-Miedo-

Epílogo. El comienzo de una nueva vida.


La ingente mesa repleta de distintos platos que se extendía sobre el centro de la cocina la dejó boquiabierta. Normalmente, observando toda esa comida, pensaría que se trataba de una gran celebración de una familia muy numerosa. Pero no era el caso. Todo eso cabía en los estómagos de tan solo tres personas. Creía que le iba a costar mucho acostumbrarse a ver los saiyajin comer.

Los platos, sin embargo, se vaciaban a una velocidad vertiginosa y no paraban de salir nuevos recién preparados por la majestuosa mano de Chi-Chi. Videl pensó que, si tuviera algún día un hijo con Gohan, debería acostumbrarse a lidiar con dos estómagos saiyajin insaciables. Un momento. ¿Un hijo? La chica se sonrojó, agachó la mirada y negó levemente con la cabeza sus propios pensamientos. Miró hacia un lado y otro, cerciorándose de que nadie hubiese observado el rubor de sus mejillas. Afortunadamente, estaban todos tan concentrados en la comida que no se percataron del detalle.

Era cierto que Gohan y ella habían avanzado muchísimo en temas de intimidad, sí, pero no se sentía preparada para dar esos gigantescos pasos en su vida. Aunque, pensándolo bien, si se trataba de Gohan, no le importaría formar una familia juntos. Volvió a sacudir su cabeza para dejar de perderse en su mundo interior y disfrutar de la comida con la familia de su novio.

–Videl, deberías comer más. Estás muy delgada –dijo Goku con mirada curiosa y su típica sonrisa.

–¿Qué te crees que es tan bruta como vosotros? –le contestó su esposa observándolo amenazantemente.

La chica comenzó a reír y sus ojos se desviaron hacia el rostro de Gohan, que le sonreía dulcemente desde su sitio, justo enfrente de ella. No sabía si estaba sonriendo por la regañina entre sus padres o si el motivo era ella misma. En cualquier caso, le devolvió la sonrisa.

Cuando terminaron de comer, Chi-Chi se levantó a una velocidad que, según Videl, podía competir con la de los saiyajin y comenzó a recoger todo. Aunque hizo el amago de levantarse para ayudar, Gohan no la dejó. Posó su mano en su hombro derecho, impidiendo así que se alzase, y simplemente le dijo que era una invitada y no le permitiría fregar ni un solo plato. Así, se dispuso a echarle una mano a su madre.

Al acabar, se sentó a su lado y le susurró un «quiero enseñarte un sitio», pero fueron interrumpidos por el terremoto Goten, cuyo objetivo principal era recuperar todo el tiempo que había perdido con la que consideraba como su hermana mayor.

–¡Bien! ¡Por fin vamos a tener la oportunidad de entrenar juntos como antes! –Goten le sonrió desde abajo y casi se le derrite el corazón al ver esa adorable mueca adornando su rostro.

Gohan bufó fastidiado. Era totalmente comprensible que su hermano quisiera pasar tiempo con Videl después de haber estado sin verla durante un período más o menos largo, pero eso no evitaba que su faceta egoísta y acaparadora saliera a la luz. Miró a la chica y vio en sus ojos una ternura que sabía que significaba que haría todo lo que el niño hiperactivo que le sonreía con gran simpatía quisiera.

Después de su reconciliación, habían estado prácticamente todos los días juntos y haber probado los placeres carnales había hecho que sus hormonas despertaran con una fuerza incontrolable. De hecho, en las últimas semanas, solo podía pensar en una cosa: sexo. Pero no era un sexo que solo satisficiera sus deseos más profundos –que también– sino que consideraba que era la mayor expresión de amor que podía demostrarle a Videl. Y, además, era algo que lo hacía realmente feliz. Verla agotada, jadeando para regular su respiración y sonriéndole cuando finalizaba el acto era una imagen que no cambiaría ni por la más alta cantidad que pudieran ofrecerle.

Estaba resignado a tener que posponer mostrarle a su novia su lugar favorito cuando su salvadora habló:

–De eso nada, Goten –le recriminó Chi-Chi a su hijo menor. –Si quieres ir esta tarde a casa de Bulma para jugar con Trunks, tienes que estudiar hasta que te vayas.

