Los personajes de SNK no me pertenecen, de ser así el RivaMica seria canon.

Mi contribución a al dúo mas fuerte de la humanidad es de dos, oh tal vez, tres capítulos. La historia ya está terminada así que no tendrá interrupciones (solo tengo que editarlo).

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Perenne

Mikasa se arrojo de espaldas a la cama, al fin le daba reposo a su cuerpo después de un largo día de mudanza. Mudanza que se había pospuesto para darle a la muchacha la oportunidad de terminar la preparatoria con sus amigos y no desequilibrar sus estudios. Por tal motivo su padre se quedaba en Trost y viajaba a Shinganshina por un fin de semana cada mes, y el resto las video llamadas siempre eran constantes.

Mikasa decidió que sus estudios no eran una razón de peso para no estar juntos, después de todo hacía tres meses que inicio el curso, hablo con ellos y juntos tomaron una decisión, a cuatro meses de empezar la Preparatoria la familia Ackerman se mudaba a los suburbios de Trost.

La joven estaba contenta con su decisión, la calle era tranquila, la casa acogedora y su habitación no solo era bonita. Levanto la cabeza para mirar su amplia ventana con un gran alféizar en forma de trapecio y un muy cómodo asiento acolchonado. Sin pensarlo se acerco al rinconcito, que de ahora en adelante seria su lugar favorito.

Aunque los rayos del sol seguían negándose a perder protagonismo la noche estaba llegando, y el clima era perfecto, la chica recargo su cara entre los brazos posados en la orilla del alféizar y cuando su mente se quedo quieta comenzó a poner atención a su entorno sin poder evitar escuchar las voces que salían de la casa de enfrente.

-…molestia, ya te dije que no tengo!

-pero Levi? –escucho la voz melosa y cantarina de una chica- no me dirás nada?

-No tengo nada más que decirte!

Y sin quererlo siquiera Mikasa comenzó a escuchar con claridad la conversación que salía del balcón de la habitación de enfrente, un frondoso árbol dividía las dos viviendas y una de sus gruesas ramas cubría un poco la visión, pero no podía evitar escucharlos.

-Oh vamos! se que te gustan las chicas como yo.

-Quien mierda te dijo que eres mi tipo?!

-Soy el tipo de todos.

-Pues yo no soy como todos. ¡Ahora ponte la blusa y sal de mi habitación!

Al parecer esa chica estaba acosando a su nuevo vecino, y vaya que era insistente tenía que elogiar el autocontrol del -acosado- pensó Mikasa, dio un brinquito al ser tomada por sorpresa el dueño de esa grave y muy molesta voz salía por el balcón y antes de darle tiempo a reaccionar vio salir a la resbalosa acosadora que con paso decidido se lanzaba a manosearlo cerca de la entrepierna.

-Vamos cariño, me gustas desde que Farlan nos presento en la Universidad, a demás, nadie se enterara, él piensan que ya me fui.

-Eres una mujer insufrible.

A pesar de escucharlo decir eso, Mikasa estaba segura que el chico caería en el juego, no conocía a Levi, que tomo de las manos de la joven y la empujo lo suficiente como para que perdiera el equilibrio y cayera sobre sus nalgas. Lo que le dio tiempo para arrojarle la blusa y abrir la puerta. Se escucho un portazo y al chico caminar por la habitación dando vueltas hasta salir nuevamente a su balcón.

Levi recargo su cuerpo en una esquina, por las hojas no podía distinguirlo con claridad, la curiosidad pudo con ella y se pregunto ¿cuál sería el aspecto de ese hombre, que causo la humillación de una chica? Mikasa se inclino más hacia delante buscando el ángulo correcto que le dejara apreciarlo mejor hasta que lo encontró.

Tenía el cabello negro algo largo, o eso le pareció por la posición de su cabeza echada hacia atrás, sus ojos estaban cerrados, la pierna doblada y los codos y la espalda recargados sobre el barandal. Mikasa lo miro más atentamente, tenía un lindo perfil con una nariz de esas altaneras, su cuello era largo, sus hombros anchos y los brazos bien marcados, -No es la gran cosa- pensó. Volvió a su rostro y sus ojos ya estaban abiertos, Levi no había cambiado su postura pero estaba segura que la miraba por el rabillo del ojo. Mikasa se quedo helada y aun más cuando lo vio girar su cabeza para mirarla directamente.

-Mocosa entrometida.

Y con esas palabras Mikasa y Levi se presentaron.

Kuchel Ackerman, madre de Levi y Farlan Ackerman. Farlan, fruto de su primer matrimonio y el mayor por tres años, cursaba su último año de Universidad. Levi el menor de los Ackerman cursaba su según año como Universitario. Eso es lo que supo semanas después por la misma Sr. Kuchel que ya conversaban más a menudo con su madre.

Después de varios meses conoció a Farlan, le pareció bastante agradable y divertido con un carisma de los que te levanta el ánimo. Y Levi era el otro lado de la moneda.

Mikasa y su madre le habían dado vida a un pequeño jardín en el costado y al frente de su casa. Cuando cuidaban y le daban mantenimiento, podía ver a Levi en algunas ocasiones llegar en su motocicleta, la chica no sabía de autos o motos, pero podía distinguir una hermosa y potente máquina cuando la veía, tan peligrosa como su dueño. Levi se quitaba el casco y a veces ni siquiera la miraba. Bueno, eso era algo que a la azabache le importaba un cuerno, con un rostro frio e inexpresivo la joven no mostraba ninguna expresión. Después del jardín subía a su recamara y colocaba una flor en su ventana.

