VIAJE A FANELIA

-Princesa, es hora de irnos, por favor, colóquese su abrigo y venga con nosotras, sus pertenencias ya han sido colocadas en el crucero.

Eries cerró el libro que había estado leyendo, colocando una delgada tablilla de madera en medio de las hojas pensando en retomar su lectura más adelante, levantándose tranquilamente y caminando desganada, escuchando la inconfundible voz de su pequeña hermana Millerna mientras corría y gritaba emocionada con aquella voz aguda e infantil que todo niño posee a los 5 años.

-¿Mi hermana Marlene está en la nave? – Preguntó la joven a la monja encargada de su tutela esperando inclinada fuera de su puerta.

-Está recibiendo la bendición del Rey en este momento.

Eries asintió, era obvio que estaría ahí.

Observó a Millerna saltando alrededor de la nana que se había ocupado de ellas desde el fallecimiento de su madre, se veía feliz e ingenua, como si fueran a llevarlas a pasear al parque en lugar de llevarlas a conocer el lugar donde Marlene viviría dentro de un par de lunas.

-¿Puedo ir a mi habitación en el crucero apenas llegar, o debo esperar en el puente?

-Espere en el puente, el Rey y algunos ministros saldrán a despedirlas.

-¿Qué hay de ti? ¿Vendrás con nosotras hermana Aranza?

-No princesa, temo que solo irán ustedes con Nana Carla y con la hermana Beatriz.

Eries asintió con comprensión, era lógico, Millerna era demasiado pequeña para viajar sola a un país extranjero, necesitaba los expertos cuidados de su Nana desde que se levantara, y hasta que se volviera a acostar a dormir, en cuanto a Marlene, iba a conocer a su prometido, su tutora debía ir para asegurarse de que la visita fuera sin problema alguno, había que vigilar que se comportara adecuadamente y no perdiera su honor… como fuera que eso sucediera. Ella en cambio era lo suficientemente mayor para no necesitar asistencia específica y lo suficientemente pequeña para pasar desapercibida, su estancia en Fanelia era más para mantener la fachada de una familia unida en un viaje amistoso que un encuentro entre pretendientes previo al matrimonio que su padre había arreglado con la viuda del rey de Fanelia de manera tan intempestuosa.

-¡TODOS INCLÍNENSE ANTE SU MAJESTAD, EL REY GRAVA ASTON!

Ella simplemente tomó los lados de su falda mientras se inclinaba en una pequeña reverencia frecuentemente ensayada, observando de reojo mientras Millerna dejaba de bailotear, deteniéndose para imitarla, mientras al otro lado de sí misma, Marlene hacía lo propio, a la par que su padre se detenía a un lado.

-¡Deseo a todos un buen viaje a Fanelia! ¡Por favor, Eries! – Había pronunciado su padre mirándola por un momento – entrega mis saludos a la reina Varie Fanel, Millerna, no le des muchas molestias a Nana Carla, Marlene… buena suerte conociendo al príncipe Folken.

Marlene había asentido con el rostro sereno, era difícil verlo, pero sabía que había algo parecido al miedo en sus ojos.

Ella por su parte estaba segura de que sería verdaderamente atemorizante conocer a su prometido el día de la boda y no antes, posiblemente ella misma sería incapaz de cruzar palabra alguna con el hombre al cual sería prometida en un par de años, después de todo, eran pocos los reinos del continente que exigían que los prometidos se conocieran antes de la boda y convivieran algún tiempo, como en el caso de Fanelia.

-¡TODOS ADENTRO! ¡EL CRUCERO ESTÁ A PUNTO DE PARTIR!

