NO PUEDO OLVIDARTE


Disclaimer: El mundo de «Boku no Hero Academia» pertenece a Kōhei Horikoshi. La siguiente historia no tiene ánimo de lucro, ni nada parecido. Sólo es una historia creada por divertimento.


Notas del fic:

El primer aviso —y más importante—, es que esta historia tiene rating MA, es decir, niños sensibles iros a dormir XD. Contiene sexo explícito, y si sólo habéis leído de mis fics «El resultado del examen», vais a notar que tiene un estilo más crudo. Así que en serio, buenas noches, niños.

El segundo aviso es que la historia es un KamiJiro exclusivo y se ambienta en el futuro (no hay manera de que haga un lemon con la edad actual del manga, eso ya lo he dicho otras veces). Son adultos y han pasado por sus cosas, así que no esperéis que sean fieles al manga.

Y tercer aviso, este fic es un relato corto y, por tanto, tampoco esperéis la historia más elaborada del mundo. Es algo sencillito para cumplir su objetivo y ya… ¿Ok? Pues eso.


Notas de la autora para los que seguís mi otro fic (obviables):

Antes de que me matéis por escribir otra cosa en vez de seguir el fic de «El resultado del examen», decir que… es que la creatividad es muy perra. Ya lo he dicho más veces, pero es lo que hay.

No era mi intención hacer otro fic, en serio. De hecho, últimamente me había dado un pequeño arrebato con otro que tengo abierto en otro fandom y al que le quedan una miseria de capítulos. Y estaba en plan: «joé, a ver si lo termino y así uno menos que me da guerra para poder centrarme en el resto». Vamos, si es que estaba de una emoción que ni os imagináis cuando me ventilé dos capítulos y ya estaba toda feliz de que faltaban tres o cuatro más como mucho y finiquitado. Pero en esto que de repente se me quitan las ganas de escribir y yo toda loca por quedarme a un tris de terminar. Qué desesperación…

Así que empecé a leer un poco, porque muchas veces, leer otras historias como que me reactiva. Y acabé en una de Kaminari y Jiro que empezó bastante bien, pero hacia la mitad yo ya estaba en modo WTF?!

Y ¡boom! Apareció esta historia. En serio, este fic me surgió de pronto el jueves por la noche y sólo el viernes (festivo en España) había escrito más de 6000 palabras (los dos primeros capítulos). Si es que me está saliendo solo. Si pudiera escribir de esta forma siempre, no tendría traumas en mi vida con las historias que no me da tiempo a escribir T_T

En fin, ya siento que mi creatividad esté un poco espesa con las historias que tengo pendientes y luego, en cambio, le dé la hiperactividad con otras de nueva cosecha. Pero espero de verdad que os guste y al menos os valga la pena mi distracción ;-D


NO PUEDO OLVIDARTE


Capítulo 1

Sólo cuando estuvo delante del local, valoró que aquello podría no ser una buena idea.

Kyoka sacudió la cabeza ante ese pensamiento negativo, aunque no pudo evitar sopesar que, si le había asaltado esa alarma tan de repente, era porque el día no iba a terminar bien.

Suspiró con cierto nerviosismo. Ese día era la prueba de fuego que le marcaría si le había dejado por fin atrás o tenía que optar por la alternativa drástica. Se suponía que hacía meses que ya no le afectaba ver noticias de él; por eso estaba allí. Habían pasado cinco años, por el amor de Dios. ¡Un maldito lustro!

Cinco años en los que el único contacto que habían tenido eran mensajes cordiales en sus cumpleaños y navidades.

Kyoka atravesó la puerta de entrada y se sorprendió en cierta manera de ver tanta gente allí una hora antes de la actuación. Sólo quedaban dos mesas libres y en la zona más alejada. Por supuesto, tras sentarse, la otra no tardó ni dos minutos en ocuparse. Sabía que el grupo tenía bastante fama, pero no se había esperado que llenaran un local acondicionado para espectáculos para una actuación a las diez de la noche un martes laboral.

