Titulo: Mystery of Love.

Sumario: Un incidente lleva a Sakura a uno de los lugares mas misteriosos del mundo, donde recibe una ayuda inesperada e inicia su travesía para salir ilesa de aquel lugar.

Disclaimer: Cualquier divulgación total o parcial de esta obra; sea a través de una copia, edición, exhibición, intercambio, difusión y/o emisión de este texto esta terminantemente prohibido. El contenido de esta obra es exclusivo para el entretenimiento y sin ningún medio de lucro.

Naruto © es creación del señor Masashi Kishimoto pero esta historia pertenece a Nicole Luz de Luna ©


"Aunque no sabes que es lo que buscas, lo que buscas, te busca".


Naruto entro a su consultorio cabizbajo y con las manos apretadas en puños metidas en los bolsillos de su traje. La única mujer en la habitación detuvo su trabajo en el ordenador, y dirigió su mirada al rubio delante del escritorio.

Naruto, que era un muchacho alto y de semblante alegre, estaba reducido en una figura sombría cuando la miro y se lanzó en la silla.

―¿Estas enfermo? ―inquirió luego de unos segundos.

Naruto suspiro pesadamente: ―Hinata se va.

La pelirosa miro el reloj de la pared, su agenda ―planeada minuciosamente― tendría que sufrir un par de cambios. Unos minutos no harán mal.

―¿A dónde se va?

Sus ojos azules se humedecieron: ―¡Suiza, Suecia, yo que se!

Sakura se estiro en el asiento. Debía admitir que le daba un poco de pena por el muchacho. Habían sido amigos desde niños y ella fue testigo de las primeras demostraciones de amor verdadero entre la ojiperla y él. Parecía increíble, después de luchar contra las opiniones de la gente y los malos tratos de Hiashi-san, Naruto y su amada habían podido consolidar su relación, para que ahora ella decidiese irse.

― ¿Ha sido decisión de ella?

Naruto tomo una bocanada de aire y empezó a jugar con el calendario del escritorio. Su cara parecía estar tatuada de alguna tristeza que no veía en el desde hace años.

―Fue decisión de ambos―murmuro por lo bajo―. Le han dado la plaza en la Orquesta Sinfónica. ¡Sakura-chan debes verla tocar, es un ángel!

―Así que ella se va a tocar con la sinfónica y tu estas triste.

Su cara volvió al borde de las lágrimas.

―Si .

― ¿Y tengo pacientes allá afuera?

―Si.

―Naruto, lárgate, por favor.

Naruto era un desconsiderado, siempre lo había sabido, pero en esta oportunidad se había pasado algo de la raya. Como podría estar jugando así con su precioso tiempo. Él sabía que Sakura era una mujer con una agenda extremadamente ocupada que, si bien podría prescindir de un par de minutos para acompañarle en sus problemas, no podía retrasar su turno para que le contara una decisión que él mismo tomó. Tiempo que perdía con Naruto era tiempo que perdía con cada paciente en espera, era tiempo que se acumulaba en su día.

Hoy precisamente había planeado su cita y su tiempo para sí misma, que no podía volver a perder.

Otra vez.

La cita con Sasuke no se podía perder esta noche nuevamente.

Había pasado los últimos tres días pensando en ello. Su compromiso se estaba tambaleando en la cuerda floja por la culpa de las agendas de ambos y esta podía ser la única oportunidad que tendría para acomodarlo.

O mandarlo todo a la mierda.

Mientras escribía la receta de su ultimo paciente volvió a darle una mirada fugaz al reloj de la pared. Veinte para las siete.

Sasuke aun debía estar en la oficina, y ella tendría el tiempo necesario para ir a casa arreglarse.

Ojalá no haya tráfico.

-o-

Me voy a morir aquí.

Era lo único que pasaba por su mente mientras el hombre sentado a su lado clavaba el arma cada vez con más fuerza entre sus costillas. La pelirosa trago el nudo de su garganta y continuo con la vista pegada al tapizado del piso del auto. Sentía las curvas precipitadas que tomaba el conductor, y cada tanto, se fijaba en los sollozos a su al rededor. Sus secuestradores se preocuparon por cubrir la boca de sus amigas mientras que ella y su casi irrompible temple se habían salvado de eso, por supuesto, su fachada inmutable siempre parecía sacarla de apuros, pero la realidad era que estaba muerta de miedo. Mientras más pasaban los minutos y aún permanecían en la carretera, sus nervios empezaban a traicionarle, comenzando por el temblor de sus manos hasta las vertiginosas ganas de vomitar.

