Capitulo Doce

— ¡No! — Hinata grito, moviendo su cabeza mientras trataba de interponer su cuerpo entre Kiba y el guardia Remolino. Sus ojos se fijaron en Lord Madara. —Deténganse. Lo haremos. ¡Dije que lo haremos! No me estaba quejando. Pero necesitamos mejor equipo.

La ceja de Lord Madara se elevo en su rígido rostro. Hinata señalo al guardia. Un gruñido bajo salió de la garganta del hombre.

—No se qué fue lo que él dijo, pero lo único que pedí fue un mejor equipo. — Hinata dijo, manteniéndose entre Kiba y el remolino.

—¿Pero, puedes hacerlo? —Pregunto Lord Madara.

Hinata asintió.

—Si. Tendré que hacer algunas pruebas, pero puedo hacerlo.

No estaba mintiendo. Los científicos anteriores a ellos habían completado su asignación, solo que olvidaron decirle a Lord Madara sobre ello. Habían diseñado al asesino biológico perfecto, alterando genéticamente la vegetación natural de la zona, que producía el musgo negro.

Lo habían apodado Hiedra Negra, por que se deslizaba lentamente, extendiéndose por la corteza terrestre, y agotando los nutrientes de la tierra como un parasito. El planeta entero ya podría estar infectado. Pronto los cultivos morirían, el agua imposible de beber, y el planeta entero seria una zona muerta. Los científicos deberían haber sabido que al menos tardaría cien años a que la Hiedra Negra se expandiera lo suficiente para que fuera detectada sobre el suelo. Podría ser la razón por la cual huyeron. Sin duda, Lord Madara no estaría contento con el transcurso del tiempo.

—Retrocede. — Madara le ordeno al guardia.

El hombre al instante dio un paso atrás. El mayor dio un paso adelante, su garra salió de su dedo índice mientras avanzaba. Su larga capa morada se movía tras de sí volando.

—¿Cuánto tiempo?

—Un mes — Hinata mintió.

Lord Madara la vio desdeñosamente. Levanto su garra y rajo su cara. Hinata dio un grito ahogado, sintiendo el dolor de la cortada. Puso su mano sobre su mejilla, se tambaleo hacia atrás.

Nuevamente le pregunto.

—¿Cuánto tiempo?

Hinata no fue tan rápida para contestar.

—No lo…

—Tres días. — Kiba declaro a su espalda.

Lord Madara giro hacia el hombre. Hinata cerró los ojos con fuerza.

—Un mes aquí con este equipo, pero es más probable que lo hagamos en tres días si conseguimos el laboratorio de esa cueva.

Hinata sabía que Kiba estaba en lo cierto. Solo en esa cueva podrían detener la fuente del musgo y por lo tanto la contaminación de la raza Remolino y Suna. Lord Madara estaba loco si creía que podría jugar a ser Dios, y escoger salvar solo una raza y condenar a otra. Las armas biológicas no discriminaban a las personas así.

—Reúnan todo lo que necesiten. —Declaro Lord Madara.

—¿Ahora? — Hinata pregunto, la sangre de su herida corría entre sus dedos.

—¿Algún problema Doctora Hyuga? —Pregunto Lord Madara.

—No, ningún problema. — Hinata les hizo una seña a Kiba y Toneri—. Y empezaron a reunir sus suministros.

De pronto, un fuerte estruendo resonó. Hinata parpadeo y vio a Naruto corriendo desnudo por el pasillo hacia la celda. Por un momento ella se quedo pasmada incapaz de moverse de su lugar mientras lo veía. Su glorioso cuerpo saltar al aire, cambiando en una bronceada piel mientras apuntaba a Madara.

—Dime una razón por la cual no deba arrancar tu traicionero corazón del pecho. — Naruto gruño, permaneciendo mitad transformado.

El anciano giro y ataco a Naruto de lado.

—¡Naruto! — Hinata grito, viendo a su alrededor para buscar alguna manera de ayudarlo.

Todo sucedió tan rápido, que apenas y pudo mantener el ritmo. Los cuerpos de Lord Madara y Naruto se movían con una gracia y fluidez de movimientos mientras peleaban. Naruto se lanzo hacia delante y golpeo el cuello de Madara y dejo un pequeño camino de sangre. Madara gruño. Su edad y su fuerza palidecían contra la joven pasión de su oponente. Naruto tomo la delantera, pero apenas. Las garras de Madara golpearon sus brazos, haciéndolos sangrar. El príncipe pareció no darse cuenta.

