Vibrations

-VIBRACIONES-

(Traducción al Español)

Aclaración: este mini fic NO ME PERTENECE, yo solo hago la traducción. La historia original es de Craft Rose, y como siempre hago con mis traducciones, voy a colocar el link de la original en mi perfil para que quienes lo deseen, puedan leerla desde ahí.

This fic doesn't belongs to me, just the translation. The original story belongs to CRAFT ROSE, and you can find a link to it on my profile, so you can check it out.


Después de tres años de experiencia mundana, vacía de sexo y con demasiado vino, nuestra castaña preferida se tropieza con el equivalente mágico de una línea de sexo telefónico. En ella, un intrigante, y deliciosamente diabólico empleado se las arregla para conseguir su interés. Todo es divertido y anónimo hasta que...


Capitulo 1

Hermione observó el aparato sobre la mesada de su cocina con inseguridad. Había cientos de instrumentos peculiares en el mundo mágico: giratiempos, diarios embrujados, escobas voladoras, lechuzas mensajeras, autos invisibles, retratos vivos y hasta escaleras que se movían solas, pero ninguno se parecía al que había caído en sus manos. En realidad, lo compró ante un impulso, un muy estúpido, inconsciente y desesperado impulso, bajo el constante recordatorio de que todos sus amigos ya estaban casados o en camino a estarlo.

Incluso Ron.

Incluso el perdedor de su ex novio.

Su descaro de comprometerse después de haber roto con ella porque no podía verse a sí mismo "atado" a alguien, fue suficiente para llevarla al límite. No es que todavía sintiera algo por él, porque no lo hacía. Era el hecho de que incluso Ron se las había arreglado para encontrar a alguien con quien compartir el resto de su vida, mientras que ella apenas había sido besada en tres jodidos años.

Esto era más que una sequía. Era un desierto. Era el padre de los desiertos.

Necesitaba tener sexo.

Necesitaba una buena sesión de sexo. Quizás doce.

Hermione respiró profundamente, resignada ante el hecho de que quizás nunca encontraría al Sr. Darcy para su Elizabeth Bennet interna, y abocó su atención a su nueva adición en su creciente colección de juguetes sexuales. Era aparentemente un furor en toda Europa, o por lo menos eso es lo que le dijo la dependienta.

El aparato venía en dos partes.

La primera parte era un vibrador de 20 centímetros de largo y 5 de diámetro, pero con un truco particular: no tenía controles. No había interruptor para encender o apagar, ni para controlar las velocidades. Ella no tenía ningún tipo de control sobre el aparato.

Sin embargo, existía alguien en el mundo con el control; alguien con quien ella se podría comunicar utilizando la segunda parte del aparato: un auricular.

En otras palabras, ella había acudido a un sex shop y gastó cerca de una semana de sus ganancias en un aclamado sexo telefónico. La hacía sentir más que patética, pero trató de pensar en esto como si fuera cuestión de negocios. Era definitivamente mejor que usar su mano todas las noches. De este modo, al menos tendría la ilusión de que estaba con otra persona – un profesional contratado – pero persona al menos.

Con dedos temblorosos, sacó el auricular de su empaque y lo colocó en su oreja derecha. La chica de la tienda le había dado un par de instrucciones claras: colócate el auricular y espera.

Y eso hizo.

Hermione se sirvió una copa de vino y caminó hacia su sofá. Se recostó a lo largo y permaneció mirando el techo. No podía concentrarse. Solo era capaz de beber, parpadear y pensar qué, en la tierra, la había llevado a pensar que esta era una buena idea. En poco tiempo tenía el cuerpo temblando de nervios. Se sentía ridícula. No tenía idea de qué esperar, cuándo esperarlo o cómo…

-¿Hola?

-Eh… - Hermione se congeló – Huh… Hola.

Se escuchó una risa gentil desde el otro lado

-Suenas nerviosa.

-Yo… eh, yo nunca hice esto.

-¿Nunca? – le preguntó la voz, masculina y aparentemente juvenil – ¿Ni siquiera con un novio?

Hermione consideró su única relación.

-Si hablar con la boca llena de comida cuenta, entonces sí, mi ex novio me hablaba sucio todo el tiempo.

Se oyeron más risas, pero esta vez ella las acompañó.

