Kotta hana

Disclaimer: Los personajes de Inuyasha pertenecen a Rumiko Takahashi, los personajes extra son de mi pertenencia.

*…*…*


Me lo prometiste…

*…*…*

La había dejado en la aldea para que aprendiera a convivir con los humanos y llegado el momento, ella pudiera elegir… Pero la elección ya había sido hecha, hacía mucho. Aquel día que Sesshoumaru juró que la esperaría.

Pero esa promesa, nunca se cumplió…

Años atrás…

- Vamos Rin, tenemos que llegar a tiempo, ya debe haber comenzado el festival.

- ¡Ya voy!

Hace siete años que vivo en esta aldea, desde que mi señor Sesshomaru me dejó aquí para aprender más de los humanos. Dentro de unos días cumpliré catorce años… se acerca la hora que mi amo… ¡vuelva por mí!

La chiquilla sonrió para sí. Estaba por alcanzar la edad en la que las mujeres tomaban esposo, y no habían sido pocas las propuestas que comenzaba a recibir la anciana Kaede, sin embargo Rin había rechazado todas, argumentando que ella, ya tenía dueño, y que pronto su señor vendría por ella para tomarla por esposa.


Tierras del este, Enmakushima…

-Está muy mal herido, quizá no sobreviva, mi señora…

- Él es muy fuerte... un Youkai como él no puede terminar así… Y no lo hará. Shukaku levántenlo con cuidado y llévenlo a mi palacio. Yo cuidaré de él…

- Sí ama.

- Mi señora –llamó otro de sus sirvientes– ¿Qué haremos con este pequeño?

- Nah… -bufo fastidiada- Quizá ya está muerto. Y si no es así, pronto lo estará. Déjenlo ahí.

- ¿No será importante para él?

- ¡Ja! ¡Esa cosa?. No digas tonterías Menka. ¡Anda, no discutas mis órdenes y llévenselo de inmediato!

- ¡Ha ojousama!

- Finalmente… serás mío.


Aldea de Kaede, dos años después…

- Rin, deberías de tomar más en serio las propuestas que te hacen, ya no eres una niña. ¿Quieres hacerte vieja sin conseguir marido?

- Yo ya tengo prometido.

- ¡Por favor Rin no digas tonterías! ¿De verdad creíste que un demonio tan orgulloso y poderoso querría desposar a una simple humana?. ¡Qué ingenua eres! ¿Hace cuánto que ni siquiera viene a verte? ¿dos años, tres?

- No ha sido tanto…

-¡Claro que sí!

- Mi amo es una persona muy ocupada, de seguro ha estado ocupado, pero vendrá sin duda.

-Rin… cómo hacerte entender –la joven gesticuló de forma exagerada y batió los brazos exasperada–. Ni siquiera ese pequeñito verde que solía venir a verte en su lugar ha venido. Yo creo que es más que claro que no desea volver a verte.

- ¡No digas tonterías!

- Rin, no son tonterías. Él es un Youkai, ¡son seres fríos y sin sentimientos! No saben nada del amor. Jamás podrías ser feliz con él, además… ¿Alguna vez has pensado en las consecuencias?

- ¿De qué hablas Mika?

- ¿Cómo de qué? ¡De las consecuencias naturales de un matrimonio! ¡Los hijos!. ¿Qué no sabes que sólo podrías darle híbridos? Eso no le va a gustar. A ningún demonio, ni a ningún humano, le gustaría tener hijos de esa clase. Todos en la aldea sabemos muy bien los problemas que tuvo Inuyasha-sama por ser uno. ¿Qué no te basta su ejemplo?

- ¡Inuyasha-sama es una excelente persona y todos en esta aldea le deben mucho!

- Y yo no lo niego Rin. Todos queremos mucho a Inuyasha y Kagome-sama, ellos han sido muy buenos con todos y protegen esta aldea pero… pero Inuyasha-sama sufrió mucho por su condición de hibrido. No todo el mundo acepta a los híbridos. ¿Hubieras querido que tus hijos vivieran una historia similar? ¿Incluido el desprecio de su propio padre?