Hinata grito, lista para saltar sobre la espalda de Madara y defender a Naruto. Se preparo, lista para la menor oportunidad. Un guardia salió volando por el pasillo y choco contra los barrotes.

Yahiko apareció por la esquina para ayudar a su hermano contra Madara.

El lascivo guardia Remolino, se olvido por un momento de su locura y la sujeto por detrás, extendiendo su garra por su arteria. El guardia gruño para llamar su atención mientras acomodaba el cuerpo de Hinata para que todos la vieran. Su voz era un mortífero gruñido cuando hablo.

— Déjenlo ir, o esta pierde su vida.

Hinata se estremeció, y jadeo.

— Naruto.

—Aléjense. —El guardia espeto.

Su garra contra su piel y ella tenía miedo de moverse. Un débil sonido escapo de su garganta. Sus redondos ojos encontraron la mirada fija de Naruto. Ella tomo fuerza de él.

La expresión de Naruto era dura, y ella sabía que estaba preocupado. Con un fuerte gruñido soltó a Madara. Hinata gimió nuevamente cuando el guardia la movió delante de él.

El corazón de Hinata se expandió al saber que había venido por ella. Pero ella no podía irse con él. No ahora. Ella necesitaba el acceso al laboratorio de la cueva, a la información que tenia almacenada ahí. La forma más sencilla era que Lord Madara la llevara ahí y le diera el acceso. Si ella fuera, sería posible sellar la cueva y volcar toda la evidencia. Entonces toda la esperanza de Konohagakure se perdería.

El guardia la arrastro hacia atrás, hasta que estuvieron cerca de Lord Madara.

—Vamos. —Dijo Lord Madara a Toneri y Kiba.

—No. — Hinata susurro. El Remolino gruño como advertencia. —Ya no los necesito. Yo puedo hacer lo que falta.

El guardia la empujo fuera de la celda. Y ella vio a Lord Madara encerrar a los cuatro hombres dentro. Su dura mirada la siguió. Le temblaron los labios cuando pronuncio la palabra.

— Naruto.

—No se preocupen. —Lord Madara les dijo a sus nuevos prisioneros. Su risa era cruel y descorazonada. Hinata observo a Naruto desaparecer mientras la jalaban por el pasillo. —Mandare a mi comité de bienvenida para lidiar con ustedes en unos momentos.

Hinata se quedo sin aliento, luchando para liberarse. El guardia la golpeo por detrás de su cabeza, dejándola completamente inconsciente.

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Naruto apretó los barrotes de la celda, agitándolos con violencia. Vio con impotencia como se llevaban a Hinata lejos de él. De pronto sus gemidos se detuvieron. Se quedo congelado totalmente aterrorizado. Sacudió los barrotes con renovada energía, rugiendo furioso. Su única esperanza era que Itachi encontrara y detuviera a tiempo a Lord Madara. Su corazón latía dolorosamente contra su pecho. Su mejilla estaba manchada de sangre y estaba pálida, muy pálida. ¡Pero, Gatos Sagrados, si ella no se viera bien! Pero el simple hecho de verla viva lo había reconfortado.

—¡Aquí!

Naruto giro hacia Toneri, que le entregaba una bata de laboratorio. Vio hacia abajo y se dio cuenta que estaba desnudo, y deslizo la bata sobre sus hombros.

—Tenemos que salir de aquí.

—Hemos estado examinando. Y esta es la única manera. — Kiba respondió señalando la puerta.

—No podemos simplemente quedarnos aquí… Hinata — Naruto empezó.

—¿Itachi está contigo? — Yahiko pregunto.

— Shikamaru e Itachi están con Jūgo. Fue torturado. Les dije que lo llevaran a casa. Todos se fueron. — Naruto trago con fuerza.

Nuevamente golpeó los barrotes, sacudiéndolos con violencia.

—Tengo que ir por Hinata.

—No podemos. — Kiba añadió—. Todavía no.

Naruto se volvió hacia él con indignación.

—¿Qué quieres decir con no podemos?