-Supongo que eso me hace tu primero.

Ella sonrió.

-Supongo que sí.

-En ese caso, comencemos con algo sencillo. Cuéntame sobre tu día.

-¿Mi día? Eh, bueno… tuve un inicio un poco complicado esta mañana. Por alguna razón mi despertador no sonó y terminé llegando una hora tarde al trabajo.

-Eso suena terrible – señaló él – Es por eso que amo lo que hago. Trabajo por las noches.

-Qué suerte tienes – ella hizo una mueca – No recuerdo la última vez que no me vi obligada a despertar temprano.

-Suena como que tienes un trabajo duro.

-Así es… pero te mentiría si te dijera que no lo amo. Me permite viajar un montón.

-¿Hacia dónde?

-Por toda Europa, la mayoría del tiempo – explicó ella – Usualmente son viajes de negocio desde la llegada hasta la partida, pero me las arreglé para meterme en algunos problemas en Ámsterdam la primavera pasada.

-¿Si? – preguntó él, encantadoramente impresionado – ¿De cuántos problemas estamos hablando?

-No más que lo usual – Hermione se encogió de hombros, ignorando el tono sugestivo de sus palabras – Yo… eh, en realidad me siento más en problemas ahora mismo, para ser honesta – rió nerviosa.

Se oyó una pausa al otro lado.

-¿Qué te hace decir eso?

-… Estoy hablando con un completo desconocido – respondió ella, rápidamente – Sin ánimos de ofender.

-No lo haces – le aseguró él, manteniendo ese aire de juvenil madurez – entonces, con la intención de conocernos mejor, ¿por qué no jugamos a algo?

Hermione se incorporó en su posición y tomó otro sorbo de su vino, sintiéndolo necesario.

-¿Qué tipo de juego?

-Se me ocurre una modificación de "Verdad o Reto" – explicó él – Tomaremos turnos para preguntarnos cosas inofensivas, y si uno de nosotros se niega a contestar, cumpliremos el reto que la otra persona escoja.

Ella mordió nerviosamente su labio inferior.

-Eso suena peligroso.

Hubo otra pausa, como si él estuviera debatiéndose entre una sonrisa y una mueca burlona. Se la imaginó rápida, ligera, que cruzara sus labios por apenas un momento antes de que planeara su respuesta.

-Yo empezaré – dijo él, interrumpiendo sus pensamientos – Algo sencillo. ¿Cuál es tu posición preferida?

Su boca cayó abierta.

-¡Eso no es sencillo ni inofensivo!

Ahí estaba de nuevo. La misma pausa burlona. Ella comenzaba a darse cuenta de que este tipo no perdía el tiempo.

-Siempre tienes la opción del reto.

Ella frunció la boca hacia un lado.

-No lo creo, viendo lo que tú consideras una pregunta fácil. – Otro sorbo de vino, otra respiración profunda – Bien… mi posición preferida. Supongo que me gusta estar… estar… arriba. – Por algún motivo, esperaba que él se riera. No lo hizo – No tengo idea de cómo se llama.

-La Vaquera, también llamada La Amazona. Una de mis preferidas, dicho sea de paso.

-Perezoso – se burló Hermione.

-No rías tan rápido – rió él, con un toque de sorpresa en la voz – Follar desde abajo requiere un enorme esfuerzo físico.

Otra pausa, pero ésta vino de ella. La forma en que él moduló la palabra con F tan casualmente la dejó algo mareada, aunque también podrían ser los efectos de todo ese vino.

-Su…supongo que es mi turno – murmuró, rogando no sonar tan avergonzada como se sentía – Si pudieras…

-Escojo el reto.

Hermione arqueó una ceja.

-¡Ni siquiera terminé de formular mi pregunta!

Él no parecía molesto por ello.

-Tengo curiosidad por saber qué tipo de reto plantearías.

Que descarado.

-Bien – se decidió – Te reto a quitarte una prenda de ropa.

-Astuta – remarcó él – Es como si supieras que estoy sentado aquí con nada más que mis boxers – Antes de que ella pudiera formular una respuesta coherente, se escucharon ruidos de movimientos al otro lado del audífono, y luego su voz – Reto completado.

