Te veo ahí, jugando con tus muñecas de trapos, con aquella mente frágil, la cual ya no puede distinguir el bien del mal.

Un regalo de Dios quizás el no tener recuerdos de una vida que dejaste atrás para dar paso a la demencia.

Te miro a los ojos, te pregunto si te acuerdas de mí, tú solo sonríes inocentemente y niegas con tu cabeza, me invitas a jugar con tus muñecas en tus juegos de niña pequeña recuerdas los hechos atroces de un pasado que ya no existe para ti, pero que están latente para mí.

Muchos dicen que te volviste loca al no ser capaz de aceptar una realidad imposible de cambiar, aquella que estaba más allá de tus propios deseos.

Me siento culpable, culpable por hablar cuando no debía, solo dije la verdad para liberar mis propios demonios, para no seguir cargando la cruz que día a día me sumergía más y más en la mierda, puede que la culpa fue mía, lo sé.

Tus gritos aquella noche sin luna, todo lo presagiaban, ese día no era el correcto para hablar con sinceridad, aún así lo hice.

Cuan hechizo fueran esas palabras, desencadenaron en ti los instintos más bajos y ruines, las palabras fluían de tu garganta como veneno las cuales eran lapidarías para mí, una a una se iban enterrando en todo mi ser como mil agujas.

El sonido de los cristales al caer, tus mil maldiciones a Dios y el porqué te había dado un hijo así, qué habías hecho mal, para merecer tal castigo.

Tus golpes a la nada y a mi cuerpo, las lágrimas al caer por tu prolijo rostro ese rostro el cual siempre se mostraba impávido a todo, una máscara de perfección hacia el mundo.

Tú, la mujer más preocupada del qué dirán, la moral y las buenas costumbres, esa mujer cristiana que iba todos los domingos bien vestida a misa, la mujer perfecta con la familia perfecta, que se jactaba ante todos de su hijo perfecto, ese hijo perfecto era yo.

Tu peor castigo, sí, porque fui yo quien desmorono tu castillo de naipes hecho sobre arena...

El verano más caluroso en los últimos diez años, se hacía caer sobre las cabezas de los habitantes de Kioto.

Muchos hogares tenían todas las puertas y ventanas abiertas a más no poder, con ventiladores, disfrutaban de refrescantes frutas, tales como sandía, uvas, cerezas y piña entre otras y mucho hielo. Todas las personas vestían ropa ligera y a la vez lo más cómodas posible.

La historia comienza aquí un día caluroso, demasiado según yo, todo presagiaba un desastre de proporciones gigantescas aún así, yo estaba arto de todo, años aguantando tanto montaje, tanto cinismo, hipocresías y mentiras.

Nada era como ella lo hacía notar, yo jamás fui perfecto es más estoy muy lejos de serlo solo soy un humano, un hombre, uno que se enamoro de la única persona que no debía, del novio de mi hermana.

Duele hasta recordarlo, evocar aquellos recuerdos hacen que mi corazón sea estrujado por una mano invisible, y no es que me queje del dolor después de un largo tiempo te haces uno con aquella sensación, tanto, que si no la tuviera me sentiría un ente vació.

Todo lo contrarió a mí, él era una persona que sonreía sin miedo a nada o eso creía demasiado enamorado para ver las cosas desde un punto de vista imparcial, no supe hasta muy tarde todo lo que pagaría por aquella sucia sonrisa.

Ese año había terminado mi época de escolar, después del verano entraba a la universidad a una de las más prestigiosas del país, todos gracias a mi implacable prontuario escolar y de calificaciones. A decir verdad no me encontraba nervioso ni entusiasmado de entrar, la universidad significaba para mí una cosa más que hacer para que mi madre se sintiera satisfecha y parloteara sobre mí con sus amigas, entraría a estudiar Derecho la carrera que tanto ella quiso estudiar, pero que no puedo realizar ya que debía casarse con mi padre.

Sí o sí debía ser el mejor en todo, mi madre me crío para aquello, mientras que a mi hermana mayor la consentía en todo, la pequeña princesa de la casa, jamás se le exigía hacer algo si ella no lo deseaba, demasiado preciosa y dama a los ojos de los demás tanto que por ello se le era perdonado su carácter caprichoso e insoportable, sus malas conductas, y aún así decían que ella era una dama, pobres idiotas.