Kiba miro con impotencia a Yahiko. Naruto estaba listo para atacar. Yahiko dio un paso enfrente y puso su mano sobre el brazo de su hermano.

—¿A que te refieres? — Yahiko pregunto calmado.

— Hinata no nos querría. Ella sabe lo que está haciendo. — Toneri dijo vacilando, con la apasionada mirada de Naruto sobre él—. Ella todavía se siente mal sobre Hiruzen, y trata de protegernos. Además Lord Madara la lleva a las cuevas, al laboratorio de allí.

—El musgo negro es otra arma biológica creada por los científicos de Madara hace cien años. —Intervino Kiba. Naruto intercambió una mirada con su hermano. —Se ha extendido bajo la superficie de tu planeta, lentamente, pero está empezando a acelerarse. Primero contaminara el agua y la tierra, alimentándose como un parasito de su vegetación y finalmente cuando no tenga más que comer, seguirá con los animales… nosotros, cualquier cosa orgánica que no esté muerta. Pero para ese momento todo lo estará. Todo lo que toque morirá. Este planeta será como el pantano en penumbras, pero peor. Hinata lo sabe, y si ella no lo detiene, todo el planeta morirá. Esta cosa puede permanecer latente por cientos de años. Nada volverá a prosperar aquí.

—¿Cuánto tiempo tenemos? — Naruto preguntó con dureza.

Su corazón latía con miedo, por Hinata, por su pueblo. ¿Cómo podría escoger alguno de los dos? Su corazón al instante la escogió a ella. Pero había visto la manera en que ella lloraba por el doctor Hiruzen. Si la salvaba, sólo para que viera morir a todos los que amaba, ella también moriría. Nunca podría vivir con la culpa, y posiblemente nunca lo perdonaría. Esa cualidad, ese altruismo, era una de las razones por la cual la amaba.

Naruto se quedo estático. Sintió que la sangre bajaba de su cara. ¿Amor? ¿Acaso él…? Respiro profundamente y después nuevamente. Si. La amaba. Lo hacía. La amaba. La verdad lo golpeó con fuerza en el pecho como a un tonto. Debió de haberlo sabido desde antes, incluso cuando entro al salón con él y Tamaki. No había podido pensar en otra mujer desde ahí. Eso explicaba el por qué estaba loco de tanto pensar en ella, por qué invadía cada uno de sus sueños. La amaba. Y si no era capaz de salvarla.

—Después de las pruebas iniciales que hicimos en el musgo negro, el musgo siempre regresaba, sospechábamos que era una amenaza, pero no estábamos seguros de que tan grave era o de donde venia. Pensábamos que era una mutación ecológica, que era normalmente inofensiva, tal vez un poco irritante, pero inofensiva. Mutaciones ecológicas suelen causar algún desequilibrio pero se puede corregir fácilmente. Pero después, cuando lo vimos en la cueva, nos dimos cuenta que es algo creado por el hombre. — Toneri cruzó la mesa y levantó un montón de datos. —Aquí esta toda la información que necesitan.

—Pero — Naruto dijo sintiéndose impotente.

La amaba. Amaba a la doctora Hinata Hyuga. Y la perdería. Su cerebro estaba desenfrenado en lo que intentaba concentrarse. Trató de concentrarse, trató de sacarla de su corazón, pero ella no se iba. Esto era a lo que su padre se refería. Esta era la locura a la que el Rey Attor siempre previno a sus hijos. Obligándose vio los datos de Toneri, incapaz de leerlos, eran solo un borrón para sus ojos.

—No podemos arriesgar su vida, no por esto. Debe de haber otra manera.

—No con el tiempo que tenemos. — Toneri respondió.

Se vio que el hombre sufrió con su declaración. Naruto noto su cara pálida y sus manos temblorosas. Este hombre se preocupaba por Hinata, profundamente. Había estado muy celoso como para haberse dado cuenta antes.

Yahiko dio un paso al frente y lo miro cuestionándolo. Naruto negó con la cabeza y se rehúso a responder.

Ahora no era el momento para una de las lecturas de Yahiko. Levanto su mentón y armándose de valor, Naruto demando.

—Dinos todo.

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Hinata miro hacia el laboratorio subterráneo, distraídamente sintiendo la sangre seca en su mejilla. La herida era superficial, pero aun escocía. El musgo se veía más grueso, más negro que la última vez que lo vio. Un extraño olor había en el aire. Casi tenía miedo de entrar.