Ella palideció – Eh…

-Bien. Siguiendo con tu respuesta anterior sobre estar arriba, ¿te gusta deslizarte arriba y debajo de tu pareja o prefieres rotar tus caderas y frotarte contra él en círculos lentos?

Ella todavía no lograba hacerse a la idea de que, de hecho, este hombre misterioso posiblemente estaba hablando con ella desnudo. Y la mención de deslizarse y frotarse no ayudaban para nada. Sus pensamientos viajaron hacia la última vez que había tenido sexo, que había sido siglos atrás. Todo era efímero. Cada toque. Cada sentimiento. Nada era completo.

Trató de recordar, de formular un recuerdo completo, pero todo era inconcluso.

-¿Está todo bien? – preguntó él.

Hermione tragó pesado.

-Yo… sí. Es solo… que ha pasado tanto tiempo y… yo… eh – cerró sus ojos, sintiéndose ridícula. Él era un completo desconocido. No había necesidad de sentirse nerviosa. Pero algo acerca de él no se sentía del todo desconocido.

Finalmente, como si fuera por voluntad propia, sus caderas comenzaron a moverse en su sitio, contra el sofá. Sus músculos se relajaron, y sus nervios se disiparon. Su pulso se aceleró, y cerró los ojos. No podía recordar, pero podría imaginárselo.

-Ha pasado mucho tiempo para ti, ¿no? – preguntó él, abandonando su arrogancia.

-S…sí.

-Dime en qué estás pensando.

Era el vino. Debía ser el vino, porque de otro modo ella no lo diría estando sobria.

-En ti.

La voz de él bajó un tono.

-No seas tímida – respiró profundamente – Dime qué es lo que estás haciendo.

Hermione inspiró, con el labio inferior temblándole.

-Yo…estoy encima tuyo… rotando mis caderas en lentos…muy lentos círculos.

Esto era una locura. Era una completa y total locura. Jamás viviría para contarlo.

-¿Me sientes contra ti? – indagó él, eliminando los nervios de ella. Su sonrojo se incrementó.

-S…Sí.

Hubo un cambio en la respiración de él – ¿Dónde?

-En… entre mis piernas – susurró ella – A través de mi ropa.

Algo en el modo en que él exhaló hizo que su cuerpo temblara en respuesta. Ella no tenía idea de que fuera posible sentirse tan excitada solo por el sonido de la voz de alguien, mucho menos de un completo desconocido.

-Estás haciéndolo mal – dijo él, sonando de cualquier forma menos contrariado – Se supone que yo debo ser quien te excite a ti.

-Lo… siento.

Su respuesta fue suave – No te atrevas a pedir disculpas.

-¿Qué… qué me harías si estuvieras aquí? – se las arregló ella para preguntar, con las mejillas enrojecidas, y ligeramente horrorizada de su propia valentía.

-Déjame mostrártelo.

Esas dos palabras la excitaron tanto como la aterrorizaron, al punto en que no tuvo otra opción más que ceder ante los deseos de su cuerpo. Sus ojos se abrieron y se estiró a buscar la otra parte de su nueva adquisición. Sentir el frío y suave material le provocó una serie de temblores a lo largo de su columna vertebral. Era largo, plateado y casi parecido a una serpiente. Tomó una profunda y caliente respiración y abrió sus piernas sobre el sofá, con la palma de una mano apoyada delicadamente sobre su frente, y la otra sobre su abdomen, sosteniendo… eso firmemente.

Había una fresca brisa de verano atravesando las ventanas. Permitió que la envolviera, junto a cada una de las distintas sensaciones que corrían por sus venas. Todavía no podía creer que esto estuviera sucediendo.

-No tengas miedo – le dijo él, adivinando sus pensamientos – Solo cierra tus ojos y relájate para mí. Yo me encargo del resto.

Hermione siguió sus instrucciones. Respiró profundamente, sintiéndose como una colegiala nerviosa a punto de ser tocada íntimamente por primera vez. Su anterior nerviosismo había sido reemplazado por un inesperado sentimiento. La anticipación acumulada en su pecho ahora emanaba de cada poro de su cuerpo. No podía enfocarse en nada más que no fuera la respiración suave de su hombre misterioso.