Nadie se metía conmigo, muy perfecto y con aquel porte y altura intimidatoria ante todo, aquella expresión fría que adornaba mi rostro de porcelana, tenían miedo de acercarse a mí, todos menos él, mi maldito infierno personal, hasta entonces, ese bicho desgraciado con aquella lengua subdesarrollada, nadie podría competir con él en la agilidad de mover su boca, más de cien palabras por segundos, su silencio no duraba más de un minuto y aquello era un reto, ahora sonrío jamás me di cuenta de todas las cosas que hacía para sacarme de mi fuero interno y lo logró, con creces, mi hermanastro Naruto.

Con el pasar de los años, aquel tonto que odiaba y que me odiaba se convertiría en mi único pilar para caminar entre los humanos, digo aquello por que dudo yo ser uno.

Ese día, me encontraba más frío y alejado de todo que antes, y como no, la personas que tanto había idolatrado se había aprovechado de mí, simplemente para probar cosas buenas, nuevas sensaciones, y al percatarse de mi embobamiento para con él, no dudo en cazarme con un vil gato, cuando me di cuenta de lo que hacía ya era demasiado tarde el se había aprovechado de mí, me tomo, me hizo suyo, fue desgraciado en aquel momento lo hizo sin pensar en mi dolor o que era mi primera vez, pero al mismo tiempo fue suave y actuó con un poco de ternura que nunca más vi, me convertí en su amante, solo el sexo nos unía, el decía casas preciosas en mis oídos y yo creía, como un idiota.

Por un momento me di el permiso de soñar que dejaría a mi hermana, me elegiría a mí, pero aquella noche, antes del día de la gran tormenta, en la cena, la parejita dejaron caer la más maravillosa sorpresa, se casarían, hasta habían ido a fijar la fecha de matrimonio, mi infierno personal me miró con preocupación, hasta ese momento me percate que el maldito idiota, de idiota no tenía nada

La sangre me hervía, las malas intensiones comenzaron a bullir de mí, le odie tanto en ese momento, que olvide hasta mi nombre, lo único que ocupaba mi cabeza era destruirle, no solo a él, sino también a mi tonta hermana, ella quien lo tenía solo con chasquear los dedos, en cambio yo debía hacer meritos para obtener algo.

Mi padrastro, me hablo, pero no entendía nada, mis oídos estaban inundados por un sonido parecido la estática de una televisión sin señal, era la ira que se apoderaba de mí, podría haberlo domado, mas deseaba secretamente contaminar a todos los presente con mi propio veneno, mi boca estaba complemente ponzoñosa queriendo envenenar todo a su paso, ese que toda una vida cultive, contra mi padre, ese hombre que había muerto en la guerra, dando su vida por otros sin pensar en sus hijos, mi hermano mayor quien siempre estaba fuera de casa, escapando de los ojos y boca de mi madre, mi hermana de en medio esa mocosa insoportable y consentida mentirosa e hipócrita que tanto odiaba, mi padrastro...bueno él era un buen hombre un poco tonto pienso al ver elegido a mi madre como compañera de vida, pero le entiendo mi madre si sabía cómo engatusar a un pez gordo como lo era mi padrastro Minato Namikaze, éste solo quería una madre para su pequeño hijo, mi hermanastro el tonto infierno personal que me atormentaba de día y de noche, saliendo con cada disparate, pero con solo pensar en él mis ánimos de destrucción se calmaban un poco, pero esa vez fue diferente puesto que ese tonto, estaba igual o más furioso que yo, con el tiempo me rebelo que siempre estuvo consiente de mis sentimientos para con el novio de mi hermana.

No hizo nada, casi no habló, por primera vez casi se quedó callado, dejo la mesa en casi un completo silencio, el casi fue por:

"espero que su vida sea un infierno, porque no hay otra cosa que dos monstruos, como ustedes, se merezcan"

Su padre se levanto excusando el comportamiento de su hijo, fue tras él, mi madre se altero por las palabras dichas de su hijastro Naruto.

Yo ahí, como los puños apretados, y mi labio inferior sangrando, en un acto desesperado con controlar las emociones que inundaban mi ser, entonces el detonante de todo, fue una tonta canción que colocó Naruto, mi infierno parlante, I Get It de Chevelle, una canción de su grupo favorito, todo lo que decía la letra era verdad, por lo menos en mi vida, ahora rió, al recordar tal detonante, solo Naruto podía canalizar su ira a través de la música tarrera, como yo le llamaba, la casa fue reinada por la melodía y la voz del vocalista.