Miró la tarima que configuraba el escenario con cierta nostalgia. Desde que dejó la banda tras su ruptura con Kaminari no había vuelto a tocar en público. Era paradójico que fuese ella la que decidiera salirse cuando su vida había girado sobre la música. Pero había quedado tan hecha polvo, que ni la música la había ayudado entonces. Siempre había sido bastante positiva con las letras de sus canciones, y aunque a muchos artistas las malas experiencias los inspiraban, con ella había pasado justo lo contrario. Se había bloqueado totalmente y apenas era capaz de tocar. Por eso, había decidido marcharse y enfocarse más en su carrera de heroína.

—¡Oh, Dios! Sabía que perder el autobús nos saldría caro. ¡No quedan sitios cerca! —protestó una chica que acababa de entrar en el local.

—Aún quedan algunas sillas libres. Podríamos cogerlas… —sugirió su amiga.

Kyoka observó el local y se dio cuenta de que incluso las sillas libres de algunas mesas ocupadas que había cuando entró empezaban a escasear. La barra estaba también hasta los topes y otras personas se ubicaban de pie por los laterales.

—Perdona, ¿están ocupadas? —le preguntó la chica a Kyoka. Ella negó y, tras separarlas un poco de la mesa, se sentaron.

Seguía algo asombrada del seguimiento que tenía la banda. También era cierto que en gran medida su popularidad aumentó cuando dos de sus miembros se hicieron conocidos por su profesión de héroes. Pero en vista del aforo en un día laboral, sabía que, de no haber progresado en su carrera principal, habrían tenido futuro en la música.

Reconocía que no estaba muy al día del grupo. Ver noticias de ellos era una espina dolorosa clavada en el pecho. Lo que empezó como una actuación para el festival cultural de su primer año, se había convertido en un hobby con el paso del tiempo. Pero para cuando terminaron el instituto, sólo quedaban Kaminari, Tokoyami y ella del grupo original. Y unos dos años después, se había tenido que marchar también.

La chica rubia volvió con dos bebidas y le pasó la suya a su amiga. Se quedaron con ellas en la mano y cuando las vio intentar evitar el goteo de agua del vaso, Kyoka se apiadó de ellas.

—Podéis usar la mesa —les dijo.

No hizo falta mucho más para que se acercaran a ella tras un agradecimiento. Estaban bastante animadas y eso hizo sonreír a Kyoka. La música era maravillosa; ni siquiera habían empezado aún, pero la gente ya estaba expectante ante la actuación.

Aunque esa sensación sólo le duró diez minutos… el tiempo exacto que tardaron esas mujeres en descubrirse como grupies. Y no eran precisamente del tipo platónico, sino de las que rompían relaciones de cuatro años iniciadas en el instituto.

Respiró hondo… muy hondo. «Cinco años», se dijo. No podía importarle menos lo que hiciera el muy promiscuo. Por eso estaba allí: para confirmar el siguiente paso natural. Si ya no le generaba desazón cuando aparecía en las noticias, debía comprobar que tampoco lo hacía tenerlo en carne y hueso delante. Eso significaría que lo había superado… tras cinco larguísimos años, pero superado, al fin y al cabo. Y con eso tendría que dejar de barajar la idea de aceptar ese puesto en el extranjero y así no volver a oír ni un dato más referido a él que revolviera el avispero que era su corazón. Estaba a punto de cumplir veinticinco años, ¡santo cielo! Tenía que conseguir que ese desgraciado dejara de arruinarle sus relaciones.

