Despertar. Despertar en un cuarto oscuro. Despertar en un cuarto oscuro con una luz al fondo. Despertar en un cuarto oscuro con una luz al fondo y tratar de alcanzarla. La luz no se acerca. Sentir detrás de ti cómo sujetan tu cintura por lo que ahora no sólo la luz no se acerca, sino que vibra en cada fibra de tu piel la idea de que no únicamente debes alcanzar un punto, también debes escapar de alguien... o algo. Alejarte de ahí.

No sientes ninguna clase de respiración detrás de ti. No hay cuerpo, no hay voz, no hay pasos, no hay nada: sólo son un par de manos que se ciñen fuertemente a tu cintura, las cuales no tienen un origen que puedas golpear para poder liberarte. Cuando intentas girar para ver el rostro del dueño de las manos, te das cuenta de que ya nadie te toca. La luz ya no se encuentra ahí, sin embargo, en el momento en que regresas a mirar al frente.

Como en esas ocasiones en que estás en un sueño y simplemente lo sabes, ahora sabes que estás en la boca del monstruo. No te preguntas cómo lo sabes, simplemente aceptas que lo sabes. Es cuestión de tiempo para que clave sus largos colmillos a través de tu ombligo. Comienzas a sentir que gotea su saliva sobre tu cabello que ya no es más cabello sino sólo una masa inconsistente de baba.

Logras despertar, pero no del todo: distingues que estás en tu habitación, no obstante la forma en que tu cuerpo se rehusa a seguir instrucciones. Intentas cerrar los ojos pero incluso tus párpados parecen obedecer al monstruo que presiona tu cuerpo o que lo presionaría si no lo estuvieras viendo, de hecho, justo ahora frente a ti.

Se distingue una figura (de vestimenta sorprendentemente formal) cuyo torso termina en un enorme globo en lugar de su cabeza. Desde su base emana una cantidad inmensurable de extremidades más parecidas a tentáculos que a brazos. Todo empeora cuando logras divisar dos enormes ojos que escoltan a una boca vertical. Vuelves a mirar su cuerpo para darte cuenta de que no está de pie, sino pegado (sí, pegado) a la pared con sus extremidades en la posición más anatómicamente incorrecta, con las plantas de los pies y las palmas de las manos sujetando su cuerpo en el muro. En este punto, piensas que su postura es más parecida a la de una araña que a la de un ser humano.

Laura despertó por tercera vez esa semana después de sufrir una pesadilla seguida de un horroroso episodio de parálisis del sueño. Estaba perfectamente consciente de que la sensación de alivio venía acompañada de una enorme pesadez que la obliga a caer rendida nuevamente con altas probabilidades de volver a experimentar dicha sensación, así que hizo lo imposible por mantenerse despierta.

Extendió su brazo con la poca energía que le quedaba para alcanzar la lámpara sobre la mesa de noche y, así, contemplar la hora en su reloj. Con cada vez que se repetían los eventos, le costaba más trabajo convencerse de que era una coincidencia observar que se encontraba a las 3:33 de la mañana con sospechosa exactitud.

Esta noche, decidió que no quería regresar al sueño como había sucedido las dos anteriores, así que se levantó de su cama y bajó las escaleras decidida a tomarse el primer café del día a sabiendas de que le tocaría presentarse en clases con las ojeras más pronunciadas que hubiera tenido en su vida entera.

—¿Con quién demonios peleaste para que te dejara semejantes moretones?—Fue la forma en que Patience la recibió en la escuela ya entrada la mañana. Laura sólo respondió acentuando la mirada de zombi que de por sí ya cargaba.—¡Es en serio! Te juro que pareces un mapache. ¿Qué te pasó?

—Insomnio—mintió.

—¿En serio intentas convencerme de que has pasado 17 años de tu vida sin presentar el más mínimo síntoma de un padecimiento como ese y de la noche a la mañana ya te es imposible dormir? Esas ojeras comenzaron a aparecer desde ayer. ¿Qué está pasando?—Laura soltó un suspiro de resignación luego de cerrar la puerta de su casillero y colocar (casi estampar) su frente contra la misma.

—Tuve un mal sueño.

—¿Tan terrible?

—No pude volver a dormir después de eso.