Más reverencias, esta vez fueron cortas, ella simplemente tomó la mano de Millerna para ayudarla a subir con calma, su padre estaba observándolas y Marlene iba al frente, sería un viaje largo y el libro que había estado leyendo le parecía completamente fascinante, su preocupación más inmediata era sobre llegar a su habitación y sacar el libro de su pequeño bolso de viaje para continuar la lectura lo antes posible, si tenía suerte, habría terminado de leerlo poco antes de llegar al otro reino, justo a tiempo para despejar su mente, actuar como si estuviera realmente interesada en su rol de segunda princesa y buscar entre sus pertenencias otro libro que pudiera leer por la próxima media luna que estarían en aquel lugar.

*

-¡Disculpe capitán! ¿falta mucho aún para llegar a Fanelia?

El alto hombre rubio, de ojos verdes y barba recién recortada enfatizando su mandíbula cuadrada dio un respingo casi imperceptible luego de verla, relajándose rápidamente antes de asegurar el timón y voltear en su dirección, haciéndole una reverencia para poder responderle.

-Apenas unos pocos minutos, princesa, si observa al frente por el gran ventanal, podrá observar unas montañas cercanas, la capital se encuentra justo al otro lado, ya hemos enviado un ave mensajera para avisar de nuestro descenso y hemos obtenido una respuesta, se ha preparado un hangar especial tan cerca del castillo cómo es posible.

Eries agradeció con otra reverencia antes de dar un par de pasos al frente y observar.

En efecto, había una enorme montaña que estaban cruzando justo en ese momento.

Apenas aquel enorme pedazo de piedra, árboles y dragones de tierra comenzara a ceder, la capital de Fanelia había comenzad a mostrarse ante ella.

Era una ciudad más pequeña que Palas, no había rastros del mar y las calles lucían como gruesos trazos negros entre los toscos edificios de roca y barro, parecía un lugar aburrido, al menos, hasta que un tono de un verde intenso llamó su atención.

Retirado contra el fondo de aquella olla hecha de montañas, sobre lo que parecía un altísimo palco de piedra natural, había un enorme árbol bajo cuyas ramas se notaba una enorme construcción, mucho más colorida y señorial que todas las otras construcciones al interior de aquella pequeña ciudad.

-Capitán, ¿qué es eso? – Preguntó la niña mientras señalaba el lugar que había llamado su atención.

-Es el Castillo del Samurai, princesa.

-¿Cuántos árboles cree que hayan colocado para formar eso?

-Es solo uno, princesa, le llaman Árbol de la Fundación, tengo entendido que los ancestros de los príncipes de Fanelia sembraron ese árbol justo antes de levantar la ciudad.

-¡Es enorme!

-Lo es, princesa, estoy seguro qué hallará de su agrado los jardines alrededor del castillo, son un buen lugar para leer, según tengo entendido.

La niña simplemente asintió, sin desviar su mirada azul del enorme árbol y el castillo al cual se dirigían, tan distinto al palacio donde ella misma se había criado, y al mismo tiempo igual de impresionante a su manera.

*

-Eries, Millerna, recuerden comportarse mientras somos recibidos por la reina y los príncipes, nada de corretear por ahí o bostezar.

-¡Si Marlene! – Habían contestado las aludidas sin dejar de caminar detrás de su hermana mayor, seguidas por la Nana, la hermana Beatriz y tres pares de caballeros caelli, al frente de ellos, el ama de llaves de los Fanel avanzaba completamente erguida, con el cabello suelto y su extraño vestido en tonos claros de verde y azul con un enorme listón amarillo sujetándolo todo y rematado por delante en un moño esponjoso, realmente extraño.

-¡SUS MAJESTADES, LAS PRINCESAS MARLENE THERESE, ERIES ARIA Y MILLERNA SARA ASTON DE ASTURIA! – Anunció un hombre con acento faneliano, conforme las tres hermanas terminaban de ingresar, haciendo cada cual una pequeña reverencia al escuchar sus nombres.

Eries miró con atención, estaban en una enorme sala con piso de madera pulida. Vigas y columnas del mismo material en un tono rojizo parecían sostener el techo de madera y algún otro material que la pequeña de once años no había podido reconocer.