-Bien, este será tu nuevo hogar.

-Oi mocosa- Mikasa miro a su azabache vecino del balcón-, todavía eres una mocosa que juega en el lodo?- y con una sonrisa burlona espero su reacción.

Por la falta de costumbre al siempre ignorarse Mikasa tardo en reaccionar.

-…que? –después de meses sin ningún tipo de contacto le hablaba para burlarse de ella?- Si bueno, ya sabes, los vecinos de enfrente tienen un gnomo y pensé que encontraría uno en mi jardín. Mikasa podría tener 16 años pero sabía defenderse.

-Eso fue fácil, admites que eres una mocosa que se revuelca en el lodo.

-Enano idiota! –y así la chica entraba a su habitación para tomar un baño.

….

Con el paso de los meses y con sus 17 años a la vuelta de la esquina Mikasa tenía un problema, nunca se había sentido fea, pero realmente no sabía si era bonita, no usaba maquillaje y su pelo lo prefería suelto. Conoció a un chico, Jean; que siempre le estaba diciendo cumplidos a los que ella agradecía con un modesto gracias y un arrebol en las mejillas, pues le parecían incómodos esos detalles. En varias ocasiones la había acompañado a su casa y precisamente tenía que decirle –te ves muy linda con el cabello recogido – en el momento que su vecino el becario del mal pasaba junto a ellos, su incomodo sonrojo fue mayor al verlo fruncir aun más el ceño.

-Tch –fue lo que escucho de Levi al verlo avanzar.

Sabía que muchas chicas bonitas visitaban la casa Ackerman, todas invitadas de Farlan, pero Mikasa sabía que la mayoría de ellas querían violar a Levi. A veces se preguntaba si alguna había tenido éxito, con el consentimiento de este. Pero claro, eso era algo que no le quitaría el sueño.

Después de algunos días, Jean se declaro.

-Dame tiempo para pensarlo-dijo Mikasa, y Jean le obsequio un pequeño osito de llavero.

Era viernes, y el fin de semana le serviría para pensar. Ayudo a su madre en el jardín y con la cocina, no era mucho de salir con sus amigas, aun que si que las tenía; una de ellas bastante insistente, aunque eso era bueno, de no tener esa personalidad ahora no sería su mejor amiga.

Pero tenía sus contras, de no ser por ella y su insistencia no hubiese deambulado por una parte de la ciudad que casi nunca transitaba, no hubiese visto a Jean darle una flor y un beso a una chica, para después caminar tomados de la mano.

Y ahora estaba ahí en su alféizar sin saber que exactamente sentir, sabía que se sentía herida, pero no sabía que tanto. Y también sabía que su auto estima y su ego estaban siendo pisoteados. Levi salió al balcón, se inclino y puso sus codos en la baranda. Casi nunca fumaba pero en ese momento tal vez lo necesitaba; el humo se elevaba en espiral hacia el cielo y la azabache lo veía hipnotizada. Miro a Levi casi sin pensarlo y se dijo a si misma que él no tendría problemas de auto estima y que su ego seguramente estaba intacto.

-No te había visto esa pijama, es de las sexis?

Oh por la diosa Ymir! Es en serio, Dame un respiro!- Mikasa usaba una de sus típicas pijamas de franelas con botones y short.

-En serio me estas preguntando por mis pijamas, enano pervertido?!

-Pregunte por las sexis, y las sexis –saco el humo- no son consideradas pijamas, lo sabrías si no fueras una mocosa.

-Siempre eres así de idiota, o debo sentirme alagada porque solo lo eres conmigo? O tal vez tengo ese efecto solo con todos los idiotas?!.

-Solo si tú así lo quieres, mocosa –volvió a sacar el humo- además, no cambies tus pijamas o no podre salir al balcón otra vez. En tanto Mikasa asimilaba lo dicho por Levi, este se llevaba el cigarro a la boca para darle una última calada mientras la miraba intensamente, recorriéndola poco a poco, apago el cigarrillo y se dio la vuelta en total parsimonia, y antes de perderse en el umbral giro la cabeza para hablarle.

-Y tu cabello está bien así como esta, aunque te haga ver como una adorable mocosa salvaje. Y eso fue todo.

Extraño. Realmente era extraño que Mikasa se sintiera más ligera, más…limpia. No tenía idea de lo que había pasado o, que significo esa extraña sensación bajo su mirada, a caso le había hecho un cumplido? –Ja, que tontería-. Y aun así, esa noche Mikasa durmió con una pequeña sonrisa en su rostro. Desde esa noche cada vez que se encontraban en el balcón ya no era tan desagradable, al menos no todo el tiempo; hasta intercambiaban alguna que otra palabra y otras veces solo estaban ahí disfrutando de la compañía del otro, quien lo hubiera dicho. Otro verano llego y con él, el bochornoso calor.

….

Mikasa se despertó y como ya era su costumbre se paraba frente a la ventana para estirase como una gatita. En el preciso momento en que la chica daba el último estirón, Levi tuvo la misma idea pero antes de consumarla vio el momento exacto de los botones del pijama de la discordia abriéndose para darle paso a sus hermosos, redondos y muy firmes pechos. Mikasa tardo escasos segundos en darse cuente del porque su vecino azabache se quedaba embelesado hasta que sintió menos ajustado su pecho.

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Gracias por llegar hasta aquí.

Amor para el RivaMika

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