¿Porqué siempre algo nos quiere separar?

Capítulo 14: "La palabra es libre, la acción es muda y la obediencia es ciega"

- ¡¡¡¡¡¡Nooooooo!!!!!!!! - gritó cierto hanyou de ojos dorados y cabello plateado penetrando con su espada el cuerpo de Akia, la mujer gimió de dolor volteando a ver la escena continua, sonrió malvada y finalmente murió.

- Kagome, despierta - le pidió Kikyo con lágrimas en los ojos que recorrieron su rostro cristalinamente, era la primera vez que lloraba - no debes morir, ¿qué pensará entonces de mí Inuyasha? No pude protegerte.

- pensará que fuiste buena... porque lo intentaste - susurró ella con una sonrisa.

- ¡¡Kagome no!! ¡¡Por favor resiste!! - gritó Inuyasha arrastrando su espada hasta allí, el cuerpo de Akia se había desvanecido de la misma manera que el de Kagura y que el de Naraku, se disolvió en el aire de forma oscura y asquerosa. - no me dejes... no me dejes.

La mano fría de la miko rozó la mejilla de Inuyasha, secando las lágrimas que caían unas tras otras, quitándole suavemente cada rastro húmedo, sonrió con dulzura y suspiró, sintiendo como la vida se le escapaba de su cuerpo en cada herida.

- perdoname...

- no, debes continuar, ¿Porqué me dejas ahora? ¡¡No lo hagas!!

Kagome volteó a ver el cuerpo de Miroku junto al de Sango, sus amigos, Shippo se enfadaría con ella por no regresar y despedirse, pero ya no tenía más fuerzas, ya no aguantaba más. A un lado, Rin... Sesshomaru jamás se perdonaría el asesinar un ser que era querido para él, Jaken, incluso, su fiel sirviente, significaba algo. Y Kouga y Ayame, que por fin encontraban un poco de amor terminasen con ese destino tan cruel y horrible, su rostro se contrajo por unos segundos.

- te amaré por toda la eternidad, mi querido Inuyasha - susurró cerrando, finalmente, sus hermosos ojos castaños.

El silencio se volvió carne en el momento, mientras Kikyo rezaba al lado de los cuerpos, Inuyasha lo interrumpió bruscamente soltando un grito desgarrador que aterró a todo Sengoku, incluso al mismo Sesshomaru. Este se acercó al cuerpo sin vida de Rin, tomó una de sus manitos entre la suyas, grandes, fuertes. ¿porqué tenía que pasarle eso a ella? Una idea vino a su mente de la nada, sacó su espada de su vaina, pero esta estaba destrozada.

- maldita bruja - murmuró. Se acercó a su hermano que se encontraba en un estado de shock y descontrol insuperable.

- vete - gruñó Inuyasha, tomando entre sus manos su Tessusaiga.

El material de la espada penetró en su pecho lenta y dolorosamente, la sangre se deslizó por ella goteando hacia el suelo, donde el hanyou se desplomó, sin sentido, sus ojos dorados apenas entreabiertos. ¿De qué servía la vida sin Kagome? Sin la mujer que había cambiado todo su ser enseñándole que él mismo era importante simplemente siendo él y que todo podía ir bien si él lo pensaba. ¿Porqué tanto sufrimiento para ella?

- Inuyasha... - susurró Kikyo acercándose a su cuerpo.

- yo... te amé... - gimió el hanyou - pero... amaré... a Kag..ome... siem...pre...

- lo sé, Inuyasha, por eso, sé feliz - sonrió cerrando sus ojos, así el mitad youkai abandonó el Sengoku, su vida se transformó en aire y su corazón ya no latió más.

- Supongo que estarás feliz ahora - dijo Sesshomaru con voz trémula.

- callate - le miró gélidamente - ¿Quieres volver a ver a la niña o no?

- ¿Qué?

- Sólo cierra tus ojos...

Sesshomaru la miró con curiosidad, pero si ella podía permitirla ver a su Rin una vez más, haría todo lo que ella quisiera, cerró los ojos lentamente, concentrándose en la pequeña, así, finalmente, todo se volvió oscuridad y su cuerpo se desplamó al suelo.

- "la vida les trajo infelicidad... la maldad siempre tiene esas consecuencias, que despierten y que la pesadilla termine, dioses, a cambio, Kami, ofrezco mi alma y mis poderes, no es mucho, pero es una ofrenda a Buda, para que las almas de estos seres encuentren la felicidad..."