—Doctora, tengo curiosidad ¿y si trabajaran para mí? —Lord Madara pregunto acercándose por detrás de ella. Él estudió su mano mirando su garra y la retracto frente a sus ojos. —¿Dardos? ¿Una píldora?

Hinata respiro hondo y susurro honestamente.

—Muerte.

Lord Madara se rió.

—Muerte para el planeta entero. — Hinata giro hacia él. El guardia estaba afuera, vigilando la entrada de la cueva, así que estaban solos. —Al menos que lo detenga, este planeta morirá y lo que quede sea un páramo de su propia creación.

—¿No puedes ver el gran plan Doctora Hyuga? Aquellos que me juren lealtad, vivirán. Es por eso que necesito del antídoto al igual que la enfermedad. —Sus ojos giraron hacia los de ella penetrándola con fiereza, e hizo que se sintiera enferma.

—Enfermedades como esas jamás pueden ser contenidas. Mutan, permanecen latentes por años. Pronto, la cura que tenemos no servirá. — Hinata le rogaba con la mirada. Se movió como si fuera a tocarlo, pero se alejo. —Por favor, reconsidérelo.

—Al menos que me ayudes, todos tus amigos morirán. Piensa en el recibimiento heroico que tendrás si trabajas para mí, curando a los pobres campesinos Remolino de su enfermedad. Serias famosa, venerada como una salvadora. Tendrás más poder y respeto del que jamás podrás imaginar. —Lord Madara caminaba detrás de ella, pero un gruñido depredador sonaba al fondo de su garganta.

Ella parpadeo, mirando una pantalla de computadora se volcó hacia la pared. Se veía blanca y limpia contra el musgo detrás. El Remolino gruñó nuevamente, hablando en su lengua nativa. La computadora se encendió. Luego haciendo un gesto para que continuara, se alejó.

Los pasos de Hinata eran titubeantes mientras cruzaba por el suelo. Su cuerpo se estremeció.

Todo el musgo a su alrededor se sentía vivo, se movió nerviosamente con tensión. La mano de Lord Madara tocó su mejilla. La acarició suavemente pasando los dedos por su cabello. Sus labios rozando su herida, besándola suavemente.

—Has esto doctora Hyuga y tendrás mi protección. Yo seré Rey y tú vivirás como una Reina.

—No puedo concentrarme contigo hablando. —Le dijo amargamente, mirando fijamente la pantalla que no podía verlo.

Lord Madara se rió entre dientes y le dio la espalda, obviamente confiaba en que ella no era una amenaza.

Hinata dio un vistazo alrededor buscando un arma. Vio una larga barra en el suelo, la sujeto. Sin dudarlo ni por un momento, giro hacia la cabeza de Madara. Él giro pero era demasiado tarde. La barra golpeo en su sien. Se tambaleo hacia un lado, pero se enderezo. Hinata lo golpeó una y otra vez, pensando en Naruto atrapado en la prisión, mientras lo golpeaba en el hombro, en las costillas, en la muñeca. Cuando escuchó el crujido de un hueso se detuvo.

Lord Madara cayó de rodillas, chorreando sangre. Hinata jadeó en busca de aire, la adrenalina bombeando por sus venas. Los ojos de Lord Madara estaban vidriosos cuando levantó la vista hacia ella. Dudando un poco, ella tomó vuelo nuevamente y lo golpeó en la cabeza. Oyó un crack antes de que cayera al suelo.

—Oh Dios, —gimió, sintiendo nauseas.

Jadeó buscando aire y temblando violentamente por lo que había hecho. La barra de metal se resbaló de sus manos. Ella nunca antes en su vida había lastimado a otro ser viviente. No sabía que pensar sobre sí misma.

—Oh Dios, oh Dios. Lo siento. Lo siento. Lo siento.

Tragó con fuerza, se apresuró a la computadora, y leyendo con prisa por todos los datos hasta que encontró lo que buscaba. Los científicos sabían lo que hacían, por que dejaron pistas para la cura. Dio un vistazo sobre su hombro, asegurándose que Lord Madara siguiera en el suelo.

—¿Un anillo? ¿Dejaron un anillo? —Murmuro confundida.