Se preguntó dónde estaría él, qué estaría haciendo, y por sobretodo, cómo se vería.

Su juego de palabras sugería que era joven. No podría tener más de veinticinco. Pero era el sonido de su voz lo que le hacía cuestionarlo todo. Claramente tenía un buen vocabulario, sin sonar sabelotodo. Era rápido para pensar, sin sonar apresurado. Era paciente. Se lo percibía ligeramente en un punto medio entre presumido y seguro consigo mismo, de un modo que le sugería a ella que no siempre jugaba limpio.

Este chico era malo.

Pero sus pensamientos erráticos eventualmente terminaron. Sentía una ligera vibración contra su abdomen. Hermione respiró profundo nuevamente y soltó el instrumento. Éste se movió solo, controlado por la persona al otro lado de la línea. La chica de la tienda no le había comentado sobre esta función, pero no le importaba en ese momento.

Se estiró, consumida por los temblores que recorrían su cuerpo, imaginándose a su hombre misterioso suspendido sobre ella con sus fuertes y firmes manos tocándola, en lugar del aparato.

-¿Cómo se siente eso? – preguntó él, incrementando el fuego que la consumía con solo su voz.

Hermione se acomodó mejor, inadvertidamente abriendo el espacio entre sus piernas. El aparato se movió a través de su torso, dibujando amplios círculos alrededor de su abdomen. Ella podía sentir la punta redondeada contra la tela de su vestido. Luego tomó contacto con la piel desnuda, frotándose contra el pequeño espacio entre sus doloridos pechos. Deseaba arrancarse la ropa y sentirlo todo como debía ser, pero su cuerpo permanecía inmóvil ante las caricias.

Su hombre, a quien de ahora en más se referiría como Erik, basada en el fantasma de su novela favorita (*), continuó su viaje a través del territorio prohibido. Arrastró el aparato a lo largo de su clavícula, contra el hueso que enmarcaba su cuello, mientras desmantelaba sus inhibiciones con el paso de cada segundo.

Ella dejó escapar un gemido bajo – Oh… Oh, Dios…

-No hay dioses aquí – respondió él – Solo yo.

La ligera amenaza en su voz estimuló sus sentidos. Se lo podía imaginar con mayor claridad ahora, suspendido encima de ella con el calor emanando de su cuerpo, y su respiración acompasada contra la curva interna de su cuello, directamente sobre su pulso, donde las vibraciones continuaban.

Se escuchó un sonido al otro lado de la línea, una expulsión de aire que sonaba como una risa ligera, sin ser una burla ni un insulto. Era más de incredulidad.

-Esto es una tortura – susurró Erik – Ser capaz de sentirte sin realmente sentirte.

Ella se imaginó que les decía estas cosas a todas las mujeres, pero el pensamiento de que eran solo para ellas hizo que la zona debajo de su ombligo reviviera, completamente receptiva a las caricias de su fantasma.

Las vibraciones viajaron desde su cuello hacia la línea de su barbilla, y hasta el arco de su boca. Hermione podía sentir cada uno de los temblores a través del aparato, y sin más provocación, presionó sus hambrientos y temblorosos labios contra la redondeada punta del consolador, capturándolo en un beso con lengua.

-Mi amor, eres demasiado sexy… - murmuró él, como si supiera lo que ella estaba haciendo… como si pudiera sentirlo.

La segunda y tercera palabra resonaron dentro de ella, provocando que el calor estallara en su rostro y cuello, y prácticamente en el resto de su cuerpo. Inconscientemente tiró de los amarres de su vestido, y sintió la tela esmeralda cayendo en cascada por su cuerpo, dejándola expuesta completamente, con solo el delgado encaje de su sostén y bragas para cubrirla.

Hermione suspiró con deseo, mientras una ligera brisa le hacía cosquillas en la piel desnuda. Se sentía como si el más mínimo roce podría detonar la energía construyéndose en su centro. Lo que más quería era que su fantasma supiera cuan bien se sentía esto, y cuánto lo necesitaba, pero las palabras no salían. Apenas era capaz de formular un simple pensamiento coherente, mucho menos una oración.

Juzgando por la sutil contención en la voz de Erik, él estaba igual, o peor, de excitado.

