¿Porqué siempre algo nos quiere separar?

Capítulo 2: "Todas las cosas tienen su tiempo"

El sol desplegaba sus cálidos brazos sobre los rostros de los que acampaban en el bosque, todos... a excepción de un monje, que al no haber podido dormir más tiempo estaba sentado contra unas piedras algo incómodas, meditando detenidamente.

Cerca de una fogata extinguida, Inuyasha y Kagome dormían abrazados recostados sobre el suelo pero sin la intención de separarse, la noche había sido larga y para ellos había traído demasiados recuerdos, en especial para Kagome. A unos pasos más allá, Sango dormía plácidamente, con una respiración tan provocativa que el houshi no pudo evitar mirarla y sonreír con dulzura, notando apenas que la pequeña Kirara estaba echada al lado suyo. Shippo estaba metido también en el mundo de sus sueños, donde sus padres y hermanos volvían a la vida, donde aquellos hermanos no existieron jamás, y donde la Shikon no Tama seguía intacta, en el interior del cuerpo de una mujer que se convertía en su madre ahora.

Miroku siguió con su vista perdida en la exterminadora, estaba seguro de amarla, de querer tenerla cerca suyo y sin ningún otro tipo de deseo besarla con suavidad, demostrándole aquel amor que guardaba en su interior, pero algo allí mismo, en su corazón y en su alma le impedía hacerlo. Tenía terror a lo que aquella pudiera decir, agregándole el hecho de que ella ya sufría bastante por su hermano menor. ¡Cómo deseaba él hacer algo para ayudarla!

- " Si yo le dijera... y ella no me corresponde... puede que alguno de los dos se tuviera que marchar del grupo, por supuesto que lo haría yo, no dejaría que ella se quedara sola. Pero no se me ocurre pensar siquiera de perderla, de tener que resignarme a no ver jamás sus hermosos ojos o sentir su aroma. Yo no puedo decirle, no quiero arruinar esa amistad"

Esperó un rato más, hasta que Inuyasha, que siempre era el madrugador, despertara, pero pasó una hora rápidamente y aquel no despertó ni tampoco dio señas de dormitar, así que el houshi se levantó de la roca.

- ¡¡¡Despierten todos!!! ¡¡Vamos!! Ya es hora de levantarse. - gritó con firmeza, como Inuyasha solía.

El primero en despertar fue el hanyou, quien se desperezó con suavidad recordando que Kagome continuaba en sus brazos, ella le siguió inmediatamente después separándose un poco a la fuerza, para poder arreglarse.

- ¿¿¿Porqué rayos gritas así??? - le recriminó el demonio-perro.

- ¬¬ es una cucharada de tu propia medicina.

- ¿¿Qué dices??

- Cálmate Inuyasha, Miroku tiene razón, tú siempre nos despiertas de esa forma. - le calmó Kagome mientras enrollaba su bolsa de dormir.

Él la miró incrédulo, ahora entendía porqué los demás siempre se enfadaban con él, la verdad había sido muy desagradable.

- ¿De verdad?

- Sí, pero no te preocupes, todos ya estamos acostumbrados. ¿verdad Sango?

- Hai, es cierto. - dijo la Taijiya que ya se había levantado y estaba controlando todo a su alrededor mientras Shippo la miraba curioso desde el suelo, aún algo dormido.

- Mejor será que sigamos con el viaje, no? - dijo el houshi.

- Si, ¡¡Vamos!! - le siguió Kagome mientras dejaba que Inuyasha cargara su pesada mochila.

Los demás se habían dado cuenta que la miko había recuperado su memoria, pero no habían querido mencionar nada, quizás porque también les influía el estar muy metidos en sus pensamientos. Sólo Shippo mencionó algo en voz muy queda a la quinceañera de modo que sólo ella e Inuyasha pudieran escuchar. [¬¬ con esas orejas...]

Miroku estaba demasiado concentrado en esa sensación de tener a Sango cerca, de obligar a su corazón a controlarse y de que sus deseos de besarla no causaran efecto en él. Sabía que si ella le hablaba o que aún más, si ella se acercaba más él no se podría controlar, por lo que se alejó lo más posible. Mirándola de reojo, esperando que Sango no notara ese cambio repentino de él.

Pero también tenía que tener en cuenta que el era un monje, un budista y además de sus actos libidinosos, ese sentimiento era prohibido, tenía que ser calmado y entender que él y ella no tendrían futuro juntos. Que su relación no podría existir jamás, empezando porque él mismo había cavado su tumba con la Taiji.

