Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada. Los personajes extras sí son de mi pertenencia. Disfruten el fic.

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Lecciones de manejo

Está decidido

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Esto era un asunto primordial.

No podía creer que varios de su orden dorada, ¡la elite del santuario! No supieran manejar un simple coche.

Lo había descubierto una tarde cuando habiendo llevado a Milo y Kanon como escolta a una reunión con el pesado de Julián Solo para recibir la invitación e información de la próxima pre-reunión de la junta anual de los olímpicos, de regreso, hubo de pedir sus servicios como choferes a razón de una repentina decaída de su chofer, quien tuvo que ser llevado al hospital por una baja de azúcar. Gracias a Zeus el bajón había ocurrido justo cuando pasaban por las puertas del hospital…

El hombre de mediana edad, se quedó internado bajo los cuidados profesionales de los mejores médicos que fueron pagados por su jefa. Pero cuando Saori salió del hospital una vez le dijeron su chofer estaba estable y ella podía irse a su casa, se topo con la sorpresa de que ninguno de esos dos poderosos hombres que la escoltaban, era capaz de siquiera andar en Bici, mucho menos conducir un auto. No quedándole más remedio que manejar ella. Y mientras ella iba adelante de Chofer, sus dos nobles caballeros iban en la parte trasera de la limosina como todos unos señores.

Bastante humillada se sentía ya, cuando para terminar de vapulear su ego, en un semáforo, casualidades del destino, se le emparejó un Bently último modelo color cobalto con un tridente dorado grabado al alto relieve en el cofre.

El conductor vio la limosina que le pareció familiar, y al voltear a ver al conductor, reconoció a la Diosa de la Sabiduría…

- ¿¡Athena?! –Julián-Don-Pose miró hacia la parte trasera de la limo y pudo divisar a los dos dorados muy cómodamente sentados, mientras bebían wiski en finos vasos de cristal cortado. –Ja ja ja ja ja ¡De diosa a Chofer! ¡Eso si es un cambio! Jajajaja. Y dime querida sobrina ¿Te pagan bien tus patrones? Supongo que te pagan en oro jajajaja ¡así hasta yo! Jajajaja.

Los cabellos de la Diosa se erizaron y unas visibles venas se marcaron en su frente mientras aferraba el volante con las garras.

- No tienes nada de gracia Julián…

- Tal vez no tengo gracia –le dijo con sonrisa burlona –pero tengo dinero suficiente para pagarme un chofer.

- ¡Pues tú vienes manejando tu auto!

- ¡Claro querida! Es un deportivo, no necesita chofer, los millonarios solemos salir a correr nuestros deportivos nosotros mismos, para envidia de cuantos nos ven pasar –orgullo y arrogancia era lo que destilaba al hablar, y luego, fingiendo desaprobación, cambio su tono altivo por uno lleno de lastima –Pero una limo… pues es que las limo siempre necesitan llevar un chofer, digo, para que se distinga quién es el patrón, y quien es el gato. Y yo ya vi quien es la gata… Saori si te hubieras casado conmigo, yo te tendría chofer.

- ¡Ja! ¡Prefiero ser chofer que ser tu esposa!

- Y veo que lo has conseguido… -la burla en la mirada aguamarina era algo que Saori casi no podía soportar.

- ¡Escúchame bien patán! ¡Yo tengo chofer, sólo que se enfermó y no tuve más opción que dejarlo en el hospital!

- Y que no podías pedirle a alguno de ellos que manejara? –dijo apuntando a los dorados que venían en la parte de atrás.

Saori hizo un mohín por toda respuesta y clavó la vista en el semáforo, que parecía eterno el condenado.

- Ay no… no me digas que… ¿No saben conducir?... ¡JAJAJAJAJA!

- ¡No le veo la gracia!

A pesar de la acalorada discusión, los dorados al ir en la parte de atrás y distraídos con los lujos de la limo, como las bebidas, la pantalla de plasma y los video juegos, ni cuenta se daban de la pequeña discusión de los Dioses.

- Pues yo sí. La elite de Athena, los soldados que se acercan al poder de un Dios, cuyos puños desgarran la tierra y sus patadas rompen el cielo.

- ¡Es al revés!

