"No se puede ir por ahí construyendo un mundo mejor para la gente. Sólo la gente puede construir un mundo mejor para la gente. Si no, es solamente una jaula".


8. En la jaula.


Cuando la madre de Sakura bajó del auto, Sasuke bajó con ella y espero verla subir los escalones de la entrada de su hotel. No era el lugar en el que ella había insistido en quedarse, pero Naruto y él tuvieron que persuadirla un poco para que estuviera cómoda. Ellos se encargarían de los gastos de su estadía en la ciudad y así estarían un poco mas tranquilos en saber que no solo ellos buscaban a Sakura.

Sasuke insistió en que se trata de empatía, la que fuese su suegra estaba sufriendo una perdida igual que ambos. Naruto era mas directo con lo que pensaba que era, ni bien la señora había desaparecido de su vista cuando el rubio dijo:

—¿Compartimos el sufrimiento o la culpa?

El Uchiha lo ignoro, y se subió al asiento del copiloto de la SUV, Naruto dio la vuelta y puso en marcha el auto.

—No es nuestra culpa, Dobe—le recalcó.

—Claro que lo es, la dejábamos sola, siempre la dejábamos sola.

No tenía como negar eso. Ese mismo día, él y su estúpido enojo infantil se habían negado a ir a buscarle al hospital, siendo ese el día de su cita de reconciliación. Sasuke trato de mirar al frente e ignorar lo que sea que su amigo estuviera diciendo. No quería reclamos, mucho menos lamentos, él tenia esperanza latiendo dentro y sabia que el rubio también y aunque esa era la manera que su amigo tomaba para afrontar las "perdidas", el Uchiha consideraba que algunas cosas no debían decirse, entre esas la culpa.

—Ya cállate, Naruto, me estas desesperando.

Fueron dos minutos de silencio en el tráfico, atardecía y Sasuke saco su teléfono para ver la hora. La aplicación de noticias empezó a sacudirle el teléfono con todas esas notificaciones molestas y el morocho no dudo en presionar desinstalar a la tortura digital.

—Aoki-san despertó, pero estaba sufriendo tanto que los médicos tuvieron que inducirle un coma de nuevo.

Sasuke miro a su amigo, la mirada fija en el frente y el entrecejo rubio fruncido le daban a entender que estaba hablando de algo serio. Confía en Naruto si quieres romper cualquier silencio.

—Algo así leí, no quiero saber de ninguna noticia que no la involucre.

—Yo tampoco quisiera, Teme, pero fui a verle esta mañana y hable con su familia.

—¿Y qué con eso?

—Me contaron lo poco que Aoki les dijo cuando despertó.

Ahora Naruto si se esta ganando toda la atención del pelinegro. El auto se movía lentamente entre el embotellamiento y Sasuke sabía que tendrían mucho tiempo para hablar.

O para que se calle.

—Fueron secuestrados, Sasuke-Teme. Gente del país del arrozal.

—Eso lo sé, idiota, es lo mismo que nos dijo la policía.

—La policía no nos dijo que los tipos eran traficantes o algo así, no nos dijo que Sakura escapo en el monte. No nos dijo que Aoki dijo que eran Akatsuki

Si Sasuke hubiese estado conduciendo habría dado el frenazo de su vida y tal vez causado el peor accidente automovilístico del año. No entendía como Naruto podía estar tan calmado, no entendía como se había guardado todo esto.

—¡¿De qué diablos hablas, Naruto?!

Su amigo se apoyó en el volante y le miro con la expresión seria que reservaba solo para cuando tenía algo en mente.

—Lo que escuchaste: Sakura-chan escapo antes de que le hicieran algo. Aoki lo escucho claramente de la boca de esos hombres, no la encontraron. Y ella fue la distracción que le dio la oportunidad de escapar a él.

Sakura, por qué, por qué no pensaste en ti antes…

—¿Por qué la policía no ha dicho esto?

—No lo sé, Teme. No sé qué pensar.

Sasuke miro el teléfono, de repente muy pesado para sus manos.

—Llámalo, Sasuke. Él puede saber algo, no tenemos nada que perder…

Era cierto, ya Sakura se había ido y ellos no tenían nada que perder y mucho que ganar. Antes de que pudiera pensar bien que estaba haciendo, ya había marcado ese número que de memoria sabia y su celular llamaba en altavoz.

Itachi contesto después de un par de tonos, casi cuando Sasuke estuvo a punto de colgar, con voz apagada y somnolienta.

—¿Quién es? —preguntó.

