Negociación

Cuando June abrió los ojos se encontró a sí misma rodeada de dos sirvientes, un soldado y el médico de la compañía. Un fuerte dolor le impedía mover el brazo derecho y, cuando intentó levantarse para ver qué era lo que ocurría, la firme mano del médico le impidió moverse del camastro.

—Por favor, su alteza. Necesita descansar.

La mujer cerró los ojos y aspiró el picante aroma a vinagre que habían utilizado para limpiar su herida. Poco a poco recordó lo que había ocurrido. Se encontraba en el campo de batalla contra el reino de Alzir. Mientras el Rey Milo dirigía el ataque frontal, June y su regimiento avanzaron por el flanco izquierdo para obligar al Rey de Alzir a retirarse. A pesar de que el plan funcionó, provocó que su grupo quedase atrapado entre las columnas enemigas. Varios de sus hombres murieron y ella fue herida con una flecha que atravesó con facilidad su maltrecha malla de acero. El golpe fue tal que cayó de su caballo y si logró sobrevivir fue porque sus valientes soldados la protegieron por los eternos minutos que Alzir tardó en ordenar la retirada.

Una vez que estuvo a salvo en la retaguardia, el médico le operó con presteza y habilidad. Retirar la punta de la flecha fue especialmente doloroso y la mujer cayó inconsciente a la mitad del proceso. Afortunadamente la operación fue un éxito y ahora lo único que tenía que hacer era cuidarse de las infecciones. Al menos eso era lo que esperaba.

Lo que definitivamente no estaba contemplado en sus planes era la furibunda mirada del Rey Milo cuando entró a su tienda. Su armadura estaba repleta de golpes y de pequeñas gotas de sangre, y su lívido rostro cargaba consigo la amenaza de un hombre que comandaba uno de los ejércitos más poderosos del continente.

Con una mirada el médico supo qué era lo que su rey necesitaba y se inclinó ante él no sin un poco de nerviosismo.

—La princesa se recuperará, su majestad. La flecha salió en una sola pieza y hemos lavado la herida con cuidado. Confío en que las secuelas serán mínimas siempre y cuando repose adecuadamente.

El rey asintió y caminó hasta quedar a un costado del camastro de June.

—Retírense —ordenó y en pocos segundos solo quedaron él y ella en la tienda.

June quiso preguntar cuál era la situación en el campo de batalla, si Alzir realmente se había retirado y si había señales de que se reagruparían. No obstante, sus palabras murieron en su boca al reconocer que la ira del rey no estaba puesta únicamente sobre el enemigo.

—Dijeron que habías muerto —su voz era grave y atemorizante y June recordó aquel tiempo no tan lejano en el que le consideraba un enemigo. Por unos momentos se sintió culpable por haberle preocupado, mas recordó que se encontraban en guerra y que malentendidos de ese tipo estaban destinados a suceder frecuentemente.

—Sabes cómo es el caos en el campo de batalla —su garganta estaba seca y el punzante dolor en su hombro le dificultaba el hablar—. Estoy bien, ¿no es así?

El rey inhaló profundamente, pero no respondió de inmediato. Lucía sumamente alto desde el bajo camastro en el que June descansaba.

—¿En qué diablos pensabas? Eres la comandante de tu ejército. ¡No puedes arriesgarte a ti misma de esa forma!

June bufó y frunció el ceño. Intentó incorporarse dos veces y las dos veces falló.

—¿Y qué hay de ti? —señaló con la mirada las varias manchas de sangre que le cubrían—. ¿No estabas tú también en el frente?

Las manos del rey comenzaron a temblar y por unos segundos June confundió un gruñido suyo por el crujir del fuego de la tienda.

—Precisamente —murmuró—, en el frente con los ojos de mis estandartes, mis guardias y mis generales sobre mí. En el frente donde solo tenía que preocuparme por avanzar y no por quedar varado en medio del enemigo. ¿Cómo pudiste ser tan inconsciente? ¡¿Qué clase de líder eres si eres capaz de conducir a tus hombres a una misión suicida?!

—Detuvo la batalla, ¿no es así?

La postura de June era clara. Le demostraron al rey de Alzir lo que eran capaces de hacer con tal de detener su invasión. El hombre no solo se retiró del campo de batalla, sino que se llevó consigo a su ejército. Esto impidió que los números superiores de Alzir sometieran al ejército de Antares y salvó cientos, quizá miles, de vidas por el simple hecho de terminar la batalla antes de tiempo.

—La retirada de Alzir fue lo único que nos salvó —concedió Milo—. El ejército de tu país se volvió inservible al momento en el que escuchó la muerte de su princesa —recargó sus manos sobre el camastro e inclinó su rostro sobre June—. Antares no puede detener por sí misma la espada de Alzir, June. Un buen líder tiene que pensar constantemente en la consecuencia de sus acciones. ¿Qué habría pasado si hubieses muerto antes de que el Rey Saga se retirara? ¿De qué habría servido tu sacrificio?

—No habría muerto sin antes haber logrado mi objetivo.

El Rey Milo lanzó su cuerpo hacia atrás y comenzó a deambular por el reducido espacio de la tienda.