- Como sea, el punto es que esos puños y pies resultan menos que inútiles cuando hay que pisar un acelerador y tomar un volante. Es vergonzoso. A mí me daría tanta vergüenza que mis generales no supieran conducir.

- Como si supieran…

- Todos saben, y hasta yates manejan. Los guerreros de Asgard mínimo saben manejar trineo y maquinas de nieve, los espectros del Hades también, y tan saben manejar, que no por nada mi hermano les da el bono anual para coche nuevo. Los Ángeles de Artemisa hasta corren en Nascar. Y tus dorados ¿Qué? ¿Mínimo manejan bicicleta?

La cara traicionó a Saori y sin querer reflejó la respuesta.

- ¿¡No?! ¡JAJAJAJAJA!

- ¡Algunos de mis dorados y varios miembros de la orden sí saben manejar! ¡Hyoga maneja desde los trece!

- Ay pero que irresponsable, y que vergonzoso, los de trece ya manejan, ¿y los chavorrucos como Kanon no? Eso es patético.

En eso el semáforo cambió a verde.

- Bueno, que disfrutes tu nuevo empleo de chofer ¡Dile a tus doraditos que te compren una gorra! ¡JAJAJAJA! –Y pisando a fondo, la triunfal carcajada de Julián-Don-Pose, se desvaneció en el poderoso rugir del motor, que rechinando llanta, dejó a Saori atrás, enceguecida y asfixiada por el humo de las llantas.

Casi ahogada y enceguecida, le tomó un poco de tiempo recuperarse, pero en un auto, unos segundos son mucho tiempo, y ella estaba estorbando, así que se ganó los sonoros clakcsons que le dedicaban las más ofensivas tonadas.

Varios carros la rebasaron por izquierda y derecha mientras al pasar le gritaban a ella y a sus dorados…

- ¡Deberían despedirte!

- ¡Contraten a otra chofer!

- ¡No le paguen!

- ¡Vuelve a la cocina mucama!

- ¡Te maquillas en tu casa, bruta!

Y por primera vez, los dorados que no comprendían porqué tanto alboroto, escucharon salir de la boca de la inocente Diosa unas maldiciones proferidas contra los otros conductores, que Milo y Kanon incrédulos y muy contrariados, terminaron por aplaudir. Ya ni ellos eran tan guarros.

Saori pisó a fondo, alcanzando y rebasando a la mala a quienes la habían ofendido, mientras al pasar, les hacia una señal obscena.

- No sabía que Athena era tan cafre para manejar –le susurró Milo a Kanon.

En cuanto llegó al santuario, se bajó de la limo dando un portazo y subió hasta Aries donde…

- ¡MU! –el carnero se apresuro al llamado de su Diosa para ponerse a sus órdenes.

- Diga princesa.

- ¡Teleportame al templo principal! ¡Ahora!

- Pero princesa, las reglas dicen que no podemos teleportarnos entre casas y-

- Y tú te has pasado esa regla por el arco del triunfo varias veces ¡no? –el lemuriano titubeó nervioso, pero Athena ni lo dejó hablar -¡Además, yo soy la Diosa de este lugar! ¡Mi santuario mis reglas! ¡Y me las puedo brincar cuando yo quiera! ¡Ahora llévame!

- Sí –asintió asustado.

- ¡Y ustedes dos, sí van a tener que subir a pie! –dicho eso se aferró a Mu y ambos desaparecieron.

- ¿Alguien sabe qué le pasa?

- Ni idea Milo.

A la mañana siguiente…

Reunidos en el salón del trono, se encontraban los 13 caballeros dorados, Kanon en calidad de emérito, todos rodilla al suelo, mientras escuchaban lo que su Diosa tenía que decir. Además, tras el trono de Saori y en silencio, los 4 mocosos de bronce estaban escondidos y de colados en la reunión para saber de qué se trataba el chisme.

- Los he mandado llamar por una muy importante razón… Pónganse de pie. –estos así lo hicieron y Athena prosiguió-. Den un paso al frente los que no saben manejar.

Todos se miraron entre sí muy confundidos.

- Un auto, los que no sepan manejar un auto… sin pena, vamos.