Naruto y Sasuke se miraron confundidos, un par de autos tocaban el claxon tras ellos, el auto avanzo un poco.

—¿Hola? —repitió Itachi.

El rubio señalo a su amigo y amenazó con quitarle el telefono por lo que Sasuke tuvo que hablar: —Soy yo, Sasuke.

—Sasuke… ¿Esta todo bien? —aunque su voz aun estaba adormecida, el menor de los Uchiha pudo notar la alarma en su voz.

Después de todo, recibir de la nada una llamada del hermano menor que te odia debía ser toda una sorpresa.

—Itachi, necesito un favor.

Naruto intentaba estar pendiente de la carretera mientras salía del embotellamiento y al mismo tiempo escuchar la conversación.

Sasuke sentía como su orgullo se plegaba una y otra vez sobre sí mismo.

—¿Qué sucede?

—Sakura-chan, mi prometida, fue secuestrada hace poco más de dos semanas en la frontera con el país del arrozal. Traficantes, espías, gente mala ¡qué se yo! Ya no sabemos que hacer…

Hubo un silencio al otro lado de la línea, un par de pasos y algo que pareció un gemido de dolor.

—Nii-san, no quiero saber lo que haces con esa gente o en que asuntos estas metido. Solo sé que tienes contactos y quiero que me ayudes a encontrarla, sé que está viva.

Su propia voz le parecía una súplica, espero que Itachi la oyera así también, que se compadeciera por él y su dolor por alguna vez en su vida.

—¿Estas seguro que son del Arrozal?

—Lo escuchamos de la policía.

Otro silencio incómodo.

—Por favor, Nii-san.

—Veré que puedo hacer, no te aseguro nada— y colgó.

Sasuke y Naruto se miraron a la cara, pero ninguno fue capaz de articular una palabra en ese momento, por lo que siguieron en silencio.

Sasuke estaba harto, no quería llegar a casa, no quería ver nada que le recordara a ella y saber que estaba de brazos cruzados sin hacer nada. Intentar sin lograr nada, anuncios en la prensa, difusiones por el internet, nada parecía llevarlo a ella. Era como si Sakura hubiese desaparecido de faz de la tierra, tan aislada que nadie podría llegar a ella.

Naruto hablo nuevamente cuando aparco frente al apartamento de Sasuke:

—¿Por qué la policía no nos dijo eso?

El pelinegro suspiró.

—Tal vez porque Aoki nombro a Akatsuki.

—¿Acaso no merecemos saberlo? Si a Sakura-chan se la llevaban los extraterrestres yo igual intentaría buscarla.

—Dobe, es complicado. Terroristas internacionales. Una chica secuestrada. ¡Ni yo entiendo un carajo!

Naruto golpeo con fuerza el volante.

Era un asco, todo lo que estaba pasando era un asco. La policía le escondía las cosas, el único testigo se debatía por su vida, Itachi era un traidor que no le ayudaría y Sakura seguía perdida en algún lugar del mundo.

Pero viva, está viva.

—Deberíamos hacer algo—dijo el rubio.

—Deberíamos hacer algo—coincidió él.

—Debemos encontrarla Teme ¡vayamos al arrozal, vayamos al Suna, vayamos al Norte!

Sasuke abrió bruscamente la puerta del auto y salió dando grandes zancadas hacia el interior de la casa con Naruto siguiéndole de cerca.

—¡A dónde diablos vas, Sasuke! Te estoy diciendo que debemos encontrar a Sakura-chan.

Era una terrible, malísima, pésima idea.

Hay que hacerlo.

—Anda a buscar tu pasaporte, Dobe, y nos vemos aquí en una hora. Nos vamos a Suna.

-o-

El funeral transcurrió más rápido de lo que pensó que seria, y de un momento a otro varios de los amigos cercanos estaban intentando decir algo sincero y decente.

Kakashi sabía que no lo lograrían. Las palaras que se decían en los entierros eran todo menos sincera. Nadie quiere hablar de lo buena persona que era el difunto, o cuantos momentos se pasaron juntos, o de lo que lo vas a extrañar… solo estas ahí, pensando "¿Por qué? Debí haber hecho algo mas ¿Por qué te moriste, imbécil? Él no quería que ninguno de ustedes estuviera aquí"

—Gracias por venir, Capitan Hatake. Hayate-kun se alegraría de que estas aquí.

Kakashi miró a la madre de Hayate, anciana y frágil, él podía ver como u poco de vida se iba en cada suspiro. Tenía los ojos hinchados de tanto llorar, y su nariz enrojecida hacia un marcado contraste con la palidez mortal de su piel.

