Disclaimer: los personajes no son míos, la historia sí.

oOo

Inesperadamente, aquel día, Hans se encontró conmigo en mi departamento.

—De acuerdo.—, resopló con una ligera tensión en su voz mientras arrojaba su saco sobre el sofá.

No queriendo ver su sudorosa ropa regada en mi sofá, tomé su prenda y le ayudé a enganchar su prenda a la barra de madera que estaba cerca del sofá y la puerta de salida de mi departamento.

Todavía no podía creer que estuviera realmente aquí, en Nuevo Orleans.

Esta vez había sido mi turno y de alguna manera me las arreglé para convencerlo de que me llevara al centro comercial.

—Escucha. Afuera hay de todo y créeme que la gente es tan vulgar que me dan ganas de no exponerme ya casi…—, me recalcó mientras se dirigía al sofá que tenía, para descansar.

—Lo sé.—, le recordé mientras descansaba.

Finalmente aceptó, aunque de mala gana. Por mucho que me encantara pasar tiempo con mi hermana, con Rapunzel, con Kristoff, con Eugene y con Jack, había estado atrapada en casa de mi prima durante semanas y necesitaba urgentemente un cambio de escenario y un descanso muy necesario.

Eran unos comandos incesantes que me daba a mi misma. No me malinterpreten, soy una buena persona y, por supuesto, debo mantenerme a raya en todo, eso sí, todo ordenado y todo limpio.

Las labores sin lugar a dudas requieren determinación y dedicación, pero pueden ser demasiado estresantes a veces.

—Oye, ¿qué dices si conseguimos algo para comer en el centro comercial?—, le sugerí, sabía que no estaba del todo listo para salir a la calle, todavía no. Además, a pesar de su mal genio y su personalidad grosera, disfrutó muchísimo de la compañía de Hans, y muy bastante para ser honesta.

Supongo que no compartió mi sentimiento.

Hans, era mi compañero, un hombre tan sexy como él, dejaba a las chicas con las bragas tan húmedas como una gotera.

Él me miró bajo su característico semblante. No dijo nada. Sus ojos hicieron todo al hablar, —¿Olvidaste todo lo que dije antes?—.

No estaba dispuesta a rendirme tan fácilmente, —No sé, pero necesito algo que no sea algo que suelo preparar, no es que tenga nada de malo que prepare algo, solo que…—, sin más, levanté los brazos a la defensiva y finalice con, —Soy malísima cocinando, además de que todo me sabe igual y como ya estoy desesperada…—.

Hice un gesto en dirección hacia la calle.

Hans medio giró la cabeza en la misma dirección.

Un ligero ladeo en su boca denotaba que estaba considerando mi propuesta.

Sabía que apreciaba mi esfuerzo por alimentarnos pero el brillo en sus ojos cuando mencioné que era malísima me dijo que no estaba exactamente en desacuerdo.

No es que le importara mucho.

No era exactamente un quisquilloso con la comida.

Entonces, metí mi mano en mi cartera hecha a mano y saqué un par de dólares.

—Mi regalo. ¿Qué dices?—, le pregunté al mostrarle una cantidad suficiente y algo considerable de dinero.

Hans soltó una carcajada y se ajustó su camisa como si fuera un saco.

No me rechazó la propuesta gratuita.

—Está bien, Elsa, estoy de acuerdo.—, me dijo en tanto se levantaba del sofá.

—Sabes, que también con esto me estás comprando una cerveza…—, me señaló mi pequeña mano que sostenía el dinero.

—De acuerdo.—, concluí mientras lo vi avanzar hasta la salida de mi departamento y mientras tomaba su saco que coloque en el mueble.

Introduje los billetes en mi bolso y nos dirigimos hacia el restaurante de la pequeña ciudad, escondiendo durante el transcurso, mi sonrisa detrás de los mechones que caían de mi moño desordenado.

Al instante noté que mi compañero de viaje cocinaba una sonrisa autoritaria pero divertida.