No había muchos adornos, a decir verdad, apenas algunas antorchas iluminando la sala, una alfombra azul ultramarino cubría una parte del suelo.

Al fondo, una tarima de piedra, una cortina roja cubriendo el muro y una larga bandera con el blazón de Fanelia parecían enmarcar la enorme silla de madera vacía, a cuyos lados se encontraban tres sillas más pequeñas.

Sentada a la izquierda, la que debía ser la reina Varie las observaba con un semblante bastante triste reflejado en sus extraños ojos carmesíes, un extraño vestido, similar al del ama de llaves, pero en otros colores y visiblemente más largo parecía ser todo lo que ella portara, no había tiara ni corona sobre su cabeza, no tenía joyas de ningún tipo, ni siquiera en su larguísimo y brillante cabello negro.

Al lado derecho, dos muchachos se encontraban sentados, ambos tenían el mismo tipo de facciones, ambos con los ojos del mismo color que los de la reina, a juzgar por sus estaturas, Eries adivinaba que el de piel más clara y cabellos grises debía tener una edad bastante cercana a Marlene, el otro, de cabellos negros y piel tostada se veía exactamente del mismo tamaño que Millerna, ambos portaban ropas sencillas, el mayor un pantalón oscuro y una playera sin mangas en color azul cielo, el menor un short en beige claro y una playera desmangada roja, ambos usaban botas… no había nadie en el medio de ellos.

-¡Sean bienvenidas! – Sonó repentinamente la voz amable y tranquila de la reina Varie desde su lugar junto al trono – estos de aquí son mis hijos, Folken Lacour Fanel – Ante lo cual el mayor se levantó de su asiento para hacer una reverencia con la mano en el pecho - y Van Slanzar Fanel – Luego de lo cual se levantó el más pequeño, imitando la reverencia de su hermano antes de volverse a sentar.

-Le agradecemos mucho su amabilidad, Su Alteza – Respondió Marlene, más por protocolo.

-Nuestro padre le envía sus saludos – Acotó Eries, recordando repentinamente el encargo que se le había hecho, a su lado, Millerna simplemente sonreía ampliamente antes de practicar otra reverncia.

-Imagino que deben estar cansadas – Respondió la reina luego de sonreír levemente, una sonrisa triste según Eries, como la última vez que su madre le había sonreido, prometiéndole que todo estaría bien.

-El viaje ha sido largo Majestad – Respondió Marlene – nos vendría bien un poco de la famosa hospitalidad faneliana en este momento a mis hermanas y a mí.

La reina Varie simplemente asintió, dando una indicación ligera con la cabeza al ama de llaves, quien luego de dar una reverencia profunda, comenzó a avanzar a la salida seguida de las hermanas y su séquito.

*

La comida había pasado hacía un rato, los jardines, efectivamente habían sido completamente cautivantes para la pequeña de lacios cabellos rubios cenizos y ojos azules, quien casi se había sentido mal una vez abrió el libro que había seleccionado.

El jardín de Fanelia era completamente diferente a los jardines llenos de flores aromáticas, con sus árboles delgados y cuidadosamente podados salpicando en zonas estratégicas al igual que las palmeras bajas, todo atravesado por pequeños senderos empedrados para el disfrute de los visitantes.

En definitiva, Asturia podía parecer refinada y sofisticada en comparación con el pequeño reino agrícola que ahora visitaban, pero Eries tenía que admitir, éste jardín era esplendido a su manera, lleno de árboles enormes y gruesos, con matorrales y enredaderas creciendo libremente por aquí y por allá, donde las flores de colores suaves asomaban en busca de un poco de luz. Aquí los senderos no tenían empedrado, simplemente era tierra apisonada y carente del pasto que parecía crecer por todo el lugar de forma más bien salvaje, el hecho de encontrar algunas bancas de piedra o esculpidas en los troncos de árboles talados, seguramente siglos atrás, era un contraste excepcional, uno que ella habría aprovechado si no estuviera buscando refugiarse de la pequeña Millerna, la cual había comenzado a perseguir al Príncipe Van en un intento de obligarlo a tomar el té con ella y sus muñecas, mientras el niño de rebeldes cabellos negros afirmaba una y otra vez que prefería jugar a otra cosa que no implicaran sentarse quietecito a aburrirse rodeado de muñecas.

