Kotta hana

Los personajes de Inuyasha pertenecen a Rumiko Takahashi, los personajes extra son de mi pertenencia.

*…*…*…*…*

Ecos de amor

*…*…*….*

Los días siguieron su curso mientras gran parte de la mente de Bai Sheng seguía congelada en aquel momento.

A pesar de haber pasado varios días, cada palabra escuchada en los ecos de aquella casa seguía clara en su mente, todas y cada una de las voces.

Y el rostro de esa cazadora. No la conocía pero no podía sacársela de la mente. Era como si la hubiera visto antes, aunque la sentía diferente ¿mayor quizá?. ¡¿Pero cómo decía eso?! No podía catalogarla de mayor si nunca la había visto en su juventud… Esa mujer… no se salía de su cabeza.

La aldea, esas voces, esa cazadora ¿qué tenían que ver con ella?. Para ser los fantasmas de una casa vieja ya habían estado en su mente por mucho tiempo. Esto no era normal.

Su corazón le exigía volver, no sabía por qué pero la exigencia era muy clara, tanto que no la dejaba en paz ni un sólo momento del día. Tenía que volver… Volvería a esa aldea. Esta misma noche cuando todos estuvieran dormidos…


Tierras del Oeste…

Sesshoumaru estaba más irritable que de costumbre, todo le molestaba. Y es que tenía sus razones para estar furioso con su hermano… otra vez. Y ahora hasta al recuerdo de su padre le había tocado.

Y es que desde el cumpleaños de su hermano le había vuelto a tomar tirria a Inuyasha.

Era verdad que desde el día en que su padre, al que respetaba y admiraba en demasía murió salvando a su mujer humana, había tomado mucho odio hacía esa mujer y su hijo híbrido por considerarlos los culpables de una muerte tan indigna para un youkai tan grandioso como su padre. Les guardaba mucho odio y rencor en su corazón, demasiado desprecio a su hermano pequeño… y si no acabó con ellos fue porque el respeto a los sentimientos y decisiones de su finado padre se lo impidieron en un principio. Además, ese híbrido llevaba la sangre del gran Inu no Taisho, sabía por Toutousai que su padre deseaba que estuviera pendiente de su hermano pequeño, pero él se había negado a cumplir con la voluntad de su padre, estaba furioso por la muerte de su padre. En aquel momento pensaba que ese hibrido y esa despreciable mujer humana no merecía nada de él pues habían sido la perdición de su padre. No pensó en que su padre ya estaba demasiado herido por su última batalla, y descargó todo su desprecio en ese par.

Con el correr de los años, se sintió obligado a cumplir la voluntad de su padre y se mantuvo relativamente cerca de Inuyasha, desde las sombras, hasta que un día se presentó ante Izayoi e Inuyasha, como el hermano mayor del pequeño. Izayoi se había portado muy amable con él y fue la primera vez que un Inuyasha de cinco años conoció a su hermano mayor. Más por obligación que por cariño, cada cierta larga temporada visitaba a su hermano menor pero sus visitas duraban apenas segundos y las muestras de afecto siempre fueron algo inexistente, Inuyasha a pesar de ser un pequeño notaba el desprecio en la mirada de su hermano mayor. Y en pocas visitas a través de los años el pequeño ya sabía que nunca obtendría amor de su hermano mayor y la verdad prefería que no viniera. Ya le dolía bastante el desprecio de la corte del palacio, como para también sentir el desprecio de su único hermano. Así que un día el pequeño simplemente le dijo "No tienes que venir si no quieres" y Sesshoumaru lo tomó tan literal como lo escuchó, eso lo exoneraba de estar pendiente de ese híbrido.

Y pasaron muchísimos años sin que Inuyasha lo volviera a ver.

Cuando Sesshoumaru enfrentó a los gatos leopardo, pensó que era obligación de su inútil hermano hibrido atender también a la batalla y envió a Jaken a buscarle, sería el primer acercamiento que hubieran tenido despues de tantos años y Sesshoumaru esperaba que ahora con la edad suficiente Inuyasha fuera capaz de honrar la sangre que llevaba, pero al enterarse de que ese idiota había sido sellado en un árbol por haber cometido la deshonra de enamorarse de una mujer humana, y para reafirmarle que Inuyasha era un completo idiota, se enteró que la mujer no era una pueblerina cualquiera sino una poderosa sacerdotisa. Definitivamente Inuyasha era más idiota de lo que había imaginado, ¿cómo se enamoraba de un enemigo natural? Seguro esa mujer había usado su supuesto amor para envolver a su hermano y cazarlo. Sesshoumaru ni siquiera intentó ir a verle cuando escucho la noticia, tenía asuntos más urgentes que atender que tratar de salvar a un tonto que había caído en su propia trampa.

Cuando la pelea contra los gatos leopardo terminó a favor de su reino, Sesshoumaru por curiosidad meramente, fue al lugar donde su hermano estaba sellado por una fecha.

Humanas… sólo eran la perdición de cualquier ayakashi, se puso furioso por la estupidez de su hermano, repetía la historia de su padre, había terminado perdido por una miserable mujer humana. Otro idiota que caía en las redes de esas creaturas inútiles.

Kikyo… ese era el nombre de la que había deshonrado a su familia… al menos esa despreciable mujer también había muerto y ahora, ya sabía cómo.

Kikyo en realidad nunca había gozado del respeto de Sesshoumaru, ella era tan tonta como Inuyasha, ambos se habían dejado engañar por un ser tan patético como Naraku. Después de todo, pensó, eran tal para cual… Por eso Sesshoumaru jamás ayudaría a Kikyo en el futuro.

Y es que después de conocer a su pequeña Rin, algo había despertado en su ser. No sabía lo que era, pero lo impelía a pensar diferente y a actuar diferente con muchas cosas en su vida, y una de ellas era Inuyasha. Desde la llegada de Rin, sentía rencor hacía Kikyo pero esta vez no era por orgullo, no lo supo descifrar en su momento, y no lo quería admitir ni antes ni ahora, pero, la veía como un enemigo de su hermano menor. Por eso, cuando Inuyasha había enfrentado a Menomaru, había ido sólo a advertirle a Kikyo que si alguien iba a matar a Inuyasha sería sólo él. Fue una advertencia que la miko nada tonta, entendió como la amenaza que era.

Y además Sesshoumaru no quería verla envuelta con su hermano de nuevo.

Sin embargo, esa otra extraña miko, Kagome… ella se fue ganando su respeto con su valor y tenacidad, y le sorprendía en demasía su lealtad hacía Inuyasha. Ambas decían haber amado a Inuyasha pero aunque no le importaba, no podía evitar encontrar el amor de Kagome más sincero.

Kikyo le despertaba desprecio e incluso lastima, por su condición y su pasado. Pero Kagome…

La primera vez que la vio le causo rabia ver a su hermano nuevamente envuelto con una humana pues parecía que el idiota de Inuyasha no aprendía la lección y no tenía orgullo. No es que le importara mucho su vida, pero con esto Inuyasha avergonzaba más a la familia.

Pero con el pasar del tiempo, Kagome se fue ganando su respeto y por esa razón la había protegido cuando esta se encontraba inconsciente en el cuerpo de Naraku, y no sólo los había ayudado a derrotar a Magatsuhi por proteger su propio orgullo, aunque eso no lo iba a confesar... Por Rin había aprendido que existían humanas que valían la pena, y Kagome era una de ellas. Además… Esa mujer realmente amaba a su hermano y parecía ser el cerebro y guardián de su inepto hermano menor.

Cuando está desapareció por tres años no pudo evitar pensar que había sido un gran desperdicio, pero al verla volver al lado de Inuyasha, a pesar de su atrevimiento al llamarlo cuñado, decidió no castigarla. Esa era la mujer indicada para su hermano, ella sabría encargarse de mantener el honor de la casta. Ya que el silvestre de su hermano… si bien se había hecho más fuerte sí que necesitaba a esa mujer a su lado. En muchos sentidos.

Cuando visitaba a Rin en la aldea, no pudo evitar notar la tristeza de su hermano en esos tres años que ella no estuvo, Inuyasha sí que parecía perro sin dueño… Pero cuando ella volvió todo reinició un mejor ciclo para Inuyasha.

Demasiado bueno….

Rayos… Cuando por fin había superado que Inuyasha heredara todo de su querido padre… Bien, tal vez no todo porque el control de las Tierras del Oeste y el gran castillo seguían siendo suyos pero al orgulloso Youkai poco le importaba… Al final cuando creyó que no volvería a sentir esa rabia interna contra Inuyasha, nuevamente quería hervirlo vivo.

¿Por qué Inuyasha siempre conseguía todo lo que deseaba y él no era capaz de lograrlo?

Inuyasha… Primero se había quedado con la espada principal de su padre y todos los poderes que esta contenía. A fin de cuentas la espada ya no le importaba porque tenía a su propio colmillo explosivo, había superado su obsesión y era un Youkai más fuerte, pero…

Inuyasha… había logrado quedarse con esa mujer que tanto amaba y ni siquiera era de este tiempo, según se había enterado por Rin. 500 años de distancia se interponían entre los dos y no habían sido suficientes para separarlos. Pese a todo lo que tuvieron que pasar, habían logrado terminar juntos y tenían una bella hija que además amaba a ese bueno para nada de una forma que seguro el gran bestia de su hermano ni merecía. También contaba con una partida de inútiles e incompetentes humanos que lo trataban como si fuera de su familia y nunca permitían que se sintiera solo o derrotado. Inuyasha estaba rodeado de lo que había deseado y más.

Pero él… el Gran Sesshoumaru, que una vez lo había tenido todo, poder, respeto, su propia leyenda, todo lo que para él era valioso, ahora no tenía nada. Él había perdido su todo, lo que de verdad había valido la pena en su vida, el día que perdió a la humana que tanto había amado sin oportunidad de nada. Incluso había perdido a ese pequeño estorbo verde que aunque no lo admitiera era parte su fa… compañía.

Se había quedado solo. Sin su único amor, sin familia.

Incluso su padre había sido más afortunado que él y el sólo pensar en eso lo hacía sentir inferior. Su padre había sido un poderoso youkai cuya leyenda aún vivía, había tenido dos esposas el gran granuja y había tenido éxito con ambas. Si bien la relación que tuvo Inu no Taisho con su madre no había sido de profundo amor como la relación con Izayoi, la relación con su madre había sido una de gran respeto mutuo. Algunos pensarían que respeto era la palabra menos indicada ya que el general había elegido una segunda esposa, pero él, que conocía bien la historia de sus padres, sabía que ambos habían convenido en emparejarse para continuar la casta.