—Estás de muy buen humor hoy.—, me comentó mientras conducía mi auto.

—Oh, estar de buen humor es horrible, ¿eh?—, bromee.

Ante eso, Hans dejó escapar un sonido que fue una extraña combinación de diversión y molestia.

—Supongo que mostrarme un montón de dinero te hace mejor que yo…—, me comentó.

—Quizás no deberías hablar de eso demasiado alto.—, le pedí, pero creo que no me tomo en cuenta, debido a que solo estábamos nosotros dos y no había nadie que nos pudiera escuchar en el auto.

—Si, tienes razón.—, admitió poco después de pasar por una caseta de cobro.

A decir verdad, no era un mal hombre.

Personalmente haberlo conocido fue algo totalmente lindo.

Recuerdo cuando pasaba por una situación desesperada y con falta de alternativas económicas.

Ayudé a Hans en su oficina y conseguí ganar reputación en su empresa.

Sabía manejar un arma gracias a Eugene, quién anteriormente era mi ex novio.

Los hombres como Hans y Eugene les tenía respeto, después de todo, me había salvado la vida el hermano de Hans, siendo así algo que perdidamente admiraba.

Jure que me iría algún día. Sin embargo, ahora que finalmente tenía dinero más que suficiente para empezar de nuevo en otro lugar, ni siquiera podía pensar en dejar a Anna, Rapunzel, Eugene, Kristoff, Jack, Raya, mi padre Agnar, Lars, Caleb, Tiana y mi abuelo Runeard.

También al hombre que iba a mi lado, no sé si podría dejarlo y…

En ese instante mi corazón comenzó a martillear muy fuerte contra mis costillas. No era perfecto, cierto, pero no se podía negar que me había encariñado bastante con el.

—Espero no tardarme, quiero regresar más temprano, ¿de acuerdo?—, la voz ronca de Hans me sobresaltó y me sacó de mi tren de pensamientos mientras nos acercábamos a la entrada del restaurante y centro comercial.

—Entendido.—, afirmé.

Una vez que llegamos y ordenamos nuestros platos, esperaba comer en silencio, pero para mi sorpresa, Hans habló lo suficiente como para mantener una conversación informal, preguntándome sobre mi vida pasada, lo que me llevó a hablar sobre mi pasión por los libros.

Después de nuestra comida, me dirigí al mostrador para pedir algo de helado mientras Hans se dirigía a la puerta de salida para fumar.

En ese instante afuera, vi como una chica de cabello castaño se le acerco, y no perdió el tiempo preguntándole si quería algo de diversión por la noche o una cita.

¿Ya era tan tarde?

Supuse que llevábamos sentados más de lo que pensaba mientras comíamos.

Estaba a unos pasos de distancia, pero lo suficientemente cerca para escuchar la conversación.

Para mi alivio, Hans declinó cortésmente su oferta.

¿Por qué me sentía aliviada de que la rechazará?

¿Qué me importaba si Hans se comprometía con pasar la noche con cualquier chica atractiva?

Seguramente no era asunto mío.

La señorita no pareció aceptar un no por respuesta y Hans se negó por segunda vez.

Lentamente me dirigí hacia la puerta, sin saber si interferir o no.

Puede que no sea de mi incumbencia, pero habíamos llegado juntos y si de repente decidía irse con esa mujerzuela disfrazada de chica universitaria...

—Sabes que seré tuya, y me harás gritar hasta no poder…—, le replicó en un tono lleno de seducción pero también lleno de burla.

—Oh, sí…—, agregó mientras la mujerzuela se le restregaba lentamente.

—Eh, cariño. Creo que es hora de que nos vayamos.—, intervine, apenas salvando a Hans antes de que cediera ante ella.

—¡Oh, no lo sabía…! ¿por qué no me dijiste que estabas casado?—, le dijo la chica una vez que se enojo y me miró.

—Yo…—, respondió Hans algo confundido.