La niña aspiró profundamente para sacarse aquella imagen de la cabeza, apretujando el libro contra su pecho, dejando que los aromas a pino, abeto y madreselva la envolvieran en su pequeño escondite, a espaldas de uno de los antiquísimos árboles.

Casi ceremoniosamente abrió con cuidado aquellas viejas pastas y comenzó a leer, encontrando un especial deleite en la caligrafía con que se presentaba el libro que había tomado de la enorme biblioteca, una colección de historias fantásticas de Fanelia, a decir verdad.

-¡HE DICHO QUE NO QUIERO! – Había gritado una voz aguda desde alguna parte del jardín luego de que Eries terminara de leer la primera página, haciéndola detenerse un momento antes de retomar la lectura.

-¡ENTONCES PODRÍAMOS JUGAR A LA BODA! – Respondió una voz demasiado familiar desde la misma dirección que la voz anterior.

-¡NO QUIERO!

El silencio había caído repentinamente, Eries dobló sus rodillas, acercando su rostro más a las letras frente a ella en un intento por ignorar del todo lo que estaba pasando, estaba segura de que Millerna había esponjado sus mejillas completamente indignada y que estaba a punto de hacer alguna rabieta ante la negativa del príncipe por seguirle el juego.

-¡BIEN! ¡ENTONCES QUIERO QUE ME PRESTES A TU GATA PARA JUGAR!

¿Gata? Eries se enderezó un momento, no recordaba haber visto ninguna clase de mascota cuando habían llegado, y en realidad, la comida la habían tomado aparte, por alguna razón que no les habían explicado.

-¡MERLE NO QUIERE JUGAR CONTIGO! ES MÁS, ¡NOS VAMOS! ¡Y NO NOS SIGAS!

Aguzando el oído, Eries pudo escuchar varias pisadas pasando cerca de su ubicación, luego la respiración entrecortada de Millerna al acercarse a su lugar, estaba a punto de cerrar su libro y salir de su escondite cuando el sonido de varias pisadas la hizo detenerse, manteniendo uno de sus dedos en medio de las páginas en un intento de no perder el párrafo en la cual se había quedado.

-Millerna, ¿está todo bien? – La voz de Marlene, tan melodiosa y armónica como siempre había sido la primera en intervenir.

-¡NO QUIEREN JUGAR CONMIGO!

-¡Su Alteza no debería exaltarse de esa manera! – Había amonestado la Nana en ese momento - ¿Qué pensará la reina Varie si la escucha quejarse así del príncipe?

-Pero, ellos no…

-Princesa Millerna – Había dicho esta vez la voz suave de la reina – le prometo hablar con mi hijo acerca de las implicaciones de tener visitas de su misma edad, ruego lo disculpe, Van puede ser un poco… obstinado cuando algo no le agrada demasiado.

Hubo un pequeño silencio antes de que el sonido de pasos alejándose pudiera escucharse, Eries no sabía bien que pasaría con el pequeño príncipe, lo cierto era que, con aquel drama en pausa, podría leer algunas páginas más antes de que notaran su ausencia, con algo de suerte, podría irse cuando los rayos del sol fueran tan débiles, que no hubiera manera de que siguiera leyendo.

Estaba por volver a sumergirse en la historia una vez dejó de escuchar los pasos, cuando notó algunas plantas frente a ella moviéndose un poco.

Su corazón se había acelerado repentinamente, la respiración se le había cortado, estaba nerviosa, ¿y si era un dragón? ¿un dragón de tierra de esos que plagaban el valle fuera de la ciudad? Nadie sabía que ella estaba ahí, nadie sabría que le había sucedido, ¿sería más prudente correr o gritar por ayuda?