Rin se paralizó un instante. Ella… jamás había pensado en esas cosas. Sólo sabía que quería compartir la vida con su amado y vivir con él hasta su último día de vida. Pero…

Ya no era una niña y… estando en edad de casarse, había tenido ciertas pláticas de mujeres con Kaede, Sango y Kagome, que ya era tiempo de escuchar… Sabía que el matrimonio era más que sólo cocinar y disfrutar la cercanía de su ser amado. Sabía que vendrían los hijos y ahora… ya sabía cómo se hacían los bebés. Se había sonrojado mucho al enterarse y aún no se imaginaba haciendo… bebés… con su señor Sesshoumaru. Sin embargo, como había dicho Kagome "el hombre que te ama, ha de saber esperar" y ella estaba convencida que Sesshoumaru sabría hacerlo. Como una vez le dijo "tenemos tiempo de sobra".

Pero… nunca había pensado en su condición humana… Sesshoumaru siempre había despreciado a Inuyasha por ser hibrido, y aún cuando con el paso del tiempo este había aprendido a sobrellevar su presencia, una cosa era haber aprendido a soportar a su hermano, y otra muy diferente, que Sesshoumaru aceptara tener un hijo de sangre hibrida.

Un escalofrió recorrió a la joven y como si sus temores no fueran pocos, su amiga volvió a hablar al verla tan callada.

- Además, ¿no has pensado que envejecerías antes que él? Para un Youkai, la vida humana es apenas un suspiro. ¿Cuánto tiempo disfrutaría de tu belleza antes que comenzaras a marchitarte, a ponerte vieja, a lucir como su abuela en lugar de su esposa? –Mika no pretendía ser cruel pero lo estaba siendo. Con todo, solamente era que se preocupaba mucho por Rin. A ella jamás le había parecido la idea de ver a Rin emparejada con un demonio. Creía firmemente que sólo la haría sufrir, y ella no quería eso. Por eso creyó conveniente decirle a Rin lo que ella consideraba verdades oportunas.

Rin guardó silencio unos momentos pero luego su agitado corazón la hizo defender fieramente sus ilusiones –No digas tonterías Mika… ¡Mi Señor me ama!... ¡A él no le importan esas cosas! ¡Youkai, humano o Hanyou, el amara a nuestros hijos! ¡Y… y… y no le importará que me ponga vieja y arrugada! ¡Él me ama! ¡Lo oyes? ¡Me ama!

Rin se levantó furiosa llevando su canasta con hierbas consigo, peleando con las lágrimas que amenazaban con salir, mientras atravesaba el campo con rápidas zancadas.

- ¡Rin! ¡Espera no te vayas!... ¡No era mi intención!... ¡Rin!

Pero la joven no la escuchó, en cambio se echó a correr rumbo a la casa de Kaede mientras se repetía una y mil veces.

"El me ama… ¡me ama! ¡Y no le importa que sea humana!"

Cuando llegó a la casa que compartía con la anciana Kaede, antes de entrar, limpio la humedad de las lágrimas que no terminaron de salir hacia sus mejillas, y dando un largo suspiro, entró luciendo lo más normal que le fue posible. No quería que Kaede notara alguna señal de su desasosiego, aunque creyó que no lo lograría, más al levantar la vista, la presencia de una extraña en la casa, la hizo recobrar de golpe la compostura.

- Oh, has llegado, pequeña. Creí que te tomaría más tiempo.

- Es que… me sofoqué un poco por el calor, y venía por un poco de agua.

- Rin acércate, quiero presentarte a Yohiko san.

Rin se acercó un poco donde la desconocida y haciendo una reverencia le saludó –Mucho gusto Yohiko san.

- Es adorable. Aunque algo mayor… -se dijo la mujer frunciendo un poco el ceño.

Esa frase hirió a Rin, pues la mujer parecía algo disgustada con su edad. ¡Pero si sólo tengo dieciséis! ¡Aún estoy en edad casadera! ¡No puedo verme tan vieja ya! Se dijo mentalmente. Las palabras de Mika la habían dejado muy sensible.

- Ma… yor, Yohiko san?

- Sí chiquilla. Eres joven para ser una mujer, pero algo vieja para comenzar tus estudios de geiko. Pero no importa, aún se puede hacer algo. Eres demasiado bonita, será una excelente adquisición para la okia.