Levante la mirada observe ese extraño cuadro, mi madre ahí ofuscada por el mal comportamiento de Naruto, mi hermana le seguía la corriente, siempre le odio por ser el heredero del imperio que gobernaba su padre, todo lo que ella deseaba, Naruto lo tenía hasta el amor no correspondido que profesaba el verdadero amor de Kin, Sabaku no Gaara, un pelirrojo de muy buena familia, tan frío como el hielo y tan impasible como una roca, igual que yo en muchos aspectos con el mismo detonante: Naruto, mas Naruto jamás le tomo en cuenta como un amor.

Kimimaru, mi primer amor, el peor de todos, abrazaba a mi hermana, mientras sus ojos azules, fríos como el metal me observaban con burla, incitándome a hacer algo, pensó el muy estúpido que Uchiha Sasuke, se quedaría calladito como siempre, ese fue su error el confiarse.

-Bien- Dije llamando la atención de las tres personas que más odiaba en el mundo- Permítame que les de mis felicitaciones- Susurre, Kimimaru, movió sus cabellos blancos de lado a lado, en un esfuerzo por aguantar la risa que yo le provocaba, eso me dio más fuerzas para acabar con todos e irnos juntos al mismísimo averno -Pero antes de desearte mis buenos deseos, hermanita…-Comienzo a botar todo el veneno que tenía en mi boca -Quiero que te enteres de algo que ha pasado en esta casa, en tus narices entre tu novio y yo- Ahora soy yo el que sonría con burla al mismo tiempo sadismo, el esbelto cuerpo de Kimimaru se tensó, mi tonta hermana me miraba sin entender nada de lo que dicía, mi madre en cambio frunció el ceño.

-¿Qué paso en mis narices, Sasuke?- Preguntó con petulancia.

-Que el "hombrecito" de tu novio, te diga que hizo conmigo- Enfaticé la palabra hombrecito -En mi cama- Agregué con maldad, como sospeche están tarada que no pudo comprender lo que decía, mi madre se llevó una mano a su pecho, tomó aire repetidas veces, se sentó en la silla tratando de respirar -Vaya madre, creo que has entendido, todavía me pregunto a quién salió tan tonta Kin, Itachi y yo somos muy inteligentes, tú también pareces serlo, pero que va si tú eres toda una zorra astuta -reconozco que me pasé con los insultos, pero ese fue solo el comienzo.

-Sasuke, cómo te atreves a hablarle a nuestra madre así- Me recriminó Kin- Ella se ha desvivido por nosotros y...-

-Corrijo, se ha desvivido por ti y por el qué dirán- Le corté - No por mí, ella lo único que haces es exigir y pedir más... ¿no es así Mikoto?- grité, Kin da un saltito se ah espantado ¿Cuándo su hermano había gritado? Nunca.

-¿Por qué estás tan enojado?- Preguntó Kin inocentemente, tanto que casi me dio pena esa vez.

-Te digo que se lo preguntes al poca cosa de tu novio-Volví a gritar - Pero veo que es solo un cobarde- Retomé mi tono de voz bajo pero prepotente -Te diré un secreto, Kimimaru tiene un pequeño problema con su curiosidad y el sentir sensaciones nuevas, como eres tan boba apenas y te diste cuenta que yo estaba enamorado de tu novio- Mi madre dio un alarido ahogado – Sí madre, soy un maldito maricón, como tú les llamas, con el primero que me la monte fue con Kimimaru...me hizo suyo, casi rayando en la violación y aún así yo el ingenuo le deje hacer lo que quisiera con mi cuerpo, por muchos meses...así es Kin tu novio resulto ser un cochino, después que me follaba iba donde ti y te tomaba, después de meter su pene en mi ano, te lo clavaba en tu vagina - Reí al ver las expresiones de los tres -Vaya Kin ahora ya no te ves tan segura de ti, ¿qué paso con tus aires de todopoderosa?...y tú, maldito bastardo tienes tan pocos cojones para siquiera desmentir lo que estoy diciendo- Observé a mi madre llorando -Aquí tienes tu perfecta familia, tu perfecto hijo, Itachi tu hijo mayor, se escapo de ti para no hacer de su vida una miseria, tú lo sabías, el te lo dijo...tus dos hijos, dos malditos maricones, tú le echaste de aquí cuando viste que Minato-san y él tenían una relación muy estrecha para tu gusto, estoy seguro que siempre tuviste miedo que él tu cajero automático personal -No medí palabras solo tenía el bajo deseo de herirla tanto como ella lo hizo conmigo.