—¿Qué clase de sueño?—Laura volvió a su postura normal y vio a Patience a los ojos. Por un segundo consideró la posibilidad de contarle al respecto porque, de hecho, estaba comenzando a pensar que verdaderamente habría algo más de lo que la psicología sería capaz de explicar, algo, tal vez, honestamente maligno. Descartó la idea de inmediato, no obstante, puesto que eso sería, de algún modo, admitir que creía en todas esas cosas que había negado desde los 12 cuando dejó de ir a la iglesia.

—No recuerdo bien y tampoco quiero pensar al respecto. Sólo quiero poder olvidarlo, si no te molesta.

—Ok— contestó de mala gana, no sin una mueca tal vez muy marcada en su rostro.

Era una costumbre que la preparatoria organizara bailes a la mínima provocación. Halloween era una de esas ocasiones especiales en que, a petición del comité estudiantil, se llevaría a cabo una fiesta de disfraces. Muy similar a como ocurría en Navidad, la fecha era digna de la cancelación de las clases el primero de noviembre, de modo que los jóvenes pudieran celebrar sin culpa durante la noche del 31.

Como ocurría en todos los bailes, era costumbre que los adolescentes se invitaran a acompañarse para esa noche y, aunque no estuviera en absoluto dispuesta a admitirlo, Laura fantaseaba constantemente con la invitación de Ben Thomas. Aunque la idea le parecía imposible, en realidad.

Ben era el clásico jugador de fútbol americano, segundo en el equipo sólo debajo del mariscal de campo. Asistente imprescindible de cualquier reunión social y muy por encima en la escala de popularidad en la escuela. Muy por encima de Laura, a decir verdad, lo cual reducía sus posibilidades a prácticamente cero.

Por eso fue una sorpresa enorme para Fields encontrarlo en la entrada de la escuela a la hora de salida ese viernes de clases, esperando por ella. El muchacho mantenía una postura relajada, apoyado de espaldas contra el pasamanos de la escalera, ambas manos en las bolsas de su chaqueta del equipo deportivo.

Al principio, Laura lo vio de reojo y no cambió la dirección de su camino en absoluto, sabiendo que nunca había cruzado palabra antes con él, por lo que no tendría motivo para esperarlo ahora.

—¡Hey!—Si no supiera que no había manera humanamente posible de que él quisiera hablar con ella por ningún motivo, habría jurado que la estaba llamando.—¡Laura!—La adolescente se detuvo en seco, absolutamente segura de que había comenzado a alucinar o de que habría otra Laura en la escuela a quien él estuviese refiriéndose.

Finalmente giró la mirada para encontrar al muchacho trotando en su dirección. Se detuvo un par de pasos antes de llegar a donde ella estaba y le lanzó una sonrisa que casi provoca que la chica se desmaye en el acto, como si se tratara de una película mala de adolescentes o un fanfic increíblemente mal escrito.

—Por un momento creí que ibas a ignorarme.

—N-no...—titubeó un poco—no me atrevería, al principio no te escuché.

—Pero estás aquí ahora, eso es una buena noticia—provocó que un ligero y casi imperceptible brillo cruzara la mirada de su interlocutora. De repente comenzó a sonreír.—Quería preguntarte si tenías planes con alguien para la fiesta de Halloween.

—Oh...—debía admitir que la pregunta la tomó por sorpresa—...pensaba venir con Patience... ya sabes, como amigas y todo.

—Vaya...—el chico se rascó la nuca e hizo una mueca que, con suerte, convencerían a la joven de que se encontraba nervioso y un poco decepcionado, incluso si en realidad era todo lo contrario dada su certeza de que ella terminaría accediendo a acompañarlo—...supongo que eso significa que no querrías venir conmigo.

—¡No no no no no!—Se apresuró a contradecir sus conclusiones—Estoy segura de que Patience entenderá perfectamente.

—¡Cool!—Exclamó entusiasmado—¿entonces paso por ti el miércoles a las 6?

—A las 6 está perfecto—concluyó ella.

Una vez más, como todos los sábados, las chicas se encontraban en Catrina's, pero con una orden distinta de la usual. Si bien no se trataba de un restaurante mexicano como tal, los dueños del lugar no podían no hacerle honor al nombre del establecimiento en esa época del año: aunque Estados Unidos la costumbre era celebrar Halloween, La Catrina era un personaje salido de la tradición del Día de Muertos, que tenía lugar sólo un par de días después del 31.