Así, Mu, Kanon, Mascara Mortal, Aioria, Shaka, Dohko y Milo dieron un paso al frente. Mientras Shura se veía algo indeciso.

- Shura, ¿Sabes manejar?

- Bueno… un día le ayudé a un amigo a sacar su coche del garaje, y lo estacioné frente a su casa, pero nada más.

- ¿Has manejado en ciudad?

- No.

- ¿En carretera?

- No

- ¿En el jardín de una casa?

- No.

- Pero sabes encender un auto y moverlo, ¿Cierto?

- Sí.

- Con eso basta, puedes quedarte en tu lugar –el español suspiró tranquilo.

- En cuanto a ustedes, que no saben ni manejar una bicicleta, tengo el placer de anunciarles que tomarán lecciones de manejo.

- ¿Y para eso nos sacó de la cama tan temprano? –se quejó el ex Dragón Marino.

- ¡Kanon! –Saga le propinó un buen golpe en la cabeza –no seas irreverente, además son las 11:45 a.m no es tan temprano.

- El que porta la armadura eres tú, mientras yo no lo haga, me puedo quedar unas horitas más en la cama.

- Pues sí –continuó la Diosa ignorando a los gemelos –no puede ser que mi orden de guerreros más valiosa, los que pueden desgarrar el cielo con los puños, no sepan manejar un simple automóvil.

- Pero no nos hacen falta.

- Claro que sí Milo, es una vergüenza que no lo sepan, todos los guerreros de los otros Dioses saben conducir un auto. Hasta los espectros que casi nunca salen del inframundo.

- Ah pero ellos tienen coche nuevo cada año, así cualquiera se enseña…

- Kanon, cierra la boca o te la cierro yo.

Kanon hizo silencio sepulcral.

- Como les decía antes que interrumpiera Kanon, los que no saben, tomarán lecciones de manejo.

- ¿En alguna escuela?

- No Máscara. Como ustedes son personas muy difíciles de tratar, no arriesgaré a un instructor de manejo a sus caracteres tan fuertes –y es que los instructores cobran por hora, masculló de forma inaudible para sus dorados –por eso, uno de sus compañeros de la orden que sí saben conducir, los enseñará, y luego deberán ir conduciendo hasta Athenas para probarse en ciudad, porque ya hice la cita en las oficinas de transito para el Lunes, que deben presentarse al examen para sacar una licencia.

- Pero princesa –Shion tomó la palabra –hoy es Sábado.

- Sí, esto urge Shion. Por eso caballeros, sólo tienen un día para aprender. Mañana desde muy temprano, pondré a su disposición varios autos en las bodegas vacías que están junto a la granja, ahí hay terraplenes, y el camino que conecta la granja con la carretera principal que lleva a Athenas es tan poco transitado que será un buen lugar de partida.

Todos se miraron, nada convencidos, de la disposición de su Diosa.

- Pero saliendo del caminito lo primero que se van a enfrentar es a carretera, luego a periférico y después a la ciudad. Princesa, ellos deberían comenzar en ciudad en una zona poco transitada.

- Shion ¿Acaso dudas de mis sabias decisiones?

- Pues… yo…

- Lo sabía, no dudas. Y si mi patriarca no duda, ninguno debe hacerlo.

- Pero princesa-

- He dicho. Ahora queda decidir quiénes de ustedes enseñarán a conducir a sus compañeros.

- Pero Athena, mi señora –volvió a intervenir Shion, buscando un pretexto para no contradecir a su Diosa, pero impedir que se llevara a cabo esa descabellada idea –no podemos sacar a todos los dorados del santuario, quedaría muy vulnerable.

- Pero estamos en tiempos de paz Shion… -lo pensó unos momentos- Aunque tienes razón... Bien no es necesario que sea un dorado quien enseñe a otro dorado, cualquier miembro de la orden que sepa conducir, podrá ser que quien les enseñe.

- ¿¡Qué?! ¿¡Yo recibiendo ordenes de un mugroso plateado o bronceado?! ¡Paso!

- Es una orden Máscara Mortal, si no quieres que te enseñen ellos, pues busca un compañero dorado que te enseñe, ¡porque sí vas a aprender!

Mascara iba a comenzar uno de sus alegatos pero para evitarle unos días en Cabo Sunion, el de los peces gemelos se adelantó.

