. Laira es la mascota de Sakura, una hermosa perrita de la raza Spitz, al igual que Kimba. De hecho, celebrando la graduación de sus respectivas carreras universitarias, Sasuke y Sakura fueron hace un par de años a un refugio de animales y los adoptaron, porque se los veía tan pequeños e indefensos.

Kimba se encariñó más con Itachi. Al criterio de Sasuke, entonces Itachi es el dueño. Sakura justifica al perro porque, según ella, no le da mucha atención. Ni ella, incluso estando en su época más dura de estudiante de medicina, descuidó a Laira.

La perrita gimoteó y ladró débilmente, como si alguien le hubiera dado una paliza. Pero era drama puro, Sakura adora a su mascota y es incapaz de golpearla siquiera por accidente.

—Es que está muy atrevida, la he pillado — insistió Sakura, ignorando los quejidos de su mascota. —Hay que sacarle esos sucios pensamientos.

Sasuke no entendía nada, e iba a preguntarle si estaba en el patio de su casa, para echarle una mirada por medio de la ventana, cuando escucha el sonido de agua cayendo.

Sakura soltando un estremecedor gemido.

El agua empapándola.

Sasuke se apresuró a rodar en su silla giratoria, tropezando con la alfombra y golpeando sus costillas en el respaldar.

Uff — fue el gemido que exclamó Sasuke, soltando una bocanada de aire entre sus dientes. Contuvo un quejido de dolor.

—¿Sucede algo? — Sakura logró preguntar entre un "Quieta ahí, niña mala"

—No — replicó, tratando de sonar indiferente. — ¿Por qué la tortura?

— Ah, pues... — Sasuke incluso la imaginaba mordiendo su labio inferior, dándole vueltas al asunto. La súplica de su mascota se escuchó por unos instantes — Está hecha la atrevida y ofrecida. Kimba es su hermano, no, no, no.

El Uchiha arqueó una ceja, aún siendo consciente que su interlocutora no podía ver aquel gesto.

¿Kimba es hermano de Laira? Ummm... lo dudaba. Los registros de adopción fueron claros. Ellos nacieron apenas con semanas de diferencias, siendo Laira la mayor.

Al ver por la ventana, notó que el patio de la casa de Sakura estaba vacío. Entonces ella estaba en su habitación. En su ducha, precisamente. No ayudaba a su bienestar emocional los gemidos o quejidos (no sabía cómo llamarlos) de la muchacha.

Sonaba atrayente, como el canto de una sirena. Y es que eso era Sakura significaba para él, no una sirena, sino atrayente.

—No son hermanos — replicó, aún sin entender por qué estaba defendiendo al estúpido perro de Itachi. Que Laira estuviera en esos días le beneficiaba al can. No debería importarle.

Sasuke abrió el ventanal que daba hacia la habitación de Sakura, aún con el celular en la mano, hacia donde lo guiaba esa hipnótica voz. Como muchas veces, de niño y adolescente, se trepó hacia el árbol que estaba en medio de las dos casas. Tanteó la ventana, aún agradecido que Sakura no le haya informado a nadie más que a él del defecto de la cerradura.

Fue más fuerte el sonido de la ducha y notorio el forcejeo de la Spitz a quien no le agradaba mucho la ducha, aunque después andaba feliz revolcándose entre sus sábanas y se quedaba acurrucada, más consentida que un faraón del antiguo Egipto.

—Es como si lo fueran — insistió Sakura, usando la ducha portable para aclarar la espuma de Laira, quien aprovechó que la soltó un poco para sacudirse, provocando otro de esos gemidos en su dueña que estaban enloqueciendo a su vecino. — Han crecido juntos.

Sasuke se puso detrás de Sakura.

—¿Como tú y yo? — la fémina sobre saltó ante aquella profunda voz tan cercana.

Sakura se levantó bruscamente dejando escapar a Laira. Pero, al volverse sin cerrar la ducha, empapó totalmente la camiseta de Sasuke quien apenas tuvo tiempo de soltar su celular que cayó silenciosamente en la alfombra del cuarto. El agua estaba helada, haciéndolo estremecer. No era raro que Laira quisiera huir.

Sasuke enfrió sus pensamientos.