—Hayate… —le tomo un par de segundos encontrar las palabras— fue un buen subordinado, pero hoy vine como amigo. Lamento mucho su perdida, Gekko-san.

Ella se fue, sollozando en silencio mientras se perdía en la multitud que empezaba a dispersarse.

Le tomo un par de segundos ubicarla entre todas las mujeres. Su rebelde cabello violeta era lo suficientemente llamativo, pero ahora estaba bastante discreto atado en una cola alta, y vistiendo el uniforme de gala que solían usar en los funerales, pasaba desapercibida entre otras presentes. Hablaba con otra mujer alta que él no conocía, y de vez en cuando se pasaba la mano por la frente como intentando arreglar un flequillo inexistente.

El capitán espero un par de minutos a que terminaran la conversación, vigilando detalladamente cada uno de sus gestos. Cuando creyó apropiado acercarse la conversación ya estaba terminando y la mujer se retiraba de su lado.

Yugao estaba mirando el cielo en silencio cuando él llego a su lado.

—Kakashi-taichou, qué agradable verte por aquí—le dijo sin siquiera mirarlo de verdad.

—No es la frase más adecuada para la ocasión, pero supongo que es válida.

Ella sonrió amargamente.

—¿No? Es lo que hubiese dicho Hayate.

—Tal vez si incluías la tos hubiese sonado más como él.

Ella puso una mano en su hombro y por fin le miro a la cara. Kakashi sintió su dolor. Yugao probablemente era la mujer más tosca que conocía, sus ojos fríos no se parecían en nada al alma quebrada que tenía delante de él ahora.

Bastante destrozada, pensó.

—Llévame por allá, por favor—le señalo un par de bancos en la acera fuera de la hierba artificial del camposanto.

El peliplata se tomó literal sus palabras, puso una mano en el hombro de la mujer y la empujo delicadamente hasta el lugar. Bajo su tacto se sentía como una muñeca de trapo.

—¿No me vas a preguntar si estoy bien? —inquirió.

—No. Es obvio que no lo estas.

—Solo te acercaste a ver qué tan mal estoy.

La verdad sí, pero él no le diría eso. Ella estaba sufriendo de la peor manera que se puede sufrir una perdida, en silencio. Mientras la cortesía era darle las condolencias a la madre del fallecido —única doliente—, Yugao estaba en silencio en una esquina conteniendo sus gritos de dolor. La relación de Hayate y Uzuki no era un secreto para él ni para las amistades cercanas. Ellos llevaban años conviviendo juntos, pero sin un matrimonio que los atara bajo la ley, eso sería considerado actos lascivos y el concubinato no era muy bien visto por las leyes.

Yugao sufriría en silencio como siempre lo había hecho.

—Hace unos días hablamos de ti—empezó ella—me dijo que estabas en un lio.

¿Quién no sabía eso ahora? Se corría a voces como el chisme del mes. El capitán Hatake investigado por el incidente de los intrusos.

—Algo así. Problemas es lo único que atraigo.

—No, quiero decir, se a cuál lio se refería. Pero hay más, Kakashi.

Kakashi considero que no sería adecuado decirle algunas cosas ahora. Ella no estaba completamente en sus cabales y él no quería escarbar en una herida que apenas empezaba a abrirse.

—¿Cómo qué? —decidió preguntar inocente.

Ella le volvió a mirar y alzo una ceja incrédula.

—No tienes que fingir conmigo. Se lo que estaba haciendo Hayate para ti. Soy su mujer, él no me ocultaría nada.

El peliplata hizo una pequeña nota mental, pero permaneció en silencio para que ella continuara. El cementerio ya se había vaciado casi por completo, varias personas aún quedaban frente a algunas lapidas lejanas y no podía ver a ningún militar allí. La tumba de Hayate quedaba casi frente a ellos y el peliplateado tuvo que mirar a cualquier lugar que no fuera en esa dirección.

—Estaba investigando el informe oficial de los intrusos, imagino te hizo llegar lo que averiguó.

Kakashi lo había leído esa misma madrugada. Sakura dormía en su cama algo inquieta, pero solo escuchar los murmullos que hacía era un recordatorio de que su presencia no pertenecía ahí, y solo eso fue suficiente para que él tuviera el valor de abrir el sobre que había dejado Hayate. Macabramente leer la carta del hombre a cuyo funeral iría a primeras horas de la mañana.

—Si. Lo leí. Como dije, problemas es lo que más atraigo.