-El sonido de tu respiración... – se contuvo – Realmente no tienes idea de lo que te haría si pudiera tocarte de verdad.

Ella quería averiguarlo. No importaba cuánto tuviera que pagar, si eso significaba poder conocerlo, para poder quitarle esa máscara que lo ocultaba de ella. Pero todo lo que tenían para comunicarse sus deseos era el suave y metálico aparato que parecía aumentar en velocidad con cada dolorosamente glorioso segundo. Hermione se aferraba a los últimos vestigios de cordura, con el pecho agitado mientras sentía la punta redondeada circulando su pezón izquierdo, obligándolo a envararse, y luego al otro. Las rosadas puntas de sus pechos se endurecieron, prácticamente sobresaliendo de la tela de su sostén, rogando ser liberadas.

-Quiero que imagines mis labios – dijo él, susurrando y enviando más vibraciones deliciosas a la sensible piel de sus aureolas – Quiero que imagines mis labios besándote… justo aquí.

Había una grieta entre los labios de Hermione, permitiendo la salida de un profundo gemido. Sus ojos estaban semi cerrados y escudados bajo la densa neblina de pasión que Erik formaba con cada palabra y movimiento. Todo se basaba en los detalles. Estaba todo en cada uno de los pequeños detalles en este enredo de voces y sensaciones.

Hermione tuvo que admitírselo a sí misma que jamás se había sentido tan excitada, si siquiera ante la verdadera presencia de un hombre. Esta era la cosa más pecaminosamente erótica que había hecho, y probablemente que jamás haría. No tenía suficiente. No podía detener la necesidad que crecía en su pecho y entre sus piernas. Solo podía permanecer recostada allí y rendirse a sus deseos… y a los de él.

-Esos seráficos sonidos que haces… - señaló él, prácticamente estremeciéndose – No puedo tener suficiente de ellos…

En el fondo de su mente, sus pensamientos rondaron la segunda palabra que usó, sabiendo que era famosa por ser usada en una novela en particular: la novela de donde su fantasma había sacado su alias. Se sentía extrañamente personal, el compartir esta clásica obra de literatura con él, con el único extraño en el mundo que había conseguido convertirla en un desastre caliente.

El vibrador abandonó sus elevados pezones y se movió hacia abajo por su retorcido estómago, hasta el borde de sus bragas. Se preguntó vagamente cómo es que trabajaban esos controles, pero no podía enfocarse lo suficiente como para satisfacer su vena curiosa. En su lugar, su atención estaba abocada a la verdadera posibilidad de que estaba a punto de sentir las vibraciones en los sitios más prohibidos.

Ella necesitaba esto.

Necesitaba esto más de lo que Erik podría imaginarse, más de lo que ella le permitiría saber.

-¿Debería hacerlo? – le preguntó él, hablando lentamente - ¿Debería follarte?

Allí estaba. La palabra follar. Se sentía débil por la vergüenza y la excitación que esa palabra provocaba en ella. No era del tipo de chica que decía groserías, pero el modo en que él hablaba, el modo en que decía estas palabras como si formaran la llave del mismo cofre de los placeres la hacía sentir traviesa.

Este chico era más que malo. Este chico posiblemente era corrupto.

Hermione se tragó sus nervios y respiró profundamente, dentro y fuera, hasta que la punta del vibrador se deslizó dentro de sus bragas. El cambio en la velocidad le provocó rodar los ojos. Podía sentir su excitación humedecer el encaje, caliente con el deseo.

-Daría lo que fuera por acariciar mi lengua a lo largo de tu precioso centro – confesó él, agujereando su defensa con cada una de sus pecaminosas palabras – Canta para mí, Ángel.

Ella se quejó, con un sonido que se debatía entre un llanto y un gemido, al sentir la primera caricia. La punta redondeada se frotó una y otra vez contra sus áreas sensibles, provocando la salida de humedad desde su entrada con cada movimiento, y presionando su clítoris pulsante como si estuviera hecho solo para ese propósito; solo para este momento.

Se sentía increíble. Se sentía divino.

