Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen, solo los uso para dar rienda suelta a mi imaginación, son exclusivamente de Akira Toriyama y Toei Animation.

Advertencia: Lenguaje vulgar.

N.A: Siendo sincera este fic de me ha ocurrido de la noche a la mañana, y creo; en mi opinión que me llevará un trabajo porque tendrá un largo camino por delante, lo digo en esta historia y no en las otras por el hecho de que estoy tratando a una Videl que nadie conoce, no los culpo si me van decir: "Quede traumatizad " pero espero le den una oportunidad y les guste.

Creo que me dedicaré más a esta historia que otras.

Sin más que decir, 1...2...3... ¡A Leer!


Tap Tap Tap.

Ese sonido, ese penetrante sonido.

Tap Tap Tap.

Sentía náuseas, además de que un horrible escalofrío recorrió su magullado cuerpo.

Tap Tap Tap.

Y de pronto se detuvo, pudo apreciar que unos elegantes botines de taco alto se posaban frente a sí, los nervios pero sobretodo el miedo se apoderó de él en un segundo.

— Vaya... A decir verdad creí que aguantarías más... — murmuró gélida una voz femenina.

— ¿Q-quien er-eres mal-maldita? — pregunto apenas, el dolor que sentía le quemaba todo el cuerpo, como respuesta solo escucho una risa llena de ironía y maldad.

— Que decepción, creí que reconocerías la voz de tu compañera. — se burló. — En fin... Yo si te reconozco a ti Kimura. — de alguna manera sintió como el odio y el desprecio asomaba en el tono de su delicada voz al mencionar su nombre.

— ¡Habla ya! — sacando fuerzas de donde no tenía levantó su rostro quedando petrificado ante la silueta de una hermosa mujer de ojos cerúleos. Ella lo miro con una sonrisa. — N-no...

— Oh sí Kimura, si soy soy. — afirmó para su pesar. — Tanto tiempo...

— ¿Pero cómo? Te daban por muerta... — exclamó pasmado, petrificado.

— ¿Tú en serio crees que me moriría en ese patético accidente? ¿Qué esa adolescente que atrapaba más ladrones que ustedes, escoria? ¡Qué iluso eres!

— Se-señorita... — fue bruscamente interrumpido por un puñetazo que fracturó su nariz por completo.

— ¡No te atrevas! — gritó colérica. — ¡No te atrevas a decir mi nombre basura! — con una mirada uno de sus secuaces le entrego un revolver.

Los ojos del policía se atinaron abrir más.

— Re-recapacita Vi-Videl... — exclamó asustado. No quería morir, era obvio.

— ¡Hijo de perra! ¡Te advertí que no dijeras mi nombre bastardo! — grito de nuevo para conectar un puñetazo en su rostro. — Además... — se carcajeo levemente. — Yo no recuerdo que recapacitaras cuando le apuntaste a mi padre...

— ¡Te-tengo una razón seño-señorita Videl! ¡Por favor! — suplico al borde del llanto.

— ¿Una razón para matar a una persona? — cuestionó con voz queda. Luego soltó una carcajada que hasta sus secuaces tuvieron miedo de su jefa. — ¡Es lo más estúpido que me han dicho! ¡Eres patético Kimura!

El seguro fue retirado, el índice colocado en el gatillo, y la boquilla del revolver entró en la boca de su víctima.

— Disfruta el maldito infierno.

Y un disparo resonó por toda la bodega, la cabeza del oficial Kimura quedó desfigurada y el rostro níveo de Videl se salpicó con el líquido vital color carmín.

— Desháganse del cadáver. — ordenó a sus fieles seguidores antes de desaparecer del lugar.


Fin de la transmisión.