Contenido: Historia de romance(?), llena de escenas clichés solo para llenar mi vacío existencial con esta ship. A veces alguna especie de humor. Sin spoilers, UA Kimetsu gakuen.

Pareja: GiyuuSane / SaneGiyuu (Tomioka Giyuu x Shinazugawa Sanemi)

Disclaimer:

Hikari: Hola, ¿Qué tal? Menos palabrería y más fanfic, mas porque seguramente me extienda en las notas finales. Ya saben que Kimetsu no yaiba pertenece a Koyoharu Gotoge, por lo que este fic fue escrito únicamente por ocio y sin fines de lucro. ¡Espero que lo disfruten!

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Capítulo 1

"Oh, ahí está", pensó el chico de largo cabello mientras miraba disimuladamente a su compañero albino que se sentaba en la fila de al lado, a un par de asientos delante de él. "…Ya dejó de hacerlo".

Desilusionado, fue testigo de ver cómo, sin despedirse de nadie, el joven terminaba de guardar sus cosas antes de colgarse su maletín y salir por la puerta del aula. Suspiró cansado cuando desapareció de su vista.

¿Desde hace cuantas semanas había adquirido aquel extraño hábito? Tomioka Giyuu, estudiante de tan solo 16 años de edad, en algún momento de aquel año escolar se había descubierto a sí mismo espiando constantemente a su compañero de clases: Shinazugawa Sanemi. ¿La razón? Ni siquiera él mismo estaba completamente seguro.

Solo podía afirmar una cosa: le encantaba la sonrisa de Shinazugawa.

El joven era de aspecto intimidante, sus muchas cicatrices de su rostro y brazos, además de su fría y cortante mirada, eran suficientes para que prácticamente ningún estudiante se atreviera a dirigirle la palabra, aunque a él no parecía importarle. No faltaban tampoco esos extraños rumores donde él tenía conexiones con bandas de maleantes, criminales o hasta yakuzas.

Giyuu comenzaba a preguntarse si ningún otro estudiante se había percatado de la hermosa expresión que adoptaba el chico cuando sonreía… si, eran muy raras las veces que mostraba esa curvatura en sus labios, y apenas duraba cortos segundos, pero… si tan solo alguien más la hubiera visto, seguramente todos sabrían que esa montaña de cuentos y rumores eran solo mentiras sin fundamento.

Con cierta incomodidad dentro de su pecho, Giyuu también tomó sus cosas antes de partir. Tampoco es que él tuviera demasiados amigos con quienes charlar después de la escuela de todas maneras.

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-Veamos… el siguiente problema lo hará…- El profesor de matemáticas, un viejo bigotudo y gordo, pasó la mirada por todo el salón, escogiendo a la siguiente víctima para realizar el complejo ejercicio de la pizarra. Parecía, de hecho, disfrutarlo, sonreía con cierto orgullo cada vez que su mirada chocaba con la de algún alumno asustado, para que éste después desviara la mirada, rezando porque no lo escogiera. Aunque debía admitir que siempre había un chico que jamás había logrado intimidar, es más, era al revés.

Cuando el señor veía directamente al joven Shinazugawa, siempre sentía un horrible escalofrío recorrerle la espalda, aunque tuviera más del triple de su edad, el chico tenía una mirada tan penetrante capaz de causarle algún paro cardiaco, por ello, jamás le pedía que pasara adelante. "Terminaría matándome, de seguro" pensaba infantilmente mientras volvía a ver al resto de su ganado.

Por supuesto, nadie se percataba de estos pequeños detalles… nadie excepto Tomioka, quien ya no solía despegar su mirada de Shinazugawa. No pudo evitar sonreír de medio lado cuando vio como el pobre profesor había dado un pequeño saltito de miedo cuando notó la penetrante aura del adolescente.

-Tomioka-kun. Pasa.- Lo nombró, después de toser levemente. En silencio, pero a paso firme, Tomioka se acercó a la parte de enfrente, tomó el gis y miró fijamente la mezcla de símbolos extraños y números, y por fin…

"Mierda…"

-No entiendo nada.- Confesó de forma honesta y con su inexpresiva cara, provocando risas en el resto de la clase y una venita saltando en la frente del profesor.