Su pulso se aceleró. Cerró sus ojos y se lo imaginó cepillando el cabello húmedo adherido a su frente, besando sus labios y presionando su propia excitación contra sus muslos. Se preguntó si estaba solo sentado en una habitación oscura, acariciando su erección mientras no paraba de decirle todas las cosas sucias que quería hacerle a su mente, cuerpo y alma. Se preguntó si él la imaginaba también, de la forma en que ella lo imaginaba. Se preguntó el color de su cabello, y cómo eran sus ojos.

Estos pensamientos la tenían acorralada contra la pared por el deseo. Había muy poco que pudiera hacer para saciar su sed de conocimiento. De hecho, no podía hacer prácticamente nada. Lo único que sabía sobre la identidad de este hombre era el sonido de su voz, y hasta ahora, no podía tener suficiente de él.

Las vibraciones aumentaron de velocidad, provocando que sus labios íntimos temblaran contra el aparato. Su centro palpitaba. Podía sentirlo. Prácticamente podía oírlo. Las vibraciones. La humedad. La respiración pesada al otro lado del audífono. Cada una de las facetas de esta fantasía hecha realidad la tenían pendiendo de un hilo.

Hermione esperó, aguantando la respiración, temblando y ahogándose en deseo.

La punta apenas delineó su entrada, consiguiendo arrancarle un gemido gutural del centro de su ser, y luego se deslizó dentro de ella con el lubricante natural desbordando por su extremo. Ella abrió su boca en un grito silencioso sin dejar de temblar. Su fantasma respondió ante esto con un gruñido ensordecedor que le confirmó que no estaba sola en este torbellino de pasión.

Nuevamente, se le cruzó por la mente preguntarse si esto ocurría con todas las mujeres o era algo reservado únicamente para esta llamada en particular, algo que nunca había sucedido con anterioridad.

-Eres hermosa.

-Tu… no lo sabes – exhaló ella.

-Eres hermosa – repitió él.

Ella no tenía el tiempo ni la concentración para discutir en este momento. Podía sentir las vibraciones profundamente en su interior. Se aferró a las esquinas del sofá con ambas manos, tratando de sujetarse mientras el aparato entraba y salía de ella. Las primeras veces entraba hasta el final y luego salía por completo, jugando con ella y probándola. Ella rechinaba los dientes, muriendo por liberarse, deseando el momento en que todos sus sentidos se reunirían en uno solo y luego se desharían.

Erik rotó inocentemente el aparato dentro suyo, añadiendo nuevas sensaciones a las anteriores, descubriendo un nuevo nivel de placer, uno que ella jamás había experimentado. El sabía exactamente lo que estaba haciendo. Sabía que ella no era una princesa virginal vestida con un vestido blanco y con flores en el cabello. Él sabía que ella necesitaba algo más, algo más duro, y profundo, y oscuro.

Y, Merlín, se lo estaba dando.

Hermione clavó sus uñas en el sofá mientras lo sentía deslizarse en ella. La fuerza combinada con cada uno de sus embistes, y la posibilidad de sentir aún más, la tenía delirando. No había medicina para este tipo de fiebre. No había pociones. No había ningún remedio. Estaba solo la creciente posibilidad de que en algún momento, una de esas estocadas lograran desatarla desde lo más profundo de su ser.

No paraba de jadear, gimiendo y llorando de placer.

Esperaba que esos sonidos lograran excitarlo. Esperaba que esos sonidos lo llevaran hasta el punto de no retorno.

Esperaba que esos sonidos se grabaran íntimamente en lo más profundo de su memoria, para que él se viera obligado a recordar esta noche; y recordarla a ella.

En algún momento entre estos delirios de placer y chorros de pasión, Hermione sintió una chispa de algo en su centro, donde las vibraciones seguían girando y golpeando con extremada destreza. Comenzó como algo pequeño… poderoso pero pequeño, como una pequeña chispa capaz de atravesar la primera capa de su piel y luego crecer, alentada por el deseo de su fantasma mezclado con el suyo propio, para pasar a ser de una lengua de fuego a un verdadero incendio catastrófico y devastador, logrando abrasar cada una de las fibras de su cuerpo.

Hermione dejó caer su cabeza hacia atrás, golpeándosela contra el brazo del sofá. Gritó, con el pecho agitado y el corazón galopando, atrapada en olas tras olas de puro éxtasis. Su rostro y cabello estaban cubiertos en sudor, esperando por este momento. Se sacudió y tembló, y prácticamente se lastimó el labio de tanto apretarlo con sus dientes.