- ¿Okia?... ¿Geiko?... Kaede-sama, no comprendo –la chiquilla miró interrogante a la vieja.

- Yohiko san ha venido a hacerme una propuesta Rin. Sin embargo al final será tu decisión. Yohiko san ha venido a ofrecerte la posibilidad de ingresar a su Okia y convertirte en geiko.

- Pero señora Kaede, usted sabe que yo no puedo. Estoy prometida y- Kaede hizo una señal a Rin para que callara y está obedeció.

- ¿Comprometida Kaede-sama? –la mujer le miró con disgusto, Kaede no había mencionado nada antes.

- No le haga caso Yohiko-san, son fantasías de esta jovencita. Si estuviera en realidad comprometida ya se habría casado.

Rin frunció el ceño ante las declaraciones de la vieja miko, pero no se atrevió a llevarle la contraria frente a una desconocida.

- Así lo espero Kaede-sama.

Luego de una extensa platica, la mujer ataviada en un kimono oscuro a rayas de algodón, salía de la casa de Kaede con expresión agria. La jovenzuela se había negado en redondo en aceptar. ¡Cómo se atrevía? Muchas chicas pueblerinas matarían por esa oportunidad. ¡Haberla hecho venir desde la capital para nada!


Esa noche, Kaede decidió tener una seria plática con Rin.

- Debiste aceptar.

- ¡Señora Kaede usted sabe que yo-

- Rin –la anciana mujer le interrumpió con voz cansada- pequeña, debemos hablar…

La anciana caminó penosamente hasta su lecho donde con ayuda de Rin se tumbó a descansar. Mirando al techo de paja de su vieja casa, se dirigió a la chiquilla en tono cansado.

- Rin, sabes que soy vieja… creo que no me queda mucho tiempo.

- ¡Kaede sama no diga eso!

- Déjame hablar pequeña… Es la verdad. Y yo ya estoy muy cansada. Pese a todo tuve una buena vida, pero creo que va llegando mi hora, y no tengo miedo. Mi único temor sería dejarte desprotegida. Sé muy bien que Inuyasha, Miroku y sus familias cuidarían bien de ti. Pero ellos tienen sus propios problemas –la mujer se sonrió y luego de una breve pausa continuó- Sé bien que tú estás esperando a tu señor Sesshoumaru, pero este silencio de su parte me hace temer que él no volverá.

- ¡No, él no sería capaz de abandonarme! ¡Lo prometió… que volvería por mí!

- Hace más de dos años que no sabemos nada de él ni de Yaken. Nunca pasaba un mes sin saber de él y ahora incluso Inuyasha no ha escuchado nada.

- Mi señor es una persona ocupada, pero vendrá. Sin duda lo hará.

- Rin tu eres humana ¿No has pensado en-

- ¡Eso a él no le importa! Sé que nuestros hijos serían como Inuyasha pero yo… ¡yo estoy segura que al él no le importa! Sabe que soy humana… debe estar muy consciente de las consecuencias de amar a una humana, y así, me quiere.

- ¿Estas segura? Para los Youkais procrear no es cuestión de amor, es sólo preservar su casta y especie, eso lo sé muy bien. No he sido Miko por décadas para nada. ¿No crees que cambiaría de opinión y buscaría una hembra de su especie?.

- Claro que no –la seguridad en la mirada de Rin fue tan absoluta que Kaede no quiso llevarle la contraria. Así que apeló a la razón de la joven.

- Pero entonces ¿por qué crees que no ha vuelto?

- Pues… Yo… No sé…

- ¿No has pensado en la posibilidad que pudiera haberle pasado algo?

Rin soltó una risilla y contestó –Claro que no. Él es muy fuerte.

- El padre de Inuyasha también era fuerte y murió protegiendo a su esposa en batalla contra un humano.

- Pero no será el caso de mi señor.

- Ah… Rin. Yo sólo te pediré que lo pienses. Es una muy buena oferta, especialmente para una jovencita como tú que ha rechazado todas las propuestas de matrimonio. Yo no voy a estar aquí para siempre. Prométeme que al menos pensarás en lo que te he dicho esta noche. Yohiko san, a pesar de su molestia, ha prometido darme unos días.