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"Cuando los sueños se vuelven intensos, la magia les da la oportunidad de convertirlos en realidad, y las palomas de la felicidad vuelan hacia ellos, porque la vida no se acaba cuando la maldad triunfa en un lapso de tiempo. Las burbujas se rompen y los sonidos son música en el viento"

- ¡¡RIN!! - gritó Sesshomaru envuelto en sudor.

- ¿Le pasa algo señor Sesshomaru? - preguntó una muchacha entrando en el cuarto, su cuerpo apenas cubierto por una yukata liviana de color oliva.

- ¿Rin? - preguntó él extrañado.

- ¿Cómo ha podido reconocerme señor? Jaken no lo logró. ¡¡Es que simplemente no sé qué ha pasado!! - contestó ella dando vueltas, de una mañana a la otra, su cuerpo infantil había cambiado, su cabello castaño caía desordenadamente sobre sus hombros, rozando su espalda, sus ojos con ese brillo tan especial y sus pechos... Inmediatamente, Sesshomaru supo que sus pensamientos iban por el lado equivocado, se mordió la lengua y la miró con intensidad.

¿Qué era lo correcto? Lo que le habían enseñado a creer o lo que realmente sentía, tomó uno de los brazos cercanos de la muchacha y la atrajo a su cuerpo imponente, magestuoso, la sentó en su regazo acariciando sus cabellos sin decir palabra alguna, ella estaba, por su parte, estupefacta, sin poder dejar salir su voz.

- pe... - comenzó pero él cayó sus palabras con sus labios sobre los de ella, la controló en un beso apasionado e intenso.

Él introdujo sus manos entre su yukata, posando también las garras, con cuidado para no dañarla, en su cintura, estrecha, atrayéndola cada vez más, hasta que estuvo sobre ella, sintiendo como iba correspondiendo a su beso con la ingenuidad de una joven inocente.

- ay, amo Sesshomaru - susurró Jaken cerrando la puerta del cuarto - ya sabía yo que esa miko iba a lograr algo bueno con esto. ¬¬ por lo menos ya no me regañará tanto.

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- Ssshh... duerme... - susurró una voz al oído de cierto joven de cabellos plateados, que se movía en su lecho aconcojadamente.

El gruñó levemente cuando sintió un cosquilleo en su rostro, algo húmedo acariciando sus labios, abrió lentamente sus ojos dorados para comprobar unos castaños mirándolo intensamente, y unos labios acariciando los suyos.

- Kagome... - susurró.

- ¿Y a quién más esperabas? - bromeó ella con una sonrisa, llevaba puesto un kimono de miko, y su cabello caía sobre uno de sus hombros, su mirada había cambiado.

Se levantó bruscamente, palpando el cuerpo de la joven mujer descubriéndolo en perfectas condiciones, ¿Qué rayos había sucedido? ¡¡él había muerto!! Por ella.. porque ella estaba muerta también, y todos los demás...

Volteó a ver al cuarto, una luz tenue penetraba por la puerta entreabierta de la casa de Kaede, Sango estaba barriendo la entrada mientras que regañaba a Miroku por no decirle antes que la quería, podía escuchar sus conversaciones desde allí. Volvió rápidamente su vista a la miko de sus sueños, la atrajó velozmente hacia él, acostándola en la cama bien pegada a su cuerpo, sintiendo el calor que emanaba su piel y que le producía la gloriosa sensación de desearla cada vez más. Pasó una mano a su vientre levemente abultado.

- Aún está allí... - suspiró ella.

- ¿Qué pasó? - preguntó sin entender - yo estaba muerto, tú también, ¡Todos!

- Kikyo se sacrificó por volvernos a la vida - explicó- hoy Jaken vino a decirnos.

- ¿Jaken?

- sí, nos vino a informar que Sesshomaru y Rin estan bien también y que ella, bueno, ¡¡Ha crecido!! ¿puedes creerlo? - le comentó ella - Kikyo ha hecho algo muy bueno.

- ella cambió mucho.

- Inuyasha... ella realmente te amó, si no... todo lo que hizo jamás lo habría hecho.

El hanyou lo comprendía, por kami que sabía que Kikyo lo amó en un tiempo pero las cosas habían cambiado y él ahora estaba enamorado de una joven miko que se desvanecía entre sus brazos.

- pero te amo a ti - alegó acercándola más. - ¿y tu? ¿Me amas?