No es como si odiara las matemáticas, no era bueno ni malo, sin embargo, después de haber sido reprendido por ese gordo profesor, Giyuu se prometió a si mismo que, tal vez, debería prestar mayor atención en sus clases en lugar de solo ver la ya muy conocida espalda de su compañero. De todas maneras, ahora mismo no se había librado de ser reprendido por ese odioso vejestorio en la sala de profesores, después de que la clase terminara.

-No te preocupes, iremos juntos.- Reconoció aquella voz aun antes de poder localizarlo. Iba caminando de regreso a su salón, cuando escuchó a su víctima hablando por teléfono en uno de los pasillos.- Déjame el resto a mí, soy tu hermano mayor después de todo. Seguro que le gustará a mamá.- Giyuu se detuvo cuando una sorpresiva sonrisa se asomó entre sus labios. Sus ojos, que por lo general se mostraban fríos y vacíos, ahora estaban brillando con intensidad.

Sintió un retumbar en su pecho. Un latido demasiado prolongado que juró poder percibirlo hasta sus oídos.

Una vez habiendo finalizado su llamada, no tomó ni siquiera cinco segundos antes de que Shinazugawa regresara a su expresión habitual de pocos amigos, es más, cuando notó la presencia del pelinegro, ni siquiera dudó antes de levantar el dedo medio de su mano derecha antes de darse la vuelta y retirarse.

El corazón de Tomioka Giyuu aún seguía fuera de control.

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"No debería estar haciendo esto." Pensaba una vez más Tomioka, sin embargo, no detenía su silenciosa persecución de su objetivo. Después de haber escuchado ese pedazo de conversación, el tonto e ingenuo Giyuu no le pareció tan mala la idea de perseguir, de forma disimulada y completamente en secreto, al chico que últimamente le había robado por completo su atención. Lo separaban pocos metros de distancia, pero Shinazugawa aún no parecía haberse dado cuenta de su presencia. Cuando se dio cuenta, Giyuu comenzó a reconocer un poco el área.

A los pocos minutos Shinazugawa se detuvo en la entrada de una escuela primaria. Algunos niños gritaron y otros lloraron al verlo, pero la mayoría de ellos, sin perder más tiempo, habían corrido, huyendo del intimidante chico. Aunque, cuando Giyuu pudo enfocar mejor su vista, se percató de un pequeño niño que se había quedado parado en su mismo lugar, es más, su cara de iluminó al verlo llegar.

-¡Nemi-Niichan!- Gritó emocionado, apretando más los tirantes de su brillante mochila negra mientras se acercaba.- ¡Viniste!

-Sí, te lo prometí, ¿no es así?- Era toda una novedad poder ver esa hermosa sonrisa dos veces al día. Tomioka tragó saliva para intentar deshacer el nudo en su garganta.

Sí que hacía calor aquel día.

Queriendo seguir con su nada sana persecución, Giyuu se vio interrumpido cuando cierto niño, también estudiante de aquella primaria, lo llamó por su nombre.

-¿Giyuu-san?- Preguntaba curioso el pequeño Kamado Tanjiro, acompañado de su siempre callada hermana Nezuko, quien comía un pedazo de pan.- ¿Que estás haciendo aquí?- El pequeño Tanjiro era el hijo mayor de una numerosa familia que tenía una panadería a un costado de su casa. Era normal verlo en las tardes después de la escuela y durante algunos fines de semana.

"Decirle que estoy siguiendo a un compañero… no suena como una respuesta apropiada hacia un niño".

-Nada. Creí ver a un amigo cerca… pero creo que me he equivocado.- Dijo, tratando de mantenerse sereno. Era malo mintiendo… él y Shinazugawa no habían intercambiado las suficientes palabras para considerarse "amigos".

Éste último pensamiento lo afectó un poco.

-Tanjiro… ¿conoces a un niño con solo un mechón de cabello desordenado en medio?- Preguntó, queriendo sonar casual.- Debe tener más o menos tu edad.

-¿Te refieres Genya? Vamos en el mismo salón y somos buenos amigos.- El pequeño Tanjiro sonrió con inocencia, sus ojos solían brillar tanto que a veces deslumbraba aun al siempre indiferente Tomioka.- Al principio parecía un chico malo, pero en realidad es muy amigable.