Todos, que permanecían amenazados con armas en sus costados, apenas podían mirarse de reojo entre ellos. Sakura se negó a mirar a algo más que no fuese el metal negro pulido de la pistola, y el piso intermitentemente iluminado por las luces de la autopista.

―¡Hey, te está llamando el jefe!

Su secuestrador tomo el celular. Sakura estaba tan pegada a él que casi podía oír la voz al otro lado de la llamada.

―Estamos casi listos para partir, jefe.

¿Cuánto tiempo llevaban ya en la carretera? ¿Una, dos horas? En algún punto del viaje los sollozos se habían detenidos y mientras el hombre llevaba una conversación de monosílabos, el auto se detuvo. La pelirosa se decidió a intercambiar miradas con sus compañeros, dos enfermeras que aún tenía la boca cubierta, tenían la mirada desorbitada del miedo mientras las lágrimas recorrían sus mejillas sin piedad. Su colega, el único hombre del grupo le dirigió la mirada fija durante unos segundos. Sakura encontró consuelo por un instante.

Los otros tres delincuentes comenzaron a bajarlos a los golpes del auto y el que parecía dirigir la operación desapareció entre las sombras del enorme deposito.

Las piernas de la ojiverde protestaron por las horas dobladas en el diminuto espacio. Y casi flaquerón mientras eran llevados a las volandas por una angosta escalera. En su mente se vio a si misma corriendo escaleras abajo y se preguntó cuánto tardarían en dispararle, y como podría salir del depósito si no sabía ni por dende entro.

El piso superior era una amplia sala sin ventanas perfectamente iluminada, el olor a antiséptico le golpeo la nariz, y el desespero pareció empezar a invadirle por primera vez en la noche. Sus amigas empezaron a sollozar más fuerte. Era una sala médica, con una sola camilla en medio tras un par de biombos. El contenido de su estómago se volcó precipitadamente de su boca. Manchando sus pulcros zapatos blancos.

―Disculpen el incómodo viaje, señores―profirió una figura alta saliendo tras los biombos.

Sakura escucho la risita de sus secuestradores y se arrodillo en la madera a terminar de vomitar.

―Pero entenderán que tenemos cierta situación acá que requiere sus servicios―continuó. Su cara perfectamente cubierta tras una máscara blanca.

Sakura fue levantada del suelo a la fuerza.

Debí vomitarles encima.

― ¿Qué quieren de nosotros? ―pregunto su colega. El doctor Aoki era un hombre más o menos de su edad, alto y bastante fornido, pero muy arrogante. Sakura mentiría si fingiese que no sintió cierta satisfacción, cuando el secuestrador a su lado le profirió un fuerte puñetazo.

―Doctor…―el hombre se acercó un poco para leer el bordado de su uniforme ahora manchado de sangre― ¿Aoki? Usted solo hablara cuando yo se lo pida. Y por supuesto, nunca hará preguntas ¿Esta claro? ¿Estamos todos claros?

Sakura se encontró a si misma asintiendo con fuerza ante las palabras.

―Las cosas saldrán tan bien como ustedes quieran que salgan, así que preciosas, dejen de llorar, por favor.

Las muchachas asintieron sollozando. Sakura sintió la bilis subir a su garganta de nuevo.

―Y la señorita de los vómitos, más le vale controlarse, no queremos que ocurran accidentes.

-o-

El hombre en la camilla respiraba forzadamente. Durante momentos se interrumpía ligeramente marcándose en el monitor junto a su cama.

Aoki había estado en silencio durante toda la intervención cumpliendo su papel de primer ayudante mientras las chicas se encargaban de los signos vitales y los instrumentos en el improvisado quirófano mientras ella estaba cubierta de sangre hasta los codos reparando el pulmón el hombre convaleciente.

Tienes que vivir, extraño, por favor.

Los captores le habían dejado las cosas bastante claras: Si el muere, ustedes mueren. Vida por vida. Entonces ahí estaba ella, reparando el pulmón de un extraño en un quirófano improvisado con sospechosas medidas asépticas. Jugándose su vida por azares del destino. Era como si su minuciosa agenda le había llevado al perfecto momento para que le secuestrasen. El destino era un cruel jugador y ella una inocente chica que había quedado atrapada en medio.

La palidez del extraño era casi fantasmagórica que dolía de solo ver. Todos rogaban que fuese su tono de piel natural o estarían en graves problemas. Admiro por unos momentos más la cara del extraño: Estaba casi deformada por los golpes y tan hinchada que era imposible distinguir sus rasgos. ¿Qué clase de persona seria? ¿También era un despiadado secuestrador? ¿Algún asesino?