Miró de reojo a las dos mujeres que estaban sentadas en su mesa cuando empezaron a comentar sus proezas con los integrantes del grupo. Si de alguna manera podía definirlas era como despampanantes. Eran la clase de mujer que le había quitado el sueño y —como quedó demostrado después—, con razón. Bellas, femeninas, de cuerpo curvilíneo y con pecho prominente. Justo lo contrario a ella. No lo había pasado especialmente bien durante el instituto por sus inseguridades frente a otras estudiantes, pero todo aquello se exacerbó cuando empezó a ser conocido como héroe primero y como músico después. Kaminari había sido bendecido con un gran atractivo físico y un carisma atrayente. Eso, unido a la creciente fama, había hecho que le rodearan más chicas de las que ya lo hubieran hecho de forma natural. Una tentación constante para alguien al que se le iban los ojos con cualquier chica bonita.

—Hoy hemos venido demasiadas —comentó la morena—. Y nosotras estamos aquí atrás. No lo voy a tener fácil…

—¿Hablas por Masaru o por Satoru?

—Por cualquiera de los dos —contestó sin ninguna pena.

Kyoka puso los ojos en blanco por la poca indiscreción de las mujeres. Conocía a Masaru porque fue el sustituto de Bakugo cuando lo dejó en tercero. Hasta que llegó, ella era la única que había compuesto letras, lo que la llevaba a pensar si sería el único que lo hacía ahora. Por lo tanto, Satoru debía ser el teclista. No lo conocía porque la chica que sustituyó a Yaoyorozu se marchó poco después que ella. Y puesto que la cantante era mujer, no quedaba ningún hombre más por definir.

—Al menos, tú tienes más opciones —replicó la rubia—. Llevo unos meses picada con Kaminari porque hace mucho que no me hace caso.

Kyoka cogió su bebida y le dio un comedido sorbo cuando ya no supo en dónde poner su atención. Pero por lo pronto, estaba orgullosa de sí misma: no había ni reaccionado. Aquella noche, definitivamente, iba a ser la prueba de fuego con lava volcánica incluida. Si salía entera de allí, no tendría que dejar su vida tal y como la conocía, de eso estaba segura.

—Pero ya sabes… está en «esa época» —continuó la mujer resignada, para desconcierto de Kyoka.

—Pues yo creo que lo tienes crudo, y no lo digo sólo por eso.

Kyoka se tensó incómoda y pensó, disgustada, que le habría gustado haber dejado la «lava» aparte en aquella prueba. Con exponerse sólo al fuego, le habría bastado. Miró a las dos amigas, esta vez sin comedirse. Y antes de que pudiera darse cuenta, se escuchó preguntarles:

—Perdonad, pero ¿a qué os referís con lo de «esa época»?

Ambas mujeres la observaron con desconcierto por unos momentos. Era evidente que no se esperaban su intromisión. Pero su conversación había hecho surgir una curiosidad inesperada y no había sido capaz de filtrar sus pensamientos.

—Ah… bueno —titubeó la rubia—. A lo que dicen de que se le debió morir el perro.

Kyoka abrió la boca por la sorpresa.

—¿Que a Kaminari qué?

Él nunca había tenido un perro, le constaba. Por lo que debió conseguirlo una vez rompieron. Pobre animal; no había vivido mucho.

—Bueno, es sólo una especulación —respondió la otra incómoda—. Es una forma de definir su humor por estas fechas. Por lo que se sabe de él, a Kaminari no le falta ningún familiar. Sin embargo, cuando nos acercamos al verano, suele estar de bajón. —La mujer entrecerró los ojos—. No eres muy seguidora de la banda, ¿no?

Kyoka no supo si reír o sentirse ofendida por el comentario. Porque en realidad, desde que dejó la banda, era cierto que no tenía ni idea de lo que habían hecho más allá de adquirir fama. Pero esa mujer tampoco parecía haber tirado muy atrás en su historia o la habría reconocido como la anterior cantante y bajista. O quizás sí miraba atrás en la historia… pero la de los hombres.

Suspiró.

—En realidad, los conocí cuando no eran famosos —explicó—. Pero después perdí el interés.