-¿Tiene algún hermano mayor?- Siguió con su interrogatorio. Tanjiro colocó su pequeño puño debajo de su mandíbula, tratando de recordar.

-Una vez me dijo que en su casa eran muchos hermanos y hermanas. Pero siempre se la pasa hablando de lo grandioso que es su "Nemi-niichan". ¡Oh! De hecho, hoy dijo que iría a comprar la cena con él, creo que es el cumpleaños de su mamá, así que querían sorprenderla. Tal vez nosotros también deberíamos hacer eso, para cuando llegue el cumpleaños de la nuestra ¿verdad Nezuko?- Le pregunto a la niña, quien, sin decir palabra alguna y con su boca llena de pan, asintió gustosa.

-Nemi…- Murmuró bajito Tomioka, viendo el camino por el que ambos habían desaparecido.

"Claro… su nombre es Sanemi".

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En algún momento de delirio durante aquella semana, Tomioka comenzó a llamar a su compañero "Nemi" dentro de su mente. El apellido Shinazugawa solo era utilizado cuando tuviera que decirlo en voz alta y de hecho, eso jamás ocurría con regularidad.

Él se encontraba tomando un poco de aire fresco desde la ventana de su habitación. Vivía únicamente con su hermana, por lo que el departamento era apenas lo suficientemente grande para dos personas, pero eso jamás le había molestado. Es más, agradecía vivir en aquel complejo de pequeños apartamentos, desde ese segundo piso podía ver perfectamente las estrellas y, en las mañanas, cuando la panadería de un lado solía preparar el pan diario, un agradable aroma dulce siempre se colaba por las ventanas.

Una fresca brisa acarició su rostro en aquella noche calurosa de los primeros días del verano. De alguna forma, aquel fresco aire le hizo recordar la linda sonrisa de Nemi; pequeña, refrescante, pero tan rápida y leve que fácilmente te podía hacer dudar si realmente pasó. Pronto comenzarían las vacaciones de verano y, si de por si era difícil poder ver su sonrisa a diario en un salón de clases, ahora que no tendría excusa alguna para verlo, perdería cualquier posibilidad para apreciarla.

-Oh, Giyuu.- Lo llamó su hermana cuando deslizó la pequeña puerta de madera.- ¿Crees poder hacerme un favor? Hice demasiada comida, ¿podrías llevar un poco a los Kamado?- Giyuu aceptó en silencio mientras ella ponía todo lo necesario en pequeños recipientes. Los Kamado siempre les ofrecían pan gratis en las mañanas o por las noches, así que, como agradecimiento, solían darles un poco de comida preparada.

Eran buenos vecinos.

Una vez abajo, la señora Kamado, madre viuda que tenía que mantener a seis hijos, lo recibió con una cálida sonrisa.

-No se hubieran molestado. Dale gracias a tu hermana de mi parte.- Dijo sonriente la señora mientras aceptaba el pequeño regalo.

-Se lo diré.- Contestó el joven. La señora siempre era muy amable con él y con su hermana, era una señora trabajadora y una madre responsable.- Con su permiso, debo irme. Buenas no…- Estaba a punto de hacer una leve reverencia para despedirse, pero el sonido de la entrada principal lo interrumpió.

-Oh, lo lamento ya cerramos… ¡ah! ¡Shinazugawa-kun!- La mujer parecía haber reconocido al joven que acababa de atravesar la puerta. Los ojos azules de Giyuu se abrieron con sorpresa al haberlo hecho él también.

"Nemi".

-Oh…- Sanemi también se detuvo al verlo. Inmediatamente pasó su expresión de "cordial" a su usual "muérete, pedazo de mierda".

-¡Tanjiro! ¡El hermano de Genya está aquí!- Gritó hacia un pasillo, segundos después, se escucharon pequeños pasos que se acercaban presurosos, dejando ver a dos energéticos niños saliendo hacia esa parte de la panadería.

-¡Nii-chan!- Las pequeñas pupila del niño brillaron con intensidad cuando vio al albino.- Te dije que podía regresar solo a casa.- A pesar de verse feliz, el pequeño hizo un puchero infantil, sonrojándose levemente por saberse protegido.