—Vamos, cariño.—, en eso miré a mi falso marido a los ojos y lo conduje hacia el estacionamiento. —No llames la atención, recuerda…—.

—Fiu, gracias.—, me dijo, Hans visiblemente molesto una vez que entramos al estacionamiento del lugar.

—¿Deberías pagarme? ¿En serio?—, me burlé mientras compartía mi puñado de nueces y bizcochos que había comprado.

Hans se encogió de hombros y me dedico una leve sonrisa, —Una dama nunca acepta un no por respuesta.—, murmuró entre masticaciones.

Me reí.

—Entonces, ¿lo habrías hecho?—, le pregunté recordando la insinuación de esa cualquiera.

—Creo que no—, me respondió pensando por unos segundos.

—Si una mujer estuviera dispuesta a pagarte, ¿lo harías?—, replique mi interrogante.

No tenía idea de porque había hecho una pregunta tan delicada con tanta franqueza. Tenía la costumbre de hablar antes de pensar cuando estaba excitada, agravada o agitada. No era mi lado más encantador, tuve que admitirlo.

Ante eso, Hans dejó escapar una risa seca.

—¿De verdad crees que alguien estaría dispuesto a pagar por mí?—, me comentó mirándome con sarcasmo.

—Está bien, pero hipotéticamente, si alguien lo estuviera, ¿tú lo harías?—, agregó, sin siquiera dejar de mirarme e incomodarme.

Estando a mi lado, bajó la cabeza y me ordenó con delicadeza, —Súbete, deberíamos regresar mientras el sol todavía esté.—.

No sé por qué, pero decidí convertirme en mi propia misión para averiguar qué tan ansioso estaba Hans por ganar dinero.

Dentro del auto, tome unos billetes de un dólar de mi bolso.

Y con mi corazón latiendo con fuerza, esperé hasta tener su atención absoluta. Luego levanté los billetes frente a un perplejo Hans Westergaard.

—Cinco.—, le dije.

—Disculpa, ¿qué?—, me preguntó, muy concentrado por la carretera y confundido.

Una rápida mirada a mi alrededor para asegurarme de que nadie estuviera dentro del alcance auditivo, cerré mis ojos color agua celeste, y asegurándome de que tomara en cuenta el dinero en mi mano, le dije, —Cinco dólares por tu, eh, compañía. Servicios. O, lo que sea. ¿Qué dices?—.

Un destello de cohibición se reflejo en él.

Mirándome con una ceja levantada y musitándome, —¿Qué diablos estás haciendo?—.

El miedo me hizo casi bromear antes de hacerme la graciosa. Los latidos de mi pecho se intensificaron y pude sentir un hormigueo en mis mejillas. Sin duda, estaba visiblemente sonrojada. ¿De la vergüenza? ¿De la anticipación? Ni idea.

Durante medio segundo, su rostro mostró incredulidad, luego cambió a una leve molestia.

—Tienes que estar bromeando.—, me preguntó incómodo.

—Lo digo en serio.—, le respondí.

En eso, le sonreí de manera desafiante y siguió el concurso de miradas, —¿Por qué?—, me desafió.

—Porque te desafío.—, le dije.

No era realmente una respuesta, lo sé. Pero a decir verdad, yo tampoco tenía nada.

—Te reto dos veces.—, le recalque mientras lo desafiaba de nuevo, acercándome.

—Diez dólares.—, le ofrecí.

—Señora, sabes que has perdido la maldita cabeza.—, me dijo muy molesto.

—Quince. Y mi nombre es Elsa, no señora.—, lo corregí después de esa palabra de "Señora", la cual me hacía sentir vieja.

Fue una locura absoluta, pero por una vez en mi vida pude usar el dinero sin pensar mucho. Y por mucho que me avergonzara, también encontré en toda la situación, algo de absurdez, y diversión absoluta.

Creo que esto sería una gran historia para contar. Algún día.