- ay, Inuyasha que cosas preguntas - le retó ella - por supuesto que te amo, te adoro mi querido hanyou.

Él undió sus manos en sus cabellos, asiéndola por la cintura y besándola con pasión y deseo, sus lenguas se juntaron furiosas, debido al tiempo que no tenían de encontrarse, el destino por fin les daba un poco de más. Inuyasha se puso sobre ella cuando una toz grave se escuchó cerca.

- o_o ¡¡Inuyasha!! - exclamó Kouga enconrando una escena que no esperaba ver.

- ¬¬ lobo mentecato, tenías que ser tu...

- ¬¬ y no vine a verte a ti - alegó - sólo vine porque Ayame quería conversar con Kagome...

- ¿ayame? Sí voy - dijo ella, volteó a besar a Inuyasha - me esperas - bajó la voz sensualmente - que tenemos que terminar lo que comenzamos, ni pienses que vas a dejarme así, jijiji.

- O_o kagome... - susurró Kouga asombrado, claro que con sus orejas había escuchado todo, ¡despues de todo era un youkai!

- ¿y tu qué Kouga? - le preguntó Inuyasha - ¬¬ ¿has hecho algo productivo con esa youkai?

- por supuesto ^_^ - sonrió - ¬¬ no soy tan torpe y lento como tú.

- ::¬¬:: grrr....

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- oi, Kagome, soy muy feliz - comentó Ayame sentada sobre el pasto verde, a su lado estaban la miko de cabellos negros y la taijiya.

- yo también, jamás esperé que todo acabara así...

- fue muy sorpresivo

- ¿en qué piensas? - le preguntó Sango con curiosidad.

- ya regreso - fue lo único que recivió de respuesta, porque Kagome salió corriendo.

Mientras caminaba hacia el Go Shinboku su mente regresó días atrás, cuando la relación de Inuyasha y ella no existía, ni mucho menos un hijo en camino, se tocó el vientre casi por reacción, sería hermoso traer al mundo un niño de ambos, ella le cuidaría, le amaría. ¡¡E Inuyasha sería un perfecto padre!! Antes de que el hanyou despertara, había salido de visita a su casa, su madre casi se desmayó al escuchar la noticia, pero poniendo su típica sonrisa salió en búsqueda de lana y agujas para hacerle ropita al bebé. 'Ay mamá' había exclamado Kagome al verla correr por toda la casa, al igual que Souta y el abuelo, todos estaban felices. Ella, por su parte, estaba ansiosa por que Inuyasha la viera nuevamente.

Sus manos tocaron la corteza del árbol sagrado.

- ¿eres feliz? - susurró una voz femenina a su lado.

La miko se volteó encontrando el rostro de rasgos suaves y armoniosos de Kikyo, sus ojos brillaban en contraste con su cuerpo transparente.

- gracias - le dijo Kagome sin ocultar una sonrisa.

- sabía que vendrías, hoy... es mi último día vagando por el Sengoku, marcharé al otro mundo.

- has saldado tus deudas, y redimido tus pecados.

- Sí, pero aún así... no estoy segura que mi alma sea totalmente aceptada por Kamisama, por eso... la entregué también en ofrenda por su felicidad. - hizo una pausa acercándose al árbol. ¡Cuantos recuerdos en él! - sé feliz Kagome y haz feliz a Inuyasha, porque, aunque esté en el otro mundo, seguiré pensando en él y rogando por un poco de su cariño.

- ¡No hace falta! - exclamó inmediatamente la embarazada - tu ya tienes su cariño, aunque no amor, es cariño al fin.

- lo sé... - susurró - sólo... hazlo feliz y yo estaré rezando por ustedes en el otro mundo. Adiós Kagome, adiós Inuyasha.

El cuerpo de la antigua miko se desvaneció en el aire y Kagome volteó a ver a los arbustos, el hanyou de ojos dorados se veía angustiado, se quedó por segundos en silencio observando el árbol con nostalgia, hasta que al fin la tomó entre sus brazos rodeándola por detrás, apoyando su rostro entre su hombro y su cuello, y aspirando ese aroma intoxicante que alguna vez había dicho odiar. Pero no era así. Ese aroma era delicioso, un olor cálido al igual que la sensación que emitía su Kagome.

- han pasado muchas cosas... - susurró él a su oído.