-Tenía que ir a comprar algunas cosas, tonto. Solo me quedaba de paso.- Respondió Sanemi, sorprendiendo aún más, si era posible, a Giyuu. Su voz sonaba mucho menos rasposa de lo que solía dejarse oír en la escuela.- Vámonos, los demás nos están esperando.

-¡Si! ¡Solo iré por mis cosas!- Asintió alegre. Junto con Tanjiro, ambos niños salieron otra vez corriendo entre risas, dejando un ambiente demasiado incómodo.

Giyuu no pudo evitar verse a sí mismo. Dios, llevaba solamente un par de shorts cortos debido al calor que comenzaba a sentirse aún por las noches, una playera holgada y su cabello, que solía estar atado en las horas escolares, ahora lo traía torpemente suelto y un poco enmarañado. De alguna manera se sintió un poco avergonzado de no haber escogido mejor conjunto de ropa para bajar a la panadería.

"De haber sabido que lo vería aquí…" pensaba inútilmente. Aunque… bueno, él tampoco estaba vestido de manera muy diferente. Con esa playera sin mangas, podía ver perfectamente su pálida piel, marcada por grandes cicatrices, parecidas a las que tenía en el rostro. Sus músculos, resaltaban demasiado con esa fina capa de sudor sobre ellos. Giyuu sentía que el calor comenzaba a sofocarlo…

-Oh, ahora que lo pienso.- Comenzó a hablar la señora, ignorando completamente el tenso ambiente.- Ustedes dos van a la misma escuela ¿no es cierto? ¿Ya se conocían?- La mujer seguía hablando mientras iba a una pequeña habitación en la parte trasera, probablemente a guardar la comida que Tomioka le había llevado.

Sin saber exactamente cómo contestar, fue Giyuu el que habló, tratando sonar indiferente.

-Somos compañeros en el mismo salón.- Dijo sin más. Sanemi volteó a verlo con cara de pocos amigos… sabía que no lo odiaba (jamás habían interactuado para que existiera razón para aquello) pero ese tipo de expresiones era para cualquiera que osara dirigirle la palabra a Shinazugawa, o acercársele más de la cuenta.

"Pero, últimamente quisiera ser aunque sea su amigo… así, tal vez, vería más a menudo su sonrisa." terminó pensando. Si lo decía, seguramente Nemi no dudaría en propinarle un puñetazo en el rostro.

-¿Y qué tal va la escuela?- Preguntó la mujer, regresando nuevamente.- Giyuu, espero que el siguiente año que Tanjiro comienza séptimo grado, puedas ayudarle con algunas materias. Matemáticas le cuesta un poco de trabajo- Le sonrió cortésmente. Giyuu asintió inseguro.

Fue ahí cuando simplemente sintió que su corazón se detenía. Nemi había soltado una cínica y sarcástica risita.

Se había reído.

Sarcásticamente, sí… pero, maldita sea, estaba viendo su rostro mientras reía… a menos de dos metros de él.

-¿Seguro que puedes enseñar matemáticas de séptimo grado cuando ni siquiera puedes solucionar una función trigonométrica?- Giyuu sabía perfectamente que Nemi se estaba burlando de él, ni siquiera se había molestado en ser educado ante la madre de Tanjiro, pero eso a él no le importaba… le estaba sonriendo. A él.

SOLO A ÉL.

-Creo que será complicado que le enseñes.- Después de una mirada despectiva, Sanemi finalmente desvió la mirada mientras guardaba sus dos manos en los bolsillos de su short.

-Oh, no sabía que se te complicaban esas asignaturas, Giyuu.- Entre divertida y apenada, la mujer le dio una pequeña palmada en su espalda cuando pasó a su lado.- He oído de Genya que a ti se te dan muy bien, Shinazugawa-kun. Tal vez, ahora que empiecen las vacaciones de verano, podrías darle una pequeña ayuda a Tanjiro y de paso, también a Giyuu.

Sanemi parecía completamente a disgusto con aquella petición, sin embargo, ni siquiera alguien tan malhumorado podría negarle algún favor a esa bella mujer, con sus ojos tan grandes y amables… Giyuu alcanzó a leer una palabrota silenciosa de sus labios… probablemente estaba pensando en alguna excusa para poder negarse.

