Capítulo Uno … El Doncel que decidió cambiar su futuro.

Minato Namikaze observó a toda la gente que lo miraba, algunos con pena, otros con diversión y otros con furia, vio a lo lejos a la artífice de todo lo malo en su vida, Mei Terumi, a su lado estaba el hombre que odio desde siempre Kurama Uzumaki junto a ellos, su razón de existir Naruto Uzumaki de doce años, que lloraba desconsoladamente por ver a su papá así.

Odio y maldijo a esa pareja por llevar al pequeño Naruto a ver una ejecución, quería gritar pero no podía, le habían desencajado la mandíbula, lo habían golpeado hasta hartarse, lo torturaron de tantas maneras, incluso le arrancaron la lengua por la frustración de no aceptar ni decir nada ante la acusación de complot de muerte del Marques Danso Shimura, cosa que no era cierta.

Pero cayó en la trampa de Mei quien lo odiaba profundamente por haber sido el amante de su esposo, pero Minato no fue el amante de Kurama, cuando era joven de catorce años, Kurama lo forzó a ser de él. Como un pobre plebeyo sin padres, un muerto de hambre, que había llegado a los siete años a trabajar a la casa de Conde Uzumaki y todos hasta los mismos trabajadores de la mansión se lo hacían notar, por lo cual trabajo arduamente y sin descanso. Con el tiempo logró ser aceptado, además su mente rápida lo ayudo aprender todo lo que se le enseñaba, tenía una mente ágil así que el mayordomo de la mansión le enseñó en sus tiempos libres a leer, escribir, de matemáticas e historia, además aprendió etiqueta de ver a los nobles en sus cenas, reuniones y fiestas.

Aún podía recordar como Kurama lo forzó y lo violo, a pesar de sus gritos y el dolor, nadie lo ayudó, lo que fue peor todos decían que había tentando al señorito Kurama, siete años mayor que él, quién estaba comprometido con la hija de los Barones Temuri. Pudieron matarlo pero Kushina la hermana menor de Kurama se compadeció de él, se hicieron buenos amigos, los mejores. A pesar de que no pudo evitar que Kurama siguiera abusando de él, al menos la menor se preocupaba de atender sus heridas después de la sesión de sexo.

Con el pasar de las semanas y los meses comenzó a sentirse tan mal, que Kushina llamó a un médico y le dijo que estaba en gravidez de al menos tres meses, pero por su grado de desnutrición el bebé corría peligro. Kushina rápidamente actuó llevándoselo lejos de la capital, diciendo que irían a la casa de campo. Ella tenía quince años y estaba comprometida con el hijo de Danzo Shimura, Mizuki, pero ella lo odiaba.

Así que Kushina jugó sus cartas, he hizo pasar a su sobrino como su bebé recién nacido, los donceles, eran una cosa extraña en el imperio del Fuego. Obviamente su familia dio el grito en el cielo, cuando apareció Kushina con un hermoso bebe rubio de ojos azules, podrían dudar, pero por el periodo de tiempo que había desaparecido, el hecho de que fuesen pocos sirvientes, y nada más que las marquitas de nacimiento de todo niño Uzumaki, tres rayitas horizontales en cada mejilla quedaba claro que era un bebé con sangre Uzumaki, cuando su padre furioso exigió saber quién era el progenitor de la criatura, reveló que era Minato, con quien tenía una acalorada relación, Minato lamentablemente no se salvó de los azotes que le dio su amo, pero como Kushina era la luz de sus ojos y porque además esto le traería mucha vergüenza ante la nobleza, los casó a ambos y los mando de vuelta al campo con él bebé, mientras él arreglaba el desmadre.

Minato no negó que fue muy feliz con Kushina criando a Naruto, como hijo de ambos, lamentablemente la mujer cayó víctima de la tuberculosis cuando tenía veinte años, murió luego de luchar por meses contra la enfermedad, apenas pudo despedirse de su hijo, para ella Naruto fue su mayor regalo.

Por orden del nuevo Conde Uzumaki, Kurama, ya que el padre de Kushina, su suegro, falleció de un ataque cardiaco en su estudio un año antes. Ordenó a Minato volver a la capital con su hijo.

Kurama ya estaba casado con Mei, pero aún no podían tener un vástago, lo cual lo traía de cabeza furioso por no tener un hijo aún con la mujer. Así que volcó su deseo insano por Minato, a quien nunca dejó de desear, pero que tuvo que hacerlo porque Kushina le había advertido que se acercara a su esposo nunca más, que ella sabía muy bien las cosas que le había hecho.