—¡Veinte dólares! Y yo pagaré la habitación.—, le exclame mientras me acercaba de manera más atrevida.

—Ok, Elsa, ¿qué diablos? Adelante…—, gruñó en ese infame tono suyo que denotaba su humor negro y que podía hacer temblar incluso al más grande de la ciudad.

Y yo también temblaba pero no del todo. Sin embargo, decidí que ya era suficiente, y sin más guardé el dinero en mi bolso y me acomode en mi asiento, preparándome mentalmente para un viaje incómodo de regreso a casa.

—Espera.—, me dijo después de haber pensado en algo.

Me levanté de donde me recargaba, y le dirigí una mirada curiosa.

—¿Realmente pagarías veinte dólares? ¿Por mí? Veinte dólares.—, me preguntó volteando su cabeza.

—Sí.—, le respondí inocentemente, esforzándome por mantener una expresión neutra.

Podía escuchar la sangre corriendo por mis oídos y mis rodillas empezando a ceder. Mis mejillas estaban ardiendo y luché por respirar como una persona normal. Estaba decidida a no dejar que se notara ninguna emoción.

—¿Por qué?—, me preguntó en tanto me siguia irradiando desconcierto e incredulidad.

—¿Para probar algún maldito punto?—, le respondí.

Ante eso, me encogí de hombros. Mis intenciones no eran tan relevantes.

Instantáneamente crucé mis brazos, enderecé mi espalda, hice una media sonrisa y arqueé una de mis cejas. En todos mis años, nunca había sentido una oleada de alegría pura y deliciosa.

—Sabes que soy buena para eso. ¿Sí o no, Señor Westergaard?—, le pregunté con mi media sonrisa que se empezaba a transformar en una sonrisa maliciosa.

Prácticamente podía escuchar los engranajes en su cabeza girando. Lo que estaba pensando, no tenía ni idea.

¿Realmente lo estaba considerando?

¿Habría que llevarlo a cabo?

¿Seguramente no podría…?

El latido en mi pecho se extendió más abajo, hacia mi abdomen y moviéndose gradualmente hacia el sur a medida que el calor se acumulaba en mi zona. La mera sensación hizo que mis mejillas se calentaran, de nuevo.

—Está bien.—, me dijo, estando de acuerdo.

—No voy a pasar fácilmente 20 dólares o sería un tonto.—, me comentó.

—Sabes que es dinero fácil.—, le respondí en un tono un poco y demasiado alto. Eso pareció divertirle.

—Seguro que lo es…—, me contestó.

Un brillo travieso en sus ojos significaba que realmente no pensaba que yo lo haría.

Había accedido simplemente a ver hasta dónde llegaría antes de dar marcha atrás inevitablemente.

—Está bien, entonces…—, afirmé, haciendo un gesto hacia la parte trasera del vehículo.

—Muy bien.—, exclamó tranquilamente e imitando mi gesto, —Después de ti.—.

—Una cosa más…—, le dije mientras se preparaba para salir del vehículo y pasarse a la parte de atrás.

Me acerque y reduje la distancia entre nosotros de nuevo, mi rostro a una mera pulgada del suyo.

Mis ojos recorriendo sus rasgos, como si lo viera por primera vez.

Llamándome la atención sus ojos de color verde, muy a menudo ocultos bajo ese rostro de tipo duro.

Una nariz que parecía que se había roto al menos dos veces. Una mandíbula pronunciada que a pesar de estar cubierta por algo de pelo, hizo poco por ocultar las cicatrices de la barbilla.

No es que hiciera nada para hacerlo menos atractivo, todo lo contrario. Su boca, sus labios carnosos, ahora de repente tan deseosos de que los degustará como un postre.

Todo eso me hizo sentir distinta.

—Ah, me disculpo por ser tan directa, pero…—, contemplándolo, dejó escapar una risa seca y sin humor. Tan pronto como las palabras dejaron mi boca, me di cuenta de la ironía en mi declaración.