-Basta, Sasuke- Gritó Kin- Deja de mentir- Rugó destrozada -Kimimaru di que es mentira...dilo- Le exigió a su novio.

-Lo siento pero no puedo- Habló serio -Él es mucho mejor que tú en la cama, gime mejor, es mucho más estrecho y caliente que tú- Dijo con mofa- Sabes que yo no pierdo nada al no casarme contigo soy heredero de un imperio tan grande como el Namikaze, si todavía deseas casarte conmigo, y sé que así será, puesto que la avaricia te corroe, me aceptaras como tu esposo sin recriminar mis pasatiempos u amantes- Fue el discurso más descarado que he escuchado en mi vida- Sasuke, tú eres diferente aunque te pidiera ser mi amante, ya no lo serías, eres un monstruo que acaba de destruir su familia- Sonríe -Sabía que si te apretaba un poquito serias capaz de todo esto, fue muy divertido-Estaba por matarlo, pero Naruto se me adelantó.

-tú, maldito bastardo – Gritó furioso mientras se lanza encima de él, Naruto es un as en el combate, su pasatiempo oculto es de gamberro, no le da tiempo ni de reaccionar al imbécil de Kimimaru, lo golpea sin cesar.

-No Naruto- Volvió a gritar Kin, tratando de soltarlo, en eso llega Minato, tratando de separar a su hijo de Kimimaru quien parece que va a morir a punta de golpes, Naruto es un pequeño demonio, un zorro indomable cuando se enoja.

-Sasuke, ven a la cocina- Ordenó mi madre con voz impávida, veo mi rubio padrastro quien me asiente con la cabeza, sin imaginarse lo que estaba por suceder.

-Es mejor que le hagas caso- Dijo en voz alta para pasar sobre los gritos de Naruto- Hijo ya suéltalo-ordenó mientras lo sujetaba

-Que no- Le lleva la contraria a su Padre Naruto- Lo voy a matar, nadie juega con los sentimiento de mi Teme- Eso me conmueve, toda la vida protegiéndome, preocupado por mí -No dejaré que nadie le haga daño, mientras yo esté vivo…- Eso lo último que escuchó, antes de ir con mi madre.

Cuando llego, ella esta de espalda observando por la ventana, con los brazos cruzados.

-Así que eres un cochino e inmundo maricón- Comienza diciendo, y yo hasta ese momento preferí callar-sabes cuánto eh hecho por esta familia, los sacrificios, solo para ser respetada- Me preguntó

-Mejor dicho, para alardear y que todos te tengan envidia-Le repliqué ofuscado –Acéptalo, esa es la verdad, tú no piensas en mí o en Itachi solo en tus intereses, y los de tu hija, la consientes por que sabes que ella puede ser tu único trofeo quien te puede dar una vejez digna y confortable, por si acaso a Itachi se le ocurre volver y tratar esta vez con éxito de quitarte a tu marido- Siseé con los dientes apretados- Nos odias, tanto a él como a mí, por parecernos a nuestro padre, a ese egoísta hombre que abuso de ti, que te quitó tu juventud al embarazarte de Itachi, nos haces pagar tu dolor, yo no pedí nacer- Grité -Yo jamás te pedí algo en la vida, en cambio tú te has pasado la vida exigiendo cosas, cada vez más, sin importar si yo estoy de acuerdo con ello-

-Cállate- Gritó, mientras se vuelve y me golpea en el rostro- Mocoso de mierda, tú no arruinaras toda mi vida, por un infantil capricho, no destrozaras el futuro de tu hermana-Me amenazó, entonces caigo en cuenta que en una de sus manos carga un cuchillo- Aunque tenga que matarte, te juro Sasuke que no destruirás mis planes- Vuelve a golpearme, estoy estático, tiene el cuchillo en mi abdomen- Ahora sé el niño obediente de mamá y quítate la camisa- Me ordenó, su voz es desquiciada, sus ojos están desorbitados, le hago caso, o estoy seguro que es capaz de apuñalarme, cuando me la quité vuelve hablar- Arrodíllate-

