Disclaimer: Los personajes de este fanfic le pertenecen a J.K Rowling.

"Este relato participa en el Reto Reggaetón Mágico Vol. 2 organizado por TanitBeNajash"

Booty - C. Tangana & Becky G: Red Dragon (Charlie ft Draco)

Este fic fue beteado por la extraordinaria Yoe que edito el escrito más rápido que la luz permitiéndome así participar en el reto. ¡Mil gracias linda!

Es un AU donde Draco es estudiante de Durmstrang y no se menciona la segunda guerra mágica. Espero que lo disfruten, ¡besos!


El pozo del dragón

Un empujón a su mesa, una bebida derramada y algunas risitas disimuladas.

—¿No piensas disculparte? —pregunta Charlie molesto viendo cómo los papeles importantes que estaba examinando se habían empapado.

El joven hace un vago gesto con la mano, sin siquiera dedicarle una mirada, que puede significar cualquier cosa excepto una disculpa. El pelirrojo frunce el ceño de mal humor, pero lo deja estar, con un movimiento de varita limpia el desorden e intenta secar los pergaminos mojados, hace un gesto con la mano al camarero para que le sirva un nuevo vaso de licor, y entonces comete el error de centrar la mirada en el muchacho para inspeccionar la apariencia de su agresor; no puede ver su cara, pues está de espaldas, tiene la cabellera rubia, los hombros anchos, la cintura delgada y cuando baja la vista más hacia el sur, ahí, atrapado en un ajustado pantalón negro, un respingado trasero.

No puede apartar la mirada, lo intenta, por Merlín que lo intenta, pero una y otra vez sus ojos azules son atraídos como un imán hasta él. La forma en la que su cuerpo se desliza entre las mesas, moviendo cadenciosamente sus caderas, lo tienta sobre manera; sacude la cabeza para alejar las impertinentes ideas, él no está ahí para eso y debe concentrarse en su tarea de rastreo.

Ese día más temprano, los encantamientos localizadores lo habían guiado hasta aquel pueblito mágico al norte de Suecia; lo que le pareció extraño, ya que los dragones no tienden a acercarse a las localidades habitadas por humanos. Charlie está casi seguro de que la criatura que busca se trata de un hocicorto sueco, sin embargo, le inquieta el color de la escama que acababa de encontrar en el espeso bosque montano que circundaba la zona, pues en lugar de ser azul plateado —color característico de aquella especie—, el apéndice resultaba blanco, casi transparente… «¿Será alguna especie de hibrido?» se pregunta el pelirrojo tomando la escama de la mesa y examinándola con atención.

Las risas en el otro extremo del pub le hacen perder la concentración una vez más: un grupo de jóvenes demasiado escandalosos beben jarras de cerveza mientras cantan una canción que le suena a himno escolar, y ahí está otra vez aquel muchacho rubio con un trasero de infarto moviéndose provocativamente delante de sus compañeros; parecía estarse burlando de la canción, convirtiendo el solemne cántico en un baile lascivo que sus amigos celebran con vítores.

El hombre niega con la cabeza, exasperado. ¿Por qué en nombre de Morgana se estaba sintiendo atraído por un chiquillo que se entretenía en hacer el tonto? Probablemente se debiera a que había pasado demasiado tiempo enclaustrado en la reserva, sin ningún otro contacto que el de sus hoscos compañeros y peligrosos dragones. Estaba agradecido porque le hubieran asignado esa tarea, necesitaba cambiar de paisaje, pero no contaba con que el caprichoso dragón lo hubiese embarcado en una travesía demasiado larga; siempre que sentía que estaba cerca, la criatura daba un giro inesperado llevándolo así desde Rumania hasta Suecia. Agotado por el largo trayecto había optado por rentar una habitación en "El pozo del dragón" que además de pub era hostal en la parte de arriba del edificio.

Charlie no logra darse cuenta que seguía con la vista clavada en el joven, hasta que uno de los acompañantes de este lo señala y el rubio gira la cabeza sin disimulo para verlo directamente, el pelirrojo traga saliva y pone cara de "aquí no pasa nada" fingiendo estar distraído en sus pensamientos, pero al parecer lo de fingir no se le da muy bien porque las facciones del rubio se convierten en una sonrisita presuntuosa, y la burla brilla en sus ojos grises.

Al verse descubierto, el dragonologista no puede hacer mas que sonreír con galantería, provocando que el rubio levante una ceja y su sonrisa se curvee un poco más. Alentado por el gesto, Charlie guarda los papeles y la escama de dragón en el maletín que lleva consigo y se levanta en dirección al joven. «De cerca luce incluso más atractivo» piensa Charlie; facciones afiladas, labios delgados y ojos grandes.