- pero aún creo verte dormido aquí, con una flecha en tu corazón y tus cabellos cayendo hacia el piso - le contestó Kagome con voz suave - Tienes razón, han pasado tantas cosas desde aquel día...

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- ¡¡Mou Miroku!! - exclamó Sango dándole un golpe con su hiraikotsu, el monje pervertido no se deshacía de sus mañas.

- oi, Sango, tú sabes que te amo, no hay otra razón para que no te toque - le explicó él con un guiño travieso.

- eres exasperante.

- no sé como lo aguantas, Sango - se burló Ayame cubierta por los brazos de Kouga, recostó su cabeza en su pecho abrigada por la calidez de estar juntos - te quise siempre, mi querido youkai.

- y yo... aunque intenté negarlo.

- Vamos Sango, mira como Ayame deja que Kouga la toque...

- ¡¡Pero es que Kouga no es ningún hentai como tu!! - aspetó ella, mas sonrió inmediatamente rodeándole el cuello con los brazos y acercándole a ella - aunque eso es lo que más me ha atraído de ti.

- ^__^ no hacía falta que te negaras tanto - susurró él a su oído.

- ¬¬ tu no cambias más.

Sango volvió a susurrarle un 'te amo' muy suave al oído y le selló los labios con un beso, quizás Miroku jamás cambiase pero esas eran las cosas de las que ella se había enamorado. ¿porqué pretendería cambiarlas?

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- ... pero todos somos muchos más felices ahora - terminó Kagome atrayéndolo hacia ella, le besó la nariz con cuidado - y yo te amo mucho más.

- yo también, Kagome, cada día te amaré más. A ti y a nuestro cachorro. Espero ser un buen padre para con él.

- lo serás... estoy segura - sonrió la miko mirando las ramas del Go Shingoku extendiéndose hacia arriba, imponentes, magestuosamente melancólicas, como aquel día de sus quince años...

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3 años después...

- no entiendo como ha crecido tanto - comentó sango mirando a la 'criatura' correr de un lado a otro huyendo de Shippo.

- yo tampoco Sango, pero Inuyasha dice que es normal, porque es un hanyou fuerte y sano, así que está bien su crecimiento, piensa que sólo tiene 3 años - explicó Kagome mirando a su 'pequeño' niño correr hacia ella.

- ¡¡mamá!! ¿Cuándo vendrá papá?

- Akeru-chan, está en la casa de tu tio Sesshomaru, es que él le convocó y tenía que ir solo - se volteó hacia Sango - no sé que habrá querido Sesshomaru, pero no deja de preocuparme que haya requerido la asistencia de Inuyasha.

- es raro, pero me imagino que será algo bueno...

- eso espero...

Akeru, el joven hijo de Kagome e Inuyasha había crecido con el paso de los años, convirtiéndose en un niño vivaz y valiente, el carácter heredado de ambos padres, con unos deliciosos ojos grisáceos brillantes y el cabello negro bastante corto, contrastaban en su piel blanca como la misma nieve, junto con sus bellas orejitas sonrosadas que no desaparecían, salvo, en luna nueva, cuando compartía los cambios de humor con su padre. Kagome, así, tenía que soportar a dos hanyous más inquietos que de costumbre, que se trasformaban en humanos. Pero en sí, el pequeño de tres años era toda una preciosura.

La figura cansada de Inuyasha se divisó lejanamente y el niño, que adoración tenía por su valiente, amistoso y fuerte padre, salió corriendo en su encuentro, sus bracitos cálidos rodearon su cuello y él le alzó en brazos como de costumbre. El lazo que unía a estos dos seres era inquebrantable y Kagome sabía que eran inseparables, porque Akeru amaba a su madre pero a su padre le tenía adoración.

- ¿Y para qué te citó? - le preguntó la miko recibiendo a su hijo.

- No vas a creerlo - le dijo sentándose a su lado y viendo como el rostro de la mujer palidecía un poco - no te preocupes, no es nada malo - repuso - Sesshomaru tiene un hijo.

- ¡¿Qué?! - dijeron Kagome y Sango en unísono, la taiji soltó las agujas que estaba usando para tejer un suéter a su Miroku y unos escarpines a su hijo/a que venía en camino.

- sí, como escuchan. Yo tampoco podía creerlo, pero él quiso hacer las pases conmigo y me presentó a su primogénito.

- o_ô ¿estamos hablando del mismo Sesshomaru?