Rin no concordaba con nada de lo que habían hablado, pero para dar tranquilidad a la anciana Kaede, prometió hacerlo - Sí, le prometo que lo pensaré.

Los días comenzaron a pasar, y estos se fueron convirtiendo en semanas, mientras la aldea transcurría en calma total su día a día.

- Iremos de visita y a pasar un tiempo con mi madre, está ansiosa por pasar tiempo con su nieta –anunciaba Kagome cargando a su pequeña de blancos cabellos y orejas puntiagudas.

- Y nosotros viajaremos al sur a visitar a Kohaku y su recién nacido. –le avisaba Sango con sus pequeños de la mano.

Kohaku había sido otro de los que habían ofrecido su corazón a Rin hacía un par de años, pero la joven lo había rechazado de la forma más amable que pudo recordándole que ya tenía dueño y él sabía muy bien quién era. Así que el chico con el corazón roto se había marchado y con el tiempo había encontrado otro corazón igual al suyo con quien había decidido compartir su vida. Todos habían asistido a su boda y hacía unas semanas se había convertido en padre. Rin estaba muy contenta por él, pero no podía viajar para visitarlo porque debía cuidar de Kaede.

Las dos familias que tenía a parte de Kaede saldrían de viaje y eso les tomaría varios días, semanas en que no tendría más compañía que Kaede y un par de amigas, pues aún estaba demasiado molesta con su mejor amiga Mika para pasar el rato con ella.

Ellos se habían enterado de lo ocurrido con Yohiko-san, la obaasan de la Okia de Kyoto y ambas mujeres, Sango y Kagome, habían tratado de razonar con Rin. Incluso Inuyasha había tratado de hacer razonar a la terca joven, conociendo bien a su hermano, pero ninguno había logrado nada. Y es que la verdad, ninguno esperaba ya que Sesshoumaru volviera por ella.

Cuando se marcharon lo hicieron en la esperanza de que en esas semanas Rin recapacitara en sus palabras y aceptara la invitación a convertirse en Shikomisan. Una excelente oportunidad en aquella época para una pueblerina, sobretodo de su edad.

Cinco días después de la partida de sus amigos, Rin volvía del bosque donde había recolectado hierba fresca medicinal, pues la salud de Kaede había decaído un poco.

- Aquí están las hierbas Kaede-obachan, enseguida te preparo tu té. ¿Lo quieres con un poco de la miel que nos regaló Kagome-sama?

El silencio fue la única respuesta, Rin le miró extrañada, aparentemente se había quedado dormida, últimamente estaba muy cansada y solía dormir mucho, por eso decidió esperar a que estuviera listo el té para despertar y preguntarle de nuevo por la miel.

Una vez estuvo listo lo vertió con cuidado en el viejo vaso de barro y acercó la miel a la bandeja. Fue hasta donde Kaede dormía y la movió un poco para despertarla.

- Kaede-obachan, despierta, ya está tu té para el estómago… Kaede-Obachan… despierta –le movió con cariño un poco más fuerte-… Kaede-obachan…. ¿Kaede-obachan?... Kaede Obachan –la voz de la joven se había tensado, movió a la anciana con más fuerza, pero no respondía. La movió de nuevo con fuerza, casi sintiendo que le faltaba al respeto con esas sacudidas pero no le importó- ¡Kaede-Obachan! ¡Despierta!... ¡Kaede!

La joven se puso en pie y salió corriendo a pedir la ayuda de Yakano, ex alumna de Kaede y la nueva miko del pueblo que vivía a sólo cinco casas.

Cuando la Miko llegó, revisó a la anciana y tuvo que dar una triste noticia: La vieja Kaede se había ido.