- Ah… Athena, con su permiso, yo me ofrezco a enseñarle a Mascara Mortal.

- ¡Muchas gracias Afrodita!. ¡Lo ves, ahí tienes Mascara!, así que deja de quejarte y alístate para mañana. Y los demás, deberían aprender de su compañero Afrodita, él no necesitó que nadie lo obligara, él se ofreció a ayudar a un compañero, esa es la clase de compañerismo que debería verse en la orden de Athena.

- Pero quedamos mi señora, en que no podíamos sacar a los dorados del santuario y-

- No serán todos, sólo unos cuantos Shion.

- En ese caso, yo también me ofrezco a ayudar a mi hermanito. Será como pasar tiempo de calidad en familia ¿no crees, Aioria? –el arquero se acercó a su hermano y lo rodeó con un brazo –será como cuando éramos pequeños.

Aioros parecía muy feliz de cumplir con su papel de hermano mayor y Aioria no presentó ninguna objeción, más estaba feliz por tener a su hermano como instructor de manejo.

- Bien ya tenemos dos.

- ¡Yo pido a Cami! –se adelantó Milo, pero el aguador se negó.

- Lo siento Milo pero no puedo, no puedo dejar sola la casa de Acuario, ya escuchaste al patriarca, el santuario quedaría vulnerable.

- ¡Pero… Cami…

- Sin embargo, no te dejaría a tu suerte con esto, por eso… ¡Hyoga!

El cisne se respingó al sentirse descubierto y sabiendo que era inútil seguirse escondiendo, salió de detrás de las cortinas y se dirigió hacia el caballero de Acuario con la cabeza baja –Diga usted maestro.

- Tú vas a enseñar a Milo a conducir.

- ¿Qué? ¿¡El mocoso me va a enseñar?! No te ofendas Hyoga pero tú eres demasiado joven para manejar un auto.

- Y tú demasiado viejo para no saber. –reprendió el de Acuario.

- ¡Camus!

- Es la verdad. Hyoga dime, honrarías a tu maestro aceptando esta misión?

- Por supuesto –el inocente y leal ruso no dudó en aceptar, en especial cuando Camus se lo había pedido con tal solemnidad, al parecer, al fin, su maestro confiaba en él para algo importante, ¡no lo defraudaría!

Ay Hyoga… ese sentimentalismo un día lo metería en problemas, si ya se lo decía Camus…

- Ya tenemos tres parejas –dijo Athena con emoción.

- Supongo que a mí me va a enseñar Saga.

- Pues supones muy mal Kanon, prefiero detonar una bomba atómica, que meterlos a Saga y a ti juntos en un auto, sería una irresponsabilidad, con la poca paciencia que tiene Saga, en especial contigo, y ese carácter del demonio que los dos se cargan, seguro hacen estallar el auto. No Kanon, no voy a arriesgarme a nada contigo, por eso a ti, te va a enseñar Shion.

- ¿Yo, princesa? –pregunto el Patriarca apuntando a su pecho con su índice.

- Sí mi querido Shion, nadie como tú para aplacar a Kanon si se pone intransigente, no se lo confiaría a nadie más –la pelilila le sonrió con tal dulzura que…

Shion aceptó, pero la verdad, la idea de ir en un auto manejado por Kanon… Bueno, quizá no salía tan malo, tal vez Kanon demostraba ser buen chofer y la experiencia sería mejor de lo que esperaba. A decir verdad le hubiera encantado enseñarle a Mu, pero Athena tenía razón, tratándose de Kanon, era mejor que fuera él mismo.

- Bien amigo mío, creo que yo tendré mucho gusto en ser tu maestro –todo parecía indicar que el carnero ya tenía maestro pero…

- Me temo que no será posible Aldebarán –sentenció la muchacha.

- ¿Eh? –el torito se decepcionó bastante al escuchar eso.

- Como bien dijo Shion, no podemos sacar a tantos dorados, y como la primera casa va a quedar desprotegida, la segunda casa no puede quedarse sin guardián.

- Pero yo quería…

- Lo siento Alde, pero será en otra ocasión. Creo que a Mu lo podría enseñar Shiryu.

- Perdone Athena –intervino Mu –pero creo que el dragón aun no se recupera del todo de la vista.