Draco deja que el hombre pelirrojo se acerque un poco más antes de ir a su encuentro, alejándose de sus ruidosos amigos. Al rubio le gusta la forma apreciativa y hambrienta con la que lo mira aquel desconocido, su cabello largo, rebelde y pelirrojo le da un aire salvaje a aquel rostro pecoso. Le había gustado desde que entró en el pub esa tarde; cómo el hombre parecía demasiado concentrado en su trabajo opto por una manera de llamar la atención que casi siempre daba resultado, el estudiante de Durmstrang sabía perfectamente cómo usar sus atributos a su favor.

—No te había visto antes por aquí, ¿estás de visita? —comenta el joven.

—Podría decirse, sí —contesta Charlie.

—¿Dónde te estás quedando? —pregunta el rubio.

—Aquí mismo.

Draco sonríe.

—¿Quieres mostrarme tu habitación?

—Claro.

Los hombres suben las escaleras del pub. Draco se siente exultantemente emocionado; es la primera vez que hace algo así «una aventura de una noche —¿o de día?— con un desconocido» piensa el rubio divertido. Bien, son las cuatro de la tarde, en sábado, cuando los estudiantes de Durmstrang tienen permiso de salir al pueblo mágico cercano al colegio. Charlie por su parte, siente el corazón desbocado y las manos sudorosas, ¿cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que tuvo sexo? Demasiado, eso es seguro. El mayor abre la puerta de madera y ambos se sumergen en la semioscuridad de la habitación.

Nada más cruzar la puerta unen sus labios en un beso caliente y desesperado, caminan a trompicones hasta la cama individual que hay en el cuarto, sin importarles mucho si son o no más ruidosos de lo necesario. Se separan un segundo para quitarse las botas; Charlie aprovecha la pequeña interrupción para sentarse en la cama recargándose en la cabecera, el joven lo sigue sentándose a horcajadas en el regazo del dragonologista. Sus bocas vuelven a encontrarse, el mayor saborea el gusto a cerveza de mantequilla de la boca del rubio cuando sus lenguas se frotan juntas. Las grandes manos del pelirrojo se dirigen al trasero del joven apretando sus nalgas con gula, Draco gime quedamente en medio del beso y se pega más al cuerpo contrario haciendo que sus entrepiernas se toquen por primera vez, ambos sueltan un siseo de placer.

Sintiendo el calor creciendo en su interior Draco se quita la chaqueta negra de piel y la bota en el suelo, Charlie retira las manos del trasero de su amante y con presteza comienza a desabrochar los botones de la camisa del rubio del primero hasta el último descubriendo sus hombros. La poca luz del sol que se filtra por las persianas cerradas le permite a los ojos azules contemplar la inmaculada piel blanca del joven, sus ojos se centran repentinamente en el collar que el muchacho lleva en el cuello: un triángulo divido en dos por una línea recta y a su vez dentro tiene un círculo.

—Las reliquias de la muerte —susurra el pelirrojo.

—¿Hay algún problema con eso? —pregunta Draco mirándolo con aprensión.

Charlie se muerde el labio inferior y finalmente dice:

—No.

—Bien.

El dragonologista se quita el abrigo, que en ese momento le estorba demasiado, Draco lo ayuda en su cometido tomando la prenda y arrojándola contra la pared, jala el suéter color arena del mayor y, tirando hacia arriba junto con la camisa, deja el torso del pelirrojo completamente desnudo. Los ojos grises se abren con sorpresa al ver todas las cicatrices de quemaduras que adornan el torso de su amante; dirige sus delgados dedos hasta la más grande que va desde la clavícula hasta el ombligo.

—¿Duele? —pregunta el muchacho.

—No, es vieja.

Draco asiente y continúa repartiendo caricias por esa extensión de piel maravillándose con la textura que siente en sus dedos. Charlie, aunque estaba disfrutando de las atenciones del rubio, lo que quiere en realidad es que el muchacho ponga ese delicioso culo encima de su cara. El mayor le da un rápido beso en los labios a su amante y le murmura:

—Date la vuelta.

El rubio sonríe y obedece. Charlie convoca su varita con un accio y hace desaparecer el resto de las ropas de ambos, entonces puede ver el bonito y cremoso trasero del muchacho, lo estruja con ambas manos deleitándose con la suave sensación entre sus palmas; Draco al sentir las manos calientes y ásperas se muerde el labio inferior, sintiendo como su pene da un brinco de excitación, se inclina hacia adelante para darle a su amante una mejor vista de su culo, cosa que Charlie agradece.