—¡Y vaya que sí! —una risa corta y fea broto de ella—Que un Teniente Coronel, altere un informe oficial solo para incriminar a un simple capitán, es un problema muy feo. ¿Dónde andas metiendo las narices?

Él también se preguntada eso. Tenía demasiadas fichas regadas como para poder armar por completo ese rompecabezas, desgraciadamente sin tenerlo armado , no estaba seguro hasta donde entrometerse.

—Estaré bien. Ya tengo un plan.

—Mas vale que lo tengas, Taichou. En cualquier momento el Mayor Takashi Mori cruzará la puerta de tu oficina y querrá arrestarte por plantar pruebas a inocentes cazadores.

—¿Crees eso?

Ella dudó un momento.

—¿Qué te arrestaran? —preguntó aun dudando.

—Que eran cazadores.

Ella miro al cielo considerando la pregunta. Una gota de agua se estrelló en medio de su frente.

—Si lo creo—dijo después de unos segundos—. Creo que sí eran cazadores, pero no creo que estuvieran cazando animales.

Esa era la respuesta que el esperaba. Era lo que sugería el informe de Hayate junto a la carta anexa, ¿salir a cazar sin la vestimenta adecuado? ¿dos personas un solo rifle? ¿una pistola sin serial? Eran los hombres que rastreaban a la tierna bola de pelos rosa que escondía en su casa. Y ahora estaba seguro que ellos de algún modo sospechaban que él le daba refugio. Podía ver hacia donde iba el siguiente paso.

—Creo que deberías irte—dijo ella. Empezaba a llover más fuerte.

Varios metros a la distancia pudo ver a Tenzo recostado del jeep, paraaguas en mano. No se había percatado cuando había legado allí.

Quiso decirle que fuera con él, que no debería estar sola, que no debía dejarla sola. En cambio, solo abrio la boca para hacer la pregunta por la que clamaba su subconsciente: —¿Tú crees que Hayate…?

—¿Fue asesinado? Si. No era idiota, no se dejaría matar por un manifestante, en un principio…¿Una manifestación aquí en Konoha? ¿En serio? Serian todos asesinados antes de decir la primera consigna.

Kakashi lo veía muy lógico.

—No hay testigos, nunca atraparon a un culpable, debieron esforzarse un poco más al menos. Y antes que creas que fue por lo tuyo, pues te informo que Hayate y yo teníamos planes de salir de acá.

¿Desertar?

—Mantendré un ojo sobre ti, Yugao.

—No te preocupes por mí. Estoy segura de que mi Hayate está muerto precisamente porque no me delato, de lo contrario estaríamos los dos encarcelados y torturados en algún lugar. La muerte es una salida rápida para los desertores, una que Danzo jamás permitiría.

Cuando Kakashi llegaba hacia Tenzo, ya estaba completamente mojado. Su impecable uniforme de gala estaba siendo lavado por la lluvia, y aunque su teniente le ofreció algo para cubrirse, el capitán declino amablemente y prefirió terminar de caminar al auto. Una vez dentro, ignoro el gesto de Asuma hacia el asiento mojado y se acomodó en el más si aún era posible.

Con Genma a su lado, y Tenzo en el asiento del copiloto, Asuma emprendió la marcha fuera de las instalaciones del cementerio.

Genma iba más callado de lo que lo había oído en algún tiempo. Ni siquiera había salido del auto a darle sus respetos a la madre de Gekko, mucho menos iba vestido para la ocasión, traía su acostumbrado uniforme e incluso estaba armado. La banda metálica que traía en su brazo, aquella que terminaba de identificarlos como militares de Konoha, no era la que acostumbraba a usar, ésta estaba más cuidada que la otra, sin los rayones ni los golpes que se conseguían en combate.

Supuso que sería de Hayate, después de todo, eran muy buenos amigos.

—Él quería desertar—dijo Kakashi tanteando el terreno.

Tenzo lo miro por el espejo retrovisor, advirtiéndole con la mirada. Genma continúo mirando por la ventana, pero le respondió: —Ojalá lo hubiese hecho. Ojalá se hubiese ido de esta mierda de país.

Ninguno de los tres decidió responder eso. Asuma tomo la autopista principal y le detuvieron en la primera alcabala de vigilancia, Tenzo le mostro a los soldados el pase de circulación.

—Estoy harto de esta mierda. Estoy cansado ya—dijo el del cigarrillo mientras se alejaba de la caseta—, estoy harto de decir a donde voy, tener que andar con un maldito pase para donde sea. Pronto también me pedirán un pase para a follarme a mi esposa.

