Disclaimer: No soy Jotaká ni Warner. Inherentemente Harry Potter no me pertenece.

Esta compilación participa en el "Reggaetón Mágico Volumen 2" organizado por TanitBenNajash.

Canción: Pobre diabla — Don Omar.

Pairing: Nottgrass ft. Lisa Turpin.

Palabras: 933.


COMO SI NADA.

...

SIN GRITOS. SIN VARITAS.


«Pobre diabla llora por un pobre diablo».


La tinta se desliza de la punta de la pluma: cae sobre el pergamino de forma lenta, una bola perfectamente redonda que al caer deja una gran huella negra.

Una gran huella negra.

—¿Se encuentra bien, jefa?

Tu subordinado está frente a ti, no puedes cometer estupideces. Ya deberías haber aprendido, ¿cuánto tiempo ha sido con él? No importa el número: se siente como toda la vida.

—Solo un poco de agotamiento, Lupin —respondes, agregando una sonrisa cansada que no es tan falsa como te gustaría. Sacas una nueva orden de cateo y la firmas sin vacilaciones, sin huellas negras—. Tenga. Me informa apenas el Jefe Potter se la firme.

—¡Claro, jefa! Esta vez todo saldrá bien, se lo aseguro. Detendremos esa red de tráfico.

"Esta vez todo saldrá bien". La frase se te hace demasiado cercana, demasiado fácil de pronunciar, sin verdadero sentido de la honestidad. Lupin se marcha sosteniendo el pergamino como si fuese fuego griego y estuviese listo para quemar a sus enemigos sin contemplación. Lupin debió ser auror, estar bajo las órdenes de su padrino, pero no es así. Es un empleado más en la oficina de Criaturas Mágicas, está bajo tus órdenes. Desafió lo que se esperaba de él.

¿Qué se sentirá? No desafiar tu "destino", eso ya lo has hecho. Llevas décadas empujando contra lo que los demás esperan de ti. Llevas tanto tiempo escupiendo en las expectativas del resto que hace tiempo sientes la garganta seca. A lo que te refieres es a cómo se sentirá estar con alguien así: irreverentemente necio, lo suficientemente estúpido y valiente para poner la otra mejilla, guiándose bajo principios de lo que está bien y lo que está mal.

Alguien que no fuese una maldita huella negra.


La arcada llega en medio de la oficina. Igual las lágrimas. Es una costumbre de mierda con la que has vivido treinta y ocho años. Vomitar y llorar. Ni siquiera la vergüenza de que tus subordinados te vean en semejante estado detiene a las lágrimas. O a las náuseas.

Vomitas la cena y el desayuno. Vomitas rabia y sueño. Vomitas incertidumbre de años. También lágrimas. No se van. Incluso cuando ya no hay nada más que salga de tu garganta ellas no se van. Te sientas en el piso, pese a que siempre has dicho que para ser la institución gubernamental con más inri sus baños son una mierda aromatizada. Tienes suciedad en la barbilla y surcos de rimel en las mejillas.

El medimago te lo advirtió. Mientras más se acerque la fecha tu magia más inestable se hará. Es el peso de cargar dos fuentes mágicas en un solo cuerpo.

Dos fuentes mágicas.

La tuya.

La de tu hijo. No de él, jamás será de él. Solo tuyo.


No te vas a esconder como una rata. No más. Ha sido años de vivir en los márgenes, en los pasillos oscuros, en lo profundo de la noche.

No más.

Las puntas del cabello te pegan en la nuca, el sonido de los tacones se te antoja confortable y amenazador. Tu misma te sientes diferente. ¿En qué momento? ¿cuándo ocurrió lo que Ernie tanto suplicó en su adolescencia? ¿cuál fue el momento crítico? No lo sabes, han sido seis meses de silencios externos y gritos internos. Han sido treinta semanas de noches en vela, manos temblorosas y acidez que nada tenía que ver con las famosas "náuseas del embarazo". Han sido veintitrés años con una huella negra que de repente se ha ido destintando.

Las protecciones de la casa te reconocen y permiten la entrada. Qué orgullo y satisfacción sentiste la primera vez que ocurrió, qué felicidad te embargó por quince minutos antes de saber que ya no eras considerada una amenaza importante ni merecías la cortesía de abrirte la puerta.

"Está bien. Así es él". Cómo te gustaba usar esa carta. La sacabas ante la mínima irregularidad. "Así es él" en las semanas sin noticias. "Así es él" en las noches que no querías, pero tenías tanto miedo de perderlo que igual abrías las piernas (¿o te las abrían?). "Así es él" en las amenazas veladas y frontales ante la mínima cercanía de otro. "Así es él" en los días imposibilitada sin tu varita, porque lo hacías enfadar con tu magia en su hogar. "Así es él" cuando le importaba entre nada y una mierda que otros de tocaran o lastimaran en sus propios ojos, cuando él mismo te orillaba a esa situación. "Así es él" cuando presionaba una y otra vez en la herida que prefiriera. "Así es él" cuando veías la satisfacción en su cara ante el dolor en la tuya. "Así es él" en su brazo unido al de Greengrass. "Así es él" porque tu apellido sucio jamás podría relacionarse con el Nott. "Así es él" en la satisfacción e interés de cuando tenías que tratarte todo tu orgullo frente a ella. "Así es él" cuando permitías que Daphne Greengrass te usará como le apeteciera porque era la única forma de tenerlo.

El "así es él" ya no es suficiente. Ya no te vale lo mismo. El "así es él" te servía para ti, pero no te funciona para tu hijo.

El "así es él" te tiene en su casa, pero no para dejarte pisotear hasta romperte un poco más. El "así es él" te ha enseñado que solo hay una forma de herirlo.

Sin varitas. Sin gritos. Solo se necesitan unas pocas palabras.

—Me voy. Ya no me eres suficiente.

Sin varitas. Sin gritos. Solo una cuchillada metafórica en su imperturbable expresión.

Sin varitas. Sin gritos.

Dejándolo con Greengrass.


Miren, yo no creía que esto iba a ser posible. Estos OS salieron de mi vena masoquista y Slytherin que no me permitió rendirme sin presentar algo. Estos OS se los dedico totalmente a Tanot: gracias por el reto de reggaetón, gracias por devolverme las ganas de escribir, gracias por aguantar mis movidas raritas y escritura embeces fatal. ¡Gracias por todo, Tanit de la casa Zabini!

Besos,

Carly.