El amor no era muy común entre youkais, pero sí que podían tener relaciones de gran respeto con su pareja. Y entre sus padres siempre había existido, respeto mutuo, una admirable complicidad y un afecto honesto, más parecido a la amistad que al amor. Cuando Inu no Taisho había conocido a Izayoi, su madre y su padre ya no tenían una relación de pareja, sino una de cordialidad. El primogénito del general había nacido, no había necesidad de seguir una relación. Ambos, su padre y su madre lo aceptaban y lo entendían como algo normal.

Su padre siempre había estado a su lado y le había enseñado mucho de lo que sabía, aunque no existiera una relación amorosa entre la pareja, sí que los padres podían llegar a amar mucho a sus hijos y Sesshoumaru se había sentido siempre valorado y apreciado por su padre, por eso siempre guardaba con mucho respeto la memoria de Inu no Taisho, su relación con él había sido siempre excelente… hasta que nació el imbécil de Inuyasha… Si no fuera porque era demasiado orgulloso para mencionar una frase "tan patéticamente humana" podría decir lo que todos los hermanos mayores "Inuyasha desde que naciste arruinaste mi vida"

Y fue durante las batallas, que Sesshoumaru había comenzado a dudar de todo aquello de lo que antes estaba seguro.

Su padre le había dejado lo más valioso a su hijo menor cuando las reglas dictaban que el primogénito era el heredero legítimo a menos que el padre no lo considerara digno.

Eso se lo llegó a preguntar muchas veces ¿qué había visto mal su padre en él para considerarlo indigno de recibir su herencia más valiosa? Y para terminar de agobiarlo había decidido dejarlo todo a un mitad bestia ¡Un hibrido!

Y claro que los enemigos no ayudaban mucho a que el youkai pusiera la cabeza sobre su cuello.

Todo mundo le repetía lo cruel que había sido su padre al humillarlo de tal manera, y no fueron pocas las ocasiones que le repitieron que su padre en realidad nunca lo había amado, algo que de verdad le había dolido hasta decantar en rabia contra su propio padre. Hasta Yaken decía que era muy obvio que Inu no Taisho tiraba siempre para el lado de Inuyasha, cosa que siempre le ganaban sus buenos coscorrones. ¿Acaso tenían razón? Se preguntaba por aquellos días con la duda carcomiéndolo.

Y es que… Si había cuatro cosas que el gran youkai Sesshoumaru no soportaba y lo sacaban de sus casillas, era que le dijeran que su padre jamás lo había querido, que le tuvieran lástima, que alguien se metiera con Rin… Y que Kagome lo llamara cuñado… bueno ya sólo eran tres cosas…

Pero ahora comprendía porqué a Inuyasha le correspondía el colmillo de acero y a él el colmillo sagrado. Incluso él mismo había tenido el valor de reconocer a Inuyasha como el legítimo heredero de la espada colmillo de acero y al poco tiempo había obtenido su colmillo explosivo. Y así también había quedado demostrado que Inu no Taisho valoraba del mismo modo a su hijo mayor. No es que hubiera diferencias, es que Inu no Taisho había planeado todo con bastante tiento para el bien estar de sus hijos.

Sesshoumaru había aprendido mucho de su colmillo sagrado gracias a Rin e incluso al inútil de Inuyasha y su cuñada Kagome. Era una ironía pero fueron los humanos que tanto odiaba los que lo habían ayudado a comprender. Era un arma devastadora en las manos indicadas. Si antes había sido una espada inútil e incompleta era porque él no había sabido hacer uso correcto del arma.

La espada no estaba fallando, era él. Su padre quería que Sesshoumaru aprendiera de la compasión y el amor, un sentimiento que le daría poderes ilimitados y sin el cual jamás lograría despertar toda su fuerza.

Inuyasha aún siendo hibrido le había demostrado el poder de la perseverancia humana cuando se trataba de proteger al ser amado.

"Sesshoumaru, ¿tienes algo que proteger?"…

Por eso le había heredado a Colmillo Sagrado. Y después de todo, a esa espada le debía haber conocido lo más valioso de su vida. Fue el colmillo sagrado quien lo había protegido del mortal impacto de su espada hermana y le había permitido vivir para conocer Rin, así como mantenerla a su lado.

Y de nuevo… Rin, volvía a aparecer en su mente, de una forma o de otra.

Por eso estaba tan molesto justo ahora, todos parecían obtener lo que deseaban menos él.

Incluso el granuja de su padre…. Había tenido a dos hermosas mujeres, las espadas más poderosas y había logrado convertirse en leyenda. Los mismo que su hermano híbrido.

Sus historias eran muy parecidas, ambos tuvieron una relación muy especial con dos mujeres, ambos lograron tener descendencia con la mujer que amaban, ambos se habían forjado su propia leyenda.

¿Y él qué?. Inuyasha había repetido la historia de su padre pero él… ¿era que se parecía a su madre?...

La verdad en lo único que se parecían, era en el físico y en que ambos eran demasiado fríos y desapegados, pero… Incluso su madre siempre había logrado conseguir lo que se le daba la gana, la atención del gran general, tener un hijo con él, y cumplir cada deseo en su vida. En la actualidad su madre seguía viviendo tan libre de preocupaciones y tan feliz y dueña de la situación como siempre.

Entonces… si no había heredado el destino de su padre, ni tampoco el de su madre… ¡¿De quién diablos en la familia había heredado la mala estrella?!

El señor del castillo estaba bastante enfurruñado, con todos, y cada dos por tres mandaba al demonio hasta el mismísimo recuerdo de su padre, porque como todo hijo en algún punto de su vida, se enojaba bastante con su progenitor, por una razón o por otra. Como aquella ocasión cuando decepcionado y dolido lanzó a colmillo sagrado hacia la luna infernal y le había dicho "Padre, puedes irte al infierno junto a tu espada incompleta y tu hijo hibrido"

El alma de Inu no Taisho llevaba días recibiendo maldiciones, pero, era una buena señal.

Sesshoumaru tenía años sin sentir más que un profundo vacío, tristeza y mucho dolor, pero fuera de eso había sido incapaz de sentir nada, ni odio, ni amor, ni interés por nada. Y ahora estaba furioso.

Al menos la ira era pariente de la pasión, y la pasión era una gran fuerza que movía mundos enteros.

Si su padre pudiera hablar, le dirá "Esta bien, maldíceme todo lo que quieras mientras te sientas mejor"

Y era porque no le calentaba ni el sol que había estado ocupando su mente con los asuntos del castillo y las tierras del Oeste, eso sí, con un carácter de los mil diablos, pero al menos estaba fuera de su habitación, y se le veía con más ánimo y fuerzas para hacer lo que hacía.

- A pesar todo, creo que ir a escuchar a su sobrina le hizo mucho bien –decía Kadeja viéndolo desde la distancia con una dulce sonrisa.

- Me alegro por él.

- Mi señora, ¿no debería acercarse a él?

- ¿Con el carácter que se carga en estos días? ¿Qué necesidad tengo de recibir uno de sus desplantes? Ya me conoces Kadeja seguro lo envió al infierno de nuevo –dijo mirando su piedra infernal como una gran probabilidad.

- Pero el amor de una madre siempre ayuda.

- ¿Y no estoy demostrando mi gran amor al haber venido hasta aquí para informarme de la salud de un hijo tan malagradecido? –dijo muy dramáticamente la kotei de las nubes. –Ni siquiera ha ido a visitar a su madre para pedir su consejo y su consuelo. –refutó muy ofendida como madre –Es más que obvio que no me necesita. No hay caso en que yo hable con él.

A Kadeja le corrió una gota de sudor por la espalda. Su señora… su forma de amar era tan… tan… No cabía duda que la manzana nunca caía lejos del árbol.

- Ah este hijo mío –se dijo quejumbrosa –yo quería que heredara la fuerza de su padre, pero no su estupidez… Bueno, me voy. Mantenme informada de cualquier cambió –la expresión suficiente y despreocupada de la bella youkai cambio al mirar de nuevo a la distancia a su hijo.

No iba a decirlo, pero, sentía mucha tristeza, porque sabía que no podía hacer nada. Ni aún ella como una Diosa, podía salvar la vida de su hijo.

"Sesshoumaru, cómo fuiste a prometerle tu vida a una humana sabiendo los peligros que eso podía acarrear… eres un idiota…"

Su madre sentía bastante impotencia al saber que su único hijo moriría sin que ella pudiera hacer nada y estando así las cosas era mejor que no se le acercara porque estaba tan furiosa por dentro que seguro antes de preguntar por su salud lo recibiría con una bofetada.

La Diosa se retiró de forma discreta, maldiciendo por dentro. ¿Es que no había nada, nada que pudiera hacer por su hijo?


Por la madrugada la aldea de Inuyasha se encontraba en absoluto silencio cuando una mujer vestida a la usanza china descendió sobre ella.

Venía buscando respuestas.

Se acercó al lugar donde había estado la choza y se paró en el sitio donde habían estado sus enormes cristales que se habían derretido con el sol de aquella mañana.

Las zorras de hielo podían crear hielos eternos con su magia y su poder, y eran las responsables de mantener nevadas la cordilleras de China, pero si estás no alimentaban el hielo con su magia esta se derretía como cualquier hielo común.

Se paró sobre el sito buscando respuestas. ¿Qué habían sido esas voces? Comenzó a merodear la aldea y sus alrededores pero no sólo no encontraba respuestas sino que cada vez se sentía más confundida. Cada calle, cada casa, eran un recuerdo sin imagen.

Todo era tan confuso. Juraría que había estado ahí mucho antes de aquella noche, y por mucho tiempo. Por dos horas recorrió el lugar pero sólo logró agotarse mental y emocionalmente.

Se alejó un momento hacia el bosque, su entorno natural, para apaciguar un poco su cabeza y deambulo hasta dar con un rio cercano a la aldea.

Al escuchar el sonido del agua correr se acercó a beber un poco. Entonces levanto su cabeza y vio la luna menguar. Había muy poca luz, todo estaba en penumbras, y ahí, en la oscuridad cerca de ese rio no pudo evitar sentir miedo. Se sintió muy vulnerable y en peligro, como si algo malo le fuera a ocurrir en ese lugar, como si alguien fuera a venir por ella, como si algo pudiera cambiar su vida entera para mal con sólo estar ahí.

Ante las desbordantes emociones, retrocedió asustada, cada vez más, presentía que algo le pasaría ahí, así que se fue lejos del paraje.

Corrió al lado opuesto atravesando la aldea y se montó en la rama de un árbol para sentirse protegida.

¿Qué carajos estaba mal con todo ese lugar?

- Siento que en este lugar hay muchas respuestas pero… sólo me lleno de más preguntas. Quizá fue una mala idea venir…

Desde donde estaba alcanzaba a ver la aldea y las casas del fondo. Dos de ellas, al final de todas, llamaron su atención. Se sentía fuertemente atraída a ellas. ¿Quién viviría ahí?