La joven Rin se tiró sobre el cuerpo de la anciana y comenzó a llorarla desconsoladamente. La Miko le miró con tristeza, pero ella a pesar de todo, ya lo esperaba, Kaede estaba ya muy anciana y los últimos días se le había visto muy decaída. No estaba enferma, pero… había vivido bastante, era normal que…

- Se fue en paz Rin –dijo acariciando los cabellos de la joven –Ahora… está de nuevo con Kikyo…

Los ritos se llevaron a cabo y toda la aldea estuvo presente para despedir a la anciana Miko. Inuyasha, Miroku y familia se llevarían una triste noticia al volver…

Esa noche Rin entró sola a la casa que compartieran. Todo estaba tan vacío sin ella… se sentía tan cansada, como si hubiera trabajado en el campo todo el día. Se tumbó en su futon y lloró hasta quedarse dormida.

Con el paso de los días volvió a tomar fuerza para salir, pues había estado recluida en casa sin querer hablar con nadie. Yakano la visitaba para darle ánimos y asegurase que estuviera bien, por lo cual solía llevarle algo de comida. Siempre le pedía que tratara de salir un poco, o aceptar las visitas de sus amigos ya que recluirse en la tristeza no le haría ningún bien, pero la joven se negaba, solía decir que sólo necesitaba tiempo y Yakano respetó su decisión.


Ese día que había amanecido con los ánimos suficientes de salir, apenas asomaba la cabeza y se topó de frente con una elegante carroza estacionada frente a su pequeña cabaña.

De ella bajó, ayudada por un sirviente, una elegante y bella mujer envuelta en un fino kimono de seda negra con el mon de una campanilla de cinco pétalos en su Kimono y un peinado elaborado.

Rin se quedó de una pieza y saludó con reverencia a la elegante mujer que se acercó a ella.

- ¿Es esta la casa de Kaede-sama?

- Lo fue, Ojousama –dijo en su mejor japonés pues no podía usar el idioma casual con esta mujer de alto porte.

- Estoy enterada de la muerte de la querida amiga de mi madre, Kaede. Dime ¿conoces a la joven que vivía con ella? Su nombre es Rin.

- So-soy yo Ojousama.

- Mmm… -la mujer se acercó y tomó por el mentón a Rin quien según dictaba el protocolo japonés tenía la mirada al suelo y le hizo levantar el rostro para poder verla bien. –Eres tan bonita como dijo Yohiko… aunque algo mayor…. Algo podremos hacer. Permíteme entrar a tu casa.

La joven desconcertada aceptó y de inmediato ofreció el mejor cojín de la casa a la elegante dama y preparó de inmediato un buen te que ofrecer a la inesperada invitada.

- Delicioso… tienes el toque para esto niña, no cualquiera prepara un té tan excelente, Kaede debió enseñarte bien. Vamos por buen camino.

- ¿Buen camino?

Mientras, la gente del pueblo se reunía curiosa cerca de la carroza.

- Vaya carroza… debe ser de alguien muy importante –dijo un granjero del pueblo, sorprendido por la suntuosidad del vehículo de finos tallados que venía acompañado de una escolta de cuatro hombres a caballo y dos cocheros de pinta elegante.

- Es la carroza de Okamoto Aiko, la Okaasan de una de las más prestigiosas Okias de la capital. –dijo una anciana quien había sido una de las mejores amigas de Kaede. –Seguramente ha venido por Rin.

- ¿Por Rin? –Preguntó otro aldeano – ¿Por qué?

- Es una mujer bellísima –dijo otro hombre refiriéndose a la dama refinada.

- Pero, esa mujer ¿No es muy joven para ser la Okaasan de una Okia? –preguntó otra mujer.

- Es la heredera de Umesato, su hija legitima. Umesato murió hace un año y sé que recomendó mucho a su hija el ayudar a su amiga Kaede con su pequeña protegida. Ella es la razón de que Yohiko-san hubiera venido hace un mes al pueblo.

- ¿Cómo lo sabe Chisayo obachan?

- Es que las tres fuimos muy buenas amigas en nuestra juventud -dijo con voz raposa pero alegre – aunque la vida nos llevó por caminos diferentes, nunca perdimos contacto. Sé que Kaede quería que Rin se convirtiera en Shikomisan, algo imposible para una chica de su edad, pero Umesato prometió ayudarla llegado el momento. Creo que todos sabemos –dijo muy seriamente –que ese Youkai jamás volverá por la niña, sólo jugo con sus sentimientos y por su culpa Rin se pone vieja para casarse, pero gracias a Aiko, Rin podría tener un mejor futuro si se compromete con la Okia.