No te dispararían por bueno.

Tras el biombo estaban los cinco hombres mirando fijamente el punto.

―Dígame, doc.―dijo el de la máscara―Deme buenas noticias.

Sakura sintió flaquear nuevamente, y luego de tragar su propio vomito pudo conseguir que las palabras salieran de su boca:―Él no está bien. Deben llevarlo al hospital.

―Él no puede ir al hospital, ¿Para qué cree que están ustedes acá?―escupió indignado.

Sakura miro al piso y trato de controlar el temblor de sus manos.

―El disparo perforo un pulmón, lo arreglamos a duras penas. ¡Pero él no está respirando bien! ―su voz se elevó más de lo que pretendía. Uno de los hombres jugo con el arma de sus manos― Si bien está conectado al respirador, necesita un área estéril, necesita una nueva valoración. No sobrevivirá mucho aquí.

―No hay problema con eso, nos iremos de aquí en unos minutos.

― ¿Qué? ― dos de los hombres la tomaron por los brazos comenzaron a desprenderla de la bata manchada con la sangre del extraño.

―No pertenecemos acá, querida―continúo diciendo mientras tecleaba en su celular―Las enfermeras se quedan aquí, atadas y en silencio. Tu colega y tu vienen con nosotros. Lo van a mantener vivo hasta que lleguemos a la frontera.


Empezó a llover a cantaros mientras se dirigían al cuartel y los cielos se habían teñido de gris rápidamente. Kakashi miro por la ventana del auto en movimiento un par de veces en busca de animales pequeños al borde de la carretera. Con Asuma al volante cualquier cosa podía pasar, incluyendo un accidente de alguno de estos.

―¿Qué haces?―pregunto el moreno.

El peliplata volvió la mirada al frente. La carretera mojada en una amplia línea recta se extendía frente a ellos.

―Nada interesante, mira al camino.

Su subordinado se enfocó en la carretera de nuevo.

―¿Crees que nos envíen al campo si sigue lloviendo así?― empezó a tantear la guantera, la caja de cigarrillos le esperaba.

Kakashi metió la mano en los bolsillos de su uniforme para buscarle el encendedor. Si hubo un tiempo ―hace muchos años― cuando evitaba suministrar cigarrillos a su amigo, ahora la situación era diferente, habían estado tanto tiempo recluidos que todo tipo de lugares que impedirle fumar solo sería torturarlo más. Haría la vista gorda mientras pudiera.

El humo se extendió dentro del vehículo.

―No lo dudo. Nos sacaron a volandas. Las cosas se están moviendo mucho en la frontera―respondió poco ahogado con el humo de su chofer.

Mientras más se acercaban a la base empezaron a aparecer los puntos de control en la carretera. Últimamente la tasa de desertores al Sur se disparó exponencialmente, tanto así que la única solución militar fue aumentar las alcabalas y asegurar la línea fronteriza, todo eso modificando los protocolos de seguridad. Kakashi pensaba que las medidas eran un poco más extremistas de lo necesario, tenía ya varios años destacado en el pueblo al borde de la frontera, y numerosas expediciones bosque adentro y nunca había tenido la oportunidad de encontrarse con un desertor.

Esas eran solo historias que se oían de los altos mandos militares y de algunos de sus chupa medias. La realidad era muy diferente de las cosas que llegaban a los oídos de los generales.

La lluvia continúo golpeando el parabrisas con fuerza durante un rato más. Asuma se aferró con fuerza al volante a medida que se aproximaban al control. Kakashi conocía bien esa sensación de ansiedad, paso por eso tantas veces al inicio que le impresionaba casi dolorosamente cuando alguno de sus amigos daba signos de ella.

Asuma era de sus subordinados más confiables, podría confiarle su propia vida ―y lo hizo un par de veces― con la seguridad de que haría lo humanamente posible para salvarle. Era un hombre fornido, con un talento innato para las tácticas militares, aplicado en sus responsabilidades y leal hasta la muerte, que podría llegar tan lejos como se lo propusiera. Apareció en su unidad como un simple reemplazo y fue haciéndose un lugar. Ya terminado su tiempo de reemplazo, el mismo Hatake lo solicito permanente.

―¿Cómo esta Kurenai?―pregunto intentando disipar la tensión.

Asuma bajo un poco el vidrio para arrojar la colilla.