Comenzó a sentir mucho sueño, pensó en irse a casa pero, sentía una gran curiosidad por saber quién vivía ahí, porque esas dos casas le llamaban fuertemente.

- Quizá si logro ver a los habitantes por la mañana, me sirva de algo.

La zorra bostezó y se acurruco para dormir, hizo aparecer sus hermosas ocho colas y las usó como almohada y cobija. Mientras iba entrando en el estado de sueño, cuando la línea entre la conciencia y la inconciencia se difuminan pudo ver una escena clara como la brillante luz.

La sombra de alguien cubriéndola, unos hermosos ojos ambarinos que la veían con amor y preocupación, una mano delicadamente posada en su mejilla, el calor de esa mano… "¿Ya te sientes mejor?... Sí…"

Bai Sheng perdió la conciencia sumiéndose en el sueño acompañada por la calidez de esa imagen…

"Que cálido, a su lado, siempre me siento protegida" Estaba en los brazos de alguien que la sostenía y su calor, era tan honesto, no había sangre ni corazón que pudieran asemejar esa calidez, era como, su propio sol, sólo para ella. Sí, alguien la abrazaba contra su pecho mientras ella estaba inconsciente, protegida en la suavidad y la calidez de ese alguien… y una voz muy al fondo… muy al fondo, decía… "¡Gracias amo bonito por salvarme!"… "Agradece a Rin, fue ella quien consiguió estas yerbas para ti"….

La oscuridad cubría todo pero era agradable, como un sueño apacible, entonces sintió como una mano acarició suavemente sus cabellos para despertarla, estaba acostada sobre una creatura extraña pero amigable "Despierta, Yaken ya preparó tu cena". Otra vez, en la oscuridad de la noche, esos hermosos ojos ambarinos brillaban como un sol, solo para ella y le miraban con un sentimiento puro y limpio. Era tan cálido… De repente, una niebla oscura comenzó a interponerse entre los dos y comenzó a arrastrar con ella a esos hermosos ojos, la oscuridad se los llevaba más lejos, más lejos, sumiéndolos en un abismo. "Ahora es mío pequeña, y voy a reclamar lo que me pertenece…" una voz cavernosa y desprovista de piedad, la hizo estremecer, era… era como si escuchara a la mismísima muerte…

- No… no te… vayas… -Bai Sheng tendió su brazo a la nada tratando de alcanzar esa mirada que se alejaba más y más envuelta en la oscuridad mientras ella balbuceaba quedamente –No te lo lleves…. No me lo quites…. ¡No otra vez! –en ese justo instante se despertó gritando y en el brusco intento de alcanzar lo que le era arrebatado perdió el equilibrio y cayó de la rama donde había estado durmiendo.

Recién despertando y aturdida no alcanzó a caer de pie y uso sus colas como colchón.

- Ah… -dijo tomando con una mano su cabeza –qué fue eso… Pero que tonta…–se dijo molesta por haber caído de la rama como una bebé.

- Mamá…. –una voz sufrida se escuchó de debajo de su cuerpo.

- ¿¡Eh?! –Bai Sheng se giró un poco y vio que bajo sus colas había una pequeña creatura -¡Ah, discúlpame pequeño!

Bai Sheng se le quitó de encima y se giró para revisar a la creatura.

- ¡Ay pero… si es Narukami!... ¡Narukami, ¿estás bien pequeña?! – la pequeña estaba casi noqueada y sus ojos parecían espirales en constante rotación.

- Todo me da vueltas…

- ¡Narukami –dijo zarandeándola un poco muy preocupada -reacciona, perdón, no fue mi intención aplastarte!

- Mi pobre espalda… ¡Oye loca por qué no te fi-… ¿Ma… ¡¿Maesta Bai Sheng?!

- Ay mi pequeña que pena ¿te encuentras bien?

- Creo… que sí… -la niña buscó de inmediato algo con mucha preocupación y al encontrar su dizi a salvo suspiró aliviada –menos mal…

- ¿Estás bien? –preguntó revisando a la niña con preocupación.

- ¡Sí, sí tranquila no te preocupes tanto!

- ¡Ah fui muy tonta! discúlpame por favor.

- Por favor no te preocupes además ¡Que gusto volver a verte! –la niña la abrazó y Bai Sheng se sintió muy reconfortada en la calidez de la niña. Era tan diferente a la que obtenía en sus cacerías. El cariño honesto siempre se sentía mucho mejor, y ese tipo de calor perduraba mucho más en su cuerpo. Bai Sheng devolvió el abrazo y cuando se separaron Narukami miró a la espalda de su maestra para ver esas llamativas colas.

- ¡Pero que bonitas! ¡¿Son tuyas?!

- ¡Pues de quién más pequeña!

- ¡Eres un youkai zorro, eres como Shippou!

- ¿Shippou?... –Bai Sheng puso una cara de desconcierto que llamó la atención de la niña.

- ¿Sucede algo?

- No… no pequeña –al escuchar el nombre un eco había venido a su mente "¡Pues Shippou es un mentiroso, es un kitsune, está en su naturaleza!"

- ¿Qué te trajo a mi aldea maestra? –preguntó sacándola de sus pensamientos.

- A… ¿Aquí vives pequeña?

- Sí. ¡Ah! ¡Maestra ven conmigo quiero que conozcas a mis padres! –la niña se había puesto de pie e iba a tirar de la mano de su maestra pero está la jaló en contra.

- Eh pequeña, quizá en otra ocasión ¿sabes? hoy no… amanecí muy bien que digamos.

- ¿Te sientes mal? Mi madre sabe mucho de yerbas, te podría dar algo.

- No creo que las yerbas que usan los humanos me sirvan de mucho a mí justo ahora.

- Podríamos probar, mi madre estudió muy bien con Jinenji, es un Hanyou que sabe mucho de medicina tanto para humanos como para youkais. Él siempre dice que la cura a toda enfermedad, para humanos animales o youkais está en la madre naturaleza.

- Es un hanyou muy sabio pero, no hace falta, gracias. – Para evitar que la pequeña insistiera desvió el tema - Mejor cuéntame qué tal te fue con tu padre y la sorpresa que le querías dar. ¿Ya festejaron su cumpleaños?

- ¡Siiii y me fue muy bien gracias a tus enseñanzas! ¡Compuse tres canciones para papá!

- ¿Compusiste tres canciones? ¡Vaya te felicito! Ya decía yo que tenías muy buenas orejas para la música -dijo sonriendo y acariciando con suavidad las orejas de la niña.

A Narukami generalmente no le gustaba que le agarraran las orejas pero se lo permitió a Bai Sheng y a cambio pidió permiso para tocar esas esponjosas colas. Mientras las acariciaba no pudo evitar recordar algo "Se sienten como la estola de mi tío" pensó recordando los breves instantes cuando ayudándolo a sentarse pudo tocar esa esponjosa estola.

- Entonces si hoy no te sientes bien para conocer a mis padres ¿otro día tal vez?

- Si por qué no, me encantaría conocerlos. Pero tendrás que disculparme hoy, creo que me levante con el pie equivocado.

- ¡Y que lo digas! –ambas rieron recordando el incidente. -¿Vives cerca de mi aldea Bai Sheng?

- No pequeña aquí también estoy de paso, yo vivo más allá de la capital.

- ¿En Japón?

- Sí, desde hace unos años.

- Que bien. ¿Entonces te quedarás unos días por aquí?

- Creo –dijo muy pensativa –creo que sí.

- ¡Genial, entonces podremos vernos!

Bai Sheng sonrió acongojada porque la verdad había venido hasta acá a investigar, no a pasar tiempo con conocidos.

- Seré honesta contigo pequeña. Tengo un asunto muy especial aquí, así que no estoy segura que nos veamos pronto, pero… si me da algo tiempo prometo volver a visitarte.

- ¡Muy bien! Mi casa queda cerca de aquí, vamos te la enseño.

La niña quería llevarla a la aldea pero recordando el revuelo que había causado pensó que no sería conveniente dejarse ver de día.

- Espera pequeña, no es bueno que los youkais nos dejemos ver ante los humanos. Suelen asustarse fácilmente.

- No te temerán, no si te ven conmigo, aquí nadie rechaza a quienes vienen con nosotros.

- Tal vez pequeña pero no quiero arriesgarme –ella sabía que si alguien la reconocía seguro habría problemas, en especial con esa cazadora. –Mejor… -dijo tomando en brazos a la niña y volando hasta la rama donde había dormido, desde ahí se veía toda la aldea. – Desde aquí se ve bien la aldea, dime, ¿puedes ver tu casa?

- Mmm ¡Sí! ¡Ahí está, es aquella! –dijo apuntando a una de las dos casas que tanto habían llamado la atención de Bai Sheng.

- ¿Ahí? –dijo apuntando la casa para confirmar. -¿La casa con el shimenawa?

- Sí, esa es.

No podía ser, esa casa… ¿esta pequeña vivía ahí? ¿era por eso? ¿Su instinto sobrenatural sólo quería avisarle que ahí vivía un conocido? Y entonces… ¿la casa de al lado?

- Y ¿conoces a tus vecinos Narukami?

- Claro ahí vive mi tía Sango.

- ¿Eh? ¿Tu tía? ¿Es que acaso viven varios youkais aquí?

- Jajaja no, mi tía Sango es humana.

- ¿Humana? Pero, eso es imposible pequeña, tú no puedes tener una tía humana.

- ¿Por qué no?

- Porque por tu olor es evidente que eres más demonio que humana. Uno de tus padres debe ser un youkai y el otro un Hanyou.

- Jajaja pero claro que no. Mi madre es humana.

- ¡Pero no es posible!

- ¿Por qué lo dices maestra? –preguntó interesada.

Es que cuando la conoció debido al olor en su sangre, pensó que de seguro Narukami era una hibridación especial, una mezcla rara, su esencia olía tan débilmente a humano que Bai Sheng había asumido que esta niña era hija de un youkai de sangre pura y un Hanyou.

Había mezclas raras. ¿Por qué no?. Sin embargo ahora Narukami desbarataba su teoría al afirmar que su madre era humana.

- Pues es que… hueles mucho más a demonio que a humano.

- Eso es imposible, soy mitad humana y mitad demonio. Todo en perfecto balance –le dijo poniendo las manos en su nuca mientras sonreía orgullosa.

- Mm… ¿Segura? –dijo olfateándola de cerca.

- Claro, vamos con mis padres para que los conozcas.

- Otro día pequeña… Sí… de hecho –dijo centrando su atención en aquella casa que seguía causándole incertidumbre –te prometo que antes de irme pasaré a conocer a tus padres –su mirada afilada se clavó en la casa y sonrió de lado. Esa pequeña le daría el pretexto perfecto para entrar en esa casa y averiguar de una vez por todas qué tanto la atraía de ese lugar – y espero… que también me presentes a tu tía –dijo al clavar su mirada en la otra casa.

