ANGELINA JOHNSON

INTELIGENCIA


—¿Sabe? Algún día me casaré con uno de los dos. ¡O con los dos! No podría decidirme.

—Señorita Johnson, por favor. Estamos tratando que todo este asunto no llegue a mayores, eso es al Wizengamot, pero para ello necesito que se centre. ¿Qué ocurrió ese día exactamente?

—Oh, pues, no tengo ni idea.

El auror se lleva las manos al rostro y contiene un bufido. La investigación que le han encomendado va a ser más difícil de lo que había supuesto en un primer momento. ¿Qué cuáles son los hechos? Los Gemelos Weasley —con mayúsculas porque ahora son marca registrada— y el puto caos. El jodido caos que siempre les rodea. Veintiocho testigos que nada tienen que ver entre ellos y una incógnita que no desaparece: ¿Qué cojones ocurrió realmente?

—¿Cómo que no tiene ni idea?

—Pues… no. ¿Lo siento? —Pero no parece arrepentida en absoluto.

—Vamos a empezar de nuevo. ¿Dónde se encontraba cuando estalló la danza de los fuegos fatuos?

—Estaba en mi casa —explica—. Me acababa de despedir de los chicos. Lo vi desde mi ventana.

—Pero su casa está en la otra punta de Londres.

—Mi casa está en la otra punta de Londres —afirma.

—¿Cómo pudo ver desde su casa algo que estaba pasando en el Callejón Diagón?

—¿Y a mí qué me pregunta? —frunce el ceño y se recuesta en la silla.

»¿Le puedo dar un consejo? —Él asiente y Angelina le susurra el secreto al oído—. Ni se le ocurra subestimar su inteligencia.


Nota: Bienvenidos a la puta locura. No sé cómo va a salir esto, ni siquiera sé si va a salir bien, pero bueno, lo peor que puede pasar es que quede como la clown que soy.

Voy a hilar todos los drabbles bajo el mismo hilo conductor: nuestros queridos amigos Fred y George la han liado bien gorda y los señores personajes de la tabla son los testigos. ¿Qué puede salir mal si son veintiocho? Pues todo, coño, todo.

No esperéis encontrarle un ápice de sentido, aquí hemos venido a leer cosas absurdas, dadaístas, divertidas y paródicas. Son los personajes en su mínima expresión con toda la planicie emocional que pueda darles; no hay grises, ni blancos, ni nada. Deseadme suerte.