SEPARACIÓN INNECESARIA


Disclaimer: El mundo de «Fairy Tail» pertenece a Hiro Mashima. La siguiente historia no tiene ánimo de lucro ni nada parecido. Sólo es una historia creada por divertimento.


Notas de la autora:

Y un año después aquí llego inesperadamente con un fic para este fandom O_o (y no, no es el que tengo empezado de soulmates, que ese pobre aún está en espera). Este fic es consecuencia de uno de esos arrebatos que me dan con el que estoy escribiendo ahora. Y es que llevo un año en que casi lo único que escribo es un fic de temática juvenil plagado de puros, castos e inocentes sentimientos y claro... se me va la pinza T_T . En el anterior arrebato me aparecieron varias historias en la cabeza pero opté por desahogarme con los culpables de aquello, pero esta vez... pues me he decidido por la historia corta de Jellal y Erza.

Como datos importantes de la historia, destacar que es un fic de categoría MA por contenido sexual explícito. Así que los niños estáis avisados.

Este fic es una historia corta del estilo de «La propuesta definitiva». Es decir, que es un lemon que lo he adornado con un poco de historia, pero no esperéis nada elaborado. A diferencia del otro, en vez de ir todo seguido éste está dividido en 3 capítulos (creo :-/, voy por el último, aunque no creo que haga epílogo ni nada de eso), pero básicamente los dos primeros son un mero «poner en contexto».

La historia no contempla la secuela porque la idea me apareció hace tiempo, antes de que siquiera leyera un capítulo de ella. Se ambienta en el viaje que están haciendo a su destino de la misión de los 100 años.

Y creo que no me queda nada más por decir. No creo que tarde mucho en actualizar porque tengo la historia bastante avanzada (voy por las 8000 palabras y no creo pase de las 10 000), por eso la estoy subiendo cuando dije de no subir nada más hasta que terminase alguna de las historias que tengo abiertas (no me matéis »_«). Pero como ésta está prácticamente terminada, no la cuento ^_^º

Espero que os guste ;-D


SEPARACIÓN INNECESARIA


CAPÍTULO 1

—Según el mapa, en Karnas hay una estación de tren —informó Lucy. Apuntó con el dedo sobre un punto del papel y luego lo arrastró por una línea que había trazada en él—. Nos ahorraríamos varios días de camino si lo cogemos para ir a nuestro destino.

—Prefiero caminar… —comentó Natsu descompuesto. Wendy no se veía mejor que él, pero al menos no dijo nada.

—Deberíamos llegar mañana por la tarde al pueblo —siguió ella sin hacerle caso.

—Pero no sabemos cuándo pasa el tren —repuso Gray.

—Es posible que tengamos que quedarnos varios días hasta que llegue uno.

—Eso quiere decir que dormiríamos bajo techo y en una cama —añadió feliz Happy. Llevaban varios días durmiendo a la intemperie, por lo que era comprensible su alegría.

—Pues puedes dar gracias a que esta zona es bastante seca y no nos ha llovido —le replicó Charle.

La lacrima de comunicación de Erza se iluminó y eso detuvo la conversación del grupo. En el mes que llevaban de viaje sólo una persona la había llamado, aunque sólo fuese en un par de ocasiones. Aun así, todos sabían quién era antes de que ella la activara.

—¿Jellal?

—¿Dónde estás? —demandó sin siquiera saludar. Erza pudo notar al momento que no estaba de buen humor.

—Ahh… espera… —Erza se levantó y se alejó del grupo para poder hablar en privado—. En una misión, ya te lo dije.

—No, me dijiste que habías aceptado una misión, no que fuese «esa» misión.

—¿Acaso importa?

—¡Claro que importa! ¿Cuándo vuelves?

—Ni siquiera hemos llegado al lugar —respondió en un susurro.

—¡¿Qué?! Pero si me han dicho que lleváis un mes fuera. —A pesar de que le había informado de que estaba en una misión del gremio, no le había especificado desde cuándo estaba en ella.