- ¡¿Lo prometes?!

- Sí Narukami… ¿¡Narukami?! –se preguntó a sí misma.

- ¿Sí? –preguntó la niña creyendo que le hablaba pero Bai Sheng no respondió, por unos instantes salió de este mundo al ser arrastrada por una voz en su cabeza.

"¡Es idéntica a Inuyasha sama ¿cómo le van a poner?... Narukami. Ese será su nombre…"

- Naru… kami…

- ¿Sí?

- Narukami… -hablaba más por inercia que por conciencia. Narukami, ese nombre…

- ¿Qué pasa maestra Bai Sheng?

La zorra clavó sus ojos en la niña ¿por qué su nombre aparecía de pronto en una voz en su cabeza?

Narukami comenzaba a verla con preocupación y Bai Sheng reaccionó - ¡Oh, nada pequeña, nada! Sólo que, tu… tu nombre… me trae… recuerdos…

- ¿De qué?

- Oh cosas sin sentido. Entonces dime, ¿tu papá es el youkai verdad?

- No.

- ¿Pero cómo?

- Mamá es humana y papá un hanyou.

- U-un hanyou…. Pero… dijiste que eras mitad y mitad.

- Así es –dijo muy segura.

Bai Sheng sonrió indulgente, las ecuaciones de esta pequeña eran algo disparatadas. Tal vez aún era pequeña para comprender del todo su condición. En su sangre no había un balance de sangres, sino que la sangre demoniaca imperaba. Entonces… ¿Sería posible que Narukami fuera hija de una humana y un Hanyou? Imposible.

- ¡Narukami, ya está listo el desayuno! –Se escuchó a lo lejos.

- ¡Es mamá! ¿No quieres desayunar con nosotros?

- Qui-quiza otro día…

- Bai Sheng… estás muy pálida ¿te sientes bien?

- Sí... sí pequeña… dis… disculpa tengo que irme, nos vemos luego.

Ante una confundida Narukami Bai Sheng alzó el vuelo. Esa voz… esa voz llamando a la niña… era una de las voces en su cabeza, la reconoció muy bien. ¿Qué estaba pasando con ella?...

Al medio día…

Kadeja visitaba a su otro príncipe como desde hacía un tiempo y Narukami y ella habían salido a recoger agua al rio. Y mientras caminaban por el bosque platicaban.

- Señora Kadeja –preguntó sabiéndose a solas con la anciana -¿Cómo está mi tío Sesshoumaru?

- Yo… no lo sé pequeña, no lo he visto.

- Ya veo… -Narukami no era tonta pero tenía buena educación que usaba cuando quería y la verdad es que Kadeja era una de esas personas que la inspiraban a ser educada. No iba a llamarla mentirosa ni mucho menos a hacer un comentario mordaz tan propio de su herencia paterna que pudiera ofender a la vieja – Pero, si usted llegara verlo, ¿podría decirme cómo se encuentra y enviarle mis saludos? Es que estoy preocupada por él. No se veía nada bien la última vez que lo vi…

- Te refieres a… -la anciana también se hizo la tonta aunque sabían muy bien a cuál de las dos ocasiones la niña se refería –¿cuando lo enfrentaste en el bosque sin saber que eran parientes?

- Este… sí, a esa. Y me preocupa.

- ¿Te preocupa tu tío pequeña?

- Sí.

- Pero apenas lo has visto una vez.

- No importa, me cayó bastante bien. Además ¡papá siempre se queja de él en sus historias, tanto que hasta siento que lo conozco de más tiempo! Y no me parece mala persona… Sé que no le gustan los hanyou y… tampoco le gusta que le diga tío pero…

- ¿No le gusta? ¿Y cómo sabes? ¿Acaso te dijo algo cuando lo conociste?

- ¡No, bueno es que, yo –dijo dándose cuenta que había hablado un poco de más – … es que así como mamá dice que no le gusta que le diga "cuñado", supongo que no querrá que le diga tío! Pero… es mi tío, y me gustaría tener más trato con él, sobre todo… Sabe anciana a pesar de tantas historias a su alrededor, no lo veo tan cruel y malvado como muchos lo pintan, en mi familia tienen otra idea de él. El tío Miroku y la tía Sango tienen buenos recuerdos a pesar de todo, y dicen que bien pudo matar a mi padre en varias ocasiones pero jamás lo hizo, al contrario aunque siempre lo negó, ellos aseguran que todo lo que hizo a fin de cuentas fue por el bien de su hermano menor… Yo sé que en un tiempo realmente quería matarlo –dijo encogiéndose de hombros –pero todos los hermanos siempre se quieren matar en algún momento, lo he visto con mis amigos. Aun así –su semblante se puso melancólico –más que con miedo, crecí aprendiendo a tenerle cariño y cuando lo conocí me cayó muy bien… ¡con todo y lo petulante que es!. Sé que está mal… sé que amó mucho a una chica humana y que esta murió, también sé lo que eso significa para un youkai, he estado preguntando al tío Miroku, la tía Sango incluso al anciano Toutousai y sé que podría morir. Y no quiero. Puede que tal vez yo no le agrade tanto –dijo recordando todas las historias que contaban sobre su desprecio por los hanyou y el cómo en un tiempo de verdad había sentido un crudo rechazo hacia su hermano por esa misma cuestión –por ser una hibrida, pero aun así, yo sí quisiera tratarlo más, tener trato con mi tío paterno. Aunque el monje Miroku y Sango son como mis tíos, y tengo a mi tío Sota por parte de mamá, me gustaría también tener un lazo con el hermano de mi padre, conocer más sobre mi abuelo… Hay cosas en las que creo que nadie más que él me podría entender.

La pequeña hizo una pausa y miró al cielo muy pensativa.

- No soy humana, ni tampoco youkai, y en esto sólo mi padre me comprende. Por el lado humano lo comprendo todo gracias a mis familiares humanos pero, mi lado de demonio… hay cosas que incluso papá no entiende sobre sí mismo, aunque el tío Miroku intenta ayudar con lo que sabe de demonología, pero no es lo mismo. Los demonios nunca entienden del todo a los humanos, y los humanos pues… nunca entienden de todo a los demonios… Hasta mi maestra Bai Sheng piensa que soy algo rara. Pero, supongo que no tiene nada de raro que quiera convivir en ambos mundos…

- No pequeña, despues de todo, está en tu naturaleza. ¿Sabes? Yo también he pensado que tu compañía le caería muy bien a mi señor. ¿Sabías que al él también le gusta la flauta?

- Sí… ¡digo, no!

- Ah –dijo fingiendo no haber notado el nerviosismo de la niña –pues ahora ya lo sabes.

- ¿Usted cree que le caería bien mi compañía? –preguntó bajando sus orejas acongojada por la respuesta.

- ¿Lo dudas mucho verdad?

- Es que… bueno… ya no sé qué pensar –la niña entre tantas historias de verdad ya estaba confundida. Su última interacción con su tío había salido bien, dentro del silencio que dominó todo la mayor parte del tiempo pero… le había agradado tanto el tiempo que pasó a su lado que temía hacerse ilusiones vanas y descubrir que su tío realmente no la soportaba.

- Puede que te sorprendas…

La niña la miró expectante.

- Es verdad que mi señor es muy impredecible, es verdad que no le agradan los hanyou, que odia a los humanos, que jamás ha aceptado a tu padre como su hermano –la chiquilla bajó las orejas con congoja –pero también es verdad que ¡siempre termina yendo en contra de todo lo que dice! –finalizó escondiendo su risa en la manga de su kimono.

La chiquilla parpadeo confundida ¿eso era bueno? ¿lo podía tomar como buena señal?

- No… no comprendo.

- Eres lista Narukami, mira al pasado de tu tío y sé que entenderás…

La niña la miró confusa y volvió su mirada al cielo. ¿Mirar al pasado de su tío y recordar que siempre iba en contra de lo que decía?… Luego de meditarlo unos instantes la niña sonrió.

- Kadeja sama, ¿cree que yo le agrado?

- Tal vez… el tiempo nos dirá más detalles.

- Pero… si ni siquiera puedo pasar tiempo con él… -se quejó bajando la cabeza derrotada.

- ¿Te gustaría?

- Sí.

- Bueno, esto es cuestión de tener mucha suerte porque a como se llevan tu padre y él justo ahora… -la anciana suspiró, sus señores eran igual de tercos y orgullosos –no creo que el amo Inuyasha te dejara pasar una temporada con tu tío, eso en el extrañísimo caso que mi señor aceptara tenerte a su lado una temporada... Ah, además… justo ahora, el amo Sesshoumaru, no es la mejor compañía para nadie… -dijo muy pensativa.

- Kadeja sama… -la niña iba a hacer una pregunta directa pero decidió darle la vuelta -si usted, es sólo una pregunta hipotética pero… si usted supiera dónde está mi tío ¿se lo diría a mi padre? Es que aunque no lo diga, sé que está preocupado por él.

- Eso lo noté mi niña, pero… si yo supiera dónde está –dijo dándose cuenta que ambas entendían más de lo que decían –quizá no se lo diría porque, si yo quisiera que esos hermanos tuvieran una buena relación como quería tu abuelo, sabría que no es un buen momento para que su hermano lo visite. Porque podría genera una pelea en lugar de un acercamiento y no es lo que queremos ¿verdad?

- Comprendo. Como dice mi abuela Yua, todo tiene un momento y un lugar y creo que tiene razón, no se pueden forzar las cosas…. –Hubo un silencio entre las dos pero Narukami lo rompió deteniendo el camino y viendo a la anciana de forma suplicante –Kadeja sama… ¿él se lo dijo verdad? –soltó finalmente, su lado Inuyasha había podido más.

- ¿De-de qué hablas mi niña?

- El regalo que tenía preparado para mi padre, es que nadie más que yo, mi madre, mi maestra Bai Sheng y él sabían. Lo he pensado mucho y cuando usted me dijo que era un secreto el cómo se había enterado pues, hice mis conjeturas…

- Chiquilla lista.

- Por eso me trajo ese hermoso traje verdad. Quiero agradecérselo mucho señora Kadeja –dijo haciendo una reverencia –fue un gran gesto de su parte, la verdad yo no sabía qué ponerme, todos vestían lo mejor que tenían pero yo quería que todo fuera extremadamente especial y con ese traje pude lograr darle a papá una presentación digna.

- Sí, sé lo importante que era esto para ti. Por lo que oí, tu mirada lo decía todo.

- ¿Lo que oyó? ¿Fui tan obvia? ¡¿Todos lo notaron?! ¡¿Hasta papá?!

- Jajaja No pequeña, tranquila, nadie de tus amigos lo notó, mucho menos tu padre, fue toda una sorpresa para todos. Yo me refería a una mirada que alguien más captó en tus ojos.