―Preocupada, teme de las historias que recorren el pueblo―ambos intercambiaron una mirada corta―. Eso le ha tenido algo enferma. Ayer antes de partir de la base me llego la última de sus cartas, dice que el estrés le tiene un poco débil.

―Llámala desde mi oficina cuando volvamos del reconocimiento.

El moreno asintió agradecido.

El puesto de control no era más que una diminuta garita con dos oficiales del ejército. Uno de ellos se estaba acercando bajo la lluvia. Kakashi le entrego el pase de circulación. Definitivamente esa semana de vacaciones no fue suficiente.

-o-

Ya había parado de llover cuando el pelotón se reunió en la cabaña abandonada que establecieron como punto de control. La noche parecía excesivamente oscura ahora que no había luna. El pelotón a su mando decidió dividirse en dos grupos, la mitad de los hombres patrullaron la zona Este de la línea de demarcación fronteriza entre el prado y el pequeño lago, Kakashi decidió guiar el mismo al otro grupo que iría al bosque. Nadie conocía ese bosque como el mismo.

Los caminos que trazo junto a sus subordinados, ajenos al camino principal, aun parecían abiertos y disponibles. Avanzaron silentes durante un tramo más en la perfecta formación táctica encabezada por el, y esto era una de las principales cosas que solían distinguir a Kakashi Hatake de muchos de sus colegas, el mismo lo reconocía, le gustaba guiar a sus hombres sin importar el ejercicio táctico que realizaran.

"―Aquí Gato―chillo el comunicador en su oído―¿Lobo?"

Kakashi levanto su mano al aire dio la señal de dispersarse. Encendió la linterna de su casco y apretó un poco más su agarre del rifle.

"―Te escucho, Gato".

Se adentro un poco en la hierba alta hasta la cintura. Asuma se pegó a su espalda. Kakashi le dejo pasar adelante, confiaba en él lo suficiente como para permitirle ese criterio. Tras su espalda uno de los novatos ajustaba la linterna.

"―Se acaba de cortar la electricidad del cerco Este, voy para allá".

Bajo otras circunstancias, cualquier otro capitán hubiera abandonado el ejercicio de patrullaje. Algo realmente serio acaba de ocurrir en el cerco fronterizo del Este ―las lluvias lo habían hecho de nuevo― y su deber como Capitán le pedía regresar al punto, pero Gato era un chico capaz. A pesar de su corta edad, escalo con habilidad cada rango, y darle la autoridad para actuar ante este tipo de situaciones solo podría ayudarlo a seguir subiendo.

"―Procede, Gato, espero reporte en la base".

―Eres un buen papá ¿sabes? ―Asuma retrocedía hacia su posición.

El peliplata relajo la posición del rifle en sus brazos. Los tres novatos se dispersaron, pero él aun podía oír sus pisadas en la grama alta.

―Hay que darles libertad de vez en cuando―respondió.

La lampara del casco del capitán golpeo directamente la cara de su amigo, pero algo se movió tras el casi imperceptiblemente antes que sonara el disparo.

Lo siguiente sucedió tan rápido que Kakashi apenas se percataría de lo que estaba haciendo hasta que tenía el pecho pegado de la tierra y su mano enrocada en el rifle listo para disparar.

Las siluetas se movieron entre las sombras, gachas entre la hierba y escurridizas. El peliplata busco con la mirada a su amigo hasta que les encontró a unos metros más allá agazapado.

¡Mierda, los novatos!

Varios disparos sonaron en su dirección, él se mantuvo en silencio en la tierra. En serio les estaban disparando, pero desgraciadamente eso no era lo peor, la cosa se complicaba porque los disparos venían de la línea de demarcación fronteriza.

"―Lobo, creo que tenemos un problema aquí".


Dicen que cuando estas a punto de morir, tu vida suele pasar frente a tus ojos como si de una película se tratase, con una secuencia lineal muy precisa de cada momento, incluso algunos de los que no estuviste consciente, insignificantes en el momento, pero por alguna razón la misma vida te los planteaba nuevamente. Los errores que alguna vez cometiste, las personas con las que estuviste. Sakura se preguntaba por qué ella no espero a Naruto, por qué planeo un horario. No había películas de su vida, no había recuerdos bonitos.

En algún punto de la madrugada todo se había descontrolado aún más si era posible.

Los caminos se volvieron tortuosos mientras más se acercaban a la frontera. La pelirosa y su colega se preguntaban lo planeado que estaría esta pequeña excursión si en ningún momento del viaje entre la capital y la frontera les llego a detener alguna autoridad. Personas comunes y corrientes nunca tendrían permitido el acceso más allá de algún pueblo fronterizo, pero ahí estaban ellos, en la parte trasera de una furgoneta con un herido de bala y dos médicos secuestrados. Era irreal, casi novelesco, y ellos parecían estar perfectamente tranquilos.