-A mí también me gustaría eso. Tendré problemas si repruebo el siguiente examen.- Dijo, tratando de sonar lo más preocupado posible. Su tono indiferente lo hizo sonar peor en los oídos de Shinazugawa.

-Seguro estarás bien… no son cosas tan difíciles.- Trataba de contestar aun con voz cordial.- Tampoco es que seas de los que no entienden nada…

-Por favor, Shinazugawa.- Decidió por mirarlo fijamente mientras dejaba caer un poco sus cejas. El albino endureció fuertemente su mandíbula. Vio rápidamente a la señora Kamado, que aun sonreía dulcemente, antes de aceptar a regañadientes.

-Ni pienses que esto te saldrá gratis, Tomioka.- Contestó en un susurro.

Diablos… lo había nombrado.

A él… le estaba hablando.

Otro latido desde su corazón.

-¡Nii-chan! - El pequeño hermano de Shinazugawa salió corriendo nuevamente, ahora con una pequeña mochila en sus manos.- ¡Ya estoy listo! ¿Eh? ¿Sucede algo?- preguntó cuándo vio la cara de su hermano.

-Lamento habernos quedado tan tarde. Muchas gracias por cuidar de Genya.- Mencionó, haciendo una reverencia y poniendo su mano sobre la cabeza del niño para que también hiciera una.- Espero poder ayudarle a Tanjiro y a usted durante el verano.- A Tomioka no se le escapó la mirada asesina que le dedicó por detrás de sus cabellos blanquecinos.

-Regresen con cuidado.- Les despedía la agradable mujer.

-¡Ah… espera, Nii-chan!- Genya lo llamó antes de volver a darse la vuelta y acercarse de nuevo a la madre de Tanjiro.- Este… Tanjiro me dijo que hoy también había preparado… ohagi…- Ella se había acuclillado junto al niño, para poder escuchar con atención su petición.

-¡G-Genya!- Sanemi no pudo evitar sonrojarse levemente al escuchar el pequeño capricho de su hermano.- ¡No seas maleducado! ¡Nosotros...!

-No te preocupes Shinazugawa-kun, no es ninguna molestia.- Ella acarició amorosamente la cabeza del infante.- Es más, que bueno que me lo recordaste, Genya. Tanjiro me pidió que se los preparara especialmente a ustedes dos.- Con pasitos veloces, ella se dirigió nuevamente a aquel pequeño cuarto trasero y, en solo cuestión de segundos, trajo de vuelta una bolsa de papel.- Hay suficientes para todos.

-En verdad, no se moleste.- Tratando de no demostrar su nerviosismo, el hermano mayor metió la mano dentro de la bolsa, sacando únicamente un solo ohagi y metiéndoselo de lleno a la boca del menor.- Con este bastará, en serio. Muchas gracias.- Nadie alcanzó a decir nada más antes de que ambos chicos salieran corriendo de la panadería. Sanemi había tomado de la mano a Genya antes de irse.

-Vaya, vaya… Shinazugawa-kun puede ser muy tierno a veces.- Habló entre risitas Kamado.- Pero que mal, no me gustaría que se desperdiciaran…

-¿Esos son…?- Dijo al fin Giyuu, después de haberse quedado un buen rato en silencio.

-Son ohagi. Parece que a Genya y a sus hermanos les gusta mucho, pero difícilmente Shinazugawa-kun encuentra tiempo para preparárselos, así que Tanjiro me pidió prepararles algunos, aunque apenas estoy aprendiendo, pero creo que quedaron bastante bien.- Si la humilde Kamado lo decía, en realidad debieron de haberle quedado exquisitos, pero ella jamás lo admitiría.- Mañana es tu ultimo día antes de las vacaciones de verano, ¿verdad? ¿Crees poder dárselos? Hice demasiados, si quieres puedes tomar uno tú también.

-Claro...- Contestó nervioso mientras tomaba la bolsa.

No mucho después, Tomioka salía también por la puerta de la panadería. Al pensar que contaba con una pequeña excusa para volver a hablar con Nemi, sintió un extraño cosquilleo en el interior de su estómago, además, tuvo que secarse el sudor de su frente con el brazo…

-Este verano sí que viene caluroso…- Se dijo mientras levantaba la vista. La luna brillaba con gran intensidad.