De pronto recordó haber tomado un círculo grande de metal de uno de sus escritorios. Eso fue en el palacio.

Lord Madara gimió detrás de ella. Ella giro sobre sí y miró hacia abajo. Su mano salió disparada para agarrarle el tobillo. Él gimió nuevamente. Para su horror la Hiedra Negra se extendió por su cara y su cuerpo, atraído por las heridas en él. Ella lo pateó y soltó su débil agarre.

Grito cuando el musgo se lo comió vivo.

Hinata salió corriendo del laboratorio, sin poder ver bien a través de la oscura cueva. Al oír unos pasos que se acercaban, se escondió detrás de una roca. El guardia pasó a su lado, su cuerpo delineado por la luz que salía del laboratorio mientras entraba. Hinata corrió, chocando y tropezando hacia la luz de la entrada.

Sus miembros temblaban mientras se lanzaba a si misma por el agujero.

—¡Alto! —El guardia grito tras de sí.

Hinata corrió más rápido, tratando de llegar a la entrada de la cueva. Tropezó a través de la gran caverna estrecha.

—¡Tu gwobr, vuelve aquí!

Hinata se detuvo en la entrada, era una larga caída. Antes de que pudiera girarse, una mano la empujó por detrás, tirándola fuera de la cueva. Ella cayó por el aire, gritando mientras se desplomo hacia su muerte.

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Naruto escuchó el llanto de Hinata a través del bosque. Corrió con más rapidez, su esbelto cuerpo se extendía sobre sus cuatro patas. Afortunadamente su hermano no lo había escuchado y mandó a Shikamaru de regreso con Jūgo. Él podría haber besado a Itachi cuando pudo abrir la cerradura de la celda. Pero en su lugar instantáneamente se puso a rastrear el rastro de Lord Madara y Hinata.

Naruto sabía que estaba mal, pero escogió a Hinata. Escogió su vida encima de todo lo demás que quería. Juntos encontrarían la manera de pelear contra cualquier locura que Madara hubiera empezado. Sin embargo optó por salvarla. ¿Cómo podría hacer algo menos que eso? Acababa de tener que rezar a todos los Dioses para que ella estuviera a salvo, que hubiera podido contrarrestar lo que Lord Madara había hecho.

Su corazón latía con fuerza.

El grito no se detuvo. Venía de la entrada de la cueva, él vio a Hinata caerse, sus brazos se agitaban.

Su corazón dejó de latir.

Él siguió subiendo y cambio de forma cuando saltó para alcanzarla.

Su cuerpo se sacudió, golpeándolo con fuerza, rompiendo alguna costilla cuando chocaron.

Hinata cayó boca abajo cuando aterrizaron. Naruto tocó su cara y miró hacia arriba de la cueva, el guardia de Lord Madara los observaba.

—¿Madara? —Gruñó, evaluándola para ver si se encontraba bien.

—Muerto —susurró, sus labios temblaban, y los ojos vidriosos.

—No te muevas. — Naruto le ordenó—. Los otros vienen detrás de mí.

Hinata asintió, temblando, asustada, y confundida. Naruto se transformó y fácilmente pudo escalar la pendiente rocosa. El guardia dejó caer una roca, fallando por poco. Vio el cuerpo de Naruto ir por la borda hacia la cueva. Los gritos sonaban por encima, pero ella apenas podría distinguirlos, su cerebro estaba entumecido.

Hinata tembló, incapaz de moverse. Sus piernas las sentía como una gelatina. Naruto la había salvado. Pero no era el haber estado a punto de morir lo que la asustaba más. Cuando vio sus manos, vio sangre, la sangre de Lord Madara. Estaba salpicada de ella. Las lágrimas llenaron sus ojos.

—¿Doctora Hyuga?

Ella parpadeó, mirando hacia arriba. Yahiko la observaba consternado. Sus manos temblorosas señalaron hacia arriba, apenas capaz de señalar el lugar. Itachi y Yahiko cambiaron, sus ropas cayeron al suelo mientras escalaban para unirse a su hermano.

El cuerpo del guardia cayó antes que los gatos llegaran a la cima. Hinata escuchó el ruido detrás de ella. Se sentía mareada, débil. La oscuridad merodeaba su cabeza y ella la acogió, cayendo de lado.

Continuará...