[Advertencia]

Spoilers generales de la saga de Harry Potter. Añadiré o retiraré cosas canon también dependiendo del cómo guste que vaya la historia.


La mañana llegó mucho más rápido de lo que Sirius hubiese deseado, cuando se alzó el alba apenas había sido capaz de dormir un par de horas, pues en ese momento las cosas dentro de su cabeza no estaban ni por asomo ordenadas. Tras espabilar lo suficiente se encontró a su autonombrado enemigo del pasado siendo rodeado protectoramente por sus brazos, las manos Severus se encontraban descansando entre los pechos de ambos mientras dormía hecho un ovillo, el rubor producto de la fiebre había desaparecido, dejando paso a su piel pálida y provocando a su vez que las marcadas ojeras se notaran mucho más; Sirius le admiró dormir, embelesado por la extraña imagen que otorgaba su rostro tan tranquilo, sin el entrecejo fruncido o la pesada mirada negruzca observándolos a todos con cierta especie de odio.

Tragó grueso al rememorar la corta conversación entre delirios que había tenido con Severus durante la madrugada; el muchacho era arisco, temeroso, monstruosamente inseguro y desconfiado hasta de su sombra, y en buena parte era culpa de los merodeadores, en especial de James y el mismo Sirius, quien entendía que de no haber sido por ellos, muchos otros alumnos no hubiesen tenido la motivación suficiente para molestar a su extravagante compañero de clases.

Intentó separarse de él lo más cuidadoso posible, no obstante, más temprano que tarde, el joven Slytherin se removió entre sus brazos mientras, perezosamente, abría los ojos. La escena en los largos segundos consecuentes fue de ambos aún pegados el uno al otro, quietos cuan estatuas, mirándose el uno al otro en una especie de shock. Se alejaron rápidamente dándose un empujón no muy fuerte, sin decir nada, con la mirada gacha y el rostro ardiendo, corrieron a esquinas separadas para encerrarse entre las cortinas de las camas, reemplazando la fría tela del pijama descolorido con sus uniformes arrugados.

Severus se cubre hasta el cuello con la túnica y su bufanda, maldiciendo las gruesas paredes de piedra del castillo, que no guardan nada de calor durante el invierno. Toma asiento sobre una de las camas y espera en silencio, está demasiado avergonzado consigo mismo para ver Sirius a la cara, pues recuerda casi en su totalidad las dos escenitas que armó la noche anterior, permitiéndose ser arrastrado por su autoproclamado enemigo hasta la enfermería, dejándose ir entre lágrimas sobre el pecho amplio del chico, durmiendo juntos y para colmo aferrados el uno al otro; a estas alturas aún puede sentir las manos ajenas ciñéndose a su espalda con fuerza, de una forma en la que nadie le había abrazado jamás.

Sacude la cabeza de un movimiento veloz que le lastima el cuello, está realmente molesto, porque una estúpida fiebre le hizo romper la barrera de desapego emocional que tanto esfuerzo le costó construir, al mismo tiempo se encuentra cohibido, al entender bien que la falta de contacto físico durante toda su vida le hizo disfrutar esos pequeños momentos con Sirius mucho más de lo normalmente sano. Una de sus manos sube a su rostro, con el índice y el pulgar masajea su ceño arrugado, mientras piensa que la última vez en que se sintió así de apreciado por alguien fue con Lily, durante su último cumpleaños. Aún más irritado que antes se escabulle de regreso a las mazmorras apenas deja de percibir los ruidosos pasos de Sirius alejándose en dirección contraria.

[ • • • ]

— Entonces... — inició James, tomando asiento en la alfombra, se acomoda en posición de loto a un costado de Remus, quien de igual modo se encuentra en el suelo; a un par de metros está Peter, boca abajo sobre un montón de mantas y cojines, leyendo una de esas revistas juveniles que le envían sus padres todas las semanas, mientras se llena el estómago de chucherías varias— ¿Qué van a hacer estas vacaciones?