—¡La guerra es mucho más que nobles intenciones y sueños de grandeza, June! ¡La guerra es casualidad y suerte! ¡Muerte e injusticia! ¡Es salir al campo de batalla y hacer todo lo posible para poder algún día regresar a casa!

—Quizá tengas razón. Sin embargo, si pudiera elegir nuevamente, volvería a hacerlo. Era la mejor solución y al final logré mi cometido.

—¡A la casualidad no le importa tu valentía! ¡La suerte es indiferente a tu sacrificio! Tu deber es darle órdenes a tus generales y ser el símbolo de tu país, June. ¡Tienes que pensar en las consecuencias de tus acciones! ¡Habrías dejado a tu hermano solo, a tu padre sin hija y a Antares con un rey tan furibundo que habría llevado a toda su nación a una guerra imposible de vencer!

—¿Eso harás ahora? —espetó—. ¿Culparme por lo que sería tu mal liderazgo?

El rey batió su mano izquierda en el aire como si quisiese golpear a un enemigo invisible.

—¡Suficiente, June! ¡¿Cuándo dejarás de actuar como un peón y comenzarás a hacerlo como la reina que estás destinada a ser?!

El dolor del hombro de June comenzó a extenderse por todo su pecho y el vértigo le obligó a cerrar los ojos.

—Tal vez yo no quiera convertirme en reina. ¿Has pensado en eso?

Un sepulcral silencio cayó sobre la tienda. Los ojos del rey se abrieron de par en par y su agitada respiración se hizo aún más errática. June le escuchó dar varios pasos hacia ella cuando fue interrumpido por uno de los guardias.

—Su majestad —el soldado se escuchaba nervioso. Sin duda había escuchado parte de la discusión—. Disculpe la interrupción, pero ha llegado una delegación del enemigo. Solicitan una reunión con usted.

Tras un breve silencio, el rey salió de la tienda con premura y, June supuso, sin mirar atrás.


La noche de la batalla, June durmió con la ayuda de un té que le preparó el médico poco después del atardecer. A la mañana siguiente se percató de que el dolor había disminuido considerablemente. Sin embargo, aún tendrían que pasar al menos dos semanas más antes de que pudiera salir de la cama.

Inquieta, lo primero que hizo después de desayunar fue llamar a uno de sus soldados para que le informara el estatus de la guerra. El Rey Saga había ofrecido un acuerdo de paz sensato, justo y a leguas temporal. El Rey Milo no mostró renuencia en aceptarlo, pero insistió que semejante decisión tenía que hacerse en conjunto con el padre de June una vez que llegara de la capital de Alpheratz. Después de todo, la princesa se encontraba indispuesta a participar en las negociaciones. De cualquier forma, el ejército enemigo se había replegado y les dio un muy merecido respiro para enterrar a sus muertos y curar a sus heridos.

El Rey Milo no le buscó nuevamente hasta que cayó la noche. Había dejado atrás su armadura y se presentó ante ella con un simple traje negro que June reconoció como aquel que utilizaba cuando entrenaban juntos. El color y la calma habían regresado a su rostro y se acercó a ella con tanta cautela que a June le recordó a un cachorro regañado. Jamás se imaginó que alguien tan imponente como él pudiera verse tan abatido.

—June. ¿Cómo te sientes?

La mujer extendió su mano izquierda y sin palabras le pidió ayuda para sentarse, lo que el rey concedió al momento.

—Tienes un buen médico.

El rey asintió y tomó una silla cercana para sentarse a un lado de la mujer.

—Quisiera disculparme por todo lo que dije el día de ayer.

—Tan solo dijiste lo que pensabas.

—Eso no quiere decir que estuviera pensando claramente. La guerra y el miedo pueden destrozar la razón de cualquier hombre.

—Piensas que no soy una buena líder.

—En lo absoluto —June le miró con incredulidad—. Eres inteligente y valerosa. Inspiras tanta confianza y lealtad a tu gente que son capaces de acompañarte en una misión de la que probablemente nunca regresarán. Eres tan importante para tu ejército que este se desmoronó al escuchar que habías muerto.

—Eso no suena muy halagador.

—Tal vez, pero es lo natural para nosotros y nuestros enemigos. Corta la cabeza y vencerás. ¿No es por eso que te lanzaste en contra del Rey Saga?

—Buscaba que se replegara, no destruirlo.

—A corto plazo no hay diferencia entre alejar a un rey de su ejército y asesinarlo. Además, tus acciones llevaron a algo más que el fin de la batalla. Salvaste muchas vidas y lograste que propusieran un tratado de paz.

June frunció el ceño con indignación.

—Espero sepas que lo único que busca el Rey Saga es ganar tiempo. En cinco años, quizá menos, regresará con el doble de fuerza.

—Por supuesto —sus labios se curvearon hacia arriba—. Pero el tiempo que él necesite para reagruparse, nosotros lo aprovecharemos para encontrar un punto de ventaja.

La mujer asintió y, creyendo que la conversación había llegado a su fin, intentó recostarse nuevamente en la cama.