Comenzaron su larga y siempre tediosa caminata hacia donde Kagome sentía la presencia de un nuevo fragmento, en su pequeña mente se repetían los pensamientos de que pronto tendrían que luchar contra Naraku, que muy pronto serían sus fragmentos los que faltarían, Kouga también aparecería a pelear, de ello estaba segura. E Inuyasha no se quedaría sin hacer nada, su espíritu youkai le reclamaría defender lo que es suyo, incluyendo a Kagome.

Inuyasha le miró detenidamente sin poder evitar que una sonrisa se le escapara de los labios y la sangre comenzara a subir a su cabeza al toparse con sus grandes y brillantes ojos marrones.

- ¿Sucede algo? - preguntó ella sonriéndole mientras le tomaba suavemente su mano.

- Nada, Kagome. Sólo que...

- Solo que... - repitió ella interesada.

- Sólo que cada vez que te veo me doy cuenta de lo diferente que eres a Kikyo y de lo hermosa que te encuentro.

La miko se sonrojó notablemente y le sonrió de manera dulce mientras depositaba un beso suave en los labios del hanyou, el simple contacto de sus labios, esa inolvidable caricia removía todos sus sentidos y emociones, les llenaba el cuerpo de una calidez especial y desesperaba a sus corazones.

- Houshi-sama, ¿Vió? Kagome e Inuyasha se besaron. - le susurró Sango acercándose al joven.

- Eh... Sí, Sango-sama, ya les ví. - le respondió él con cierta duda, intentando que ella no notara sus nervios y sus largos intentos por controlarse.

- ¿Pasa algo Houshi-sama?

- Nada. - contestó algo más frío. - "Lo siento, Sango, pero no me atrevo a acercarme a ti, sabiendo de lo que puedo llegar a ser capaz"

La joven exterminadora le miró algo curiosa, algo le estaba pasando al sacerdote, y por más que intentara negar en su mente las cosas, ella le importaba saber qué era.

- Inuyasha, ¿Podemos descansar? - preguntó Kagome poniendo ojitos tiernos.

- De acuerdo, Kagome, descansemos.. más allá hay una pradera bastante adecuada, podremos divisar todo el terreno, especialmente para ver si hay enemigos cerca.

- Bien, ¡¡VAMOS!! - gritó ella alejándose de él y corriendo hacia el lugar que el hanyou había divisado.

Se sentaron en el pasto suave y algo húmedo, el sol les pegaba con fuerza en el rostro pero la vista desde allí valía eso y mucho más. Podían ver las inmensas e imponentes montañas del Sengoku, apenas retocadas con tonos blancos de nieve. Y mucho más cerca, grandes campos de cultivos, algunos recién plantados. Kagome fijó su vista café en un lago cercano, cuyas aguas cristalinas brillaban por la luz del astro matutino, a un lado un bosquecillo se interponía entre el estanque y la guarida de Kouga, ella sabía que él debía de andar por ahí.

También podía verse el castillo de Naraku, se entristeció de golpe recordando lo que ese lugar traería a su vida.

- ¿Qué pasa Kagome? ¿Porqué estás triste? - le preguntó Inuyasha mirando hacia su mismo lado.

- Es que... estaba pensado... que muy pronto tal vez ya no podremos estar así juntos, que tendremos que luchar.

- no pienses eso, yo siempre estaré contigo, ya te lo dije, nada nos separará jamás.

- ¿Tienes miedo?

- Sí, pero eso no me detendrá para vencer a Naraku y recuperar los kakeras.

- ¿Qué pedirás? - le preguntó ella intentando retomar temas anteriores.

- No lo sé. - le respondió Inuyasha mientras la acercaba a él con suavidad, acariciando sus cabellos con sus garras.

Mientras tanto, al otro lado de la pradera, en una montaña cercana, Sango supervisaba los juegos de Shippo, bajo la mirada atenta del houshi, él sabía que por esos lares podían correr peligro, que Kouga e incluso Naraku podían andar por ahí.

- Houshi-sama, ¿Porqué tan pensativo?

- ¿Eh? - le preguntó Miroku saliendo de sus pensamientos.

- ¿Pasa algo malo que está así?

- No, nada Sango-sama. Voy... voy a dar un paseo por ahí. - dijo antes de bajar corriendo la pradera, mirándola de reojo.