- ¿Alguien más?

- Mi pequeña, debo confesarte algo, aunque creas que estoy atenta a todo, ya estoy vieja y se me escapan algunas cosas, a mí no se me habría ocurrido regalarte un traje especial para tu presentación –le dijo la tanuki con una sonrisa apenada y bajando un poco sus orejas –quizá se me hubiera ocurrido pero tres días despues.

- Eh… ¿entonces?

- Se supone que debo guardar ciertos secretos… y como no puedo hablar sólo te diré que busques las pistas en tu propio traje. Sí, yo lo mandé confeccionar con mis sirvientes y lo bordamos con nuestra magia porque, bordando como lo hacen los humanos nunca hubiera estado listo en tan poco tiempo. Sin embargo la idea no fue mía, debes agradecer a alguien más por haberte enviado a ese obsequio.

- En ese caso dígame por favor a quién debo agradecer. ¿A mamá?

- No, pero no puedo decirte a quién.

- ¿Por qué?

- Porque se supone que no debía decir nada, pero viendo tu genuino interés y sentimientos en… ciertas cosas. Sólo te puedo decir que busques pistas en tu propio traje. ¿Tienes buen olfato no?

- ¿Qué tiene que ver mi olfato?

- Descúbrelo tú misma. Ese traje pasó por otras manos además de las mías antes de llegar a ti… -dijo la mujer acercándose al rio y agachándose a llenar un cántaro.

- Um… -la niña bajó las orejas, ¿a quién debería agradecer?... ¿acaso Kadeja conocía a Bai Sheng? -¿Kadeja sama usted conoce a mi maestra Bai Sheng?

- ¿A quién? –preguntó sin comprender.

Ah… al parecer no iba a decirle nada…

Por la noche en la aldea…

Mientras Inuyasha ayudaba a su madre con la cena, Narukami fue a su habitación y desenvolvió su hermoso conjunto del paño de seda donde lo guardaba y comenzó a olfatear…

Era complicado… ¡El traje olía a todo! Pastel, tsukiyotake, sukiyake, Sango, Mamá, Papá, la sal de las lágrimas de alegría que este había derramado, carbón del fogón, Kadeja, las gemelas, Daiki, Miroku, Shippou, ella…

- ¿Cuál de ellos lo envió? –se dijo confundida –Papá no pudo ser porque no sabía nada… Kadeja dice que mamá no fue… y los demás tampoco sabían…. –olfateó de nuevo pero no encontró el aroma que buscaba –Tampoco huele a Bai Sheng…

La joven bajó sus orejas… ¿cómo iba a detectar algo con el Kaidori oliendo fuertemente a todo mundo?

Revisó las demás capas y se le ocurrió que si algún aroma podía estar protegido de todos los demás debía ser en una parte que no hubiera estado en tanto contacto con la gente y el ambiente. Tomó el haori y comenzó a olfatear con detenimiento sus mangas, seguro que estando dentro de las mangas del Kaidori se habían protegido lo suficiente para no llenarse de olores.

Y su idea fue correcta, pues en las mangas del haori había encontrado un olor diferente, un olor conocido, escalofriante pero conocido.

- No puede ser…. Este… este es el olor de mi tío Sesshoumaru.

Olfateó más para asegurarse y no había duda. El tiempo que había pasado sentada a su lado aquella ocasión había sido más que suficiente para grabarse el extraño y terrorífico aroma que su tío desprendía.

- ¿Sería él de verdad?

"¿Por qué es tan importante?"… sí, su tío le había preguntado eso. Y Kadeja había dicho "Es un secreto"… ¡Ella tenía un secreto con su tío! Y él sabía lo importante que era para ella el regalo que pensaba hacerle a su padre, ella misma se lo había dicho.

- Creo… ¡Que sí le caigo bien a mi tío!

- ¡Narukami la cena esta lista! – escuchó a su padre llamarla.

- ¡Ya voy! –respondió mientras se apresuraba a guardar de nuevo su traje -¡Le diré a papá que… eh… no… yo creo… que mejor no… –se dijo con una risita nerviosa y un tic en el ojo, su papá podía estar preocupado por su hermano pero, hasta no estar segura que su padre no se comería su traje, no le diría a nadie, además así, compartiría otro secreto con su tío.

La niña sonrió ante el pensamiento y luego de guardar su traje se fue a cenar.

Afuera de la casa alguien espiaba el lugar con mucho interés.

Al pasar de los días a pesar de haber dicho lo contrario, de cuando en cuando Bai Sheng se solía topar por el bosque con Narukami y platicaban un poco, la cercanía de la chiquilla la hacía sentir bien y se fue aficionando a visitarla.


Seis días después, por la noche…

Nuevamente la casa de Inuyasha era vigilada a sólo unos metros, el viento soplaba en contra llevándose el aroma del extraño.

- Ah… debería…

- ¿Se te ofrece algo joven señora?

La espía se respingó al verse descubierta y a su espalda se encontró con una vieja tanuki. Ya la había visto entrar y salir de esa casa, parecía conocida de Narukami y su familia. En esos días que había estado espiando la aldea por las noches la había visto partir del lugar siendo despedida por la propia Narukami aunque aún no había tenido la suerte de ver a la niña con sus padres.

Sin embargo la zorra había sido descubierta también en sus merodeos por toda la aldea en especial en la casa del príncipe. Sin saber ambas se habían estado espiando. Y justo ahora Bai Sheng buscaba el cómo encontrar un pretexto para atreverse a visitar esa casa cuando fue descubierta.

- Puede que mi japonés no fuera suficientemente claro para ti wei hu, sin embargo mi chino es deficiente, pero lo preguntaré de nuevo ¿Qué se te ofrece? ¿Por qué llevas días rondando la casa de mi señor Inuyasha y su familia? –demandó saber la anciana, tomando de su cintura el pequeño cántaro de sake que llevaba, que en realidad era una de sus armas mágicas.

- No te sulfures anciana, no estoy haciendo nada malo.

- Vaya veo que comprendes bien el idioma, entonces responde, ¿qué haces merodeando la casa de mi señor?

- Yo –Bai Sheng no tenía deseos de pelear, menos con una anciana además, lo que menos le convenía era tener más problemas en esa aldea, necesitaba averiguar qué le retenía ahí. Así que decidió usar a la niña –Yo no estoy merodeando la casa de tu señor, simplemente vine a visitar a Narukami

- ¿A Narukami?

- Sí.

- Jum… llevas días rondando este lugar por la noche, ¿si conoces a la princesa Narukami por qué te ocultas?

Bai Sheng decidió que usar la verdad a medias su favor era el mejor medio –No es que me oculte anciana, yo soy la maestra de música de Narukami. Ella me pidió que algún día viniera a visitarla pero como le enseñé en secreto a tocar para que le diera un regalo a su padre, no sé cómo llamarla sin llamar la atención de sus padres, aún no sé si ya pasó el cumpleaños de su papá por eso estaba esperando verla salir de la casa para preguntarle.

La anciana entrecerró los ojos, no confiaba del todo en su versión.

- ¿Tú le enseñaste? ¿Cuál es tu nombre?

- Bai Sheng.

La anciana lo meditó, sí era el mismo nombre que le mencionara la pequeña, pero aún así no la convencía.

- Entonces si es así, ¿no tendrás problema en que yo llame a la pequeña verdad?

- Ningún problema venerable señora, anda y llámala, me harás un favor. Pero no le digas a sus padres ya que ella quiere darles la sorpresa.

La anciana seguía desconfiando ¿por qué no quería que llamara a sus padres?

- ¿Desconfías mujer? Anda y llama a la niña.

Kadeja estaba muy desconfiada no sacaría a Narukami para llevarla a esa parte solitaria con esta desconocida.

- Vamos juntas.

- Ya te dije que no, no si Narukami no me dice que es momento de conocer a sus padres, le hice una promesa a la niña.

- Muy bien si no puedes entrar espera afuera justo junto a la puerta.

- No tengo problema con eso.

Ambas mujeres comenzaron a caminar y Bai Sheng se recargó en la pared de la casa al llegar –Anda y llámala, verás que no miento.

Kadeja aún desconfiada entró a la casa y al poco rato salió con la niña.

- ¡Bai Sheng viniste! –al verla la chiquilla corrió a tomarla de la manos sorprendiendo a Kadeja, al parecer la historia de la joven youkai era cierta.

- ¡Hola mi pequeña ¿cómo has estado?!

- Muy bien ¿vienes a conocer a mis padres?

- Claro te prometí que antes de irme pasaría conocerlos cuando tú me dijeras que era adecuado.

¿Adecuado? Esa parte no la recordaba ¡Pero qué importaba su maestra estaba ahí!

- ¿Por qué no te quedas a cenar?

- Pero llegar a cenar sin invitación es muy descortés pequeña, sólo venía a preguntarte cuándo podía venir a presentarme con tus padres pero no te veía salir de la casa, así que esta mujer que supongo es tu familiar me encontró y pensó que era una persona sospechosa pero, verdad que no lo soy mi pequeña.

- ¡Por supuesto que no! Kadeja Sama ella es Bai Sheng, es mi maestra de flauta. –le aclaró emocionada.

- Vaya –suspiró –así que despues de todo, tu historia era cierta joven señora.

- Te lo dije –respondió sonriendo.

- ¡Vamos vamos Bai Sheng, te quiero presentar a mis padres! –decía la niña jalando a la bai hu de la mano.

- ¡Espera pequeña! ¿Ya le dijiste a tu mamá?

- ¿Eh?

- Lo que hablamos la otra vez.

- Ay… se me olvidó.

- En ese caso –dijo aplaudiendo emocionada, entonces usó su poder de las ilusiones y se trasformó en una chica de largo cabello castaño peinado a la usanza de la princesas chinas, piel aunque pálida con el color rosado propio de los humanos, y ojos como castañas, sus ropas las dejó tal cual pues sabía que Narukami había contado a su madre que su maestra era una mujer de china. -¿Qué tal? ¿Me veo bien?

- ¡Sí! Vamos.

- Un momento. ¿Por qué finges ser humana y cómo… cómo puedes lograrlo de esa forma?- preguntó kadeja muy intrigada.

- ¿Qué hay de especial señora? Tú eres una tanuki también son maestras de las ilusiones tu podrías hacer lo mismo si quisieras.

- Podría lucir como toda una huma pero jamás oler a una, y tu olor cambió demasiado… casi hueles como un humano real.

- Pues "casi", pero no es perfecto notarás que mi olor demoniaco no se ha perdido del todo. Es una técnica que he perfeccionado con los años, engañar a los humanos es fácil pero no a un youkai. A veces una chica tiene que aprender trucos nuevos. Los machos humanos o youkais son lo mismo, unos pervertidos, el olor a humano ha engañado a demasiados pretendientes indeseables que se retiran al creerme humana. –aclaró de lo más natural.