—Mañana cogeremos un tren en Karnas que nos dejará cerca de nuestro destino —intentó excusarse.

—Vuestro itinerario me importa poco. ¿Cuándo vas a volver? —repitió, pues era lo que realmente quería saber.

—No lo sé. Sólo sabremos lo que tenemos que hacer cuando lleguemos.

Se hizo un silencio que incomodó bastante a Erza. No se esperaba que Jellal estuviese enfadado por estar en una misión.

—Gildarts estuvo fuera tres años —dijo en tono lúgubre él.

—No creo que tardemos tanto. Hemos salido todo el grupo para hacer esta misión. —Pero entonces, se dio cuenta de que Jellal le estaba hablando de cosas que no debería saber—. ¿Y cómo te has enterado de todo eso?

—Porque estoy en Fairy Tail.

Bueno, eso lo explicaba. Si se había pasado por el gremio, le habrían puesto al corriente de todo. Aun así, no esperaba que se hubiera pasado ya por allí. Se suponía que estaría muy ocupado con todo lo relacionado con su propio gremio.

—¿Y qué haces ahí?

—Había venido a darte una sorpresa, pero la sorpresa me la he llevado yo. ¿En serio tenías que coger esta misión? ¿Justo ahora? —le recriminó.

Y ella sabía muy bien por qué lo decía. Aunque realmente no tuvieran nada establecido, ambos eran conscientes de que no lo estaba por las circunstancias criminales de él. Jellal se lo había dicho: nunca podría estar con ella mientras estuviera en las sombras.

Pero eso había terminado unos meses atrás. Por fin tenían al alcance de la mano la oportunidad que por tanto tiempo habían ansiado de poder construir algo juntos… y ella se había ido.

—Ibas a estar mucho tiempo ocupado con tu gremio y tu gente. Pensé que volveríamos antes —se defendió.

—¿Cuánto tiempo crees que podría llevarme oficializar el gremio? ¡Nos indultaron hace tres meses! —adujo Jellal exasperado.

Cierto era que tenían mucho trabajo por delante cuando inesperadamente se vieron libres de su condena. Después del incidente con el imperio Álvarez, habían estado apresados hasta que el rey abdicó y su hija tomó el trono. Entonces, ella había decidido indultarles para asombro de todos.

Había sido muy desconcertante para ellos. Todos sus compañeros y él mismo habían sido prófugos de la ley por un montón de años y, de pronto, eran libres para hacer cuenta a cero y empezar una vida normal.

Por eso, habían decidido crear un gremio oficial y poner sus asuntos en orden. Pero eso jamás le ocuparía tanto tiempo como iba a llevarle a ella la misión de los cien años.

—Pensé que os llevaría más tiempo —repuso ella en un susurro.

Jellal exhaló el aire tan fuerte que prácticamente pareció un resoplido. No podía creer que Erza les hiciera eso. Estaba muy enfadado. Ella siempre había sido su mayor deseo; uno inalcanzable, de hecho. Siempre algo los había mantenido separados. Y ahora que todo obstáculo del camino había desaparecido, cogía ella y se largaba por nadie sabía cuánto tiempo.

—No puedo creer que me hagas esto. —Y colgó… porque de otra manera, no sabía qué barbaridad podría decirle.

Erza se quedó ahí, inmutable, con la lacrima de comunicación apagada y sin saber muy bien cómo tomarse aquello. Nunca le había visto enfadado; no al menos desde que había vuelto a ser él. No podía esperar que se tomara tan a mal que saliera en una misión larga.

Se acercó de nuevo al grupo y se sentó, sin darse cuenta de que todos sus compañeros se mantenían en un silencio inquietante.

—¿Estás bien? —se preocupó Natsu. Gracias a su buen oído, tanto Wendy como él habían escuchado toda la discusión.