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-Shinazugawa.- Como si fuera por arte de magia, el resto del salón guardó silencio al momento en que pronunció aquel apellido, volteando a ver a ambos chicos. Probablemente, comenzaban a pensar, con miedo, que nadie en su sano juicio llamaría al siempre enojado Shinazugawa Sanemi. –Ten.

-¿Que mierda es esto?- Shinazugawa alzó con enojo y curiosidad su ceja derecha cuando el ojiazul puso una bolsa sobre su escritorio.

-Ohagi.- Contestó sin más.- Kamado-san me pidió que te los diera.- Sin cambiar jamás su inexpresiva cara, Tomioka sacó también algunas cajas medianas de su mochila.- Estos los compre de camino hacia la escuela. Tal vez no sepan tan bien como los de ella, pero es mi pago por adelantado por mis clases de matemáticas.- En total, Tomioka dejó enfrente de su compañero seis cajas de ohagi, una sobre otra, alzándose como una molesta torre sobre su pupitre.

Sus cejas fruncieron aún más al comenzar a escuchar los murmullos del resto de la clase tras sus espaldas.

-¿Clases de matemáticas?

-Pero si él jamás ha pasado a resolver un problema.

-Tal vez lo haya amenazado.

-¿Ohagi? ¿Me estás diciendo que el siempre enojado Shinazugawa-kun le gusta ese tipo de dulces?

El chirrido de su silla provocó nuevamente que todos guardaran un silencio sepulcral.- Llévate lejos de mi vista toda esta mierda.- A pesar de no haber gritado, su oración sonó con un tono tan ronco que más de un alumno sintió cómo el miedo le recorría su espina dorsal. Tomando únicamente la bolsa de papel, el joven salió del salón. Nadie se atrevía a decirle algo más.

"Creí que podríamos llevarnos mejor…".

Con cierta desilusión, Tomioka tomó las cajas antes de regresar a su lugar. Sacó su dispositivo móvil, tecleando un mensaje, no notó que la mayoría de las miradas curiosas se dirigirán a él.

"Necesito verte después de la escuela". Enviar mensaje.

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-¿Giyuu, es en serio?- Esa misma tarde, un par de amigos, de uniformes escolares diferentes, se encontraban acostados en el pasto de un parque cercano, escapando del horrible calor veraniego a la sombra de un árbol.- ¿¡La razón por la que me citaste justamente el día de hoy era para que comiéramos un montón de ohagis?! ¿¡De donde salieron tantas cajas?!

Sabito, el mejor amigo de Giyuu (por no decir el único), que por cierto, iba a una escuela diferente, se encontraba a su lado, llevándose a la boca su sexto ohagi y sintiendo como nacía cierto malestar en su boca. No solía comer demasiados dulces… y sabía que Giyuu tampoco.

-Los compré.- Respondió sin mayor explicación mientras daba otra mordida.- Mi hermana no está en casa. No me gustaría que se desperdiciaran.

-Si pero… ¿por qué ohagi? No sabía que te gustaran tanto…

-No es que me encanten, pero tampoco me desagradan.- Giyuu, al terminarse otro, tomó un trago de su botella de agua.

-¿Entonces, por qué has comprado tantos?- Aún confundido, Sabito se recostó sobre el pasto, cansado del pegajoso sabor del dulce.

-… Planeaba regalarlos. Pero me rechazaron.

-¿Te…?- Sabito, inmediatamente, se reincorporó, hambriento de detalles.- ¿Que sucedió? ¿Fue alguna chica? ¡Seguro que lo fue!

-No… no fue una chica.- Tomioka Giyuu no era un chico de demasiadas palabras, aun así, tenía una amistad realmente confiable con su amigo Sabito, a quien había conocido desde que ambos asistían a la primaria. Lamentablemente, no habían logrado ir a la misma escuela, sin embargo, solían verse en sus ratos libres o intercambiar algunos mensajes por LINE. A veces, a Giyuu le seguía sorprendiendo como alguien tan estoico como él podía conversar más de 10 minutos seguidos con alguien como Sabito, que parecía ser su polo opuesto.

