Capítulo 1: La fiesta de compromiso

Habían pasado seis meses desde que Hades cayese en el río de los muertos y se viese atrapado. Tres meses había estado dando vueltas junto con las almas de los muertos, hasta que había podido escapar gracias a sus poderes divinos. No había sido fácil. De haber sido otro dios todavía se encontraría dando vueltas entre las viscosas almas de los muertos, mientras era atormentado y su energía absorbida dolorosa e irremediablemente.

A pesar de ser inmortal, esos tres meses no se le olvidarían jamás…lo marcarían para siempre. Las pesadillas invadirían su sueño, rememorando una y otra vez aquellas sensaciones y haciéndole despertar empapado en sudor.

Fue difícil lidiar luego con Zeus. Pero éste le perdonó, ya que eran hermanos a pesar de todo. No se podía decir lo mismo del resto de dioses, que si bien no lo podían ni ver antes, ahora todavía menos,y no entendían como Zeus había sido tan benevolente. Zeus no había olvidado aquel incidente, y aunque le costaría volver a confiar en su hermano, decidió darle una nueva oportunidad. Tal vez si lo controlaba más y conseguía sacarlo de vez en cuando del Inframundo se evitase volver a repetir algo similar.

Para su desgracia Hades se enteró de que estaba invitado a una boda… boda a la que estaba obligado a asistir…

¿ quizás será un castigo divino? Pensaba Hades. La boda era ni mas ni menos del hijo de Zeus y su antigua esclava, Megara. A ellos no les hacía especial gracia que Hades asistiese, pero eran órdenes de Zeus…

La boda sería en la playa ya que no podía celebrarse en el Monte Olimpo, porque Megara y Hercules no eran dioses. Estarían protegidos por un aura divina que haría que solo fuese visible para los invitados a la boda. Antes de la boda, que se celebraría en 6 meses, todos los viernes en la misma playa Zeus organizaría una fiesta de pedida para celebrar la boda de su único hijo. Por su puesto Hades también estaba invitado/obligado a ir…. Todos los dioses estaban encantados con la idea, incluidos los futuros esposos.

Sólo había una invitada que no estaba tan contenta de tener que ir y relacionarse con los dioses… la hermana pequeña de Megara…que había regresado a Tebas tras un tiempo fuera estudiando medicina y curación con Hipocrates .

Hipócrates había decidido establecerse en Tebas, ya que era una ciudad llena de peligros.. y de futuros pacientes. La hermana de Meg era de sus mejores alumnas, así que le ofreció mudarse a Tebas y ser su ayudante.

Tras tres años fuera de Tebas, su hermana Megara la convenció para que se instalase con Hercules y con ella en la villa del héroe. Le construyeron una pequeña casa en los terrenos de la villa, y comenzó a ayudar a Hipocrates en su consultorio en su tiempo libre. No le gustaba tener que depender de nadie por mucho dinero que tuviese el héroe.

La hermana de Megara no había tratado nunca con dioses, pero por las historias que había oído, le parecían un grupo de engreídos y pretenciosos, que hacían y deshacían a su antojo aprovechándose de los mortales.

_-Vamos,tienes que venir a nuestra fiesta de compromiso, eres la única familia que me queda y me gustaría que estuvieses presente…- dijo Meg a su hermana pequeña.

-Ya lo sé Meg, y la verdad esque nunca he conocido a ningún dios… la verdad que no se puede juzgar sin conocer… no le digas nada a Herc, pero he oído las historias de las aventuras de su padre con las mortales….Me pone algo nerviosa relacionarme con ellos.-

-No todos son iguales. Dales una oportunidad.-

-Me siento un poco fuera de lugar yendo a esa fiesta. No se como explicarlo.- Replicó la hermana de Meg.

.-Por favor…hemos estado mucho tiempo separadas. Más del que me gustaría. Quiero que todo vuelva a ser como era antes.-

Aquello hizo que la joven recapacitase. Tras haber estado muy unidas toda su infancia se habían separado, y poco habían sabido la una de la otra. Quizás Meg tuviese razón. Sólo era ir a una fiesta, tampoco la estaba obligando a ir a un entierro.