Pero ahora no había nada que se interpusiera entre él y Minato, la primera noche que paso en la mansión fue visitado por Kurama quién lo violó sin importarle que el hijo de ambos estuviese durmiendo a un lado de ellos.

Minato estaba aterrado de tener otro bebé, por lo cual fue a ver a una médica para que le diera algún agua para que previniera la concepción. Mei se enteró a las semanas de lo que estaba ocurriendo en sus narices, y ella en venganza comenzó a acercarse a Naruto, cuidándolo cada vez, diciendo que Minato no era apropiado para cuidar de un niño de cinco años.

Los años transcurrieron entre peleas frías entre los tres y en medio Naruto que todos, los tres amaban con locura, pero Mei se enteró de la terrible verdad que el niño que pensó que era de su cuñada Kushina, en verdad era hijo de Minato y Kurama, ante tal revelación, desesperada porque Kurama decidieran compartir su vida con su rubia obsesión y a ella hacerla un lado, conspiró contra el Namikaze para matarlo.

Ahora a pocos minutos de su último aliento, le rogó al Dios de la venganza, que le diera la oportunidad de vengarse de sus enemigos, podía ver la mueca sonriente de la mujer escondida detrás de su abanico, Kurama lo veía con odio por haber conspirado en la muerte de Márquez Danzo y por haberle negado el hecho que Naruto también era su hijo.

Juro y maldijo a todos los que ayudaron a Mei a conspirar en su contra, se arrepentía de todo en su vida menos de tener la única felicidad que tuvo en ese mundo Naruto. Él si tuviera la oportunidad de volver al pasado lo haría, pero volvería a pasar lo mismo para tener a su pequeño hijo, quería decirle cuanto lo amaba, que él no había hecho nada.

Escuchó a lo lejos la orden de ejecución, no quería morir, era aún muy joven, siempre quiso aprender amar con locura, a conocer la felicidad al lado de la persona amada, de ver crecer a Naruto, comenzó a llorar a suplicar por una nueva oportunidad.

- Papi sé que no hiciste nada, te amo mucho papito – Gritó Naruto en desesperación ante la consternación de todo el mundo – Nunca te olvidaré papi –

Minato solo agradeció esas palabras abriendo sus ojos y mirando a su bebé, fue lo último que vio antes de que su cabeza fuese cortada, solo escuchó un grito y luego la nada.

Gritó de susto, abrió sus ojos azules observando el techo de la habitación, la conocía bien, era el cuarto Kurama.

Le costó ubicarse, aún podía sentir como su cabeza había sido separada de su cuerpo, pasó saliva por su garganta, sintió el peso y la incomodidad de la lengua que una vez le quitaron, estaba lleno de sudor y tembloroso.

Su cuerpo dolía, sentía el dolor fantasma de la tortura de los latigazos, los golpes, los cortes, vio sus manos en medio del amanecer, aun lisas y con todos sus dedos, le habían extirpados algunas falanges y otras las habían quebrado.

Las lágrimas no dejaban de caer, lo que vivió había sido real, tenía que serlo, de alguna manera, Némesis la diosa de la venganza había escuchado su suplicas.

- Qué te pasa – La voz ronca de Kurama llegó a sus oídos, había escuchado el grito del menor.

- Una pesadilla – Susurró sin darle la cara, aún tratando de tragarse todo el odio por ese hombre.

- Qué soñaste – Preguntó curioso, pasando un brazo por la fina cintura del menor, atrayéndolo a él.

- Soñé que perdía la cabeza – Contestó asqueado de estar entre los brazos de uno de los responsables de su muerte, y de toda una vida de dolores.

- Eso fue porque leíste muchas fábulas, mi amor – Le ronroneo al oído para posionarlo, debajo de él, busco la entrada del menor y lo envistió con fuerza, habían tenido sexo casi toda la noche por lo cual el menor aún estaba flojo de abajo.

- Mmmhha – Gimió Minato al sentir la intromisión, era imposible a pesar del asco que sentía, su cuerpo respondía sin que él lo desease, se sentía tan miserable.

- Eres tan rico Minato – Kurama estaba hechizado por el menor, tenía apenas catorce años, pero no le importó, iba a ser Minato su amante de por vida.

Lo penetró una y otra vez, hasta que sació su hambre por el menor, ya era de mañana cuando lo soltó.

Se levantó renovado de energía, habló con un sirviente diciéndole que dejara a Minato descansar todo él día si el menor lo necesitaba.

Sabía que lo había forzado al máximo, quizás no iba a poder caminar en todo el día, así que lo mejor era que descansara.