La vegetación era mas húmeda de lo que reconoció en la tv y más oscuro de lo que sus ojos podrían alguna vez adaptarse. La ojiverde trato de mantenerse lo mas calmada que sus nervios le permitieron mientras mantenía la ventilación del hombre convaleciente. Su colega, que parecía igual de asustado que ella apenas había despegado la cara de monitor portátil mientras se abrían paso en la fría noche.

―Bienvenidos a la ZDM, camaradas.

Su mascara blanca inexpresiva era casi lo único que la chica pudo distinguir en tanta oscuridad, las luces traseras del auto se reflejaban casi perfectamente en la superficie blanca dándole un aspecto extravagante.

―Pronto lloverá―murmuro por lo bajo.

Los hombres empezaron a alejarse por los bordes de la carretera en caminos verdes de hierba muy alta.

―No estaremos mucho, preciosa.

Sintió la necesidad de preguntar qué sucedería con ellos.

―Estamos en un territorio peligroso para nosotros, no podemos quedarnos mucho tiempo.

Sakura trago el nudo de su garganta y decidió cambiar de lugar para la ventilación mientras su amigo continuaba su tarea. Sin siquiera verlo, ella sabia que la mirada vacía tras la máscara estaba en ella. Trataba de mantener sus movimientos los más cautos posibles, pero era casi imposible detener el temblor en sus manos y controlar el ácido que subía a su boca una y otra vez. El hombre continúo rondando a su lado.

―Me agradas, preciosa, si pudiera te llevaría conmigo.

Oh Dios

―Estamos a las afueras del ultimo pueblo de tu asqueroso país, ¿Puedes ver hacia allá? Unos diez kilómetros hacia allá está el rio Hoshu, y justo después del él esta nuestro amado Arrozal. Tu país se jacta tanto de su seguridad, y mira lo fácil que circulamos en él. Lleno de corruptos, un soborno a la persona correcta abre muchas puertas o, mejor dicho, muchas fronteras.

El corazón de Sakura empezó a galopar fuerte en su pecho.

Me voy a morir aquí.

Entre la vegetación y los tantos caminos de tierra, Sakura puedo distinguir faroles de auto aproximándose muy rápido hacia ellos. Esto se acababa. Otra furgoneta negra sin matricula se paró en medio del camino. Los hombres de los matorrales se aproximaron a ellas con linternas.

―Supongo que esto es todo, preciosa.

Sus mascaras blancas empezaron a acercarse. La mujer soltó la bolsa de ventilación en manos de otro hombre que supuso seria su médico, e inmediatamente sintió el frio del cañón del arma contra una de sus costillas. Busco a su compañero desesperadamente con la mirada para encontrarlo con las manos en el aire en la misma posición que ella. Era el fin.

―¿Qué harán con nosotros?―soltó casi sin percatarse.

―Me gustas porque no haces preguntas, no cambies eso y camina.

Dos de los hombres comenzaron a guiarlos a trompiscones a través de la hierba en dirección contraria a los secuestradores.

No podía ver nada mas allá de la luz de las linternas mientras mas se adentraban en el follaje y la hierba pasaba cada vez a ser mas alta. Moriría en una noche sin luna, en un lugar desconocido, donde los animales carroñeros se comerían su cuerpo.

―¿Van a matarnos verdad?― la voz de su colega estaba temblorosa y casi ininteligible. Los hombres permanecieron el silencio―¡No diremos nada. Nunca. ¡Por favor!

―¡Cállate!

Los hicieron detenerse.

―¡Por favor!

Cuando el hombre mas corpulento le dio la vuelta y apunto el arma contra la cara de la chica, ella supo exactamente que debía hacer, y fue aún más fácil de lo que pensaba. No lo analizo dos veces antes de propinarle a su agresor una patada lo más fuerte que pudo justo en la entrepierna y ello logro debilitarle lo suficiente como para que ella pudiera derribar el arma de su mano con otro manotazo. Mas adelante Sakura admitiria que cuando lo hizo, nunca pensó en su compañero, que lo que fueron los diez segundos mas atemorizantes de su vida mientras el hombre reaccionaba al dolor y la pistola volaba por los aires, ella no sintió un miedo real. Solo escucho el sonido del objeto tocar la tierra y para ese instante su cuerpo ya se había lanzado en una carrera por su vida por entre la hierba que se hacía cada vez más alta con cada zancada. La oscuridad reinaba a su alrededor por cada metro y los pasos y gritos de su captor le seguían de cerca, pero ella no disminuiría su paso. Sus pulmones reclamando la mayor cantidad de aire, sufriendo con cada inhalación y el aire frio congelando sus entrañas.