—Necesitaras permiso Danzo para eso—completo Genma.

—El concubinato es ilegal, necesitas estar casado para acostarte con alguien. Así que técnicamente si necesitas permiso de Danzo para follarte a alguien—dijo Tenzo.

Kakashi miro por la ventana y siguió el trayecto de algunas gotas de lluvia que se fusionaban entre sí. Viajaban tan libres durante kilómetros cayendo desde el cielo para terminar juntas, uniéndose las unas a las otras como un todo insignificante que se perdería bajo los zapatos de alguien, o en la ventana de algún idiota. En algún momento él también estuvo libre.

—Es como si pudiera tener la oportunidad de escapar, la tomaría sin dudarlo. Hayate iba a tomarla ¿Por qué yo no puedo?

—No creo que Hayate fuera a tomarla, Genma—dijo Asuma—. Aún tenía a su madre. Quizá fuese para Yugao, luego quizás un par de años después le seguiría él. ¿Quién sabe?

La verdad es que Kakashi ya había experimentado la libertar que sus amigos anhelaban o la que Hayate tal vez planeo darle a Yugao, podía hablar con bases si dijese que libertad no era nada cuando estabas solo. Cuando Rin murió, no importó donde estuviese, él estaba nuevamente encerrado.

—Ya eso no importa, Hayate está muerto. Ojalá pudiera desertar de este país de mierda—alego Genma

—Yo no volvería a pisar este maldito continente. No te preocupes, Tenzo-kun, te llevaríamos con nosotros.

La gran gota resbalo hasta perderse en el borde de la puerta, y el proceso empezó de nuevo con las de más arriba. ¿Y si nadie te despertaba en las mañanas? ¿Y si no tenía un abrazo cálido al llegar? ¿Y si nadie te besaba por las noches? Es ahí cuando la libertad se convertía en una jaula.

—Yo también estoy harto—dijo sin realmente sentirlo.

Esperaba que fuera suficiente para calmarlos.

-o-

Ya estaba atardeciendo cuando Kakashi llegó al pueblo. Sakura no le veía desde la noche anterior, él abandono la casa tan temprano y tan sigilosamente que cuando ella despertó esperaba encontrarlo durmiendo aun en el piso junto a la cama.

Luego de pasar medio día con Gai como su niñera, las mujeres del festival habían venido a buscarle para seguir con los arreglos. La pelirosa se había negado rotundamente, utilizando todo tipo de excusas—desde lavar la ropa hasta arreglar el jardín— y logró exonerarse del trabajo manual en el festival, lo que no esperaba era terminar cuidando a las niñas de varias de las colaboradoras ¿Cómo le iba explicar eso a Kakashi?

Desde su lugar en la banqueta mientras trenzaba el cabello de una de las pequeñas, Sakura lo vio doblar en la esquina, el sol se reflejaba en su cabello y tomaba una tonalidad casi naranja, investido en un elegante traje militar, lucia sacado de una película del Sur.

—Wow—dijo la niña a la que peinaba—Tiene suerte, Sakura-san.

La otra niña, de unos doce años también igual que su amiga, soltó una risita tímida.

Sakura se aclaró la garganta.

—Hatake-san es tan guapo—terminó de atar la trenza justo cuando Kakashi estuvo a un par de pasos de distancia.

—¡Hola, Hatake-san! —dijeron al unisonó.

Tras ellas, la pelirosa se levantó y se sacudió un poco la falda.

—¡Yo! —lanzo una mano al aire, sus ojos en media luna.

La mujer espero paciente tras las niñas, casi segura de que estaba metida en problemas.

—Sakura-san nos estaba cuidando, nuestras madres están trabajando en el festival. Ya deberíamos irnos, señor—dijo Yumi, la de la trenza.

Sakura le dio una sonrisa de disculpa.

—Oh, es así… entonces yo las acompañare a casa, ya es un poco tarde.

—No se preocupe por eso, Hatake-san, podemos cuidarnos.

Sakura interrumpió: —No, está bien. Las llevaremos a casa, pequeñas.

Las niñas caminaron delante, dando pasos y brinquitos como lo haría un niño de su edad, y de vez en cuando enviando miradas a hurtadillas a la pareja que caminaba tras ella. A Sakura le parecía curioso ver esa animosidad nuevamente, en su país, no era muy común ver niñas de doce años actuar como niñas de doce años. Los niños en general solían estar tan metidos en cualquier aparato electrónico que perdían este tipo de alegrías de la niñez. Solo era cuestión de darse una visita por un parque y encontrarlo vacíos, o incluso una vuelta por pediatría y encontrarlos enfermos, pero nunca desconectados de la tecnología. Así que —aunque ella misma se consideraba casi adicta a su celular— era reconfortante ver a los niños ser niños, más aun donde vivían e ignoraban las cosas que realmente sucedían en su tierra.