Incluso en la época moderna, las Geishas eran muy respetadas, se consideraba un honor tener tratos con alguna de ellas, y con mayor razón en el sengoku. Si Rin no iba a casarse, convertirse en Geiko sería una oportunidad maravillosa para la joven.

Dentro de la casa parecía que la plática se prolongaría y Chisayo-obachan comenzó a echar a todos hacia sus labores –¡Anden, anden curiosos! El trigo no crece de sólo mirarlo, vuelvan a sus quehaceres y de dejen de fisgonear ya sabremos qué pasó con la decisión de la chiquilla más tarde.

A todo mundo causó gracia la reprimenda y obedientes de su mayor, se fueron a continuar con sus faenas del día.

Unas horas después un aldeano que venía por la vereda que daba al pueblo, vio partir la elegante carroza que se retiraba del lugar.

Todo mundo en su faena había olvidado el incidente y cuando la noche llegó cada quien se encontraba en su casa cenando o durmiendo.

Todos menos una persona...

Estaba sentada a orillas del rio, un poco alejada del pueblo, abrazada a sus rodillas, pensando en todo lo que había sido su vida los últimos años, y en lo que había platicado con la elegante mujer… Estaba tan triste, las palabras no le salían, se sentía tan sola… ¿Dónde estaba su señor? ¿Por qué no venía?

"Si me necesitas, y no puedes hablar, silva, silva y yo vendré volando a ti"

Las palabras que le dijera su señor hacía tanto, volvieron a su cabeza y entonces sin pensarlo demasiado comenzó a silbar, un llamado inocente y lleno de esperanza… ¿Lo escucharía de verdad?

Estuvo silbando por un largo rato, hasta que su garganta comenzó a doler por el aire frió que constantemente inhalaba para silbar, calló un momento para calentar un poco su garganta y en cuanto sintió suficientes fuerzas comenzó de nuevo, se preguntaba si era una tontería, pero al primer silbido escuchó algo moverse entre el pasto.

-¡¿Mi señor?!

Volteó con ilusión en dirección donde había escuchado el sonido, pero no vio nada.

Nuevamente escuchó movimiento y se puso de pie, acercándose poco a poco al lugar donde creía haber escuchado los pasos.

- ¿Mi señor?... ¿Es usted?... Soy yo, Rin –pensó que quizá no la reconocería luego de dos años sin verla, había cambiado, ahora era… más mujer. Quizá eso le gustaría a su señor.

De detrás de los arboles a la luz de la luna, una silueta se asomó, era alta, y parecía vestir una armadura, una coleta de largo cabello lacio ondeaba al viento. El pequeño recelo a acercarse más, que aun sobrevivía en la joven, murió al ver brillar a la luz de la luna la Kashira dorada del colmillo sagrado.

Ilusionada, corrió al lugar donde se erguía la sombra hasta quedar frente a ella. No era tan alto como lo recordaba pero…. ¡Quizá ella había crecido bastante!

- ¡Mi señor, ha vuelto! –la joven tocó en la obscuridad el rostro de la sombra, pero antes que pudiera reconocer facción alguna mediante su tacto, un fuerte golpe en la cabeza la hizo perder el sentido.


Deseo les guste este fic sobre Rin y Sesshoumaru. Hace mucho que no venía a este fandom creo qu años... que barbaridad...

Quiero aclarar algunas cosillas.

- Como sabemos Rin no tiene una edad definida y siempre se le describe entre 7 y 10 años. Aquí por su tamaño estoy dejándola en la edad de 7, que es cuando se queda a vivir con Kaede.

- Una Shikomisan es una aprendiza de Geisha, pero en el sengoku la capital aún era Kioto si mal no recuerdo, y las Geishas de Kioto aún hoy no se les llama geisha sino Geiko, sólo las de Kioto pueden llamarse así, las del resto de Japón sí son llamadas Geishas, además que a las de Kioto se las considera las más importantes de todas.

Dejen sus reviews y comenten que les gusto, con eso me ayudarian mucho. Gracias por leer y deseo lo disfruten.