Lo hago asustado, mi respiración ésta entrecortada, me estremezco por el miedo que siento, que jamás nunca volví a sentir

-Levanta tus manos, ponlas sobre tu cabeza-así lo vuelvo hacer, me ató las manos con hilo cáñamo, que era bastante fuerte - Así que eres un maricón ¿eh?, dime Sasuke te gusta que te la metan por el culo, te gusta hacer el papel de una mujer- Gritó, comenzó a pegarme con su cinturón, solo atiné a guardar silencio y morderme los labios para no gritar por el dolor - Maldito mocosos del demonio, crees que te críe para ser un maldito enfermo desviado -Sus golpes fueron más fuerte a cada minuto - ¿En el comedor no eras tan hombrecito?, vamos di algo ahora- cambió cinturón por el palo de la escoba, golpea todo mi cuerpo, no puedo más que sollozar en silencio-estás llorando mariquita- preguntó furibunda de ira

Me pateó y volvió a insultarme, estoy medio aturdido ya que muchas veces me golpeo en la cabeza, todavía podía escuchar los gritos del comedor, el sonido del estéreo a todo volumen, la cocina se encuentra en la parte más alejada de la casa y es difícil que algo se escuche desde las otras habitaciones.

Caí sobre la fría baldosa, estaba seguro que mi espalda está sangrando al menos ella dejó de golpearme, pero entonces sentí sus paso, se acerca a mí, baja mis pantalones con fuerza, si antes tuve miedo en ese momento estaba aterrado, en acto de desesperación traté de huir

-No, no te escaparas, pequeño bastardo- Dijo mi madre, sin contemplaciones me cortó la espalda con el cuchillo, grito de dolor, sentí el calor de la sangre correr por mi lastimada espalda- Quédate quieto, si no quieres que esta vez te clave el cuchillo- Me amenazó con voz de loca.

Le hice caso, me quedé quieto, cerré los ojos y recé para que se calmara y no siguiera haciéndome daño, por primera vez mis lágrimas corren sin cesar.

Abrió mis nalgas con fiereza y antes que pudiera asimilar lo que estaba haciendo, grité de dolor, un dolor tan agudo como si fuese a morir, sentí casi como si mi cuerpo se hubiera partido en dos. Mi madre acabó penetrándome con algo demasiado largo y grueso.

-Vamos, Sasuke aguanta- Ordenó con una risita desquiciada- Si a poco y comienzas a tener una erección, ¿acaso no dijiste que eras maricón?...entonces podrás tragarte un simple nabo ¿verdad?-

Volvió a sacarlo y a meterlo, una y otra vez, sentía tanto dolor que me ahogaba a causa de él, no podía respirar, cada vez lo hacía más fuerte, estaba muy lejos de sentir placer o cualquier cosa que se le parezca, era un dolor tremendo.

-Por...favor...Ma...ma, bas...ta- Pedí casi al borde de la inconsciencia

-Ahora recuerdas que soy tu madre, que me debes respecto y sumisión- Le escuché decir- Un poco, más Sasuke, a ver si de esta forma puedo volver a convertirte en un hombre- Me enterró el nabo, con fuerza, en mi ano, haciéndome contraer todo mi cuerpo por el dolor de tener un cuerpo extraño dentro de él.

-AAAHHHHHH-Grité el dolor cada vez era más fuerte, las baldosas estaban llenas de lágrimas y saliva, sentía que me moría, sin querer vomité a causa del dolor. Mi madre siguió golpeándome y luego grita horrorizada, vuelve a gritar con más fuerzas.

-¿Qué he hecho?- Se preguntó a sí misma, de la nada comenzó a quebrar todo lo que había en la cocina –Tú...tú demonio, no eres mi hijo- Comenzó a lanzar la vajilla sobre mi cuerpo- No lo eres, devuélveme a mi Sasuke...el es un niño bueno, Itachi devuelve a mi hijo- Pidió desesperada, mientras seguía lanzando cosas, llama a mi hermano, tanto le odia que le culpa de todo lo que está pasado, en su desquiciado estado cree que yo soy Itachi

De pronto sentí que un dolor sin igual, mi madre me había apuñalado en la espalda, en eso la puerta se abrió, escuché un grito horrorizada de Kin, los pasos de otras personas entrando.

-Sas...Sa...suke-llama Naruto, su voz sonó tan lejos, no sé en qué momento, estuvo a mi lado.