—Rayos, es solo que…—, continué, negándome a vacilar.

—Veinte dólares es mucho dinero y solo quiero asegurarme de eso, eh…—, le dije jugueteando con los dedos, en tanto mi mente buscó un eufemismo adecuado.

La mirada de Hans hizo que mis mejillas se sintieran como si estuviera en llamas. Agradecí que el anochecer se estuviera acentuando.

—Este, ¿estás seguro de que puedes, podrás, ya sabes... actuar?—, le pregunté, mientras reiteraba el jugueteo entre mis dedos y viéndolos tímidamente.

Sabía exactamente lo que quería preguntar incluso antes de pronunciar la última palabra.

Dude por un segundo, decidiendo si seguir con el acto o dejar de jugar.

—Eso no creo que sea ningún problema.—, afirmó, esbozando una sonrisa, como para darme una lección.

—Genial. Vámonos entonces.—, le dije.

Con mis pasos tan rápidos como los latidos de mi corazón, recorrí la corta distancia al vehículo en un tiempo récord.

Esperaba que Hans me gritara para detener esta farsa, pero me siguió un paso atrás, ocasionalmente sacudiendo la cabeza.

Cuando entré al vehículo en la parte de atrás, miré alrededor del reducido espacio, en tanto los sonidos de los pasos de Hans iban detrás de mí.

Se detuvo justo en la entrada de las puertas traseras.

El espacio en mi auto era sencillo y cómodo.

No era muy privado, pero estaría bien. Cerré los vidrios de mi auto con tan solo presionar un botón y miré como Hans entraba al vehículo.

Su mandíbula estaba tensa e incluso con su oscurecido rostro podía sentir sus ojos escudriñándome.

—Eh, quizás quieras cerrar la puerta.—, le pedí cuando vi que había dejado la puerta medio abierta.

Hizo lo que le dije, visiblemente sorprendido por mi solicitud.

Estando sentada, jugué con mis dedos.

—¿Entonces como hacemos esto?—, le pregunté.

Y el levantó las manos como si no supiera, —Señora, es su espectáculo.—, me dijo en un tono que denotaba que aparentemente se estaba burlando de mí.

Bueno, por un momento pensé "Eso es todo" o "Sigue adelante" o "Termina ahora".

Estaba con la cola entre las patas. Bajé la frente y clavé mi mirada en la suya.

—Te lo dije, mi nombre es Elsa.—, le recalque.

—Yo sé que…—, me intento decir algo, pero me acerqué a él en un solo paso y antes de que pudiera terminar su frase, lo empujé contra el asiento trasero del vehículo con toda mi fuerza.

Con un movimiento rápido, le desabroché la camisa y tomándolas de las solapas me la puse en mi delgado cuerpo.

Su cuerpo emitió una sacudida instantánea cuando cerré mis labios sobre los suyos.

Usé mi brazo derecho para sujetarlo contra el ligero espacio reducido del vehículo, él se recargo encima del asiento acolchonado.

Instantáneamente mi palma izquierda se presionó contra el vidrio trasero a unos centímetros de su cabeza. Se quedó quieto, sin intentar moverme o alejarme mientras yo continuaba acribillando las comisuras de mi boca con besos ligeros como una pluma, mientras lo mantenía atrapado entre ese espacio y yo, pero también asegurándome de que pudiera alejarse fácilmente si quería.

Retrocedí un poco y aparté mis labios de los suyos, manteniéndome a solo media pulgada de su rostro.

Podía sentir su cálido aliento en mi piel nerviosa y su sabor en mi lengua, un leve toque de tabaco y cerveza.

Nos quedamos quietos por un momento, evaluando la situación sin decir ni una palabra.

Mi mano derecha descansando sobre su pecho, la izquierda todavía en el vidrio trasero, sus brazos recargados a los lados.

Cuando estuve segura de todo, le levanté la barbilla para darle otro beso suave. Se quedó quieto momentáneamente, pero minúsculas e involuntarias sacudidas revelaron el efecto que mi cuerpo tenía sobre el.