Las sensaciones la consumieron por completo, tanto que apenas consiguió registrar a su fantasma imitándola en su liberación.

Allá quedaron sus dudas.

Le costaba respirar, y lograr darle sentido a lo que acababa de suceder, cuando el mundo finalmente se acomodó a su alrededor. Ella seguía en su apartamento. Seguía en su living. Seguía recostada en su sofá. Seguía conectada a una llamada con un completo desconocido, un extraño que había logrado excitarla desde lo más profundo y dejarla hecha un manojo de temblores, después de un demoledor orgasmo.

Él seguía ahí. Podía escucharlo jadear por aire. Podía escucharlo recuperar lentamente el control, como ella. Pero no era capaz de emitir una palabra, no después de lo que él había logrado hacerle. No había nada que pudiera compararse a la locura que había provocado una sola conversación con un extraño.

Hasta donde ella sabía, incluso podría ser una persona peligrosa.

Pero incluso ese pensamiento consiguió avivar la llama.

Ella podía manejar el peligro.

Ella y el peligro se conocían de primera mano.

-Te reto a que repitamos esto – dijo él, finalmente rompiendo el silencio con su baja y sensual voz.

Hermione sintió algo parecido a una risita tonta cosquillear el interior de sus labios. No podía creer su audacia. No podía creer su soltura. Y especialmente no podía creer que él recordara el juego. No le había respondido exactamente, por lo que le correspondía cumplir un reto.

-Eres bastante atrevido – remarcó ella, sonando más impresionada que irritada – Pero te mentiría si dijera que no quiero hacer esto de nuevo.

Él hizo una pausa, sonriéndose a si mismo.

-Técnicamente estoy yendo en contra de las reglas al proponerte hacerlo de nuevo.

-¿Cuáles son las otras reglas? – preguntó Hermione.

-No son muchas – explicó Erik – No podemos intercambiar direcciones o nombres, básicamente nada demasiado personal.

Nombres no. Esto causó que Hermione frunciera los labios. Suprimió el suspiro que amenazaba con escapar de su boca, y en su lugar buscó una alternativa.

-¿Qué me dices de iniciales? – preguntó ahora, admirando su ingenio - ¿Me dirías tus iniciales?

Otra pausa en la conversación, pero esta no escondía el indicio de una sonrisa. Era como si hubiera cruzado una línea, adentrándose en un sitio que era prohibido. El persistente silencio aumentó la ansiedad de Hermione, quien comenzó a abrir su boca para retractarse de su pregunta invasiva y regresar a las previas bromas pero…

-DM – respondió él, después de varios minutos – Mis iniciales son D y M.

Hermione quiso responderle, agradecerle por darle una respuesta incuso aunque era completamente innecesaria. Pero el eco de su respuesta reverberó en su mente, y lentamente, un estremecedor reconocimiento brotó en su cuerpo.

Permaneció allí en silecio.

-¿Ocurre algo malo? – le preguntó su fantasma.

-No… no – murmuró ella – Yo… yo solo… olvidé que tenía… eh – No podía ser cierto. No había forma. No había oportunidad. – Tengo… tengo que irme.

-Oh.

Hermione frunció sus labios y trató de ignorar la decepción latente en la voz de él. Pero no había forma en que pudiera continuar esta conversación después…después de…

-Lo siento – respiró profundo, incorporándose y tomándose un ultimo momento para recapacitar en todo lo que acababa de pasar, antes de sacar el audífono de su oído, y de esa forma cortar la conversación, para luego colocarlo en su mesita de café.

Permaneció allí, sentada al borde del sofá, incapaz de pensar o enunciar palabras.

-No es posible – dijo Hermione en voz alta, pasando ambas manos por su cabello – Joder.

XXX

(*) La novela a la que Hermione se refiere es El Fantasma de la Ópera, la cual recomiendo muchísimo si aún no la leyeron. El personaje, además, se caracteriza por un vocabulario particular, y por pedirle a su Ángel que cante.


Primer capítulo de este minific. Son seis en total, trataré de subir al menos dos por semana.

Espero que lo disfruten, y déjenme su opinion en los comentarios! los leo!

Pekis :)