-Está bien… iré. Pero si no me convence no volveré a ir.- Casi no pudo acabar la frase cuando la muchacha de ojos violetas se abalanzó sobre su hermana.

-¡Siiii! ¡Lo pasaremos genial ya verás!- Y la joven prometida de Hércules se marchó contenta al jardín en busca de su amado.

-¡Herc!¡Perséfone viene!-

La muchacha no pudo evitar una sonrisa de mediolado. Le agradaba que a su hermana le hiciese tanta ilusión que ella fuese a aquella fiesta. ¿Quién sabe? Incluso puede que fuese divertido.

Perséfone era un año menor que Megara. Tenían los mismos rasgos faciales, pero Perséfone llevaba el pelo suelto, rubio, con un flequillo similar al de su hermana. Los ojos eran de un azul cielo intenso, y solía llevar un vestido blanco.

En el Inframundo:

Hades estaba muy nervioso, era la primera vez desde el intento de toma del Olimpo que vería a todos los dioses juntos…. Y que vería a Hércules, y a Meg… estaba seguro que no iba a pasar un rato agradable… -¡Pena! ¡Pánico! Preparar mi carro,me marcho ya…..- Tragó saliva y subió al carro. Iban a ser 6 meses muy largos hasta que por fin se casase el tocinito de cielo y tuviese que dejar de ver a toda esa panda de pomposos y creídos.

-Que se divierta.- Dijo Pena mirando a su señor mientras Pánico asentía.

¿Divertirse? Aquello podía ser cualquier cosa menos divertido. Ni siquiera tenía ganas de achicharrar vivos a sus lacayos. Se marchó decidido a dar el cante lo menos posible y poder marcharse de allí sin llamar la atención demasiado.

En la villa de Hercules:

El retoño de Zeus observaba a Megara y Perséfone, que salían al jardín dispuestas a marchar a la fiesta.

-¡Estáis preciosas! Menos mal que estás comprometida.- Dijo mirando a Meg. Acto seguido volvió la mirada a Perséfone.- No va a haber inmortal que se te resista.-

La joven rubia le obsequió con una sonrisa forzada. De lo que menos ganas tenía era de involucrarse con algún dios. No quería ser el divertimento de algún inmortal, ni tenía intención de ser la protagonista de alguna escabrosa historia de amor donde ella saliese mal parada.

En la playa la fiesta había comenzado, estaban todos los dioses, además de alguna ninfa y algún semidios. La ambrosia corría y las musas cantaban y bailaban para los invitados. Perséfone no había visto nunca una fiesta así…

Hercules se encontraba en su salsa. Ahora entendía porque de niño había sentido que pertenecía a otro lugar. Definitivamente su lugar estaba allí, con aquellos seres. Los dioses se iban acercando a él para felicitarle por su compromiso, por su estatus de héroe, para elogiar alguna hazaña. Casi le dolía la mandibula de sonreir. Perséfone y Meg se encontraban a su lado y eran presentadas a cada dios que se acercaba.

La hermana de Meg se encontraba algo nerviosa. La mayoría de dioses le decían algún cumplido, e incluso podía notar como alguno se la comía con la mirada, como si fuera un cervatillo.

Pero el más descarado de todos fue Zeus. Pudo notar como sin ningún reparo, y aprovechando que su esposa se encontraba lejos de su alcance, le miró de arriba abajo. Sólo le falto relamerse.

Tras multitud de elogios a Hércules y presentaciones, se aburrió de estar allí como un florero. Nadie le preguntaba nada sobre ella, sobre que hacía o de donde venía. Todo se resumía a elogiar su belleza y ofrecerse a bailar con ella en algún momento de la noche.