El niño puso su mirada infalible de cachorro triste, sin embargo, esta vez no funcionó. Chi-Chi lo miró severa y simplemente obedeció y se adentró a su cuarto, después de hacerle prometer a Videl que vendría en otra ocasión para pasar el día entero con él, sin su hermano ni su madre interfiriendo. Ella, obviamente, aceptó con gusto.

Gohan agradeció internamente a su madre, aunque le dio un poco de pena Goten. La mujer relajó sus facciones y le dedicó a la pareja una cálida sonrisa. Era la primera vez en meses que Videl volvía a su casa, pero había notado varias semanas atrás que el semblante de su hijo mayor había mejorado mucho y solo podía deberse a que estaba otra vez con la chica, de eso no le cabía ninguna duda.

La pareja le comunicó que se irían a dar un paseo por los alrededores y ella asintió. Observando cómo se alejaban tomados de la mano, suspiró como una quinceañera enamorada. Goku se acercó por detrás y depositó una mano en el hombro de su esposa.

–¿Te acuerdas de cuando nosotros estábamos así? –preguntó la mujer con brillo en sus ojos.

–Mmm… no mucho –le contestó su esposo, con el típico gesto atolondrado que tenía. –Es broma, es broma –prosiguió. Ella lo fulminó con la mirada al principio, para después, al ver su asustado rostro, sonreír con dulzura y con la paciencia que había caracterizado su relación durante todos los años que llevaban juntos.


Mientras tanto, Gohan conducía a Videl hacia uno de los sitios con más encanto de la montaña Paoz. Cuando llegaron, observó el hermoso valle que se extendía ante sus ojos y era adornado por un lago de aguas cristalinas. Asombrada por las vistas, comenzó a caminar dejándose acariciar por la brisa, que se acentuaba en esa parte debido a las aguas que bañaban el terreno.

–Este lugar es precioso, Gohan. Gracias por traerme –se acercó y posó sus labios suavemente sobre los del chico.

Se separó de él y, lentamente, se dirigió al lago y se agachó para comprobar la temperatura del agua. Estaba perfecta. Se dio la vuelta y, haciendo contacto directo con los ojos de Gohan, comenzó a desvestirse. Él solo atinó a abrir los ojos por la sorpresa y comenzó a recorrer su cuerpo desnudo con la vista. Aunque ya la había visto anteriormente, la imagen lo trastocaba. Era tan perfecta que le parecía casi irreal.

Al verla allí, sonriendo pícaramente mientras hacía un gesto con sus dedos que decía «ven», se dio cuenta de que el lago cercano a su casa ya no era su lugar favorito en el mundo, sino que era ella. Podía observar el mismo cielo en sus ojos y su rostro resplandecía de igual forma que el sol. Era como en sus sueños pero infinitamente mejor. No tenía dudas; quería compartir el resto de su vida a su lado porque, simplemente, ella era su hogar. En el sitio que fuera, mientras estuvieran juntos, él sería feliz. Una idea le pasó por la mente. Aunque era arriesgado, no tenía nada que perder. Enmendaría todos sus errores del pasado costase lo que costase. Y lo hacía por él, sí, pero, sobre todo, por ella, para caminar y dirigirse juntos hacia el futuro; para nunca más estar alejado de su sonrisa, de sus enfados, de la manera en la que fruncía el ceño y se mordía las uñas cuando estaba nerviosa. Todo, absolutamente todo, incluso las nimiedades y simplezas de la vida, quería vivirlo con ella.

Gohan se acercó al agua y se desnudó, al igual que su novia, en la orilla. Sin importar cómo había dejado la ropa, se adentró y se acercó por detrás a la figura femenina. El agua le tapaba hasta la cintura, dejando a la vista sus senos. Posó sus manos en su estómago y lo acarició. La chica soltó un suspiro suave, cerró los ojos y dejó caer su cabeza sobre el hombro masculino, exponiendo así su cuello. Él lo recorrió completo, trazando una línea de besos pausados y depositó uno finalmente en el lóbulo de su oreja. Suspiró con decisión y valentía y, muy despacio, susurró unas palabras que Videl no podría olvidar ni después de la muerte.

–Cásate conmigo.


Nota de la autora:

Ahora sí que sí, aquí acaba esto. Lo he decidido dejar así porque ya sabemos lo que pasa después de esto.

Estoy preparando otra cosita pero solo tengo dos capítulos escritos y quiero publicar cuando esté más avanzado porque los próximos meses voy a estar muy ocupada, ya que me gradúo en breves.

Sin más, me despido.

GRACIAS INFINITAS.