-Aléjate de él, es un demonio, te contaminaras- Le previno mi madre -Está sucio...tú eres un buen niño Naruto- Pero Naruto no le hizo caso sigue a mi lado, sus ojos buscaron los mías, jamás había reparado en la belleza de sus cuencas azules hasta ese instante, sus ojos reflejaban tantas emociones, frustración, dolor, pena, están cristalizados- Aléjate –Aulló mi madre aun con el cuchillo ensangrentado en mano, en un intento de alejarlo de mí, vuelve a levantar su mano empuñando el cuchillo, el cual contiene mi sangre, pensé que me iba a apuñalar lo pude sentir, mas Naruto se pone entre mi madre y yo, como resultado el brazo derecho de Naruto resulta herido, pero éste no parece importarle nada- ¿Por qué proteges a ese demonio?- preguntó mi madre.

-Na...ru...to- Balbuceé preocupado.

-Por qué lo amo- respondió con seriedad cargada de emoción, mi mejor amigo me amaba -siempre le eh amado- Confesó, las lagrimas volvieron a mí, ¿cómo no había visto antes?, siempre estuvo ahí.

Minato en un acto heroico tomó a mi madre por la espalda y forzó con ella hasta quitarle el cuchillo, parece que todo fue demasiado para ella, después del shock que le propine y lo que ella hizo en esa cocina, cayo inconsciente en los brazos de Minato.

-Urgencia viene en camino-informó Kin, quien estuvo a mi lado, tocando con suavidad mi cabeza, fue la primera vez que la vi llorar - Lo siento- Pidió -lo siento- Repitió -hermano- caí en una especie de letargo apenas era consciente de lo que pasaba a mi alrededor.

Cuando volví en sí, me encontré con un techo blanco y a oscuras, sentí mi garganta seca arder, un sonido extraño llamo mi atención, era una de esas maquinitas que marcan el ritmo cardiaco, no recuerdo el nombre, hice el impulso de levantarme, todo mi cuerpo dolía, traté de recordar por qué estaba en una habitación de hospital, los recuerdos llegaron a mí como si fueran una cinta de película todo al comienzo era lento las imágenes están en blanco y negro, después llegó el sonido y los colores, no pude más que cerrar mis ojos tratando en un vano intento de disipar esos momentos vividos.

Una mano tomó uno de mis hombros, di un respingo, mis ojos buscaron a la persona, para mi sorpresa era nada más ni nada menos que mi hermano mayor.

-Itachi-dije con una voz ronca, tan diferente a la mía, el agarre se hace más fuerte.

-hola tonto hermano pequeño-Me saludó con su voz neutral- Al fin despiertas - Sonrió como solo él sabe hacerlo, me soltó, fue hacia la ventana para correr las cortinas, mis ojos se cerraron automáticamente, por el resplandor que entró por la ventana e iluminó toda la habitación-Hace tres días que duermes-me informó

-Naruto... ¿cómo está Naruto?- Pregunté cuando mis ojos se acostumbraron a la luz, Itachi había cambiado, después de cinco años sin verle, su cabello era largo y sedoso, todavía poseía esas extrañas ojeras, sus ojos son iguales o más profundos que los mías, pero era su cuerpo lo que más cambió, estaba mucho más desarrollado que el mío, era todo un hombre a sus 22 años.

-Ese enano, está mejor que un roble, nada le quita sus súper baterías- Me tranquilizó divertido- Fue a casa a descansar, porque le obligue a salir de aquí, no había querido dejar la habitación mientras no abrieras tus bellos ojos, se nota que te quiere mucho- Opinó, bajé mi mirada, observé las sabanas blancas como si ellas escondieran los misterios de la vida.

-Madre, se encuentra bien- Itachi notó mi titubeó, se sentó sobre mi cama, tomó una de mis manos entre las suyas -¿Qué pasa? -Pregunté dudoso de saber la respuesta.

-Sasuke-Itachi acarició mi rostro con delicadeza -Mamá ya no será igual, la impresión de tu condición sexual, la peleas, los gritos, el daño que te provocó, la declaración de Kimimaru y Naruto, la trastornaron- Mis lagrimas corren en silencio- Sasuke, no llores- Pidió con voz dulce, esa voz que solo usaba conmigo.