Perséfone decidió que era el momento de perderse un rato. Con la excusa de ir a buscar una copa de ambrosía se alejó de allí. Fuera de la protección de Hércules observaba curiosa los comportamientos de los dioses. No pudo evitar sentirse fuera de lugar. Se sirvió su segunda copa de ambrosía y siguió la agradable brisa marina para dirigirse hacia la orilla del mar. Disfrutaría de su copa escuchando las olas del mar.

Después de todo, se sentía como un fantasma entre aquellos seres. A ninguno le importaba quién era ella, ni mostraban ningún interés lejos de ser una posible conquista, un trofeo. Ninguno había mostrado interés en conocerla.

Se sentó en la orilla y escuchó una voz detrás.

-Eres demasiado bella para estar tan sola aquí. Es peligroso. Una mujer tan guapa sola de noche… es algo demasiado tentador.-

Se volvió hacia el dueño de la voz. Allí estaba Zeus, el señor de todos los dioses, acariciando de una manera que no le gustaba nada su hombro derecho. No le gustaba como había sonado aquello de tentador. ¿Tentador para qué? ¿Quería decir que sola corría algún peligro?

-Estoy rodeada de dioses. No creo que pueda pasarme nada malo.- Mintió la joven de ojos azules para evitar el tema. Se sentía terriblemente incómoda.

- Los dioses somos precisamente los más peligrosos.- Dijo el rey de los dioses acercándose de manera seductora hasta tener su rostro a escasos centímetros del de Perséfone.

- Zeus yo…preferiría estar sola.- Dijo la muchacha dando unos pasos hacia atrás.

Pero el dios se volvió a acercar peligrosamente a ella.

-No te preocupes por nada… no voy a hacerte daño.- Y acercó sus labios a los de la joven que no sabía cómo escapar de esa situación.

Una voz interrumpió la escena.-¡Hey Zeus Hera te está buscando! Y no está de muy buen humor.- Al ver a la joven se paró.- Vaya… no sabía que tenías compañía.-

El rey de dioses miró a su hermano con el ceño fruncido. Había estropeado su momento perfecto de seducir a aquella mortal. No le agradaba la idea de dejar a aquella belleza cerca de su hermano, pero menos le agradaba la idea de que su mujer le montase el pollo del siglo.Más le valía volver a la fiesta.

-Continuaremos en otro momento.- Dijo serio el dios del trueno antes de encaminarse a la fiesta.

Perséfone le siguió con la mirada con el ceño fruncido y una expresión de odio en su cara.-Ni en tus mejores sueños.- Replicó la mortal.

Acto seguido se dió cuenta de la presencia del dios que había conseguido que Zeus la dejase en paz. Era alto y con el pelo de fuego, con una túnica negra y unos expresivos ojos amarillos.

Perséfone se quedo impactada. Le imponía la presencia de ese dios. … Tenía algo que no sabía describir pero que le agradaba. Parecía totalmente diferente al resto de dioses que había observado en la fiesta. Y entonces se dio cuenta de que no se lo habían presentado. No se había acercado a alabar a Hércules. Ni siquiera recordaba haberlo observado cuando había dado una vuelta por la fiesta ¿ De dónde había salido?

Hades ofreció a la chica una picuda sonrisa. La había visto merodeando por la fiesta con una copa de ambrosía, como si fuese un fantasma. Por algún motivo no había podido dejar de mirarla. No sólo era que fuese la mujer más bella que hubiese visto en toda su existencia, había algo más que le produjo curiosidad. Quizás fuese su mirada curiosa, o la manera en la que caminaba entre aquellos seres, como un pez fuera del agua. De la misma manera que se sentía él. Sin darse cuenta no paró de mirarla, hasta que vió como se servía otra copa y se dirigía a la playa.

No sabía muy bien porqué había ido tras de ella. Ni siquiera pensaba en hablarle. Sabía que con la fama que él poseía no desearía que se acercara . Por mucho que intentase justificar a si mismo sus actos con el incidente titán, dentro de él, muy en el fondo sabía que no había actuado bien. Y sabía que no era un dios apreciado.