—¿Qué? Ah, sí… No es nada —dijo ella saliendo de su estupor.

No había discutido nunca con Jellal. Era un hombre muy tranquilo. Por eso la descolocaba tanto que se hubiera puesto así. Porque en el fondo, tampoco tenían una relación como para demandarle nada. Él no tenía que rendirle cuentas a ella, de igual modo que ella no se las tenía que rendir a él. Si de alguna forma podía definir su relación con Jellal era con la palabra «compleja».

Se había pasado su vida enamorada del chico que conoció en la Torre del Cielo. Incluso después de su cambio cuando escapó de allí, algo muy en el fondo de su corazón le decía que el Jellal que dejó no era el que conoció. Y años después supo que le había abandonado estando poseído; justo cuando más la había necesitado.

Ese sentimiento de culpa nunca se lo podría quitar.

Él, en cambio, la había buscado cuando quedó encerrada en la isla Tenrou. A diferencia de ella, Jellal no la había abandonado. Y gracias a eso, sin haber hablado nunca de ello o incluso con sus ingenuas artimañas para hacerla creer que amaba a otra, sabía que en realidad sus sentimientos eran correspondidos.

Desde que habían sido indultados, la había contactado para hablar con ella en más de una ocasión. Sabía a ciencia cierta que él buscaba estar junto a ella ahora que todo parecía allanarse para ellos. Y, sin embargo, como bien le había recriminado Jellal, ella se había marchado lejos.

—Erza, puedes regresar —le sugirió Wendy en un susurro—. Nosotros nos encargaremos de la misión.

Erza le puso una mano sobre la cabeza y le revolvió un poco el pelo. A pesar de que Wendy fuese ya una adolescente, desde que la acogieron en el gremio la había sentido como una hermana pequeña y sentía que siempre la vería así.

—No pasa nada. Además, hasta que se retomen los exámenes en Fairy Tail, sigo siendo la única maga de clase S en esta misión, así que, si me marcho, os la quitarían.

—Ya, pero…

—No te preocupes, Wendy —la cortó con una sonrisa. No quería que sus circunstancias personales pudieran afectar a la misión.

La lacrima de Erza volvió a iluminarse para sorpresa de todos.

—Es un mensaje.

Se apresuró a activarla para ver de qué se trataba. Jellal había cortado la comunicación de una forma abrupta y se había quedado sin saber muy bien qué hacer. Pero de entre todas las cosas que había esperado encontrar, aquélla no era una de ellas.

—¿Qué ha pasado? —se preocupó Lucy, que se acercó para intentar leer el mensaje.

Erza apagó la lacrima al instante para que no lo viera.

—No es nada —respondió con el tono más monótono que pudo encontrar.

—¡Pero si te has quedado blanca!

Eso no hacía falta que se lo dijera. Había notado perfectamente cómo la abandonaba toda la sangre del cuerpo.

—¿Qué demonios te ha puesto? —Ninguno iba a fingir que no sabían quién era el remitente de dicho mensaje.

—Nada. Debemos planear el itinerario —cambió de tema ella—. Si cogemos el tren, ¿a cuánto estaremos de nuestro destino?

Lucy la miró fijamente, aunque unos segundos después decidió dejarla tranquila.

—A unos cuatro o cinco días andando. Aunque todo dependerá de…

Erza no escuchó nada más una vez que la conversación se alejó de ella. Aún le retumbaban las palabras que le había escrito Jellal. Se encontraba en un término medio entre sorprendida y traicionada, aunque a un nivel lógico sabía que esto último era sólo cosa de ella. A fin de cuentas, no se debían nada. Sólo eran dos amigos que se habían conocido en su infancia y habían pasado por distintos altibajos. No podían exigirse nada… aunque lo quisieran.

Sintió que Lucy le tocaba la hombrera de su armadura para llamar su atención. A pesar de no poder enfocarla bien, sí supo que ella la miraba con aprensión.

