Valores educativos: respeto y empatía.

El bosque fantástico

Érase una vez una niña llamada Hanji que vivía en un pueblo rodeado de ríos y un extenso bosque dónde habitaban animales salvajes que ella tanto adoraba y de los que sabía por leer tantos cuentos de animales como la fábula de la liebre y la tortuga.

Un día, junto a sus amigos Erwin y Moblit salieron en busca de alguna liebre para probar su rapidez si era como lo decía el padre barbón de Erwin.

Llevaron zanahorias como anzuelo para atraer a la liebre, no le harían daño solo querían correr junto a ella aunque no estaban conscientes del temor que pudiesen causar en el pobre animal.

"!Lo veo!" exclamó la pequeña Hanji emocionadísima a sus amigos, quienes se pararon junto a ella a enfocar los ojos a dónde ella apuntaba.

Moblit vacío el saco de las zanahorias y Erwin comenzó a colocarlas en diversos puntos cerca de árboles grandes dónde cada uno se escondería esperando que una liebre se acercara y acecharla.

"No hagas ruido Hanji" reclamó Erwin desde su propia posición a su pequeña amiga de lentes que no hacía más que ruidos de emoción al ver a las liebres acercar.

"Shh" silbó Moblit, siendo el más silencioso de los tres.

Seguro ahora mientras la madre de Hanji preparaba la comida habrá pegado el grito al cielo al no hallar zanahorias en su huerto.

"A la cuenta de tres" dijo Hanji bajito y empezó a contar con los dedos hasta que llegó a uno y los niños salieron de sus escondites frenéticos a alcanzar las liebres.

Corrieron por el bosque persiguiendo a los asustados animales que no se percataron de que se habían alejado demasiado del camino que ellos conocían, entrando a un terreno más difícil.

Pero la insistencia de Hanji los llevó a extraviarse casi al caer la tarde, además de que las liebres dejaron de importar.

"Oh no" el pequeño y asustadizo Moblit se mordía las uñas pensando en dónde estaban.

"Tranquilízate Moblit" lo reconfortó Hanji mientras Erwin trataba de subirse a una alta piedra llena de moho para tratar de ubicarse en la espesura del bosque.

El día se estaba quedando aún más sin luz y Moblit empezaba a inquietarse más.

"Tsk" un sonido extraño para los tres niños los hizo buscar con la mirada a todos lados buscando el origen del mismo.

"!Es un duende!" exclamó Moblit horrorizado al contemplar la imagen de un ser que creía solo se hallaba en los cuentos fantásticos y en la mitología.

Allí parado cerca de un árbol los examinaban un curioso ser, muy pequeño casi del tamaño de un gato y que tenía apariencia humana: aunque vestido con un traje verde y cinturón negro además de que sus orejas eran más largas y afiladas en las puntas. Y en su rostro que no era nada aterrador solo encontraron una carita como la de un niño y que por su entrecejo fruncido pensaba estaba molesto.

Hanji y Erwin se quedaron también sorprendidos pero cuando el duende empezó a moverse ellos corrieron llevándose a Moblit casi a rastras a través del bosque.

El pequeño, pequeñito e increíble ser los perseguía: tal como ellos hace poco con las liebres.

Gritos de niños mal comportados asustaban a los demás animales del bosque y en un abrir y cerrar de ojos ya se encontraban saliendo del mismo. Sin mirar atrás por el miedo de ver a aquel ser siguieron corriendo hasta llegar a sus casas y contar lo sucedido a sus padres.

Fueron castigados.

Y Hanji estaba molesta porque la tacharon de mentirosa aún cuando Erwin y Moblit también contaron lo que vieron.

Cansada de su encierro en casa, Hanji escapó un día de nuevo al bosque dispuesta a encontrar a aquel ser y llevarlo a casa para que sus padres le creyeran.

Su curiosidad era alta, decía que ya no tenía miedo alguno de él. Solo había sido la primera impresión, nada más.

Pero Erwin y Moblit prefirieron dejarla ir sola porque ellos no querían saber de lo sucedido.

Y así, la pequeña Hanji Zoe emprendió el camino hacia la búsqueda de aquel ser. Cuando solo el bullicio de los pájaros en los árboles era tan bajito, escuchó un sollozo que más bien sonaba a quejido.

Pensó que había en el bosque alguna persona herida y por tanto siguió el rastro del sonido hasta llegar cerca a un tronco caído, el sonido venia del otro lado: se dio la vuelta y allí estaba el ser que ella buscaba con su piernita apresada en una trampa para osos.

¿Había osos en el bosque?

El quejido del dolor del aquel ser hizo que Hanji se conmoviera y trató de ayudarlo pero no hacía más que dañarlo más.

"Deja" exclamaba el duende Levi casi sin fuerzas.

"¿Qué eres tú? Pareces un duende como los dibujos en los libros".

"Es lo que soy. Ya vete, lo único que haces es dar problemas".

"Te llevaré conmigo, papá tiene algunas tijeras grandes y podría hacer algo".

Ese día Hanji se llevó al duende Levi con ella aún cuando este se mostraba malhumorado con ella, cuando salió del bosque lo escondió en el bolso que llevaba a un costado. El pequeño duende no dejaba de moverse por el dolor de su piernita y lo incómodo que se sentía como una presa acorralada.

La pequeña Hanji consiguió ayuda de Erwin para quitarle la trampa que tenía el duende aún cuando el rubio se sentía asustado por creer que seres así existían.

El duende Levi se quedó en la habitación de Hanji algunos días mientras se recuperaba de las profundas heridas en su piernita, por insistencia de Hanji quien lo cuidó y alimento hasta que él pudo caminar apoyándose de un palo de su tamaño que figuraba como bastón.

Ahora Hanji sabía de misteriosos seres que habitaban el bosque, además había prometido al duende Levi no volver a corretear a las liebres por pura diversión, solo las vería de lejos.

Y el duende Levi, a cambio de su buen comportamiento prometió presentarles a otros como él, sus amigos Farlan e Isabel que eran tan inquietos como Hanji.

Así Hanji y Erwin devolvieron a Levi al bosque prometiendo portarse bien.

Hanji y el chiquitín de Levi con el pasar de los años desarrollaron una amistad extraña, en dónde cada vez el duende la veía más alta y más alta y él seguía tan diminuto como siempre y hasta siempre.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

...

27/06/2020