Pero cuando vio a Zeus acercarse a ella algo dentro de él empezó a arder. No sabía bien porqué pero le repugnaba la manera en la que su hermano se estaba intentando aprovechar de ella. Por algún motivo aquella muchacha le había recordado a él, y cuando Zeus intentó besarla buscó una excusa para alejarlo de aquel lugar. Sólo había que observar el lenguaje corporal de la joven para saber que no quería tener nada con él.

Otra mortal se hubiese doblegado ante Zeus, ante ese encanto que las mortales le encontraban. Pero aquella chica no, y eso le había gustado.

La chica le miraba intensamente a los ojos, parecía querer leer dentro de ellos. Se veía curiosidad ,pero, no miedo. La chica le dedico una sonrisa, otra cosa que el no recordaba que nadie le hubiese dedicado, y no pudo evitar sentir simpatía por ella.

-¿Te estaba molestando?Puede ponerse muy pesado cuando quiere. No entiende que no, es no.- Dijo el dios de pelo de fuego devolviéndole la sonrisa.

Sin saber muy bien porqué Perséfone sintió instantáneamente que aquel dios le agradaba. Sentía curiosidad por saber quién era, y porqué no lo había visto interactuar con los demás dioses de la fiesta.

-Más o menos. Pero tenía la situación controlada. Antes me tiro al mar que dejar que me toque.- Respondió la mortal sin perder la sonrisa. Ese dios le inspiraba confianza, pero no podía fiarse de su instinto…¿ o sí? Quería dejarle claro que no iba a dejar que nadie se aprovechase de ella.

Hades rió. Hacía muchísimo tiempo que no reía. Ni siquiera lo recordaba. Aquella chica le caía bien. Por fin alguien que rechaza a Zeus y tenía el valor de despreciarlo en alto.

-Estoy seguro de ello. Le habrá venido bien a su ego que por fin alguien lo rechace. Aunque por si acaso te he echado un cable.-

-¿Hera no lo estaba buscando no?.-

-No.-

-No te he pedido que me ayudes, pero gracias. Eso estaba empezando a ser incómodo. Oye y…¿ qué estabas haciendo por aquí?¿Por qué no estabas en la fiesta?.-

Hades no sabía muy bien que decir. Bajo ningún concepto le iba a decir que había sentido curiosidad por ella y la había seguido hasta allí. Aunque sus intenciones no eran malas aquello no sonaba nada bien. Y por algún motivo estaba muy agusto hablando con ella. No quería asustarla y que saliese huyendo.

-Aunque yo también sea un dios, no encajo mucho con ellos. Me siento muy diferente. Me alejé y os escuché. No pienses que te iba siguiendo ni nada parecido.-

Conforme aquel dios iba hablando, le iba cayendo cada vez mejor. Ella se había sentido exactamente igual.

-Por supuesto, nadie ha sugerido que me estuvieses siguiendo.-

-¿Cómo te llamas?- Preguntó Hades. No se explicaba que hacía una chica como ella en aquel lugar.

La joven se dio cuenta de que era el primero que se lo había preguntado. Y ni siquiera se le había acercado de manera incómoda.

-Me llamo Perséfone-

-Perséfone…. -dijo el dios. Perséfone no pudo evitar pensar en lo bien que sonaba su nombre en la boca de aquel dios.

-Me encanta como suena.A decir verdad tienes cara de Perséfone.- Dijo Hades sonriendo. Había sonreído más en el rato que llevaba hablando con la muchacha que en los últimos veinte años.

Con un giro de muñeca apareció en su mano una botella de ambrosía y dos copas.

- Tengo una botella de ambrosía y dos copas. Podemos beber un poco y sentarnos en la orilla del mar, o podemos volver a ese muermo. ¿Qué me dices Perséfone?-

La mortal escaneó con la mirada al dios. Su instinto le decía que podía confiar en él, que no le iba a hacer ningún daño. Ni siquiera se había acercado lo suficiente como para incomodarla. Si hubiese querido propasarse con ella ya lo habría hecho. A Zeus sólo le había costado unos segundos.