Mis dedos se deslizaron sobre su pecho y hasta su hombro y cuello mientras juguetonamente mordisqueaba sus labios.

Suavemente, podía sentirlo relajarse bajo mi toque, sus brazos temblando, deteniéndose en el asiento y en el vidrio de la puerta del auto, provocó que hubiera un momento de duda antes de abrazarme suave pero decisivamente.

Moví mi mano de su hombro y cerré mi palma alrededor de su mandíbula. Mi otra mano agarró su cuello y entrelacé mis dedos en su cabello. Usé mi pulgar para empujar suavemente su barbilla, persuadiéndolo de que abriera la boca.

Obedeció y nos dimos un beso acalorado.

Intentando mantenerse concentrado, tomo asiento y dirigió sus manos hacia mi blusa de manera instintiva, pero luego se detuvo, esperando mi permiso.

Me senté a horcajadas sobre el, y lista ante él.

Está era mi misión después de todo.

Comenzó a rasgar mi ropa, sintiéndome impaciente de repente mientras el calor y la anticipación aumentaban.

—Elsie, ¿estás segura de...?—, me preguntó impaciente.

—¡Si!—, le aseguré, interrumpiéndolo con mi voz rebosante de deseo.

—Tócame…—, le exigí.

Tan excitada, respiré en su boca, colocando sus manos donde las quería.

—Si eso es.—, dije con mis ojos cerrados.

Sus manos rozaron mi cuerpo ahora desnudo, siguiendo cada curva, valle y hoyuelo mientras me daba besos por mi mandíbula y cuello.

Sus labios gruesos encontrando su camino hacia mi hombro, mis clavículas, mis pechos.

Abrumada por el placer, comencé a soltar jadeos suplicantes.

Pareció animarlo, su agarre se endureció, sus besos se hicieron más intensos, su toque más atrevido.

Instintivamente, me apreté más contra él, sintiendo el bulto entre sus piernas. Ciertamente no tendría ningún problema en actuar.

Apartándome por un momento, con su mano acarició el interior de mi apretada zona, llegando a introducir su mano justo cuando sus dedos empezaron a rozar mi entrada.

Oleadas de deseo rabiando a través de mí, suplicaban por más.

Continuó la tentadora provocación unos segundos más.

Sus dedos se deslizaron, dentro de mí y apenas afuera del alcance de donde más lo deseaba.

Fue una tortura pero también fue algo tan bueno al mismo tiempo, era asombroso y agonizante a la vez.

—Por favor…—, gemí.

Mi súplica se transformó en un gemido cuando deslizó un dedo dentro de mí, de manera repentina y lenta.

—¿Vas a obtener un valor con esto, no es así?—, me preguntó, en tanto respiraba contra mi oído.

Dulces y tentadores escalofríos se extendieron desde mi zona ante el sonido de su voz profunda y ronca, y de sus dedos explorando el tejido suave, húmedo y tan sensible entre mis piernas.

Acariciando, frotando y dando vueltas, haciéndome gemir aún más alto que antes. Me importaba un carajo si la gente que pasará por ahí me escuchaba.

Estaba sintiendo, adivinando, aprendiendo, observando mi respuesta, repitiendo lo que parecía dar la reacción deseada. De hecho, aprendí rápido.

Demasiado rápido.

—¡Sí!—, gemí, retorciéndome y dando bandazos mientras su pulgar frotaba mi zona.

—Cada centavo…—, musite.

Acercándome, no puede contenerme y me liberé de la sensación. Ante eso, le quité la mano de mi zona a la fuerza y me levanté de sus rodillas, comenzando así en tanto me inclinaba, para desabrocharle el cinturón, cambiando de posición.

—Oh, por veinte dólares seguro que me vas a coger.—, le mencioné.

—Sí, señora.—, me respondió en un susurro.