Por este motivo, el restaurante tenía la costumbre de servir pan de muerto (que no era literalmente de muerto) y ofrecer calaveras de azúcar dentro de los postres. Era definitivamente la mejor época del año para visitar el lugar.

—¿Ya pensaste entonces qué usarás el miércoles para la fiesta de disfraces?—Inquirió Patience.

—No estoy muy segura, ¿será muy anticuado aparecer de bruja? ¿Vampira? ¿Científica loca?

—Cariño, para esa última no necesitas un disfraz.

—Piri isi íltimi ni nicisitis in disfriz—remedó Laura las palabras de su amiga para hacerle saber que su chiste no había causado ninguna gracia, opinión de la que, por supuesto, St. Pim difería, ya que ahora se reía con soltura.

—Ya, en serio. Estaba pensando que tal vez podríamos coordinar disfraces. Tal vez juntarnos con Sandra y aparecer como los ángeles de Charlie—recordando entonces que no le había notificado a su amiga acerca de la invitación de su crush secreto, Fields simplemente se quedó callada—¿...asumo tu silencio como un no?

—En realidad, voy a ir con un muchacho al baile—los ojos de Patience se abrieron ante la sorpresa y Laura incluso juraría que dio un salto al escucharla.

—¿En serio?—Ahora una sonrisa de emoción atravesaba su rostro—¡¿Quién?!

Laura agachó la mirada como si le apenara admitir la emoción que esto le provocaba, se mordió el labio inferior y finalmente respondió.

—Ben Thomas.

La sonrisa de Patience se borró de repente.

—¿Ben Thomas?

—Sip

—¿El del equipo de fútbol?

—El mismo.

—¿El que acaba de terminar con Jazmine Garfield hace un par de semanas?

—¿Qué estás insinuando?—En este momento, la chica ya entendía hacia dónde se dirigían los comentarios de la otra.

—No estoy insinuando nada, sólo digo que tal vez es sospechoso que un sujeto que no te había dirigido la palabra nunca de la nada te invite a salir.

—Tal vez no había hablado antes conmigo por lo que tenía con Jazmine—se defendió.

—Claro, y con absoluta certeza la superó en menos de un mes.

—Ya sabes que las cosas entre adolescentes como ellos nunca son serias.

—Justamente eso es lo que me sorprende de todo esto, Laura. ¿Qué te hace pensar que contigo sería diferente?

—¿Por qué es tan increíble imaginar que un muchacho lindo quiere salir conmigo?—Decidió evadir la pregunta que le hicieron con otra.

—¡Porque somos las chicas antisociales a las que nunca invitan a una fiesta y que se sientan al fondo de la cafetería! ¡Estamos abajo en la escala social!

—Tal vez por eso conmigo es diferente.

—Te podría creer que esté perdidamente enamorado de ti si me dijeras, no sé, que son amigos de toda la vida o algo por el estilo. Pero él jamás te ha dirigido la palabra y ya sabes que no eres el tipo de persona que un chico como ese invitaría a salir de buenas a primeras.

—O sea que no soy lo suficientemente bonita para él—concluyó Laura.

—No coloques palabras en mi boca—la señaló con el índice para enfatizar su punto,—sabes que no era eso a lo que me refería.—Fields no supo qué más responder. Muy en el fondo sabía que todo lo que Patience decía era cierto y que, de hecho, debería parecerle por demás sospechoso lo que estaba pasando, pero, por otro lado, la idea de dejarse llevar y aceptar que la vida le había puesto enfrente la oportunidad de su vida era demasiado tentadora.—Sólo no quiero que te lastimen—agregó cuando supo que su amiga no le respondería.

—Lo sé—dijo finalmente— es sólo que...¡ugh!—no pudo contener la frustración que la conversación le provocaba y algunas lágrimas ya amenazaban con salir desde sus ojos—todo esto es demasiado bueno para ser verdad, estamos en el último año de preparatoria y probablemente esto no me va a volver a suceder nunca en la vida. Sólo quisiera poder vivir esto sin miedo de—alzo sus manos en el aire para entrecomillar lo que diría a continuación—"no ser lo suficientemente popular" para merecerme que alguien me invite a salir.

—¡Argh!—Soltó Patience luego de pensar en lo que Laura dijo—sólo prométeme que no vas a bajar la guardia, ¿de acuerdo?

—De acuerdo.