— Nada en particular, ayudar con las tareas del hogar para que mi estadía no se haga tan pesada para a mis padres— Remus informa tímidamente, con la cabeza gacha y jalando las mangas de su suéter tejido, intentando cubrir las cicatrices en sus manos delgadas.

— No puedes decir eso si tu mamá te llena la cara de labial rosa cada que te acercas— se medio burla Peter tratando de aligerar el ambiente, tras pensarlo muy poco decide lanzar un caramelo de chocolate que el otro atrapa en el aire y agradece con una sonrisa sincera.

— ¿Qué hay de ti, Pete?— pregunta James.

El muchacho rueda los ojos en son de hartazgo, desanimado deja caer su cara sobre un mullido cojín rojo con detalles dorados— Como salí horriblemente mal en la mayoría de las materias mi padre decidió meterme a cursos intensivos en cada descanso hasta que mejore mis notas— dice, su voz aguda amortiguada a causa de la tela.

Sirius, que se encuentra boca arriba sobre la cama, dormita mientras les oye hablar, resaltan las ruidosas carcajadas de James luego de escuchar a Peter quejarse, entonces parece que este último le lanza un hechizo para callarlo, quizás ese ruido en el fondo es Remus intentando intervenir en su juego tonto, pero no está demasiado seguro, pues va sintiendo la conversación cada vez más lejana, su mente desentiende las palabras de sus compañeros y las intercambia por la gruesa voz de Severus, lo escucha respondiendo en clase con su tono cortante, como no deseando estar ahí, también le percibe vocalizando los hechizos en dicción perfecta, incluso llega a su cabeza la escena de la noche pasada, y si bien oírle llorando tan dolorosamente entre sus brazos es algo que la culpa jamás le permitirá borrar de su memoria, eso no eliminaba el sentimiento de fascinación que tuvo al ver y escuchar esa nueva faceta.

De repente se preguntó cómo se escucharía su nombre pronunciado por su voz profunda, saliendo de entre sus labios delgados.

¿Desde cuándo empezó a tener pensamientos así de extraños?

Abstraído por lo desordenadas que estaban las cosas en su cabeza se cubre los ojos con el antebrazo, buscando reducir la sensación ardiente que le provoca la potente luz del atardecer colándose por la ventana; todo lo que ha sucedido durante el último mes está dándole vueltas dentro del cráneo, rebotando estridente por todos los rincones de su mente, atrayéndole fuertes migrañas y desesperación, que a su vez le hacen querer arrancarse la piel, porque en treinta días no ha hecho ni un solo avance, es más, gracias a las tonterías de James y Bellatrix el poco progreso con Severus se fue al demonio, si se le puede llamar progreso a no ser maldecido por él cada que se encuentran. Ahora no tiene ni la menor idea de cómo acercarse, mucho menos después de lo que pasó durante la noche.

— ¡Canuto!— un grito de James, aunado a un doloroso golpe en sus costillas le sacan de su ensoñación. Se incorpora de golpe, mareado por el veloz movimiento, e intenta enviarle a Potter una mirada de irritación, que sin embargo se desvanece apenas se fija lo suficiente en el rostro de su compañero: James está viéndole desde arriba con el ceño fruncido y las manos sobre las caderas, la marca de preocupación se refleja tan pura como solo en él puede hacerlo. Cuando Sirius vira la cabeza hacia los otros dos les encuentra igualmente consternados, viéndole fijamente, esperando quizás una reacción.

Por primera vez en su vida se siente demasiado cohibido por ser el hecho de atención, carraspea buscando aclarar su garganta, que de repente se siente seca y rasposa— ¿Decían algo?

— Solo nos preguntábamos si estás bien— mencionó Remus en su tímida voz baja, apretando ansioso su brazo izquierdo con la mano derecha. Sirius sintió un pinchazo de culpa.

— Por supuesto, es sólo que... no he estado durmiendo bien últimamente, lo siento— respondió, colocando una extraña mueca de vergüenza a son de una sonrisa.

— Hablando de eso ¿Dónde te quedaste anoche?— inquirió Peter, curioso. Remus y James se dieron una corta mirada aterrada, cómplices por saber que su amigo había estado en la enfermería con Snape, aunque Sirius omitió varios detalles y prefirió dejar muy vago todo lo que pasó de la media noche en adelante.