-Fue mi culpa, mamá está loca, por mi causa- Dictaminé resuelto -No debí hablar, me deje llevar por la rabia, no pensé que se volvería loca, la destruí- Mi voz delató mi sufrimiento y culpabilidad, Itachi me abrazó con ternura- La mate en vida- Me aferró en él, escondí mi cabeza en su pecho, Itachi colocó una de sus manos en mi nuca, comenzó a darme pequeñas caricias.

-No, Sasuke, no es tu culpa, ni la de nadie- Me consoló -Las cosas pasaron, en algún momento toda esa olla a presión de mentiras e hipocresía tenía que caer, tú solo fuiste el detonante, pero no el culpable-

-Kin debe odiarme- Nunca me importo mi hermana, pero sus últimas palabras calaron hondo en mí para siempre.

- No, no te odia, se siente tan o más culpable como tú o yo -Le miré extrañado - Sí, Sasuke yo también soy responsable, me aleje de aquí a la primera confrontación de mi madre, escapé, los dejé solos con ella a sabiendas de sus locuras, y no luche por mi vida, mi condición como tú lo hiciste - Se autocriticó- Aún así nadie es culpable, solo fue asunto de la acción y consecuencia, nadie puede contra ella-

-Minato-san ¿qué piensa al respecto?- Necesitaba saber que ese hombre, mejor dicho mi padre, porque lo era, no me odiaba.

-Bueno, para él fue muy fuerte todo lo que paso-Suspiró cansado antes de seguir hablando- Le costó un mundo sacar a Naruto de encima de Kimimaru, por cierto le quebró no sé cuanto huesos, lo mando a coma por unas horas- Dijo entre divertido y preocupado - De verdad que ese rubio es un pequeño diablillo- Yo asentí -No te preocupes su familia no está loca para hacer algo en contra de Naruto, el mejor amigo de los hijos de varios Yakuzas- Rió bajito - Para después encontrarse con la horripilante escena en la cocina, tú no sabes nada de eso por que estabas casi inconsciente, pero parecías un muñeco de trapo todo roto- Cambio el semblante a uno serio- Dijo que fue horrible, estabas tirado lleno de sangre y golpes, en medio de loza quebrada, con los pantalones abajo y esa cosa metida en tu entrada -me atrajo a él nuevamente - Casi mueres- Revelón con la voz quebrada, yo quedé sorprendido- Hubieses visto a Naruto parecía un alma en pena, cuando los médicos digiero que quizás morirías por un falta de sangre, habías perdido demasiada sangre, tuvieron que intervenirte por que el nabo te había roto muchos vasos sanguíneos y la apuñalada rosó tu pulmón izquierdo, Minato-san me llamó inmediatamente, viaje lo más pronto que pude-tomó aire- En fin Minato-san te quiere, eres como si fueras su hijo de sangre, no le importa tu condición sexual, menos ahora que sabe que Naruto te ama, solo quiere que te recuperes-

-No me culpa por mi lo de mi madre- No podía creer que todos sean tan buenos conmigo.

-nop, piensa igual que yo, ese día, hoy o pasado, el resultado hubiese sido igual- Me tranquilizó- Así que no pienses en los quizás no sirve de nada y no es bueno para la salud, bueno Sasuke llamaré a la enferma, debí hacerlo cuando despertaste pero creo que no me hubieras dejado en paz, si no te contaba todo esto- Besó mi frente -Llamaré al zorrito ese, para que venga al lado de su gatito- Cerró uno de sus ojos pícaramente.

Al rato llegaron la enfermera junto a un médico, me examinaron y se cercioraron que todo estuviera bien conmigo, me colocaron por intravenosa un relajante muscular para que descansara, cerré mis ojos y dejé que el fármaco hiciera su efecto.

Desperté cuando un tibio y cálido beso toca mis labios, parpadeé unos momentos antes de ver el responsable de tal gesto, sonreí adormilado.

-Dobe- Dije

-Teme- Me respondió feliz

-¿Cómo está tu brazo?- Le pregunté mientras me acomodaba, Naruto me ayudó, detesté sentirme convaleciente peor recibir tanta ayuda de Naruto, cuando debería ser yo quien lo protegiera.

-Muy bien, no puedo decir lo mismo de ti, te pareces un fantasma- Me picó con ese tono de voz burlista que él tenía para hacerme sacar de quicio.