Sintió un ligero escalofrío por la mirada que le lanzaron. Por supuesto, para fans como ellas, era un sacrilegio que dejara de interesarse por la banda justo cuando se hicieron famosos. Así que volvió a mirar al escenario mientras tamborileaba con los dedos. Las luces se habían encendido lo que daba a entender que la función empezaría en breve.

—Bueno, a lo que te iba… —prosiguió la morena que se había visto interrumpida de contar su chisme—. Tengo un cotilleo que va a afectar a tus intenciones. —La rubia la miró expectante—. Sé de buena tinta que Kaminari lleva más de un año sin irse con ninguna.

—Puff… No me asustes con tonterías —respiró tranquila la mujer—. No sé dónde has oído eso, pero no es verdad —se mofó la mujer—. He oído a Nanami y a Saki decir que estuvieron hace no mucho con él.

—Tú también puedes decirlo. ¿Acaso alguien no lo creería? —ironizó con un encogimiento de hombros.

La rubia la miró con ojos sospechosos.

—¿Y cómo lo sabes?

—Me lo dijo Masaru la última vez, cuando le comenté que hacía tiempo que no hablaba con Kaminari. Pero no conseguí que me dijera por qué —explicó la chica con frustración—. Así que eso me lleva a pensar que podría estar con alguien estable y no quieren revelarlo.

Eso sí dolió… Quizás estar escuchando los escarceos libertinos de Kaminari eran un reto asequible para su objetivo de esa noche, pero para su gran desgracia, descubrió que aquello no. Kaminari le había sido infiel por meses antes de que ella se enterara. Saber que había una mujer en su vida que había conseguido mantenerle para ella sin compartirlo con otras, fue una cuchillada bien profunda a su amor propio.

—¿Y quién crees que pueda ser?

Se empezó a formar bastante alboroto en el local y Kyoka miró al escenario donde iban entrando los miembros de la banda. La gente coreaba sus nombres y el ruido se hizo tan ensordecedor que apenas pudo escuchar su respuesta:

—Ella.

—¡Buenas noches a todos! —saludó la cantante, en quién las dos mujeres habían puestos sus ojos.

Kyoka no pudo escuchar nada más del discurso que soltó para la audiencia. De hecho, apenas se enteró de cuándo empezaron a tocar. No podía quitar sus ojos de ella. No sabía si era por el maquillaje, el atuendo o las luces, pero le pareció el sumun de lo que no era ella. Tenía un rostro de ensueño, el cabello largo y negro recogido en un favorecedor peinado, un cuerpo exuberante de piel pálida del que su vestuario enseñaba bastante y una voz sensual que sabía que encandilaba a los hombres.

A Kyoka se le estrujó el corazón al verla. De modo que aquello era lo que habría necesitado ser para retenerle en exclusiva.

Inspiró profundo hasta llenar completamente sus pulmones. Al menos, ya tenía su respuesta y ni siquiera le había mirado aún. Sólo había necesitado saber que había alguien importante en su vida, para revolver sus emociones por dentro. Aun así, como la buena masoquista que era, desvió sus ojos hasta él.

No había sido buena idea ir, concluyó. Debería haberse quedado en casa con la falsa ilusión de haber conseguido superar todo aquello y continuar con su rutina de saltarse cualquier enlace de una noticia que diera a entender que Kaminari estaba mencionado en ella. Prácticamente, no había visto ni una imagen de él en cinco años.

Pero la realidad acababa de golpearla como un tsunami para hacerla consciente de que esa sensación de desapego al pensar en él había sido ilusoria.

No estaba preparada para verle. Algo profundo y que creía bien enterrado se removió al mirarle en el escenario con una guitarra. Parecía algo más curtido después de esos años; con una constitución más fortalecida. Pero había que reconocer que Kaminari era ya un hombre hecho y derecho que cumpliría veinticinco años en menos de un mes. Además, era un héroe, una profesión que no destacaba precisamente por ser tranquila. Cualquier reminiscencia que le pudiera quedar de su adolescencia cuando se marchó, se había perdido ya.