— Salí a correr como Canuto al bosque prohibido, ya sabes que me encanta la lluvia y pues ya tenía mucho que no lo hacía, al final... bueno, puede que se me haya pasado el tiempo un poquito— respondió mintiendo sin titubear, incluso agregando una pequeña risa al final, todo viéndose tan realista que era digno de un Slytherin veterano. Lunático y Cornamenta volvieron a verse las caras, ahora tan sorprendidos como indignados porque Sirius estaba dejando a Peter demasiado fuera de todo el asunto, era doloroso, incluso si aquellas visiones extrañas lo mostraban como alguien en quien era peligroso confiar.

Sin embargo, Pettigrew pareció creerlo, sus ruidosas carcajadas llenando la habitación lo confirmaron— Deberías tener más cuidado, o van a descubrirnos— respondió tranquilamente, sonriendo hacia ellos con tanta naturalidad que Sirius no pudo reconocerlo de aquel que vislumbró en las visiones de la bola de cristal— Como sea, nos estábamos preguntando qué harás estas vacaciones

— ¿De verdad vas a volver a tu casa?— James se apresuró a intervenir, nuevamente dentro del tema que estaban tratando hacía unos minutos.

Sirius se rascó la nuca, clavando los ojos cualquier otro lado que no fuese la expresión dolida de su amigo; el motivo de su vergüenza estaba puramente fuera de sus manos, pues pese a llevar festejando las fiestas con los Potter durante los último tres años ésta vez se vio obligado a desistir de la idea, ya que justo el primero de diciembre, mientras transcurría el desayuno, una elegante lechuza de colores grises se plantó silenciosa frente a un estupefacto Sirius, quien la reconoció al instante y casi sintió que el suelo se le partía bajo la silla; el animal estiró una pata, la cual aferraba una carta con el distintivo sello de "La Ancestral Casa de los Black". Sirius se forzó a reunir una cantidad ridícula de valor para tomar el sobre y finalmente dejar ir al ave; sus padres no enviaban nada a Sirius, absolutamente nada, lo cual solo podía significar que sea lo que fuere escrito dentro de esa misiva era importante.

Ninguno de los merodeadores le hizo preguntas, a sabiendas de la mala relación entre él y su familia, gracias a lo cual no tuvo que maniobrar con sucias mentiras para conseguir un momento a solas donde fuese capaz de leer.

Va y resulta que la maldita carta no decía nada, pero al mismo tiempo sí lo hacía.

Su madre simplemente le ordenaba volver durante las vacaciones, alegando que debían hablar sobre un tema concerniente a la familia, ni una palabra más o una menos, ni siquiera preguntaron cómo estaba o exigieron sus notas. Un suspiro resignado salió de sus labios, la verdad es que si sus padres hubiesen mostrado algo de interés en él, sus amigos o la vida escolar que llevaba, habría temido por su seguridad personal. A regañadientes tuvo que enviar una carta confirmando estar enterado, de cualquier modo, la mejor forma de seguir en estas circunstancias era ser prudente, al menos por ahora, pues uno nunca sabía lo que Walburga Black tenía preparado.

— Hermano, ya sabes lo maldita que es Walburga, me va a colgar de allá abajo como se me ocurra escaparme sin haber escuchado lo que tiene que decir— se excusó pobremente, aunque siendo sincero consigo mismo, no negaría esa posibilidad. Aún le dolía el cuerpo con solo recordar los castigos de las vacaciones de verano. Su mente le dijo con ironía que los magos eran endemoniadamente creativos para infligir dolor sin dejar marcas.