Me levanto de un brazo y de manera involuntaria me arrojó contra el asiento con una mano, esto con el fin de liberarse de sus pantalones.

Apretándome contra él, jadeé cuando su longitud al instante se deslizó e introdujo dentro de mí, llenándome.

Arqueé mi espalda y empujé mis caderas contra las suyas, ganando un gruñido gutural a cambio.

No había ninguna cama, pero a ninguno de nosotros le importó. Cerré mis piernas alrededor de él, mientras me golpeaba con fuerza, y me sostenía del asiento trasero de mi auto.

—Muévete…—, me dijo, mientras estaba él tan nervioso que apenas podía hablar.

Sus caderas empezaron a moverse al ritmo que yo le había ordenado.

Cada empujón era más fuerte que el anterior, arrancándome gritos y jadeos de placer, acercándome más y más.

Esto fue algo que realmente estaba sucediendo y no lo podía creer.

Yo contra el incómodo asiento de mi auto, con mi ropa en una piscina a la altura de mis tobillos.

Mis piernas y paredes, en esa posición se tensaron a su alrededor y mi cuerpo se sacudió; tembló y se retorció en sus brazos cuando alcancé mi clímax mientras gritaba su nombre.

Cuando me relajé, disminuyó la velocidad, como si no estuviera seguro de poder disfrutar del mismo modo que cuando habíamos empezado.

Su cuerpo se tenso y las respiraciones bruscas llegaron, sabía que estaba cerca.

Así tenía que ser.

—Tu turno. Vamos…—, le dije.

No necesitaba decírselo dos veces.

Hizo hacía adelante los asientos delanteros del piloto y copiloto, y se recostó en el frío suelo ligeramente extenso mientras me aferraba a él y mientras me sentaba a horcajadas sobre él, recibiendo algunas embestidas más antes de retirarme en el último momento, y dejando que se derramará dentro de mí.

—Ahí tienes. Eso es.—, alabé, acariciando su pecho y acariciando su cabello mientras me sostenía de mi cadera y mi cintura.

Nos quedamos quietos por unos minutos en silencio, recuperando el aliento antes de que él se moviera tranquilamente y se levantará del suelo frío y luego tomara asiento mientras miraba hacia adelante y dejándome que tomará asiento a su lado, sin que ninguno de los dos supiera muy bien que decir.

No fue hasta ahora que me di cuenta de que ya no tenía su camisa. Ni siquiera podía recordar que se me hubiera caído.

—Elsa, eres... eres algo…—, comentó cansadamente

—Lo sé. Y tú también.—, le dije suspirando.

Él se carcajeo ligeramente entre dientes en respuesta.

Nos quedamos en silencio unos minutos más, reviviendo internamente todo lo que había sucedido durante la última media hora. El calor se acumuló dentro de mí nuevamente y en eso, gire mi cabeza hacia él, mirándolo a los ojos por primera vez desde que entré al vehículo.

—Ahora, sé que no discutimos una segunda ronda, pero si estás despierto, pagaré…—, le dije.

—La próxima ronda es mía.—, me interrumpió acercándome y besándome con fuerza.

En ese instante gemí en su boca y me sentí tan relajada en sus brazos, que al poco de un rato, cedí a su toque.

—¡Sí, esa es mi chica!—, exclamó, mientras me tomaba por segunda vez.

oOo

Notas/aclaraciones:

¡Hola, Caramelitos jugosos!

Ya me estaba olvidando de ustedes, bueno he estado ocupada en mis deberes escolares, por ello no he podido subir nada, pero no se preocupen, ya les subí este cortito.

quería actualizar mi fic estelar de el luchador, pero creo que no podré hasta dentro de unos cuantos meses o semanas.

Antes de irme nuevamente, me gustaría que pasarán a leer mis fics de mi pequeña nueva sección, Iceburns without interruptions, espero les guste.

Déjenme un review, si gustan.

Les mando un abrazo fuerte y un beso gigantesco.

Bye bye.