—Podemos volver —le dijo con suavidad—. No nos importa aplazarlo.

—Estoy bien…

—Pero si estás llorando… —susurró Lucy.

Se llevó al instante la mano desocupada a su mejilla para descubrir que tenía razón. Se encontraba tan conmocionada que ni se había dado cuenta. Se miró desconcertada los dedos humedecidos que mostraban un ligero temblor y Lucy aprovechó ese momento de estupor para quitarle la lacrima y ver lo que la había dejado así.

—«Lo siento, Erza, pero no voy a esperarte más» —leyó, y después lo hizo una segunda vez para ella misma antes de estallar—. No me lo puedo creer… ¡¿En serio te ha escrito esto?!

No lo entendía, pensó Erza mientras se miraba la mano. ¿Por qué se sentía de pronto así? No era como si algo hubiera cambiado con respecto a diez minutos atrás. En realidad, no tenían una relación; era más bien un amago de intento. ¿Por qué lo sentía como si la hubiera dejado?

—No puede ser… —murmuró Wendy mientras se acercaba a Lucy para leerlo por ella misma—. ¿De verdad te escribe esto porque vas a estar un tiempo fuera?

Ella había oído su conversación, por lo que no le extrañó que atinara de esa forma.

—Pero ¿de qué va este tío? —se indignó Lucy.

—De verdad que no importa —intentó serenarla, aunque lo hiciera con voz temblorosa—. No se le puede culpar por cansarse de mí.

—Eso es imposible —espetó de pronto Natsu. Se acercó hasta ellas con intención de coger la lacrima.

—En serio, no importa —repitió. Era muy incómodo para ella que todos estuvieran hurgando en algo que en esos momentos la hacía sentir tan vulnerable.

—Déjame verlo —ordenó con la mano hacia Lucy. Ella le pasó la lacrima y Natsu leyó el texto con el ceño fruncido—. ¿Por qué habéis llegado a esa conclusión? Aquí no pone que se haya cansado de ti.

—¡Sí que lo pone! —contratacó Lucy.

—¡No lo pone!

—¡Claro que sí! —rebatió a la vez que se levantaba para enfrentarle.

—Es increíble. Para ser una persona que se dedica a escribir, lees fatal —recriminó él.

—Por el amor de Dios, Natsu, ¡lee entre líneas!

—¡Entre las líneas sólo hay espacio!

Lucy se chocó la mano con la frente, exasperada.

—Pero ¿cómo se puede ser tan idiota?

—La única idiota eres tú. ¿Por qué demonios lees lo que no pone?

—Chicos… Erza está delante —dijo Wendy en un intento de serenar el ambiente. Su amiga ya estaba lo suficientemente afectada por el tema como para que ellos echaran más leña al fuego.

Natsu resopló.

—Tienes razón. No hace falta que se preocupe sin motivo. —Gray se acercó y le pasó la lacrima cuando le instó a dársela—. Lo único que puedo ver ahí es que va a hacer algo drástico.

Gray miró la lacrima y con las mismas se agachó para devolvérsela a Erza.

—Yo tampoco creo que debas preocuparte —le dijo consolador—. Es muy difícil imaginar que se dé por vencido justo ahora.

—A mí ni se me ocurriría —corroboró Natsu.

—Ni a mí —dijo Gray.

—¿Y por qué, entonces, le mandaría un mensaje así? —interrogó Lucy condescendiente.

—No lo sé… pero piénsalo. Se han pasado toda la vida con algo en medio interponiéndose…

—Nosotros no… —murmuró Erza sonrojada.

—Y ahora que es libre, ¿desiste? —siguió por encima de ella—. No tiene sentido.

—Es demasiado obvio… Va a hacer algo drástico —repitió jactancioso Natsu.

—Eso no lo sé —dijo Gray—. Pero dudo que este mensaje tenga el significado que le estáis dando.