Kakashi iba junto a ella en silencio, con la vista perdida en algún lugar más adelante de las muchachas. En un principio Sakura pensó que estaba todo normal, pero aprovecho la oportunidad para mirar su rostro de reojo, se percató de que tenía el entrecejo ligeramente fruncido. No el gesto hosco y malhumorado que tomaba a veces, sino tan sutil que casi parecía estar contemplando un mal pensamiento.

—¿Uniforme de gala? —pregunto queriendo subir los ánimos— ¿Acaso recibiste un ascenso?

Doblaron en una esquina con calle de tierra y casas muy humildes.

—Estaba en un funeral.

Se le borro automáticamente la sonrisa del rostro y guardo silencio hasta que Yumi y Asano señalaron un par de casas una frente a la otra.

—¿Están seguras que estarán bien? Deberíamos quedarnos con ustedes un rato más.

—No, Sakura san—dijo cortésmente Asano, cuando miro a Kakashi sus mejillas empezaron a enrojecerse—Mamá dijo solo hasta que llegara Hatake-san. Además, ya casi es de noche, Padre llegara pronto.

—No me molesta esperar un poco con ustedes—insistió Kakashi.

Las niñas negaron enérgicamente, y tras una reverencia cada una corrió a sus casas, dejándoles a ellos en plena calle mirando hacia los lados. Sakura trato de sonreírle con disculpas cuando Kakashi continúo caminando calle arriba.

—¿A dónde vas? —le tomo por el brazo.

—A esta hora la plaza se empezará a llenar de personas que vienen de lo del festival, los evitaremos por este atajo.

Sakura soltó su brazo y comenzó a caminar un par de pasos atrás. El sol ya se había ocultado por completo, y las calles oscuras empezaban a iluminarse con bombillos de menos capacidad de la que se necesitaba. Ella aún no se adaptaba a los problemas de electricidad en el Norte. A veces había luz, a veces no, era más que todo cuestión de suerte. Lo que no sucedería ni en el pueblo más rural del Sur.

Pateo una roca.

—Camina a mi lado, si alguien ve puede que sea extraño.

Sakura se adelantó un par de pasos.

—Te ves bien—dijo para cortar el silencio—. Te sienta bien el uniforme de gala.

Pensó que se había excedido hasta que miro al capitán, y la arruga de su frente se había suavizado, entonces él la miraba con una ceja alzada. Rogó a los dioses que entre la penumbra no notara como empezaba a sonrojarse.

—Y eso que no me has visto en smoking—le respondió—. Todo me queda bien.

Se le calentó el rostro de sopetón. Ella no sabía que Kakashi también podía bromear.

—Estoy segura que eres el único que piensa eso.

—Recuérdame ponerme uno antes que te vayas, luego podrás decirme si es solo mi imaginación.

Ella rio.

—Espera, ¿incluso tienes uno?

Su suave risa floto en la noche, cálida a sus oídos. Sakura le miro a la cara mientras aun mantenía la sonrisa, con ella se había quitado varios años de encima, de eso estaba segura.

Un par de grillos estaban cantando a la distancia, sus propios pasos sobre el empedrado le parecieron una escena sumamente relajante. De repente se sintió un poco más calmada de todo lo que estaba viviendo. No había Norte ni Sur, ni conspiraciones ni espías, solo una mujer mirando a un hombre reír.

Casi coqueteando, se dijo, y volvió a sonrojarse. Tenía muchos años sin tener esa sensación en el pecho.

—Bueno, a mí también me queda bien todo lo que uso.

Levanto la nariz arrogante mientras en sus labios bailaba una nueva sonrisa.

—Eso no lo dudo.

—¿Es eso sarcasmo?

Kakashi detuvo su marcha y la miro de arriba abajo deteniéndose en ciertos lugares estratégicos del cuerpo de la mujer. Luego de unos segundos casi eternos, echó a andar de nuevo.

—Para nada—dijo de espaldas a ella—Estoy seguro que te ves bien con cualquier ropa y también sin ella.