James se vio colocando la cara de súplica más sincera de toda su vida, sin embargo, eso no pareció hacer flaquear el temple de Sirius, al menos no externamente, así pues, derrotado, se dejó caer de nalgas al colchón— Sirius... ¿Sabes que si las cosas se ponen demasiado complicadas en tu casa siempre puedes venir a la mía, verdad? Solo tienes que enviar una lechuza e iremos por ti

Mientras en esa ocasión el heredero Black asentía alegre con la cabeza, tirando a James sobre la cama con un fuerte abrazo en agradecimiento, el Sirius actual no podía hacer más que reír para sus adentros, recordando las palabras de su mejor amigo mientras intentaba no quejarse por la ardiente sensación de fuego bajo la piel, no iba a darle a su madre ese gusto.

Ah... De haber sabido... Tal vez ahora estaría tomando chocolate caliente, mientras junto a James hacían destrozos en las propiedades aledañas a la casa de los Potter.

Se estaría riendo.

¿Por qué demonios hizo caso a la maldita carta, en primer lugar?

La puerta al fondo se abrió lentamente, la corriente helada que recorría todo Grimmauld Place entró en su cálida habitación, penetrándole hasta los huesos con un punzante dolor sobre las articulaciones. Pasos tan ligeros como plumas se acercaron a donde él estaba, a un par de metros, fuertes pisadas nerviosas le hacían segundilla; Sirius hizo un esfuerzo titánico para mover medianamente su posición, el duro suelo de piedra le había entumido las extremidades por estar tanto tiempo en la misma posición, sus ojos grises se dejaron ver entre los mechones largos de su cabello, chocando contra los iguales de su hermano menor. Tras él, Kreacher se encontraba dando preocupadas miradas de soslayo hacia a puerta, quizá esperando la presencia de Walburga apareciendo repentinamente.

El elfo sostenía a duras penas un cofre de madera que Sirius recordaba, vagamente, haberle regalado a su hermano durante un cumpleaños hacía ya bastantes años; Regulus le pidió colocarlo en el suelo y entre los dos revisaron cada pequeño frasco que estaba dentro hasta dar con ese que contenía un líquido rosa oscuro, vacilando al rojo. El menor lo abrió quitando el corcho y lo extendió hacia su hermano.

— Bébelo todo— le ordenó, esperando alguna réplica o mala cara se sorprendió en demasía cuando, obedientemente, Sirius tragó hasta la última gota de aquella poción— No esperaba que realmente lo hicieras, ni siquiera sabes qué es

— Confío en ti, aunque no lo parezca— comentó despreocupado, encogiéndose de hombros, sentía poco a poco un calor expandirse desde su estómago hacia el resto de su cuerpo, calmando el lacerante de los extenuantes castigos que, en forma de dolorosos hechizos, su madre había usado en él.

Al menos debía agradecer que Orion prefería mantenerse al margen con el modo de educar de su esposa, eso era un peso menos sobre sus hombros.

Por otra parte, Regulus pareció tremendamente incómodo con sus palabras, carraspeó un poco, volteando el rostro a un costado mientras él y Kreacher recogían los frascos para regresarlos al cofre, pronunció aquello que llevaba días en su cabeza: — ¿Por qué te negaste?

Sirius volvió a dejarse caer sobre el suelo, ésta vez boca arriba, con la mirada perdida en el color dorado de los detalles, anteriormente grises, que adornaban el techo— No voy a aceptar unirme en matrimonio a alguien que no conozco sólo porque tu madre cree que de ese modo se van a solucionar los problemas entre nosotros

— También es tu madre— replicó el muchacho más joven, cerrando el cofre cuidadosamente para evitar hacer mucho ruido, después de todo eran más de las dos de la mañana y sus padres se pondrían fúricos si lo encontraban hablando con su hermano, mucho más si le habían ordenado explícitamente no hacerlo.

— ¿Cuándo se han comportado como padres? ¿Cuándo han hecho otra cosa que no sea presionarnos a punta de castigos brutales para ser mejores al resto y tener algo que presumir a los Sagrados Veintiocho? Dime una maldita vez en la cual se hayan comportado como los padres de nuestros amigos, incluso el viejo Abraxas es más amoroso con el presumido de Malfoy que ellos con nosotros— se quejó, escupiendo las palaras repletas de odio. Regulus agachó la cabeza, el golpe había sido bajo, quiso decirle que él tampoco se había comportado como un hermano, sin embargo, recordando que prácticamente entre él y los elfos lo habían criado, se quedó callado; ver al joven amo ser lastimado hizo a Kreacher querer comenzar a despotricar contra Sirius, no obstante, quizá por respeto a Regulus y la segura orden de ser silenciosos, eligió cerrar la boca.