—June —dijo Milo con nerviosismo—. Realmente siento lo de ayer. Eres una excelente comandante y sé que actuaste de esa forma porque consideraste que era la mejor opción. Lamento no haberlo comprendido y lamento que mi miedo y mi ira me hayan hecho culparte de cosas que ni siquiera estaban en tus manos —dudoso, extendió su mano hacia la suya—. Lamento que las cosas hayan tenido que ser así entre nosotros, June. Quisiera que hubiésemos tenido tiempo para un cortejo apropiado; para demostrarte que soy más de lo que esta guerra me permite ser.

June pensó que Milo había demostrado ser más que un guerrero tiempo atrás. Sin embargo, su orgullo le impidió entrelazar sus dedos con los suyos.

—Me has cortejado —dijo en cambio—. Solicitaste mi mano frente a toda la corte y me has dado más joyas de las que podría portar en toda mi vida.

Milo arqueó la ceja y torció la boca con desagrado.

—Meras formalidades. Pasos necesarios para que tu padre aceptara la alianza.

June no supo si se refería a la alianza entre ellos o sus reinos y concluyó que se refería a ambas.

—¿Y cómo lo habrías hecho de haber tenido oportunidad?

El hombre se tomó su tiempo para responder no porque no supiese qué decir, sino porque parecía renuente a compartir aquellos planes tan celosamente guardados. Al final decidió hacerlo, no sin que sus mejillas se tiñeran con un tenue rosado que por poco hizo que June sonriera.

—Existe un antiguo templo en mi capital —dijo—. Se encuentra en una de las cámaras más antiguas y profundas y fue tallado a partir de la piedra misma. La humedad ha dañado la estructura y desde hace muchos años se clausuró para evitar que el uso terminase por derrumbarlo, pero aún se puede caminar por los alrededores. Me gustaría llevarte a ese lugar. Hay un lago subterráneo con agua de un hermoso verde azul y lo único que se escucha es el silbar del viento. Con una sola antorcha puedes iluminar toda la cámara y sus paredes centellean con su reflejo —hizo una breve pausa en la que entrecerró los ojos y perdió su mirada en la solitaria mano que descansaba en el camastro—. La ciudad tiene poco para ofrecerle a su gente, pero si hay algo que puede hacer es mostrarle la increíble belleza que yace en el corazón de la tierra; una belleza que quisiera mostrarte.

June tragó saliva y, finalmente, se atrevió a juntar su mano con la de Milo.

—Y yo quisiera verla.

Milo sonrió y le dio un suave beso en la mano.

—Tu padre no me dejará llevarte hasta que nos casemos.

—Entonces podrás cortejarme después del matrimonio.

Milo rio y unió su frente con la de June. El acto le pareció casto y dulce y la mujer se atrevió a cerrar los ojos para disfrutar de la sensación.

—June…

—Lo que dije antes es cierto —interrumpió—. No me interesa ser reina, pero eso no quiere decir que no tenga intenciones de acompañarte en el trono.

Milo sonrió y posó su mano libre sobre la mejilla de la princesa.

—June… yo…

—¡Hija!

La fuerte voz del Rey Albiore sobresaltó a la pareja, quien se separó y dirigió su atención al hombre que tan repentinamente había entrado a la tienda.

—¡Padre!

El rey corrió hacia su hija y la abrazó con tanta fuerza que June temió que se abriese nuevamente su herida.

—Dijeron que habías muerto.

—Estoy bien, padre. Estaré bien.

Después de algunas palabras de consuelo, el Rey Albiore se incorporó y lanzó una temible mirada hacia Milo.

—Venga, hermano de Antares. Tenemos que discutir la propuesta del Rey Saga.

—Por supuesto, hermano de Alpheratz —se inclinó ante June y le deseó las buenas noches—. Por favor descanse, su alteza.

—Hasta mañana, su majestad.

El Rey Albiore rodó los ojos y prácticamente empujó a Milo fuera de la tienda.

June, por su parte, se reacomodó en el camastro y se dispuso a soñar con un resplandeciente templo y un lago tan azul como los ojos de su prometido.

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Comentario de la Autora: Ahá! A que pensaron que no haría otro capie de esto. Pues... al final no pude sacarme este concepto de la cabeza así que dije, "¿qué diablos? vale la pena trabajarlo un poco más". Disfruté bastante más este capítulo que el anterior; más que nada porque no me tomó tanto tiempo de world-building (este ya estaba hecho) y porque tuve mayor oportunidad de mostrar la verdadera personalidad de Miluchis.

Admito que me da miedo pensar que Saga es su enemigo, pero como todo esto es parte de mi retorcida imaginación, sé que lo vencerán más temprano que tarde y podrán dedicarse a enriquecer a sus propios países y a ser felices y todo eso.

Este capítulo fue un tanto inspirado por la trilogía Iron Breakers de Zaya Feli. Es una historia divertida y emocionante (si bien no muy bien escrita) y se las recomiendo si buscan una historia medieval LBGTQ+ bastante ligera y con personajes encantadores.

Mmmm... creo que es todo por ahora. Fiqui hecho para el MiloShipFest 2019 con el prompt Edad Media. ¡Espero no lo hayan odiado!

Kissu!