Podía ser pero… ¿Cómo…?

- Narukami no deberías engañar a tus padres, si les va a presentar a esta mujer, déjala ver en su verdadera forma.

- No la presiones señora. Narukami no sabe cómo lo va a tomar su madre y yo sólo hago esto por la pequeña. Dependiendo de cómo me acepten hoy les diremos la verdad ¿verdad Narukami?

- ¡Buena idea! ¡Vamos! –Esta vez Bai Sheng se dejó llevar para evitar más suspicacias de la anciana y entraron a la casa antes que Kadeja pudiera hacer algo más.

- Jum… algo en esta mujer no me gusta, siento que sólo está usando a la pequeña Narukami pero ¿para qué?

Dentro de la casa…

- ¡Mamá, Papá, quiero presentarles a alguien!

Inuyasha y Kagome salieron al encuentro de su hija y la encontraron en el genkan con alguien más. Era una joven finamente ataviada con un conjunto de ropa Han color violeta con blanco, su largo cabello ostentaba la mitad recogido en un elaborado peinado y tocaba su cabeza con una horquilla de plata y jade de luna con un símbolo y un kanji chino grabados.

- Oh buenas noches señorita –saludó Kagome de forma educada, Inuyasha también le saludó aunque ambos estaban confundidos por la presencia de esa mujer. Justo detrás entraba Kadeja.

- Mamá, papá, quiero presentarles a Bai Sheng, mi maestra de flauta.

- ¡Oh, así que tú eres la famosa Bai Sheng!

- Ah, no sé si soy famosa, pero, sí, yo soy Bai Sheng mucho gusto señores -dijo haciendo una respetuosa reverencia.

- Vaya que eres famosa, al menos en esta casa, Narukami no deja de hablar de ti –le aclaró Kagome acercándose más a la joven.

-Así que tú eres quien enseñó a mi pequeña a tocar la flauta. Te lo agradezco mucho. Yo soy Inuyasha, el padre de Narukami mucho gusto. –Inuyasha solía ser más parco en sus presentaciones pero desde que tenía una familia se había vuelto un poco más educado gracias a su esposa e hija, pero al igual que Narukami era educado sólo cuando quería y dependiendo de la persona.

Estaba agradecido con Bai Sheng porque la pequeña hablaba con mucho cariño de ella y de la bondad que siempre le mostraba, así que no le costó ser amable con ella.

- El gusto es mío señor Inuyasha.

- Yo soy Kagome Higurashi, la mamá de Narukami, mucho gusto en por fin conocerte Bai Sheng.

- El placer es todo mío señora.

- Ya íbamos a cenar ¿Por qué no te quedas?

- Oh no señora, no podría, llegué de improviso, sería descortés.

- Claro que no, de ninguna forma podría pagarte lo que hiciste por mi hija, ¿sabes que pudo cumplir su sueño? Le dio un hermoso regalo a su padre gracias a tus enseñanzas, por favor quédate –le pidió Kagome.

- Pero, qué pena, ni siquiera avisé que vendría, no quisiera molestar.

- No hay problema, anda, cena con nosotros –le invitó esta vez el Hanyou.

Esa mirada ambarina le provocó un fuerte sentimiento de calidez a Bai Sheng, era raro, sentía como si lo conociera, como si ese hanyou fuera en más de una forma parte de su familia.

- ¡Di que sí!

- Bue-bueno, está bien –aceptó algo apenada.

- Mi señor Inuyasha, le molesta si también me quedo a cenar, estoy algo cansada para emprender el viaje de regreso.

- Por supuesto anciana también eres bienvenida.

- Gracias mi señor.

- Ya te dije que me llames sólo Inuyasha.

Cada que alguien mencionaba ese nombre, Bai Sheng sentía un palpito, incluso con las voces de ambos padres de la niña. ¿Sería buena idea quedarse?

"¡Oh vamos Bai Sheng al fin entraste, no vas a retroceder ahora!" se reprendido mentalmente la zorra.

Los cinco se sentaron a la mesa y mientras compartían los alimentos conversaban.

Y mientras los padres de la niña platicaban con esa misteriosa zorra disfrazada de humana, la anciana no te quitaba la vista de encima. Entonces fijándose en cada detalle, se dio cuenta que la horquilla que adornaba el cabello de Bai Sheng, era una horquilla de plata con el símbolo de las Bái Tǒngzhì jiējí de Kunlun.

"El símbolo de las Tǒngzhì Bái… sólo lo llevan los integrantes de la casa real. ¿Será esta… una de la princesas de Kunlun?" se increpó mentalmente.

El día despues que Rin se había convertido en Bai Sheng descubrió que llevaba esa horquilla escondida entre el obi del antiguo kimono rosa que portaba bajo su hanfu y la había conservado, en primera instancia porque era valioso y pensó que le serviría para comer unos días, pero al poco descubrió que el dinero ya no sería de vital importancia para su nueva vida… Pero esas memorias estaban enterradas, la ahora Bai Sheng lo llevaba como símbolo de su familia, su único vínculo con las que ella recordaba como su familia.

La cena transcurrió muy amena para todos y a Bai Sheng le pareció que duró apenas un suspiro, desde las primeras palabras sintió un calor muy dulce emanar del ambiente, y se acopló de inmediato a los padres de Narukami, como volver a encontrarse con viejos amigos. Mientras cenaba con ellos recordó las cenas que había tenido con sus hermanas y su madre en el gran comedor del castillo pero, no se sentían tan bien como esto, es más ni siquiera, se sentían...

"Es… como si aquí estuviera entre familia, mi verdadera familia…"

Bai Sheng se sintió tan bien en esa casa en la compañía de esas personas que… ¡que ni siquiera se dio cuenta que había estado comiendo comida humana!

Mientras Inuyasha y Kagome se llevaban los platos Bai Sheng lo notó y puso cara de circunstancias. ¿Desde cuándo podía comer comida humana? ¿Le haría daño?

- ¿Maestra Bai Sheng te sientes bien?

- Eh… sí… sí pequeña –dijo llevando una mano a su estómago con cara de espanto.

Kadeja al otro lado de la mesa sonrió con malicia.

- ¿Algo te cayó mal jovencita? –los ayakashi no solían comer comida de humanos, no estaban acostumbrados y a veces dependiendo de la raza podía tener muy desagradables consecuencias o simplemente causarles un empacho. –Sabes, las… "personas" deben cuidar su alimentación, no todo nos sienta bien a todos.

- No anciana... todo está bien.

Realmente lo que Bai Sheng tenía era preocupación ya que creía nunca haber comido comida humana, y pensó que su estómago lo resentiría, pero en realidad su estómago estaba tan bien con esa comida como lo estaba con los corazones que devoraba. Y para su sorpresa se sentía llena y no tenía esa necesidad de la sangre para que calentara su alma, el ambiente de esa casa estaba siendo más que suficiente. Tanto que realmente estaba lamentando el tener que irse ya. Pero no iba a pasar la noche ahí.

Inuyaha y Kagome volvieron a la mesa y despues de una agradable sobremesa la joven pensó que era adecuado retirarse y anunció que se marchaba para que los dueños de la casa pudieran descansar.

- Muchas gracias por todas sus atenciones señores Higurashi.

Inuyasha puso una cara rara, aunque no de molestia, sólo que le sonaba extraño, pero él no tenía cosa como un nombre de familia y la única con uno ahí era su mujer. Y aunque no era la primera vez que alguien lo llamaba así, no sólo Miroku y sus bromas, sino la gente que llegó a pensar que Higurashi era su apellido por ser el varón de la casa, le seguía sonando raro.

- No hay de que Bai Sheng, vuelve pronto por favor. –le dijo Kagome.

- Muchas gracias.

- Bai Sheng –dijo Kagome –¿no será algo tarde para que te vayas? Narukami dice que no eres de aquí, no es conveniente que una joven como tú ande por los caminos de noche.

- No se preocupe estaré bien, me estoy quedando con una amiga.

- ¿En la aldea?

- Eh… -iba a responder que sí pero si le preguntaban con quién o se empeñaban a encaminarla a alguna casa no sabría que hacer –no… en la aldea vecina.

- ¡Pero eso está a tres kilómetros, de ninguna forma puedes irte sola a estas horas!

- Yo la acompañaré mis señores –la Tanuki se ofreció.

- ¡Sí, acepto su amable ofrecimiento señora Kadeja! –dijo de inmediato haciéndole una reverencia.

- ¿Seguras? ¿No prefieren que yo las acompañe?

- No hay necesidad amo Inuyasha, la llevaré en Luna Negra, mi carruaje ayakashi, ambas iremos seguras. No te da miedo viajar con youkais ¿verdad jovencita?

- Claro que no –dijo con una risa nerviosa.

- En ese caso cuídense por favor –pido Kagome con una sonrisa.

- ¿Bai Sheng volverás pronto a visitarnos?

- En cuanto pueda lo haré mi pequeña, claro si tus padres me dan permiso.

- Por supuesto Bai Sheng siempre serás bienvenida.

- Gracias señora Kagome.

- Ah por favor sólo llámame kagome, "señora" me hace sentir mayor.

- E-está bien. Bueno debo retirarme, muchas gracias por sus atenciones que descansen. Dulces sueños Narukami.

- Gracias igualmente maestra.

Ambas mujeres hicieron una reverencia y salieron de la casa acompañadas por la familia.

El Luna Negra, el carruaje ayakashi de Kadeja descendió a las puertas de la casa y ambas subieron, una última despedida antes de cerrar las puertas y el carruaje alzo vuelo.

- Es una chica muy agradable –dijo kagome.

- Sí.

Inuyasha estaba pensativo. Bai Sheng no olía del todo a humano, esa joven tenía sangre demoniaca, sin embargo su olor era débil. Quizá algún antepasado de la chica había sido un hanyou como él, y los remanentes de su unión con los humanos quedaban en ese suave aroma demoniaco. No quiso comentar nada a la chica porque quizá ella misma no solo sabía, los antepasados humanos solían ocultar esas uniones a los descendientes por considerarlas impuras y vergonzosas. Eso le había pasado a él, una vez muriera su madre, toda su familia materna lo había expulsado de palacio, lo habían negado y olvidado que alguna vez existió. Tenía tíos y primos por el lado materno, pero era como si jamás los hubiera tenido. Por otro lado Bai Sheng se había portado muy agradable, quizá algo sabía, quizá no… pero, las personas que lo conocían siempre la primera vez sentían recelo hacia su presencia, pero Bai Sheng se había mostrado muy cómoda cerca de un Hanyou, como si estuviera acostumbrada a convivir con demonios.

"Quizá la joven sabrá algo de sus antepasados y por eso no le molestó mi presencia ni la de Kadeja" –pensó para sí. Ya le preguntaría a su hija más de su maestra.