Sakura quedo paralizada en su sitio, incapaz de moverse mientras el avanzaba. Ahora si se había sentido coquetear, era real cuando el devolvía los halagos. Y aunque podía dejarlo pasar y atribuirlo al momento o al humor, esta era la segunda —quizás había más— vez que le insinuaba o decía algo así, tan solo el día anterior le había dicho "bonita". Por supuesto la conversación no había sido sobre eso, pero lo dijo, y ahora salía con una sutil insinuación adulta.

—¿Qué rayos? —se dijo para sí misma en voz baja.

Kakashi ya iba un par de metros a la distancia, sus hombros sacudiéndose en un peculiar movimiento como si se estuviera...

Riendo.

—¡Ven acá, Kakashi Hatake! ¡Que rayos fue eso! ¡Ni se te ocurra reírte de mí! —corrió tras él cuando ya estaba a punto de doblar la esquina que ella recordaba cercana a su casa.

Chocó contra su amplia espalda cuando él se detuvo abruptamente. A solo metros de ellos estaban dos autos de uso militar y por lo menos seis soldados armados iluminados por las luces amarillas de las farolas. Ella inmediatamente dio un salto hacia atrás, y cientos de pensamientos empezaron a correr por su mente a toda velocidad, ninguno lo suficientemente valido para ejecutarse, de eso estaba segura, pero por lo menos algo debía intentar.

Estuvo a punto de lanzarse al correr al bosque cuando la mano de Kakashi se deslizo suavemente por la curva de su brazo hasta unirse a su palma y entrelazar los dedos.

—No hagas nada estúpido—dijo inclinándose hasta el oído de la pelirosa.

Sakura como una marioneta se dejó guiar por él hasta el hogar que compartían. Todos los soldados fijaron la vista en la unión de sus manos.

Kakashi deshizo el agarre, cuando todos hicieron espacio para que apareciera otro hombre entre ellos. Un uniforme brillante como el de su "esposo", lentes anticuados, lo suficiente joven como para pasar por su edad.

El peliplata se colocó en una posición firme: —¡Mayor! —saludó con la mano en la sien.

Sakura tembló imperceptiblemente cuando se vio desprovista de la mano del capitán y los ojos de aquel mayor se posaron en ella incluso antes que en él.

—Capitán. Descanse—respondió.

La mujer se cubrió con el enorme cuerpo de Kakashi. No quería que aquel hombre le mirara, algo en sus ojos le decía que no pensaba cosas buenas, si el peliplata intimidaba, este tipo asustaba.

—¿Qué le trae por aquí, mayor? —dijo Kakashi.

—Sentí que debía hablar personalmente con el capitán Hatake, pero veo que está acompañando. Muy bien acompañado.

Sakura se aferró a la pare de atrás de su casaca.

—No hay problema con eso, mayor. Si usted gusta puede pasar a tomarnos una taza de café y tener esa conversación.

Él volvió a mirarla, de arriba a abajo. Sakura imaginaba que trataría de figurarse quien era ella.

—Seré breve, mejor. Hoy ha llegado un comunicado especial de Konoha.

—Algo sobre eso me han mencionado. Esperaba recibirlo en mi oficina mañana.

—No pude esperar para eso, capitán Hatake, tenía que venir a avisarle personalmente. Inteligencia ha decidido hacer la investigación especial y a partir de mañana está usted bajo investigación por lo que queda relevado de sus funciones de capitán.

La mujer sacó todo el aire de sus pulmones de sopetón, atrayendo la atención sobre ella por momentos.

—Me lo imaginaba —Kakashi no parecía sorprendido para nada.

Y al mayor parecía irritarle eso, la sonrisa del rostro se le borro casi por completo.

—Aunque me sorprende la seguridad con la que ha venido, Mayor Mori.

—Eso era de esperarse, capitán, soy nuevo en esta región y no planeaba salir del cuartel sin saber exactamente a donde llegaría. Milagrosamente su archivo si tiene su dirección exacta.

Sakura contempló la posibilidad de escaparse del tétrico encuentro y escabullirse por las calles del pueblo por un rato, pero la desecho rápidamente cuando aquel hombre volvió a mirarle.

—¿Y ella es? —preguntó.

La mujer quedó en silencio. ¿Quién era ella delante de este hombre? Prefería que Kakashi se hiciera cargo de eso, no haría nada estúpido y entre eso, contaba el hablar.

—Mi esposa—su gran mano se desplazó sobre la de ella nuevamente.

—Como le dije antes, no me gusta un archivo vacío porque este tipo de sorpresas me parecen desagradables, capitán Hatake. Un gusto en conocerla, señora Hatake.