— Sabes que va a volverse peor si no aceptas— Acturus terminó por decir en voz baja, tras un corto mutismo.

— Prefiero morir de pie que vivir arrodillado, hermanito— contestó Sirius, sonriendo al aire. Ante aquella sentencia, Regulus viró la cabeza en su dirección, sorprendido pero, a su vez, admirando por debajo la determinación de su hermano mayor, algo que él hubiese deseado tener, así tal vez podría encontrar lo que su vacío corazón realmente deseaba.

Quizás abrir una estúpida herbolaria en un pueblo abandonado por dios no era tan mala idea

— No te entiendo para nada— se sinceró tras pasar un largo momento en silencio.

— No tienes que hacerlo — respondió, su enorme sonrisa envió una oleada de nostalgia sobre el pecho de Regulus, provocando un maremoto de todos aquellos momentos que pasaron juntos. Sirius se colocó, trabajosamente, de pie; a temblorosos pasos pequeños llegó hasta su cama, donde se sentó dejándose caer con un quejido lastimero, dejando salir aquella horrible interrogante que, si bien conocía la respuesta, necesitaba escucharla del propio Regulus: — ¿Realmente vas a entrar a su círculo? —ante la expresión confundida de su hermano, continuó — Con Lord Voldemort

Los ojos grises de Regulus se abrieron de par en par, viéndose asustado, sin embargo esa expresión duró tan pocos segundos que Sirius creyó haberla imaginado.

— ¿Apenas hablamos en los últimos cuatro años y eso es lo que me preguntas?— inquirió irónico, luciendo decepcionado de repente, aunque Sirius sabía que no lo estaba en absoluto.

— Estoy preocupado, eso es todo— respondió, la voz llena de honestidad pura— ¿De verdad vas a unirte a los Mortífagos?

Regulus, aún sobre el suelo, se puso en posición de loto, cruzando también los brazos sobre el pecho. Kreacher, a un costado y todavía sin decir una palabra, procedió hincarse bajo indicación del menor, quien tenía la corazonada de que esta conversación se alargaría bastante.

— Me gusta como piensa, llevo meses investigándolo, su manejo de la magia es impresionante, además, cada día gana terreno en el mundo mágico y no puedo quedarme fuera de eso

Sirius alzó una ceja, un gesto tan raro en él que comenzaba a pegársele por tanto verlo en Severus— ¿Esto no tiene nada que ver con la presión que te hacen Orion y Walburga?

— Yo puedo tomar mis propias decisiones, además, si te preocuparas mínimamente por mí, no habrías hecho todo lo que has hecho hasta ahora— respondió a la defensiva, su voz bullía en cólera, casi siseando las palabras ¿Cómo se atrevía a decirle esas cosas? ¿Acaso le parecía tan estúpido y lamentable? Ya no era un maldito niño.

Sirius se acomodó mejor sobre el colchón, desde su posición pudo apreciar los rasgos de su hermano, tan parecido a él pero tan diferente al mismo tiempo, guardó en su memoria los detalles de su rostro que la poca luz le permitía distinguir, sabiendo bien que las palabras a continuación serían un punto de inflexión en el futuro de su relación:

— Ven conmigo— Sirius soltó de la nada, su tono de voz plano hacía oír aquellas palabras casi como una orden, sin embargo algo en su mirada, poco iluminada por la luz de la calle, daba una vaga ilusión de desesperación.

— ¿Qué?