- claro, amor, yo tampoco lo creía, pero así es... está lindo el niño, y Rin ha crecido bastante, ¡no puedo creer que ellos estén juntos!

- ô_ô la vida te da sorpresas - susurró Sango tomando la mano de Akeru y llevándoselo a comer - vamos, Akeru-chan, vamos a cenar, que seguro estás cansado, has correteado mucho hoy. ¡¡Shippo!!

- Sí, sango voy - gritó un muchacho, el pequeño youkai había crecido, saludó a Inuyasha y a Kagome con un gesto y se metió en la casa, junto con Sango.

- Inuyasha.... - susurró Kagome, él volteó a verle - por un momento pensé que me darías una mala noticia, y que otra vez a luchar por nuestra felicidad.

Él la atrajo hacia él con dulzura, la besó suavemente en los labios y respiró profundo su aroma delicioso, siempre embrigante, alteraba todos sus sentidos y le llenaba los pulmones de vitalidad.

- no Kagome - le repuso - nada ni nadie, nunca más... nos va a separar...

*~*~*~*~*~*owari*~*~*~*~*~*

BUAAAAAAH!!!! Yo lloré mucho al terminar el fic, pero creo que quedó bien, me encantó. ¡Es el primer fic de Inuyasha que termino! Y el tercero en cuanto a mis fics largos. Estoy emocionadísima, por eso mismo voy a contestar más alegre que nunca los reviews:

SangoSakura: que mala eres por terminar así el review, pero espero que te haya gustado como concluyó el fic, la verdad es que eso de matarlos fue para hacer sufrir a Inuyasha y darle una terminación a Kikyo, que era solo un alma en pena. Por eso, lo hice así. Entonces, pude lograr que todos se reencontraran, y de paso.. una ayudita a Sessh. Gracias por todo, un beso enorme, y nos estaremos viendo.

Lou-asuka: me alegro montones que te haya gustado, la verdad es que no puse mucho Miroku/Sango en este cap. pero puedo hacer una secuela, en este mismo fic, agregando de cómo quedaron cuando despertaron y el monje tuvo que enfrentar el recuerdo de su repentina declaración. Sí, me pareció brusca ponerla así pero me encantó, además... como tu dices, Miroku se puso muy lindo.

Kala (Kala_fiction): pongo el nick así para no poner todo el mail, gracias por el review, me encantó. Y ya ves... Sessh finalmente mató a Kagome, pobechito, él también sufrió con ello, pero después ya no sufrió tanto en los brazos de su querida Rin, porque me gusta la devoción que la niña le tiene al demonio y si es posible que ella crezca es una pareja a considerar. ¿no crees? Bueno, gracias por todo tu apoyo a lo largo del fic, me encantó y espero contar contigo siempre que haga otro. Nos vemos en MSN. Besitos.

Cliocaliope: es el final, siento haber tardado, es que comencé las clases, aún así, ojalá te haya gustado el cap. y sabes... que te mando un gran beso.

Claudia: No te mueras, no más muertos, jijiji. Ojalá que te haya parecido lindo el final, porque me costó realmente. Un beso y sigue apoyándome por favor, gracias igualmente.

Kala (atorru): Ya... primero que todo millones de gracias por el review, por darme ese apoyo durante todo el fic y por ser tan buenita conmigo. Te deseo lo mejor y nos vamos a estar viendo, hablando o escribiendo, jejeje. Un gran besote, y... ¡¡GRACIAS DE NUEVO!!

Miles: no, tu tampoco te mueras, el fic ya lo continué y lo terminé de paso, espero que te haya gustado. Un gran abrazo y gracias por el mensaje.

Eso es todo, me encantaron los reviews y sus ánimos durante todo el fic, los he adorado y espero que sepan comprender mis locuras, un gran abrazo a todos los que me han seguido y han dejado reviews y a los que han leído el fic pero no lo han hecho. Me basta que lean los caps. Jeje. Los adoro.

Y bueh! Ya me voy, espero que después de todo, lo que han visto y leído en el fic, entiendan que hay que luchar siempre, las personas débiles, por dentro, no por fuera, son las únicas que se dejan vencer ante la adversidad y terminan destrozados en el piso. No pierdan las esperanzas que sé, muy dentro mío, que un futuro mejor se acerca, sólo es cuestión de luchar juntos para alcanzarlo.

JA NE

Sumire-chan

Naitemo iiyo donna kanashimimo tsubasa ni kawarunosa sono mune de