Además su hermana quería que se lo pasase bien en su fiesta y que se relacionase con los dioses, y de esa manera cumpliría todos esos objetivos. Además estaba bien tener alguien con quien hablar el resto de días. No podía estar pegada a su hermana y a Hércules siempre.

``Lo hago por ti hermana´´ pensó antes de responder.

Perséfone se acercó y cogió suavemente la botella de las manos del dios. Tocó sin querer uno de sus dedos y una sensación como de descarga eléctrica invadió a ambos.

Hades ofreció una copa a la mortal. Perséfone llenó las dos copas y se sentó a la orilla del mar.

-Nos esconderemos aquí de Zeus Después de todo no me gustaría que descubriera que le has mentido para librarme de él.-

-Muy amable por tu parte.- Respondió el dios de los muertos y acto seguido bebió un trago de su copa.-Yo me quedaré aquí contigo para evitar que él intente que seas su próxima conquista mortal.-

-No me voy con cualquiera.-

-Debo sentirme muy halagado entonces nena.-La joven rubia se atragantó con la ambrosía.

-Perdona, no he querido decir…no pienses que yo tengo esas intenciones…- Y Hades se sintió tremendamente estúpido. Lo último que quería era espantarla. Sabía que no tenía ninguna oportunidad con ella. Lo único que necesitaba era ese rato de tranquilidad junto a ella.

Perséfone se sintió también algo estúpida. En el fondo le hubiese gustado que ese dios se sintiese atraído por ella. Aunque aquello era una soberana estupidez. Acababan de conocerse, y aún asi estaba segura de que era la mejor persona que había conocido en aquella fiesta. No quería estropearlo. Decidió ayudarle y cambiar de tema.

-Me alegro de que no seas como Zeus. Y Apolo tampoco se queda atrás. He oído historias rarísimas¿Son ciertas?.-

Estuvieron toda la noche hablando. Hades le conto a Persefone cotilleos de los dioses y sus manias. Le conto incluso aquella vez que Zeus se disfrazo de toro para estar con una mortal. Hades disfrutaba de aquel momento. No recordaba haberse sentido tan cómodo con nadie. Ella no le juzgaba, no le miraba por encima del hombro como hacían los demás. Le trataba incluso con admiración. Y no paraba de sonreírle… esa sonrisa tan sincera tenía algo que le encantaba… esa chica en general le encantaba.

Las horas pasaron y unos gritos interrumpieron su conversación. -¡Persefone! ¿Donde estas?!- Era Megara, que estaba buscando a su hermana Era hora de marcharse, y a la mujer de ojos violetas le preocupaba no haber visto a su hermana durante horas.

-Debo irme- Dijo Persefone con una mueca triste.

-Yo también debo irme. Ha sido agradable conocerte.-

Ambos se pusieron de pie y se miraron. Hades le echó valor y preguntó:

-¿Vas a venir todos los viernes?-

-Es posible. ¿Y tú?.-

-También es posible. Y si quieres…acudiré a este mismo lugar.- Respondió el dios.

-Si traes una botella de ambrosía y dos copas me apunto.- Dijo la joven.

-Hecho.- Respondió Hades, y dio la mano a Perséfone.

Aquel contacto duró segundos, aunque menos de lo que a ambos les hubiese gustado. La voz que buscaba a Perséfone cada vez era más cercana.

-Tenemos un trato.- Respondió la rubia soltando a su pesar la mano de aquel dios.

Esa frase de los labios de Perséfone hizo que Hades sonriese como un idiota. Cuantas veces había dicho él esas mismas palabras, y en qué contextos tan diferentes.

-Nos vemos nena.- Dijo intentando sonar despreocupado mientras desaparecía en una nube de humo. Aunque no pudo evitar aparecer en el Inframundo con aquella sonrisa tonta en su rostro.