— Mi primera opción es refugiarme con los padres de James, pero he estado hablando con el tío Alphard estos días, me dijo que podía mudarme con él si así lo deseaba— continuó el mayor, dejando salir algunos pensamientos en los que divagaba: — Aún tengo las cartas de nuestro tío, si es que no me crees, él dijo que se haría cargo de los gastos escolares, creo que su amabilidad tiene que ver con eso de que no se ha casado ni piensa tener hijos, pero también es una de las pocas buenas personas en esta familia, junto con Andrómeda

— ¿De qué estás hablando?— preguntó, sin comprender en su totalidad a lo que el otro se refería pero ya teniendo una idea sobre el rumbo de esa conversación, le miraba como el que ve a un loco.

Sirius tomó una larga bocanada de aire frío, que luego dejó escapar en forma de un largo suspiro, una especie de ritual calmante que Remus le había enseñado a él y a Peter para usarlo cuando se pusieran demasiado nerviosos— Lo que trato de decir es que voy a irme, Reg y quiero que vengas conmigo— Sentenció, demasiado serio como para Regulus ser capaz de reírse.

— ¿Estás demente, Sirius? ¿Tantas maldiciones finalmente te destrozaron la cabeza?— inquirió incrédulo, su expresión usualmente muerta ahora se mostraba repleta de genuina consternación. Tal vez entendía porque su estúpido hermano se fugaría de casa, incluso tras un castigo tan fuerte como el que Walburga le había dado durante estas últimas dos semanas, lo que no se sentía capaz de comprender era el motivo por el cual deseaba llevarle con él; después de una fuerte pelea en las vacaciones de verano de su primer año en Hogwarts, donde se reclamaron múltiples cosas, habían decidido ignorarse en mutuo acuerdo y ninguno dio tregua durante los últimos cuatro años, al menos hasta hace unos minutos, cuando viéndole tan malherido y agotado eligió tragarse su orgullo y entró para saber como estaba.

Un par de las fuertes carcajadas caninas de Sirius se dejaron escuchar en eco por las largas paredes de piedra, Regulus y el viejo elfo se miraron asustados por unos segundos, tanto por el repentino cambio de humor en el siempre inestable primer hijo como por el temor a haber despertado a la mujer de la casa.

— Puede ser— Sirius terminó diciendo, su voz ronca al no haberla usado con tanta fuerza ya en unos días— Pero no creo poder seguir soportando esto, Reg. Sé que estoy algo mal de la cabeza, como todos los que llevan el apellido "Black" a sus espaldas, por eso que no voy a quedarme y hacer alguna estupidez, o en todo caso provocar que tu madre me corte la cabeza y la luzca junto a las de los elfos— respondió burlesco, mofándose de esa perturbadora tradición que tenía su familia para con los elfos ya demasiado viejos.

— Si escapas ellos van a desheredarte, Sirius— le contestó Regulus, sin saber porqué sonaba tan agobiado al intentar convencerlo para que se quedara.

— Ya lo sé, pero el tío Alphard prometió apoyarme con mis gastos escolares, además, puedo trabajar durante las vacaciones para obtener dinero y pagarme lo que necesite, puedo hacerlo para ambos, sé que si decides venir conmigo no tendrás el estilo de vida lujoso que tienes ahora, pero serás libre y mucho más feliz de lo que eres en este momento— dijo, sus ojos clavados en los de su hermano brillaban en la más pura de las intenciones, brindándole al menor una dulce promesa que no estaba seguro si sería arriesgado tomar.

Después de todo, creer sin más no sería muy Slytherin de su parte.

Regulus Black volteó la mirada hacia un costado, no soportando un segundo más de aquel precioso contacto; permaneció en silencio, analizando sus opciones junto a las posibles consecuencias en cada una de ellas, incluso pidiendo ayuda silenciosa a su buen amigo Kreacher, quien sin mediar palabra le dejó por sentado, con un casi imperceptible movimiento de hombros, que la decisión sería suya.

— ¿Cuándo te irás?— preguntó tímidamente.

— Antes del amanecer, tomaré el noctámbulo hasta el Londres muggle

— ¿Tan pronto? ¿Ni siquiera me darás tiempo para decidir?

— No tienes que venir hoy, puedes pensarlo todo lo que quieras

— Bien yo... te diré mi respuesta más tarde, supongo— aspiró, el aire entrando tembloroso entre sus labios— ¿Por qué no vas directamente a casa del tío Alphard en vez de caminar desde el Londres muggle?