A Sakura, sin embargo, se le derritieron los suyos. Para ser un profesional administrativo, abogado futuro master, la camiseta se le pegaba al hombre como si fuera una segunda piel, dejando ver un cuerpo deliciosamente apetecible.

¿Cómo tú y yo?

La pregunta resonaba en la cabeza de Sakura, mientras balbuceaba frases incoherentes. Sasuke lo interpretó como torpes disculpas por haberlo mojado.

—Ayudaría que cerraras la ducha — observó Sasuke. De inmediato, Sakura cerró el grifo. Él arqueó una ceja, descubriendo que las mujeres también sufren del traicionero cuerpo. Se atrevió a hacer la pregunta simple que encerraba una respuesta compleja —¿Frío?

La fémina contuvo las ganas de pasarse las manos por sus pechos para comprobar su estado antes de responderle. Frío no era lo que sentía en su cuerpo, pero sí unos estremecimientos que la alteraban.

Entonces... — replicó Sasuke, sin despegar la mirada de la empapada blusa de su vecina. No estaba siendo consciente de qué imagen estaba dando de sí mismo. Sakura tampoco es que fuera muy suspicaz, y la prueba de ello es que hace años que debería haberse dado cuenta que a ella le permite muchas cosas que a nadie más en la vida le dejaría siquiera pensar.

—Laira — respondió Sakura, creyendo que él preguntaba por qué batallaba con una ducha para su mascota. Se quitó el inalámbrico del lado derecho y, así como hizo antes él, lo dejó caer en la alfombra. Ya después lo recogería — Está muy inquieta y con sucios pensamientos. Con su hermano todavía, es incestuoso.

Dicho en voz alta y tantas veces parecía tener más sentido.

Parecía.

Pero el sentido de Sakura no solía ser el mismo de Sasuke.

—No son hermanos, Sakura — replicó el otro, aún sin creerse que estuviera abogando por ese perro. Para eso NO había estudiado. — Además ellos se dejan llevar por el instinto.

Sakura se relamió los labios, buscando cómo rebatir eso. Con voz débil atinó a decir su pobre argumento.

—Pero crecieron juntos...

—...como tú y yo — completó el Uchiha. Las palabras le supieron mal, al afirmarlo y no decirlo con la duda que le había comunicado por celular. El pecho se hinchó de aire antes de soltar sus siguientes palabras — ¿Así es como me ves? ¿Como un hermano?

Sakura nunca tuvo hermanos, lo más parecido a tener un sentimiento fraterno fue con su compañero de jardín y colegio, Uzumaki Naruto. Y de ahí con Itachi porque es el hermano de Sasuke. Pero jamás ha visto a Sasuke como un hermano, por algo había hecho que adoptaran una pareja de perritos, como si fueran sus pequeños bebés. Pero estúpido Kimba que se encariñó más con Itachi y estúpida Laira que quiere tirarse a su hermano.

No.

No.

No son hermanos.

Como Sasuke y ella.

Entonces era permitido.

Demonios, por esos pensamientos lascivos, Sakura debería lavarse hasta el alma.

—No, no, no — repitió Sakura, ya no tan segura como antes. O al menos más confundida que antes. Le dirigió una fulminante mirada al muchacho frente a ella, creyendo que él estaba usando sus conocimientos de abogado para hacerle dudar de sus ideales.

Pero Sasuke tenía razón.

Pero se criaron juntos.

Pero nacieron de diferentes camadas.

Pero...

Pero...

¡Ush!

¡Sasuke-kun! ¡Malo!

Lo último pareció decirlo lo suficientemente audible, porque sintió una profunda mirada sobre su empapada persona. Los ojos, más oscurecidos de lo normal, parecían contener un sentimiento intenso y ardiente.

No es que ella no tuviera los mismos insanos pensamientos.

Pero no son hermanos.

No lo son.

Sakura ya no sabía si estaba pensando en sus mascotas o en ellos mismos. Solo fue consciente de cómo avanzaron mutuamente para encontrarse. Lo notó terriblemente aliviado y excitado al mismo tiempo. Era extrañamente alentador y daba miedo en partes iguales. No supo de dónde agarró el valor para empinarse contra Sasuke, quien pareció listo para recibirla. Sus bocas se encontraron, torpes, ansiosas, sedientas.