El pelirrojo le da un par de palmadas al menor dejando la piel enrojecida, dejando una combinación de colores en el redondeado trasero que es simplemente perfecta, antes de enterrar su cara justo en medio de ambas nalgas. Draco siente cómo el mayor le da el beso negro más apasionado del mundo, su lengua dibuja círculos en su entrada, primero con rapidez luego más lentamente, para luego adentrarse en él con suavidad; sin poder evitarlo el rubio comienza a gemir desesperado, en cuanto el hombre comienza a succionar con una pasión indescriptible; si eso se prolongaba, el rubio no está seguro de poder aguantar mucho más, por lo que se aparta de su deliciosa lengua para rodar su cuerpo y quedar frente a él.

Queriendo retribuir las atenciones dadas, Draco toma el pene de su amante y el suyo propio, comenzando a frotarlos uno contra el otro con un a cadencioso ritmo vehemente, utilizando el preseminal de ambos como lubricante. Charlie exhala un suspiro de placer que Draco nota cuando llega a su sensible piel, llegando finalmente al orgasmo. El pelirrojo baja su mano derecha para reanudar las caricias que su amante había suspendido y, al sentirse muy cerca, muerde la nalga derecha del joven provocando en él un quejido excitado.

—¡Dracoooooo! ¿Dónde estás? —grita una voz femenina que proviene del pie de las escaleras.

El rubio levanta la cabeza cuando escucha su nombre.

—¿Te llamas Draco? —pregunta el pelirrojo.

—Sí —confirma el rubio levantándose de la cama.

—Un placer, soy Charlie —se presenta el dragonologista.

—Charlie, ¿te importaría lanzarme un encantamiento de limpieza? tengo que irme ahora —pide Draco.

—Por supuesto.

El ojiazul levanta la varita y un instante después Draco ya estaba limpio. El rubio se apresura a vestirse para luego salir de la habitación dando un portazo. Charlie pudo escucharlo detrás de la puerta gritarle a su amiga que se callara la boca, que a iba para allá.

Tres días mas tarde, cerca del lago que se encontraba en el centro del bosque montano, ¡por fin! Charlie encontró al dragón que estaba buscando, bebiendo de las aguas cristalinas. Se acercó lentamente al animal, era realmente hermoso, sus escamas plateadas brillaban a la luz del sol, había tenido razón desde el principio, era un hocicorto sueco ¡albino! Ni más, ni menos. Una campana sonó en el interior del bosque y la criatura levantó la cabeza en su dirección.

Los ojos grises de la bestia lo miraron con una intensidad inquietante y por un instante Charlie pensó en dejarlo ir, pues la claridad de esa mirada le recordó al rubio con quien había pasado momentos maravillosos. Pero era demasiado tarde, en un acto reflejo el pelirrojo había tocado el medallón que invocaba a sus colegas de la reserva y un segundo después, seis expertos dragonologistas rodearon a la criatura armados con varas de acero, redes de contención mágicas y enormes cadenas.

El rugido que emitió el gran dragón de color plata al verse sometido, hizo que a Charlie le recorriera un escalofrió desagradable, se acercó a la hermosa criatura y tontamente pensó que el parecido con el que fue su amante era demasiado.

—¿Draco? —preguntó en voz alta. Sus colegas lo vieron como si se hubiera vuelto loco y tal vez era cierto.

—¿Qué? —preguntó una voz a sus espaldas.

—¡Chico! ¡no puedes estar aquí! —reprendió una de sus compañeras que era experta en adiestrar dragones.

—No, ustedes no pueden estar aquí, estos terrenos son propiedad privada —replicó el rubio.

—¿De qué hablas? —preguntó Charlie perplejo.

—Esto es Durmstrang y ese dragón es nuestro.

—¡De ninguna manera!, ¡nosotros…!

—No voy a discutir con ustedes, los llevare a ver al director —interrumpió Draco.

—Entonces vamos —aceptó Charlie.

Después de asegurar que el dragón estaba cómodo y completamente seguro con las cadenas, el grupo encabezado por Draco y Charlie desfiló por el bosque montano en dirección a la escuela de magia y hechicería.

—Nos volvemos a ver —susurró Charlie.

—Así parece —respondió Draco en el mismo tono.

—Tal vez puedas darme tu apellido y dirección para poder enviarte cartas.

Draco le sonrió.

—Tal vez.