Debería irse a casa, pensó con desasosiego. Levantarse en aquel tumulto de gente y salir por la puerta tal cual había entrado. Se había escaldado con su experimento y lo había hecho en el amplio espectro de la palabra. Ni era impasible a verle, ni era impasible a lo que escuchaba de él, ni era impasible a lo que seguía sintiendo por él.

Si no fuese por lo mal que la hacía sentir, estaría fascinada por cómo se podía amar durante tanto tiempo a un cabrón traicionero. Si existiera una categoría olímpica para lo suyo, tendría varias medallas de oro a la masoquista mundial. Y lo peor era que prefería pensar eso a consagrarse como una estúpida de campeonato.

—Espero que no sea verdad… —se lamentó la rubia cuando terminó la primera canción—. Porque entonces tendría que odiarla y me cae genial.

—Piénsalo bien —repuso su amiga mientras aplaudía—. Nunca se le ha conocido ningún ligue y… bueno… mírala. No hay ni un tío que no intente acercársele.

La siguiente canción empezó y, con gran rencor hacia sí misma, se vio más interesada en la conversación de las chicas que en la música.

—Yo en su lugar me habría construido un harén —refunfuñó la rubia contundente. Kyoka se contuvo a tiempo de rodar sus ojos.

—Así que yo creo que tienen un lío, pero no lo dicen por imagen —arguyó la morena—. Porque, ¿qué podría perjudicar más que declarar que uno de los «objetos» más codiciados para las fans ha quedado vetado? —Asintió con la cabeza para dar más énfasis.

La otra se reclinó contra la silla con aire derrotado.

—Ésa sería una pésima noticia —protestó—. Kaminari es el mejor de ellos en la cama.

—Eso es para gustos… —refutó la amiga.

—De eso nada. Es el mejor…

—Y tanto…

Kyoka no se había dado cuenta de que había hablado hasta que notó el silencio de las chicas. La miraban con atención y no pudo evitar erguirse en su sitio por la incomodidad.

—¿Tú has estado con él? —preguntó la rubia sin ni un atisbo de acritud.

Kyoka se tragó sus ganas de golpearla. Ese tipo de cosas la molestaban hasta el infierno. El último año de su noviazgo había sido una pesadilla. Hervía de celos sólo con verle demasiado acaramelado con otras, por mucho que después alegara que había que ser atento con las fans. Y ver que a otras mujeres no les perturbaba lo más mínimo que Kaminari fuese el juguete de intercambio entre ellas, la ponía negra. Daba igual lo asumido que tuviera que esas cosas sucedían en el mundo de la música. Ella jamás entendería esa falta de escrúpulos.

—Lo siento… no era mi intención decir nada —se disculpó ella queriendo salir de esa bochornosa conversación.

—No, no… para nada. Porque eso me da la razón —le picó a su amiga—. Lo que hace con esa lengua es adictivo, ¿a que sí? —buscó apoyo la mujer.

—Ahh… —Kyoka se cogió un conector en claro gesto de nerviosismo. Jamás le había gustado airear lo que hacía con sus amantes, mucho menos a desconocidos—. A mí me parece más adictivo lo que hace con su singularidad.

Las mujeres la miraron extrañadas por unos segundos.

—¿Su singularidad?

—Sí… bueno, eso de… —Kyoka hizo un sonido eléctrico—. Ya sabéis, esos calambres que te da por todo el cuerpo.

Puesto que Kaminari había sido su primera relación sexual, hasta que no se había acostado con el siguiente, no había sabido que aquella descarga que sentía durante el acto era cosa de él.

Y ciertamente, aquello sí que era adictivo.