—Hermanos no — alcanzó a murmurar Sakura, antes de darle otro profundo beso, empezando a acoplarse a la intensidad — No, nunca.

Sasuke pareció gruñir en asentimiento, ocupando más su boca en mordisquear la suave piel del cuello de la muchacha mientras sus manos se deslizaban por las curvas de la fémina, sintiendo cómo se estremecía ante su contacto.

De ahí el mundo de ambos pareció sumergirse en un vorágine de emociones. Besos más intensos, aire compartido, manos deshaciéndose de ropas empapadas. Sasuke siempre había anhelado hacerle el amor, hubiera sido ciego si nunca antes la hubiera deseado; pero también había querido haber hecho realidad aquellos sueños románticos de la muchacha en la que todo era despacio, lento, romántico. Le sonaba a algo como velas aromáticas

No pensaba mucho, solo la tenía contra la pared, arrimada, usando su cuerpo de soporte, sus dedos explorando, su boca conquistando, su alma delirando de emoción. Sasuke estaba lejanamente consciente que mañana le dolerían las marcas de uña sobre su piel tensa pero aquello seguramente lo harían sonreír.

Cuando el cálido interior de Sakura empezó a aprisionar rítmicamente sus dedos, decidió jugar aún más, dándole otro de esos besos a los que se estaba volviendo adicto, mientras deslizaba su erecto pene entre los pliegues empapados de ella. Literalmente estaba bebiendo de sus erráticos suspiros .

Sakura mordisqueó el labio superior de Sasuke al sentir cómo su interior se expandía, aceptando al firme intruso dentro de sí, golpeando rítmicamente y con firmeza. Los ojos verdes, oscureciéndose de ansiedad cuando él colocó sus manos en su trasero, para tener mayor control sobre las embestidas.

Trató de estabilizarse, era un poco incómodo sostenerse del cuerpo del Uchiha, sudado y tenso, no ayudaba que él fuera más alto que en su niñez, pero sentía que moría si no seguían dándose como si no hubiera un mañana, sintió que rodeó con sus piernas la cintura de Sasuke, lo que pareció enloquecerlo. Su espalda golpeaba contra la pared, deseaba que no le quedaran moretones.

Sasuke pareció recuperar una pizca del control y la llevó hasta la cama, sus pies milagrosamente sin tropezar con la ropa tirada en la alfombra.

—En cuatro, Haruno — dijo Sasuke con voz ronca y tensa. Sakura sintió el estremecimiento hasta la punta de los pies. Pero que se joda si cree que solo ella perderá el control.

Obedeció la orden, sí. Y se volvió sobre su hombro, preguntándole silenciosamente si así ella estaba bien. Como pudo desde su posición, acomodó su rosado cabello en una rápida coleta con un lazo que llegó a alcanzar de su mesa de noche. Sasuke se colocó sobre ella y le dio un profundo beso desde la nuca, deslizando su lengua por toda la columna vertebral. Alzó las caderas de Sakura, aprovechando para acariciar entre sus glúteos su pene ansioso de volver al delicioso interior de Sakura.

Sakura sintió cómo el estómago se retorcía de ansiedad, no quería perder ni el tiempo ni ese juego de quién quema más a quien, por lo que atinó a empujar hacia atrás sus caderas, siguiendo el suave vaivén del miembro de Sasuke.

Lo escuchó sisear, como una mortal serpiente antes de lanzar su veneno, antes de ceder a la tentación y meter su hombría, agradeciendo el lubricante natural de sus cuerpos o hubiera sido verdaderamente incómodo. Ella sintió todo el peso de Sasuke en su trasero y se sintió en la total libertad de dejar caer su rostro contra la cama.

La boca de Sasuke, inquieta como nunca antes, se deslizaba por su espalda, sus caderas, aquel hombro tentador , terso como fruta madura. Sus labios eran lo único que se deslizaba por la piel, saboreando cada instante en que estaba nuevamente, al fin, dentro y encima de ella.