- No se preocupe caballero de Aries, puedo ver lo suficientemente bien para esto –dijo el dragón saliendo de su escondite.

- Pero –insistió Mu –no sería mejor que… que… ¡Que él enseñara al maestro Dohko!, digo es su alumno y no quiero privarlo de pasar tiempo con él.

- ¡Noooo!… Digo, no, Mu, hay que ser compartidos, y no me hago nada con prestarte a mi querido alumno un rato.

- Pero maestro Dohko usted es-

- No, no, no puedo tratar de acapararlo siempre. Lo he tenido tanto tiempo a mi lado que… aunque me duela, debo dejarlo volar hacia otros cielos –su actuación fue tan dramática, que Dohko conmovió al Dragón.

- Pero yo-

- No Mu, lo he decidido, y no podría estar más tranquilo y orgulloso que dejando que mi Shiryu te enseñe a ti.

- ¡No lo defraudaré maestro! –proclamo muy estoico el Dragón.

El carnero volteó a mirar con congoja al chino más joven, quien todavía traía unas compresas de pepino en los ojos para desinflamar.

- Que se me hace que el viejo Dohko no quiere morir otra vez –le susurro Kanon a Saga quien asintió sintiendo pena por el de Aries.

- Bueno, ahora falta saber quien le enseñará a Shaka.

- Saori si me lo permites –dijo el de Andromeda saliendo de detrás del trono –yo quisiera ayudarlo.

- ¿¡Que ya no hay privacidad en este salón?! –se escandalizó Saga, ¡esto no pasaba en sus tiempos de Patriarca!

- Muy bien Shun –Athena simplemente ignoró al de géminis –me parece una excelente idea, ya que en el futuro tú portarás la armadura de Virgo, sería bueno que comenzarán a formar lazos de Alumno-Maestro… aunque empiecen al revés. ¿Tú qué dices Shaka?

- Se dice que cuando el alumno está preparado aparece el maestro. Acepto tu bondad caballero de Andrómeda, creo que será una experiencia enriquecedora.

- ¿Lo ven?… Deberían de aprender de Shaka a no quejarse. Bien, creo que ya son todos.

Dohko sonrió y se comenzaba a retirar a la sombra que le brindaba una columna pero…

- Princesa.

- Dime Shion.

- Creo que se olvida de alguien. –claro si Shion no iba a sufrir solo –Mi gran amigo Dohko, el no tiene quien le enseñe.

- Cierto-

- Athena permítame comentar que considero esto de sacar a tantos dorados del santuario muy mala idea. Y además un Patriarca, Shion vale como por tres. Imagínese. Y también se necesita una figura de autoridad que controle a los patanes que se quedan.

Los Aludidos se miraron sorprendidos y algunos hasta apunto del llanto (dícese Aldebarán) ¿Ellos? ¿¡Unos patanes?! ¡Pero si los patanes eran los que tenían que aprender a manejar!… bueno en su mayoría.

- Pues… no creo que Alde, Saga, Camus ni Shura me den problemas.

- Y usted misma me ha dado el punto, sólo se quedan cuatro de trece dorados, porque ya tenemos que contar a Kanon. Pero si me quedo yo, ya seriamos cinco lo cual ya es más aceptable. Y no olvide que los que se quedan, necesitan un líder que-baja la mano Saga- los guie y yo soy el más indicado. Recuerde que cuando Shion no está, soy yo quien lidera la orden Dorada.

- Pero yo quería ayu-

- Silencio Saga, tu superior está hablando –silenció el viejo maestro.

Al gemelo se le fue la mandíbula al suelo, pero sabía que era verdad. Era el viejo maestro Dohko quien solía liderar la orden dorada en ausencia de Shion… Y cuando Saga estaba en sus cabales claro…

- Lo que pasa es que te quieres zafar de esto Dohko.

- Shion… ¡Me ofendes! –Aseguró con ademanes exagerados –sabes que yo sólo pienso en lo que es mejor para el santuario.

- Puede que Dohko tenga razón mi querido Patriarca. Con él aquí, estará más protegido el recinto, que él tome las clases otro día.

- ¡Yes! –celebro Dohko en privado.