Kushina su hermana de quince años, vestida hermosamente con un vestido rosa pálido con hermosos volantes y un hermoso rubí en el centro del escote, bellamente peinada con un adorno en su cabello también de rubíes, le dio una mirada de censura.

- Buenos días – Dijo obviando la fea mirada de la menor.

- Dormiste algo siquiera – Espetó su padre Kyubi Uzumaki, sabiendo muy bien las cosas que estaba haciendo su hijo mayor.

- Poco – Sonrió sin vergüenza alguna.

Kushina lo observó pelirrojo y alto de veintiún años, era un varón que podía conseguir a quién quisieran, sus ojos cobrizos eran maravillosos y atrayentes para varias de sus conocidas. A pesar de tener prometida era altamente cotizado, aún así el imbécil que tenía como hermano mayor había fijado sus ojos en un niño.

- Gamberro sinvergüenza – Soltó su padre molesto – Dónde está el chiquillo –

- Durmiendo, no creo que sea capaz de caminar –

- ¡Kurama! – Gritó azorada la mejor

- Idiota, cómo dices esas cosas delante de tu hermana – Su padre lo golpeó con el periódico que estaba leyendo – Pobre mocoso – Sentía pena por el menor, pero él no tenía cara para decirle nada a su hijo, éste había visto el desfile de sirvientas con las cuales se acostó, y desde que Kurama había despertado su livido nunca fue a burdeles o busco a sirvientas para sasear las necesidades de todo varón. Pero desde que el chiquillo había crecido como un esbelto y hermoso joven, Kurama cayó presa de él.

Kyubi no mentiría se sentía incomodo de que su hijo de veintiún años, estuviera manteniendo una relación homosexual con un niño casi impúber, al menos no habrían consecuencias de aquella relación.

- Kurama ten más cuidado con lo que haces, piensa que es solo un niño aún – Le dijo el viejo cansando – Los sirvientes hablan, no quieron que se esparza el rumor que eres un pervertido asalta impúberes –

- Padre, no me interesa la eternidad como a esos otros viejos asquerosos que van a los burdeles a dormir con niños de seis años pensando que se van a mantener jóvenes por hacerlo – Respondió con censura sobre las prácticas de los de su misma clase – Minato es una cosa diferente, damelo como amante –

- No creo que tu futura esposa lo quiera, con el maldito carácter que se gasta – Kushina habló tomando té con elegencia que no estaba acorde a su manera de hablar.

- Demonios qué haré con ustedes, hablan como si fuesen de la calle – Se quejó el padre, que era viudo.

- No te alarmas, solo podemos ser nosotros dentro de esta casa, y cuando no tenemos visita – Kurama defendió a su hermosa hermana – Kushina tiene que mantener la imagen de niña perfecta, toda elegante y señorita, pero los dos sabemos que es un espíritu libre, de verdad tienes que cazarla con ese asqueroso de Mizuki –

- Maldición Kurama ya lo hemos hablado, si hubiera una mejor opción claro que la tomaría – El Conde estaba cansando desea conversación.

- Yo no me casaré con él, primero me muero padre, ve cómo lo haces para cancelar ese matrimonio o yo veré la forma de hacerlo y no te gustara – Amenazó la chica.

- Arruinaron por completo mi desayuno – Se levantó del lugar saliendo sin mirar a sus hijos.

Los hermanos se miraron y rieron ante la acción de su padre.

- Aún así, Hermano cuida de tu lívido es solo un niño, tiene un año menos que yo, no puedo creer que hayas abusado de ese angelito – Le reprendió.

- No estás furiosa por haberlo violado, lo estás porque no pudiste cortejarlo tu primero, te conozco Kushina – Ante lo dicho recibió la taza de té que su hermana estaba bebiendo – Kushina – Exclamó furioso al verse todo mojado por el té.

Las sirvientas acostumbradas a las peleas de los hermanos, limpiaron el desorden en silencio, ni aprobando ni desaprobando las acciones de sus amos, demasiado adiestradas por la familia Uzumaki que ya hasta lo encontraban gracioso, ninguno de sus amos las trataba mal, no tenían mala paga, ni castigos severos, a manos que fuesen muy merecidos. Así que esas cosas que hacían los jóvenes en privacidad eran nimiedades.

Minato despertó horas más tarde con mucha sed, dolía todo su cuerpo, Kurama era un maldito animal que nunca se saciaba de él. Trató de levantarse pero su cuerpo no le respondía, soltó quejido.

Kurama que se estaba cambiando ropa con ayuda de su sirviente, se giró al escuchar el quejido de su amante, fue junto a él, dejando al sirviente a un lado.