-No lo sé, ves que no tengo un espejo para apreciar mi divinidad- Le respondí sin diversión pero él lo encuentra gracioso- Gracias Naruto- Dije de pronto- Si no te hubieses entrometido, como todo el tiempo-Mi voz se quebró al agregar -Estaría muerto quizás-

-Sí, lo sé, algunas veces sirve que sea un métete- Sacó su lengua con picardía mostrando el piercing que tiene en medio de ella -No creas que esto te va salir gratis, ahora tendrás que pagar por mi acto heroico-

-joder, deja que salga de aquí antes de cobrar- Naruto muchas veces puede hacerme enojar, sacarme de mis casillas, pero también tiene el don de hacerme sentir feliz, completo, volverme un chiquillo, claro que eso él jamás lo sabrá.

- Mi paga la tienes aquí mismo- dijo, rápidamente toma mis labios entre los suyos, nos besamos con calma saboreándonos, nuestras lenguas jugaron y danzaron al mismo compás, no luchamos por quien doma al otro, nos dejamos llevar, nos abrazamos, mi corazón vibró, supe en ese instante que siempre le ame, que Kimimaru solo era un encantamiento del momento, Naruto siempre fue el único ser que he querido para compartir mi vida.

Desde ese día muchas cosas cambiaron, Naruto y yo, nos convertimos en novios, un tanto peculiar, debo decir, siempre peleábamos, pero éramos como dos volcanes en nuestra cama, no había uno pasivo y otro activo definido, los dos ejercíamos los mismos derechos con el otro, comencé a ser feliz, a descubrir quién era yo de verdad.

Con Kin las cosas mejoraron, fue un gran golpe para ella lo de mamá y Kimimaru, pero pronto se recupero, conoció al hermano de Gaara, Kankuro un chico extraño pero cariñoso con ella, era feliz lo único que importaba.

Minato-san vendió la casa, no quería que yo volviera ahí una vez salido del hospital compró una más linda y pequeña, Itachi se instalo junto a nosotros, estaba seguro que esos dos tenían algo, aunque no querían aceptarlo al principió, hasta que una vez los pillamos en plena acción en la cocina, de ahí fueron muy abiertos en mostrar su amor ante nosotros.

Yo me cambie de carrera, a nada más ni nada menos que Artes escénicas y Audiovisuales, ahora soy uno de los mejores en la industria, Naruto en cambio eligió algo que nunca espere que al él le podría gusta, Ciencias Políticas, se le metió en la cabeza el bicho majadero de que en un futuro no muy lejano será el primer ministro de nuestro país, aún no lo es pero ahora es el congresista más joven de Japón y abiertamente gay.

Gaara me odió por mucho tiempo, por robarle a su pequeño zorrito, hasta que conoció a mi primo Sai con el cual lleva una relación igual o más tormentosa pero divertida que yo con Naruto.

Han pasado más de doce años desde ese incidente, hoy es el cumpleaños de mamá pero ella no lo recuerda, sigue jugando con sus muñecas, todavía coloca al malo de la película a Itachi, nunca entendido por qué le odia tanto.

No le guardo rencor por lo que me hizo, me costó salir adelante, las pesadillas se apoderaban de mí, tenía miedo de aceptar con otros mi condición pero Naruto siempre estuvo ahí en mis momentos de flaqueza.

Salí adelante, la perdoné por todo, aún así me gustaría que un día ella pudiera otorgarme su perdón, a pesar que todos digan que no fue mi culpa, lo fue, los quizás existen, nuestras decisiones y acciones siempre alcanzaran a los demás como un efecto domino, del cual nadie puede escapar.

Aprendí a vivir con el peso de la conciencia, a ser mejor persona, a ser consciente de que estamos encadenados las decisiones de nosotros mismo a las de otras personas, por ende siempre estamos propensos a ser destruidos o bendecidos por las manos de la acción y consecuencia.

Dejo atrás el psiquiátrico, no sin antes besar los cabellos alguna vez ébanos ahora cenizos de mi madre, sonrió al divisar aquella revolucionaria cabellera rubia en un parqué cercano al psiquiátrico, es mi Naruto que juega de aquí para allá, con nuestros dos hijos, adoptados, pero hijos de nuestra alma, a quienes criamos con amor y devoción, pero con el terrible miedo de equivocarnos como padres, porque nosotros los padres muchas veces decimos querer saber todo de nuestros hijos, pero hay veces que hay verdades que no deseamos escuchar.