— No quiero que se enteren que me está apoyando, eso lo metería en problemas, simplemente rentaré un cuarto en alguna posada del Callejón Diagon hasta el final de las vacaciones y hablaré con los Potter para explicarles la situación, de todos modos, me han insistido para que me vaya con ellos desde hace un par de años

Regulus se quedó pensativo un instante— ¿Por las marcas en las muñecas que te llevaste de castigo en tercer año?

— ... Sí, la señora Potter se puso furiosa cuando se dio cuenta, incluso quería ir a maldecirla, entre su esposo, James y yo tuvimos que detenerla y convencerla de que no estaba pensando con claridad— relató sin ganas, viéndose, de repente, completamente hastiado de su violenta situación familiar— Como sea, debería comenzar a empacar— dijo, dio una rápida mirada a su alrededor, admirando cada objeto, mueble y decorado que robaba espacio en esa habitación, guardó en su memoria el cambio de color en las paredes a un rojo oscuro acompañado de bonitos detalles dorados, los múltiples póster de motocicletas, bandas de rock y chicas muggles en trajes de baño, las pancartas de Gryffindor, revistas de Quidditch, las costosas túnicas abandonadas con nulo uso... A su hermano, viéndole curioso desde su incómoda posición allá en la alfombra.

Sí, definitivamente extrañaría un par de cosas ahí.

— Ey, Reg, deberías irte a la cama, mañana te espera una charla muy larga— Sirius se burló en son cariñoso de la muy segura reprimenda que tanto Walburga como Orion le darían a Regulus por su culpa.

— Por supuesto, luego de tu asombrosa huída a mitad de la noche voy a tener que acostumbrarme a que me respiren en la nuca— el muchacho respondió irónico; rodó los ojos con fastidio, se levantó del suelo con un salto, ordenando a Kreacher en voz baja que llevara el cofre a su habitación y se fuera a descansar.

— ¿Lo lamento?

— No, no lo haces— Tras sacudirse el inexistente polvo de sus pantalones, Acturus se acercó, decidido, hasta su hermano mayor. Sirius se encogió en su lugar, esperando un golpe lo suficientemente fuerte que se cobrara todo el martirio por venir para su hermanito, no obstante, para su grata sorpresa, un rápido abrazo sobre sus hombros le dejó la mejor sensación que había tenido hasta entonces.

— Regul-

— Si te vas a ir antes del amanecer, hazlo en silencio, no quiero desvelarme más de lo que ya estoy haciendo; a comparación de ti, yo sí tengo cosas que hacer— espetó rápidamente. Dicho eso salió apresurado de la habitación, cerrando la puerta cuidadosamente, esfumándose como una exhalación fugaz que no dejó nada tras sí que pudiera corroborar su estancia en el lugar, o al menos no algo tangible, pues dentro de Sirius se llenaba poco a poco un pequeño vacío que no sabía, tenía.

Mientras iba caminando de regreso al propio dormitorio, Regulus escuchó un pequeño ruido de aparición tras él, sabiendo bien de quién se trataba, sin voltear le hizo una seña con la mano para que le acompañara; una vez en la seguridad de su cuarto se dio el lujo de tirarse sobre la cama con los brazos cruzados detrás de la cabeza, agotado emocionalmente y muerto de sueño dirigió su mirada entrecerrada al elfo que le veía nervioso desde la puerta.

— ¿Qué sucede? Te dije que podías ir a descansar, no quisiera que mis padres te amonesten mañana por verte algo apagado— comentó afable.

La pequeña criatura jugueteó con sus dedos durante unos segundos, mirando hacia el suelo y sin saber cómo abordar con Regulus el tema que le estaba dando vueltas en la cabeza desde hacía ya un buen rato.

— ¿Los señores de la casa van a castigar al joven amo por lo que el amo Sirius va a hacer?— finalmente inquirió.

— Claro, tienen que asegurarse que no se me ocurra imitar sus acciones— respondió sin emociones, restándole importancia al asunto, después de todo, no sería muy diferente a su educación usual, quizás un poquito más dura pero eso era algo que él podría soportar.