No aquí. No aquí. No puedo parar.

Un único pensamiento recorriendo su mente de un lado a otro como un matra hipnótico. Corre. Corre.

Sin realmente pensarlo las palabras del individuo malévolo de la máscara guiaban su cuerpo casi en piloto automático en la huida. Un dolor punzante en su pierna derecha tiro de su cuerpo hacia el suelo, su cara termino enterrada en la tierra húmeda y las filosas hojas de maleza. A su alrededor la noche se adueñaba de la naturaleza en tanta calma que podía escuchar el sonido de su corazón latiendo con fuerza y martillando sus propios oídos.

"Estamos a las afueras de tu asqueroso país".

"Unos diez kilómetros hacia allá está el rio X, y justo después del él esta nuestro amado Arrozal".

"Bienvenidos a la ZDM".

¿Cuánto tiempo había corrido? ¿Unos minutos, un par de horas? Había perdido la sensación del tiempo y la noche se le hacía cada vez más eterna. Los pasos tras ella se habían perdido hace un tiempo. Su parte más optimista quería creer que despisto al persecutor rato atrás. Su otra contraparte, la mas realista, lo imaginaba paseando en silencio entre el espesor del monte, silente esperando por ella. Sakura le creo a esta última, después de todo, era esta la que le permitió sobrevivir.

Se sentó dificultosamente aun sin poder respirar con normalidad, y gateo entra la oscuridad el delgado alambra de púas que le tiro al suelo en su carrera. La pierna derecha herida por las púas, con las rodillas peladas y sangrantes. Maldita sea. Debía seguir corriendo, sin detenerse, si estaba en una frontera tarde o temprano debía encontrar a alguien, y sabiendo que corrió lo mas que pudo al camino que debían tomar sus secuestradores, tarde o temprano encontraría a las autoridades de su país. Ahora bien, le preocupada que fuera tarde, cuando el alba repuntara en el cielo y Sakura con su distinguible cabello rosa fuese un blanco fácil para los que le buscaban.

No puedo parar ahora.

-o-

Kakashi debía casi dividir su mirada en dos poder estar al pendiente de ambos objetivos. Los hombres arrodillados en el suelo lodoso a un lado de la línea de alambre divisoria no tenían nada que pudiera identificarlos ante ellos. El militar al otro lado de la línea fronteriza era quien mantenía a ambos individuos en el suelo y con las manos en la cabeza, mientras los que parecían sus subordinados apuntaban estoicamente hacia el peligris.

Ninguno de ambos bandos se atrevía a dar la primera palabra mientras se apuntaban con los rifles. Kakashi casi podía sentir el pequeño sonido del clic metálico del rifle de uno de los novatos a sus espaldas. Debian estar temblando de miedo.

―Cruzaron la línea divisoria―Asuma interrumpió el silencio.

El que parecía el capitán de la contraparte se desplazó lentamente desde el fondo del grupo de hombres hasta estar a solo unos metros de Hatake. Su arma aun apuntaba directamente hacia el peligris.

―No tienes como asegurarlo. Ahora están de nuestro lado―su voz reverberó en autoridad.

Kakashi estaba casi seguro de que su subordinado lo miraba atentamente.

―¡Identifíquense!― le rugió su amigo a los hombres en el suelo.

Como lo había pensado desde que los miro, ninguno de ellos diría una palabra. Parecían estar maestralmente adiestrados para guardar silencio y calma aun en una situación como esta. No cualquier hombre podía mantenerse estoico al quedar atrapado en la línea divisoria de dos países enemigos y mucho menos mientras ambos bandos se apuntaban con intenciones asesinas, estas personas no eran cualquier tipo de individuos.

―Han disparado contra nosotros―el peligris tuvo que tomar la palabra― Incluso han dejado una de sus armas de nuestro lado ¿Necesitas más pruebas? ¿O acaso esta .9mm es de su ejército?

Vio la duda entre los hombres.

"―Capitán Lobo, aquí Gato. No hemos podido solventar la situación".

El capitán contrario se aproximó a uno de los individuos tiro fuerte de su cara para mirarlo: ―Se acaban de meter en pleno conflicto internacional. ¿Quién coño son ustedes?

