Disclaimers: Todos los personajes le pertenecen a Suzanne Collins.

CAPÍTULO 2: REENCUENTRO

POV CORIOLANUS

Llegué tarde.

Aparentemente la conversación con la Doctora Gaul duró tanto que los médicos la liberaron para la primera rueda de prensa. ¿No es demasiado pronto? Pero seguramente todos deben estar ansiosos de escuchar sus primeras palabras tras la salida de la arena.

Los Agentes de paz toman mis cosas y me guían hasta la puerta del Salón. Antes de entrar cambio a la postura que siempre traté de mantener frente a las cámaras, y abro la puerta, consiguiendo que algunas miradas se vuelvan a mí al aparecer, pero ignoro a todos y trato de encontrarla. Pero no hace falta porque es ella quien corre hacía mí los pocos metros que nos separan antes de que siquiera me dé cuenta, extiendo mis brazos y la recibo cuando su cuerpo choca contra mi pecho y sus manos rodean mi torso, haciendo que mi corazón empiece a saltar de felicidad, pero la debilidad de su agarre y sus leves temblores, hacen que quiera protegerla. La tomo entre mis brazos con ternura y apoyo mi rostro en su hombro.

-Estás a salvo ahora –algunas lágrimas empiezan a brotar de mis ojos, a pesar del esfuerzo que hago por contenerlas. –Estoy contigo, Lucy.

-Lo estás. Estás vivo.

¿Estoy vivo? Ella acaba de salir de la arena donde corría peligro de morir constantemente, pero ella se preocupa por mí ¿por qué? Espera ¿y sí ella me vio entrar en la arena a mí, o Sejanus y nos observó desde algún rincón oculto? Había considerado esa posibilidad. Tal vez ella pasó gran parte del tiempo pensando en la posibilidad de que estuviera muerto, o al menos gravemente herido. ¡Oh, Lucy!

-Estoy vivo, igual que tú –murmuro en su oído. –Todo va a estar bien.

Su rostro abandona el refugio que le ofrece mi camisa y levanta el rostro con los ojos húmedos y su rostro limpio y levemente maquillado de forma muy natural. Su cabello trenzado cae en su espalda. ¿Cómo tuvo tiempo para arreglárselo? Pero se trata de Lucy, ella siempre trata de verse mejor.

Sus ojos se detienen en las costras ocultas bajo casi secas de mis mejillas y barbilla y eleva su mano hasta acariciar mi mejilla. ¿Qué pretende hacer? Sus labios agrietados rozan mi mejilla sana en un suave beso, mientras trato de resistir mi deseo de mover un poco mi rostro para que nuestros labios se encuentren. No es el momento. Cierro los ojos unos instantes y escucho su voz en un suave susurro.

-Gracias.

Una sonrisa se extiende naturalmente en mi rostro, y la paz que tanto anhelaba me invade.

-Te hice una promesa, que te salvaría y que estaría contigo en todo momento. Nunca faltare a ninguna promesa que te haga.

Ella solo se queda mirándome unos segundos antes de que las cámaras vengan encima de nosotros grabando y tomándonos fotos. Pero ella entiende lo que debe hacer sin que se lo diga, simula una sonrisa, me libera y enfrenta a los periodistas y camarógrafos de la misma forma que lo haría con su público mientras canta. De mutuo acuerdo ambos nos tomamos de las manos como hicimos en el zoológico y me relajo. Nuevamente somos un equipo.

A veces hacen preguntas demasiado personales, otros quieren saber sobre su experiencia en la arena y como se siente al haberse convertido en vencedora. Hasta que se siento que está demasiado cansada, débil o confundida como para seguir contestando. En un momento rodeo su cintura y murmuro en su oído.

-Deja que me encargue del resto –ella dirige su mirada a mí y sonríe agradecida.