- ¡Bueno es hora de dormir! ¡vamos, vamos! –dijo Kagome empujando cariñosamente a su hija y marido dentro de la casa.

En el Luna Negra…

- Gracias por ayudarme a salir de eso… Ya puedes dejarme bajar Ojou-sama.

- No.

- ¿Eh? Pretendes encerarme aquí.

- No, sólo quiero conversar.

- ¿Conversar? ¿De qué? ¿Aún desconfías de mí?

- Dime una cosa, ¿acaso eres hija de la señora de la montaña helada?

- Pero…

- Tu horquilla jovencita, tiene el emblema de tu casa.

Bai Sheng tocó su horquilla y sonrió –Detalles… eres muy observadora señora Kadeja. ¿Conoces el Monte Kunlun en China?

- En mi juventud viaje a tu país. Ahí conocí a un Bai Hu llamado Zao Wei, que fue mi amigo, tengo entendido que es tu pariente, aunque quizá no lo hayas conocido porque murió en batalla hace muchos años.

- Creo que sí oí hablar de él, pero no recuerdo mucho.

En su mente sí resonaba el nombre pero, no sentía haberlo conocido jamás.

- ¿Qué hace una de las hijas de Xing Lao en esta parte del mundo?

- Me cansé de China, eso es todo.

- Bai Sheng… no serás acaso la renegada.

- ¿Renegada?

- Escuché decir que la señora de Kunlun había expulsado a una de sus hijas por haber pecado contra su familia. No sé exactamente cuál fue el pecado de la princesa más joven, pero debió ser algo malo para que fuera expulsada del reino. Un viejo rumor dice que la expulsaron por enamorarse de un humano, pero es sólo eso un rumor sin mucha importancia. Ustedes no son famosas por enamorarse de los humanos.

- Pues te aseguro que la renegada no soy yo, yo no tengo problemas con mi madre ni mi familia.

- Entonces tu hermana menor.

- Sí, pero no hablaré de sus asuntos si eso es lo que pretendes.

Realmente de lo que Kadeja decía no tenía memorias, todas sus memorias como Bai Sheng se reducían a momentos armónicos con esas personas que creía su familia de sangre, pero nada más. De amores no sabía nada. Así que para evitar suspicacias fingió saber lo que no sabía.

- Ya veo, está bien, no me lo cuentes si no lo deseas. A fin de cuentas los problemas de Xing Lao son sólo suyos. Pero quería asegurarme que no serías un peligro para mi Narukami y su familia.

- Señora, yo jamás le haría daño a Inuyasha y su familia –su nombre había salido tan firmemente de sus labios que la propia Bai Sheng se sorprendió por dentro.

- Pareces sincera Princesa Bai Sheng.

- Lo soy –afirmó con seguridad, sea lo que fuera, esa familia la hacía sentir en casa, y claro que no los dañaría.

- Bien, dejaré que te acerques a ellos con una condición.

- ¿Cuál es? -preguntó pensando que de todos modos no iba a alejarse de esa familia que tan en casa la había hecho sentir, sin importar que esta anciana entrometida tratara de evitarlo.

- ¿Quiero que les digas las verdad?

- ¡Eh? –Bai Sheng casi se va de espaldas, esperaba una condición más impositiva. Pero… decirles la verdad ¡¿No era eso peor?!

- Princesa –dijo riendo esta vez sin malicia -¿Por qué pones esa cara? No es mucho lo que pido.

- Pero, es que… la niña no les ha dicho que no soy humana… ¿y si le prohíben estar cerca de mí cuando se enteren?

La congoja en la ayakashi era totalmente honesta, sí que le preocupaba alejarse de Narukami.

- ¿Te encariñaste con la princesa Narukami verdad? –preguntó sintiéndose más tranquila.

- Sí, y no sé si me vayan a aceptar como youkai.

- El amo Inuyasha es un Hanyou ¿Cuál es el problema?

- Pues… no sé… puede que sea un hanyou pero sé que se dedica a cazar cierto tipo de youkais junto a un monje amigo suyo, Narukami me lo dijo, así que… no estoy segura.

- Si es sólo por eso no te preocupes yo puedo interceder por ti en caso que lo necesites pero lo dudo. Ellos tienen amistad con otros youkais y hanyous como Gineji y Shippou, y el hermano mayor de mi señor Inuyasha es un Youkai de raza pura, uno más en la lisa no será problema, pero me niego a seguir apoyando esa mentira que se formaron entre tú y Narukami.

Que hacer… En los días que había platicado con Narukami en el bosque habían tratado el tema del porqué sus padres habían viajado a la aldea Samura y sabía que habían ido a cazar a un demonio come hombres.

"En un principio pensaron que era una zorra de nueve colas, casi como tú, pero al final el tío Miroku descubrió que se trataba de un fantasma vengativo de una mujer que murió a manos de un esposo abusivo"

El relato de la pequeña vino a su mente, Narukami se había hecho sus ideas con lo dicho por el monje y no pensó ni por un momento que pudiera ser Bai Sheng a la que buscaban ya que ella ni nueve colas tenía. ¿Pero… el monje e Inuyasha llegarían a la misma conclusión que la pequeña?

- Pues… sí… yo… veré cómo se los digo… ¡pero… antes déjame planearlo con la pequeña, no quiero que sus padres la regañen por mentir! –apostilló para salir del entuerto.

- Está bien, te doy tres días.

- ¡¿Sólo tres?!

- ¿No es fácil salir de las mentiras verdad? Eso es algo que Narukami también debe aprender.

Dioses, se sentía como regañada por su abuela, pero si quería seguir viendo a esa familia tendría que aceptar, además aún estaba esa otra casa a la que no había podido entrar.

"Quizá ahí también encuentre tanta calidez" pensó.

- Ah… está bien anciana… tú ganas.

- Muy sabía decisión princesa. –le dijo sonriendo.

- Bien, ahora déjame bajar por favor.

- ¿A dónde iras?

- A dormir un poco.

- ¿Tienes tu casa por aquí?

- No pero cualquier árbol servirá.

- Puedo ofrécete un futón en mis aposentos.

- ¿Vives cerca de aquí?

- No, vivo en las en el castillo del señor del Oeste. Pero el Luna Negra es muy veloz, te puedo traer de vuelta por la mañana.

¡El Oeste? ¡Donde estaba ese loco Señor Akita que la había perseguido con un ejército?

- ¡No, no te molestes! ja-ja-ja… Es que… hay algo personal que tengo que hacer hoy.

- Está bien joven princesa.

El carruaje se detuvo en el aire y las puertas se abrieron. Bai Sheng salió y flotó unos instantes cerca del carruaje.

- Ya lo sabes princesa si quieres ganarte mi confianza, arreglen esa mentira lo antes posible.

- Esta bien ojou-sama.

- Bien, hasta pronto.

- Hasta pronto.

El Luna Negra se fue y Bai Sheng se quedó ahí meditando.

¡¿Cómo había terminado envuelta con otra habitante del castillo del Oeste?! Esto se oponía a sus planes, se ataban cabos iba a tener problemas por diestra y siniestra.

Por un lado el señor el Oeste, ese molesto Youkai Akita que la había perseguido y a quien creía el señor de esas tierras porque, el ejercito que la atacó lo obedecía a él. Y a fin de cuentas ¿Qué era Kadeja de ese perro sarnoso?... ¡¿Cómo no se le había ocurrido preguntar?!

La cara de Bai Sheng se asemejaba a la de Narukami cuando se dio cuenta que no tenía flauta para sus clases. Bai Sheng parecía una chiquilla preocupada.

- ¡Justo ahora…! Quizá… sea mejor que me aleje de todos ellos, ahora sí creo que me enredé en un gran problema. –Se dijo con tristeza y voló en dirección a la montaña Miaka, resuelta a que era mejor no volver, por mucho que le pesara.

Casa de Inuyasha…

Narukami dormía en su habitación e Inuyasha estaba despierto y pensativo.

- ¿Sigues despierto amor?

- ¿Hum? …. Sí… Kagome, no… ¿no te recordó a alguien Bai Sheng?

- ¿Uh? ¿A quién?

- A Rin...

- ¿A Rin? Pues… no le noté mucho parecido, sólo tienen el cabello del mismo color.

- No me refiero a eso… es su forma de ser. Mientras platicábamos no pude evitar ver a la pequeña Rin en ella en más de una ocasión. Me recordó las noches en que la pequeña venía a cenar con nosotros. Sobre todo en su forma de reír…

- ¿Eh?... pues ya que lo dices… -dijo recordando los detalles de esa noche -… Sí… sí se parecen un poco cuando sonríen –se dijo con nostalgia. –Esa forma de reír era única.

- Además, quiero decirte algo sobre ella, noté un aroma extraño, Bai Sheng no es del todo humana.

- ¡¿Eh?! -Kagome saltó de su futón y miró sorprendida a su esposo. -¡¿Cómo que no es humana?!

- Tiene algo de sangre demoniaca. Pero no te preocupes, es muy suave el aroma, seguro que su abuelo o algún ancestro era un hanyou como yo.

- ¿Un hanyou?

- Sí, pero no hay nada de qué preocuparse.

- Eso… es muy raro viniendo de ti, por lo general eres más sobreprotector que yo.

- No soy sobreprotector –dijo haciendo un puchero de falso enojo.

- Sí lo eres –dijo acariciando sus blancos cabellos sentada en el futon.

- Hay algo en Bai Sheng, no sé por qué, pero siento que puedo confiar en ella.

- Pero si tú nunca confías en nadie a la primera –dijo riendo.

- Lo sé es lo que lo vuelve más extraño. Pero siento que nuestra pequeña no corre peligro con ella.

- ¿Sabes? Yo tengo la misma corazonada, sin embargo creo que es mejor invitarla más seguido para conocerla bien.

- Estoy de acuerdo… Bien ya es hora de dormir –dijo abrazándola por la cintura y atrayéndola sobre su pecho, dándole un beso que hizo ruborizar a Kagome.

- Inuyasha… ese beso… no fue precisamente uno de buenas noches.

- No de despedida, sí de noches buenas.

- Inuyasha… Narukami ya está dormida, la podemos despertar.

- Entonces –casi le ronroneó al oído –no hagamos ruido.

Dicho esto la tumbó juguetonamente sobre el futon y se le acostó encima.

- ¡Inuyasha! – le reprendió susurrando entre una sonrisa y mucha complicidad - ¡estate quieto!

- No –dijo dándole otro beso de esos que la subían a la luna.

- Inuyasha estás demasiado travieso ¿quieres que te de un "abajo"?

- Puedo estar abajo si quieres –le dijo en tono sensual y juguetón.

- Eres incorregible –aseguró riendo bajito y luego se tapó la boca viendo en dirección donde se encontraba el cuarto de la niña.