El silencio les recibió nuevamente.

"―Gato a Lobo, el apagón tumbo la línea de las casetas de control también. Necesitamos apoyo".

La tensión iba escalando lentamente por sus hombros. Él sabía que este inconveniente no era algo rápido de proceder y los soldados del Sur no se dejarían someter por ellos o por estos hombres. Aunado a eso su unidad necesitaba ayuda urgente, los puntos de control en las casetas era prácticamente la principal vigilancia en esta parte de la ZDM desde donde podían controlar la cerca electrificada, si algo fallaba ahí todo podría salirse de control muy pronto, en tal caso si podrían darse los desertores o incluso intrusos espías. Como estos hombres.

Vaya casualidad que justo el día en el que se da una falla eléctrica tan masiva que tumba la línea electrificada fronteriza en plena ZDM estos misteriosos hombres aparecen corriendo en el follaje, armados, bien entrenados y sin identificación. Y si bien solo habían cruzado un par de metros de la frontera dispararon directamente contra sus hombres. Esto era una clara violación del tratado de armisticio, pero él no podía quedarse a discutir el asunto cuando su unidad estaba en un apuro; estas cosas quedarían para los políticos sus burocracias. Kakashi Hatake tenia una responsabilidad mas grande con sus soldados. Ya luego se encargaría de esto.

―Capitán del Sur―trato de sonar lo mas inexpresivo que pudo―No puedo probar que estos hombres han violado nuestro territorio. Pero quiero que se deje claro que no permitiré otro de estos incidentes, la próxima vez le volare los sesos sin compasión. Los dejo ahora bajo su jurisdicción.

Le dio un asentimiento a Asuma bajo la mirada vigilante de todos los presentes, este pateo ligeramente el arma en la tierra hasta cruzar el alambre. Lo siguiente que ocurrió fue como los soldados de su contraparte se retiraban lentamente llevándose a los hombres con ellos.

El camino a través del bosque se volvió aun mas corto de lo que alguna vez le pareció. Caminaron en silencio, alertas aun, pegados a los pequeños monolitos de piedra que marcaban la zona segura para transitar, mientras descendían montaña abajo hasta los puntos de vigilancia. Los novatos aun estaban bañados en miedo y Asuma parecía aun mas pensativo que de costumbre hasta llegar a la zona de inspección. El alba empezaba a abrirse paso entre el cielo y el camino se abrió para dar lugar a una zona de vegetación recortada con dos amplias torres a sus extremos.

Gato se encontraba apostado contra una de las paredes de concreto de la edificación y el resto de los hombres de la unidad parecían repartidos entre el amplio campo. Los novatos prácticamente mientras se desprendían del los chalecos blindados y el resto del equipo. Asuma los siguió silente saludando a su teniente con la barbilla.

―¿Todo bien?―pregunto Tenzo una vez estuvo frente a su capitán.

―¿A que llamas bien? Encontré intrusos―la cara de su Teniente se contrajo en una mueca―. Cruzaron la línea, tuve que dejárselo a los soldados del sur.

El menor suspiro con pesar. Kakashi intentó quitarse el equipo.

―¿Piensas reportarlo?

―Debo hacerlo, Tenzo―El chaleco golpeo fuerte el piso de tierra―Fue muy extraño: No parecían querer salir, sino entrar a nuestro lado.

―Tal vez eran espías, capitán. Se supone que nadie debe saber que se corto la electricidad, pero a sabes, la información se filtra.

Kakashi valoro un momento la situación y decidió callarse algunas cosas, no es que no confiara en Tenzo ―le confiaría su vida a cada uno de sus hombres― pero estaban recostados de una de las torres de vigilancia, las paredes podrían tener oídos.

―¿Qué has hecho con esto acá?

―En el cuartel quedaron de enviar los refuerzos para la vigilancia mientras se arregla la electricidad. Genma aun está en la base de la montaña. Tengo a Gai controlando la torre de radio, pero me falta personal para mandarlos a los lados del cerco.

Kakashi recostó la cabeza contra el concreto de la pared.

―Bien. Te dejo a mis hombres y subiré a la montaña a buscar el reporte de Genma. Pero antes, dale café a tu capitán, necesito reponer energías. Siento que será un mal día.