Sin prisas y con algunas oraciones vergonzosas, Tomioka le contó sobre Shinazugawa Sanemi. Sobre sus malos humores, su mala fama, los rumores que hablaban sobre él y, por sobre todo, acerca de sus partes favoritas: su sonrisa, la recién descubierta risa sarcástica que podía producir, sus mejillas sonrojadas, su nerviosismo y su cara avergonzada.

Sabito dejó comer ohagis afortunadamente, su boca estaba tan abierta que aún si lo quisiera comer, seguramente no podría ni siquiera digerirlos después de escuchar toda esa tonelada de cursilerías.

"Santo Dios, Giyuu… ¿Cómo es que no te has dado cuenta?", pensaba Sabito al escucharlo. Esa tonelada de cursilerías y mezclas extrañas de sentimientos desbordándose en su estómago solo podían ser una cosa.

Así es, el sentimiento más rosa y cliché que pudiese existir en este basto mundo.

Y, aun siendo tan obvio, su amigo no estaba ni siquiera cerca de poder nombrarlo. "Pobrecito", pensó, sintiendo lástima y vergüenza al mismo tiempo.

Sintió el deber, como su mejor amigo, de darle un pequeño empujoncito. Pero, ¿Cómo?

-Giyuu…

-Nemi…- Lo escuchó murmurar. Cuando dirigió su mirada hacia donde veía Giyuu de algún modo comprendió varias partes de la historia que acababa de escuchar. A la distancia, se encontraban dos chicos, aproximadamente de su misma edad, conversando animosamente, uno de ellos, de cabello blanquecino y con varias cicatrices en el rostro. A pesar de su intimidante rosto y afilados ojos, el chico sonreía en compañía del otro, quien parecía ser un chico ordinario, cabello corto negro, sonrisa amistosa, completamente normal.

Pero para alguien que había adquirido el acosador hábito de verlo constantemente… el que esa sonrisa durara tantos segundos no era en absoluto normal.

-¿Pero quién…?- Giyuu parecía haber perdido la capacidad de terminar sus oraciones. Hasta su siempre indiferente expresión se atrevió a cambiar para mostrar cierto… ¿pánico? - ¿Quién es él?- Preguntó, ahora volteando a ver a Sabito, con un puchero en los labios.

-¿Por qué me preguntas a mí?- Trató de contestar como siempre.- Jamás en mi vida lo había visto.

-Trae el mismo uniforme que tú.- Sabito tuvo que volver a ver al chico para corroborarlo. Él y el famoso "Nemi" se habían sentado en una banca desde donde podían verlos perfectamente, pero ellos no parecían haberse percatado de sus presencias.

-El que vaya a mí misma escuela no quiere decir que lo conozca.- Contestó defensivo.- Y aprovecho para preguntarte, ¿ese es el famoso "Nemi" del que me acabas de contar?

-Si…- Dijo bajito antes de llevarse otro ohagi a la boca.- Es él.

Sin comentar nada más, Sabito pasaba su mirada de Giyuu a Shinazugawa. "Sus ojos están brillando" pensó al ver los ojos azules de su amigo. Por lo general, Giyuu solía ser bastante inexpresivo, rayando muchas veces a lo pesimista, pero no recordaba con claridad la última vez que había visto ese brillo en sus ojos y, por supuesto, en todo ese rato, Tomioka no había despegado su vista de su compañero de clases. Sabito tuvo que reprimir una risita cuando notó como sus cejas se fruncían levemente, probablemente después de notar la presencia de aquel desconocido, pero casi al instante recuperó la calma.

Estaba completamente perdido dentro de sus pensamientos.

"Podrían resultar ser unas vacaciones de verano bastante interesantes". Dejó salir un suspiro antes de volverse a dejar caer sobre el césped.

Continuará…

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Hikari: No soy una escritora que suela escribir fanfics de más de un capítulo, soy de esas que difícilmente podrá imaginar una situación lo suficientemente larga para hacer varios capítulos. Es por ello que no puedo evitar sentirme un poco nerviosa respecto a este fic. Inicialmente, este es mi primer fic escrito de la pareja, aunque ya tengo un par de oneshot publicados pero este avanzaba a paso lento jajaja. Espero que les haya agradado, recuerden que pueden dejar sus comentarios en la cajita de review. Y si gustan, acompáñenme en este no muy largo fic que trataré no demorar en actualizar. ¡Nos vemos! ¡Bye bye-perowna!