Inuyasha suponiendo los temores de su mujer afinó sus orejas y le aseguró.

- No te preocupes, sigue profundamente dormida.

- Eso de morirse al dormir lo sacó de ti.

- Pues entonces aprovechemos mi buena herencia.

- ¡Inuyasha estate quieto! –lo reprendió de nuevo entre risas muy bajas cuando este comenzó a hacerle cosquillas, y luego la envolvió en sus brazos dándole un beso muy tierno.

- Te amo.

Esa mirada ambarina brillando a la luz de la luna que se colaba por las rejillas, esa voz tan dulce y sincera, su calor, ese abrazo que la hacía sentir protegida y el dulce peso de su cuerpo sobre el suyo. Este travieso Hanyou sabía cómo hacerla perder la batalla.

- Yo también te amo mi Inuyasha.

Fundiéndose en otro beso la señora de la casa no puso más objeción y se dejó consentir por su marido.

Mientras, Narukami dormía como muerto en su cuarto, sin importar lo discretos que fueran sus padres, cuando caía en uno de sus sueños mortem podían estar matando a toda la aldea y la niña no se daría cuenta… Sus orejas eran muy finas pero en esas noches de sueño profundo, parecía que dejaban de funcionar.

Dos días pasaron sin que Bai Sheng diera señales.

- Vaya, veo que despues de todo, decidió escapar… será mejor así. Si tenía algo que esconder no podía ser nada bueno.

Se dijo Kadeja en la soledad del bosque junto al rio. No solía visitar a Inuyasha tan frecuentemente pero había estado yendo a diario para ver qué haría Bai Sheng. Y aparentemente esta no tenía intenciones de cumplir con la condición que le había impuesto.

- Ojou-sama, ya estoy aquí… –dijo jadeando pues había venido volando a toda prisa.

- ¡¿Eh?! -Kadeja puso una cara muy graciosa de sorpresa. –Pero... tú… pensé…

- ¿Eh? ¿Qué pensaste?... ¡Bueno no tengo tiempo, por favor llama a Narukami! ¡Necesito planear con ella la forma de decirles a sus padres y ya sólo que queda este día!

Dos días recluida en su madriguera de la montaña Miaka le hicieron saber que no quería alejarse de ellos, no quería y aunque no tenía muy claras las razones supo que si pasaba más tiempo con ellos descubriría las respuestas, además, ese lugar se sentía como su hogar, como si hubiera vuelto despues de tanto tiempo, ni siquiera podía extrañar tanto al monte Kunlun. Aquí se sentía el calor del hogar ¡No iba a renunciar a ese sentimiento! Sin importar los problemas que seguro se acarrearía, ya vería como solucionarlos, pero ahora su objetivo era permanecer un tiempo con esa familia.


Tierras del Oeste…

Sesshoumaru caminaba por uno de los pasillos externos del suntuoso castillo. Se sentía cansado, de nuevo. Si bien los últimos días había estado mucho más activo que de costumbre, no todos los días se daba el lujo de hacer tanto. Y comenzaba a agotarse crónicamente de nuevo. Los mismos sentimientos que le habían dado energía esos días eran los mismos que ahora lo estaban devastando de nuevo.

Se dirigió a su habitación y se hecho a descansar un poco. Nuevamente la tristeza comenzaba a apoderarse de él.

A su mente llegó aquella zorra hermosa que lo había apaciguado con su música, pero pensando que era una traición a Rin el siquiera pensar en ella, hacía mucho se había decidido no volver a buscarla. Despues de todo, lo único que le interesaba de ella era su música, y para eso, ya tenía a otra persona que lograba darle algo de consuelo con sus notas.

Sin embargo, la vida en su ironía y pésimo sentido del humor había decidido que fuese precisamente su sobrina. Por parte de ese hibrido… seguía molesto con Inuyasha. Muy molesto, incluso peor que cuando perseguía el colmillo de acero, pero… esto… se sentía diferente.

¿Qué era?... ¿Eran acaso… celos?... ¿Eso eran los celos?... ¿Qué tenía en su corazón justo ahora? Un sentimiento de envidia, de pensar… que la vida lo había hecho a un lado… que su hermano tenía todo con lo que él una vez había soñado y ya no se refería a las armas de su padre sino, a lo que de verdad valía la pena. Inuyasha tenía a la mujer que amaba, y una hija fruto de ese amor, Inuyasha tenía… su propia familia.

Desde que escuchará todo lo que había pasado en el cumpleaños de su hermano, no había podido evitar sentir envida, celos y resentimiento con la vida y eso lo hacía sentir miserable.

Miserable e inferior. "Inferior"… los celos, el resentimiento y la envidia eran propios de creaturas inferiores. Si lo insultarán de frente no se sentiría tan profundamente ofendido como se sentía ahora. Sentirse inferior era algo con lo que no sabía lidiar. Nunca se había sentido así en toda su vida. Se había criado como un príncipe poderoso y altivo, nada le importaba salvo su búsqueda de poder hasta que, la conoció a ella y todo cambió. Todo, incluso sus propias convicciones, sus odios, sus amores. A decir verdad él nunca había amado, había deseado, como se desea una posesión, pero el amor era algo que sólo había aprendido con esa niña.

Si por primera vez comenzó a comportarse como un verdadero hermano pese a su orgullo y a su manera fue por causa de esa niña. Su alma había estado dormida y Rin la había despertado, trayendo consigo todo lo que eso implicaba.

Suspiró pensando en que ahora que conocía lo que de verdad importaba en esta vida, se daba cuenta que no tenía razones para seguir en este mundo, todo parecía muy vacío y sin sentido. Tener algo que proteger… eso significaba el tener algo por qué vivir, a eso se refería su padre.

Una campanilla de viento sonó en algún lugar de su castillo y el sonido hizo eco por algunos segundos. Ecos… eso era todo lo que le quedaba de la vida que alguna vez imaginó tener, sólo le quedaban ecos, ecos de amor.


* Sé que muchos conocen al padre de Inuyasha como Touga, pero la misma Rumiko fue quien se negó a que se le diera ese nombre, por eso, mientras ella no lo acepte yo no lo haré. Y lo mismo pasa con "Irasue" que no es el nombre real de la madre de Sesshoumaru, espero que Rumiko nos tenga piedad y ya nos diga sus nombres.

Camila: Siiii ya convivieron los dos con la niña y lo harán más. Y sí, definitivamente Rin lleva dentro de sí lo que es importante para ella, por eso es que es tan distinta a una Bai Hu y ha podido pelear hasta ahora contra esa nueva naturaleza que intenta comerla, pero aunque no lo crean ella también necesita ayuda porque la esencia de la Bai Hu se la estaba llevando, ya ni recordaba porqué no se comía a los honestos y estaba a un paso de comenzar. Y respecto a la relación entre Sesshoumaru y Rin con esa intención escribí este fic hace años, ya que siguiendo al manga de Inuyasha, Rin se le va en cuestión de unos años, ahora la va a tener que soportar milenios jajaja, pero creo que va a ser muy feliz con eso. Deseo disfrutes este capítulo. Muchas gracias por estar tan al pendiente y por tus reviews me animan mucho, muchas gracias por apreciar lo que hago, es un honor para mí, te mando un gran abrazo.

Shinigami1592: Sí, ya vez, no todo está perdido, sólo hay que tenerle paciencia al fic. Respecto a las canciones me dije, el OST está tan bonito que Inuyasha merece escucharlo, sobre todo esas tres canciones. Porque el personaje nunca oyó esa música la oíamos los fans XD. Esa es la magia de los fanfics. Que bueno que te gusten las interacciones de tío y sobrina porque habrá más, Sesshoumaru ahora por su orgullo y tristeza, cree que se ha quedado solo y sin familia, pero no se da cuenta que tiene un hermano, una cuñada y una sobrina que lo quiere, y que esa chiquilla será el instrumento del destino… El amo bonito oscila entre las fuerzas que le da la ira y que esta misma luego lo derrumban pero va a tener tremendo levantón no te apures. Y en este capítulo veremos más de los pensamientos y sentimientos del amo bonito en el tiempo así como los sentimientos ocultos en Bai Sheng porque en el fondo no olvida. ¡Igualmente te mando besos y abrazos, disfruta el cap!

Luce3110: Jajaja sí a veces tengo servicio de primera, a la carta y de inmediato XD. Sí la cultura japonesa es muy interesante, complicada como no tienes idea pero muy interesante. Si el anterior capitulo te dio un palpito creo que este te dará otros tantos. Más emociones se desatan cada vez. ¡Deseo disfrutes este nuevo capítulo!

Nora: Que alegría que te gustara, trato de actualizar tan rápido como puedo pero a veces fanfiction me pone trabas esta semana fue un Show con un capítulo de un fanfic de Saint seiya, espero no me haga lo mismo con Kotta Hana, y sí me publique este capítulo 9 de inmediato, porque luego me tarda hasta tres días en aparecer el capítulo nuevo, el fanfic sí aparece entre los actualizados pero sin el capítulo nuevo, me lo deja ahí hasta que se le antoja. Bai Sheng va a estar cada vez más cerca de su familia, lo que la va a acercar a su verdadero yo sus recuerdos y quién sabe quizá la acerque a cierto "traidor" que no olvida su corazón, a pesar de todo. Me gustó mucho que me dejaras tu opinión sobre el detalle de Narukami, porque hasta yo quería oír que habían pensado los demás de eso, es que uno como autor le encanta oír que piensan los lectores de las escenas, creo que lo mismo sienten los directores y guionistas de las películas. Aprendes de tu público. Y como ya dije quería que Inuyasha tuviera el placer de conocer la banda sonora de su serie XD. Un saludote.

Tsukihimeprincess: Siii alguien menciona la actitud defensiva del tío, me alegra que fuera de tus favoritos. Y pues la verdad no es que seas cruel es que ese youkai pedante se lo merecía, y ver a Sesshoumaru actuando como tío de una Hanyou no se ve todos los días. Y Narukami es toda una hija de su padre, lo bocona y respondona no se le quita XD. Pero es valiente la chiquilla. Y pues estás acertada en que Bai Sheng va a ir recordando cada vez más y estará más cerca de su pasado su presente y su futuro. Por cierto sé que también leías el Fanfic de Saint Seiya La vida en el santuario y anexos, te aviso que ya le publiqué el capítulo 7 por día de muertos dedicado a las fangirls por si lo quieres ir a leer, aunque fue un show porque el fanfic apareció entre los nuevos pero sin el capítulo nuevo y yo así de "¡WTF fanfiction!" me la hizo cansada por tres días de por sí el fic ya había tenido retrasos naturales y fanfiction le suma lo suyo, y todavía falta el 8, espero fanfiction no me de más problemas.

Un abrazo a todas y nos seguimos leyendo.