No tuvo tiempo de tomar una decisión, repentinamente el follaje entre los árboles se había movido hacia ambos lado, de entre ellos, el príncipe de cabellos claros y ropas sencillas que las había saludado antes, había dado un par de pasos hacia ella, volteando atrás un momento, antes de suspirar con lo que parecía alivio, encorvándose un poco y volteando, como para verificar en que lugar se había detenido, topándose, obviamente, con la niña sentada detrás de un libro.

-¿Princesa Eries?

No pudo contestar, sentía algo parecido a la vergüenza y un calor repentino en sus mejillas, usualmente cuando conocía a alguien nuevo, difícilmente recordaban su nombre, posiblemente a causa de su problema para socializar con los demás.

El joven enfrente de ella simplemente sonrió, acercándose un poco mientras colocaba una rodilla en el suelo sin retirar su mirada escarlata.

-¿Puedo sentarme un momento?

Ella simplemente asintió, se sentía completamente cohibida conforme el muchacho se acercaba hasta quedar al lado de ella, revisando sus botas y sacudiéndose un poco de polvo y hojas de entre sus cabellos y su ropa.

Eries quería volver a concentrarse en su lectura, pero le parecía imposible con aquel "extraño" sentado tan cerca.

Folken volvió a mirarla, esta vez, desviando su mirada hacia el contenido del preciado libro que ella sostenía entre sus manos.

-¡Así qué aquí estaba! – Susurró el joven a nadie en particular, lanzándole una mirada de soslayo y otra sonrisa que le había llegado hasta los ojos – usualmente leo ese libro para Van antes de dormir, hoy sin embargo quería leerlo para mí, estoy seguro de que vi un relato acerca de mi padre hace un par de años.

La rubia observó el libro un momento, notando ahora lo desgastado de sus hojas, volteando de nuevo a su inesperado acompañante para luego cerrar el libro a regañadientes y ofrecérselo con la mirada baja.

-Gracias, ¿te gustaría leerlo conmigo? Debe ser el último relato, si mi memoria no me falla.

-No quisiera molestar – Respondió la princesa con un hilo de voz, lanzando algunas miradas de soslayo a su alrededor, buscando un buen lugar para escapar de aquella extraña situación.

-No sería ninguna molestia, además, necesito ensayar con alguien si planeo contarle esta a mi hermano, él realmente prefiere las historias sobre dragones, pero, dada la situación actual y su falta de tacto para con las damas…

No pudo evitar sonreír un momento, ella no había visto todo el alboroto, pero podía visualizar perfectamente todo lo que había sucedido.

-¿Puedo quedarme aquí después de terminar de leer? ¿con el libro?

-Por supuesto, aunque, le agradecería mucho que me lo devolviera luego de la cena, tiene mi palabra de que el libro estará de vuelta en sus manos para mañana antes del desayuno.

Eries sonrió complacida, este chico le caía bien, no había preguntas sobre porqué estaba ahí afuera, porque estaba metida en un libro y no en algún armario lleno de ropa o jugando a las muñecas con Millerna, nada en absoluto, solo una invitación a leer juntos y el requerimiento de devolver el libro para compartir la lectura con alguien más por unas cuantas horas, en verdad, el príncipe Folken parecía ser, a todas luces, alguien a quien podría llegar a apreciar con el tiempo.

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Notas de la autora:

Luego de algún tiempo sin escribir en este fandom… lo admito, estuve leyendo mucho, especialmente con respecto a Eries y Folken, así que simplemente tenía que escribir esto, realmente no lo había considerado antes pero, es muy posible que Marlene fuera prometida a Folken, desarrollara algún tipo de sentimiento hacia él dy luego de su fallecimiento, entrara en una depresión tal, que decidiera encerrarse en su habitación. Luego de ver la serie y releer un poco sobre la información que hay, no pude evitar empezar esta serie, espero sea de su agrado.

SARABA