-Esta es Lucy Gray Baird, vencedora de los Decimos Juegos del Hambre. Estoy seguro que le encantaría seguir contestando sus preguntas, pero comprendan que mi tributo necesita tomarse un descanso para poder recuperarse. Les prometo que habrá más tiempo en los próximos días y cuando sea el momento de su entrevista. Me disculpo por los inconvenientes en nombre de ambos, y deseo que puedan entendernos.

Parece que mis palabras hacen efecto en todos los presentes porque algunos se disculpan y otros se van deseándonos suerte y felicitándonos a ambos por la victoria. Solo quedan un par de personas con cámaras de fotos, que estaban esperando su momento para poder fotografiarnos a solas.

Solo esto y todo termina por hoy, Lucy. Lo prometo.

Nos dan indicaciones para tomarnos fotos a solas y como pareja, nos indican mejores las posturas y expresiones, y luego nos liberan. Un auto nos está esperando fuera de La Academia para llevarnos directo al hospital central del Capitolio, donde Lucy podrá ser atendida mejor. Por medio del teléfono que nos proporcionaron a los mentores, recibo un mensaje de la Doctora Gaul, diciendo que aproveche la oportunidad para que un doctor al que me deriva examine mi herida y determine si puede sacarme los puntos. Me asegura que él no hará preguntas sobre lo sucedido. También me avisa que me darán una semana libre para cuidar de Lucy Gray hasta su entrevista. En este momento, ella está bajo mi tutela, lo que incluye que debo llevarla a casa una vez que le den de alta y considerando el casi saludable estado de Lucy Gray eso será muy pronto.

Contesto brevemente agradeciendo por el aviso y el permiso especial y guardo el dispositivo nuevamente en mi bolsillo, centrando mi completa atención a la semidormida chica que descansa su cabeza en mi hombro y se aferra a mi mano como si de eso dependiera su vida.

-Coriolanus… -murmura.

-¿Qué sucede?

-Gracias por lo que hiciste adentro. Estoy tan cansada.

No lo dudo, no has dormido prácticamente desde la cosecha y en la arena mucho menos.

Apenas ingresamos al auto, ella prácticamente se desplomó sobre mí sin fuerzas, como si hubiera estado aguantando todo el tiempo que pasó en La Academia.

-Entonces, duerme. Te avisaré cuando lleguemos al hospital, o te cargaré. No te preocupes por nada, ya no es necesario. Lo peor terminó.

-¿En serio? Aún siento que estoy en esa arena.

-Ganaste los juegos, Lucy. Nadie podrá lastimarte ahora. Aparte estoy yo para protegerte.

-Lo sé. Eres el único en el que confío.

¿Por qué esa simple frase me hace sentir en el cielo?

Ella confía en mí y se siente segura conmigo. No puedo estar más feliz que ahora mismo.

Beso su frente y simplemente murmuro:

-Sí confías tanto en mí, solo descansa, Lucy. No me iré de tu lado nunca más.

-Eso suena bien –reconoce. –Nunca te alejes de mí.

Con un leve asentimiento y una sonrisa, cierra los ojos definitivamente y se entrega a un sueño profundo por primera vez en semanas.

Solo me limito a mirar lo tranquilo que luce su rostro mientras duerme, mientras que las últimas palabras de ella siguen haciendo eco en mi mente.

Nunca te alejes de mí.

Y me doy cuenta que cada cosa que hice durante estos Juegos del Hambre para mantenerla a salvo, valió la pena.

¡Snow aterriza en la cima! Diría su prima Tigris con su alegre voz.

Ciertamente, lo hice. Pero, esta vez me toca compartir esta victoria con alguien muy especial para mí. Alguien que no planeo dejar ir de mi vida tan fácilmente.

-¿Qué me has hecho, Lucy Gray? –pregunto en voz baja más para mí mismo, que para ella.

Pero incluso si este sentimiento tan nuevo y extraño llegara a consumirme por completo, no me importaría ahora que tenemos el futuro por delante.