Esa alteración placentera de sus terminaciones nerviosas que ya no disfrutaba en sus encuentros era lo que la había frustrado con el resto de sus amantes. De hecho, hubo una temporada en la que acabó por seleccionar a sus ligues y sólo acostarse con hombres de tipo eléctrico.

Pero ninguno le hacía lo que él. Incluso cuando les pedía que usaran su singularidad, lo más leve que conseguía era el desagradable calambrazo de tocar un objeto metálico cargado. Nada comparado a esa descarga hormigueante de baja intensidad recorriendo todo su cuerpo.

Suspiró nostálgica por ello. El maldito Kaminari no sólo la había arruinado a nivel sentimental, sino también sexual.

—¿Te refieres a que te electrocute? —preguntó desconcertada la rubia—. ¿No es eso doloroso?

—No, me refiero a… —Pero negó con la cabeza al reconsiderarlo—. Da igual… No sé ni qué hago hablando de esto.

—Vaya… No pareces la clase de mujer a la que le gusten esas cosas.

Cuando las mujeres la miraron de arriba abajo todo lo que la mesa les permitía, supo que a lo que se debían estar refiriendo era a que le gustaba el sado. Kyoka ni siquiera se molestó en desmentirlo. No tenía nada que ver con esas dos chicas y seguramente no las volvería a ver en el resto de su vida. Lo que pensaran sobre ella, le daba bastante igual.

Prestó atención al escenario donde la banda ya debía ir por la tercera canción… o la cuarta. No lo tenía claro. Sólo sabía que no era la misma que tocaban cuando empezó esa bochornosa conversación.

Sin embargo, su intento de ignorarlas no surtió mucho efecto porque, entre canción y canción, las mujeres continuaron con sus comentarios escabrosos, incluida la idea de que la cantante debería ser comprensiva y compartir a su supuesto novio.

Kyoka no tenía muy claro por qué seguía allí, pero concluyó que su vena masoquista necesitaba que escarmentara hasta tal punto, que no se le ocurriera volver a hacer ese experimento ni aunque pasaran veinte años. Era la única explicación plausible a tener que pasar por eso.

Miró el reloj para descubrir que ya casi eran las once. La actuación debía estar por concluir. Entre el repertorio habían tocado dos de sus canciones, lo que la reconfortó profundamente por haberles hecho un hueco entre los temas nuevos a dos canciones que tenían más de seis años. Le gustaba saber que no habían descartado con su marcha las canciones que había hecho ella. Eran sus creaciones y no hubiera sido justo que las olvidaran por sus circunstancias con Kaminari.

Y mientras aún pensaba en eso, sonaron los primeros acordes de una canción y, con ello, el ambiente del local se revolucionó.


— * —


Fin del Capítulo 1

3 Mayo 2020


Notas finales del fic:

Bueeeeeenoooo... Y así acaba el primer capítulo. Os avisé que la historia no era de arcoíris y sentimientos tiernos como la otra. Y si alguien está pensando que pudo ser un malentendido o cosas varias, eeeehhh, no... Kaminari fue un capullo integral con Kyoka. De eso va la historia. No sé muy bien por qué me dio la venada de ponerme en plan «oscura» haciendo una historia de traición. Creo que es la primera que escribo, la verdad, porque es de esas cosas que no entiendo muy bien que se puedan perdonar y por eso no lo trato nunca... Pero bueno, espero que os guste ;-D

Actualizaré los domingos porque es el día que tengo libre y puedo hacer la revisión de los capítulos antes de subirlos. Aún no he terminado el fic, pero más o menos lo tengo bastante claro y de ahí que lo vaya subiendo y os traiga algo para leer (que llevo mucho sin subiros nada T_T). Ayer tuve el sábado ocupado (como es lo habitual ¬_¬º) y sólo pude revisar este capítulo, pero esta tarde me pongo con el tercero. Creo que el fic abarcará unos 4 capítulos, más o menos, así que ya veis que es cortito.

¡Saludos!