"Cobarde..." Eso era, un monje que no tenía derecho a fijarse en mujer alguna y que además era un embustero. A todo ello se agregaba su maldición, ella era otro motivante a alejarse de la taijiya. Se internó rápidamente en un bosque, apenas consciente de eso debido a que su mente estaba en otro lado, en otra persona. Los ruidos de los pájaros le obligan a voltear cada tanto, preocupado de que alguien le siguiera.

- "Me esto volviendo paranoico"

Una sombra cayó de pronto sobre él y muchas más le siguieron, de pronto se vió rodeado y sin poder usar el agujero de su mano, porque sino el veneno de las abejas que también aparecieron por entre las hojas de los arbustos le mataría. Su corazón se aceleró y apenas se pudo defender con sus poderes budistas, las sombras le siguieron atacando y no pasó mucho hasta que sus piernas le cedieron y cayera tendido al suelo.

- Inuyasha, Kagome. No encuentro a Houshi-sama por ningún lado. - dijo Sango que venía corriendo asustada.

- No te preocupes Sango, seguro que está por ahí persiguiendo a alguna chica.

- Inuyasha baka!! No digas esas cosas!! Mejor vamos a buscarle... - le regañó Kagome observando bien el rostro de su amiga- además... por aquí no hay ninguna chica.

- ¬¬U

Buscaron por todos lados pero el monje no apareció, el sol comenzaba a ocultarse tras las montañas y el cielo se cubría con matices cada vez más oscuros, hasta devatirse entre azules y violáceos. Entraron en la espesura del bosque aún esperando que el houshi llegara corriendo gritando que había encontrado lugar donde dormir, pero la noche acarició su rostros sin tener noticias de Miroku.

- Snif... por acá... siento el olor de Miroku. - gritó Inuyasha llegando casi al claro de la inmensa formación boscosa.

- pero Inuyasha... ¿Lo hueles? - dijo Shippo aún un poco confundido.

- Sí, se mezcla... con...

- ¿Qué pasa? - le preguntó Sango abrazada a Kagome. La exterminadora tenía tan claros como el agua sus sentimientos hacia el monje, aunque este fuera tantas veces pervertido o estafador, ella le quería. Por eso, ahora, en sus grandes estanques cabía lugar para las lagrimas, que morían en sus mejillas.

- Naraku estuvo aquí... y se llevó a Miroku.

Fin del capítulo

Sumire: ¿y? ¿Qué les ha parecido? Por fin el capítulo 2, ya estoy terminando otros fics míos, así que me dedicaré un poco a este que ya lo tenía medio olvidadito.

Inuyasha: ¿medio?

Sumire: Oye, ¿Qué haces tú aquí? ¿Dónde se supone que fue Misao-chan?

Inuyasha: AH!! Me dijo... me dijo...

Sumire: ¬¬U ya se le olvidó.

Inuyasha: Sí ^^!!

Kagome: Sumire-chan, Misao-chan dijo que tenía que hacer unos papeles en otro fic de RK.

Sumire: . Y ahora quien me ayuda con mis reviews!!!

Kagome: Nosotros te ayudamos!!!

Sumire: *___* ¿¿¿De veras???

Kagome: Sip, ¿No Inu-chan?

Inuyasha: ¬¬ No se porqué yo tengo que hacer esto...

Kagome: ¿¿¿NO Inu-chan??? Osuwa...

Inuyasha: ¡¡¡SI!!! ¡¡Claro!!

Sumire: El amor... ^-^

Inuyasha y Kagome: O////O

Sumire: ji,ji. El primer review es de Kyrara, lamento la espera, me alegro que te haya gustado todas las partes a mí también me gustó como quedó, igual este cap.

Kagome: dark-slayer86, no te preocupes... ni tu tampoco Thanatos, Sumire-chan también tuvo que usar un montón de pañuelitos cuando releyó el cap. anterior y este también, lo que pasa es que quiere mucho a Miroku. Hasta Inu lloró un poco.

Inuyasha: -______- No es cierto!! Snif...

Kagome: ¬¬ Sí, claro.

Sumire: Cess07, lamento muchísimo la demora, es que bueh!! No me caía la inspiración, je, je, Miroku no pudo hacer mucho, pero ya tendrá su oportunidad. Y el último review, ;_; Son poquitos... ^________^ pero excelentes!! Es de mi amiga querida ChibiKagome-chan gracias por el review, vos también sos mi ídola, ya sabes que me encanta la parejita de Inu-chan y Kagome-chan espero que te siga gustando y este chapter también.

JA NE!!!!