— ¿Y si usted les dice que va a escaparse de la noble morada de los señores, entonces no le castigarían?

— Kreacher— le llamó, su nombre dicho con una seriedad como la que nunca antes había usado con él.

— ¿Sí, amo?— respondió, volteando a verle casi con miedo.

— Entenderás que madre no debe enterarse sobre esta conversación ¿Puedo contar contigo?

Kreacher sacó el aire de sus pulmones en un bufido inconforme, no deseaba que lastimaran al único amo en la familia Black que le había tratado con un poco de cariño, le consideraba tanto un ejemplo a seguir como un amigo; su papel como elfo doméstico le gritaba avisara a la matriarca de la casa sobre semejante falta de respeto, no obstante, el fiel compañero que era para Regulus Acturus lo obligó a asentir con la cabeza, sellando su promesa.

— Por supuesto que sí, amo

Por su parte, el primogénito de los Black se quedó un par de minutos petrificado en donde estaba, sentado en silencio, disfrutando con su olfato ahora mejorado -gracias a Canuto- la fresca y costosa loción de su hermano menor— También te quiero— soltó al aire cuando fue capaz de escapar de su estado ensimismado.

Con un lento movimiento se puso de pie, rebuscó entre algunos cajones hasta dar con aquel donde habían guardado su varita, Walburga se la había confiscado cuando recién discutieron, pero decidió regresársela cuando lo vio demasiado débil como para lograr hacer magia; comenzó a vocalizar hechizos básicos para mover las cosas, sacando dos maletas de viaje junto a una mochila muggle para empezar a llenarlos de ropa y objetos que pensaba eran importantes, como sus discos de vinilo, cartas intercambiadas con sus amigos los años anteriores y joyas de la familia que por supuesto no pensaba devolver. Revisando estas últimas encontró algo que, poniéndolo en perspectiva con lo que estaba a punto de hacer, ya no le pertenecería más.

— Kreacher— susurró entremedio a la oscuridad.

Un ruidito de explosión se oyó justo frente a la puerta, donde ahora estaba el siempre gruñón siervo refunfuñando en voz muy baja.

— ¿Sí, amo?— preguntó con desdén; Sirius quiso golpearlo, pero no creía tener la fuerza suficiente en ese momento, simplemente se acercó a él y extendió la mano con la palma hacia arriba, dejando que la poca luz presente en el sitio iluminara el viejo anillo de plata que se heredaba a cada hijo primero en la línea familiar.

— Dáselo a Reg, dile que ahora es suyo

Impresionada, la criatura tomó la pieza entre sus delgados y temblorosos dedos, admirándola un poco antes de meterla en un bolsillo mal cosido, ubicado a un costado de la vieja bata que traía puesta— Como ordene— respondió, ahora mucho menos arisco que antes, y volvió a desparecer con un pequeño pop.

A la mañana siguiente Sirius se había ido. Walburga encontró las paredes de la sala principal llenas de notas con palaras vulgares, fotos de vehículos muggles y chicas en bikini posando sobre algunos de ellos.

Sirius se reía mientras pensaba que esa había sido una maldita genial despedida.


[Etimología]

Gehena: (en griego: Geena (Γεέννα); en hebreo: Gai Ben Hinnom (גיהנום, valle de Hinón) En el judaísmo, el infierno es un lugar de purificación para el demonio, en el que la mayoría de los castigados permanecen hasta un año, aunque algunos lo están eternamente.

[N/A]

Sí, bueno, espero que esta parte haya quedado decente, no tuve muchas oportunidades para escribir durante el mes, así que aproveché la desvelada que me puse con el BANGBANGCON 2021 de mis poderosísimos BTS para escribir un poco mientras veía los conciertos 3 ya el resto fue durante los últimos días que anduve a contrarreloj.

Como sea, dividí el capítulo en dos partes porque quedó larguísimo, y si puedo ahorrarme una parte para publicarla en un mes y procrastinar a gusto los próximos treinta días, entonces lo haré :^)