- Hijo de la ch… China, te libraste por esta vez….

- Como en los viejos tiempos Shioncito.

- Bien ya estamos de acuerdo. Pueden retirarse y alístense para mañana. –sentenció la Diosa sin dar opción a más reclamos.

Todo mundo se retiró a sus deberes de ese día y comenzaron a hacerse a la idea de lo que ocurriría mañana.

Casa de Acuario, hora del ocaso, cambio de guardias…

- ¡Eres un mal amigo! ¡Por qué te negaste a enseñarme a manejar? –lo primero que había hecho el bicho en cuanto se vio relevado, fue correr a la Casa de Acuario a reclamarle al francés su poca disposición.

- Porque no tengo ni tiempo ni paciencia para meterme en un auto contigo. Además, valoro mucho mi vida para hacer eso.

- ¿Quiere decir que no te importa la de Hyoga?…

- Claro que me importa.

- Pues no parece.

- Aaah, o sea que admites que eres un pésimo conductor.

- ¡No es eso! Tú fuiste quien dijo que no quería arriesgar su vida conmigo, así que asumo que no te importa la del pato.

- Es el Cisne, y claro que me importa. ¿No fui yo quien hundió el barco de su madre para que no pidiera volver a verla nunca más, y así no le estorbaran los sentimientos? ¿No fui yo quien lo sepultó en un ataúd de hielo para que los otros no lo mataran? Y cuando se liberó ¿No fui yo quien amablemente lo recibió en la casa de Acuario para mandarlo al otro mundo y así Afrodita no lo aguijoneara con sus rosas como hizo con Shun? ¿Que acaso no es obvio mi cariño por él?

- Camus… tu forma de amar está algo retorcida… ¿Lo sabías?

- Si lo envío contigo es para que temple su carácter.

- ¿Para que temple su carácter?

- Además le di una alegría, ¿no viste su cara cuando le dije que le confiaba esta importante misión?. Un maestro no sólo debe ser estricto, también debe premiar al buen alumno.

Milo entrecerró los ojos, ¿premio? -¿Esto es un premio para el pato?

- Sí, cree que confió en su capacidad.

- O sea que no lo haces.

- Claro que no. Pero lo hizo feliz.

- Como sea, si mañana me mato, quedará en tu conciencia.

- Y si mañana me dejas sin alumno, quedará en la tuya. Ahora vete a dormir que mañana tendrás que levantarte temprano. Préstale atención a Hyoga y no seas terco y altanero, será un bronceado, será un bruto para muchas cosas, pero si algo se le puede reconocer, es que maneja muy bien, así que si mañana pasa algo, créeme que no lo culparé a él sino a ti.

Milo se hizo el ofendido y salió de la casa de Acuario muy ufano para tomar una larga siesta. ¡Bah! En mala hora se le ocurrió a Athena enseñarles a manejar.

Casa de Aries…

Una enorme y corpulenta figura se recortaba en las penumbras del ocaso en la casa del carnero dorado.

- No se Muito… no me convence.

- Shiryu es un buen muchacho.

- Buen muchacho no lo dudo, pero buen conductor… no lo creo.

- Me hubiera gustado que mi instructor fueras tú amigo mío, después de todo, fuiste tú quien enseñó a Aioros, y es un excelente conductor según el Maestro Shion, pero Athena tiene razón, si la casa de Aries se quedará sola, es mejor que tú estés aquí.

- ¿Seguro que estarás bien?

- Sí, no te preocupes.

- Ah… -Alde no estaba tan convencido.

*…*…*…*

Bueno que gusto volver después de tanto tiempo. Y es que hay carreras que uno elige en las que debe actualizarse quiera o no y bueno yo escogí una de esas carreras así que, que barbaró, no pensé que me tardaría años en volver.

Pero bueno aquí ando. Deseo les guste este nuevo fic donde veremos las peripecias de los dorados para aprender a conducir.

Iba a ser parte de La vida en el Santuario y Anexos, pero decidí darle su lugar propio ya que la historia contiene más de un capitulo, y la rúbrica del otro fic es de capítulos auto conclusivos, así no se me estresan tanto con las actualizaciones. Pero este fic sí es de actualizar, así que deseo les guste capitulo a capitulo.