Erza apretó la lacrima contra ella. Ni por asomo la habían convencido en contra del vacío que podía sentir en el pecho, pero saber que sus amigos la intentaban consolar aligeró un poco su carga.

Pero no podía culpar a Jellal de su decisión. Gray tenía razón sólo a medias. Quizás se hubieran pasado media vida con algo interponiéndose entre ellos, pero eso no implicaba que no llegara un punto en el que se desistiera de luchar.

Y, al parecer, para Jellal ese punto había sido el momento en el que fue a buscarla a Fairy Tail y no sólo no estaba, sino que nadie sabía cuándo volvería.

—Deberíamos irnos a dormir —dijo ella como respuesta.

No era como si alguno pensara que tuviera sueño, pero decidieron acatar la sugerencia y dejarla tranquila.

El silencio de la noche sólo roto por el crepitar del fuego y los ruidos propios de una zona arbolada la hizo hundirse poco a poco en sus pensamientos. Le había sorprendido la reacción de sus compañeros. No era ajena a la idea de que estuvieran al tanto de sus sentimientos. Igual que ella sabía o intuía los de otros compañeros del gremio, no podía obviar que a los demás les pasara lo mismo con ella. Pero no sabía que fuesen tan conscientes de su tirante relación con Jellal.

En realidad, ni siquiera se habían dicho alguna vez que se quisieran y, sin embargo, parecía algo establecido. Imaginaba que algo como eso tenía que ser lo que leía en sus libros de novela romántica. Ellos eran un ejemplo de esos protagonistas que sabían que se amaban sin necesidad de palabras; sólo con sus actos. Pero a diferencia de esos personajes ficticios, era evidente que ellos no estaban destinados a estar juntos. Nunca lo habían estado. Ni siquiera en una novela podían pasar las cosas que les habían sucedido a ellos.

Cualquiera se rendiría.

Erza se frotó el pecho cuando sintió la opresión crecer de nuevo allí. Seguía sin entender por qué se sentía así cuando todo continuaba igual. Ni medio año había pasado de cuando estaba convencida de que jamás estarían juntos. Pero ¿entonces? ¿Por qué de pronto sentía ese vacío inmenso que no tenía una hora atrás?

Sólo había una explicación. Meses atrás quizás no esperara que algún día pudieran estar juntos, pero muy en el fondo, siempre había conservado una pequeña esperanza de que algún día todo se arreglaría y podrían saborear un poco de felicidad que el destino hubiera reservado para ellos.

Pero esa esperanza había muerto con un simple mensaje de texto.

Y lo había hecho por su culpa. Porque por no pensar en él y esperar a que terminara de arreglar sus asuntos, había decidido separarse de él… innecesariamente.

Y ése era el verdadero problema de todo: que era innecesario.

Y por eso él se había cansado de esperarla.


— * —


Fin del Capítulo 1

24 Octubre 2019


Notas finales (desvaríos de la autora obviables):

Pero vamos a ver, alma de cántaro (hablo de Erza). Te voy a decir dos cosas:

Primero: ¿cómo no van a estar enterados de lo que os pasa a Jellal y a ti si sois el amor imposible por excelencia de este manga y todos lo saben desde el minuto uno? XD Todo el mundo es excesivamente consciente de lo que os pasa, ¿ok? Así que sí, es normal que se metan si de repente sucede algo así porque saben perfectamente cómo tenéis las cosas entre los dos.

Y segundo: ¿en serio? ¿Que no te ha dicho nunca que te quiere? ¬_¬º El tío te lo soltó estando poseído. No tenía voluntad propia porque era un puñetero títere y resulta que lo único que sobrevivió a eso era lo que sentía por ti. ¿Y vas tú y no lo tienes en cuenta? Alelada... que eres una alelada. ¡Eso tiene más valor que nada! Ainsss, de verdad... lo que tengo que aguantar ¬_¬º

En fin, ya está, ya me he desahogado u_uº. Espero que os haga gustado el capítulo ;-D

¡Saludos!