- No te muevas aún debe dolor todo tu cuerpo – Kurama mojó sus manos en la fuente que tenía para lavarse la cara, con agua fresca, para pasar sus manos húmedas por el rostro y el cabello del rubio, luego – Dame un vaso de agua fresca – Pidió a su sirviente que rápidamente hizo lo solicitado entregándole el vaso a su amo – Ten bebe – Ayudo al rubio a beber un poco de agua – Dile a las sirvientas que preparen el baño para Minato – El sirviente asintió saliendo de la habitación.

- Qué día es –

- Vaya Mina, piensas que estuviste inconsciente tanto tiempo que perdiste la fecha – Lo molesto antes de robarle un pícaro beso.

- En serio, Amo Kurama, que día es – Volvió a preguntar con mucho dolor de cabeza.

- diecisiete de febrero – Respondió al menor – Te sientes bien – Preocupado por el aspecto demacrado del menor, quizás si se le había pasado la mano.

- No muy bien mi señor –

- Ya, tranquilo, tomarás un baño, mientras arreglan la alcoba, luego podrás seguir durmiendo –

- No, eso no sería bien visto –

- A quién le importa lo que es bien o no visto – Se quejó el mayor – Te digo que descansarás y es una orden –

Las sirvientas llegaron en pocos minutos, haciendo una pequeña venia por estar en el cuarto de su amo, fueron al cuarto de baño, para prepararlo todo para darle un baño al amante de su Señor. Muchas no querían a Minato, lo culpaban de haberle meneado el trasero a su señorito Kurama, pero cuando vieron el cuerpo del menor todo magullado, ninguna pudo sentir otra cosa además de compasión.

Así que lo ayudaron a bañarse, apenas se podía poner en pie, todo su cuerpo tenía marcas indecorosas por el sexo apasionado de su Amo, algunas pensaban que solo el Conde Uzumaki era feroz con sus amantes, pero el hijo también lo era.

Al terminar el baño con la mayor suavidad posible, le colocaron un pijama muy suave de fino algodón al menor. La cama estaba recién hecha, con sábanas y ropa de cama nueva. Ellas ayudaron al menor a entrar a la cama, donde el rubio calló inconsciente, le dijeron que le subirían comida nutritiva si el señor lo permitía.

Una de las mucamas habló con el Mayordomo de la Mansión, el señor Tonari, le dijeron del aspecto del menor y que parecía estar sufriendo mucho, porque mientras estaba siendo bañado lloró mucho. Tonari un viejo de casi sesenta años que nunca tuvo descendencia quería mucho a Minato y lo había ayudado y dado un techo donde dormir desde que llego, lamentaba que el señorito de la casa hiciera tales cosas con un niño. Se tomó la atribución de hablar con la servidumbre de la cocina, para que le preparasen comido rica en energía al rubio.

Minato durmió al menos tres días consecutivos, vivió en una nebulosa, sus compañeras de servidumbre lo forzaron a comer las tres comidas importantes del día, le dieron baños a diario y trataron sus heridas, incluso cambiaban su pijama todos los días.

El cuarto día al fin pudo orientarse, sentía que todo lo vivido en su pasado/futuro, y esa noche y madrugada, lo llevaron al extremo tanto física como mentalmente.

Tocó su vientre con amor, ya sintiendo a Naruto dentro de él, quizás la Diosa había escuchado cuando dijo que lo más importante y lo que siempre volvería hacer en el pasado era tener a su bebé.

Esta vez haría las cosas completamente distintas, la primera era escapar de ahí, no iba a confiar en Kushina, no porque no la quisiera, en el fondo la quería mucho, la amo, pero no con ese fuego que él deseaba, si ella hacía lo mismo que el pasado terminaría con una tuberculosis y luego la muerte. Era demasiado preciada para él como para verla morir una vez más, ambos encontrarían la felicidad, lo juro.

Tenía que pensar en un plan, un buen plan para escapar de ahí. Pensó durante horas, pero el conde tenía conexiones grandes en todas partes de la nación, él trabajaba con sembradíos a lo largo y ancho de todo el imperio del Fuego, por lo cual tenía gente trabajando para él en todas partes, no podría escapar a los suburbios de la capital porque era exponer a su bebé.

Se mordió la uña desesperado, pensando en que hacer, hasta que al final suspiró encontrando la respuesta, él sabía todas las cosas que pasarían los futuros trece años, sabía que era arriesgado, pero había solo un lugar lo suficientemente seguro donde el poder del Conde no lo alcanzaría y ese era el Palacio Imperial.