Sakura asintió y se liberó del agarre de su esposo para poder hacer una reverencia apropiada. Esperaba no verse tan nerviosa, esperaba no verse diferente, esperaba no verse sospechosa. Kakashi tomó su mano inmediatamente después y hasta ese momento la pelirosa no se había percatado de que estaba temblando. Las manos grandes sobre las suyas se sentían tan firmes que mientras estaban de pie frente a su portón, esperando que aquel hombre y su personal armado terminaran de retirarse, sintió que eran lo único que la mantenían de pie.

El mayor apenas le miró mientras se subía a su auto. El peligris se negó a despedirse.

La calle volvió a quedar vacía. Y casi inmediatamente la electricidad se cortó y ambos quedaron a oscuras.

—Tus manos están muy frías.

Y las tuyas muy cálidas.

—Estaba asustada.

Kakashi le dio un apretón en la mano para llamar su atención. Cuando ella le miro a la cara, su cabello era más plateado que la luna, y su boca tenía una sonrisa tan cálida como sus manos.

—Todo estará bien, Sakura. Todo saldrá bien.

Ella quería creerle, de verdad que quería hacerlo, pero su mente se quedaba estancada cuando revivía la sensación de aquellos ojos en ella. Como si aquel hombre ya supiera lo que ambos escondían, ella se sentía como una presa acorralada.

La cena transcurrió en silencio y a oscuras, esta vez Kakashi decidió comer en la mesa junto a ella, y se tomó el atrevimiento de lavar los trastes después. La mujer aún estaba temblorosa, la taza de porcelana donde estuvo bebiendo su té, sonaba con un pequeño traqueteo cada vez que la colocaba sobre la mesa. Escuchaba su propia respiración, el agua corriendo en el fregadero, la taza golpeando con la madera y los animalejos en el exterior, y todo se cernía sobre aprisionándole en la basta oscuridad. Un ataque de pánico se aproximaba, lo sabía.

Se aferro con fuerza a la porcelana, sus dedos curvándose en el asa hasta casi sentirlos fusionarse en la superficie, la luz de la vela se extinguía poco a poco, su cabeza empezaba a punzar.

No, no, no, respira, Sakura. Respira.

Obligo al aire llegar hasta sus pulmones y lo contuvo por unos segundos ahí.

"Todo estará bien, Sakura. Todo saldrá bien".

Las palabras de Kakashi se repetían en su mente como un mantra conciliador. Sakura no supo cuando tiempo estuvo con la frente pagada a la mesa, los ojos apretados y la respiración vigilada, una y otra vez.

—¿Estas bien?

La mujer sintió la mano en su hombro.

—No. Puedo. Respirar— sentía como el aire le abandonaba sin importar cuanto aspirara.

El peliplata se sentó a su lado. Sakura apenas pudo distinguir su silueta en la oscuridad que le rodeaba, pero él estaba ahí. Sentía su cuerpo irradiando calor tan cerca del suyo, unas manos tomar las suyas tan delicadamente que casi creyó haber imaginado su toque, y por supuesto el olor tan Kakashi que le traía loca desde muchos días atrás, ahora estaba en ella también.

Entonces Sakura se aferró a él como un ancla, como la única luz que podía ver en tanta oscuridad.

Fue un abrazo cálido, casi rustico, donde ella enterró la nariz en su pecho y aspiro lo más fuerte que pudo mientras sus pulmones reclamaban su olor. Era irónico, encontrándose en un abrazo asfixiante es donde consiguió volver a respirar. Kakashi paso sus manos sobre la espalda de la mujer, sobando de arriba abajo para marcar un ritmo al que ella ajusto sus respiraciones.

Sakura pensó en lo mal que estaba todo. Mas allá de las conspiraciones y las sospechas, ella estaba envuelta en los brazos de otro hombre y no sentía la más mínima culpa, de hecho, se sentía muy bien.

Cuando su respiración se volvió regular, se removió un poco entre los brazos que le cubrían y levanto la cabeza.

—Esto está mal —dijo más para ella que para él.

Agradeció la oscuridad, la vela lo suficiente lejos para ver la expresión de su acompañante, y su predilección a guardar silencio. Era lo que necesitaba.

—No quiero soltarte.

Entonces ninguno de los dos se movió.


Este capítulo lo sentí un poco extraño, y lo reescribí como tres veces, pero aún no estoy contenta. Tal vez algún día pueda editarlo y hacer un trabajo lo suficiente decente así que por ahora disfruten de kakasaku a fuego lento.

Acepto criticas constructivas.

¡Gracias por leer! Manténganse saludables.