El café estuvo mas sabroso de lo que esperaba, con el estómago vacío fue aún más apreciado. Y luego de inspeccionar ligeramente que todo funcionara como debía, se coloco nuevamente el equipo para subir a la montaña por sus hombres. Esta vez, rompiendo el protocolo, dejo de lado el rifle, pero casi por inercia metió la pistola en el estuche de su pierna. Esta bastante cansado de la noche anterior, lo suficiente como para que le diese igual los jodidos protocolos, tenía hambre, sueño, y estaba irritable. Aunque su estado no venia a ser culpa de ninguno de los hombres de su unidad, se encontró bastante frustrado con ellos con todos en general.

Llego al inicio del camino al pie de la montaña y emprendió la marcha algo renuente.

Kakashi Hatake era un hombre que había servido a su país lo necesario un poco más, se consideraba un hombre tan dedicado a su trabajo que cuando las cosas iban por un rumbo contrario a lo esperado solía ponerle de mal humor. Su karma debía ser bastante malo si lo tenían que sacar a volandas de sus merecidas vacaciones para parar patrullando la frontera más pelirosa del mundo y aun así encontrar intrusos. Vaya suerte.

El tema de los intrusos lo distrajo lo suficiente como para hacerle llevadero la subida. Muy curiosa situación la que le toco. La electricidad era un tema muy rígido en la línea fronteriza que se aseguraba aun mas en las temporadas de lluvias que azotaban el país, era increíble como aquellos hombres del sur llegaron precisamente a ese lugar y mas aun el temple que tenían al ser capturados. Dudaba que fuesen cualquier intruso, e incluso no estaba bastante seguro de que fuesen hombres del Sur. Parecían demasiado estoicos, muy bien adoctrinados para los soldados que vigilaban el otro lado de la frontera. No estaban vestidos para el clima de una montaña, no portaban el armamento adecuado para infiltrarse en zona enemiga y mucho menos habían arremetido conta ellos. Aquel disparo ―según uno de los novatos― ni siquiera fue propinado directamente contra ellos, sino que parecían estar buscando algo y cuando Kakashi se arrastro en la tierra y los estuvo de frente, ambos parecían igual de sorprendidos de verlos ahí ¿No se supone que es lo que esperas cuando penetras una frontera enemiga?

Esto no me dejara dormir.

Un sonido de pasos lo trajo de vuelta a la realidad y Kakashi se lanzo a la maleza al borde del camino. Aun estaba lo suficientemente lejos de la base que establecieron como para encontrar soldados patrullando la zona. El peligris se agazapo entre la tupida maleza y tanteo su pierna con el arma, contuvo la respiración por unos momentos.

Del lado contrario del camino un menudo cuerpo salió casi desorientado. Era una pequeña mujer cubierta de lodo de pies a cabeza que buscaba a su alrededor casi frenéticamente. Kakashi la observo caer de rodillas contra la tierra al borde del camino y casi arrastrarse al árbol más cercano. El bosque se silenció por instantes donde solo podía oír a las pequeñas alimañas arrastrarse en el monte y varios pájaros cantar al son de la mañana. El momento solo fue interrumpido por un sollozo casi lastimero que emitió la diminuta mujer mientras pegaba la frente del árbol.

Kakashi vio su oportunidad.

―¡Identifícate!― se libero de la maleza y apunto directamente a la cara.

Tenia ojos grandes y brillantes como dos jades. Kakashi puso observar claramente la emoción atravesar sus ojos de un extremo a otro y de pronto cobrar vida.

―¡Oh Dios mío! ¡Realmente estas aquí! ―chillo con los ojos llorosos.

Kakashi dio un paso atrás cuando la vio ponerse de pie e intentar aproximarse. La tenia a solo centímetros del cañón de su pistola.

―Dije que te identificaras, extraña.

Sus manos subieron al aire y su rostro fangoso empezó a lavarse de lágrimas.

―Me trajeron acá contra mi voluntad. Por favor tienes que ayudarme, te lo suplico. Solo quiero llegar a Sendai y volver a casa.

Se le corto la respiración por segundos mientras ella suplicaba y permaneció en silencio unos instantes más.

―¿Dónde crees que estas?―le pregunto aun sin bajar su arma.

Ella retrocedió unos pasos del el cautelosamente, su cara deformándose en una expresión de terror.

―¿Este no es el país del Fuego Sur, verdad?

El negó con la cabeza y el sonido del seguro de su arma reverberó en el repentino silencio de la montaña.

―Este es el país de Fuego Norte.


Aunque no es una fiel copia, esta historia esta basada en la misma premisa del K-Drama Crush Lading on You.

Si alguno lo vio, espero cumplir expectativas. Si no lo han visto, corran a verlo, es una hermosura.

¡Muchas gracias por leer!