Desde su posición, Sasuke admiraba el panorama, ojos oscurecidos, mejillas sonrojadas, el cabello pegándose con el sudor, el cual corría por la lechosa piel temblorosa, pechos suaves y pequeños, ideal para tomarlos entre sus manos, una cintura estrecha y sus amplias caderas que acorralaban ese hermoso y perfecto trasero.

Golpeteó contra ella con cierta ansiedad, como si deseara dejar impregnado en su piel su esencia cuánto antes, porque mañana sería tarde. A Sakura se le escapó su nombre en un gemido, lo que provocó que acelerara sus movimientos de cadera, sosteniendo en sus manos las caderas de la muchacha.

Nublado de placer y éxtasis, creía estar soñando. Porque solo en el mundo de Morfeo la tenía para él, correspondiéndole sus oscuras pasiones.

¡Mierda! ¡Cómo lo aprisionaba!

Vio cómo Sakura tensionaba su cuerpo, arañando las sábanas, dejándose ir en un agudo gemido de placer. El espectáculo de ver a la muchacha disfrutar de su orgasmo era demasiado erótica para sus excitados ojos, mejor de lo que hubiera alguna vez imaginado. Fue consciente de su propia yugular latiendo desenfrenadamente, buscando también ese camino al éxtasis.

Dejó caer su empapada frente en la espalda de ella, liberando su caliente semen dentro de la joven, sus manos envolviendo el vientre. Su cuerpo estremeciéndose como el de ella, el cansancio apoderándose después de llegar al clímax.

Sakura lo mataba.

Dormitaron un par de horas. Sus cuerpos saciados, la lujuria calmada. La ventana permaneció abierta, dejando que la fresca ventisca del atardecer ingresada a refrescar sus cuerpos.

Sasuke fue el primero en despertar, pensando si debía regresar a su habitación y darle su espacio.

No.

No.

NO.

Mejor era aclarar todo, no huiría nunca más, no creía soportar más años sin saberla suya, sin saberse de ella. Con el recelo que otro se lo arrebate.

La vio abrir los ojos justo cuando estaba tentado a pasar una mano por el rostro de ella, para palpar un poco su bendita realidad. Su mano estaba regresando a un lado de la cama, cuando la sutil sonrisa de ella le dio la confianza para acariciar su sonrojada mejilla.

Parecía que ella había recobrado la timidez y sensatez. Al igual que él, que en su mente ya se estaba imaginando los diferentes escenarios.

Si Sakura decide continuar, le ofrecerá todo, casa, matrimonio, hijos, perros, gatos, peces... todo lo que desee. Ha tenido su amistad, la ha anhelado en silencio y ahora que la probó, no quiere dejarla ir.

Si Sakura decide que deben darse su espacio... aunque le duela, también cederá, pero no dejará de tratar que ella vea que sí pueden funcionar en todos los sentidos.

La mano de Sakura se deslizó por su brazo hasta empezar a hacer figuras sin forma en su pecho. Parecía analizar tantas cosas al mismo tiempo. Sasuke le estaba dando su tiempo para que se decida qué es lo que debe abarcar prioritariamente.

—Kimba es tuyo — fue lo primero que dijo la fémina, frunciendo el entrecejo. Sasuke arqueó una ceja, preguntándole silenciosamente a qué venía eso —Y si ya le hizo el favor a Laira, te harás cargo de todos los cachorros.

Sasuke sintió un estremecimiento en su estómago.

Se había corrido dentro de ella.

Sin condón.

Sakura pareció reparar en lo mismo. Su expresión demasiado transparente para él, que lleva años mirándola.

—Me haré cargo — fue la firme respuesta de Sasuke mientras un pulgar acariciaba el labio inferior de ella.

Sakura movió su cuerpo, hasta que su barbilla quedó en el pecho de Sasuke. Analizando silenciosamente el estado de su propio cuerpo después del descanso, sus dedos jamás dejando de acariciar el torso masculino.

—Algo más, Sasuke-kun— musitó ella, lo suficientemente audible para que solo él la escuchara. —Quiero cabalgar.

Fin de proyecto.


Proyecto en conjunto con Akiiko y Aricat, miren a dónde fui arrastrada ;_; yo era inocente xD

No sé si se entienda la idea del fict, si no se entendió, siéntase libre de dejarlo en un review y si entendió también deje review.

Nos vemos la siguiente semana (?